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Original subtitles

PROCLAMA LA SEPARACIÓN DE LA POLÍTICA Y LA RELIGIÓN

JUAN XXII LO EXCOMULGA. EL PAPA FRANCÉS CONSIDERA QUE HA SIDO ELEGIDO

POR DIOS Y QUE TIENE UN PODER ABSOLUTO SOBRE LOS SOBERANOS Y SOBRE EL PUEBLO

SUS EJÉRCITOS SE ENFRENTAN EN ITALIA

"Libera me Domine de morte aeterna in die illa tremanda".

"Quando coeli movendi sunt et terra veneris iudicare saeculum".

"Tremens factus sum ego et timeo, dum discussio venerit et ira".

Padre.

Te he traído solo por un motivo: para que aprendas a luchar.

Ya ha muerto.

Vamos.

Llegando al final de mi vida pecadora,

me preparo para dar testimonio

de los maravillosos y terribles acontecimientos

que presencié en mi juventud.

Era un novicio en la abadía benedictina de Melk.

Mi padre, un general al servicio del emperador del Sacro Imperio

me persuadió de dejar mis estudios. Tenía que luchar con él en Italia.

Tómala.

Dijo que combatíamos una guerra justa.

No existen las guerras justas.

No se puede cambiar el mundo matando a gente.

En ese momento, tenía 17 años,

y mi vida estaba a punto de cambiar para siempre.

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FLORENCIA

Recordad que, cuando dejéis esta tierra,

no podréis llevaros nada de lo que hayáis recibido,

sino solo aquello que hayáis dado.

Todos somos los hijos de Dios.

Todos son nuestros hermanos.

El mundo es como un gran libro.

Hay que aprender a leerlo correctamente.

Solo hay una forma de actuar contra la ignorancia y el odio:

Usar el conocimiento para mejorar la raza humana.

Ven, hermano. Ven y únete a nosotros.

Ven.

- Ven. - No me toquéis.

Eres bienvenido aquí.

Los marginados...

Me movía el deseo de saber la verdad

y la sospecha de que, hasta ese momento,

esa no era lo que me habían contado.

No digáis nada...

Las palabras del franciscano

me enseñaban más de lo que habían hecho nunca las de mi padre.

¿Por qué me sigues?

Porque sois interesante.

Ese no es un buen motivo para seguir a nadie.

Me temo que debo seguir mi camino solo, amigo mío.

DESTACAMENTO DEL MANDO IMPERIAL EN LA TOSCANA

Guillermo de Baskerville, el emperador os agradece vuestros servicios.

- General. - Sentaos.

Esto es lo que espera que se consiga en el debate.

Estamos derrotando al papa con el acero. Ahora os toca hacerlo con palabras.

Hago este viaje para servir y proteger a mi orden.

Soy perfectamente consciente de que apoyáis

a los franciscanos para utilizarnos contra el papa.

Que pretende destruiros.

Al aceptar el apoyo del emperador, le concedéis el vuestro.

Comed.

La gente religiosa cree poder ignorar la política.

Tonterías. La religión es política.

No dejo de intentar meterle eso en la cabeza a mi hijo, claro.

Quiere hacerse monje.

Pues... seguro que tiene sus motivos.

Y yo tengo los míos.

Cabezota y obstinado como su difunta madre.

A lo mejor simplemente es cobarde.

¿Por qué os hicisteis franciscano?

Escuché la historia de Giovanni di Bernardino,

un joven rico, y de su conversión.

Cómo rechazó a sus padres.

Se quitó sus ropajes de terciopelo, hizo un fardo

con ellos, los colocó a los pies de su padre y dijo:

"Son tuyos. Cógelos. Ahora somos iguales".

Ese hombre se convirtió en San Francisco.

Si se me permite preguntar, ¿cómo se llama vuestro hijo?

Adso. ¿Por qué lo preguntáis?

Por curiosidad.

¿Lo conocéis?

No que yo sepa.

¿Por qué habéis venido tan lejos para reuniros con ese bastardo?

Cuando era filósofo, dudaba de que hubiera un orden en el mundo.

Ahora me conformo con encontrar si no un orden,

al menos una serie de conexiones,

en pequeños fragmentos de los asuntos mundiales.

Sígueme si quieres.

- Me llamo Adso. - Lo sé. Tu padre me lo ha dicho.

Caminamos durante días desde el amanecer al ocaso,

a menudo en silencio.

Íbamos en dirección norte hacia una famosa abadía

benedictina situada en una cadena montañosa del norte de Italia.

Durante nuestro viaje, no supe la misión de Guillermo.

Mientras imaginábamos un mundo mejor, me dijo:

"Los líderes ciegos conducen a los ciegos al abismo".

PALACIO PAPAL AVIÑÓN, FRANCIA

Esta frívola representación de Cristo tiene un bolso en la cintura.

Para recordarle a la gente que nuestro Señor no veneraba la pobreza

ni siquiera estando en la cruz.

Una Iglesia de pobres no tiene futuro.

Y esa es la ruina a la que nos quieren arrastrar esos malditos franciscanos.

Santidad, según los franciscanos, no se trata de la ruina.

Por contra, es el renacimiento de la Iglesia.

En Florencia, quemamos a un seguidor de Dolcino.

¡A la hoguera!

¡A la hoguera!

¡A la hoguera!

Soy el hermano Bernardo Gui, inquisidor dominico

a quien su santidad el papa ha conferido autoridad,

sentencio al prisionero,

un seguidor de la secta prohibida de fray Dulcino,

una fruta envenenada de la orden franciscana, a la muerte.

¡Sois el anticristo!

¡Veo a Dios en todas partes salvo en ti, hijo de Satanás!

¡Dolcino os lo dijo cuando intentasteis destruirnos!

¡San Francisco fue solo el principio!

¡Penitenciagite!

Guillermo de Baskerville también estaba presente.

Tuve que organizarle una reunión con el

hereje antes de emitir mi veredicto.

Necesito que se retracte y vos podéis ayudarme.

¿Por qué creéis que tengo una posibilidad de éxito?

Sois hermanos.

Almas gemelas.

Con una muestra de su gran hipocresía, me dijo...

"¿Por qué iba yo a juzgar a mi hermano?".

Debéis saber que el emperador ha escogido

a Baskerville para conducir el debate.

ALPES PIAMONTESES

- ¿Qué es esto? - Un astrolabio.

Para captar los objetos celestiales.

Nos proporciona una imagen del cielo.

Los astrónomos y los navegantes lo usan para medir

la posición relativa en el cielo de un cuerpo celeste,

sea de día o de noche.

Para ayudarnos a ver lo visible y lo invisible.

Sí.

Parece hambrienta.

Toma.

Comida.

No...

Cógela.

Merci.

Es de Occitania.

El rey de Francia está en guerra con su pueblo

y, como otros muchos, está huyendo de su hogar.

Es inútil que vaguemos como un rebaño de ovejas.

Tres o cuatro de vosotros id por ese camino

y el resto...

Bendito sea vuestro día, hermano franciscano.

Y también el vuestro, joven hermano.

Soy el cillerero de la abadía. Estamos buscando...

Os agradezco que hayáis interrumpido vuestra búsqueda, hermano.

El caballo ha pasado por aquí y ha tomado el sendero de la derecha.

- No irá lejos. - ¿Lo habéis visto?

No lo hemos visto. ¿Verdad, Adso?

Pero, si buscáis a Brunello,

el caballo solo puede estar donde os he dicho.

Brunello. ¿Cómo sabéis su nombre?

Vamos, vamos. Es obvio. Estáis buscando a Brunello,

el caballo favorito del abad.

Metro y medio, negro pelaje, cola pequeña, cascos pequeños y redondeados

y un galope constante, cabeza pequeña, orejas finas, ojos grandes.

Se fue por la derecha. Daos prisa, deberíais continuar vuestra búsqueda.

¿No nos hemos conocido antes, hermano?

No que yo recuerde.

Siempre hay un pecaminoso placer

en estar en lo cierto. ¿Cómo lo he averiguado?

Vamos, Adso. No es tan difícil.

Tú mismo debes haber visto las huellas del caballo.

Rompió esas ramitas a metro y medio de altura y encontré estas crines.

El sendero de la derecha conduce a los acantilados,

porque lo he visto mientras subíamos.

¿Y la detallada descripción del animal?

Imaginé un caballo que aún no había visto.

No estoy seguro de que tenga esas características,

pero sin duda los monjes realmente creen que sí.

Estarían muy preocupados por el caballo

si era importante para el abad.

Así que les di las características ideales

que un buen benedictino esperaría en el animal de su maestre.

¿Qué...? ¿Y qué hay del nombre?

Que el Espíritu Santo agudice tu mente, hijo.

¿Qué otro nombre posible tendría?

Brunello, "brunus".

- Latín. - Para marrón.

Sí.

¡Hermano!

El abad siempre os lo agradecerá, hermano.

Adora este caballo.

- Sois Guillermo de Baskerville. - Entonces, me conocéis.

No exactamente, es que el abad estuvo hablando de vos, ¿sabéis?

Esperaba vuestra visita, pero no tan pronto.

Esto lo explica todo.

Nuestro hermano Adelmo se abalanzó hacia su muerte la noche pasada.

Todavía no sabemos cómo ni por qué murió.

Reuniré a todo el monasterio

después de que leamos los salmos de la Sexta.

El hermano Guillermo de Baskerville está aquí.

¿Es posible, Berengario,

que podáis preparar el cuerpo para el entierro?

Guillermo de Baskerville.

Qué momento tan desafortunado. Dios ha decidido someterme a la prueba.

Me complació mucho saber que, cuando habéis actuado como inquisidor,

en numerosos casos habéis considerado

que el acusado era inocente.

A menudo los inquisidores, para demostrar su celo,

arrancan a cualquier precio una confesión.

Los inquisidores pueden obrar instigados por el diablo.

Así que he abandonado esa noble actividad y ahora

me ocupo de otras delicadas cuestiones.

Y me gustaría ocuparme de la que os aflige

si me la quisierais exponer, padre.

Durante las horas más oscuras de anoche,

uno de nuestros más delicados ilustradores,

Adelmo da Otranto... Bueno, ya lo habéis visto.

Probablemente se cayó durante la tormenta de nieve

que soplaba tan furiosamente desde el oeste.

Señor, tened misericordia de él.

Dados los golpes que sufrió su pobre cuerpo,

determinar el punto exacto desde el que se había precipitado no fue fácil.

Debió haber sido desde una de las ventanas

que se abren en filas a ese lado de la torre.

Ya veo. Entiendo que vuestro problema es el siguiente.

Si ese infeliz joven, Dios no lo quiera, se hubiera suicidado,

no habríais permitido que entrara el cuerpo en la iglesia y creo que esta

mañana habríais encontrado las ventanas abiertas.

Pero las habéis encontrado cerradas,

sin señal de agua al pie de ninguna de ellas.

- ¿Quién os lo ha dicho? - Vos me lo habéis dicho.

Si la ventana hubiera estado abierta, inmediatamente habríais

pensado que se había arrojado por ella.

Por lo que he podido apreciar desde afuera, las ventanas son grandes.

Y las ventanas de ese tipo, en edificios de este

tamaño, no suelen colocarse a la altura de un hombre.

Por tanto, aunque la ventana hubiese estado abierta,

habría sido imposible que el desafortunado

hombre se asomara y perdiera el equilibrio. Por lo tanto,

el suicidio habría sido la única explicación concebible.

Pero ya que le daréis un santo entierro,

las ventanas deben haber estado cerradas.

Si estaba cerrada,

obviamente, el presunto suicidio fue, por el contrario, un empujón.

Y os preguntáis quién fue capaz, no diré de

empujarlo hacia el abismo,

pero sí de izarlo hasta el alféizar.

Esto es todo.

Pero ¿cómo sabéis que no había agua al pie de ninguna de las ventanas?

Porque me habéis dicho que el viento soplaba desde el oeste,

por lo que el agua no podía ser empujada contra las ventanas

que dan hacia el este.

Me habían hablado bastante de vuestra gran inteligencia, hermano,

pero no os hace justicia, veo.

Es todo tal y como habéis dicho.

Y nadie comete un asesinato sin una razón.

Aunque esta sea perversa.

- ¿Nada más? - Nada más que pueda deciros.

Quereis decir que no hay nada más que estéis autorizado a decir.

Hermano Guillermo.

Hermano Guillermo,

ayudadme a hallar al asesino de Adelmo antes de la llegada de los delegados.

Imaginad si el papa se enterara de esto, en la casa de Dios...

¿Quién tiene acceso a la torre por la noche?

Nadie. Está absolutamente prohibido para todo el mundo.

¿Y quién tiene la llave?

Los bibliotecarios, Malaquías de Hildesheim y su ayudante Berengario.

¿Puedo hacer preguntas a los monjes?

Podéis.

¿Puedo moverme libremente por la abadía?

Os autorizo a hacerlo.

Debo confesar que ya ardía en deseos de visitar la biblioteca

de la cual me han hablado con admiración en todas las abadías de la cristiandad.

No. No. No puedo permitiros entrar. Nadie puede, nadie puede.

Incluso si lográis entrar, esta biblioteca puede protegerse a sí misma.

Es tan invulnerable como las verdades que alberga.

Y tan hábilmente engañosa como las mentiras que protege. Es un laberinto.

Podríais entrar y luego no poder salir de ella.

Nadie más que los bibliotecarios puede entrar.

Siempre ha sido así.

En Creta construyeron un laberinto que esconde un monstruo.

No hay monstruos en nuestra biblioteca, libros, solo libros,

montones de libros.

¿Cómo puedo estudiar la muerte de Adelmo si no veo el lugar

en el que pudo haber comenzado la historia de la muerte?

Hermano Guillermo,

un hombre que ha descrito mi caballo sin verlo

y la muerte de Adelmo sin apenas saber nada del caso,

no debería tener problemas para estudiar

lugares a los que no tiene acceso.

Como deseéis. Sois sabio y severo.

Si en alguna ocasión he sido sabio, fue porque sé cómo ser severo.

¿Por qué está enviando el papa a su gente aquí?

Habéis dicho algo sobre proteger la Orden.

La Orden de San Francisco.

Sí. Los enviados del papa están conectados a mis asuntos de aquí

y al mismo futuro de la Iglesia.

Es el cerdo. Están matando un cerdo.

Cuando era niño, mi padre me obligó a hacerlo,

estaba destinado a ser un hombre.

Tenía que hendir un cuchillo en su corazón

mientras lo sostenía con una rodilla sobre su cuello.

Me dejó sordo por varios días.

Obviamente, ha habido un derrumbe

durante la noche causado por la tormenta.

La tierra se movió y se llevó

el cuerpo de este pobre joven hasta debajo de la torre este

donde fue encontrado, destrozado.

Cuanto más lo pienso, más convencido estoy de

que Adelmo se arrojó por su propia

voluntad desde el parapeto de estos muros.

¿Por qué es eso?

Si Adelmo cayó desde la torre este, habría entrado en la biblioteca,

alguien debe haberlo golpeado,

y luego esta persona debió haber subido de alguna manera hasta la ventana

con un cuerpo sin vida a la espalda, abrirla

y lanzar al indefenso monje hacia abajo.

Con mi hipótesis,

solo necesitamos a Adelmo, su posición y algún desplazamiento del terreno.

Todo es explicable utilizando un menor número de causas.

¿Por qué se habría suicidado?

¿A Adelmo le perturbaba algo?

¿Por qué lo preguntáis?

Vos erais su confesor. Así que no podéis

hablar de sus pecados conmigo, pero podéis hablar de su estado de ánimo.

No estoy seguro de querer tener esta

conversación con vos, hermano Guillermo.

Puede haberse quitado la vida.

Bienvenidos. Soy Malaquías de Hildesheim,

encargado de la biblioteca.

Es un honor conocer a un hombre de vuestra distinción.

¿Lleváis mucho tiempo siendo bibliotecario?

Treinta años.

Uno siempre es nombrado por su predecesor

cuando él se convierte en abad.

La norma es que, cuando un abad muere,

sea el bibliotecario quien lo reemplace.

Así que vos seríais el próximo abad.

Que Dios conceda a nuestro abad larga vida.

Por supuesto.

Las cocinas están por allí. Y aquí está el scriptorium.

Aquí está el corazón de la abadía.

Aquí se recrean las gemas más preciadas de la cultura de todo el mundo.

Nuestros libros.

Laborando sobre sus obras,

se pueden ver traductores, copistas, iluminadores, miniaturistas.

Que reproducen el más pequeño de los detalles sobre una página

con las imágenes más elaboradas y magníficas.

Este es Berengario de Arundel, mi ayudante.

Y aquí tenemos a Venancio de Salvemec, un afamado erudito griego.

Haciendo un trabajo maravilloso sobre el gran Aristóteles.

Y él es Aymaro, jefe de copistas.

- ¿Cómo buscan los monjes los libros? - Tenemos catálogos.

Cuando un monje busca un libro de allí, me lo pide a mí o a mi ayudante.

Los libros están ordenados por un código que solo conocemos nosotros dos.

Solo a nosotros se nos permite pasar por esa puerta.

Es un laberinto. Cualquiera que entrara se perdería.

Bencio de Upsala. Está estudiando retórica y el arte de la caligrafía.

- ¿Dónde trabajaba Adelmo? - Allí.

No hemos tocado nada. Su escritorio está igual que lo dejó.

- ¿Ayer le visteis irse? - Por supuesto. Todos le vimos.

- Comimos todos juntos. - ¿Y en la iglesia para las oraciones vespertinas?

Un nuevo invento.

Puede agrandar las imágenes para aquellos cuya vista se ha debilitado.

Pobre Adelmo.

A veces se perdía en su curiosa imaginación.

Me alegro de ser ciego.

No he tenido que presenciar semejante estupidez.

Jorge de Burgos,

uno de los eruditos más sabios de la abadía.

Estaréis de acuerdo, venerable Jorge,

que no ver algo no hace que desaparezca.

Estáis hablando con Guillermo de Baskerville.

El franciscano.

Así que ahora predicaremos para los pájaros,

cantando y danzando

para mostrar la simpatía que sentimos por el mundo.

Adelmo le tomó tanto gusto a los monstruos que pintaba

que perdió la noción de la realidad.

Las imágenes, aunque no son ciertas, no eran meras tonterías.

Dios lleva el nombre de los seres más deformados,

por desgracia, así es como Él muestra la verdad.

Con todo el respeto, Jorge, sabéis que Adelmo no había perdido la fe.

Mientras hablábamos sobre esta misma cuestión, os recordé que...

No sé de qué estáis hablando, joven.

Malaquías también estaba aquí.

Jorge no lo recuerda. No se acuerda.

Pero vos sí, Berengario.

Después de todo, prestáis atención a

cualquier discusión sobre vuestro muy querido amigo.

- ¡Venancio! - Hemos perdido a un hermano.

Era muy querido por todos nosotros.

Y estaba aquí, como todos nosotros,

para vivir su vida, alabando y glorificando a Dios.

Siempre he querido leer el Apologeticus de Tertuliano,

pero nunca he podido encontrarlo.

Está aquí. Lo tengo.

- Será un placer buscarlo para vos. - Os quedaría enormemente agradecido.

Muchacho.

Muchacho.

¿Sí?

¿Así que eres el novicio de Guillermo de Baskerville?

¿Podríais pensar en alguien que pudiera tener

algún tipo de rencor contra Adelmo?

En absoluto. Era un joven excelente, con una auténtica pasión por su trabajo.

No dejes que tu maestro te lleve por el camino equivocado.

Vivimos en una época mucho más aterradora

de la que un miniaturista podría imaginar.

¡Penitenciagite!

Cuidado con el dragón

que vendrá en el futuro para corroerte el alma.

La muerte è supra nos!

Rogamos al santo padre.

¿Te gusta esta nigromancia?

"Libero nos a malo" y líbranos de todos los pecados.

Carne.

Carne.

¿Hermosa? Pero Salvatore "non stupidus". A él le gusta...

¡Penitenciagite! ¡Penitenciagite!

¿Sois estudiante de retórica?

Sí, así es.

También me gusta la poesía.

He leído a muchos poetas paganos.

- Quizá sus palabras también puedan ser ciertas. - Bien, entonces.

¿Qué se dijo ese día cuando hablabais sobre las ilustraciones de Adelmo

a Berengario, Venancio, Malaquías y Jorge?

¿Os recuerdo que estoy llevando la investigación por orden del abad?

Jorge decía que no es lícito usar imágenes ridículas

para decorar libros que contienen la verdad.

Venancio habló sobre otros libros y

Jorge se enfadó mucho.

- ¿Qué libros? - No lo recuerdo.

¿Qué importa de qué libros se hablara?

Importa mucho porque aquí estamos

tratando de entender qué pasaba entre los hombres

que viven entre libros, con libros, para los libros.

Así que sus palabras sobre los libros también son importantes.

Sí, es cierto. Vivimos para los libros.

Una dulce misión en este mundo dominado por el desorden y la decadencia.

¿Qué dijeron?

Venancio dijo que cuando se trata de estos ingeniosos acertijos,

nadie supera a los poetas africanos.

¿Y luego?

Y luego pasó algo que no entendí muy bien.

Berengario empezó a reírse.

Dijo: "Si se buscara cuidadosamente entre los africanos,

se encontrarían acertijos bastante diferentes".

Jorge se enfadó mucho y dijo

que no parecería prudente tomar a los africanos como modelo.

¿Y después de eso?

Malaquías se puso furioso,

cogió a Berengario por la capucha y lo envió a sus tareas.

Más tarde vi a Adelmo acercarse a Berengario preguntándole algo.

Por la tarde los dos estaban en el

claustro charlando. Eso es todo lo que sé.

¿Qué quiso decir Berengario al hablar de buscar entre los africanos?

Solo sé una cosa.

Cualquiera que hojee el catálogo de libros a menudo encontrará,

entre las clasificaciones que solo el bibliotecario entiende,

una que dice: "África".

Incluso he encontrado una que dice: "Finis Africae",

el fin de África.

Es todo lo que sé.

Por eso digo: Vigilad a Berengario.

¡El franciscano Guillermo es peligroso! Je ne l'aime pas, mala bestia est.

Lo sé.

- No debes decirle nada. - Nada.

Los italianos somos aquí víctimas de los extranjeros.

A todos ellos los lideran Malaquías y Berengario.

Ahora incluso empiezan a asesinarnos. Aquí, en el nido de serpientes.

¿Qué quería?

Presentarse.

Hablando demasiado, no escaparás del pecado.

La muerte y la vida están en el poder de la lengua.

Puse límite a mi boca

y me hice mudo.

¿Por qué te eligió un franciscano tan famoso?

¿Podría ser que un joven lozano

tenga algo que devolver a cambio de su conocimiento?

Debería daros vergüenza solo pensar en eso.

PALACIO PAPAL AVIÑÓN - FRANCIA

Mi delegación es demasiado débil para afrontar en debate a los franciscanos.

Acabo de saber que Guillermo de Baskerville ha llegado a la abadía

incluso antes que el superior general franciscano.

- ¿Ya está vuestra delegación allí? - Todavía no.

Decidles que regresen, entonces.

No puedo. Hice un trato con el emperador.

- El debate debe tener lugar. - ¿Podemos confiar en el abad?

Espero que sí. Dicen que Baskerville tiene su encanto.

El encanto no es una virtud.

No olvidéis que, como todo franciscano de pura raza,

os odia.

La violencia de la disputa ha puesto en peligro la unidad de la Iglesia.

Por un lado, está el emperador contra el papa,

por el otro, el papa contra los franciscanos

que habían abrazado las teorías de los

espirituales sobre la pobreza de Cristo.

¿Por qué el papa quiere destruir la Orden de San Francisco?

Porque creemos que la Iglesia,

y sobre todo el papa que la gobierna,

debería imitar la vida de Cristo.

¿No es eso lo que todo creyente debería esperar?

Debería.

Y haré todo lo que esté en mi poder para que así sea.

Porque me han encomendado presentar

el punto de vista de los teólogos imperiales.

¿Y qué pasa si perdéis el debate?

Nunca pierdo un debate.

¿Nunca?

No puedo siquiera pensar en perder este debate.

Eso implicaría que sería el último papa en la historia digno de este título.

Puede que haya sido ingenuo una vez y haya subestimado a mi enemigo.

Sin embargo, esta torpeza será remediada.

Vos, Bernardo, saldréis

inmediatamente para la abadía, donde dirigiréis mi delegación.

Me honrais, santidad.

Os daré una escolta armada.

Mi sobrino, el cardenal del Poggetto, se unirá a vos allí.

Él fue el hombre que les borró la sonrisa de la

cara a esos malditos italianos.

Son todos unos traidores.

El propósito de esta conferencia

es exterminar a la Orden Franciscana

de una vez por todas.

Señor, te ruego con todo mi corazón.

Si ya no encuentro la alegría en Tu ley,

habré de morir en la tristeza.

¡Venid conmigo! ¡Todos! ¡Deprisa!

¡Sacadle de ahí! ¡Ahora! ¡Daos prisa!

- Otro cadáver. - ¿Quién puede ser?

Ahogado.

¡Dios mío! ¡Es Venancio!

Venancio...

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