Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Había una vez una familia, que vivía en una casa grande,
solos, en el medio de un bosque muy grande.
Estaba mami, ella era muy hermosa.
Todos la querían, especialmente el tío Harold.
No era mi tío de verdad; hacíamos como si lo fuera.
Mami hacía reir a todos, porque ella era muy feliz.
Luego, estaba papi, que era muy apuesto y amable.
Todos lo querían.
Finalmente, por ser la más joven, estaba Susan.
Ella no tenía hermanos y solía estar mucho tiempo sola.
A ella no le molestaba, porque tenía su propia casa en el bosque.
Su papá se la había construído, cuando ella era muy chica.
A veces, cuando sus padres recibían invitados,
Susan iba allí y hacía lo que más le gustaba.
Te moviste, Tim; si sigues haciendo eso, nunca terminaré el retrato.
Quédense quietos todos.
¡Hola! ¿Quieres que haga tu retrato?
No terminé este, pero seguro que a ellos no les molestará.
¿Quién es? No puedo verte con el reflejo del sol.
¿Quién es?
¿Quién eres?
ALUCINACIONES
**Subtítulos de Fran**
Aún no entiendo por qué no me dejaste ir a Suiza por ti.
Pudimos viajar un par de semanas por Europa.
Me hubiese encantado,
pero el Dr. Schweitzman dijo que era mejor si volvía sola.
Aún así pienso que debí haber ido a buscarte.
Madre, te preocupas demasiado.
Lo sé, pero sólo porque te quiero y quiero cuidarte.
Yo también te quiero. ¿Cómo están todos en casa?
Bien, le di unas semanas de descanso al personal.
Me pareció buena idea pasar solas este corto tiempo.
Harold nos tendrá de sirvientas.
Para nada.
- ¿Cómo está él? - Bien.
¿Sigue bebiendo?
¿Cómo sabías que estaba bebiendo?
Recuerdo el verano pasado, cuando los dos vinieron a verme a la clínica.
No lo recuerdo, ¿papá bebía?
Sí, pero él podía controlarse.
Madre, ¿por qué te casaste con Harold?
Cuando tu padre murió, tú no estabas y...
yo me sentía sola, supongo. Harold era muy amable.
No son los fundamentos perfectos para un matrimonio, ¿verdad?
- Pero él te ama. - Eso sí.
Pero vale ya de Harold, lo importante eres tú.
Te voy a engordar y te compraré mucha ropa bonita.
¡Querida, es maravilloso tenerte en casa!
- Se llama John, por si lo olvidaste. - Oh, madre.
¡John! Qué maravilloso es volver a verte.
- Bienvenida a casa, Srta. Susan. - Gracias.
- Qué bueno es estar en casa. - No ha sido lo mismo desde que...
Sin usted aquí. Srta. Jennings.
Le di la habitación azul a Susan, ¿podrías llevar sus maletas allí?
De inmediato.
Ha estado corriendo desde que le dije que volverías.
- Debes estar agotada. - Sólo necesito un poco de descanso.
¿Y bien?
- Se siente pequeña, de algún modo. - Es del mismo tamaño, te lo aseguro.
Has vuelto, entonces.
Dije: "Has vuelto, entonces".
Hola, Harold.
- Mi querida. - ¿No se ve maravillosa?
Se ve... más vieja.
- Lo soy. - También yo.
Pasó toda una vida.
También soy más sabio. ¿Quieres un trago?
No, gracias.
Entonces, no te molestará si yo...
Señoritas.
Te llevo a tu dormitorio.
No te di tu viejo dormitorio, podría traerte malos recuerdos.
No hay malos recuerdos, madre.
Yo iba a...
- ¿Qué? - No importa.
Sí que importa. Debemos decirlo todo.
Iba a demoler la casa de juego; se lo dije al Dr. Schweitzman y dijo que no.
¿Son tus artículos de tocador?
Lo sé, es su diseño de rehabilitación completa para Susan Wilcox.
- Espero que sepa lo que hace. - Lo conozco desde hace mucho.
- Me devolvió la cordura. - Querida, no estabas loca.
Sufrías un shock.
Madre, estaba catatónica; no hablé durante dos años
y gritaba con toda mi fuerza cada vez que alguien se me acercaba.
Susan, no, por favor.
El Dr. Schweitzman dice que no es tan imposible
que yo recuerde al hombre que me atacó.
Dice que mi incapacidad para reconocer, pudo ser emocional.
No quería que volvieras.
Es decir, sí, quería, pero no me parecía buena idea que...
Lo sé, me lo dijo.
Pero... aquí estoy. Tendrás que verle el lado positivo a mi presencia.
¡Querida, te quiero y me alegra mucho que estés en casa!
Se me correrá el rimmel. ¿Qué quieres hacer?
Quiero un baño largo y, luego, descansar.
- ¿Te despierto para cenar? - Si estoy durmiendo, no, por favor.
¿Qué diferencia hay a esta hora?
Puedo tolerar que bebas, pero no que estés ebrio delante de mi hija.
- ¿A dónde vas? - ¿Qué te importa?
Harold se fue en un viaje de negocios por unos días.
Me dijo que lo disculpes por no haberte dicho adiós.
- Bastante repentino, ¿verdad? - Sucede.
¿Qué quieres hacer hoy?
Pensé en ir por ahí y leer un poco.
- No leas demasiado de golpe. - Madre, no lo haré.
Si me necesitas, querida, estaré aquí, leyendo.
Te veré luego.
Buen día, John.
Buen día, Srta. Susan. ¿Durmió bien anoche?
Sí, gracias. Sus rosas se ven muy bonitas.
Son las favoritas de su madre.
Srta. Susan.
Gracias.
De nada. Ahora, si me disculpa, mejor sigo trabajando.
Bueno.
- ¿Quién es? - ¿Quién está allí?
- ¿Quién eres? - ¿Quién eres?
¡Susan! ¿Qué sucede?
- ¿Qué sucede? - Un hombre en el bosque me sigue.
- ¿Quién? - No sé, lo llamé, pero...
¿Lo viste?
No, pero él estaba allí.
Cariño, ¿estás bien?
Sí, habrá sido un intruso que vino desde la carretera principal.
Probablemente.
- ¿Has sabido de Harold? - No.
¿Me ayudas a hacer la cama?
¿No suele llamarte cuando se va de viaje?
No suele irse de viaje. ¿A qué viene el interés repentino por Harold?
Él es mi padrastro.
Técnicamente. En fin, no he sabido de él y no espero hacerlo.
¿Por qué?
No nos hemos estado llevando bien, últimamente.
¿Por qué no?
No lo sé, tal vez porque ninguno de los dos lo intenta.
Es como si no pudiéramos comunicarnos.
Sabes, al principio creí que era Harold quien estaba en el bosque hoy.
- ¿Harold? - No sé por qué, pero...
Susan, ¿estás segura de que había alguien allí?
Madre, escuché a alguien.
Pero ¿no pudo ser el viento, un animal o, tal vez, tu imaginación?
No, había alguien allí, lo sé.
Claro, o eso es lo que crees.
Susan, esta mañana dijiste que tal vez había sido
un intruso, que vino de la carretera principal.
Sí.
No se puede llegar al bosque desde la carretera principal.
¿Quién está allí?
¿Quién está allí?
¿Harold?
¡Oh, no!
- ¡No, déjame ir! - ¡Relájate!
Tranquila, no hay de qué preocuparse.
- ¿Quién eres? - El Dr. Lomas.
¿Michael?
Supongo que no me recuerdas, yo venía a las fiestas de tus padres.
Tu madre me llamó. Todo va a estar bien.
Harold.
¿Qué hay con Harold?
Quédate tranquila.
Yo vi...
¿Qué viste?
Nada.
Tu madre está muy preocupada por ti, ¿puede pasar?
Sí.
Ella está bien.
Querida, ¿qué pasó?
Escuché los gritos, entré y te vi en el suelo del baño.
Me resbalé y me golpeé la cabeza.
Pobrecita. ¿Se pondrá bien?
Estará bien, es sólo un golpe en la cabeza.
Ven a verme mañana, no subestimemos la posibilidad de un traumatismo.
Quédese, yo puedo irme solo.
Quisiera hablarle un momento. Ya vengo, querida.
- Anoche hablé con el Dr. Schweitzman. - ¿Por qué?
Tu madre me lo pidió, está muy preocupada por ti.
Me golpeé la cabeza, no era necesario llamar a Suiza.
- ¿Cómo te golpeaste la cabeza? - Caminé hacia la puerta.
Para tener un golpe así, tuviste que haber ido a toda velocidad.
Algo te asustó.
No.
Viste algo en el baño. Me lo ibas a decir anoche, ¿qué era?
Nada.
¿Puedo irme ahora?
Claro.
No te sucede nada.
Póngame con Miriam Jennings, por favor.
Buenos días, querida, ¿no me escuchaste llamar?
Madre, había un hombre en el jardín, anoche.
Estoy segura de que lo vi.
¿Por qué no me llamaste?
Iba a hacerlo, pero cuando volví a mirar, ya no estaba.
Es la segunda vez que crees haber visto a alguien.
Susan...
Creo que debemos pensar si esto fue una buena idea.
- ¿Qué cosa? - Tu vuelta a casa.
Sé lo que dijo el Dr. Schweitzman, pero tal vez se equivocó.
Hablé con el Dr. Lomas y él está de acuerdo conmigo.
Madre, me conoce desde hace diez minutos;
el Dr. Schweitzman, desde hace siete años.
Lo sé, pero tal vez sea necesario alguien que no esté tan involucrado.
¿Sugieres que me vaya?
- ¿Y que me vaya a Suiza? - No, podemos ir a donde quieras.
Nueva York, Hawái, México.
¡Incluso podemos viajar por el mundo! Será bueno para las dos.
Madre, trabajé siete años para llegar a esta etapa.
Si me voy ahora, nunca podré volver. Esta es mi última oportunidad.
Por favor.
Bueno, tendré que conformarme con San Francisco. Ve a cambiarte.
Madre, preferiría no hacerlo.
- Susan, debemos ir de compras. - Hazlo tú, soy talla ocho.
No iré sin ti y no te dejaré aquí sola, todo el día.
Si te preocupa que esté sola, vete y se quedará John.
No tienes de qué preocuparte, ahora ve.
- ¿Segura que estarás bien? - ¡Madre!
Volveré cuanto antes.
- Adiós. - Adiós.
- Buen día, Srta. Susan. - Buen día, John.
- Es un hermoso día. - Sí.
- ¿A dónde vas con el arma? - Al bosque.
Hay una zorra que está matando a todos los faisanes. Le dispararé.
- No hagas eso. - Está matando a los pájaros.
Por favor, al menos por hoy.
Por supuesto, si eso es lo que quiere.
John, ¿cuánto tiempo llevas con nosotros?
Serán unos 18 años.
Vine a trabajar para tu padre. Recuerdo cuando eras niña.
Te llevaba en mis hombros, alrededor del jardín.
Siempre te reías.
Era una casa feliz en esos días.
¿Por qué te quedaste luego cuando él se murió?
Tu madre me necesitaba.
Es un sitio grande y ella no podía cuidarlo sola.
Está Harold.
No quiero ser irrespetuoso,
pero no creo que él quiera a este lugar, tanto como tu madre.
Él da por sentado que se venderá.
¿Sería tan mala idea?
Srta. Susan, eso es algo con lo que no se bromea.
Debería estar orgullosa de vivir en una casa así, Srta. Susan.
Muy orgullosa.
- Habla John. - John, soy Susan.
¿Sí, Srta. Susan?
¿Mi madre dijo a qué hora volvería?
No, no dijo.
¿Hizo planes para la cena?
Sí, dijo que había fiambres y ensalada en el refrigerador.
Bueno, gracias.
¡John, ayúdame!
- Estaba sentado... ¡muerto! - ¿Quién?
¿Qué sucede? Srta. Susan, ¿quién?
¡Tienes que venir!
Lo vi dos veces y, las dos veces, estaba muerto.
¿Qué te hace pensar que estaba muerto?
Estaba muerto, lo vi.
¿No era el hombre del bosque?
No, no lo vi a él, pero supe que estaba ahí.
Y había alguien en la casa.
¿Quién?
Nunca lo vi, sólo lo escuché respirar.
¿Respirar?
Era igual a...
¿Igual a qué?
A cuando era chica.
- ¿El día en que te atacaron? - Sí.
Bueno, ¿eso qué te dice?
¿Qué?
Estás de vuelta en donde sucedió todo
y todo a tu alrededor, todo, debe estimular tus recuerdos.
De modo subconsciente, te hace revivir el momento.
¿Dices que imagino todas estas cosas?
No soy psiquiatra, sólo te pido que seas lógica.
Viste a Harold muerto en la bañera y desapareció,
luego lo viste muerto en el auto y volvió a desaparecer. ¿Tiene lógica?
Digo que, tal vez, Harold tomó el lugar de tu padre, al casarse con Miriam.
Tal vez, tu subconsciente, rechaza esta idea.
Tal vez, a tal punto, que quiere que haya sido Harold el que te violó.
Quiere que Harold esté muerto.
¿Condiderarías la posibilidad, al menos?
- Gracias, doctor. - Susan...
Llevará tiempo.
Ven a verme cuando quieras.
Aunque sea mi día libre.
Susan, ¿dónde has estado? Te busqué por todos lados.
- Salí a dar un paseo. - Debiste dejar una nota.
- Estaba frenética. - Lo siento, madre.
- ¿Segura que estás bien? - Segura.
Vuelvo a la cocina. Estoy haciendo hamburguesas y frijoles horneados.
- ¿Puedo ayudar? - Ni te atrevas, la cocina es un caos.
Disculpe, señora, pensé en ir al bosque. Esa zorra sigue libre.
Iré contigo.
No podré disparar mucho con usted cerca.
Lo sé, por eso voy contigo.
Vuelvan con apetito, hay hamburguesas de sobra.
Su madre se preocupa por usted. Es una mujer encantadora.
Y la quiere mucho.
Lo sé, pero a veces me trata como si aún tuviera doce años.
Usted estuvo enferma y ella no quiere que corra riesgos.
John, vamos por aquí.
- No, Srta., su madre... - Por favor, vamos.
- Estuviste aquí ese día, ¿no? - ¿Qué día?
El día en que me atacaron.
Por favor, señorita, sí.
Cuéntame sobre eso.
Preferiría no hacerlo, su madre...
Mi madre dijo que, pase lo que pase,
no se le recuerde a Susan el día en que la violaron.
- Por favor, señorita. - ¿No lo entiendes?
Quiero que me lo recuerden, esa es la razón por la que vine.
Tú me encontraste, ¿verdad?
Sí, su padre me llamó.
Desapareció de la fiesta y él estaba preocupado.
Me pidió que la buscara.
La encontré aquí.
¿Eso es todo?
Eso es todo.
La llevé de vuelta a la casa, ni siquiera sabía si respiraba.
Esa misma noche, se fue de la casa y no volví a verla.
Hasta el otro día.
¿Viste a Harold ese día?
- Estaba en la fiesta. - ¡Lo sé! ¿Lo viste allí?
Él estaba allí.
Srta. Susan.
Srta. Susan.
Por favor, señorita, no esté aquí.
Fui a la casa de muñecas.
¿Hiciste qué?
Mis muñecas siguen allí.
¿Entraste?
Cariño, ¿para qué atormentarte?
No, me alegra haberlo hecho.
Estuve allí y sólo sentí una especie de interés objetivo.
Eso es muy bueno, significa que el Dr. Schweitzman tenía razón.
Querida, tal vez el Dr. Schweitzman tenga razón
en hacerte visitar este lugar, con todos los recuerdos,
pero yo no estoy tan segura.
Pero, madre, te dije cómo me sentí. Sé que me estoy sintiendo mejor.
Pero si estás mejor, ¿cómo explicas las alucinaciones que has estado teniendo?
Tal vez viste a alguien en el bosque o en el jardín.
No es probable, aunque es posible; pero, ¿cómo explicas lo otro?
Lo de ver a Harold muerto en el baño y en el auto
y esa fijación de que alguien te sigue por la casa, de noche.
- El Dr. Lomas habló contigo. - ¡Por supuesto!
- ¡No debió hacerlo! - Al fin de cuentas, soy tu madre.
- Aún así, no debió decirte. - ¡Pero lo hizo!
Y sólo lo menciono porque estoy muy preocupada por ti.
Madre, ¿no se te ocurrió que, tal vez, no imagino estas cosas?
¡Claro que sí...!
Hola.
Sí, Harold.
Bueno, olvidémonos del tema.
Harold, Susan está aquí, ¿hablarías con ella, por favor?
Habla con Harold.
- Hola. - Hola, Susan, ¿estás bien?
Estoy bien, gracias.
Mañana estaré de vuelta. Pon a tu madre al teléfono.
Bueno.
Sí.
No, iré a buscarte yo.
Bueno, adiós.
Mañana iremos a buscarlo al aeropuerto.
Harold vuelve a casa mañana.
Sí, lo sé, me lo dijo.
Susan, ¿estás lista?
¡Querida, no estás vestida! El avión de Harold llega en menos de una hora.
- No iré, madre. - Entonces, yo tampoco.
- Enviaré a John. - No, ya te di muchos problemas.
- Susan... - Vamos, llegarás tarde.
- Bueno, vendremos directo a casa. - Bueno, adiós.
Hola. Ah, hola, Dr. Lomas.
No, acaba de irse al aeropuerto.
¿Qué?
Sí.
Bueno.
¡Susan!
¡Susan!
¡Susan!
¡Susan!
¡Susan!
¡No!
Miriam...
Harold está muerto.
¡Dios mío!
Mi pobre pequeña. Mi pobre pequeña...
Ella no puede escucharla, está en un shock profundo.
- ¿No puede hacer algo? - La llevaré al hospital
y luego, debo decirle a la policía.
¿A la policía, por qué?
- Porque hubo un asesinato. - Sí, pero ella...
Miriam, la policía debe saberlo.
Intentaré que todo sea lo más sencillo posible.
¿Qué harán con ella?
Le avisaré en cuanto lo sepa.
Seguro que irá con el Dr. Schweitzman, para recibir un tratamiento...
- ¡No, no, no! - Miriam, por favor, déjela.
Déjela.
Sí.
¿Dónde está?
John, ¿qué harás con eso?
Lo cortaré en pedazos y lo quemaré.
- Tal como usted dijo. - Bien.
- ¿Ahora? - Cuanto antes, mejor.
Sra. Jennings, ¿todo estará bien?
No te preocupes, John. ¿No salió todo como lo prometí?
Cuando asustaste a Susan, se fue a la casa de muñecas.
Encontró tu arma, como lo planeamos.
Y cuando traje a Harold a casa, el Dr. Lomas estaba aquí.
Salió incluso mejor.
- ¡Michael, qué linda sorpresa! - Miriam, llamé a Susan,
y la noté muy alterada, así que vine a verla, pero no la encuentro.
¿Miraste en la casa de verano? Harold, ¿podrías ir?
Michael, ven conmigo.
Cuando termines con eso, vuelve.
Quiero hablar contigo.
¿Entiendes que nada ha cambiado?
Sí, Sra. Jennings.
La única diferencia es que, ahora, tú y yo estamos asegurados.
Susan pasará el resto de su vida en Suiza, nunca volverá aquí.
- ¿Y la casa? - Todo quedará tal como está.
No hay nada que nadie pueda hacer.
Susan nunca estará en condiciones de heredar nada.
Y la casa... todo es mío ahora.
El fideicomiso continuará pagando por su mantenimiento, como se hizo antes.
¿Está claro?
Sí, señora.
- Sra. Jennings. - ¿Sí?
- La Srta. Susan. - ¿Qué hay con ella?
¿Ella estará bien?
- ¿Estás preocupado? - Sí, lo estoy.
Me agradaba mucho la Srta. Susan.
¿Lo suficiente como para atacarla cuando tenía 13 años?
¡Dijo que no mencionaría eso!
No dije nada durante los últimos siete años, ¿no?
Sí, señora.
Y puedo callarme 7 años más, salvo que me des motivos para hacer lo contrario.
No haré eso.
Claro que no y, respondiendo a tu pregunta, la Srta. Susan está bien.
Ella estaba feliz en Suiza y ahora también lo estará.
Él no debió hacerlo.
- ¿Quién? - Su padre.
Dejarle todo a ella, como hizo. De no haberlo hecho...
Pero lo hizo, John.
Yo amaba a ese hombre.
Realmente lo amaba. Le di todo lo que tenía.
Él era toda mi existencia y era así como yo quería.
Él era el único que significó algo para mí.
Y éramos felices. Oh, éramos tan feli...
Hasta que llegó Susan.
Cuando ella nació, yo no existí más para él.
Era "Susan esto, Susan lo otro".
No sabía que era posible que una madre tenga celos de su hija.
Y ese día, en la casa de verano,
me alegré por lo que pasó... ¡mi propia hija y yo me alegré!
¡Dios, la odiaba!
Puedes irte, John.
Sí, señora. Gracias.
- Hola. - Hola, Miriam.
- ¿Quién habla? - ¿No lo sabes?
- ¿Quién habla? - Soy Harold.
¿Me extrañas?
- ¿Quién habla? - Soy Harold.
- ¿John? - No, mi querida, tu esposo.
E iré a casa muy pronto.
- Sra. Jennings... - ¿Qué diablos te crees que haces?
- Lo siento, yo no... - ¡No me digas que no llamaste tú!
- No, no era yo... - ¡Eres un mentiroso, vete!
¡Vete!
- Hola. - Hola, Miriam.
- ¡Mira, si no dejas...! - Mira por la ventana.
- ¡Te dije que destruyeras ese muñeco! - Sí, señora, lo hice.
- ¡Eres un mentiroso! - No, iba a quemarlo por la mañana.
¡Hiciste dos! ¿Cómo te atreves a desobedecerme?
- No, Sra. Jennings, yo no... - ¡Quiero que te largues de aquí!
¡Recoge tus cosas y te vas de aquí, mañana a primera hora!
- ¿A dónde me iré...? - ¡Me importa un cuerno!
Si para el mediodía sigues aquí, llamo a la policía.
Pero no hice nada.
- Atacaste a una niña de trece años. - Prometió no decírselo a nadie.
Igualmente, no puede llamar a la policía, después de lo que hizo.
- ¿Qué hice? - Mató al Sr. Harold.
No, John, yo no maté a nadie. Susan mató a Harold.
Él fue guiado por ti.
Pero fue idea suya, yo sólo hice lo que usted me dijo.
John, ¿quién te creería?
Yo soy su madre.
Tienes hasta el mediodía.
- ¿Sí? - Habla John.
Me voy.
Cuando consiga un sitio para vivir, vendré por el resto de mis cosas.
¡Me importa un cuerno lo que hagas!
¿Quién está ahí?
Estamos solos ahora, Miriam, sólo tú y yo.
¿Quién está ahí?
¿Quién está ahí?
Operadora, comuníqueme con...
¿Quién está ahí?
¿Quién está ahí?
¡Sé que hay alguien! ¡Sal!
¡Sal!
¡Sé que hay alguien! ¡Sal!
¿Sra. Jennings?
¡No!
¡Estás muerto! ¡Estás muerto!
¡Susan te mató! ¡Yo hice que Susan te matara!
¡Yo hice que Susan te matara! ¡Estás muerto!
¡Estás muerto! ¡Oh, Dios!
Harold y yo sabíamos que tramaban algo, pero no sabíamos qué.
Cuando John dejó su arma en la casa de muñecas, nos hicimos una idea.
Hace años que lo conozco, él nunca sería tan descuidado
con un arma cargada.
¿Por qué no nos llamó en ese momento?
¿Y decirle que John dejó el arma para que Susan la encontrara y me disparara?
Cuando Miriam fue al aeropuerto, llamé a Susan
y le dije lo que sospechábamos.
Así que, cambiamos las balas del arma por unas de fogueo
y seguimos adelante con la farsa.
¿Y Susan?
Cuando supo que le creíamos y que no estaba alucinando,
estuvo de acuerdo con el plan.
Lo del disparo a John no fue planeado,
sólo queríamos asustar a Miriam para que dijera la verdad.
¿Estará bien ahora?
Por supuesto.
Habrá sido un gran shock, pero, al menos, esto es real.
Esto es algo con lo que su mente puede enfrentarse.
¿Por qué no te moriste?
Subtítulos de Fran
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.