All language subtitles for Johnny Nobody (Nigel Patrick, 1961) Castellano

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Original subtitles

BASADO EN LA HISTORIA EL JUICIO DE JOHN NADIE

Espero olvidar los males

Que asolan mi corazón

Reza para que algún día vuelva

El hombre de tu corazón

"Qué buena niña eres"

Le digo a mi amor

Reza para que algún día vuelva

El hombre de tu corazón

"Qué buena niña eres"

Adiós, amada mía

Bebe, que te va a hacer falta, Tim.

Me hacía falta, sí.

Tengo las piernas agotadas.

Vamos, siéntate y descansa.

¿Descansar? Los funcionarios no descansamos.

Ahora tengo que subir a ver al pobre Sr. Mulcahy.

Dios lo guarde…

Qué pena que no se quedara en América.

No es mal tipo, aunque tiene un toque dado…

- ¿Otra? - No.

- El deber me llama. - Entiendo.

El hombre de tu corazón

"Qué buena niña eres"

Le digo a mi amor

Reza para que algún día vuelva

El hombre de tu corazón

"Qué buena niña eres"

- ¿Quién es? - Soy yo, Tim, el cartero.

Tengo dos cartas para usted.

Y también un telegrama.

Ahora voy.

No conozco a nadie tan peculiar como usted.

Es el único del pueblo que cierra la puerta con llave.

Así no me interrumpen mientras escribo.

Pues me temo que está perdiendo el tiempo escribiendo en este país…

El telegrama es de sus editores…

Han censurado su libro.

Por blasfemo…

Y por sus inclinaciones indecentes.

No parece preocupado.

- ¿Preocupado yo? - Sí.

Para mí, es un honor.

Eso quiere decir que escribo bien.

Puede ser.

Pero va a ganarse a muchos enemigos, Sr. Mulcahy.

Entonces seré la persona más querida de Irlanda.

Aquí os enseñan a amar al enemigo, ¿no?

Espera un momento, que bajo la calle contigo.

Esto hay que celebrarlo.

Su aliento es tan dulce Como el rocío en la mañana

Soy un jugador y un vagabundo Que vive alejado del mundo

Y si no te gusto Pues déjame en paz

El Sr. Mulcahy viene para acá.

- ¿Y cómo está caminando? - Parece que en línea recta.

Aunque ese tipo engaña.

Tiene muy buen saque…

Los Mulcahy tenían buen beber, ¿no?

Pero ya no queda ninguno más. Que Dios los tenga en su gloria.

Pues él podría unirse a sus ancestros.

Dios, perdóname.

Seguro que no es tan malo.

Y, al menos, bebe.

Aguardiente para Lou…

Que Dios os bendiga a todos.

Aguardiente en la mañana

Aguardiente para cenar

Aguardiente para mis entrañas

El Sr. Mulcahy está de broma. ¿Verdad?

Claro que sí, Sr. O'Connor.

A esta ronda invito yo. Páseme la botella.

Y si no te gusto Pues déjame en paz

No beba muy deprisa, Sr. Mulcahy.

No se preocupe, Sr. O'Connor.

Solo vengo a echar el rato.

No me mates tú Que yo ya moriré

Qué bonita canción.

Una canción bonita y sana.

No como lo que se canta calle arriba…

La gente de aquí

no es más que una panda de hipócritas meapilas.

No empiece con esas, Sr. Mulcahy.

Ya no solo por mi bien,

- sino por el de mi bar. - Entiendo.

El Sr. O'Connor tiene razón.

Tenga cuidado con lo que dice, Sr. Mulcahy.

Cada cual responderá por sus pecados algún día.

¿Sabe lo que es un pecado?

- Todos saben… - No.

No son lo que te cuentan los curas.

Los pecados no te mandan al infierno.

Son la respuesta natural de una persona sana

ante una situación difícil.

Y os diré algo más sobre los pecados…

Por el amor de Dios, hombre,

¿no puede hablar de algo que nos interese?

No hay nada más interesante en este mundo que los pecados, amigos.

Es la sal de la vida para cualquier hombre sano.

Pongamos…

La lujuria, por ejemplo.

Ya estamos otra vez…

El pecado de la carne no es más que la prueba

de que la naturaleza quiere que nos reproduzcamos como especie

a toda costa.

Si vuestro Dios tuviera algún ápice de humanidad,

los cometería todos.

No voy a tolerar ni una palabra más.

Seamus, cálmate…

Y ese es solo uno de los motivos por los que no creo en vuestro Dios.

Tranquilos, vamos, callaos.

¿No es evidente que solo está diciendo sandeces?

Lo que digo no es ninguna sandez.

¿No sería irrisorio pensar

en hordas de hombres y mujeres

atestando una iglesia

escuchando hablar sobre el pecado

a alguien que no sabe lo que es?

Piensa el ladrón que todos son de su condición.

Os digo

que las únicas personas cualificadas para hablar del pecado

son los pecadores como yo.

¡Silencio!

Está podrido por dentro…

No tiene ni idea de lo que dice.

¿No veis que es más probable

que el auténtico mal se esconda tras el fervor religioso

y no tras una leve pecaminosidad?

Si tuviera que dar algún consejo a un joven como tú

le diría que…

Adelante, hijo,

y peca con sabiduría…

Y con moderación.

Yo voy a darle un consejo a usted:

lárguese de aquí.

Déjame tranquilo.

Eres como los demás.

No eres más que humo de pajas.

Quieto, Sr. Mulcahy.

¡Vamos, chicos!

Sacadlo de aquí. Coged al Sr. Mulcahy.

Tim, ve a por la policía. Rápido.

¡Venga, vamos!

¡Dale una paliza, guaperas! ¡Sí!

Si hacéis algo menos de ruido, os daré un regalito…

¿Va a jugar con nosotros hoy, padre?

Por supuesto.

El padre Healy y yo os vamos a dar una tunda.

Vamos, os vemos luego en el campo.

¡Padre! ¡Padre Carey!

Mulcahy está en el pub, blasfemando, borracho y peleándose.

Otra vez no…

Soy cura, no policía.

Lo sé. Voy a por la policía,

pero usted es el único que lo puede parar mientras.

- ¿Voy yo? - No, ya voy yo.

Padre Carey, dese prisa, que creo que va a correr la sangre…

Desollaré a todo aquel que se me acerque.

Nos las pagarás por esto, Mulcahy.

Y tanto que va a pagar…

A destrozado mi pub.

Claro que voy a pagar.

Con dinero que he ganado

sin arrodillarme ante un altar.

Vergüenza debería darle esta sarta de blasfemias…

Como se muerda, se envenena.

¿Y quién va a hacer que me muerda?

¿Vuestro dios?

¡Panda de necios supersticiosos!

¡Os digo que Dios no existe!

Hoy quería pasar un buen rato y,

por los clavos de Cristo, esto es hilarante.

Me lo estoy pasando pipa.

Sois la mayor panda de payasos que he visto en toda mi vida.

Ría, ría, que ya llorará…

¡Que viene el cura!

Esto es buenísimo…

¿Por qué no vas a casa a que se te pase, Mulcahy?

Deja a esta pobre gente de bien en paz.

No pienso hacerte caso ni a ti ni a cualquier otra persona.

Usted puede no creer,

pero debería respetar las creencias de los demás.

¿Las creencias?

Querrás decir las supersticiones…

No las respeto. Las desprecio.

Lamento oír eso. Que Dios venga en tu ayuda…

No necesito ayuda de Dios.

Yo me basto y me sobro.

Echémoslo del pueblo, padre.

- Así cerrará el pico… - Calma, Michael.

Que nadie le ponga un dedo encima.

Dios lo castigará cuando llegue el momento.

No me vas a amedrentar hablando del más allá.

No existen ni el cielo ni el infierno.

Ni tampoco existe Dios.

- No sabe lo que dice. - Claro que sí.

Lo sé de sobra. Y lo volveré a repetir.

¡Dios no existe!

Si existe,

¡que me parta un rayo!

Él es omnipresente, ¿no? ¿No está en todas partes?

Se supone que sabe hasta cuando un gorrioncillo cae al suelo, ¿no?

Pues bien, si tan todopoderoso es,

¡que me parta un rayo!

De hecho, si no lanza un rayo o dos,

me atrevería decir que sería una irresponsabilidad, ¿no?

¿No crees?

A ver si podemos convencerlo.

¡Dios! ¡Te pido que me destruyas!

Vale, como quieras.

Te lo voy a poner fácil.

Yo mismo me acercaré a tu casa.

Iré a las puertas de tu iglesia.

Vale.

Vamos, Dios, no nos decepciones ni a mí ni a toda esta buena gente.

Estamos esperando.

¿Cuánto tardas en crear un buen rayo y tirarlo?

Con un par de minutos deberías tener de sobra…

Vamos, Dios, que tu público te espera.

¡Demuestra que estás escuchándonos!

¿Quién eres?

Nadie.

¿Qué has hecho?

No sé. De repente, me he visto aquí

y una voz me ha dicho:

"Acaba con este hombre".

Ha sido intervención divina,

para acabar con ese blasfemo.

¡El desconocido va a juicio!

¡El cura ha sido llamado como testigo!

¡Prensa!

¡El desconocido va a juicio!

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores.

Biddy, no voy a tolerar tus prácticas paganas

en mi iglesia.

Estoy rezando por John Nadie.

Es la mano de Dios.

Vamos, vuelve a casa y compórtate como una buena devota.

Hola, Johnny.

Gracias por venir a verme, padre.

Gracias por pedírmelo.

- Siéntese, por favor. - Gracias.

No dejo de pensar en todo lo que me ha pasado

en estas últimas semanas y…

Y, cuando pienso en usted, es como si hubiera un vacío antes.

Lo recuerdo ahí, arrodillado,

y preguntándome: "¿quién eres?".

Pero debe recordar algo de lo que pasó antes…

Antes de disparar a ese hombre.

Recuerdo un olor a incienso…

Y que una voz me decía que lo matara.

Pero, en realidad, no era una voz. Es como si hubiera oído esas palabras

pero sin sonido.

No sé cómo explicarlo. Fue…

Sentí frío…

Mucho frío. Como si estuviera muerto.

Y me dolía la cabeza,

como si acabara de presenciar algo espeluznante.

¿Qué le hizo…

dibujar esto?

Me pidieron que dibujara mil cosas, pero…

Esto en concreto…

No sé por qué lo pinté. Sentía que mi mano…

Que sujetaba el lápiz y se movía sola sobre el papel.

Pero se rieron de mí. No me entendieron.

Es lo que más me desespera, padre. Imagínese a una persona,

si es que acaso soy una persona, que no es más que una carcasa…

¡Soy una cáscara vacía!

Sé que la gente solo existe…

Solo es gente de verdad por sus recuerdos.

Recuerdan a sus padres, recuerdan su infancia…

¿Qué soy yo? No soy nada. No soy nadie.

Cálmate, Johnny.

Lo siento, padre.

Es solo que, si no pudiera hablar con usted,

creo que me volvería…

Que me volvería loco.

Tiene otros simpatizantes, no solo yo.

Pero esta gente me da igual…

No los conozco.

Yo de usted las leería.

Vienen de gente sincera y devota.

Me gustaría que les diera las gracias por mí.

Sin problema.

Y hay cientos de personas más.

Hay gente por todo el país haciendo donativos

para pagar a sus abogados.

Pueden hacer lo que quieran conmigo.

Como si me cuelgan…

Pero estarán colgando a un hombre que no existe, padre.

Mucha gente está rezando por usted.

Y aunque Dios responda a sus plegarias… ¿Qué será de mí?

Acabaré en un manicomio, ¿no?

Todos somos siervos de Dios.

Lo tendré en cuenta, padre.

Gracias.

Adiós, Johnny.

¡Prensa, prensa! ¡Hoy empieza el juicio de John Nadie!

¡Hoy empieza el juicio de John Nadie!

EL HERALDO HOY, JUCIO DE "JOHN NADIE"

Da comienzo el caso de Irlanda,

representado por el Fiscal General,

contra un hombre

de nombre desconocido.

Traigan al acusado.

¡Silencio!

Acusado,

se le acusa de lo siguiente:

que usted, en el pueblo de Monavolla, en la República de Irlanda,

el día 15 de mayo del presente año,

asesinó de manera deliberada

a James Ronald Mulcahy.

¿Cómo se declara?

Dadas las circunstancias, señoría, mi cliente se declara inocente.

- Se acepta, señoría. - Se acepta.

¡Dios te protegerá de todo mal, Johnny!

¡Silencio!

Denme un momento.

No tendría sentido pretender

que desconozco las emociones que ha desatado este caso

entre la población.

Pero si hay el más mínimo alboroto

durante el juicio en este tribunal,

desalojaré la sala de inmediato.

También añadiré que,

habida cuenta de la tremenda publicidad,

tanto honesta como sensacionalista, que se ha dado a este caso,

diría que un teatro o una iglesia

podrían ser entornos más propicios que un tribunal para un juicio como este.

Pero esto es un tribunal.

Este juicio se llevará a cabo

siguiendo los procedimientos propios de un juzgado.

Hasta ahora, ha resultado imposible

determinar la identidad o el origen del acusado.

Como ha dicho el secretario judicial, se le ha decidido designar

como "un hombre

de nombre desconocido".

Ahora bien, por comodidad de todos,

no tengo inconveniente en que lo nombren usando el apelativo

que ha acuñado la prensa popular

en sus artículos durante las audiencias preliminares.

Dicho nombre es "Johnny"

o "John Nadie".

El jurado puede constituirse.

Eh, ¿dónde crees que vas?

- Soy de la prensa. - ¿Y qué tienes ahí?

Es una cámara.

No se permiten cámaras en el juzgado.

Creo que no me he explicado…

Soy reportero visual. Vengo a sacar fotos.

- No tardaré mucho. - No va a sacar foto alguna.

Creo que no estoy hablando con la persona correcta…

Hablaré con el superintendente.

Yo soy el superintendente.

La recojo a la salida.

Llamo al estrado al padre Edward John Carey.

El padre Edward John Carey.

Ponga la mano derecha sobre la Biblia y repita:

Juro por Dios…

Juro por Dios…

Ojalá tuviera mi cámara.

Tranquilo. Tendremos una foto y una entrevista.

Buena suerte…

Al reverendo no le gusta la publicidad.

…y nada más que la verdad.

Y no diré más que la verdad.

Bien, padre Carey,

usted es cura por la Iglesia católica, apostólica y romana, ¿no?

Espero que eso no esté en cuestión…

Entiendo, padre Carey,

que no está familiarizado con nuestro sistema judicial

por el que hacemos evidente lo evidente.

Pero tenga paciencia. Responda a la pregunta.

Gracias, señoría.

Sí, lo soy.

¿Y usted es el párroco de Monavolla?

Sí, tengo el honor de serlo.

Padre Carey, la tarde del 15 de mayo,

usted presenció la muerte

de James Mulcahy.

Así es.

Cuando llegó al lugar en el que yacía James Mulcahy,

¿pudo ver al acusado?

Así es.

Y antes de dar la extremaunción

al hombre moribundo,

¿habló con el acusado?

Sí. Le pregunté quién era y por qué había matado a Mulcahy.

¿Y qué respondió?

Dijo: "De repente me he visto aquí y una voz me ha dicho:"

'Acaba con este hombre'".

¡Es la prueba de que Dios estaba ahí, padre Carey!

¡Silencio! Silencio en la sala.

Ya he advertido de cuál será mi proceder si continúan las interrupciones.

No toleraré ni una más.

Continúe con su interrogatorio.

Gracias, señoría.

Padre, entiendo que usted no solo se ha formado en Irlanda,

también en el extranjero.

Sí. En Roma y en…

Y, sin embargo, no es más que un simple párroco.

Repito que es un honor para mí.

¿No es llamativo

que un hombre con sus credenciales esté ocupando un escalafón

tan bajo en la jerarquía eclesiástica?

Sr. O'Brien.

Limítese a formular las preguntas pertinentes

para exponer su caso.

Como quiera su señoría.

Bien, debido al caso que nos ocupa,

ha recibido una enorme publicidad.

Si no me equivoco, su retrato ha salido en prensa.

Aunque el que aparece es mi nombre,

la foto es, de hecho, de mi vicario.

Y entiendo que eso ha debido molestarle…

Al contrario. Pero creo que se debe una disculpa a mi vicario.

Aun así, usted se ha convertido en una figura muy prominente

y su humilde parroquia en una atracción turística.

Así es, aunque nada más lejos de mis deseos.

Pero podría decirse que, debido a estos acontecimientos,

tanto usted como su parroquia podrían beneficiarse, ¿no?

Esa es una insinuación aberrante.

Coincido, padre Carey.

Sr. O'Brien,

dejando de lado su flagrante falta de decoro,

no estoy siguiendo su hilo argumental en este interrogatorio.

Entonces, seré franco, señoría.

Los curas, con independencia de su vocación,

son personas como cualquier otra y susceptibles de cometer errores.

Los más comunes son la vanidad y la ambición.

Solo sugiero que el padre Carey, sin duda inconscientemente,

ha podido incurrir en ambos.

Quiero recordarle que estamos juzgando un asesinato,

no un acontecimiento misterioso y sobrenatural.

Hasta el momento, el testigo no ha sugerido nada similar.

Y no sería prueba de nada.

Hasta ahí quería yo llegar, señoría.

Gracias por aclarar esta cuestión.

Una última pregunta.

Para usted, ¿cabe alguna duda de que este hombre disparó

y mató a James Mulcahy?

Ninguna.

Eso es todo, padre.

Padre Carey,

cuando el acusado le dijo que había oído una voz decir:

"acaba con este hombre",

¿sintió que podía estar aprovechándose de su predisposición lógica como cura?

Pues no. Solo puedo decir que habló con total sinceridad y convicción.

Padre, ¿podría explicar a esta sala

qué fue lo que aconteció justo antes del disparo?

Sí. Me habían llamado para poner fin a un alboroto que Mulcahy había creado.

- ¿Una pelea de bar? - No.

Estaba blasfemando y negando la existencia de Dios.

Y, poco después, vio al acusado,

conocido como John Nadie, disparar y matar al fallecido, ¿no?

Sí.

¿Cree que ese acto

fue una intervención directa de Dios todopoderoso?

Esa pregunta está fuera de lugar.

Las creencias del testigo no constituyen pruebas.

Siéntese, Sr. O'Brien.

Sr. Sullivan,

creo que esa pregunta es una impertinencia

para un letrado de su experiencia.

Estamos en un juzgado secular, no en uno eclesiástico.

Quiero reiterar

que se ha de juzgar este caso por los hechos, no por las creencias.

Acepto su decreto, señoría.

Pero quiero apuntar que mi ducho compañero

ha llamado al menos a dos testigos expertos.

Un experto en balística que nos ha dicho

que el difunto murió de una bala proveniente de la pistola de John Nadie

y un eminente psiquiatra que ha testificado

que es un hombre cuerdo y en control de sus actos.

Por ello, solicito que me permitan

interrogar a este hombre

como testigo experto

en cuestiones espirituales.

Por desgracia, Sr. Sullivan,

no aceptaré las creencias religiosas como pruebas factuales.

Pero, señoría…

Todos los testigos de este caso

juran que dirán la verdad

poniendo una mano en la Biblia, en la palabra de Dios.

¿No tomamos ese acto como prueba factual

de que el testigo está diciendo la verdad?

Señoría,

la dirección que estoy tomando con mi interrogatorio tiene precedentes.

En el mismo libro sobre el que juran los testigos,

se dice

que la esposa de Lot fue convertida en una estatua de sal,

que Sodoma y Gomorra fueron arrasadas hasta los cimientos,

al igual que se arrasó a su pueblo,

por intervención directa de Dios…

Debido a sus aberraciones

y a sus blasfemias.

En vistas de su vocación,

su gran inteligencia

y su formación teológica,

¿quién mejor que el padre Carey

para compartir su opinión experta

en cuestiones de esta naturaleza?

Es en esto,

solo en esto,

en lo que se sustenta la defensa de mi cliente.

¡Silencio! ¡Calma!

Sr. Sullivan, reflexionaré sobre su solicitud.

Creo que este es el momento idóneo para levantar la sesión.

Continuaremos el lunes por la mañana

y pronunciaré mi decisión.

Todos en pie. Se levanta la sesión

hasta el lunes a las diez de la mañana.

Creo que le han hecho la pregunta del millón, padre…

¿Tiene una respuesta?

No estaba preparado para esa pregunta.

Bueno, pues me temo que tiene 46 horas para pensar su respuesta.

Seguro que el Colegio Cardenalicio

tardaría como mínimo diez años en llegar a una conclusión…

Hay bastante gente fuera. Están esperando a la estrella del momento.

Dudo mucho que esta vez se equivoquen de cura en la foto…

¿Sabe qué diría si no fuera cura, Lynch?

No quiero saberlo, padre.

No se preocupe. Yo me encargo.

Abran paso al reverendo.

Nada de fotos.

Ya puede salir sin problemas, padre. Buena suerte.

Nada de fotos, o serán los próximos acusados…

Abran paso.

¡Mire hacia aquí!

¡Te dije que no sacaras fotos! Lo siento muchísimo, padre.

Destruye el negativo.

No publicaremos fotos del reverendo sin su consentimiento.

Vaya… Lo siento.

Te veo en el hotel.

Perdónelo, padre.

Cuando un fotógrafo ve la oportunidad de sacar una foto,

pararlo es como intentar que un lobo suelte su presa.

¿Es usted periodista, señora…?

Mary Floyd, del Incorporated Features.

He asistido al juicio

y lo he oído decir cuánto lo importuna la publicidad.

No se me ocurriría dejarlo ahora en evidencia…

No conocía esta ética periodística.

Hay periodistas de todo tipo.

Pero no se preocupe: no voy a importunarlo a preguntas,

salvo una.

No soy de Dublín.

¿Qué es ese obelisco de ahí?

Es un monumento a la victoria de Wellington contra Napoleón.

Debido a un desafortunado impulso,

la ciudad de Dublín erigió ese monumento.

Harían falta toneladas de dinamita para tirarlo.

¿Esa es la famosa iglesia de San Michan?

Es la Santísima Trinidad.

San Michan es una iglesia rara.

Los cadáveres de su cripta

no se descomponen.

¿Por un milagro?

No, es que su atmósfera tiene alguna particularidad.

- ¡Compren el Herald o el Mail! - Deme uno.

¡Prensa! ¡John Nadie es la nueva sensación!

- ¡Herald! ¡Mail! - Gracias.

Gracias. ¡El Herald! ¡El Mail! ¡John Nadie es la nueva sensación!

¡Compren su periódico!

¿Qué es lo que va a decir, padre?

Puede que no me dejen ni siquiera responder.

Me gustaría ir a su parroquia, padre,

a echar un vistazo.

¿Me está queriendo entrevistar?

No puede culparme por intentarlo…

- Adiós, padre. - Adiós.

Venga, todos, vamos.

No la estás lanzando recta. Dame eso.

Mira. Se hace así.

Primero hacia dentro y luego…

Ay, madre.

¡Eso es falta!

No se puede hacer falta al árbitro.

No sea tan pusilánime, hermano Timothy. Vamos a jugar.

¿Qué me has llamado?

Pusilánime.

- ¿Y sabes lo que significa? - No…

¿Cuáles son los deberes de un buen estudiante, O'Hara?

Respetar y obedecer, hermano Timothy.

Pues escríbelo 500 veces.

Por favor, padre…

¿No ha sido…?

Vamos, anda, mataos si queréis, panda de gamberros.

Apañáoslas. Ahora vuelvo.

Madre del amor hermoso…

- Hola. - ¡Hola!

Me alegro de verte.

- Tengo las manos sucias… - No te preocupes.

Aquí estás tú, hecho una celebridad

y rodeado de milagros por todas partes.

Vamos a ver si te encuentro algo para beber.

- Mira… - Tengo contactos en la bodega.

Yo me encargo del huerto

y mis productos gustan mucho,

así que hacemos intercambios…

¿No crees que debería presentar mis respetos al abad primero?

Por supuesto, ¿dónde están mis modales?

Si me disculpas, voy a intentar que estos bandarras

- no se maten. - Por supuesto.

¡Ya está bien, niños!

¡Todos a las duchas, quitaos esa mugre!

- Qué niños tan estupendos… - ¿En serio?

Parece que fuera ayer cuando tú tenías su edad.

Tu barba era negra como el tizón…

Te llamábamos carahongo, ¿recuerdas?

Qué tiempos aquellos…

Supongo que el abad estará en la biblioteca, con el padre Bernardo.

¿El padre Bernardo?

¿Sigue aterrorizando a los críos?

No, no, dejó de enseñar hace años.

Ahora dedica su tiempo a una importantísima labor…

¡Pase!

Perdonad que os moleste,

pero es el padre Edward Carey. Ha venido a visitarnos.

Menudo honor.

Me alegro de verte, Edward.

¿Recuerdas al joven Carey, ese pillo testarudo

al que diste clase hace años?

En cuanto cruzan la puerta me olvido de esos críos.

Espera, a ti te recuerdo…

Tú eres el muchacho que echó pegamento a mis sandalias.

Eso fue hace 25 años, padre.

Ya pagué por mi insolencia en su día.

Sí que fue hace tiempo.

Hay otros motivos para reconocer a Edward ahora.

Se ha convertido en una eminencia nacional.

Le garantizo que no por voluntad propia.

Algo turba tu espíritu, ¿no, hijo?

No encuentro mucha calma desde que eso… ocurrió.

Por eso estoy aquí.

Me alegro de que hayas venido a vernos.

¿Puedo ver al padre Bernardo?

Claro que sí, hijo.

Puede que vivamos aislados del mundo,

pero solemos estar muy al tanto de lo que pasa en el mundo.

Y, por lo que sabemos, nunca suele ser nada bueno.

Edward, te espero fuera.

¿UN MILAGRO?

Sí, he oído esta historia.

La vida de un hombre está en juego.

No puedo hacer como Pilatos, ignorar la pregunta y no responder.

Tienes una responsabilidad aún mayor que esa…

¿Hacia quién?

Hacia ti mismo.

Y, sobre todo, hacia Dios todopoderoso

y sus enseñanzas.

Creo en Dios, por lo que debo decir que la muerte de ese hombre

ha podido ser un acto sobrenatural y no un vulgar asesinato.

Pero tienes que estar seguro de ello.

Más allá de toda sombra de duda.

¿Y qué duda puede haber?

Todos los días, en misa, hablo del milagro de la vida eterna.

¿Puedo negar que existan milagros?

No, hijo mío.

Pero un milagro es algo que ocurre más allá de la razón.

No va en contra de ella.

Pero no va en contra de la razón.

Debo creer lo que he visto y he oído.

Me han hecho una pregunta

y debo dar una respuesta.

Nuestro Salvador no quitaba la vida para demostrar su amor por nosotros.

Sacrificó la suya propia. Parece que lo has olvidado.

No lo hago solo por mí.

Miles de personas creen en este John Nadie.

Eso es lo que me resulta más pernicioso.

¿Y si acaban emergiendo una leyenda y una secta

debido a un acto que contraviene nuestras enseñanzas y creencias?

Quiere decir que podría estar justificando una herejía…

Eso es lo que temo.

Y creo que eso es lo que tú crees también en lo más profundo de tu ser,

o no habrías venido a buscar mi consejo.

Este hombre no pudo aparecer de la nada,

como Minerva, que emergió con su armadura de la cabeza de Júpiter,

si me permites el símil pagano.

Siento no haber sido de más ayuda.

Solo te puedo decir una cosa.

Haz un buen examen de conciencia

y haz lo que ella te dicte.

Solo quería hablar de esto con alguien que me entendiera.

No, Edward.

Tú querías que alguien te convenciera,

que te extirparan esa duda que te carcome.

Que Dios te bendiga, hijo.

Ojalá tuviera una respuesta…

¡Has pasado ahí dentro muchísimo tiempo!

El padre Bernardo ha vuelto a sermonearme…

Mira, Edward, nada me gusta más que un buen milagro…

Pero solo los bonitos.

Como cuando nuestro señor convirtió el agua en vino

durante las bodas de Caná.

Ese sí que fue un buen milagro.

O el que me ocurrió a mí.

Recuerdo que estaba nadando

y el cansancio me vencía. Iba a contracorriente…

Y recé a la Virgen María.

Y, de repente,

noté una roca bajo mis pies.

Pero tu milagro es muy distinto, Edward.

Sí.

Y no quiero ofenderte…

Lo sé.

¿Me estás imitando?

No, claro que no.

Solo estaba pensando.

Adiós, Timothy. Me alegro de verte.

No puedes irte…

¡Si acabas de llegar!

Creo que ahora nos toca una visita a las bodegas…

Gracias, pero…

Me toca hacer examen de conciencia.

Adiós.

- Hola, padre. - Buenos días, Tim.

No les va a quedar otra que automatizar mi trabajo,

viendo la cantidad de cartas que usted y el padre Healy echan en el buzón.

Tengo el brazo cansado de sellar tantas cartas.

No cabe duda

de que John Nadie ha devuelto la vida a este pueblo.

O'Connor está teniendo que hacer pedidos a Dublín

para reponer cerveza a punta de pala.

Y a la vieja Sra. Hannigan no le queda ni medio caramelo en la tienda.

¿Inishgashel?

¿Por qué pega eso?

CARRERA DE CABALLOS

Digamos que es, en parte, por nostalgia.

Ahí fue donde nací.

Uno de mis tíos me manda el cartel todos los años, así que yo lo pego.

¿Pero dónde está?

En una península en pleno Atlántico.

Hace 30 años que no vuelvo…

¿Y qué es? ¿Un pueblo pesquero?

En los viejos tiempos, con los buques, era un puerto comercial.

Ya ha perdido su gloria de antaño…

Solo quedan 15 pubs y una carrera de caballos una vez al año.

Inishgashel es un sitio peculiar.

Y usted también es un tipo más que peculiar, padre Carey.

Cierra la ventana, ¿no? Menudo alboroto hay…

Lleva así desde que se fue a Dublín.

Ya he terminado de responder a todas las caras de John Nadie.

Hasta me duele la mano.

Siento no haber tenido tiempo de hacerlo yo.

Aquí hay una un poco rara a la que no he podido responder…

De un sitio llamado Inishgashel.

Qué raro.

Vengo de hablar de ese sitio.

Es una cita.

San Mateo, capítulo 13, versículo 27.

"¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!",

si no me equivoco.

Ya habíamos recibido una carta de ese pueblo.

Una cita de Isaías.

Será una persona algo tocada de la cabeza…

"Hemos hecho un pacto con la muerte,

una alianza con el Abismo".

"¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!".

No le encuentro sentido.

No…

- Parece que tenemos competencia. - Esto es estupendo.

Tú haz fotos.

Voy a cotillear un poco y luego iré a la iglesia.

Eso será el próximo miércoles… No, el próximo jueves.

- Hasta entonces. - Adiós, padre.

Disculpe, ¿dónde puedo encontrar al padre Carey?

Me temo que no está.

Tengo una cita con él. Soy de la prensa.

No me ha dicho que tuviera citas. Se fue en coche hace un rato.

¿Por qué? ¿Adónde?

No sé por qué. Él ha…

Dijo que iba a un sitio llamado Inishgashel.

¿Inishgashel? ¿Y eso dónde está?

No tengo ni la más remota idea.

Pero no llegará hasta tarde.

- Muchas gracias. - No hay de qué.

Vamos, Biddy, no puedes estar ahí.

No voy a consentir más exvotos.

Se la está jugando, padre Healy.

Ya ha visto a Dios

- vengarse antes. - Ya está bien, Biddy.

Largo. Lárgate.

Estaba fuera del pub de O'Connor

cuando vi a Mulcahy bajar la calle junto con Tim, el cartero.

¿Diga?

Es importante. Póngame con Inishgashel 91.

¿Inishgashel?

Sí, Inishgashel. I-N-I-S-H-G-A-S-H-E-L.

CARRERAS DE INISHGASHEL RACES 12 DE JUNIO

HIPÓDROMO DE INISHGASHEL

Oiga.

Si viene por las carreras, padre,

no se ha perdido nada, pero tampoco verá nada.

- Son la semana que viene. - No vengo por las carreras.

¿Y si no viene a las carreras, qué diablos…?

Disculpe, padre.

¿Qué diantre hace aquí?

¿Por dónde se llega al pueblo?

En ese pueblo no hay ni un alma.

¿Qué es lo que busca?

Quiero ir a Correos.

¿Y para qué quiere ir a Correos?

He recibido cartas sin nombre ni dirección.

Si no tienen nombre ni dirección,

¿cómo sabe que son de aquí?

Tenían el sello de Inishgashel.

He pensado que quizás reconozcan la letra.

Pues mala suerte, padre.

La cartera solo viene tres veces en semana.

Hoy no está aquí.

Pues vaya pérdida de tiempo, ¿no?

Cuánta razón tiene.

¿A cuánto está el pueblo?

Es muy fácil.

Vuelva al cruce y gire a la derecha.

Pero no se despiste. Es una carretera peligrosa.

Gracias. Eso haré.

Buena suerte, padre.

¿Todo bien, padre?

Sí, estoy bien.

Menudo arañazo se ha hecho…

Eso va a dejar marca.

¿Quién diantres será?

No conozco a nadie que esté hoy entrenando…

Parece un loco.

Bueno, puede dar gracias a Dios por que no le haya pasado por encima.

Créame que lo hago.

Será la suerte del cura.

Vaya con cuidado, padre.

No se moleste.

Si busca al padre Marvin, está en el pueblo.

Dígame, ¿alguna vez ha visto a un artista,

posiblemente a un hombre con barba, dibujando por esta zona?

No me suena.

¿A cuánto está Inishgashel?

A kilómetro y medio

si coge el atajo que va por los pozos de brea.

Vaya por esa carretera y cruce esa colina.

Siga las indicaciones.

- ¿Las indicaciones? - Sí, hay señales.

Pero no se confunda

- o acabará en un lío… - Gracias. Iré con cuidado.

No hay de qué, padre. Mucha suerte.

CUIDADO - SENDERO EMPANTANADO

¿Qué hace usted por aquí?

Lo mismo podría preguntarle yo a usted.

Pues vengo en busca de una noticia.

¿Dónde está su coche? ¿Qué le ha pasado en la cara?

Pues un caballo me ha tirado a un arbusto espinoso.

Y mi coche está metido en el lodazal.

Menos mal que estoy aquí.

Seguro que no hay autobuses, trenes ni teléfonos por aquí.

¿Dónde va? ¿Al pueblo?

A Dublín.

He descubierto un par de cosas sobre ese hombre, John Nadie.

Debo ir a la policía antes de que sea tarde.

- ¿Me lleva? - Claro, suba.

Oiga.

Casi podría estrangularlo…

¡Me ha metido en un lodazal!

Entiendo…

- ¿Siguió las señales? - Pues claro.

El diablo las habrá movido.

Estaban en su sitio cuando pasé por ahí esta mañana.

Deben estar malditas.

Todo este sitio parece maldito.

Un momento, padre.

Antes me preguntó si había visto a un artista con barba por aquí.

- Así es. - Pues sí que lo he visto.

Hace unas semanas.

Dicen que vive en la mansión de Kilgregory.

¿Y eso dónde está?

En esta carretera, señorita.

A pocos kilómetros, subiendo por la carretera.

- Muchas gracias. - Que Dios la bendiga.

Que Dios la bendiga.

Y a usted, padre.

Venga, vamos.

Vámonos…

Vayamos a la comisaría más cercana, que voy a llamar a Lynch.

No, vamos a Kilgregory.

No pienso perder la historia del siglo por un policía.

¿Me está chantajeando?

Solo estoy aprovechándome de las circunstancias.

Siempre puede ir andando.

Vuelva a probar.

Nadie echa la llave en este país.

¿Hola?

¿Hay alguien en casa?

¿Hola?

Eche un vistazo. Yo voy a la parte de atrás.

El teléfono no funciona. Vamos a la comisaría más cercana.

LA SANTA BIBLIA

Isaías, 28:18.

"Hemos hecho un pacto con la muerte, una alianza con el Abismo".

Mateo, 13:27.

"¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!".

Deuteronomio, 13:06.

"La mujer que se recuesta en tu seno".

¿Usted escribió esas cartas?

Sí.

¿Por qué?

Solo quería tranquilizarlo.

¿Quién es usted?

La mujer de John Nadie. La señora de Mark Wheeler.

¿Por qué estoy aquí?

Porque quiero que se quede aquí.

Quédese hasta que termine el juicio.

Cuando absuelvan a mi marido,

no podrán volver a juzgarlo.

Nadie puede someterse a dos juicios con pena de muerte por el mismo cargo.

¿De verdad pretende que me quede aquí

y participe en esta conspiración?

¿Quiere saber la verdad?

¿Quién es mi marido?

¿Por qué mató a Mulcahy?

Cuénteselo a las autoridades.

Ellos no lo entenderían…

Pero usted es un devoto de la verdad.

Sé lo bastante para ver que todo esto es una gran mentira.

Mi marido estaba sirviendo a la verdad

cuando libró a este mundo de ese ateo blasfemo.

Mark es escritor, igual que Mulcahy.

Pero un escritor de verdad. Un artista.

No se conocían.

Mi marido pasó diez años en México

escribiendo un libro sobre religiones primitivas.

Justo antes de acabarlo,

Mulcahy publicó su libro, justo sobre el mismo tema.

Esa sabandija mentirosa

se inventó su libro en pocas semanas.

A mí eso me es igual.

Solo sé que hay gente

que cree que fue un instrumento de Dios.

¿Y está seguro de que no lo fue?

Los caminos de Dios son inescrutables, ¿no?

Puede que Dios nos mandara a mi marido y a mí

a oír las charlas ateas de Mulcahy en Nueva York.

La gente decía que era sorprendente que no lo hubiera partido un rayo.

Y vimos claro cómo acabar con Mulcahy.

Así que está aprovechándose de la fe de la gente de bien

- para que no lo cuelguen… - Exacto.

Puede que Dios quisiera acabar con Mulcahy.

Puede que sí lo eligiera como vehículo de su voluntad.

Puede que Dios no quiera que cuelguen a mi marido

como premio por matar a ese blasfemo.

Su marido mató a Mulcahy por celos y por envidia.

Planeó esta aberración durante meses, con frialdad y eficiencia.

Mintió y engañó.

Y luego se escudó en la religión como un cobarde.

Mañana dirá todo esto ante el juez.

Aquí no se puede obligar a una mujer

a testificar contra su marido.

Pues iré a la policía.

Lo negaré todo.

Será mi palabra contra la suya.

Usted es igual de malvada que él…

Es maléfica. ¿Acaso cree que la mentira puede alimentar la fe?

Usted creía en él. ¿Por qué no sigue haciéndolo?

Nadie se enteraría…

Mañana, lo absolverán.

¿Por qué no deja que la gente siga creyendo

que fue un milagro, si eso los hace felices?

¿Qué tiene que perder?

Ascenderá en la Iglesia.

Qué pena me da…

Menos mal que les encuentro.

Iba justo a comisaría.

Qué oportuno.

- ¿Le importaría bajar? - En absoluto.

Hay una mujer en la mansión de Kilgregory…

¿Qué es esto?

Pronto lo sabrá. Vamos, suba al coche.

Síguenos con el suyo, Jack.

Vale.

- Aquí está. - ¿Cómo se llama?

Esto es un error.

Soy el padre Carey, el párroco de Monavolla.

Sí, y yo soy el arzobispo de Amah.

Menos historias. Dinos quién eres.

Soy el padre Carey,

el cura del caso de John Nadie.

EL JUICIO DE "JOHN NADIE" SERÁ EL SÁBADO

Ese es mi vicario, el padre Healy.

Es una confusión.

La semana que viene darás explicaciones ante el juez.

¿Qué? Mañana debo estar en Dublín.

Estás detenido.

Llevas un buen botín, ¿eh?

Yo solo estaba en la mansión de Kilgregory.

- Esa mujer… - Conocemos a la Sra. Wheeler.

Has entrado en su casa, sinvergüenza.

La has agredido y le has robado.

El médico va de camino porque está conmocionada.

Eso no es cierto. Se lo puedo explicar.

Pues explícanos de dónde salieron esos arañazos que tienes en la cara.

Más te vale ser convincente

porque, si no, te esperan siete años en el talego.

Veamos qué llevaba encima.

Debería llevar dinero suficiente

para no dar palo al agua un buen tiempo…

Tú ve por detrás.

- Se ha ido. - No podrá ir muy lejos.

Buscadlo. Avisaré a Ballymiscaw.

¿Hola? ¿Ballymiscaw?

Soy Moriarty, de Kilgregory.

Avisen a todas las unidades.

Buscamos a un hombre de nombre desconocido.

Está suplantando a un cura.

- ¿Novedades? - Lo han visto en el pantano

de camino a Kilmaine.

¡Eh! ¡Por aquí!

¡Venid por aquí!

¿Dónde crees que vas?

¿Estás yendo a la fuga?

Sí.

Agáchate y sígueme.

Así que eres el tipo que está suplantando al cura…

Miren, les juro por Dios que soy cura.

Tú eres el que ha robado en la mansión.

Tienes a todos los polis del reino buscándote.

Les juro que soy el padre Edward Carey, de Monavolla.

Quítenme las esposas.

No tan deprisa.

Hay recompensa para quien te encuentre…

Y yo estoy sin blanca.

¿A quién tenéis ahí?

Un tipo con mala pinta.

Dice que es cura.

Traédmelo.

Puede que sea mayor

y que haya perdido la vista…

Pero sabrá decir quién eres en realidad.

Ve a verla.

Todos, a trabajar.

¿Fue…?

¿Fue la policía la que te esposó?

Sí.

Estás cubierto de lodo del pantano…

Lo sé. Me caí mientras huía.

Y dices que eres cura…

Porque soy cura.

Dame la mano.

Si una pobre alma se confesara y le perdonara sus pecados,

¿qué le dirías?

¿Qué es lo que harías?

Pues la absolvería de sus pecados haciendo la señal de la cruz.

Y, le diría que repitiera después de mí:

"Perdóname, Señor, porque he pecado".

Y le diría que mostrara su arrepentimiento.

¿Y cómo bautizarías a un recién nacido?

Le pondría sal en la boca y crisma en la frente.

Lo rociaría de agua bendita.

Diría: "Yo te bautizo, en el nombre del Padre,

del Hijo y del Espíritu Santo".

Sí, pero… ¿Lo diría en latín?

Claro que sí.

Diría: Ego te baptizo

in nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti.

Así fue como bautizaron a mis hijos

y a los hijos de mis hijos.

¿Y cómo enterrarías a alguien?

Echaría un puñado de tierra sobre el ataúd

lo rociaría de agua bendita

y bendeciría el féretro.

Diría:

"Dale, Señor, el descanso eterno. Brille para él la luz perpetua".

Y lo diría también en latín.

Así fue cuando enterraron a mi difunto esposo…

Que Dios lo tenga en su gloria.

Y así será cuando Dios me llame en su seno

y me entierren a mí.

¿Entonces es cura de verdad?

Claro que lo es.

Dios lo protegerá de todo mal.

Venga conmigo, padre.

Vamos a quitarle esas esposas.

¡Eh, Jerry!

Tráeme el martillo.

Ahora podrá asearse y comer algo, padre.

Ponga las manos en la piedra.

Jerry, vamos, quítale las esposas al reverendo.

Si me deja la camisa, le diré a las mujeres que la laven.

Dicen que los gitanos

somos sucios, pero nunca he visto a un cura igual.

¡Eh, mujer! ¡Pon a hervir el caldero!

Halelu-lu-lu-lu-la-li-la-la-lu

Johnny, Johnny…

John Nadie

Johnny, Johnny

¿Acaso eres alguien?

Apareciste de la nada

Por voluntad de Dios

Nuestro héroe apareció

Para derramar la sangre del blasfemo

Pero no sabemos con certeza

Si fue por voluntad divina

Ni cuál será el…

La policía viene por el sendero.

Rápido, escóndase bajo la cama de la anciana.

Halelu-lu-lu-lu-la-li-la-la-lu

Johnny, Johnny

¿Han visto por aquí a un hombre cubierto de barro?

…Nadie…

Lleva alzacuellos.

- Ahí no hay nadie, Ned. - De acuerdo.

Vuelve al coche y vigila la carretera.

Vale.

Quién eres tú…

- ¿Quién anda ahí? - La matriarca. Está enferma.

Vamos a ver…

Creo que tiene fiebre escarlata.

…estabas dispuesto…

¿Por qué no la llevan a un médico?

Bueno, avisad si veis algo. Hemos puesto precio a su cabeza.

Para derramar la sangre del blasfemo

Pero no sabemos con certeza

Si fue por voluntad divina

Ni cuál será el desenlace

Ya está, padre. Ya se han ido.

Puede dormir junto al fuego.

Mañana por la mañana lo llevaré al tren a Dublín.

Gracias, Paddy.

Gracias a todos.

Vamos, Daisy. Vamos, Daisy. Vamos.

No se despiste con la policía.

Aún lo buscan por los campos.

¿A qué hora es el tren?

Cruza por aquí a eso de las nueve.

¡A por él!

Padre, ¿de dónde ha salido usted?

Me he montado en el tren en el cruce.

Tengo prisa por ir a Dublín.

Pues eso es ilegal.

Se le podría multar o incluso meter en la cárcel.

¿No me va a denunciar?

Si me paga aquí el billete, haré como que no ha pasado.

Siéntese y relájese, padre.

Sr. Sullivan.

Antes de levantar la última sesión,

me solicitó interrogar al padre Carey

como testigo experto para responder a cierta pregunta.

Así es, señoría.

Y su pregunta para el testigo

era si estimaba

que el acusado disparó a James Mulcahy

por intervención directa de Dios todopoderoso.

Así es, señoría.

Sr. Sullivan, he reflexionado sobre esta cuestión.

He llegado a la conclusión

de que es una pregunta inadmisible.

Pero, señoría…

Mi decisión es inapelable, Sr. Sullivan.

Pues no me queda otra que acatarlo.

Sullivan está en un brete…

No importa.

El jurado está de su parte.

¿Quiere preguntar algo más

al padre Carey, Sr. Sullivan?

No, señoría.

¿Quiere llamar a otros testigos, Sr. O'Brien?

No, señoría.

Sr. Sullivan…

Su decisión, señoría, me ha privado del único testigo

al que quería interrogar.

No voy a llamar a declarar al acusado

porque creo que no podrá aportar nuevos hechos ni pruebas a este caso.

Sr. O'Brien…

Con la venia de su señoría.

Miembros del jurado…

De este juicio ha emanado

un hecho claro e indiscutible.

Yo creo que para las diez y cuarto.

¿Por qué hemos parado?

Hay un problema en las vías. Lo están arreglando.

¿Cuánto tardarán?

Los obreros cobran por hora,

así que no creo que tengan mucha prisa…

¿Puedo bajarme del tren y hacer una llamada?

Podría, padre,

si quiere caminar nueve millas hasta Ballymiscaw.

Páseme la llamada a este teléfono tan pronto como pueda contactar.

Estoy esperando una llamada importante. Estaré en la bancada de la prensa.

Claro, yo la aviso, señorita.

- ¿Café, padre? - Gracias.

¿Quiere acompañarlo de algo más fuerte, padre?

No, lo quiero solo, gracias.

¿Cuándo llegaremos a Dublín?

Llevamos casi una hora de retraso…

- Llegaremos para las 12. - Gracias.

Miren a este hombre

que la acusación dice que no es más que un vulgar asesino.

A pesar de los esfuerzos de la policía,

su identidad sigue siendo un enigma.

¿Quién es?

¿De dónde viene?

Nadie lo sabe.

Pero aparece en mitad de un remoto pueblo irlandés

y mata a un blasfemo.

Un completo extraño, al que no había visto en su vida.

La acusación les ha dicho, y con razón,

que no es su trabajo determinar el móvil del homicidio.

Pero yo defiendo

que el móvil que hay tras este acto

es la clave del misterio que estamos analizando…

- ¿Es la comisaría de Kilgregory? - Sí, diga.

Soy la Sra. Wheeler.

¿Han capturado al hombre?

Aún no, pero sabemos que está en un tren a Dublín.

La policía está esperándole en la estación.

Gracias.

Vamos a Carrickmines.

No se preocupe, pararemos solo un segundo.

- ¿Tienen teléfono? - Hay una cabina en la estación.

Aquí es donde estaba.

Me parecía un cura algo raro.

Debe estar en el tren.

Lo encontraré, aunque tenga que poner el tren de patas para arriba.

No irá más lejos de Dublín, se lo garantizo.

Miembros del jurado,

les pido que, en su veredicto, lo consideren inocente

y dejen en libertad a John Nadie.

- Disculpe, padre. ¿Cómo se llama? - Regan.

¡Van a dar el veredicto de John Nadie!

¡Van a dar el veredicto de John Nadie!

¡John Nadie!

Lléveme a los juzgados.

No sé si llegará a tiempo…

Usted lléveme.

¡Silencio! Todos en pie.

Caballeros.

- ¿Tienen un veredicto? - Lo tenemos.

Nosotros, el jurado,

consideramos que el acusado es inocente.

Señoría. Señoría, debo hablar con usted…

- Padre Carey… - ¡Tienen que escucharme!

Esto no ha sido más que una aberración.

- Silencio. - Con todos mis respetos,

tengo que decir algo importante

que nos concierne a todos.

Abandone la sala. ¡Guardias!

No me iré hasta decir la verdad.

Ese hombre es un asesino. Tengo pruebas.

Padre Carey, estoy siendo muy permisivo…

Señoría, usted ha consagrado su vida a la justicia

y a la verdad.

Yo la he consagrado a la verdad y a combatir el mal.

Me preguntaron si creía que este hombre

había matado a Mulcahy por intervención de Dios.

Y la respuesta es que no.

Ahora sé que fue un asesinato calculado y a sangre fría.

El jurado ya ha leído su veredicto.

Es definitivo e irrevocable.

Déjenlo en libertad.

Gracias, señoría.

He presenciado grandes males en mi vida…

Y su maldad es la mayor de todas.

Mulcahy se atrevía a atacar a la religión.

Pese a ser ateo, argumentaba su postura.

Pero el mal que ese hombre causó

no tiene comparación con el que ha causado

jugando con las creencias de la gente.

Guárdese el sermón para la misa del domingo.

¿Qué más da? Soy libre, ¿es que no lo ve?

No puede burlarse de Dios.

No se olvide de que uno cosecha

lo que siembra.

Di lo que quieras, meapilas entrometido.

¿No le queda un ápice de humanidad o de arrepentimiento?

¿Arrepentimiento? No me haga reír.

Soy un hombre libre.

¿Es que no se entera?

¡Nadie puede pararme!

Que Dios lo tenga en su gloria.

FIN

Subtítulos: Elena Sánchez Orta

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