All language subtitles for Dos Vidas Cap tulo 254 Completo - Dailymotion -Spa

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Original subtitles

(Transcribed by TurboScribe.ai. Go Unlimited to remove this message.) Yo no podía dejar que tú vivieras el día más feliz de tu vida, teniéndome a

mí apartada en la sombra.

Yo venía a matarte a ti.

La bala que mató a Inés llevaba tu nombre.

No te lo pediría si no fuera importantísimo.

Por favor, que no quiero ir sola al altar.

Está bien.

¡Carmen y Kiros!

Sí, sí, Carmen y Kiros.

Yo misma los he visto besarse.

Y le he dicho a tu hija que tiene que dejarlo.

¿Y tú sabes lo que ha hecho ella, Francisco?

Amenazarme.

Dani, me alegro mucho de que hayas encontrado alguien por quien sentir algo tan fuerte,

de verdad, hijo.

Pero como madre tengo la obligación de advertirte de que si estos días sin mano te

han parecido difíciles, los que están por llegar van a ser aún peor.

¿Cómo?

¿Que dónde está la pistola?

Lo sé todo.

Patricia me lo ha contado.

Sé que tienes un arma y está dispuesta a usarla.

¿No vas a seguir intentando quedarte aquí?

Linda, que tú no eres de las que se deja amedrentar a la primera zancadilla, ni

a la segunda.

Pero es que yo creo que nos han puesto más de dos zancadillas, ¿eh?

¿Has dicho que Tirso es mi competencia?

No.

¿Tirso va a abrir otro hotel aquí en el pueblo?

Pero si este sitio es demasiado pequeño.

Y apenas hay clientes para un hotel.

Es cierto.

Bueno, menos mal que rescapacitas, hijo.

Entonces, el hotel que atraiga menos clientela acabará...

desapareciendo, supongo.

Por favor, don Ventura, intente hablar con mi tío y dígale que...

Dígale, bueno, intente convencerle de que el sitio de Linda está aquí.

¿Y quiénes somos nosotros para cuestionarlo?

Ese tipo de decisiones solo le corresponden a un padre.

O en todo caso, a un marido.

¿Qué pasa?

Que estás intentando que dude sobre la boda, ¿no?

Porque al principio era yo la que se suponía que no se quería casar con Leo

y ahora es que él tampoco se quiere casar conmigo.

Gracias por estar aquí conmigo.

Te quiero, Francisco.

¿Y si cuando todo haya terminado, quiere vengarse por haberle denunciado?

Yo no me metería con alguien que ha conseguido encerrarme.

Bueno pues, ¿te importaría volver a acompañarme a la comisaría?

¿Qué está mal, señorita?

Pues que yo siempre vengo a África cuando necesito aclararme las ideas.

Pero ahora mismo, mis ideas están claras, cristalinas.

Quizá esta vez África ha ido a usted porque tan clara no estará.

No puede casarse, señorita.

Esa boda no le hará feliz.

Ni a usted, ni a su prometido.

Tienes que hablar con Víctor para contarle todo lo que hemos descubierto.

Señorita, ¿qué le hace pensar...

¿Qué le hace pensar que el señorito aceptará su versión?

Encontré esto debajo de las escaleras de la casa.

Es la pistola de mi padre.

Usted es el único que puede ir a la guardia colonial.

Tiene que llevarles la pistola y contarles todo lo que saben.

¿Tú?

¿Qué haces aquí?

¿Se puede saber qué has hecho esta vez para estar enterrada?

Esos son asuntos entre padre e hija.

Lo importante es qué estás haciendo tú aquí.

¿Qué esperabas que hiciera, Carmen?

Después de lo que no me contó anoche.

Me dijo que Patricia confesó haber matado a mi madre.

Pero no tiene sentido.

La conozco y no es así.

Se habría defendido con cualquier argumento estúpido con tal de defender su inocencia.

Pero se sintió acorralada.

Amenazó con llevar la pistola a la guardia colonial.

Para que cotejaran las huellas y ella se negó.

Y si fuera inocente querría saber la verdad.

¿Tienes que llevar el arma a la guardia colonial?

No.

Voy a hacer algo muy instinto.

Voy a buscar a Patricia y la voy a encontrar.

Y cuando la tenga delante le voy a obligar a que me mire a los ojos

y me cuente toda la verdad.

Sólo así podré cerrar mi herida.

No.

Tu herida también se puede cerrar si Patricia cumple con su condena.

Carmen, tú mejor que nadie deberías saber que Patricia siempre se libra.

Y me da miedo que al entregarle la pistola, que es lo único que tengo en

contra suya, se lo entregue a la guardia colonial y Patricia usa sus cartas.

Víctor, si tardas mucho tiempo en señalarla y aportar el arma como prueba, le estarás

dando tiempo a ella para actuar por su cuenta.

Gracias por enviarme a Noah.

Víctor, espera.

Tengo que contarte una cosa.

Dime.

¿Qué pasa?

Dime.

No es ninguna locura.

No te preocupes.

Sé lo que hago.

Hoy tengo que recoger el traje de novio, evidentemente.

Tengo que llamar al fotógrafo también.

Y cerrar la distribución de las mesas.

Adiós.

Que vienen mis primos de Ayamonte al final.

Les tengo que buscar al hojamiento.

Esto se lo voy a encasquetar a mi padre, ¿eh?

Que paso al padre, que se lo busqué.

No me puedo creer que haya llegado nuestro día.

Nuestro día, Julia.

Anoche me notaste rara, ¿verdad?

¿Y ahora también te noto?

Normal.

Es que llevo una semana entera ocultándote una cosa que necesito decirte porque ya no

aguanto más, Leo.

Vale.

Venga, suéltalo.

Tirso rechazó ser mi padrino porque está enamorado de mí.

No me extraña.

Yo también estoy enamorado de ti.

Leo, que esto no es coña.

De verdad que me tienes muy agobiada.

Vale, perdona.

Solo quería destensar que te he visto agobiada.

Si quieres lo hablamos tranquilamente.

Es que eso es justo lo que necesito.

Necesito hablarlo y hablarlo mucho.

¿Sí?

¿Te ha enterado por él o te ha enterado por otra persona?

Me lo ha dicho él.

Pero es que esto viene de antes del accidente.

Ya, yo sabía que pasaba algo.

Lo que no sabía era qué, pero...

Que justo antes de que le atropellaran, le pregunté si quería estar conmigo.

¿Se lo preguntaste tú a él?

Sí.

Y luego cruzó la calle y el coche le atropelló y cuando se despertó no se

acordaba de nada.

Bueno, eso es lo que me dijo.

Porque en realidad sí se acordaba de todo, pero me lo quiso ocultar.

¿Por qué?

Porque me habría dicho que sí.

¿Tú todo esto me lo estás contando porque tienes dudas sobre nuestra boda?

No.

No.

¿Qué va?

Te lo estoy contando porque no quiero que haya secretos entre nosotros.

Por eso y porque me ha dejado descolocada.

No todos los días viene alguien y se te declara y mucho menos...

Tirso.

El hombre amurallado, ¿eh?

No te lo digo por eso.

Te lo digo porque...

Porque entre Tirso y yo siempre hubo...

hubo...

¿Algo?

Algo.

Quiero casarme contigo, ¿eh?

Quiero estar contigo, Leo.

Quiero esa vida sencilla y divertida que me prometiste cuando me pediste matrimonio.

Pues la tendrás.

¿De verdad?

Y te agradezco mucho que me hayas contado todo esto.

Ya me siento mucho mejor.

Y creo que te voy a copiar y le voy a decir a mi madre que

organice el resto de cosas de la boda.

Claro que sí.

Manu, que solo te estoy pidiendo que me digas qué te pasa.

Ya.

Y eso es lo que me has contado antes.

Vale, pues si no me vas a contar nada más, lo mejor es esto.

¿Esa era Manu?

Hemos tenido nuestra primera pelea.

Y encima por teléfono.

Pero...

pero si la historia hasta ahora era otra muy distinta.

¿Qué ha pasado?

Pues mira, me he encontrado con Mario y me dice que Manu tiene motivos importantes para

volver a Coruña.

Ah, qué misterioso.

Ya.

Y ni ella ni Mario me han querido decir cuáles son esos motivos.

Así que el mosqueo que tienes es de Aupa.

Pues imagínatelo.

Es que no entiendo por qué no me quiere decir qué le pasa.

Bueno, pues...

A lo mejor es que no se siente cómoda hablándolo por teléfono.

Hay cosas que es mejor hablarlas cara a cara, ¿no?

No puede ser eso.

Pues sí.

¿No lo sabes?

Mira, Dani, yo creo que es que te estás rayando por una cosa que no es

para tanto.

Es que hay algo que...

¿Que qué?

El día que se fue Manu, le dije que iría a visitarla.

Y me dijo que no.

Pero, bueno, pensaría que...

Que era mejor más adelante, cuando estuviera más adaptada.

Tú piensa que ahora Manu tiene que retomar su vida allí.

Ya.

Sí, eso pensé yo.

Pero es que ahora noto que tiene miedo a contarme algo.

Bueno, hijo, pues tendrá sus motivos...

¿Motivos?

No me digas motivos, por favor.

Vale, vale.

No lo diré más.

Lo que quería decirte, cariño, es que...

Que deberías confiar en Manu.

Es tu chica.

Ya, y lo haré.

Pero es que me parece injusto.

Yo le he contado un montón de cosas con las que no me sentía cómodo.

Y en eso consiste una relación, ¿no?

En confiar.

Pues no entiendo por qué ella no puede hacerlo.

Vas a tener razón con las relaciones a Isabel.

Es más difícil de lo que pensaba.

¡Ay, señor!

¡Las llaves otra vez!

¡Me la juego!

¡Qué cabeza tenéis!

¡Madre!

Veo que vives con gente muy descuidada.

Un placer verte, Diana.

Pero mira, a ver, a mí me pillas un poquito atareado.

Así que hablamos mañana en la boda, si te parece bien.

Vengo en son de paz.

Ese término, sinceramente, no creo que lo hayas manejado mucho en tu vida.

Así que...

Mira, estoy cocinando ahora mismo, si no te parece mal...

Tengo una propuesta que hacerte.

Una propuesta que hacerme.

Me voy a arrepentir, estoy seguro.

Pero, venga, pase.

No te preocupes, porque no me voy a andar por las ramas.

He estado pensándolo detenidamente y creo que no nos queda otra que ser socios.

¿Has dicho socios?

¿Lo has dicho?

Sí, eso he dicho.

¿No estás sordo?

Alégrate.

Diana, por Dios, ¿socios?

¿Tú y yo te refieres?

No estás sordo, pero te falta algo de entendederas, ¿eh?

Mira, te lo voy a explicar para que lo entiendas perfectamente.

Vengo a proponerte llevar el hotel juntos.

Los dos.

¿Y tú cómo has llegado a esa idea?

Vale, ha sido Julia, ¿no?

La que te ha convencido, igual que te convenció para que me propusieras una oferta por

el hotel.

A ver, no te voy a negar que algo ha tenido que ver Julia, pero la

propuesta y la oferta es mía.

Se me ha ocurrido a mí.

No lo veo por ningún lado.

Pero vamos a ver, si son todo conveniencias.

Tú pones tu esfuerzo y tu experiencia, y el trato con los clientes, y yo pongo

lo más importante, la gestión empresarial y el músculo financiero.

Músculo financiero...

¿Qué?

¿Lo tomas o lo dejas?

Es...

Es tentador, Diana, sí, es...

Pero sinceramente, no vamos a cuajar tú y yo.

Pero vamos a ver, Tristán, que tú y yo no somos una tortilla, ¿eh?

El pueblo no tiene mercado para asumir otro hotel.

Así que si tú te quieres montar otro, lo vamos a pasar muy mal intentando pelear

por nuestra clientela.

Pero no solo eso, es que nos podemos ahogar en gastos y en muy poco tiempo

arruinarnos y llegar a la quiebra en nuestros respectivos negocios.

¿Cómo lo ves?

Apocalíptico.

Mira, lo que tú llamas apocalíptico, yo lo llamo realidad.

¿No será mucho mejor unir nuestras fuerzas por el bien de la hostelería rural?

Mira, te digo una cosa, ¿eh?

No te lo pienses tanto porque yo en un momento dado me echo para atrás.

Qué raro en ti.

Vale.

Dame unos días para pensarlo.

Eh, y te digo algo.

Te dejo hasta después de la boda.

Pero recuerda, o lo tomas o lo dejas.

Gracias.

¡Angelito de mi vida!

¿Y no el torbellino y esos sudores?

¿Tienes dos minutos para mí?

Me da la sensación de que diga lo que te diga, los vas a coger, así

que sí.

No te voy a mentir, he estado buscando a Víctor pero no lo encuentro por ninguna

parte y a falta de pan, vuelan son tortas.

Vaya, Faustino, tú siempre tan Faustino.

Lo tomaré como un piropo.

¿Qué quieres de mí?

Voy a hincar rodillas y necesito consejo.

¿Qué?

¿Eso que le voy a pedir un matrimonio a Linda?

Casi me recuerdas.

No, en serio, hay cosas con las que mejor no bromear, ¿no?

Que no, que no, que no es ninguna broma, que te lo digo muy en serio.

¿Te vas a casar?

Sí.

¿Con Linda?

Con quien si no, es la dueña de mis fatigas.

¿Te has dado un golpe o algo?

El amor es que me ha dado un mandoble que me ha dejado colorado.

Hasta hace unos meses pensaba que la vida había que vivirla a todo motor pero desde

que Linda me ha robado el corazón solo me parece vida si la paso con ella.

¿Quién te ha visto y quién te ve, Faustino?

No quiero que viva en feliz lejos de esta tierra ni lejos de su negocio y

tampoco quiero perderla.

Si me caso con ella, el Tito Ramiro no tendrá potestad para devolverla a la metrópoli

y entonces podrá ser libre.

¿Por qué la potestad la tendrás tú?

Bueno, sí, su marido, que sería yo.

La intención es buena pero creo que necesitas algo más que un deseo.

Pues por eso estoy aquí hablando contigo.

Tienes que ayudarme.

¿Cómo quieres que te ayude?

Estoy enamorado de ella.

Venga, por favor.

De acuerdo, que sí.

Algún buen consejo supongo que podría darte.

Venga.

Angelito, vamos, vamos.

Así que está en una cabaña por aquí.

Muy bien.

Pues manténme informado de cualquier movimiento por mínimo que sea pero con desprecio,

Quiroz no puede saber que lo estamos vigilando.

¿De acuerdo?

Necesito hablar contigo.

No quiero tirarte.

¿Qué quieres?

Saber dónde está Patricia.

Pues no sé, ¿estará por la fábrica?

He mirado a Francisco y no está.

Ni en la zona de corte, ni en el taller, ni en el exterior, en ningún

sitio.

Pues habrá salido un momento.

¿Dónde?

¿Por qué interés tienes?

Eso es asunto mío, Francisco.

¿Dónde está?

Baja esos humos.

Mis humos también son asunto mío.

¿Dónde está?

Te he dicho que no lo sé y aunque lo supiera, tampoco te lo diría con

esa actitud.

Muchas gracias.

¿Pero qué haces?

¡Déjame!

Estas son las cosas de Patricia.

¿Dónde guardas su agenda?

¿Pero tú quién te crees que eres para entrar aquí y arramplar con todo?

Te estoy preguntando dónde está guardando su agenda.

No me hagas repetírtelo dos veces.

¿Qué te pasa?

No te reconozco.

Eso es porque nunca me he sentido así.

Estoy empezando a preocuparme.

No te preocupes tanto.

Aquí la única que tiene que preocuparse es ella, y mucho.

Y se dará cuenta cuando la encuentre.

¿Señorita?

¿Señorita Linda?

¿Qué ocurre?

Parece que usted y yo tenemos una monarquía de fieras.

Perdóname, es que voy pensando mis cosas.

¿Pero va todo bien?

Sí, sí, sí, todo bien.

Ay, no lo sé.

Señorita, así no me saca usted de dudas.

Por cierto, ¿cómo está Enoa?

Que es que tiene unos días con mucho agitreo y no sé nada de ella, no

por falta de interés, ¿eh?

Está bien, Enoa está bien.

Yo mismo me estoy encargando de darle los mejores cuidados.

Qué suerte que tiene Enoa de tenerte cerca.

Y qué buena pareja haría ahí.

Eso es justo lo que somos.

¿Qué dices, Iko?

¿De verdad?

Ay, pero qué alegría que me da.

Tenía mucho miedo de...

de decirle lo que sentía y al final...

lo superé y ya ve usted.

Si es que le tienes que hacer más casos a esa cabecita tuya que da tan

buenos consejos.

Recuerdo perfectamente el día que me enseñaste a defenderme y a superar mis miedos.

¿Y yo?

Que a lo mejor puede ayudarme ahora también.

¿Si está en mi mano?

A ver...

Que...

mi padre me obliga a volver a la metrópoli.

Y para ayudarme, mi primo va a pedirme matrimonio.

¿Va a pedirle matrimonio o lo ha hecho ya?

Es que me ha enterado de este apaillo.

Pero desde que lo sé, es que no puedo pensar en otra cosa.

Porque, a ver, si me caso con mi primo, mi padre dejaría de mandar sobre mí.

Y no podría ni obligarme a volver a la metrópoli ni tendría más potestad ni sobre

mi negocio ni mi dinero.

Suena bien.

¿Cuál es el problema?

Pues que mi padre dejaría de mandar sobre mí.

Sí.

Pero solo lo haría Faustino.

¿Y usted no quiere casarse?

Bueno, yo siempre había pensado que lo mejor que le puede pasar a una mujer es

encontrar un buen marido y que unir su vida a él sería lo que más feliz

le pueda hacer.

Pero es que mi vida ha cambiado mucho.

Y yo ahora mismo lo que más deseo y lo que más feliz me hace es

seguir al frente del río Club.

Y con un hombre al lado, pues mi padre nunca me vería a mí.

Y querría que toda la decisión importante sobre mi vida y sobre mi negocio la tomara

él.

Y yo...

no quiero vivir a la sombra de nadie.

Yo creo, señorita, que no necesita mi consejo.

Debería seguir el suyo propio.

Pero es que el problema es que yo quiero ser independiente, sí.

Pero...

a mí, Faustino, me gusta rabiar.

Y yo no quiero romper el corazón.

¿Y que a las mujeres blancas les encanta vestirse de blanco y hacer un evento por

todo lo alto?

Pues sí, ¿para qué te voy a engañar?

Yo ya me veo vestida de blanco y yendo a la iglesia en un coche de

caballo.

Yo lo único que le puedo decir es que se lo piense bien.

Es una decisión muy importante.

Hola.

Buenas tardes.

Oye, ¿no está Chloe?

Venía por pan.

No, ha tenido que salir un momento.

No creo que tarde.

Bueno, y si tarda, cógelo tú misma.

Que para eso hay confianza.

Y...

hablando de confianza, Mario, tú y yo tenemos mucha, ¿verdad?

Entonces, ¿a qué se debe tanto secretismo entre Manu y tú?

Vaya, los preámbulos no son lo tuyo.

Cuando veo sufrir a mi hijo, desde luego que no.

Mira, sé que no me debería meter, pero está hecho polvo.

Y yo que lo siento.

Lo siento, la verdad.

¿Eso es todo lo que me vas a decir?

Elena, ¿qué quieres que te diga?

Lo que no le he contado a él.

Manu tiene motivos...

Sí, ya me ha dicho Danielo de los dichosos motivos.

Pues es que los hay y no te puedo contar más.

Ya.

Pero es que Dani tiene muchas preguntas sin ninguna respuesta, Mario.

Y si a eso le sumas la distancia con su novia, pues ya ni te cuento.

Para que veas, hoy...

hoy han tenido su primera pelea.

De verdad que lo siento mucho.

Es tan mal.

Pero no te lo digo solo por eso, Mario.

Te lo digo porque conozco a mi hijo y sé que si no le das una

explicación que le ayude a comprender lo que está sucediendo, va a dejar de hablarte y

te va a tener cruzado una buena temporada.

Así que ya verás lo que haces.

Hola.

Dile a Clau que me lo apunte, anda.

Vale.

Esta es la lista definitiva de invitados.

Pero esta lista ha crecido, ¿no?

Sí, por los primos de Leo, de Ayamonte, que no iban a venir, pero al final

van a venir.

Hijo de mi hermana Lola, no iban a venir porque tenían problemas, pero ya lo han

resuelto.

Tenían problemas de intendencia porque tienen muchos críos y no sabían con quién

dejarlos.

Al final se los van a encasquetar otros primos.

Total, un niño para arriba y para abajo como hippie.

A ver, que me estáis dando una información que no me hace falta.

¿Cuántos primos son?

Cuatro.

Dos matrimonios.

Cuatro.

Pues mucho me temo que en mi hotel no van a poder quedarse porque estamos overbooking.

Pero bueno, no os preocupéis que conozco varios hoteles en la zona que me consta que

tienen sitio.

Bueno, bueno, pero si esos hoteles no tienen más de tres estrellas, ni te moleste.

Mis sobrinos no se quedan a dormir en cualquier sitio.

¿Que no?

Por si esas gente veranean de campín.

Están más que acostumbrados a dormir entre grillos y con una piedra clavada en las

costillas.

Bueno, no te preocupes, Araceli.

Te buscaré tu opción.

Muchísimas gracias.

Mira, hablando del rey de Roma, Pepe, el mayor de los primos.

Este se ha perdido como si lo viera.

Perdonadme un momento.

¿Pepe?

¿Qué pasa, hijo?

¿El GPS?

Pues apagado, ¿no?

Y vuelvo a encenderlo.

Ahí está, Pepe.

Y ahora que estamos solas, aprovecho para decirte que intenté hablar con mi hijo para que

cancelase la boda.

No me digas más.

Mañana tenemos ceremonia.

Lo he intentado, he hablado con él.

Bueno, gracias.

De todas formas, yo ya tengo asumido que mañana Leo y Julia serán marido y mujer.

Sí, pero ¿tu hija cómo está?

¿Está muy nerviosa?

Hombre, pues yo diría que sí.

¿Pero por qué?

Los nervios a veces hacen que una se paralice y de golpe, ¡za!

No te presentas ni a tu propia boda.

No creo.

Yo lo único que espero es que dentro de dos meses no se estén tirando los

trastos, porque si te soy sincera, yo es que ya no puedo soportar otro divorcio.

Pues yo sigo sin perder la esperanza de que mañana no haya boda.

Eso lo dices porque sois de pueblo.

Cuando se os mete una cosa en la cabeza, pues sois más cercos que una mula,

pues no ha sonado a eso.

Pero tienes razón, yo no me rindo.

Yo no me rindo.

Ay, lo siento.

Es que he visto tu mensaje y pensaba que me necesitabas.

No sabía que estabas en plena cenita romántica.

Es que no es una cenita romántica.

Es una cena especial para una amiga especial.

¿Vas a sentarte o no?

Te prometo que no he cocinado yo.

Pero ¿todo esto a qué viene, Julia?

A ver, es que te casas en unas horas, ¿eh?

Se supone que tendrías que estar, no sé, tranquilita en casa, pensando en mañana, no sé.

Lo que quiera que hagan las novias el día antes de su boda.

Pues mira, Elena, yo no sé qué es lo que hacen las novias antes de su

boda, pero es que a mí me apetecía estar contigo.

Pues me siento muy honrada, no te voy a mentir.

Que además, llevamos una semana tan dura y hemos hablado tan poco que...

Eso es verdad.

Y he estado pensando mucho, mucho.

A ver, ¿eso es bueno?

Claro que sí.

¿Estás bien?

Sí.

¡Ay!

No quería emocionarme tan pronto, a ver.

¿Tú te acuerdas de cuando llegué al pueblo?

Uy, pues claro.

Claro que me acuerdo, como si fuera ayer.

No se puede decir que entraras con buen pie.

Oye, que es mi zapato.

¿A dónde?

¡No, no, no!

Que son de cuero.

Bueno, ¿qué prefieres?

¿Piel mojada o mierda de vaca?

Vista, la piel mojada no huele.

Y al día siguiente te presentaste con Dani y con Chloe en casa, dispuestos a limpiarla

de arriba abajo, y yo no te conocía de nada, Elena.

La brigada de limpieza.

¿O te creías que te íbamos a dejar sola con todo este desastre?

Vamos, chicas.

Tú fuiste la primera persona que me habló de mi abuela y de Carlos.

Fuiste tan generosa conmigo desde el principio, presentándome a todos los vecinos,

enseñándome el pueblo, bueno, aguantando todas mis juliadas.

Que no han sido pocas, ¿eh?

Pero la más loca de todas ellas, ¿sabes cuál fue?

Que me apoyaras para levantar todo esto.

Es que sin ti no lo habría conseguido.

Bueno, no lo habríamos conseguido.

Bueno, para ya, ¿eh?

Porque si no me vas a hacer llorar al final.

¿A qué viene tanta nostalgia?

A que siento que esto es un cambio de etapa, Elena.

Pero si miro hacia atrás, es que tú has estado en todos los momentos en los

que he necesitado a alguien.

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