Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
(Música)
(Música eclesiástica)
(Murmullos)
Buenos días. Buenos días.
-Buenos días, don Philippe. Buenos días, señor.
Buenos días. -Buenos días.
-Buenos días. -Buenos días, patrón.
¿Por qué te saludan tanto?
¿No te ven todos los días en la fundición?
-Dime la verdad, Philippe, ¿desde cuándo no venías a misa, eh?
(RÍEN)
Buenos días.
-Mamá, ahí está el notario Bachelin, ¿le invitamos a almorzar?
-Hoy mejor no, pero dile que deseo hablar con él.
-Bien.
Es agraciada la hermana de Derblay,
no viste como en París, pero ¿qué opinas, hermanita?
Eh...
(RÍE) Te lo diré en otra ocasión.
Te vi llorar en la iglesia.
Pero estoy segura de que Gastón... Pero ¿por qué no viene a vernos?
¿Por qué no me escribe?
Hace un mes que regresó a París de San Petersburgo.
¡Bachelin, Bachelin!
-Ah, el marqués Octavio de Beaulieu, Suzanne y Philippe Derblay.
(RÍEN)
Su hermano y yo ya nos conocemos.
Coincidimos disparándole a la misma liebre.
Y nos tratamos bastante mal, le tomé por un montero,
y él a mí por un furtivo. (RÍEN)
-No me lo has contado. ¿Quién dio en el blanco?
-Él.
-Mi hermano es la mejor escopeta de la región.
Por favor, Suzanne. El día menos pensado le retaré.
(RÍEN)
-Ah, el señor Derblay me encargó comunicarle a su madre
que acepta todas sus peticiones para delimitar las dos propiedades.
-Más de lo que ella espera. Es muy generoso, señor Derblay.
Si desea decírselo usted.
No, gracias, prefiero ser presentado en otra ocasión,
si tengo el honor de ser recibido en casa de los Beaulieu.
Claro, cuando gusten.
Bachelin le asesorará sobre nuestras costumbres.
A propósito, Bachelin, mi madre desea hablarle.
Entonces, hasta pronto. Señorita.
-Buen muchacho, un poco mimado quizá, y si le toca trabajar...
Pero tiene buen fondo.
Llevan siglos de soberbia a sus espaldas,
sin embargo, ya los cambiará la realidad.
Mi querido Philippe, yo le aconsejo que espere.
-Parece que aún me ve con las trenzas sobre los hombros, señor Bachelin.
-¿Ah, sí? Entonces, dile a tu hermano que si le animo a esperar
es porque estoy convencido de que Clara de Beaulieu
llegará a ser su esposa. -Dios le oiga.
-No creo que sea el momento, mañana en la fábrica.
-No, es mejor decírselo ahora. -Buenos días, señor.
Buenos días. Disculpe, señor.
Verá, mi hijo está curado, ha sido usted tan bueno.
Me alegro. ¿Cómo va la pierna? Bien, señor Derblay.
(GRITA) -¡Viva el señor Derblay! (TODOS) ¡Viva!
-Caramba, un patrón insólito.
-Oh, para ellos no es un patrón.
Verá que el muchacho que está delante de él
lo salvó arriesgando su vida cuando el pobre
estaba a punto de ser aplastado por una carga de chatarra.
¿Nos vamos ya, mamá? Le estima mucho, ¿eh?
-Oh, los he visto nacer, a él y a Suzanne, claro.
-Rico, admirado, no le falta nada.
-Le falta todo. No es feliz.
Quizá es que sueña cosas inalcanzables.
Esperadme un momento.
Bien, ¿qué hay de cierto
en esas habladurías llegadas de París?
Figúrese, Clara está en un estado de ánimo...
-Por desgracia es cierto.
-¿Por qué se comportará así Gastón?
No es solo alguien a quien ama Clara,
ha vivido en nuestra casa y todos sentimos hacia él...
-Todos ustedes se equivocan respecto a él.
Es egoísta, un hombre superficial y cruel.
-Buenos días. ¿Cruel? No comprendo.
-Cruel, sí. ¿Por qué adopta esa actitud?
Porque sabe que Clara no tendrá ni un franco de dote.
Ese es el motivo. -Pero ¿entonces el pleito?
-Perdido definitivamente.
He recibido muy malas noticias de Londres.
Disculpe, hubiese preferido decírselo de otro modo,
pero ¿para qué hacerse ilusiones, marquesa?
A excepción del castillo y la finca, el resto del patrimonio Beaulieu
es para sus primos ingleses. -Pero mi marido antes de morir...
-Ah, su marido distaba mucho de ser hombre de negocios
y confío ciegamente en unos incapaces,
o peor aún, en unos desaprensivos.
-Y usted, Bachelin, está convencido de que Gastón...
-El duque de Bligny conserva el título, nada más.
-Así que la belleza, la virtud y la inteligencia ya no cuentan.
-Para los hombres como él no.
-Por favor, ni una palabra a Clara,
yo me encargaré de informarla en el momento oportuno.
-Vamos, hermanita, hace un día espléndido.
Y en tus ojos solo hay sombra.
Hasta la vista.
-Hasta pronto.
CARRERAS EN PARÍS, HIPÓDROMO de LONGCHAMP
GRAN PREMIO DE OTOÑO
¿Dónde se habrá metido? Ah, aquí estamos.
-Hola. ¿Lo conseguisteis?
Claro, renovadas a tres meses.
El viejo usurero no quería, así que esta vez el 15%.
Bien. Pero ¿cómo que bien?
¿Y si sigue tu mala racha?
Desde que volviste a París no haces más que perder.
-Y mucho.
La mala racha pasará.
Queridos amigos, ¿cuántas veces me he recuperado?
Si el juego me apasiona es por eso. Yo prefiero ganar siempre.
-A propósito, hice añadir a tu deuda la pequeña suma que me debías.
-Que nos debías. Así lo acordamos.
¿Puedo invitaros a una copa? Sí, gracias.
Por favor.
Un coñac.
-Buenos días. Buenos días. Mira, papá.
¿Qué? Así no, todos se darán cuenta.
Pero tú me has dicho que mirase. ¿Qué es?
Aquel joven, el más alto, es el duque de Bligny,
el prometido de Clara de Beaulieu.
Un hombre apuesto, no hay duda.
Aunque se da demasiados aires de señor.
Es un señor, papá.
Oh, seguro que es uno de esos pedantes remilgados
que han rechazado mi ingreso en el Jockey Club.
Bah, vámonos. Me molesta su cara. No, espera.
¿Qué ocurre? Te digo que esperes.
Está bien, siempre te sales con la tuya.
(RÍE) ¿Crees que me aprovecho? Bueno, dejémoslo estar.
Oh, señor Julien. -Buenos días.
-A ver si hemos ganado.
(RÍE) -Uh... Ahí está Gastón.
-Sí, un encuentro embarazoso, ¿qué pretendes?
-Saber. -¿Y no sería mejor que...?
-No, quiero demasiado a Clara.
Debemos solventar esto lo antes posible.
-Vamos a ver, esta no, esta tampoco...
¿Qué te decía? Sophie es su prima, ven.
Un momento, pero si tú y Sophie últimamente
ni siquiera os saludáis. Grave error por mi parte, ven.
No, espera, un momento, deja que me arregle un poco.
Queridísima Sophie, queridísimo Camille,
por fin puedo ofreceros mis parabienes.
Ha sido culpa nuestra, lo siento, pero hacía más de un mes
que no venías a París.
-Disculpad, pero nosotros en realidad...
-Tenemos una cita. No, esperad un momento.
¡Sophie! Oh, querida, qué alegría volver a abrazarte.
¿Ya os conocéis? Desde luego, en el locutorio.
Del internado.
Sí, porque mi hija y Sophie estuvieron en el Sagrado Corazón.
Sí, pero Sophie ya no es una señorita, papá.
No. Es la baronesa de Préfont.
Mi marido. Gastón de Bligny, Raoul de la Brède,
Max de Tremblay, Atenaida Moulinet y su padre.
-Ya. Moulinet. Mucho gusto.
Moulinet.
-Moulinet. -Exacto.
-Moulinet. -Está bueno.
-¿Qué? -Ah, el chocolate.
-Pues claro, el rey del chocolate. -Bueno, no, el rey no.
No estamos en América por desgracia,
en nuestra patria ciertas coronas no cuentan.
¿Y nuestra Clara?
Verán, las tres estuvimos en el Sagrado Corazón,
Sophie, su prima Clara y yo. Sí.
Me gustaría tanto volver a abrazarla también a ella.
Aún vive en provincias, ¿no? ¿Qué saben de ella?
Oh, pero debería preguntarle a usted, duque,
si son ciertos los rumores que corren sobre usted y Clara.
Nuestra sociedad vive de rumores, señorita.
De todos modos, si los rumores encuentran confirmación
antes o después, me imagino que Clara no dejará
de informar personalmente a una gran amiga como usted.
Si nos disculpan, por desgracia tenemos una cita.
(A LA VEZ) Ah, sí, disculpen.
¿He metido la pata?
Oh, pues igual que hacías estando en el internado.
-Oh, cuántos humos.
-Querida, creo que debemos irnos.
-¿Usted también desprecia mi chocolate?
-Al contrario, lo tomo todas las mañanas.
Señor Moulinet, se puede apreciar el trabajo,
aunque se esté afligido por un título. ¿Le resulta nuevo?
(RÍE) -Usted me resulta simpático. -Gracias.
-No hay de qué. -Sophie.
-Oiga...
Quisiera preguntarle algo. -Dígame.
-¿Es cierto que el duque de Bligny lo perdió todo al juego?
-Nuestra sociedad vive de rumores, señor Moulinet.
Perdone que le responda con palabras de Gastón.
Señorita, señor.
Ah... Hasta la vista.
Dale recuerdos a Clara, ¿eh?
Papá... ¿Mm?
¿Por qué te interesan tanto las pérdidas de juego
del duque de Bligny?
¿Y a ti por qué te interesa tanto conocerle?
(RÍE)
Banca da 100 luises. Banca pedida.
No hay carta.
Uno.
Y siete. Banca para la puesta.
Gracias, señor, para los empleados.
200 luises. Hay banca de 200 luises.
200 luises. Señor, banca de 200 luises.
Banca pedida. Banca pedida.
Ocho.
Y nueve, nueve. Gana la banca.
Gana la banca.
Gana la banca.
Gracias, el juego continúa.
¿Bien, señores? -Yo no temo a la crisis.
¿Alguien quiere una banca de 200 luises?
-¿Puede concederme un minuto?
Por esta noche he terminado de jugar.
Dejemos de lado el juego, es banal. ¿No podríamos sentarnos?
Allí hay un sitio tranquilo.
Señor Moulinet, el azar que nos reunió en la misma mesa de juego...
No me autoriza a imponerle mi compañía, ya lo sé.
No obstante, le ruego que me escuche.
Y oso decir que no se arrepentirá.
Por favor.
-Bien, caballeros, no va más, 200 luises.
¿Y bien?
Duque, ¿quiere casarse con mi hija?
(RÍE)
Muy bien, se ha sorprendido, se ha reído, estaba previsto.
Escuche, señor Moulinet. ¡No, eso no! Ofenderse no.
Yo me avergüenzo de ofrecerle así la mano de una hija
a la que adoro más que al dinero, al éxito y a esta.
En cambio, usted no debería avergonzarse
de un suegro que es caballero de la Legión de Honor,
expresidente de la Cámara de Comercio
y sobre todo rico, muy rico.
En resumen, usted pretende comprarle un marido a su hija.
No. No, duque, no.
En cuestión de cinismo soy un buen juez.
Arriesgaría menos con cualquier otro y me bastaría chasquear los dedos
para elegir, no.
No compro un marido, sino la felicidad de mi hija.
¿Casándola con un hombre que no la ama y tampoco ella a él?
Precisamente por eso no podrá hacerla sufrir.
No le quiere a usted, sino su título.
Quiere formar parte de su mundo, un mundo que la humilló
que tendrá que inclinarse ante ella.
Mi mundo, como usted dice, no se conquista fácilmente.
Bah, esa cuestión déjela en manos de mi hija.
Es inteligente y fue educada como una princesa.
Además, hasta unas lavanderas lograron conquistar su mundo.
Las mujeres en estos casos obran milagros.
¿Ha terminado, señor Moulinet?
Sí, claro, he terminado.
Pues bien, mi respuesta es no.
¿Sabe qué son?
Sus... Sus letras de cambio. Todas.
Alguien me las ha cedido con sumo placer eliminando un grave riesgo
y obteniendo además pingües beneficios.
Y encima chantaje. Si usted no fuese...
Yo no soy un chantajista, duque de Bligny.
Podrá decidir usted según su voluntad.
Condenado cigarro.
(Música)
Buenos días, Sophie. -Octavio.
-¿Cómo estas, Camille? -Eh...
-¡Clara, mamá, ya han llegado!
-La sombrerera, y procura que no se abra, ¿eh?
-Pero, amor mío, no tengo cuatro manos.
-Oh, gracias.
-Hola. -¡Tía!
¡Querida tía!
-Oh, oh...
-No, déjalo, me ayudará André. André, por favor.
-Te lo ruego, es un encargo de confianza.
(RÍE)
-¿Qué pasa, estáis dando la vuelta al mundo?
-Si le llego a hacer caso, ni el doble habría bastado.
(RÍEN)
Tía querida. -Camille, qué alegría.
Estás como siempre. (RÍEN)
-No te hagas la víctima, ¿eh?
-Todos saben que soy un auténtico verdugo.
A propósito, ¿dónde puedo dejar esta preciada mercancía?
Os acompaño, venid. Gracias.
-Camille. -Eh... Dime.
-Te espero en la terraza, tengo que hablar contigo.
-Está bien, tía.
-Oye, cualquier cosa que sepáis de París
no se la digáis a Clara. -Por supuesto.
La conocemos y la queremos demasiado, ya lo sabes.
-Ah...
Clara, es la habitación más bonita del castillo.
Gracias, cariño.
Teresa, encargaos del equipaje, yo ayudaré a la baronesa.
Oh, oh...
No...
(SUSPIRA)
-¡Oh! -Camille, cuánto polvo.
-A propósito de polvo, voy a lavarme la cara, ¿eh?
-Sí.
-Te acompaño, ¿eh?
Quiero que me digas la verdad. ¿Le has visto?
Sí, una vez en Longchamp.
Apenas nos saludamos, había mucha gente.
Clara, ¿estás segura de amarle?
No, no me interpretes mal,
cómo no recordar nuestros sueños allí en el internado.
Yo esperaba al príncipe azul, pero tú...
Ya lo tenías desde niña. Siempre le he amado.
Precisamente, solo lo ves con los ojos de entonces.
¿Por qué debería verle con otros ojos?
Porque la vida nos cambia y cambia a los demás.
Mírame, soy una esposa feliz,
pero ¿crees que Camille se parece al príncipe azul
con el que yo soñaba?
No me has contestado.
No hay otra razón, créeme.
Ay, Dios mío, al final tendré que bajar dejándolo todo desordenado.
Teresa.
-Suzanne y Philippe Derblay.
Le estoy profundamente agradecido. Es un día muy feliz para mí.
-Oh...
Bienvenidos a nuestra casa.
Mis sobrinos Préfont. -Es un placer.
-Mucho gusto. El gusto es mío.
Suzanne, ¿verdad? -Sí.
-Es usted muy agraciada y lleva un vestido delicioso.
-Gracias.
-Señor Derblay, ¿sabía que en París se habla mucho de usted?
De mí no, de mis fundiciones de acero.
Yo también celebro conocerle.
Sus artículos publicados en el boletín de ciencias
me sugieren ideas muy interesantes.
Ah, entonces se impone que hablemos de ellos.
¿Podría visitar la fundición? Cuando guste.
¿No querrás secuestrar al señor Derblay?
-Por favor.
Clara.
(Música)
Suzanne y Philippe Derblay.
Bienvenidos.
Mamá, ¿puedo enseñarle a la señorita Derblay
la vista desde la terraza?
-Sí.
(Música dulce)
(RÍE)
¡Ah!
Ayer durante mi galopada
pasé frente al castillo de los D'Estrées
y vi que estaban haciendo obras. Lo habrán vendido, supongo.
Sí, eso creo. ¿A quién?
Bueno, a alguien de París. A algún ricachón...
Los D'Estrées han hecho mucho por Francia.
¿Qué puede haber hecho el nuevo propietario
por su patria?
Está claro, la habrá explotado y basta.
-Eso.
Sí, pero ahora con su dinero salva de la ruina
una mansión histórica. No la salva, la mancilla.
Y la profana.
(RÍE) Seguro que el nuevo dueño osa dormir en la cama del rey Sol.
-A propósito, ¿cómo se llama?
-Ah, es un industrial de París. -No me diga que ignora su nombre.
-Pues sí, en efecto, así es, lo ignoro.
Se lo oí mencionar al prefecto, es un tal Moulinet.
Al parecer su única hija hará una gran boda.
¿Atenaida? ¿Con quién se casa?
(Música intriga)
(Pasos)
No, nos serviremos nosotros, gracias.
¿Quiere? No. No, gracias.
No me encuentro muy bien.
Discúlpenme.
Perdonen.
-Ahí fuera es realmente bonito, y también se ve la fundición.
Suzanne...
Desde hace unos días me preocupa la salud de Clara.
-Cuánto lo siento. Ya nos vamos.
No insisto, pero les ruego vuelvan cuando guste
con su adorable hermana.
-Prométalo.
Se lo agradezco.
Pues claro que volverán, y pronto.
-¿Mañana por la mañana en la fundición?
Será un placer atenderle.
Señora.
(Música suave)
¡Tú lo sabías, lo sabías todo! ¿Por qué no me lo dijiste?
¿Crees que resulta tan fácil?
Sabes lo mucho que te quiero, sin embargo,
a veces tu temperamento, tus reacciones, me dan miedo.
Además, hasta el final confiábamos... ¿En qué?
¿En que Atenaida completase su venganza?
Oh, la venganza es un añadido. No es cierto.
¿Por qué precisamente Gastón?
Podía comprar otros títulos con su dinero.
¿Y por qué vivirán aquí donde me veré obligada a verlos?
Porque Atenaida es una mujer mezquina,
pero yo en tu lugar le daría las gracias.
Ahora sabes quién es Gastón de Bligny.
Y en cuanto a verlos depende de ti, si se atreven a visitarte,
no tienes más que echarlos. ¿Eso crees?
¿Para que Atenaida comprenda que sufro
y saboree hasta el fondo su venganza?
No. Si vienen aquí, serán bienvenidos.
(Corneta)
(RÍE)
Majestad, me gusta este dormitorio,
y con vuestro permiso, lo elijo para mí.
-¿Está seguro, señor Moulinet? -Sí.
-En el castillo aún hay otros 18 dormitorios que son...
Ni siquiera los señores D'Estrées se atrevieron a tanto.
-Pues yo me atrevo.
¿Es o no es mi castillo ahora? ¿Eh? Pues entonces.
Ah, entiendo, que al ver la cama donde durmió el rey Sol
no sea lo bastante blanda, ¿eh? No, al contrario, se equivoca.
Aquí estaré perfectamente.
(RÍE) Dormiré como un papa, mejor dicho, como un rey.
Os doy mi sincera enhorabuena. Papá.
¿Sí?
Hay que felicitar a Raoul y a Max, han hecho milagros.
He recorrido el castillo y está todo en orden.
Bravo, Raoul, y bravo, Max.
-Nos hemos esforzado en que todo recupere
su antiguo esplendor. Resulta un poco caro.
-No tema, la sangría estaba prevista.
(RÍE)
-Ah, un par de Ming se rompieron al cambiarlos de sitio.
-¿Ming?
Oh, jarrones, papá, valiosos jarrones chinos.
Oh... ¿Y se han roto? -En un sinfín de fragmentos.
-Irrecuperables. -Ah, los Ming son tan ligeros,
incluso diáfanos diría yo. -Mm... Diáfanos...
Bueno, diáfanos o no, la próxima vez quiero ver los pedazos.
(RÍE)
¿Cuando vamos a hacer el inventario?
Oh, por favor, pensemos en cosas más alegres.
A propósito, no lo recuerdo con exactitud,
¿qué día reciben los Beaulieu?
Nos hemos informado. -Los miércoles.
Muy bien, le debo mi primera visita de buena vecindad
a mi queridísima amiga Clara y a su familia.
-¿No sería mejor esperar la llegada de Gastón?
-Los Beaulieu también son su familia.
-Y Clara se considera su prometida.
Precisamente, no creo que Gastón venga.
Pero ¿no comprendéis que lo hago por él
para evitarle el trago de un primer encuentro conmigo?
Vosotros le sustituiréis. (A LA VEZ) ¿Nosotros?
Sí, ¿no sois los mejores amigos de Gastón?
Sí, pero...
Vais a ser los testigos de nuestra boda.
Entonces...
Clara, amiga mía, deja que te abrace.
Por favor. Gracias.
¿Una taza de té? Gracias.
Oh...
(Música)
Para.
(Música)
Sigue.
(Continúa música)
Está preocupado por Clara.
-Y usted por Philippe. -Sí.
-Le quiere mucho, ¿verdad?
-Si pudiese verle feliz... Nadie sabe qué clase de hombre es.
Usted ni siquiera podría imaginar...
-¿Qué? Diga.
-Cuanto ama a Clara.
-Pero Clara tan solo hace aquello que quiere.
-Vaya, aquí hay alguien que piensa igual que yo.
¿Verdad, señor Derblay? ¿No empezó también con un pequeño taller
que le dejó su padre?
Muy cierto. Lo sabía.
Veo, señor Moulinet, que le han informado bien sobre mí.
Y sobre todo, las personas importantes de esta zona.
Como tengo intención de residir habitualmente aquí, pues...
Papá, te lo ruego.
Entiendo, hablo demasiado, perdonen. -Oh, no,
se expresa de un modo muy divertido.
(RÍE)
¿Y tú, no tienes nada que contar? ¿Yo?
Quizá.
Pero antes quisiera charlar un poco contigo.
¿Puedo?
Disculpadnos.
Clara, Atenaida,
si vais a recordar cosas del internado, como imagino,
entonces, también me atañen a mí.
Perdona, Sophie, pero el internado no tiene nada que ver.
Vuelvo enseguida.
Por favor, siéntense.
-¿Ya nos vamos? -Quédense un poco más.
Está bien.
No se marche. ¿Por qué?
Es un momento en el que todos los que quieren a Clara
deberían estar a su lado.
Clara, nosotras nunca fuimos realmente amigas.
Amigas, no.
Lo confieso, tenía celos de ti:
te admiraba, te imitaba, pero te envidiaba.
¿A qué viene esta humildad?
No es humildad, es sinceridad. Sí, lo tenía todo,
todo, menos un título. Pues ahora, estarás contenta.
¿No lo has comprado?
¿No te casas con mi primo Bligny? Pero, ¿ya lo sabes?
Pues claro,
y te doy mi más sincera enhorabuena.
Gracias.
¿No te preguntas por qué quería ser yo quien te lo anunciase primero?
No,
no me interesa lo suficiente.
Gastón no es solo tu primo.
¿Te refieres a esa ridícula historia de nuestro noviazgo?
Crecimos juntos, pero en realidad nunca hubo nada.
Verás, Clara, yo no amo a Gastón, en realidad, apenas le conozco.
Es un título, y como tú dices, se puede comprar.
Él u otro, ¿qué importa?
Dime una sola palabra tuya, y lo anularé todo.
¿La diría quizá si le amase?
¿Entonces, no le amas?
No.
De todos modos, agradezco tu generosidad.
Qué peso, qué reconcome me quitas del corazón.
Figúrate, no solo parientes, sino verdaderas amigas al fin,
Gastón se alegrará tanto...
¿Puedo felicitarle de tu parte? Por supuesto.
Que seáis felices,
sois dignos el uno del otro.
(Puerta)
Perdonad.
Creo que tu padre quiere marcharse.
¿Precisamente ahora? (ASIENTE)
Hablaré con él.
Clara, ¿qué tienes?
¿Los Derblay están ahí?
Sí.
Acompaña al parque a Philippe Derblay, debo hablar con él.
¿Qué pretendes? Te lo ruego.
Por favor, haz lo que te digo.
(Música)
Señor Derblay, yo no ignoro sus sentimientos.
Ni yo los suyos.
Sé que usted tal vez sufre por un hombre que no lo merece.
Sufre mi orgullo,
no mi corazón.
Mi corazón está libre, y se lo ofrezco.
(Música)
Tendrá en mí una esposa fiel y leal, se lo prometo.
Usted no me ama.
¿Cómo podría?
Durante demasiado tiempo soñé una vida distinta,
pero si su amor es tan grande...
Lo es.
Yo...
cambiaré.
Temo por usted,
sería un error irreparable.
Jamás me arrepiento de lo que hago,
pero quisiera pedirle dos cosas,
nosotros hace mucho tiempo que nos prometimos, en secreto,
no me pregunté por qué.
Mi dote formará parte de su patrimonio
para que pueda disponer de ella.
Clara...
(Música)
Aquí todo es tan bonito... -Oh, sí.
¿Quién es?
Octavio, ¿qué ocurre?
-Ha venido Gastón, perdonad.
(Música)
Tú no entras en esta casa. No seas niño,
debo hablar con tu madre, y con Clara.
Gastón.
-Clara. ¿Qué?
Ha llegado Gastón.
Bien, Atenaida estará contenta.
¿Nos vamos?
No, tía, déjeme hablar, le suplico que me escuche.
Si estos señores hubiesen esperado...
Gastón. -Está hablando de su prometida.
No está en condiciones de comprender,
es su única justificación.
Pero, ¿cómo? Gastón.
Qué sorpresa.
Clara, perdóname.
¿Por qué?
¿Por no haber sido el primero en darme tan grata noticia?
Yo he felicitado efusivamente a tu prometida,
¿tú no me felicitas a mí?
Gastón de Bligny, mi primo.
Philippe Derblay, mi prometido.
Le doy mi enhorabuena, señor,
va a casarse con una mujer de la que pocos serían dignos.
Lo sé, me esforzaré en ser digno de ella.
Seguro que seréis felices. ¿No es un matrimonio por amor?
¿Acaso no lo es el tuyo?
(Música)
(CELEBRA EN LATÍN)
(Música)
Deberías estar un poco emocionado.
Esto es un entierro, no una boda, a medianoche, en secreto.
La vuestra sí que será una fiesta, conquistaremos París.
(Música)
(Algarabía)
Queríamos estar a su lado en este momento.
Mire, también se borda con el hierro,
cuando lo enciendan, que su llama no se apague nunca.
-Estas, en nombre de todas nosotras, señora, las esposas,
las madres de estos hombres. Gracias.
Hágale feliz, y la querremos tanto como le queremos a él.
Gracias. Gracias.
Gracias. Gracias.
Por favor, dele las gracias a todos.
Marchaos, está a punto de llover, y debéis trabajar temprano.
Por una vez, nos quedaremos sin dormir.
-Sí, sí.
-¡Vivan los novios! (TODOS) ¡Vivan los novios!
-Por los novios felices.
(TODOS) Por los novios.
-Entonces...
Atenaida.
Perdón.
Nos veremos pronto en París, espero. No creo.
No me digas que tu marido te tendrá prisionera.
¿Le parezco de esa clase de hombres? No.
Nos resarciremos al regreso de nuestro viaje de novios,
si Gastón y yo podemos quedarnos algún tiempo.
A propósito, espero que no faltéis a nuestra boda,
como prueba de amistad, deberéis corresponder.
Gracias, si nos es posible, iremos.
De todos modos, aprecio vuestra amistad como se merece.
Atenaida.
Es hora de irnos.
Es cierto, qué cabeza la mía, avisaré enseguida a papá.
(Truenos)
Prima, te deseo toda la felicidad del mundo,
y a usted también, por supuesto, señor Derblay.
Adiós, Gastón.
Adiós, una palabra demasiado rotunda. Hasta la vista.
Hasta la vista, duque de Bligny.
(Truenos)
Te ruego me disculpes con todos.
Si me permite... -Disculpad,
pero sospecho que Clara nos necesita, ¿no crees, Sophie?
-Verá, señor prefecto, yo soy un hombre de ideas liberales.
Estas generosas masas obreras... Papá.
¿Qué? Gastón está esperando.
¿Qué?
(Truenos)
Sería mejor que te olvidases incluso de que que Clara existe.
Vaya, el primito ha crecido. Sí, y no me das miedo.
¿Tu cuñado necesita paladines?
¿Philippe?
(Truenos)
¿Estás mejor ahora?
Sí, sí, es... el cansancio, la emoción.
Ya estoy mejor.
Bien, querida,
mi papel ha terminado,
ahora eres dueña de tu vida,
pero no sé...
No, no estoy tranquila,
me pregunto
si no habría hecho mejor impidiéndote...
Oh, no, mamá, soy yo quien lo he querido así.
Te prometo... que intentaré ser feliz.
Niña mía...
Que Dios te bendiga.
Anda, ve.
(SOLLOZA) ¡Mamá!
(LLAMA)
Soy yo, Suzanne.
-Entra.
-Se han marchado todos.
Deja que te ayude.
¿Puedo coger una? Traen suerte.
Cógelas todas, si quieres.
Pero...
Creía que las apreciarías más.
-Ven, querida niña,
acompáñame, Clara necesita un poco de sosiego.
(Truenos)
-¡Clara!
Clara, ¿qué tienes? Me das miedo.
¿No ves cuánto sufro? ¿No comprendes que me vuelvo loca?
Dentro de poco tú también te iras,
me quedaré sola en esta casa horrible, sola con un extraño.
No.
No, con un hombre que me horroriza, que odio, y que es mi patrón.
Cálmate, quizá tu madre aún no se haya ido, voy a llamarla.
¡No!
No, todo esto lo he querido yo, y debo ser la única que lo sufra.
Te lo ruego, vete,
vete tú también.
Oh, Clara.
Si me quieres, déjame.
(Truenos)
(Truenos)
(Truenos)
(LLAMA)
(LLAMA)
(Truenos)
(Música)
(Truenos)
(Continúa música)
Clara...
(Continúa música)
No, déjame.
¿Por qué?
¿No lo ve usted? Estoy turbada.
Lo veo, vuelves a tratarme de usted, como a un extraño.
Perdóname.
Por primera vez estamos realmente solos,
nunca te he dicho lo que eres para mí.
(LLORA)
Ni siquiera deseas escucharme.
Disculpa.
Me pasaré la vida disculpándome contigo.
¿Por qué dices eso?
Te lo ruego, tengo los nervios destrozados, déjame. Mañana...
¿Mañana?
¿Qué podrás decirme mañana?
Clara, tú eres mi mujer, mi esposa fiel, leal, son palabras tuyas,
y yo te amo, tú sabes cómo te amo.
¿No lo comprendes? Dame tiempo para acostumbrarme, para resignarme.
¿Resignarte, a qué?
A esta vida, nunca me vi obligada a mentir.
Pero...
¿Te das cuenta de lo que dices?
Me he equivocado. Te creía un hombre generoso, y en cambio...
¡Mírate!
¡Mírate a ese espejo!
Tus ojos están llenos de odio, y me acusas porque no tienes argumentos.
Clara,
yo no quiero imponerte mi amor, pero te lo ruego, no lo rechaces.
Lo que te pido es que intentes, con comprensión, con ternura,
acercarte a mí, en contra de ti misma.
Tú necesitas calma, sosiego.
Sí,
sí, eso es.
Te dejo sola, hasta mañana.
¡No, no!
¡Esto no es indiferencia, es repulsión!
¡Philippe!
Es lo que se experimenta cuando se tiene nostalgia, deseo de otro.
No es cierto.
Ese hombre...
¿Le amas todavía?
Ahora sí que me has perdido para siempre.
¡Responde!
¿Le amas todavía?
¿Y si así fuera?
Adelante, hazlo, te estaré muy agradecida,
así podré odiarte abiertamente, sin tener que fingir.
Eres una mujer mezquina.
Me desprecias, pero no tanto como yo misma. He estado ciega, loca,
creí vengarme, pero tan solo me estaba haciendo daño.
¿Y a mí, no me has hecho daño?
Solamente piensas en ti, yo no soy tu marido, un hombre que te ama,
ni siquiera soy un ser humano.
Actúas solo para vengarte.
"Mi corazón es libre, se lo ofrezco", dijiste.
Sin embargo, se puede ser honesto en la mentira,
y ahora me dices la verdad, ahora que no podemos volver atrás.
Tienes razón, debemos ser honestos, también en la maldad.
Loca,
estás realmente loca.
Márchate de esta casa, márchate. No te merezco.
(LLORA)
Mi madre...
El escándalo.
(LLORA)
Incluso en este momento, solo piensas en ti.
Quisiera poder matarme.
(LLORA)
Quédate, si el orgullo es tu única razón de vivir,
seguirás siendo mi esposa, solo a los ojos del mundo,
pero escúchame bien,
algún día sabrás que fuiste no solo egoísta y cruel, sino injusta.
Y ese día querrás mi perdón, sí, me lo pedirás,
pero inútilmente,
porque yo jamás podré perdonar el daño que me has hecho,
y el que te estás haciendo ti misma, mostrándote tal como eres,
destruyendo en ti a la mujer maravillosa,
a la criatura superior que yo creía que eras.
Solo te deseo una cosa,
que nadie llegue a saber cómo eres de verdad.
(Puerta)
(Música dramática)
(Truenos)
(Continúa música)
(Truenos)
"Clara".
"¿No es un matrimonio por amor?".
"Eres una mujer mezquina".
"Querida niña, que Dios te bendiga".
-"Clara, me das miedo".
"¿Le quieres todavía?".
"Yo te amo, te amo".
"Márchate de esta casa, márchate.
¡Márchate!
¡Márchate!".
¡No, no!
(Truenos)
"¡Clara!".
"¡Clara!".
-"¡Clara!". -"¡Clara!".
-"¡Clara!". -"¡Clara!".
-"¡Clara!".
-"¡Clara!". -"¡Clara!".
(Música dramática)
-Ahí lo tienen. -Gracias.
-Es el doctor Garnier.
Doctor.
Vengo de su casa, la fiebre ha vuelto a subir,
pero es el proceso de la pulmonía,
y hoy, precisamente, es el séptimo día.
El de la crisis.
Clara se salvará.
Se salvará, o morirá.
Philippe.
-Yo no pierdo la esperanza, pero estaría más tranquilo
si doña Clara hubiese luchado contra la enfermedad.
Es extraño, pero parece que hay enfermos que no quieren curarse.
-¿A qué hora volverá a verla?
-Esta noche, a las 11.
Hasta la vista.
-Don Philippe,
queríamos decirle que nos tiene a su lado, de corazón.
Gracias a todos.
(Música)
Bueno, ¿qué pasa?
¿Se ha terminado el trabajo?
Vamos, vamos, a trabajar. Andando, vamos.
(GIME)
Que Dios nos asista.
No quiero, no quiero, no quiero, no quiero...
Está delirando.
Estás cansada,
y vosotras, os lo ruego, yo me quedaré.
No, prefiero seguir yo. -Ven, tía,
Philippe tiene razón, debemos descansar.
Nos llamará más tarde.
No...
Anda, vamos.
(GIME)
Yo me quedo contigo. No, vete.
Suzanne.
(GIME)
Flores,
la iglesia está llena de flores,
y hay tanta luz...
Pero no para mí, no para mí.
Ella está en mi lugar, ella, la que odio.
No la sonrías, ¿no ves que voy a morir?
¡Gastón!
(LLORA)
¿Quién es?
¿Quién está llorando junto a mí?
¿Eres tú, mamá?
Philippe,
¿qué haces aquí?
Sé que me odias.
Eso no es cierto.
Después, ¿me perdonarás?
No habrá escándalo,
y yo,
me iré contenta,
me iré de puntillas.
¡Basta, Clara, basta! (GIME)
Sí...
Sí...
No debo hablar.
Tú...
Tú eres...
el patrón.
Doctor. -Calma, calma.
Por favor.
Ha superado la crisis, se salvará.
(Música)
Clara, Clara, niña mía.
(Música)
Es un milagro.
Y sé que tú has rezado.
(Música)
Gracias, querida. No hay de qué.
Cuántas flores.
En realidad, ya estaban aquí.
¿Ya estaban aquí?
Yo...
No las veía.
Cuántas cosas no vemos aunque las tengamos cerca.
Buenos días.
Buenos días, Philippe.
Hola, Suzanne.
Buenos días, te creía en la fundición.
Debo ir a Besançon a ver al prefecto, ¿cómo está?
Mucho mejor, gracias, pronto empezaré a dar pequeños paseos.
Debes olvidar estas horribles semanas.
Entonces, ¿no te quedas a almorzar?
No, no tengo tiempo.
¿Necesitas algo de Besançon? No, gracias.
Entonces... ¿No podrías quedarte un poco?
Sí, por favor, quédate. Quédate, Philippe, no te vemos nunca.
(Campana)
Seguro que es tu madre, voy a su encuentro.
Te agradezco cuánto has hecho por mí.
Solo cumplí con mi deber.
Mirad quién ha venido.
-Hermanita.
Apuesto a que dentro de una semana volverás a ganarme
montando a caballo.
¿Cómo estás, Philippe? Bienvenido.
Gracias. Mamá, querida.
No veía la hora de volver a abrazarte,
pero por desgracia debo regresar a París.
-¿A qué tanta prisa? -Me resignaré.
Por cierto, tu recomendación ha obrado milagros,
Gobert va a contratarme y, mientras, acabaré mis estudios.
Me alegro por ti. ¿Tan necesario es?
Y aquí en Beaulieu, ¿quien se ocupará de nuestras cosas?
Te olvidas de mi, Clara. Y de Bachelin.
-Exacto, debes alabarme, hermanita,
porque tengo intención de trabajar en serio.
¿Viste a Sophie y a Camille?
Sí, a propósito, tengo una carta de Sophie para ti
y un legajo de Camille para Philippe, cosas científicas, creo.
Dicen que vendrán a Beaulieu dentro de un mes.
Me alegro mucho.
Todo esto está más hermoso que nunca, ¿os importa que dé una vuelta?
¿Me acompañas, Suzanne?
Puedes ir, Suzanne.
Volveremos enseguida.
-Estoy contenta por Octavio.
Ha cambiado.
Siempre fue un buen muchacho. Sí.
Pero ahora es diferente, como si hubiera adquirido conciencia
de sí mismo, de sus deberes.
Eso es lo más importante en la vida.
Disculpadme.
Hasta la noche.
Clara.
Clara.
Niña mía, ¿qué tienes?
Nada, mamá.
(Música)
¿De veras lamenta que yo regrese a París?
-Sí. -¿En serio?
Dígalo otra vez. -¿Debería gritarlo?
Con este ruido. -¿Qué ruido?
-¿No lo oye? (RÍE)
(RÍE) -No.
Suzanne, no ha habido momento en que no pensase en usted.
Y me pregunto si podré estar tanto tiempo separado.
-Yo...
-¿Sí?
-Yo le esperaré. -Oh, gracias.
No sabe lo feliz que me hace. -Tal vez acabe olvidándome
porque en su mundo, en París... -Mi mundo ya no existe para mí.
Ni siquiera otra mujer de la que pueda sentirse celosa.
Ni en París ni en ninguna otra parte.
Verá, desde que les conozco a usted y a su hermano
comprendo muchas cosas.
Les quiero.
Y les admiro.
Clara y yo no merecíamos tanta suerte, tanta felicidad.
¿Qué le ocurre?
-¿Cree de verdad que Clara y Philippe son felices?
-¿Por qué?
-No lo sé.
Hay algo entre ellos, como una barrera,
que no consiguen salvar ni romper.
Y los dos, estoy segura de ello, querrían hacerlo
pero ninguno da el primer paso.
-Si Clara fuese distinta podría hablarle de ello.
-Yo no me atrevo con Philippe.
Verá, Clara quiere ayudarme en lo poco que hago por asistir
a los obreros y a sus familias. -¿Y su hermano lo sabe?
-Sí, parece contento.
Bueno, quizás nos estén buscando. -No.
Deje que la diga una cosa, estoy seguro, seguro, ¿me oye?
De que entre nosotros no habrá nunca ninguna barrera,
ninguna. -Yo, también.
(Música)
Arriba.
Arriba, arriba. Venga.
Vamos.
Sube un poco más.
(Música tensión)
¡Apartaos, muchachos, apartaos, todos!
(GRITA)
Venid, de prisa.
-Rápido, rápido. Ayudadnos.
-De prisa.
-Quemadura de tercer grado en el cuello y en el hombro.
Debéis llevarle enseguida al hospital.
Sí, pero inyéctele alcanfor. Yo le ayudaré.
De no ser por don Philippe, a estas horas...
Vamos, vamos. No es nada grave.
(DOLORIDO) Qué rabia, hacía cuatro meses
que no ocurría nada en nuestra sección, ¿verdad, tío?
-Ahora, piensa un poco en ti y no en la sección.
-Permítame.
Ve a llamar al doctor Garnier, quiero que le asista en el hospital.
Sí. -¿Sabes dónde vive?
-Sí, voy volando. -La camilla, rápido.
-Nada de camillas, trae mala suerte.
Mi coche, llegaréis antes.
Id bajándole vosotros. -Sí.
-Vamos.
-Eh, ¿a dónde vais? -Por favor, déjenos entrar
un momento. -¿Dónde está?
-No, ahí no. -Déjeme entrar.
-Por favor, quiero verle. -Espere un momento, no se puede.
(LLORA) -Ian. Ian. Ian.
Oh, Ian. -Te lo ruego, no llores.
Por favor, señora. Es su novia.
Verás como ni siquiera tendrás que retrasar la boda,
ya conoces al señor Derblay, hará venir al mejor especialista
de París si hace falta. Vamos, Marlene.
-Venga, venga. (LLORA) -No. No. Ian.
Se curará, ya lo verá. Sí.
(LLORA)
Acéptelo, se lo ruego.
Considérelo mi regalo de bodas.
(LLORA) -Dale las gracias, ¿no?
(LLORA) -Gracias. Oh, no, no.
Les queremos mucho, no lo olviden. Ahora, vamos a hacer la comida,
ya es muy tarde. Vamos. -Venga, venga.
-Me acompaña todos los días en mis visitas a los enfermos.
Es tan buena y generosa... Pobre muchacho.
Se curará, ¿verdad? ¿Se curará del todo?
Haremos lo imposible porque así sea.
Dios lo quiera. Gracias.
Te lo agradezco mucho.
Cualquiera que haga algo por mis hombres lo hace por mí.
Bueno, será mejor que volvamos a casa, ¿no?
Debemos esperar a la carroza. ¿No podríamos ir andando?
Me apetece dar un paseo. Muy bien.
(Música)
Alto, Clara.
Señor Derblay.
Que encuentro tan afortunado, ayer mismo
regresamos de nuestro viaje de bodas y pensábamos ir a visitaros hoy,
sin falta.
¿Cómo es que vas andando, Clara?
Tú no dabas un paso ni siquiera a rastras.
Nos alegra que te hayas recuperado del todo.
Gracias.
Ayúdeme, señor Derblay.
Me gusta ver a la gente desde lo alto, sin embargo,
eso no reza con usted.
Es inútil que bajes, porque ya nos íbamos.
Concédenos al menos el tiempo de saludaros.
Recibiste nuestra felicitación, intentamos verte
al poco de caer enferma pero nos fue imposible.
Algo lógico, por otra parte. Pero te escribimos y...
Oh, sí, estábamos muy preocupados.
De todos modos, todo salió bien y aquí estamos,
dos parejas felices, igual que antes.
Nos veremos luego, ¿verdad? Me temo que no, lo lamento.
¿Y qué es lo que lo impide, querida? ¿No crees en nuestro afecto?
Duquesa, mi esposa está convaleciente y no le conviene...
Duquesa... Oh, no, olvida el tratamiento,
¿acaso no somos parientes? ¿Gastón no es tu primo?
¿Nos vamos ya? Dejad que os acompañemos.
No, gracias, prefiero ir dando un paseo.
Bueno, hoy estás de mal humor.
Espero que nos veamos en la próxima cacería del zorro.
No me digas que has dejado de montar porque no me lo creería.
Hubiese querido que este encuentro fuese diferente.
Buenos días, Gastón.
Señorita.
Señor.
Buenos días.
Podemos irnos, Janot.
Tengo un caballo magnífico, te ganaré.
Arre.
(Música)
Qué mujer tan odiosa. Lo siento.
Tienes razón. Es una mujer odiosa.
(Música)
Revise el bocado, señorita. -¿Así?
-Muy bien.
-Por favor, señores, atención. Conocen las reglas, ¿verdad?
¿Todos listos?
(TODOS) Sí, adelante.
A caballo, por favor.
Teniente Mornai, ¿listo? -Listo.
-¿Pudiste decírselo a Clara? ¿Está contenta?
-Desde luego.
Y prometió hablar con Philippe hoy mismo tras la cacería.
-Dios mío. -Pero ¿qué te preocupa?
¿Temes que diga que no?
-Vamos, a caballo.
(Corneta)
Querida, lo he pensado mejor, espéranos aquí, te lo ruego.
-Pero ¿por qué? Me encuentro perfectamente, además,
aún queda mucho tiempo. -Es que no...
Verás, no estaré tranquilo.
Clara.
Por favor, dile que sería una imprudencia que...
-Clara no sabe nada. -¿Ah, no?
¿De qué?
Bueno, hubiese preferido decírtelo en otro momento pero...
(SUSURRA) Voy a tener un niño.
-Oficiales. -Aquí estamos.
-A la orden. -El cuarto es Bligny, ¿verdad?
Le ruego, me reemplace, conozco demasiado bien la zona,
el zorro no tendría escapatoria. Sí, quizás sea mejor.
Teniente Darcy, ¿quiere reemplazarle?
-No faltaba más. -Es la hora.
Philippe, hoy tengo intención de secuestrarle.
Conoce tan bien estos parajes que estoy segura
de no perder el camino en su compañía.
A ti no te molesta, ¿verdad, Clara? ¿Qué?
No he oído.
Quisiera quitarte a tu marido... Oh, como compañero de cacería,
queda claro. (RÍE)
Confías demasiado en tus fuerzas, acabas de curarte.
¿Quieres esperar aquí con Sophie? No te preocupes por mí,
quizá no siga la cacería.
(Música)
Ten cuidado, querida. Descuida.
(Música)
Soy muy afortunado. ¿Qué quieres?
Acompañarte y hablar contigo. No tenemos nada que decirnos.
¿Estás segura? Sufres y eso no lo quiero.
¿No lo quieres?
Calma tu sensible corazón.
Ni sufro ni estoy dispuesta a sufrir para que tú me consueles.
Antes eras incapaz de fingir, no tienes la felicidad que mereces,
la que te habría dado yo.
No, estaba equivocada, no solo respecto a ti,
que sería lo de menos, sino respecto a mis sentimientos.
Te lo parece porque me juzgas mal.
Aunque no tan mal como me juzgo yo.
Aunque tu cargo de conciencia sea sincero, a mí no me atañe.
Clara,
si te hubiese vuelto a ver feliz habría seguido amándote en silencio,
de lejos, sí, porque jamás he dejado de amarte.
Está, incluso, demasiado... Solo una cosa está clara,
la vulgaridad de tu plan. Has arreglado los asuntos de dinero
y ahora vuelves a los, por así llamarlos, asuntos sentimentales.
Si me insultas es que no te soy indiferente.
Oh, sí, aún queda un sentimiento que me ata a ti, la gratitud,
por haberme abierto los ojos a tiempo, empujándome a casarme
con un hombre que posee las cualidades que tú no tienes.
Menos una, la de hacerse amar por ti.
Te equivocas, le amo. Ahora estoy segura.
Más que nunca. Crees que le amas,
porque tienes celos de Atenaida, pero lo tuyo es solo orgullo,
como siempre, no es un hombre a quien amas
sino algo que te pertenece. No, describes a una Clara
que ya no existe, que antes no quería perderte,
una Clara de la que me avergüenzo.
Clara, jamás me resignaré a perderte y haré cualquier cosa
por hacerte mía. Déjame pasar.
Clara...
¡Déjame pasar!
(Música)
Clara, ¿qué ha pasado? Te lo ruego.
Perdóname. Ya no puedo más.
Oh, ¿no estarás celosa de alguien como Atenaida?
¿Tú también crees que estoy celosa por orgullo?
¿Tú, también? Clara...
Lo cierto es que amo a mi marido. Dios, cómo le amo,
pero él ya no me creerá. Nunca me creerá,
ni aunque me humille delante de él. Pero no entiendo.
Es tu marido, existen vínculos. ¿Qué vínculos?
¿Qué vínculos?
Antes se atrevió a detenerme. Y ahora, esta persecución.
(Música)
¿Cómo te encuentras?
Ah, qué magnífica galopada. Lástima que te la perdieses.
¿Quieres desmontar, por favor? Tu caballo está sudado.
Oh, no es más que un caballo.
Tú, hoy, también, traicionaste la cacería,
¿no te has encontrado con Clara?
Espero que le hayas hecho compañía.
No. No me la he encontrado.
No he tenido ese placer.
Disculpen, señores, Clara está muy cansada.
Duquesa.
Para usted los honores de la cacería. Gracias.
Esta cacería jamás la olvidaré.
(Música)
Buenas noches, Philippe.
Buenas noches, Octavio, ¿qué hay? Nada.
Clara me prometió unos libros, los cojo y me voy enseguida.
Muy bien.
¿Y Suzanne? No sabía que vendrías.
Estaba cansada por la cacería y se ha ido a la cama.
¿Aún no le has hablado?
Te lo ruego, díselo ahora.
Está bien, espérame aquí. Te lo agradezco.
¿Molesto? No, entra.
Lo que quiero decirte es importante.
Para mí y para ti.
No temas, no es respecto a nosotros. Lo suponía.
Philippe.
Es respecto a Suzanne y Octavio, ¿no?
Sí.
Se aman.
Y Octavio pide tu consentimiento.
¿Por qué no respondes?
Aprecio a tu hermano y lo lamento por él,
pero este matrimonio es imposible.
¿Por qué? ¿Por qué?
¿Necesito explicártelo?
Porque tú me has convencido de que entre tu mundo y el mío
no hay posibilidad de entendimiento ni de afecto.
No es cierto, y aunque te ofendiese gravemente
no es justo que ellos paguen las consecuencias.
Me has ofendido gravemente,
¿y te dignas confesarlo?
Me haces una gran confesión.
Sí, yo... Y lo estoy pagando amargamente.
No por mi culpa. Ahora, sí.
Te estás vengando. Te equivocas, de nuevo.
Aleja de ti a esa mujer. Aleja de mí a Gastón.
¿Para defender qué?
¿Nuestro amor?
Cuidado, no me empujes a actos extremos.
Encima, me amenazas. No, no te amenazo.
Te lo ruego.
No des a entender que quieres vengarte.
Deja que encuentre un poco de paz.
Dame una prueba de tu generosidad, de tu comprensión.
Yo no te pido nada para mí pero haz que Octavio y Suzanne,
al menos ellos, sean felices.
¿Te niegas?
Me niego.
Clara.
No quiere.
No quiere. ¿Por qué?
No lo sé.
No lo sé.
Yo sí sé por qué, veremos si tiene el valor de decírmelo a la cara.
¡Octavio!
¿Por qué me estimas tan poco? ¿Piensas que no puedo darle
seguridad a Suzanne? O que soy un vulgar cazador de dotes
como Gastón. No acepto nada tuyo.
Suzanne puede decírtelo. Creía que eras alguien a quien no le importaban
ciertas cosas.
Sí, es cierto que Clara y yo no tenemos un franco pero...
¡Basta! ¡No, exijo una explicación!
Octavio, he dicho que basta.
¡No tengo nada que explicar, nada!
El dinero no tiene nada que ver y tú no has debido hablar
estando Clara ahí.
Ella no sabía que ya no existe su dote,
que vuestro patrimonio se ha esfumado.
Esto jamás te lo perdonaré.
Octavio.
Octavio.
La verdad, quiero la verdad.
¿Él se casó conmigo así? Perdóname, estaba trastornado,
no debí decirlo. Antes te mentí cuando te dije
que no sé porque te niega a Suzanne. La culpa es mía, solo mía.
Cálmate, te lo ruego.
Te agradeceré toda la vida lo que has dicho,
tenía que llegar hasta el fondo, ponerme de rodillas, de rodillas.
Vuelve a entrar, dile adiós a Suzanne de mi parte.
¿Pero no comprendes que ahora todo cambiará?
Sí, sí, repararé el mal que he hecho, Philippe, comprenderá,
¿comprenderá? Para mí todo ha terminado.
No. Tú debes ser el primero en confiar en mí.
Si de veras amas a Suzanne, no te vayas, debes quedarte.
Te aseguro que Philippe cambiará de idea, ¿me crees?
Di, ¿me crees?
¿Te quedarás?
(Música)
Está bien, me quedaré.
(Música)
Ahora, vete.
(Música)
(LLORA)
(Música)
Cómo se divierten. Ha tenido una excelente idea
dando una fiesta aquí, en la fundición, para todos.
-Existía el temor de que no se sintiesen a gusto.
¿Por qué? Basta con hacer que se sientan entre iguales.
Lo han conseguido, nunca lo dudé. -Sus ideas le llevarán lejos.
Pero por el buen camino. Estoy totalmente de acuerdo.
(Música)
Están muy alegres, ¿lo ve?
Es la mejor fiesta de Santa Clara de muchos años a esta parte.
Celebran a la santa pero también la celebran a usted.
Gracias, Gobert.
¿Cuándo regresamos a París? Hay tiempo, hay tiempo.
Basta decirte que no para que tú te empeñes en que sea que sí.
No cuesta nada decirlo y todavía menos cambiar de idea.
¿Sabía usted que pienso presentarme a diputado por su circunscripción?
-¿De veras? -Sí.
-Tiene suerte de que las mujeres no votamos.
-¿No estás demasiado cansada, amor mío?
-Estoy perfectamente, sigamos bailando.
(Música)
Cuando seas mayor de edad, nadie podrá impedir que nos casemos.
-Solo me casaré contigo pero nunca lo haré contra la voluntad
de mi hermano.
(Música)
Octavio ha cambiado. -Estos jóvenes...
-Se quieren, me he dado cuenta. Intenté hablar de ello con Octavio
pero él... ¿Se divierte?
Mucho, ¿y usted? Oh, muchísimo.
Cuando lo cuente en París, inmersos en pleno socialismo...
Tú solicitaste la invitación. Claro, no me lo habría perdido
ni por todo el oro del mundo.
(Aplausos)
Es la hora.
Perdónenme, yo no soy orador.
Nuestra circunscripción deberá elegir dentro de poco a un diputado.
Yo he subido aquí a proclamar en nombre de todos nosotros
que solo tenemos un candidato. Philippe Derblay.
(Aplausos)
Vamos, señor Derblay, diga algo.
Todos estamos deseando oírle.
(Aplausos)
Querido suegro, disimula un poco mejor su decepción.
(Aplausos)
Gracias, amigos míos.
Os agradezco la estima y el afecto que me demostráis.
Vosotros sabéis que no tengo ambiciones,
pero si deseo tener mayores y mejores ocasiones para serviros.
Por lo tanto, acepto.
(Aplausos)
Viva, Derblay. Bueno, ¿tenéis ganas de bailar?
Música, venga.
A bailar.
(Música)
Veo que está orgullosa de su marido. Oh, sí.
No le falta razón.
Le doy mi más efusiva enhorabuena. Gracias.
Fantástico, ha sido magnífico.
-Bueno, yo me vuelvo a casa, ¿os venís?
No, papá, hemos venido aquí a divertirnos y a bailar.
Incluso no juntos, ¿verdad, Gastón? Pues que os aproveche.
No os molestéis en despediros de mi parte de los anfitriones.
(Música)
Por supuesto.
¿Puedo aspirar al honor de bailar con el futuro ministro?
Perdona, quisiera hablar contigo un momento.
¿Hablar conmigo?
¿Ahora, precisamente? Sí, precisamente.
Disculpen.
Bonito sitio para un diálogo entre damas.
Seré muy breve.
Eso espero.
Quisiera pedirte un favor.
¿No me digas?
El otro día, en la cacería, insinuaste que estaba celosa
de mi marido. Oh, bromeaba.
No te equivocabas, porque es cierto.
¿Tienes celos?
¿De mí? Oh, pobre, Clara.
Si estuvieses más segura del amor de tu marido
comprenderías que tus sospechas son absurdas.
Además, los celos son un sentimiento indigno.
Yo, por ejemplo, no estoy nada celosa de Gastón.
Y sin embargo... Te he pedido que me hagas un favor.
Adelante.
Debemos dejar de tratarnos.
Estás loca.
¿Qué diría la sociedad?
No hay por qué dar explicaciones a nadie.
Olvidas muchas cosas,
por ejemplo, que es la señora Derblay la que habla con la duquesa
de Bligny.
¿Quieres salir de mi casa?
Para empezar, esta no es tu casa. Sí, lo es.
Lo es.
El lugar donde vive y trabaja mi marido, conmigo a su lado.
Quieres irte, ¿sí o no? Claro que no, querida,
¿tú qué harías? Ponte en mi lugar.
Tú te has puesto en el mío y pretendes seguir así.
Entiendo, sigues sufriendo por Gastón.
Por última vez, ¿quieres marcharte?
No.
Tú lo has querido.
Amigos, hay que beber.
Vamos, toma.
Te invito a que te lleves a tu esposa
si no quieres que la ponga en la puerta delante de todos.
¿Consientes que me insulten así, sin defenderme?
¿Está dispuesto a presentarnos sus disculpas?
¿O asume usted la responsabilidad de sus palabras?
Lo que hace mi esposa bien hecho está.
Entiendo.
¡Viva! (RÍE)
¿Habéis bebido?
Con permiso.
Con permiso.
Con permiso.
Eh, ¿qué hacéis? ¡Música!
(Música)
¿Quieres bailar?
(Música)
Gracias. ¿Gracias?
¿Por qué?
Defendiéndote, he defendido mi honor.
Debiste haberlo impedido. ¡Eso es!
Aquí estoy. ¿De qué se trata, de un consejo de familia?
Vosotros dos, fuera.
Raoul y Max me representan en mi altercado con Derblay
y en este momento son más importantes que usted.
Deje de una vez ese tono
¡porque no estoy dispuesto a tolerarlo!
¿De veras?
Atenaida me ha informado.
Ese duelo es absurdo y no se hará. ¡No quiero escándalos!
¡Mi hija es una chiflada! ¡Papá!
¡Mi hija es una chiflada!
Pero usted no se casó para dejarla viuda.
-Olvida que Gastón es el ofendido
y tiene derecho a la elección de armas.
-Y que con una pistola en la mano no tiene rival.
-¡Bah!
¿Crees que me importa ese Derblay?
¡Gastón le matará y yo me alegraré porque ahora Clara le ama!
Hija, eres una loca.
Una loca...
Y me avergüenzo de ti.
No, ya no quiero tener nada que ver con vosotros.
Regresaré a París esta misma noche
y os agradeceré que me ignoréis de ahora en adelante.
Sí, Gastón, tú le matarás, Clara te odiará
y así dejarás de amarla. Basta de melodramas.
Estás ridícula.
¡Gastón! ¡Gastón! (LLORA)
(RESPIRA AGITADAMENTE)
(LLORA)
Aquí tiene, las mejores que he encontrado.
Son del capitán Darcy. Las de Bligny servían lo mismo.
Ojalá utilicemos estas.
Bligny se ejercita continuamente con las suyas y es...
Un tirador excelente, lo sé.
No pienso batirme con él para que me mate,
estad seguros de ello.
En ocasiones el punto de mira de una pistola
puede ser corregido por una voluntad mucho más alta que la nuestra.
Gracias por todo, Camille. ¿Le importa dejarme con Octavio?
Hasta mañana. Hasta mañana.
Como no descarto la posibilidad de una desgracia,
he tomado precauciones.
Tú y el bueno de Bachelin haréis respetar mi voluntad.
Mis bienes serán repartidos entre Clara
y el fondo de asistencia de mis obreros.
A ti te dejo lo que más quiero en este mundo, a Suzanne.
Vamos, vamos.
Te prefiero menos blando,
como aquella noche en que, equivocado, te dije que no.
Philippe.
Estoy dispuesto a acompañar personalmente al altar
a mi pequeña Suzanne y ahora... Escucha.
Clara está en el otro cuarto, incluso ha rechazado
la compañía de Suzanne y de Sophie y quiere hablar contigo.
¿Es necesario? Me lo ha confesado todo.
Y te admiro. Está arrepentida.
Y te quiere, créeme.
A ti puedo hablarte así, podría incluso no volver a verte.
¿Quieres dejarla con el remordimiento de haber destruido tu felicidad
y de haberte empujado a morir?
Una vez más, sé generoso.
Clara.
Te espera.
(Llaman a la puerta)
Entra, Clara.
(LLORA) Clara...
No, por favor.
Si de verdad te importo, no debes turbarte.
¿Y lo dudas? Yo impediré este duelo.
¿Cómo?
Sacrificando mi orgullo, es mi condena.
Me humillaré delante de esa mujer, le rogaré a su marido...
Te lo prohíbo.
Escucha.
Yo jamás he odiado a nadie, pero a este hombre sí,
le odio por lo que ha hecho y por lo que es,
presumido, amoral e inútil.
Una clase de hombre que debería ser destruida.
Mañana por fin lo tendré enfrente.
Perdóname esto también, el haberte hecho conocer el odio.
No hablemos de perdón, también tengo parte de culpa.
Te amaba demasiado cuando tú no me amabas lo bastante.
Y ahora...
(LLORA) Ahora que te amo más que a mí misma.
(Música dramática)
Por favor, déjame solo. ¿Qué puedo hacer?
(LLORA) Dios mío... ¿Qué puedo hacer?
Rezar para que regrese vivo.
Tal vez entonces todo será distinto.
(Gallo)
¡Suzanne, espérame!
¿Hacia dónde han ido? ¿Qué quieres hacer?
¿Y tú? No lo sé, estoy aturdida.
¡Clara!
(Música)
¡Clara! ¡Clara!
¡Arre! ¡Clara!
¡Corre, arre!
(Relinchos)
(Música tensión)
La suerte les ha favorecido.
-Hemos ganado la elección.
(Continúa música tensión)
¿Listos?
Adelante.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco...
(GRITA)
(Relincho)
(Música tensión)
¡No! ¡Clara!
¡Clara!
Doctor...
Por fortuna no es grave, el pulmón no está afectado.
Llévenla a casa enseguida.
Le presento mis disculpas... por todo.
Y me merezco que no las acepte.
(Música romántica)
(Continúa música)
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.