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¿Max?
¡Max!
¿Max?
¡Max!
¿Max? ¿Eres tú?
¿Quién es?
Ya está. Ahora dormirá durante unas horas.
- ¿Algo grave? - No es momento de hacer un diagnóstico.
Veremos mañana cuando se recupere. El shock ha sido fuerte.
- Si vuelve a ponerse nerviosa, inyéctele otro calmante. - Bien, doctor.
- ¿Qué ha ocurrido exactamente? - Es difícil decirlo, doctor.
Esta noche, durante la tormenta, ha caído un rayo sobre una caseta.
Cuando han dado la alarma, corrí a ayudar a los hombres.
- Mary dormía y no se dio cuenta de nada. Pensé que era mejor no despertarla. - Bien.
Llegamos ayer por la tarde, después de un vuelo de doce horas.
Es la primera vez que mi mujer me acompaña a Alemania. Será eso.
El cansancio del viaje.
¿No estará esperando...?
¿Un niño? No, creo que podemos excluir esa hipótesis.
- ¿Dónde la encontró? - Aquí, en el museo. Sígame.
Gracias.
Mire.
Estaba aquí, doctor. Desmayada.
¿Qué quiere comprobar?
¿No creerá lo que ha contado Mary?
Estos instrumentos no funcionan desde hace más de 300 años.
- Desde que él murió. - ¿Quién?
El Justiciero.
Se hacía llamar así. Dictaba la ley en esta región.
Y castigaba el adulterio con la muerte.
Parece que mató a más de una mujer, torturándolas...
en la Virgen de Nüremberg.
Le presento a mi antepasado.
Un loco... o un maníaco.
La Virgen de Nüremberg.
Han elegido un nombre muy poético para este innoble instrumento de tortura.
- ¿Su mujer conoce esta historia? - ¿Qué historia?
- La del Justiciero y sus víctimas. - Sí.
Se la conté ayer, mientras le enseñaba la casa.
A mi mujer le encanta jugar, divertirse. Es como una niña.
Ayer, nada más llegar, simulé ser un guía profesional,
mostrándole los salones, las maravillas y también los horrores de este castillo.
Perdone.
Le hablé de las viejas leyendas sobre torturas medievales
pero era un juego nada más. Créame, doctor.
- ¿Cree que puede haberle impresionado? - Puede ser.
Muchas veces la mente humana reacciona de forma extraña a ciertos relatos.
¿Por qué ha querido su mujer acompañarle en este viaje?
Creo que tiene muchas razones. Yo estoy obligado...
a venir cada seis meses para atender mis negocios
y ella nunca había venido y el castillo le pertenece tanto a ella como a mí.
Perdone mi pregunta, pero intentaba entender algo de este extraño caso.
Volveré mañana.
- Fritz, acompaña al doctor. - Gracias. - De nada. - Hasta mañana.
¿Necesita algo, señor?
Nada, Fritz, gracias.
- Mary, ¿qué haces? El doctor ha dicho... - Estoy mucho mejor, gracias.
- Tengo que hablar contigo. - Vuelve a la cama, por favor.
- Todavía no estás bien. - Max, tengo que decirte algo. - ¿El qué?
Antes, con el doctor, preferí callar.
Esta noche, cuando estaba a punto de desmayarme, me pareció ver una sombra.
Un hombre alto, encapuchado, que se acercaba al sarcófago
y, otra cosa, mientras bajaba al salón me pareció oír pasos.
Es verdad lo que ha ocurrido esta noche, Max. Tienes que creerme. Es verdad.
Cariño, has tenido un sueño espantoso.
Será cosa del ambiente tétrico, del cansancio del viaje, del temporal de esta noche,
pero ahora cálmate. No ha pasado nada.
Promete que intentarás no pensar más en ello. - No, no puedo, Max.
Tú no lo has visto y por eso no puedes entenderlo.
Basta. Te entiendo perfectamente.
Tienes que hacerlo. Nos iremos lo antes posible. Hoy tengo varias citas.
- Intentaré acelerar todos los asuntos. - Voy contigo.
- No digas tonterías. Vuelve a la cama. - Max, ¿cuándo volverás?
Pronto. Te lo prometo.
Erich. Es el ser más bueno del mundo.
¿Te ha asustado? No hay motivo.
Erich, te presento a tu nueva señora.
No, gracias.
- ¿Qué hay ahí? - Su habitación.
- ¿Pero quién es? - ¿Erich? El guardián del museo.
- ¿Y vive aquí? - Sí, lo quise aquí.
Fue el ayudante de mi padre durante la guerra.
Habría hecho cualquier cosa por su general.
Sí, cualquier cosa. Y cuándo él murió transfirió su adoración a mí.
- ¿Dónde estaba anoche? - Conmigo. Tranquila.
No es el monstruo de tus pesadillas.
Intenta imaginarlo sin las horribles cicatrices que lo desfiguran.
En tiempos era un hombre apuesto. Después fue herido. La guerra lo dejó así.
Tú odias la guerra.
Cualquiera que haya atravesado ese infierno la odia. Acabas embrutecido.
Pero entonces tú eras un niño.
Sí, sólo era un muchacho,
Pero la guerra tiene el poder de envejecernos antes de tiempo.
Recuerdo todo como una pesadilla extraña e irreal.
Son cosas que, por desgracia, se quedan dentro para toda la vida.
Cosas que nos marcan para siempre.
El abatimiento es un estado peor que la cara de Erich.
Pero no se ve.
Y aquello que no se ve, se intenta ignorar.
¿Qué te pasa?
- Nada, ¿por qué? - Hay algo que te atormenta.
Tu miedo, que te domina y que no tienes que tener. Adelante.
El señor ha llamado.
- Sí, quería un vaso de agua. - Está ahí.
No lo había visto.
Gracias.
Puedes irte, Fritz.
- ¿Necesita algo la señora? - Sí, gracias. Envíe a Hilde.
- Puedo enviar a Trude. Hilde ha tenido que irse. - ¿Cuándo?
Anoche, creo. Nadie la ha visto esta mañana.
- Tal vez la señora Martha sepa... - No, no hace falta.
¿Cuántas personas más hay en el castillo?
Nadie. Sólo nosotros.
- Hablo del servicio. - No lo sé bien, pero bastantes.
- La vieja Martha sabrá decírtelo. Es ella quien se encarga. - ¿Qué es esto?
Tranquilizante. Lo ha recetado el doctor.
Duerme. Tienes que descansar.
Espere, Trude.
Yo también subo. No sé si Hilde volverá pronto.
- Le ayudará la mujer del jardinero. - Bien, señora.
Ahora le enseño. Está toda la ropa por colocar.
No se preocupe del resto. Mañana lo hará mejor.
¿Busca algo, señora Mary?
No, Erich, sólo quería hablar con mi marido. Creía que estaba aquí.
El señor Max está saliendo con el coche. Va a la ciudad. Quizá lo alcance en el garaje.
- Vale, pero ¿cómo se llega? - Tiene que cruzar el salón
y salir por la puerta principal para llegar al parque. No hay otra salida.
Me pareció que Max había entrado aquí. Perdóneme.
¿Le interesa la cirugía, Erich?
Esos instrumentos le pertenecían al general... señora.
- Al padre de su marido. - No sabía que era cirujano.
En cualquier caso, felicidades por lo bien que los conserva.
Huele tanto a alcohol que es evidente que los limpia a diario.
No estaría mal que hiciese lo mismo con los muebles.
Buenas tardes.
- Me ha dado un susto. - Perdone, no quería asustarla.
- Usted no es alemana. - En efecto. Y usted, ¿quién es?
Me llamo John Selby y me encuentro aquí solo porque soy muy curioso.
Estoy dando una vuelta por los castillos del Rhin y quería visitar también éste.
He sabido que ha vuelto el dueño y que ya no se admiten visitantes
así que he decidido echar un vistazo, por lo menos al jardín.
El dueño no está, pero si puedo serle útil, no voy a negarle un favor a un extranjero.
- Gracias, señorita.... - Señora Hunter.
- ¿Es la esposa del dueño del castillo? - Sí.
- ¿Por qué está haciendo este viaje? - Digamos que se trata de un viaje instructivo.
- ¿Puedo visitar el parque? - Por supuesto.
- ¿Qué le pasa? ¿Algo no va bien? - Nada.
- Miente. ¿Por qué pone esa cara? - Le digo que nada.
No conseguirá engañarme. Se nota perfectamente que tiene miedo.
- Tal vez pueda ayudarla. Deme una pista,... - No puedo.
No puedo porque no hay nada. Se lo aseguro.
- ¿Se quedará mucho tiempo por aquí? - No lo sé, depende...
- ...depende de tantas cosas, yo... - ¡Mary!
Perdone, tengo que irme. Un placer. Espero volver a verla.
- ¿Cómo está? - Mejor, mucho mejor. - ¿Adónde ha ido? - ¿Quién?
El hombre que estaba hablando aquí con usted hace un momento.
- ¿Qué le ha preguntado? - ¿Por qué le interesa tanto?
- Tiene que tener cuidado. Es un policía. - ¿Un policía? - Sí, ha venido por él.
- No hay que fiarse de estos americanos... - ¿De qué habla? ¿Quién es ese él?
Puede que... el mismo que vio usted anoche.
Por fin ha vuelto... después de 300 años.
- Está loca. - No, no estoy loca y lo sabe.
Ha vuelto para aterrorizar a las mujeres sin pudor.
- Pagarán por sus pecados. - Basta, calle, calle. No quiero oírla.
Es inútil ignorarlo. Sabe que ha vuelto. Ha vuelto después de un largo sueño de siglos.
Lo saben todos, pero no hablarán porque tienen miedo...
- ... porque es el Justiciero. - Pare. Me asusta con sus historias.
¿Erich?
¡Erich!
¡Señor!
¡Señor!
¿Dónde está?
¿Qué haces aquí?
No puedes huir. Te voy a mostrar de lo que soy capaz.
¡Señor!
Joven hermosa, muerta, yace encima de la roca.
- ¿Qué hace aquí? - Le he traído la cena al dormitorio.
He pensado que preferiría comer aquí.
- Y, además, quería hablarle. - ¿Qué quiere?
Enciérrese está noche en la habitación
y no le abra a nadie.
Aprecio mucho al señor Max y si le ocurriera algo...
¿Max? ¿Cuándo vuelve?
Creo que el señor no volverá esta noche.
- ¡Fuera! ¡Fuera! - Cierre y no abra por ningún motivo.
No puede dejarme aquí sola.
Ahora sé que no es una pesadilla.
Max, ¿por qué me deja aquí sola?
- Doctor, perdone, es el señor Selby. - Hágale pasar.
- Encantado, señor Selby. - Un placer.
- Siéntese, por favor. - Gracias.
Le pido perdón por molestarle a estas horas, haciéndole venir aquí,
- pero creo que hay algo que le interesa. - Bien, ¿de qué se trata?
Usted es un agente del F.B.I., ¿verdad?
¿Cómo lo ha sabido?
En una pequeña ciudad de provincias como la nuestra, se sabe todo.
El viento lleva las noticias de árbol en árbol
y se dice que bajo los del parque de los Hunter
se pasa usted días enteros, vigilando el castillo.
¿Por qué?
¿Cuál es el motivo de este interrogatorio, doctor?
No lo sé.
Tal vez por ayudarle. No sé por qué he preferido dirigirme a usted
en lugar de a la policía local, pero seré sincero.
No querría pasar por un visionario ni por un crédulo,
pero ciertas historias
acerca de la existencia de un monstruo en el castillo...
¿Qué pruebas tiene de esto?
La joven esposa del dueño ha contado cosas extrañas.
No me gustaría que fueran ciertas porque en ese caso,
esto podría convertirse en una prueba.
¿Quién es?
- ¿Quién es? - Soy yo.
¡Max!
No, no eres Max.
No es un fantasma.
El alba. Es el alba.
Es su estatua.
¿Albert?
¿Eres tú, Albert?
¡No! ¡No!
No temas, si quisiera abusaría de tu cuerpo
pero no se trata de eso. Es más bien otra cosa.
Allí abajo, no. Es mejor aquí dentro. Nadie la encontrará.
Acuérdate de cerrar después la otra tumba.
¡Max! ¡Ábreme! ¡Max!
Tienes hambre, ¿verdad? ¿Ves la forma de esta jaula?
Extraña. Nunca habías visto nada igual.
¿Y sabes por qué? Este modelo está prohibido desde el siglo XV,
por ser demasiado bárbaro. Es conocido incluso en China.
Los instrumentos de tortura son parecidos donde quiera que vayas.
La mente del hombre está al servicio del mal.
Ha habido muchos progresos gracias a los métodos científicos
pero los viejos sistemas siempre serán los mejores.
Terribles. Tenían una fantasía verdaderamente diabólica,
nuestros abuelos.
- ¿Quién eres? ¿Qué ha pasado? - Soy Edna. No sé lo que ha pasado.
Albert me ha citado, como todas las noches. He salido a escondidas,
tenía que verle cerca del parque del castillo de los Albert.
Después no sé qué ha sucedido. Alguien me ha cogido y no sé más.
¡No me acuerdo de nada!
¡Mi cara! ¡Mi cara!
No puedo vivir así. ¡Mi cara!
¡No, Eric, no! ¡No puedes!
¡Quieto, Eric!
¡Max!
¡Max!
No puede ser verdad.
¡Mary! Cariño, despierta.
Mary, te lo ruego, responde.
¡Max!
- ¿Qué hacemos aquí? - Erich te ha subido.
- ¿Qué has hecho? - Nada, nada.
- Oye, olvida lo que ha pasado. - ¿Olvidar?
- ¿Qué has hecho con esa mujer? - Erich la ha llevado al doctor.
La salvará. Ahora prométeme que olvidarás.
No. Tengo que saber.
Ayer me dijiste que era una pesadilla, un sueño absurdo
y hoy me pides que olvide cosas que tienen que denunciarse.
¿Quién eres, Max? ¿Qué eres?
Mary, tienes razón, lo sé. Ha sido una locura no escucharte.
Pero te lo ruego, te lo suplico, dame sólo 24 horas.
- Y luego podrás hablar. - ¿Por qué me pides eso?
Piensa lo que quieras, piensa que soy un monstruo.
Te pido sólo 24 horas y luego venderemos el castillo y nos iremos.
- Pero dame las horas que te pido. - No, quiero saber lo que me ocultas.
- ¿Por qué estabas con aquella ropa? - Por favor, cálmate, Mary.
Te lo diré todo.
Es horrible. Pero quizá sea mejor que lo sepas
o sospecharás de mí si no lo has hecho ya.
Mary, lo que voy a decir puedes no creerlo, pero es la pura verdad.
Te he visto llevar el cuerpo de esa pobre desgraciada para torturarla.
No, Mary, no es cierto.
Cuando me viste estábamos llevando el cuerpo de Hilde.
- ¿Hilde? - Sí, es la mujer que viste en las tumbas.
- Descubrimos su cadáver anoche. - ¡Señor Max!
- Señor Max, es necesario que venga. - ¿Qué ha pasado? - Fritz.
He oído un grito y he bajado al subterráneo.
Está allí.
Llama a Trude y marchaos todas. Enseguida. Ya voy yo.
- ¿Y ahora qué ha pasado? - Nada.
No temas. Sigue teniendo confianza en mí. Te lo ruego.
Concédeme las pocas horas que te he pedido. No estaría rogándote si fuera lo que piensas.
No puedes quedarte aquí. Tienes que irte antes de la noche.
¿Recuerdas el hotel del la terminal aérea? Ve allí y espérame.
Hasta que todo haya acabado. Si acaba.
Si no, vuelve a América.
No tendrás dificultades para obtener el divorcio.
¿Por qué me dices eso?
Cualquier cosa que pase, o que oigas
recuerda que te he amado de verdad. y que te amaré durante toda la vida.
Max...
- Trude, prepara enseguida las maletas. Nos vamos. - ¿La mía también?
Sí, por supuesto. Vendrás conmigo.
- Martha, tú lo sabes, ¿verdad? - ¿El qué?
- Tú sabes quién es el monstruo. - No es un monstruo.
¿Cómo puedes decir eso? ¿Sabes lo que ha hecho?
Lo sé todo y no es un monstruo.
Está enfermo, muy enfermo.
- Es un ser abyecto. Dime su nombre. ¿Quién es? - No, nunca.
Lo único que quisiera es que muriese sin que se conociese su desgracia.
- Si pienso que el nombre de los Hunter... - ¡Max! El señor...
- ¿El señor Hunter tiene un hermano? - No, no tiene hermanos
¿Cómo puedes decir algo así? ¿Cómo puedes decir que el nombre de los Hunter...?
Max.
Entonces, es eso lo que quería decirme. Max.
No sé de qué está hablando. Será mejor que prepare el equipaje.
Max la alcanzará en el hotel. Él podrá decirle...
todo lo que quiere saber.
- ¿Estás lista, Trude? - Sí, señora. Mi maleta está en el salón.
- ¿Está lista Martha? - Creo que está en la entrada.
- ¿Conducirá usted, señora? - Sí.
- ¿Es esta la otra maleta? - Sí, señora, deje.
- Está cerrada. - Puede que haya cerrado Martha. Vamos por la puerta del servicio.
- También está cerrada. ¿Hay otra salida? - La del garaje, en el trastero.
- ¿Y Martha, dónde está? - Puede que no esté lista todavía.
Su habitación es la del final del pasillo. Si quiere podemos ir a ver.
Si usted espera aquí, bajo yo.
Después vengo a recoger las maletas.
¿Martha?
¡Martha!
¡Señora Mary!
¡Señora Mary!
También la puerta de abajo está cerrada. ¿Y Martha?
No está en su habitación.
- Puede que haya salido antes. - ¿Por dónde? - ¿Estás segura de que no hay otra salida?
Sí, la del museo. La que se usa para los visitantes.
- Pero la verdad es que nunca la he utilizado. - Tal vez Martha ha salido por ahí. Vamos a ver.
¡Señora Mary! ¡Señora Mary!
- ¿Sabes dónde se encuentra la puerta de salida? - No.
Entonces hay que buscarla. Deja aquí las maletas.
Las recogeremos luego. Si está cerrada, con esto la echaremos abajo.
- ¿Qué es eso? - Una estatuilla.
- ¿Qué es? - Un antiguo instrumento de tortura.
Dentro hay un esqueleto. Es horrible.
No, por aquí se vuelve atrás.
¡Huye, Trude, huye!
¡Está muerto! ¡Está muerto!
Ya no me das miedo.
¡Ya no me das miedo!
Trude!
No puede ser. Yo te he matado.
¡Yo te he matado!
No me has tocado. Has destrozado mi estatua.
¡No conseguirás destruirme!
¡Morirás!
Rápido. Rápido. Lo ha cerrado todo.
Es imposible entrar. Matará a todos. Tenemos que llamar a la policía.
¿Por qué no ha llamado antes? Ahora es demasiado tarde.
Porque lo habrían matado. Lo habrían condenado a muerte.
Es un criminal de guerra. Y tiene que ser juzgado.
No sabe la verdad. Lo que ha sufrido.
Por qué se volvió loco. Usted no estaba entonces aquí.
- No sabe, no puede juzgar. - Pero el Tribunal sí.
Alemania estaba en llamas. Una gran hoguera.
No podíamos resistir más
pero Hitler se obstinaba en combatir.
Un día, algunos generales decidieron atentar contra su vida.
Pero el golpe no tuvo éxito.
Fueron detenidos y todo el grupo masacrado.
Algunos fusilados, otros llevados a las cámaras de gas.
A él le esperó una suerte peor.
Fue hecho prisionero y enviado a un laboratorio quirúrgico
donde en nombre de la ciencia unos locos torturaban y asesinaban,
sin piedad,
a hombres inocentes. Lentamente.
Operación tras operación,
el experimento "Calavera humana" fue llevado a su término.
Una calavera viviente.
¡Qué éxito para ellos!
Brindaron una y otra vez por su gran trabajo.
¡La Virgen!
¡Max!
¡Detente, padre! ¡Detente!
¡No puedes hacerme esto a mí! ¡No puedes! ¡No tengas miedo! ¡No tengas miedo!
¡Soy tu hijo! ¡Tu hijo! ¿No me reconoces? ¡Tu hijo!
Max. Max!
¡Deprisa! ¡No!
¡Deprisa! ¡Cubridme!
Max...
- Hay más entradas por el otro lado del castillo. - Max, sácame de aquí.
Controlad las entradas. Y que las salidas estén vigiladas.
¡Seguidme!
Deprisa, llévela abajo al parque.
- ¡Erich! ¡Erich! - ¿Qué hace, no ve que está ardiendo todo?
¡Rápido, id a buscar refuerzos!
Siento que se hayan visto obligados a disparar, pero no podían hacer otra cosa.
¡Señor!
¡Señor!
¡General!
¡Señor!
General...
- ¿Quién eres? - Erich, general.
¿Qué le ha pasado a tu cara, Erich?
Todo arde, ¿ves? La guerra está perdida.
Pero nosotros seguimos haciendo que mueran millares de hombres.
- Tenemos que pararlo. - Sí, general.
Ya verás. Volverá la paz.
Volveremos a ser nosotros mismos.
Erich...
Erich...
Sí, general.
Como antes.
ignacio gonzalez para cine-clasico.com
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