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Yoruba
Zulu
C'est pas posible!
Nous sommes forcés a faire la présentation des modeles
et nous sommes en retard.
Écoute-moi, Rosalie...
Don Ángel,
puede hablar en español que no le está escuchando ninguna cliente.
Mire, mire usted esto.
Hemos metido la pata pero bien.
¿Usted cree que semejante birria es digna de esta casa?
Pero don Ángel, ése no es el figurín de este modelo.
- ¿Es este? - Es este, este otro, ¿no ve?
Bueno, pues con figurín o sin figurín es un birria.
También hay que ponerle unas...
- Tienes que entregar este. - ¿Ahora?
- ¿Y es muy lejos? - Ahora te doy la dirección.
- ¡Rosalía! Por favor. - Sí, don Ángel. (Espera)
Bon, ahora mismo que esto pase al taller.
Y que lo tengan listo para dentro de una hora, ¿entendido?
Sí, señor. Anda, quítatelo en seguida.
Por dios, Diana, quédese quieta, nos vamos a marear.
- Ay, estate quieta, hija. - A ver.
No está mal.
Estoy cansadísimo. Rosalía, Morales, siéntense.
¿Qué haces aquí?
Es horrible. No sé si alterar el orden de la presentación de modelos
que hemos previsto para mañana.
Porque tal como se van a pasar
me temo que resulte un poco... poco partiel? bourgeois, ya me entienden.
Sí, sí, señor.
¿Pero qué hace aquí esta chica?
Vamos, Rocío, hace rato que debías haberte ido.
Usted perdone, don Ángel, yo...
Usted perdone, don Ángel, ha sido culpa mía.
Aún no le he dado la dirección para llevar el vestido.
Aquí está todo escrito. Vete y no vuelvas, anda.
Eso pasa siempre. Las máquinas tiene que arreglarlas un buen mecánico.
Pero si acaba de salir de la fábrica, la he comprado esta tarde.
A pesar de eso un buen mecánico la puede mejorar.
Hombre, Emilio, no me irás a decir que en la fabrica no saben,
Allí hay unos ingenieros...
Aquí en un taller es donde yo los quisiera ver.
Pero los ingenieros son los que diseñan las máquinas.
Sí, pero de eso a andar en moto... Hazme caso, macho, y confía en nosotros.
Por lo pronto para que rinda mas le vamos a meter mano al carburador
y le vamos a poner otro plato magnético y otro embrague.
Eso para empezar
que a lo mejor lo vamos a tener que tirar todo a la chatarra.
¡Es posible!
Mire.
Clavado, macho, lo ha rebajado un milímetro justo.
Eres un tío fenómeno, Sixto.
Ahora es cuando le va a zumbar la pandereta.
- No sé, no sé. - ¿Por qué?
Esto no va a pitar.
Pero que dices, esto tiene que pitar más que el Talgo. ¿No te parece, Juan?
Bueno, entonces, Emilio...
Tú tranquilo. Márchate que te la vamos a dejar como nueva.
Vuelve dentro de unas días o danos un golpe de teléfono.
- ¡Hasta luego! - Adiós, adiós.
Mira a tu hermana.
Bueno, déjala.
Seguro que va donde Los Espaciales.
Y a ti qué, ¿sois novios?
No, pero...
Pues entonces. Venga, macho, a montar el pistón.
- ¡Hola, chicos! - Hola, Rocío.
Hola, Rocío, ahí los tienes esperándote.
A ver si no estáis hasta las tantas como siempre que corre el contador.
En cuanto ensayemos este número nos marchamos, no te preocupes.
Fíjate cómo han venido.
¡Va por ti, Rocío!
¡Chicos, cómo vais! ¿De dónde habéis sacado todo esto?
¿Y los pantalones? ¿Te has fijado en los pantalones?
Es verdad. Y el pelo. ¡Estáis guapísimos!
¡Cómo Johnny Halliday!
¿Qué ha pasado para esta transformación?
Pues que nos hemos decidido a dar el salto.
Cuánto me alegro, no sabéis cuánto me alegro.
- Pero... ¿y estas cazadoras? - Las hemos comprado.
Te advierto que nos ha salido la broma a 1500 pesetas.
Hemos tenido que estar un año sin ir al futbol,
ni al cine y sin tomar una caña, pero no importa.
¡Y vaya pelo, eh!
A 35 pesetas por barba nos ha salido.
Y aun hay otra noticia, que nos han prometido una prueba en la radio.
Ya os veo anunciados con unas letras más grandes que ese bombo:
"Los Espaciales, el mejor sexteto del mundo"
¿Qué os pasa?
Díselo tú.
Que queremos que te unas a nosotros.
Pero bueno, ¿estáis locos?
¡Seremos famosos y ricos! Aunque se rían de nosotros en el barrio.
Pero si yo le digo a mi padre que me dedicaré a cantar
me da una torta que me quita la poca nariz que tengo.
- Pero Rocío... - No puede ser.
Cuando deis el salto iré a oíros y a hacerme cisco las manos a aplaudir.
Nadie se alegrará más que yo de vuestro triunfo.
Pero bueno, ¡vamos a cantar!
- Tilin tilin, ¡venga! - Dame...
- Hala, va, ¿estáis listos? - ¡Listos!
Tin tin tin tilin tilin
Vuelve a sonar cascabelito
Y le dices que su amor siempre va mi corazón
Tin tin tin Tilin tilin
Yo tengo aquel cascabelito
Que me lleva punto a ti Al compás de mi canción
Tin tin tin Tilin tilin
Mi cascabel cascabelito
Nunca deja de latir Dentro de mi corazón
Mi cascabelito va sonando
Y su tintineo hacia ti volará
Seguirá buscando, murmurando,
Yo te quiero y no sé dónde estás
Desde luego estáis todos chalados.
Oye tú, sin ofender, ¡que te doy con la guitarra aunque se me rompa!
Déjalo.
Rocío, que te estoy viendo la combinación.
¿Dónde?
No me refiero a la de nailon sino a la que te traes con estos.
- ¿Pero no ves que son unos chalados? - A que te sacudo.
Sí, unos chalados. ¿Pero adónde vais a ir tocando la guitarra
y aporreando cacerolas vestidos de motoristas?
¡Tenemos otras ambiciones! ¡Es que nosotros somos artistas!
Artistas, ¿de qué? Tú eres un artista vendiendo zapatos.
Y tú, despachando pescadilla.
Pero en la música... Vamos, venga ya.
¡Adiós, Jonis!
¡Oye, a propósito!
¿Cuál es el apellido de vuestro ídolo?
Halliday. Johnny Halliday.
Anda, ríete, que más te reirás cuando seamos tan famosos como él.
Vamos, venga, hombre, venga.
Rocío, espera.
- ¿Qué quieres? - Que hablemos un poco.
Date prisa que es tarde.
El caso es que no se me ocurre nada.
Cuando estoy solo se me ocurren muchas cosas, pero cuando estoy contigo...
Empieza por el principio. ¿Qué pasa?
Rocío...
Oye, si te vas a poner trágico me voy.
¿Pero cómo quieres que me ponga?
Ay, no sé, más alegre, así estás feísimo.
Te advierto que yo siempre estoy alegre.
En el taller y con los amigos.
Y los dramas los guardas para mí. Muy bonito.
- ¿Se puede saber por qué? - Porque no me haces caso.
Naturalmente.
Siempre me estás atosigando. Que si esto que si lo otro, que si lo de más allá...
¿Yo soy algo tuyo?
Pues entonces te callas.
No eres nada mío porque no quieres.
Claro que no. Te he dicho mil veces que no quiero hablar con ningún chico.
Entonces, ¿no me quieres?
Te quiero como a Los Espaciales, como a los del barrio.
Todos somos amigos, ¿no?
Bueno, pero podríamos ir al cine o salir de excursión los domingos.
Oye, macho, Sixto tenía razón. No va.
Desde luego hace más ruido, pero no es bastante.
Mañana le vamos a avanzar la admisión del pistón
un milímetro y medio más, ¿sabes? - Hasta mañana.
¿Pero no te das cuenta de que estaba hablado con una persona?
Estabas hablando con Rocío.
¿Y Rocío es una persona o no es una persona?
Eh, anda, Rocío es mi hermana.
- Hola. - Hola Rocío.
En seguida te preparo la cena.
- ¿Has visto a tu hermano? - Sí, ahora sube.
- ¡Qué vergüenza! - ¿Qué pasa?
- Las termitas... - ¿Y eso qué es?
Unas hormigas que se están comiendo el palacio de los deportes.
¡Qué barbaridad! ¿Cómo se van a comer unas hormigas...
Aquí lo dice: se lo están comiendo poco a poco.
Tendrán que ser unas hormigas muy grandes.
Eso ya no lo sé.
Hola. ¿Está la cena?
Sí. Lávate, anda.
- ¡Qué hay, patrón! - Hola, marinero.
Nos vamos a hacer ricos, padre.
¿Ah, sí?
Nos traemos un asunto con Sixto que como pite
ya verás la manteca que va a entrar en esta casa.
Falta hace porque la cosa del taxi está cada día peor.
Tú estás tan loco como Juan.
Siempre inventando cosas que no sirven para nada.
Y tú qué haces, ¿eh? En cuanto llegas al barrio te vas con los cinco latinos.
Si, ríete de ellos. Ya verás el dinero que ganan algún día.
Como no sea de payasos en el circo...
Mira, de momento los han largado de las tiendas.
Pero van a tocar todos los sábados y domingos en el salón
Han formado una orquesta...
¿De qué estáis hablando, hijos?
No, nada, que está... ¡Bah!
¡Morales!
Este Morales...
¡Morales!
- ¡Morales!!! - Uy, no me ha visto, no me ha visto.
Todo está listo, Rosalía se ha ocupado de las invitaciones.
El año pasado se olvidaron ustedes de invitar a la señora de Martínez
y perdimos una clienta.
¡Uy, que se mata!
¿Pero quién ha puesto estas escaleras?
- Siempre han estado ahí, señor... - Recuérdeme que hay que quitarlas.
¡Rosalía! ¡Rosalía!
Si está visto, lo tiene uno que hacer todo.
- Aquí estoy, aquí estoy. - La necesito a usted ahora mismo.
¡Rosalía no se vaya! Quiero dar el último vistazo a los modelos.
Sí. Lo siento mucho, don Ángel, pero creo que hay una cosa mucho más urgente.
Qu'est-ce que c'est ça?
No podemos contar con Cora para presentar sus modelos.
Hoy mismo se ha marchado a otra casa.
- Pero eso no es posible. - Sí.
Hace tiempo que lo sospechaba pero
¡quién iba a imaginar que fuera precisamente hoy!
Esto es la ruina. ¿Se da cuenta, Rosalía? Ya no puedo más.
¿Dónde está la señorita Rosalía?
En el vestuario.
C'est vraiment une catastrophe.
Yo no me resigno, don Ángel,
no me resigno a no presentar hoy los modelos.
¿Qué quieres, Rocío?
Han devuelto el vestido.
La señora dice que la llame usted en seguida
para explicarle lo que ocurre. Por lo visto le está peor que antes.
Bueno, déjalo ahí.
Rocío. Haz el favor de esperar fuera un momento?
¿Ha visto? Las mismas medidas de Cora. La misma edad.
- ¡La misma figura! - ¿Y qué?
Vale la pena estudiar esta posibilidad.
¿Qué quiere usted decir?
Que Rocío presente los modelos de Cora.
- ¿Pero quién es Rocío? - La repartidora. Rocío.
¡Bah, qué ocurrencia!
¡Rocío!
¿Pero es que se ha vuelto usted loca?
¿O es que pretende decirme
que en unas pocas horas se puede transformar un cardo en una rosa?
Pero usted me ha enseñado que un buen modelo hace milagros.
No sé, no sé.
¿Qué pasa? ¿He hecho algo malo?
No. Presentarás sus modelos.
- ¿Dónde? - Aquí, en el desfile.
- ¿Qué dice? - Lo que oyes.
Cora se ha marchado de la casa y tú vas a sustituirla.
- Me voy a mi casa. - Estate quieta, ven aquí. No te muevas.
- Si es necesario me evaporo. - No seas estúpida.
¿Te parece que si creyera que no vas a hacerlo bien
te habría propuesto?
Rosalía, écoutez-moi!
¿Usted cree que... eh?
Yo creo que sí, en cuanto se la arregle y se la peine un poco y...
No sé. ¡Camine!
Anda, Rocío, vamos, haz una prueba, hija.
- Camina. Sin miedo. - Anda un poco.
¡Ponte derecha, mujer! ¡Anda!
¿Lo ve? ¡No sabe andar ni moverse!
Son mis zapatos, a ver así.
Derecha, recuérdalo.
No está mal...
- Peut etre. - ¿Sí?
¡Morales! ¡Morales!
Ven aquí.
- Mande usted, don Ángel. - Llame al esteta y a toda su trouppe.
Mais allez, allez, vite, vite!
Uy, perdón.
Señorita, va usted a pasar los modelos juveniles que hay en nuestra colección.
Pero mire, antes hay que arreglar esas uñas y ese cabello y ese "visage"...
- ¿Qué me va a arreglar? - La cara, no te preocupes.
Écoutez-moi. ¡Hay que convertir a esa pequeña salvaje en una autentica diosa!
Venga conmigo.
¡Charmante!
¡Lo que se dice "charmante"!
¿No es verdad, Rosalía?
Ah, yo estaba segura del resultado.
¡Maravilloso, maravilloso!
Ahora lo que tiene que hacer es andar para irse acostumbrando.
Pero cómo, porque yo quiero, pero los zapatos no me dejan.
Con estos tacones que parecen dos pirulís.
Me voy a dar un trastazo...
Ven. ¡Perfecto, perfecto! No deje de andar así. ¡Perfecto!
- ¿Rosalía, tout c'est en regle. - ¡Todo!
- Bon! Allez, allez! - Todo está en regla.
- ¡Morales! ¡Morales! - Mande usted, don Ángel.
- A ver... ¡Morales! - ¡Don Ángel!
Tout de suite! Tout de suite! ¡Vamos!
¡Señoras y señores!
Nuestra casa tiene el honor de presentar a ustedes su colección de verano.
A la que hemos dado el nombre de "Afrodita".
Esperamos que sea de su agrado.
A continuación vean ustedes el primer modelo titular...
Primavera.
Parece que tiembla.
Pero no son los nervios, son los tacones.
Dios quiera que no me caiga.
No se caerá. Lo que tiene que hacer es andar con esa gracia con que lo ha hecho antes.
En eso esté tranquilo, porque no puedo andar de otro modo.
- Oiga, ¿y si me quito los guantes? - ¿Para qué?
Para que se vean estas uñas tan preciosas que me han puesto
- ¡No, no! Tiene que llevarlos. - Ah, bueno.
Jeunesse.
Il podium???
La vie en rose.
Laberinto.
Detrás va usted. No se ponga nerviosa.
Me parece que el que está nervioso es usted.
¿Yo? Yo estoy como un flan.
- ¿Preparada? - Sí.
Cuidado, no se caiga.
Fuera.
Fiore di pesco.
Cidre. Je vous resteré reconnaissant???.
Gracias, don Ángel, aunque no entiendo ni jota.
Es a mi a quien debe felicitar, don Ángel, porque usted ni se habia fijado en ella.
Gracias a usted también. Merci.
Viva la maison de Ángel Cortés.
Vamos a celebrarlo con una botella de Champan.
¡Uy, que se va!
Ahora para usted. Para usted.
Yo en seguida vuelvo. Merci. Me voy a cambiar, ¿eh?
No, c'est model, c'est pour vous.
Es para usted.
- ¿Para mí este modelo? - Sí.
- ¿Y los zapatos? ¿Y la peluca? - Oui.
Claro... No, la peluca, no. Es alquilada.
Y además, tome.
- ¡500 pesetas! - Mais oui!
Quiero corresponder al servicio que nos ha prestado esta tarde.
Pero si ya me ha regalado todo esto.
No importa.
Y además desde mañana empezará a instruirse
para ser modelo de nuestra "maison".
¿No se burla, don Ángel? ¿Yo modelo?
Pero tiene que aprender a ser distinguida y elegante.
Yo le ensenaré a andar, a moverse.
De eso me ocuparé yo.
Porque usted le ensenará a dar carreras y a tropezar siempre con Morales.
Por lo pronto ayudará a las modelos durante los desfiles.
Entonces ya no tengo que cargar con la caja.
Qu'est-ce que c'est ça? No entiendo.
Que no tengo que salir a entregar.
- Ah, no. Eso. Olvídelo. - Pues claro que no.
Ahora lo que debe hacer es meritos para ser una buena modelo.
- Bonne santé. - Que aproveche. - A su salud.
Qué cerveza más buena.
Te advierto que no quiero que corra mucho
sino que funcione bien.
Ya sabes que yo soy muy prudente.
Descuida.
Mira para enfrente, macho.
¡Ahí va! ¡Pero si es Rocío!
¿Rocío? Vamos, tú estás viendo visiones.
¡Que es Rocío, mírala!
¿Pero de dónde habrá sacado ese vestido?
Quieto. Y cierra el pico Federico
que para enterarnos nos bastamos mi padre y yo.
- Buenas noches. - Se ha equivocado de piso.
¿Esta es mi hija o me la han cambiado?
- Pero padre, si soy yo. - Pero bueno...
¿Qué es lo que ha ocurrido para que vengas vestida así?
He tomado parte en un desfile.
Me van a ascender a modelo.
Este vestido es mío, estos zapatos y unas uñas postizas.
Lo único que no me han regalado es la peluca.
Mira todo lo que traigo.
Estas corbatas, estos cigarros y pasteles de crema. ¿Qué te parece?
Pero... ¿pero cómo has conseguido este supermercado?
Con 500 pesetas que me ha dado mi jefe.
A ver, mírame.
¿Pero es que no me crees?
Sí. Te creo. Sigue.
Una de estas corbatas es para Emilio.
- Elige la que más te guste. - Vamos a ver...
Pues mira, no sé qué decirte, esta tipo ensalada me gusta,
pero esta que parece una puesta de sol también es preciosa.
Las dos son muy finas.
Pues quédate con las dos.
No, no, no, no. No.
Entonces la ensalada. Es la más indicada para verano.
Desde luego, sí.
Va a parecer que se me ha parado un lagarto en el pecho.
Y a mí. ¿No me dices nada?
- Hija mía, estás guapísima! - Sabía que te iba a gustar.
Estoy más contenta.
Y yo.
Me lo tienes que contar todo.
Ahora me voy a cambiar. Esto es solo para andar por la calle.
Usted perdone, señorita. Usted perdone.
Te advierto que otra vez que os llamen, digo que no estáis.
Ya te guardarás tú muy bien.
- Desde aquí no habláis más. - Hija, cómo eres.
Pero si es que debéis de pagar vosotras el teléfono.
Cualquiera que te oyera...
- ¿Las llaman mucho? - No paran.
Hoy ha llamado la ciudad universitaria en pleno.
Incluidos los profesores. "Que si se puede poner la señorita Salomé"
"Que si pueden avisar a la señorita Diana..." y así.
- ¿Y a ti? ¿No te llaman? - Siempre están las líneas ocupadas.
- ¡No te enfades, Enriqueta! - ¡Chicas, noticia bomba!
- ¡Era Carlos! - ¿Y qué quería?
Que vayamos con él y con Fede a un guateque esta tarde.
Hace falta otra chica y vas a ser tú.
¿Y qué hago yo en un guateque?
- Lo mismo que nosotras: bailar, divertirte... - Y hacer amistades.
Y una cosa muy importante: no tienes que decir que trabajamos aquí.
- ¿Por qué? - Pero si Fede y él ya lo saben.
Pero a los chicos que dan el guateque no les importa.
Ya veréis, qué tarde vamos a pasar. Vendrán a recogernos a las 6.
Yo tengo que estar en mi casa a las 10.
Pero mujer, no te preocupes, te marchas a la hora que quieras.
¿O es que te crees que nos vamos a quedar a vivir allí?
¿Qué apuestas a que no viene?
¿Cómo no va a venir?
Es que como tu hermano es tan despistado...
- Estará en clase. - Pero si no va nunca.
A lo mejor hoy le ha dado por ir. Tranquilízate.
- ¡Hola! - ¿Cómo estás, Rafael?
¿Qué tal, Rafael, ¿qué hay?
¡Rafael!
- Hola. ¿Qué tal? - Tú como siempre, tan puntual.
Pues estoy aquí de milagro,
no me arrancaba el coche ni a tiros. Qué barbaridad.
Oye, Jaime hablaba de ir mañana a Cotos.
- ¿A cotos? Estupendo. - ¿Qué te parece?
Ah, no, ni hablar. Yo no puedo. Tengo canasta con mamá por la tarde.
¡Qué lata, siempre con mamá!
Bueno, pero entonces, ¿qué plan hacemos?
- Vamos a Somontes. - Ni hablar, nos conocen ya hasta las hormigas.
Pero no has oído a Elena que tiene canasta con mamá.
¡Hola chicos!
Qué lata de mamás, tengo unas ganas de que os quedéis huérfanas...
- A donde podemos ir es a bailar? - ¿A bailar?
Pero tú eres una insuficiente mental, Marisé.
¿Cómo dices esas bobadas?
Menos mal que no se te ha ocurrido la peregrina idea
de ir a una verbena a comer churros.
- A mí no me parece mal. - ¿Y si vamos de tascas a beber tinto?
Oh no, no, no. Nada de tascas.
Tú te vienes con Alicia y conmigo.
¿Cómo? ¿A jugar a la canasta? Ni hablar.
Yo me buscaré un plan. Con vosotros no se puede organizar nunca nada.
Sois unos tostonazos de miedo.
- Conmigo, Rafa, para que rabie esta. - Bueno, bueno...
No creas que me importa.
Ya veremos lo que decidimos.
Anda, vamos a beber algo.
¿Qué hay?
- Hola. - Hola.
¿Dónde te he visto yo antes?
¿Usted a mí?
- Por favor, háblame de tú. - Es que como no nos conocemos...
¿Y eso qué importancia tiene? Mira, yo me llamo Rafael.
Yo Rocío.
Rocío... Rocío... Pero yo estoy seguro de que nos hemos visto en otra parte.
Oye, tú veraneas en San Sebastián?
- Pues la verdad... - ¡Calla! Ya está.
Ahora recuerdo que has sido en La Molina.
- ¿En qué molina? - Sí. Tú estabas esquiando allí.
Exactamente el invierno pasado.
- Cuando usted lo dice... - ¿Lo ves? Si yo tengo una vista...
- Que Santa Lucia se la conserve. - "Te". Háblame de tú.
Como quieras. Te daré el té. Digo... te diré el tú.
- ¿Qué pasa? - Este disco es una birria.
Vaya, pues pondremos otro.
¡Un partido estupendo!
Encestó tres veces seguidas, es un fenómeno.
Elena, ven. Te presento a Rocío, la conocí en La Molina.
Es una campeona formidable.
- Muy bien. ¿Y cuál es tu especialidad? - El slalon. Me acuerdo perfectamente.
Aunque creo recordar que tiraste en la primera manga una bandera, ¿no?
Bueno, es que eso de las mangas, ya se sabe.
Y lo de las banderas... pues eso, se me enredó la manga y se fue al suelo.
Muy divertido.
¿Bailamos?
Ya estoy aquí.
- ¿Qué? ¿Quieres un Martini? - Bueno.
Verás. Te voy a preparar uno doble.
Ya sabes lo que dicen los italianos que son unos tíos estupendos.
De lo bueno poco, pero ese poco abundante.
Oye, ¿sabes que me has caído muy simpática?
Y te lo digo yo, que no vayas a creer, tengo un gusto bastante exigente.
Bah. A tu salud.
¡Caramba con el Martini!
Anda, fúmate un cigarrillo, a ver si se te pasa.
No, no. Un cigarro no.
Pues tienes cara de fumar como un carretero.
Toma. Además es muy suave.
- Eh, ¿qué te pasa? - Me río yo de la suavidad.
- A lo mejor prefieres uno negro. - Ni hablar.
Pues ven, termina del Martini y ya verás cómo en seguida se te pasa.
- Ahora me ha gustado. - Bien. Después te preparo otro.
Oye, ¿qué es tu padre?
Pues... anda con autos, sabes,
Es el dueño de una fábrica de coches.
Y tengo un hermano que también está en la fábrica.
- Es ingeniero. - Bárbaro.
Me los tienes que presentar.
Yo soy un verdadero chiflado de los coches.
Mira, ahora tengo uno de sport estupendo. Fijate.
- ¿Me das la foto? - Bueno, si la quieres.
Es que colecciono las de los coches de mis amigos.
Oye, ¿te gusta también la música moderna?
Oh, me encanta.
- ¿Sí? ¿Bailas twist? - Y madison y bossa-nova y tomoré?? y hully-gully.
- ¿Quién será esa chica? - No sé.
Parece que le gusta a tu hermano.
No digas bobadas. A Rafa sólo le gustas tú.
¿Sí? Pues ya ves el caso que me está haciendo esta tarde.
Es la novedad.
Eres una ingenua, Alicia.
Pero esto... Esto lo acabo yo.
¿No sabes todavía que está prohibido acaparar a ningún chico?
- Perdona. - Me tienes que enseñar a bailar el hully-gully.
Ahora te veo.
No sé para que habéis traído las guitarras.
Es verdad. Dejad ya tranquilo ese chisme.
- ¿Tocamos algo? - ¡El trébole! ¡Estupendo!
Todas las noches busco y no encuentro
Cuando por junio llega San Juan.
Un trébol verde de cuatro hojas
Que a mí me sirva de talismán
Trébole, alegre y brujo trébole
Quien dé contigo, trébole, podrá vivir mejor
Trébole, la suerte está en el trébole
El que te encuentre, trébole, sabrá lo que es amor.
Junto a qué rio de aguas azules o en qué montaña podrás estar
Aunque te escondas para mis ojos yo con tus ojos tendré que dar
Trébole, alegre y brujo trébole
Quien dé contigo, trébole, sabrá su porvenir
Trébole, la suerte está en el trébole
El que te encuentre, trébole, sabrá vivir feliz.
Aquí es.
Bueno, ya estás en casa.
¿Sabes que sois una pandilla muy divertida?
Lo he pasado muy bien.
Y yo. Para mí serás siempre la chica del trébol.
Oye, Rafael, he hecho muchas tonterías, ¿verdad?
Has estado estupenda. Te aseguro que nunca había encontrado una chica como tú.
Me parece que se me subieron los Martinis a la cabeza y no sé lo que hice.
Elena me habrá tomado tirria.
¿Pero por qué? Yo no tengo nada que ver con Elena.
A mí me gustan las chicas pero simplemente como amigas, ¿comprendes?
Mira, yo no puedo empezar a complicarme la vida
como hacen todos, ¡como si fuera un imbécil!
Claro.
Bastantes problemas tiene uno
con la universidad, el coche, los amigos, el tenis.
los rallies y tantas otras cosas como tiene uno que hacer.
Tienes razón. Hasta la vista, ¿eh?
- ¿Adónde vas? - A tu casa.
A que me presentes a tu padre y a tu hermano.
- Eso sí que no. - ¿Por qué?
Porque mi padre estará todavía con el taxi.
- ¿Con el taxi? - Fíjate, él llama así al coche.
Como siempre anda callejeando y apenas para la fábrica...
Tu padre tiene que ser un tío estupendo. Dame tu teléfono.
- ¿Para qué? - Para llamarte.
No, prefiero que me des el tuyo.
22-33-22. No creo que se te olvide. Con el dos delante, claro.
- ¿Me llamarás? - Sí.
- Entonces hasta la vista. - Hasta la vista, Rafael.
- ¡Rafael! - ¿Qué quieres?
Gracias por esta tarde tan maravillosa.
Bah, no seas boba. Y ya lo sabes, no dejes de llamarme.
Buenas noches, señorita. ¿A qué piso va?
Pues... al tercero.
¿A casa de quién?
Pues... a casa de... cómo se llama... Vaya, se me ha olvidado el nombre.
- ¿Don José? ¿Don Marcelo? - ¡Don José!
- No está. - Pues qué bien.
Si quiere hablar con la servidumbre o dejarme un recado...
Pues sí. Digo no.
El caso es que me han llamado urgentemente para...
para dar unos clases de inglés.
- Ah. ¿Es usted profesora? - Sí. Vengo a ensenar la lengua...
- ...al niño. - No. A don José.
- Hable con él por teléfono. - ¿Con don José?
Con el niño. Y me dijo que viniera para quedar de acuerdo con él.
En principio estaba conforme conmigo.
- ¿Don José? - No, hombre, el niño.
Y me advirtió que su padre como no...
Oiga un momento, me está usted armando un lio
que ya no se a quién le tiene que enseñar la lengua
en esto de las lecciones que usted da. ¡Si al niño o a su padre!
Bueno. Me voy porque como no está...
- ¿El niño? - Don José, que no da usted una. Hasta mañana.
Además le hemos tenido que cambiar el acelerador.
Pero te ha quedado como nueva.
Estupendo.
Lima.
Voy a limar la compuerta del gas.
¡Qué idea! ¿Te has dado cuenta, Juan?
Pero a ti, ¿qué es lo que te ocurre?
Estoy mirando por si pasa tu hermana.
Déjala. Mira, las mujeres son como las motos:
cuánto más duro eres con ellas las dominas mejor.
¿No te parece, Sixto?
Yo no entiendo más que de mecánica.
Anda.
- Toma y gracias. - Nada, hombre.
- Vamos, hala. - Hala, vámonos.
Si aceleras ya verás cómo canta la maquina.
A mí no me gusta correr mucho. Hay que tener prudencia.
Y que lo digas.
¡Mi madre, cómo va!
Y encima dice que hay que tener prudencia.
Perdona Joaquín, como te decía, hay que cambiarle a la máquina
el carburador, el plato magnético y el embrague. Sobre todo el embrague.
Pero si la acabo de comprar.
Pues por eso, macho, precisamente por eso.
Porque la acabas de comprar y hay que ponerla a punto. Anda.
¡Rocío!
¿Qué quieres? Tengo prisa.
Espera un momento.
- Hola, Rocío. - ¿Qué hay?
- Te veo muy contenta. - Pues sí.
Me alegro porque yo también lo estoy.
¿Y por qué estas contento? Dímelo.
No. Primero las damas. Dime lo que te ha pasado.
Ah, pues que ha pasado una tarde maravillosa.
He conocido una pandilla estupenda, hemos estado bailando toda la...
- Bah, eso son tonterías. - No son tonterías.
Yo sí que tengo motivos para estar contento.
- A que no adivinas lo que ha ocurrido. - ¿Qué?
- Que hemos triunfado. - ¿Que habéis triunfado quién? ¿El Madrid?
Ah, no que tú eres del Atletic.
¿Pero qué tiene que ver el Atletic en todo esto?
Hemos preparado una maquina para competición
que se van a quedar patidifusos los técnicos de la fábrica.
¿Es posible?
Nos van a nombrar concesionarios. ¿Te das cuenta, Rocío?
- Bueno, ¿y qué? - ¿Cómo que "y qué"?
Es nuestro porvenir, Rocío.
Bueno, el mío, el de Emilio, nada menos que concesionarios.
Que si te digo la verdad no sé muy bien lo que es.
Comprenderás que esto lo tenemos que celebrar.
- Yo no bebo más esta noche. - ¿Pero quién habla de beber?
Yo lo que quiero es que mañana domingo
tú y yo nos vayamos en la moto a dar un paseo.
No, Juan. Ya sabes que no me gusta ir en la moto.
Entonces, de acuerdo: iremos a la casa de campo.
- Yo no he dicho que sí. - Pero lo digo yo.
Tienes que probar la maquina conmigo.
Bueno, como quieras.
- ¿Qué te ha parecido cómo anda? - Ya veo que habéis acertado.
Te advierto que no ha sido nada fácil.
- Todo el secreto estaba en el pistón. - ¿Ah, sí?
Ha sido muy emocionante.
- Rocío... - ¿Qué?
¿Tú sabes por qué he querido que vengas conmigo
y estemos aquí los dos solos?
No sé.
Pues para oigas unas cuantas cosas que quiero decirte.
Porque en el taller y en la calle
está uno así como atontado y sin tiempo para nada.
En cambio aquí, al aire libre resulta que uno se siente inspirado.
Sigue.
¿Tú sabes qué es lo más bonito que hay en el mundo?
¿Qué?
- La saeta. - ¿Cómo dices?
La saeta, la moto. Pero no estaba bien terminada.
- ¿Ah no? - No. Tuvimos que ponerla a punto.
Por eso se han vuelto locos todos los de la fábrica.
Anoche con la prisa no te lo pude explicar
pero quizá tengamos que trasladarnos de sitio.
- ¿No te alegra saberlo? - Sí, es estupendo.
¿Era eso todo lo que me tenías que decir?
No, hay muchas más cosas.
- ¡Rocío! - ¿Qué?
¿Tú sabes lo que es un pistón?
No tengo ni idea.
- Pues te lo voy a explicar. - No hace falta que te molestes.
Déjame que te diga por lo menos cómo le hemos limado la faldilla.
¿No tienes que decirme nada más?
Pues para eso podías haber traído a Sixto o a mi hermano.
Mujer, no es igual, ellos sí lo saben,
yo pensaba que a ti te interesaría saberlo también.
Vámonos.
Espera.
Guardaba para lo último decirte que me gustaría mucho que tú y yo...
Pues eso... que saliéramos los domingos, que fuéramos al cine...
y que me gusta mucho estar contigo.
¿Para hablar de motos?
Para hablar de motos y de otras cosas.
Hoy te he hablado de motos porque no se me ocurría nada.
Porque se trata de nuestro porvenir.
Anda, vámonos a casa.
¿A casa? Yo pensaba que íbamos a ir a bailar.
Anda, te prometo que no te hablo más de motos.
A las mujeres os pasa lo mismo que a las máquinas.
Tú de carcasa no andas mal. Pero te falta reprís.
¿Y eso qué es?
Ya te lo diré luego.
Ahora pon la luz de cruce que me estás deslumbrando con estos ojazos.
No, señora. ¿Ves como no lo sabes? el pistón tiene dos válvulas.
La de admisión, y la de escape.
Vamos, repítelo.
¡Es que yo creo que no me hace falta aprender nada de eso!
Oye, Juan, prefería que siguieras hablándome de motos.
Ya de dije que tenía que decirte otras cosas.
Dime, ¿por qué has cambiado?
¿Que yo he cambiado?
A lo mejor no te has dado cuenta pero...
Desde niña, Juan.
Desde hace unos días el que está cada vez más loco eres tú.
Sí. Estoy loco por ti.
Vaya hombre. Nunca me habías hablado así.
Juan, yo lo único que quiero es pasarlo bien.
Vivir. No me interesa nada en serio. Anda.
¿De parte de quién? Un momento.
- ¡Rocío! - ¿Qué quieres?
Anda, rica, que ahora te empiezan a llamar a ti.
¿A mí? ¿Quién me llama?
Un tal Rafael.
¿Estás segura?
Tan segura como de que lo tienes ahí.
- Y por poco sí meto el remo??? - ¿Por qué?
Me preguntó si esto era la casa de la señorita Rocío.
Le dije que no.
Pero el insistió: "¿No es Avenida del Generalísimo, 93?"
Entonces pensé que era algún trapicheo tuyo.
Y le dije que esperara.
¿Pero cómo ha podido dar con este teléfono?
No lo sé.
- ¿Quién es? ¿Ah, eres tú, Rafael? - Hola Rocío.
¿Oye, quién es la que se ha puesto al teléfono?
Me ha parecido una estúpida.
Daba la impresión de que no sabe quién eres ni en qué casa vives.
Era la doncella. Es que es nueva.
Y como ha estado dos años sirviendo con los americanos
pues se ha vuelto casi idiota.
¿Pero cómo te has enterado de mi teléfono?
Me lo ha dado Fede que lo sabía por Salomé.
No quería, pero le insistí tanto que no tuvo más remedio que dármelo.
Pues no me llames más. Quedamos en que yo te llamaría a ti.
- (Date prisa) - ¿Que si juego a los bolos?
Hombre, sería el único deporte que yo no conociera.
¿Cómo? ¿Esta tarde?
No, no vengas por mí. Pues... pues porque tengo que salir.
Yo iré a la bolera, ¿eh?
Entonces no dejes de estar en la bolera esta tarde a las 6.
¿Sabes donde está? Es en la calle de Martínez Campos.
Hasta luego, Rocío.
- ¡Strike! - ¡Qué fenómeno!
Te toca a ti, Marisé.
Míralo. Siempre pendiente de ella.
Bueno. Tú estate tranquila.
Yo creo que deberíamos idear algo para que no venga más con nosotras.
En eso mismo estaba pensando.
¿Y eso es mañana?
Mañana por la tarde. Tú vienes conmigo.
Te toca a ti, Carlos.
Conviene que no seamos muchos.
Y se nos tiene que ocurrir algo divertido y difícil.
Si no, no tiene gracia.
Tenemos que eliminarla cueste lo que cueste.
Descuida.
Oye, ¿sabéis lo que podemos hacer?
Marisé y Luis serán los jueces.
A Luis se le ocurren unas cosas sensacionales.
- ¿Y qué tenemos que hacer? - Ya lo verás.
En realidad se trata de pasar un rato divertido
y hacer unos cuantos kilómetros.
Y el viernes por la noche también contamos contigo.
¿Por la noche? No voy a poder.
No puedes faltar. Tenemos baile de gala de fin de carrera.
Ah, ¿pero tú acabas este ano?
Me faltan tres cursos.
Pero no importa. Como siempre vamos toda la pandilla.
No creo que me dejen salir por la noche.
Si yo se lo pido a tu padre seguro que te dejará.
Eso sí que no.
- Yo creo que sí. - Bueno, ya veremos.
¡Rocío viene mañana con nosotros!
Eh. Escúchame un momento, Rafael.
- A Elena no le ha hecho ninguna gracia. - Pues a mí sí.
Es que desde que llegó Rocío a la pandilla no te separas de ella.
No creo que sea nada malo.
Pero antes estabas siempre con Elena.
- Incluso nuestros padres han pensado... - No sigas por favor.
Entre Elena y yo no hay nada. Como no hay nada entre Rocío y yo.
No es igual. Elena y tú sois medio novios.
¡Hombre! Eso tiene gracia, palabra.
¿Qué te pasa? ¿Por qué estás enfadada?
Esta niña que no deja a mi hermano ni a sol ni a sombra.
Hasta mañana. A las cuatro en punto.
Vete. No vayas a quedarte aquí como el otro día.
¡Estaría bueno! Hasta que no entres no me voy.
¿Con que a casa de don José?
- Buenas noches, ¿decía algo? - Escuche, jovencita.
El otro día me armó usted un barullo espantoso con don José y con su niño
y luego resultó que todo era mentira.
- Naturalmente. - Ah. ¿Y me lo dice así, con esa frescura?
Entonces, ¿a quién quería sacarle la lengua, a mí?
No tenía que sacarle la lengua a nadie sino ensenársela.
Bueno, es igual. ¿Pero se puede saber a quién?
A don Marcelo. Pero me equivocó usted.
¿A que encima voy a tener yo la culpa?
Naturalmente. Usted fue quien me armó un lío.
Ah, claro. Por eso don José me dijo
que no había avisado a nadie para dar clases.
- ¿Lo ve? - Perdone, señorita.
Le voy a poner el ascensor, ¿eh?
No, ahora es muy tarde, volveré otro día. Y no se enfade.
- No, ¡si no me enfado! Lo que pasa es que... - ¡Hasta la vista!
Oye, ¿cómo se te ha ocurrido que nos presentemos con un cerdo vivo?
Pues porque sé donde hay y ellos no.
Vi una cochiquera el otro día en el kilometro 37.
Yo creo que sería más fácil llevar un jamón o unos chorizos, ¿no?
Buenas tardes.
- Buenas. - ¿Tiene usted cerdos?
Como tener tener, sí que tengo.
Pues venimos a comprarle uno.
Hogaño van muy caros y además... además no se venden.
¿Por qué?
Porque los gorrinos, mejorando lo presente, los tengo desapartados pa un matarif.
- Hombre, pero por uno... - ¡Ni uno ni ninguno!
Que no se venden.
Quieto, Barrabás.
- Bonito perro, ¿eh? - Sí, muy majo. Es un langaruto.
¿Cómo ha dicho?
También tenía un jateo y un perseguidor, pero se me los llevó el moquillo.
Pues es mono.
Sí, muy mono, pero no os acerquéis que tiene malas pulgas.
- Ya se ve, ya. - No, no se ve, no.
De aquí a un rato ya se irán notando. Desde allí saltan.
No me diga.
Sí, vaya si se lo digo. Cuando tenga que rascarse las costillas con una roca.
Bueno, volviendo a lo del cerdo...
Que no se vendo, hombre, que no.
Pues vamos a hacer una cosa.
Me presta usted uno y se lo devuelvo dentro de un rato.
- Le doy 20 duros. - ¿Eh? No señor.
- Se gana usted 20 duros. - Y pierdo un gorrino.
El otro día vinieron unos maleantes así como ustedes
y a poco me llevan uno con la misma treta.
Está bien, está bien.
Le voy a explicar. Se trata solo de una puesta.
Tenemos que llevar un cerdo ahí al lado. Al castillo de Manzanares el Real.
Nosotros ganamos la puesta y usted un billete.
¿Y usted que cree que yo soy tonto?
Que no, que es verdad. Que es verdad.
- ¿Que es verdad? - Sí.
Bueno. Trato hecho. Pero les voy a advertir una cosa.
Yo voy a estar en la carretera con una escopeta
Y como no me lo vuelvan les meto una perdigonada en la cabeza.
- Cuidado, que lo advierto. - De acuerdo, de acuerdo.
Tranquilo, pintado, que no vas en un 600, que vas en un coche de lujo.
Vas a estar el coche oliendo un mes a cerdo.
Oye, ¿a ti no te pica?
Un poco. Pero debe ser aprensión.
Yo creo que son unas pulgas como garbanzos.
Ya hemos llegado.
- ¿Ah sí? - Ahora tenemos que ver a Luis.
- Ya estamos aquí. - Hola.
- Habéis llegado los primeros. - ¿Y ahora qué?
Mira, a ver si te gusta.
Hay que llevar al mesón al primer paleto que encontréis en la carretera.
- El que pierda paga allí la merienda. - ¡Hombre! Eso tiene gracia.
- Pues hala que ahí vienen los otros. - Toma.
Pero hombre, ¿para que me das a mí este bicho?
- Quédate con tu hermanito. - ¿Mi hermanito? A lo mejor.
- ¿Qué te pasa? - Nada, es nervioso.
¡Hola chicos! No había cerdos pero aquí tenéis este bicho asqueroso.
Ahora vamos a ir a buscar al paleto.
- No, Rafael. - Tenemos que ganar la puesta.
Verás como tiene gracia.
No. No tiene ninguna.
No se puede uno divertir a costa de los otros.
Además tú eres un buen chico, lo debes comprender.
Pero si es una tontería.
Será lo que tú quieras pero yo no hago eso.
Bueno, está bien. Como tú quieras.
Camino, camino, camino
Camino de la felicidad.
Cantando, cantando, cantando
Cantando te vengo yo a buscar.
Contigo, contigo, contigo
Contigo me tengo que encontrar.
Por este camino, camino
Camino de la felicidad.
Será un camino negro
Será, será un camino azul
Será al iluminarse igual que un arcoiris
cuando aparezcas tú cuando me quieras tú
Por eso amor, amor, amor, camino
Camino de la felicidad
Cantando, cantando, cantando
Cantando te vengo yo a buscar
- ¿Qué pasa? - Que esto no marcha.
Pero no importa. Yo me las sé todas.
Ojalá no sea nada, se va a ser de noche y cuando lleguemos al mesón...
No te preocupes. A lo mejor no vamos.
Qué bonito está el campo.
Fíjate, Rafael, qué tarde tan preciosa. Qué paz.
¿Por qué me miras?
Oye, ¿nunca habías estado así en el campo sola con un chico?
Con un chico como tú no.
Bueno, en realidad no salgo con nadie.
Entonces yo soy el primero que...
¿El primero qué?
Rocío, si yo te dijera que te quiero ¿qué me responderías?
Que no te creo.
¿Por qué?
Porque una cosa es correr con un coche
y otra pretender que todo vaya tan deprisa.
El amor no es como una carrera, Rafael.
Bueno, a lo mejor no me he expresado bien.
Mira, tal vez lo que pasa es que me gustas.
Eso es peor. No has debido decírmelo.
¿Por qué?
Pues no sé. Porque no es el momento oportuno.
Perdóname.
Nunca creí que estas cosas fueran tan complicadas.
No tiene importancia.
¿Entonces tú crees que si yo insistiera me darías calabazas?
Desde luego.
Bueno.
Tampoco es cuestión de pegarse un pistoletazo
ni de hacer aquellas cursiladas increíbles
que hacían nuestros abuelos los románticos.
Eran cursis, ¿verdad?
Eran de risa.
Figúrate. Siempre hablando de amor a las chicas a la luz de la luna,
haciéndoles versos, mandándoles ramos de flores,
y pidiéndoles mechones de pelo que guardaban en los bolsillos de la levita.
Verdaderamente eran de chiste.
Qué asco, ¿no?
Debe ser el carburador.
¿Qué decías?
Que debían ser un asco los románticos aquellos.
Figúrate. Sin bañarse, sin tomar el aire ni el sol
sin hacer deportes.
Bueno, pero eso de los versos y las flores era bonito.
Desengáñate, nuestra época es mejor.
Y muchísimo más sana.
Aquellos pobrecillos no eran más que unos deficientes mentales.
No es preferible decir a una chica apenas la has conocido "¡hala!"
"¡Vamos de tascas!"
No se puede comparar, claro.
¿No es mejor andarse sin tapujos ni hipocresías como antes?
Desde luego.
El carburador está bien. Debe ser el delco.
¿Qué decías?
Que de todas maneras no sé quién tendría razón.
Si los tíos aquellos de las levitas o vosotros.
A que va a ser el condensador.
Será el pistón. No le habrás limado la faldilla.
- ¿Qué estás diciendo? - No, nada.
Oye, ¿y si este cable lo enchufamos aquí?
Ya está.
¿Pero como demonios se te ha ocurrido hacer esto?
Ya lo ves.
- ¿Qué pasa? - No puedo más. Me tienen frita las dichosas pulgas.
Anda, que a mí. Tengo el cuerpo como un jarrón de talavera.
Vámonos.
¿Irnos? Ahora que se está tan bien aquí.
¿Pero cómo puedes decir que se está bien aquí
cuando se la están comiendo a una viva? Anda, anda.
Os apuesto algo a que no viene.
Tiene razón Juan.
Rocío ha cambiado mucho aunque ella misma no se haya dado cuenta.
¿Ensayamos? Vamos a esperar un poco.
Es que aun no hemos probado las guitarras.
Ya las han probado en la tienda.
- ¿Qué hay? ¿No ha venido Rocío? - No, no. Ya ves.
Vaya, hombre. Hemos prosperado, ¿eh?
¿De dónde habéis sacado esto?
Las hemos comprado a plazos. Ya verás como suenan.
¿Qué pasa?
Un momento, un momento, que ha llegado el técnico.
Aquí el que sabe de esto soy yo. Vamos a ver.
No sé. Antes funcionaba.
Ay, madre, ¡me ha achicharrado la mano!
- ¿Y ahora qué hacemos? - ¡Abrid la puerta para que entre un poco de luz!
¡Que me has metido el dedo en un ojo!
¿Pero dónde demonios está la puerta?
- Aquí, yo abro. - ¡Abre!
Bueno, yo me marcho, ¿eh?
Y conste que lo siento.
No te asustes que soy yo.
¿Qué pasa que está todo el barrio a oscuras?
Los Espaciales que se han comprado unas guitarras eléctricas
y al enchufarlas se ha ido la luz.
- ¿De dónde vienes? - ¡Anda! Del campo.
Hemos ido al pueblo de Manzanares.
¡Desde luego teniendo coche se puede hacer tantas cosas!
¿Ah sí?
Salgo con unos amigos muy divertidos.
Me he acordado de ti. Lo hemos pasado tan bien...
Yo no necesito pandilla para divertirme.
Oye, no vayas a empezar a...
Yo no empiezo nada ni te he preguntado nada.
Eres tú la que me estás hablando de una serie de cosas que no me importan.
Pero aunque no me importa quiero que sepas que no me gusta cómo vas vestida.
¿Ah no? Pues no sé si sabrás que he tenido un éxito bárbaro.
"Un éxito bárbaro".
¿Así es como hablan esos amigos tuyos que tienen coche?
¿Pero qué te pasa, Juan?
A mí no me pasa nada.
¡A la que le están pasando cosas muy extrañas sin que se dé cuenta es a ti!
Mira, Rocío, yo sé que no tengo ningún derecho pero...
Supongo que no me irás a echar un sermón.
No. No te preocupes.
No pienso darte más la lata.
Me trae sin cuidado lo que hagáis tú y tus amigos.
Ah, y si mañana me ves con faldas no te extrañes.
Los pantalones los dejo para ti.
Pues vas a estar precioso.
- Perdón. - A ver si miramos.
- Hola, padre. - Hola, hija.
- ¿Qué pasa con la luz? - Se ve que han enchufado otra vez las guitarras.
- ¿Cómo? - No, nada.
Oye, rica, ¿sabes la hora que es?
Sí. Me he retrasado porque me encontré a Juan en la calle y he estado hablando con él.
No me importa que salgas con esos chicos nuevos de los que no dejas de hablarme
ni que te diviertas, pero tienes que estar antes en casa.
¿No me dices nada?
Ya sé que he llegado tarde y que no tienes la cena preparada
pero yo te prometo que no pasará mas.
Oye, ¿qué es lo que te traes entre manos?
Nada.
Que tengo que pedirte permiso para una cosa y no me atrevo.
- Me lo concedes, ¿sí o no? - Depende.
- ¿Sí o no? - Si no es nada malo, sí.
Entonces ya está.
El viernes por la noche iré a una fiesta que me han invitado.
- Un momento. - Mira, verás.
Será una fiesta maravillosa. En un gran hotel.
Con luces, trajes, música...
No tienes que preocuparte, voy con unos amigos.
Un grupo de chicas y chicos.
También vendrán sus padres.
Y a las 12 como en el cuento de la Cenicienta estaré otra vez aquí.
Esperándote. Porque tú llegarás más tarde que yo.
Y te oiré abrir la puerta como todas las noches.
No seas mentirosa, no me oyes nunca cuando llego.
Si no te oigo te aseguro que muchas noches lo sueño.
¿Qué habéis decidido?
Que le vamos a decir lo que pasa a Rosalía.
Eso es lo mejor. Seguro que nos ayuda.
Y si no, robamos un vestido. Con ponerlo mañana en su sitio...
¿Qué es lo que estáis discutiendo?
Habéis estado todo el día tramando algo.
Qué va. No, señora.
Diga usted que sí. Hablemos claro.
¿Qué sucede?
Que Rocío tiene que ir esta noche a un baile de gala
y necesita un vestido de noche.
¿Bueno y qué? ¿Qué queréis decir?
Que usted nos puede ayudar.
- ¿Yo? No sé cómo. - Dejándole un modelo.
Pero bueno, ¡es que os habéis vuelto locas!
Pero si nadie se va a enterar.
Ya hablaremos luego.
Ya está en el bote.
Te lo dije, la conozco muy bien.
Entonces, vosotras creéis que...
Pues está hecho, no te preocupes.
- Eso para ella es fácil. - Sí.
Sí, solo necesita un ligero retoque. Yo creo que le sienta muy bien
¿Podían enviarlo esta misma tarde?
- Sí, señora. - Gracias.
- ¿Qué hacéis aquí? - Cuándo elegimos el modelo.
Cuántas veces tengo que deciros
que a don Ángel no le gusta que estéis en el salón.
Tú llévate este vestido. Luego hablaremos.
Perdone.
¿Conoce usted a esa señorita que lleva mi vestido?
Claro que la conozco. Trabaja en el taller de la casa.
- ¿Está usted segura? - Segurísima.
- ¿Cómo se llama? - Rocío.
Pues me he confundido. Pero no tiene importancia.
Ay, estás maravillosa.
Esto me recuerda la primera vez que fui a un baile de gala.
¡Qué emocionada estaba! Ya hace tiempo de esto.
¿Cuántos años, señorita Rosalía?
No seas curiosa, eso no se pregunta.
- Estate quieta. - Un momento.
Pero si ya está. ¿Usted cree que tendré éxito?
- A medias. - ¿Cómo a medias?
Pues yo creo que te admirarán los chicos
pero te envidiarán ellas.
Entonces un éxito completo.
Voy a mirarme al espejo.
¿Pero a dónde vas, Rocío? El taxi te está esperando.
Vamos chicas, se ha hecho un poco tarde.
Canto para ti, para mí, por los dos
Canto soy feliz, pienso en ti, ven a mí
Nace la ilusión de sentir el amor
Con un resplandor que ilumina mi ser
Mi canción de amor llegará junto al mar
Juntos hablaremos del agua y la luna
Cerca las estrellas te veré
Y los cielos se abrirán
Resplandecerá la luz del sol Para allí los dos soñar
Gracias.
Buenas noches, señorita.
Buenas noches.
Pase, la está esperando don Marcelo.
¿Don Marcelo?
Claro. Nada más irse usted la otra noche llego él.
Le dije que había venido a lo de las clases y se enfadó mucho.
- Verá usted... - Me dijo que por qué no había subido.
Búrlese de mí. Me lo merezco.
¿Burlarme yo? Entre, le pondré el ascensor.
De sobra sabe que lo de don Marcelo es mentira.
- ¿Y por qué me mintió? - No sé. Yo...
Lo comprendí la segunda vez que la ví en aquel coche con el chico.
- Me figuro que le dijo que vive usted aquí. - Sí, señor.
¿Y por qué no tuvo confianza en mí?
- ¿Va a venir a recogerla? - Sí.
¿Y qué hace en la puerta? ¡Vamos, pase! ¡Pase!
- Pase que me parece que ya está ahí, - Pero...
¡Pase y entre en la portería!
- Buenas noches. - Buenas noches.
¿La señorita Rocío?
Sí, señor. Me ordenó que le avisara cuando usted viniera.
Tenga la bondad de esperar un momento.
- Muchas gracias. - De nada, señor.
No está mal.
Por favor.
Adiós, buenas noches.
- Hola, Rocío. - Hola.
Esta es la noche más feliz de mi vida.
Aunque no lo creas nunca había venido a una fiesta como esta.
Todo me parece un sueño.
Tú sí que eres un sueño, Rocío.
Recuerda que está prohibido decir esas cosas.
Tienes razón. Sería una cursilada si no se tratara de ti.
Cuidado, que viene la modistilla.
- Hola, chicas. - Ah.
Seguramente estabais hablando mal de alguien, ¿no?
¿Por qué lo sabes?
- ¿Te diviertes? - Muchísimo.
Es muy divertido todo lo que está pasando esta noche.
Llevas un traje francamente precioso.
- ¿Te gusta? - Me encanta.
El tuyo también es muy bonito.
Gracias. ¿Cuál es tu modista?
Pues...
- Se ve que es un secreto. - Pues nos lo tienes que decir.
Yo no estoy a gusto con mi modista.
Ah, eso se arregla muy fácilmente.
Uno de estos días, Rocío te llevará a la suya, ¿verdad?
Sí, sí, claro.
Bueno, basta ya. No hemos venido aquí para hablar de esas tonterías.
Vamos a tomar una copa.
¿Queréis que brindemos?
Por qué brindamos?
Por que siempre seamos tan felices como ahora.
- ¿No os parece un buen brindis? - Estupendo.
Oy, perdona.
Vaya, bueno, no te preocupes, esto trae suerte.
- ¡Rafael! - Voy. Perdonadme.
Voy al tocador.
Qué lástima. Un vestido tan precioso.
Qué disgusto se habrá usted llevado.
El disgusto va a ser mañana.
Tenga y gracias.
- ¿Ya te has limpiado el vestido? - Sí, no ha sido nada.
Lo estas pasando muy bien esta noche, ¿verdad, Rocío?
Estupendamente. Pero no puedo más. Tu hermano es incansable.
- ¿Por qué le has engañado? - ¿Qué?
Sí, ¿por qué nos has engañado a todos?
No tienes ya necesidad de fingir.
Sabemos quién eres. Y el sitio donde trabajas.
Lo que no sabemos todavía es dónde vives.
Y si te llamas verdaderamente Rocío, o si también esto te lo has inventado.
A lo mejor a mi hermano le ha dicho la verdad.
¿Por qué no te dedicas al teatro?
Has interpretando maravillosamente tu papel.
¿Tenéis que decirme alguna cosa más?
Sí. Debes olvidarte de Rafael.
Desde que tú has entrado en nuestro grupo
no has hecho nada más que alejarlo de mí.
No sé. Yo pensé que todos éramos amigos.
Rafael es mi novio.
Todo puede arreglarse amigablemente. Creo que será lo mejor para ti.
Nosotras guardaremos tu secreto y tú no vuelves más a nuestra pandilla.
Conozco a mi hermano y sé que no le iba a ser gracia que te hayas burlado de él.
Podéis estar tranquilas.
No veré más a Rafael ni a vosotras tampoco.
Elena y mi hermano son novios hace mucho tiempo.
- Nuestros padres son amigos. - El que nos hayas engañado es lo de menos.
Yo quiero mucho a Rafael
y te quedaré muy agradecida por lo que hagas por mí.
Ya me habéis pagado bastante.
con haber sido amigas mías durante todo este tiempo.
- ¿Y Rocío? - Se marchó.
Dijo que no se encontraba bien.
¿Adónde vas? ¿Qué te pasa?
Déjame, Rafael.
¿Pero cómo te voy a dejar precisamente ahora que empezábamos a divertirnos?
¿Te sientes mal?
Me ha dicho Elena que...
Por favor, Rafael, no insistas.
¿Me quieres decir qué te pasa?
Te han dicho alguna cosa que te ha molestado, ¿verdad?
No ha pasado nada. Es que no me encuentro bien.
Entonces te llevaré a casa.
No. No hace falta. Me iré en un taxi.
Tu taxi es mi coche. Y tu chófer soy yo.
¿Tan mal lo hago? ¿O es que quieres despedirme?
Espera. Voy por el coche.
¿Dónde vamos?
Ya hemos llegado.
Sabias que vivía aquí.
Desde el segundo día. Me lo dijo Fede.
¿Por qué me has engañado?
Bueno, realmente nos hemos engañado los dos.
Todo era tan divertido que quise seguir la broma hasta el final.
Y el final es esta noche.
De acuerdo.
Desde ahora no tendrás que mentir.
Mañana te iré a buscar a la tienda de modas.
¿A qué hora?
No. No vengas a buscarme más, Rafael.
¿Pero por qué?
¿Por qué dices eso?
Todo ha sido un sueño maravilloso. Pero los sueños terminan siempre.
- Espera, Rocío. Debo decirte una cosa. - No, calla.
Me gustaría que a pesar de todo conservaras un buen recuerdo mío.
De la chica del trébol.
Aunque ese trébol no debía de ser de cuatro hojas.
- No nos trajo la suerte. - A mí no me importa.
Mira, ese es el coche de mi padre.
En aquel taller trabaja mi hermano.
Este es mi barrio.
Hasta que te conocí a ti casí nunca había salido de él.
No me importa nada.
Pero a mí sí.
¡Rocío!
Rocío, te llamaré mañana por la tarde.
Te dirán que no estoy.
¡Pues iré a buscarte!
No lo hagas, Rafael. Ni mañana ni nunca.
Adiós.
Buenas noches.
Buenas noches.
Soy el padre de Rocío. La estaba esperando.
Ha subido ahora mismo.
Ya lo sé. La he visto desde allí enfrente.
- ¿Un cigarrillo? - Gracias.
Quisiera hablar con usted.
- ¿No le importa? - No, señor.
Por favor.
Aquí estaremos mejor.
- Pase, por favor. - Gracias.
Buenas noches, don Andrés, ¿qué va a tomar?
Un café solo.
Supongo que aquí no tendrán wiski pero si quiere una copa de otra cosa...
No, señor, muchas gracias.
- Póngame otro café. - Sí, señor.
¿Qué quiere decirme?
Quería hablarle de Rocío.
Yo le aseguro a usted que...
No asegure nada.
Usted va a decirme que viene con buena intención,
que la quiere, que no le importa quién es...
No, no me importa nada. Se lo juro.
Ahora puede que sea así, no lo dudo.
¿Pero tiene usted la completa seguridad de que siempre pensará lo mismo?
Yo creo que sí.
Se equivoca.
Antes o después se arrepentiría. Y su familia también.
Compréndalo.
Ustedes pertenecen a otro mundo.
En él hay cientos de chicas con las que usted puede ser feliz.
Deje a Rocío.
Se lo ruego.
- Pero es que yo quiero... - Se lo suplico.
Déjela.
- Perdóneme. - ¿Perdonarle?
No tengo que perdonarle nada.
Al contrario. Tengo que darle las gracias.
¿Las gracias? ¿Por qué?
Porque ha hecho usted feliz a mi hija durante unos días.
Además son ustedes muy jóvenes y tienen muchos años por delante.
¿Me promete que no la volverá a ver?
No puedo prometerle nada.
Yo quiero a Rocío.
Piénselo. ¡Julián!
- Me permite que... - Déjelo. Otro día.
¿Qué? ¿Te has divertido?
Sí, pero he estado bailando toda la noche y estoy muy cansada.
Cuéntame todo lo que ha pasado.
Nada.
¿Por qué lloras?
No lloro.
Sí. Estas llorando.
Anda, ten confianza en mí.
¿Qué te pasa?
Te digo que no es nada.
No hace falta que hables. Yo estoy seguro de que no es nada grave.
Aún eres muy niña.
Y aunque esta noche creas que se te hunde el mundo
mañana lo verás todo distinto.
He mentido a mis amigos.
Les he mentido a todos.
Ellos no sabían que vivía aquí, no sabían que trabajaba.
¿No puedes comprenderlo?
Claro. Ya lo creo que lo comprendo.
Hace mucho tiempo me contaron una historia que no he olvidado nunca.
Era la historia de una caja donde estaban encerradas todas las desgracias
y la esperanza.
Alguien la abrió y las desgracias se extendieron por el mundo.
Solo quedó encerrada dentro de la caja la esperanza.
Lo que no decía la historia
es que uno no debe conformarse.
Hay que volver a abrir la caja para que pueda salir también la esperanza.
Aunque para ello haga falta romperse las uñas.
Aunque las unas sean postizas.
Aunque sean así.
Ahora a dormir.
Yo tampoco olvidaré nunca esa historia.
Eso está bien. Así me gusta.
Ya sabía yo que estabas.
- ¿Por qué has venido? - Porque quería verte.
Ya te dije anoche que vendría.
Recuerda que anoche te dije que no...
A pesar de lo que me dijiste anoche tú sigues siendo la misma para mí.
- Ya no. - Claro que sí.
- ¡Vamos! - ¿Adónde?
A bailar, a divertirnos. Donde a ti te apetezca.
Pero no quiero verte triste.
Me gusta cuando ríes.
Debes de ser la de siempre. En el fondo lo único que ha ocurrido es que...
que no tenemos por qué continuar mintiendo.
Ahora sonríe.
Para que yo sea feliz.
No tienes arreglo, Rafael.
Anda, vamos a bailar, hay que celebrarlo con champán.
Y si se te mancha el vestido no te disgustes.
No. Vamos a ir a otro sitio.
Quiero que conozcas a todos mis amigos.
¿Para qué?
Pues para eso... Para que los conozcas.
- ¿No he conocido yo a los tuyos? - Como tú quieras.
- Hola Rocío. - Hola, qué hay.
¡Hola Rocío! ¡Hola Rocío!
- ¿Te gusta? - No está mal.
¿Dónde podemos tomar una copa?
Ven conmigo.
- ¿Eh? ¿Qué te parece? - Hola Juan.
- Pues tienes razón, macho. - Un amigo mío.
Mi hermano, Sixto, os presento a Rafael.
Hola.
¿Qué hay, cómo estás?
Bueno, yo me voy a ir a bailar.
- Vámonos, Tere. - Vámonos, bueno.
- ¿Qué quieres tomar? - Una coca-cola.
Una coca-cola y un cubalibre.
Hay un ambiente muy divertido.
Este es el baile del barrio. Aquí venimos todos los sábados y domingos.
Juan, ¿quieres bailar?
¿Por qué has querido bailar conmigo?
No sé. Porque tenía ganas de verte.
¿Has regañado con él?
No. Porque además eso no me importa ahora.
Mira, Rocío, te conozco hace mucho tiempo y tú no puedes engañarme.
Dime, ¿qué es lo que te pasa?
Sigue bailando. No me pasa nada.
Te advierto que tengo unas ganas de pegarme con alguien.
Pues no pienses en eso y baila mejor que lo haces bastante mal.
Venga, más rápido.
¿Qué te pasa? Estás muy serio.
Nada. Lo estoy pasando estupendamente.
No me gusta verte así. Tú eres muy alegre.
Anda, sonríe.
Más. Así. Ahora eres el mismo de siempre.
Ven, Rocío. En cuanto te hemos visto hemos preparado un número para ti.
¿Me das fuego?
Con tantos extranjeros como pasan por Madrid
Te dicen cada cosa que tú ni te enteras qué quieren decir.
Unos dicen "I love you, I love you, I love you".
Que no suena mal.
Otros dicen "my darling, my darling, my darling"
O "baby" y nada más.
Los piropos extranjeros yo no sé lo que dirán
Y por eso yo prefiero
Los barriobajeros que hacen suspirar.
Los piropos de mi barrio son muy castizos,
Huelen como los nardos
Tienen hechizos
Los piropos de mi barrio son muy sinceros
Cuando te dicen "guapa,
Cuánto te quiero"
"Con una de tus pestañas,
Hija de mi alma, he de ahorcarme yo"
Los piropos de mi barrio de mi barrio alegre
De mi viejo barrio
Los piropos de mi barrio los guardo en mi corazón.
- ¿Se ha marchado tu amigo? - Sí. ¿Me acompañas?
Adiós.
¿No quieres venir conmigo?
- ¿Para qué? - Pues...No lo sé.
Tú nunca sabes nada.
Vienes al baile con un chico y lo dejas plantado para sacarme a bailar a mí.
Qué mal bailas, Juan, eres un desastre.
Ah, encima soy un desastre.
Mira, Rocío, estoy harto de aguantarte cosas.
No chilles hombre, se van a creer que estamos regañando.
Aunque no te lo creas he venido esta tarde porque tenia ganas de verte.
Claro. Y por eso has venido con él.
No es eso. He venido con él por otra cosa.
- ¿Decías algo? - ¿Yo? Nada.
A ti lo que te pasa es que te falta un tornillo.
Vaya, hombre, ahora me he quedado sin tabaco.
- ¿Pero adónde vas? - A casa.
¿Ves cómo te falta un tornillo?
¿Pero no íbamos para allá?
- ¿Qué haces? - No ves, que no tengo tabaco.
¿Y eso es lo único que te importa?
A ti es a la que no te importa nada de lo mío.
Me importa mucho, Juan.
Eres mi único amigo.
¿Pero no te das cuenta de que yo no quiero ser amigo tuyo?
- ¿Ah, no? - No.
¿Te digo lo que quiero ser?
¿Tú no has soñado nunca, Juan?
No. Llego a casa tan cansado que nunca tengo tiempo.
Yo he estado soñando durante muchos días.
Pues yo no he tenido más que pesadillas.
¿Con la saeta?
¡Me importa un pepino la moto y Sixto y tu hermano y todo el mundo!
¡Juan!
A mí lo único que me importa eres tú.
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