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¡Venga, muévete! ¡Venga, vamos!
Atrápame, Tell. Venga, ven.
Venga...
¡Por fin!
Venga, ven.
Atrápame, corre. ¡Venga!
Ven, atrápame. Atrápame si puedes.
Sube por la escalera.
Eres un gallina. Eres un baldado, Tell.
Ahora me tiro y te cojo.
¡Hopla!
¡Viejo perrito, mi Tell!
Sí, sí. Eres perrito viejo.
Sólo le levantas la voz a tu mujer.
¡Así se portan los canallas!
¿Qué haces? ¿Me levantas la mano? ¡Sí, pégame, a qué esperas!
- ¡Cállate! - No me hables así.
¡Ya vale!
Yo soy la criada, la ignorante... La que no sabe educar al niño, ¿no?
¿Quién te pidió que te casaras conmigo?
Cometí el error de suponer que eras una mujer inteligente.
¡Ya, y no soy inteligente!
Tienes una amante, vuelves a casa cuando te da la gana y yo no digo nada...
Malgastas el dinero y me callo.
Pero, ¿por qué quieres meter interno a Luciano en un colegio?
¿Por qué me lo quieres quitar?
¡Sólo sabes hacerte la mártir! Primero gritas, luego lloras...
No quiero que Luciano viva en este ambiente.
Si lo meto interno es por su bien.
Nunca hemos hablado de un colegio. ¡Ni siquiera sabe lo que es!
- No me interesa. - Espera por lo menos al año que viene.
¿Por qué te lo llevas ahora?
¿Quieres que tenga un hijo que me odie por tu culpa?
Irá al colegio ya, aunque haya empezado el curso.
- Ve a buscarlo cuando quieras. - No, ¿qué...?
No hay nada que hablar. Hará lo que yo diga y se acabó.
Y deja de llorar.
¡Te he dicho que basta!
PÁGINAS CERRADAS
A Valerio Zurlini, éstas mis páginas cerradas
Bueno, ya estoy con usted.
Disculpe, pero si supiera los dolores de cabeza que da tirar un tabique.
Albañiles por todas partes, desorden, confusión...
¿Ya ha visto la nueva capilla del instituto?
No, padre. Acabamos de llegar.
Hace poco que hemos empezado a realizar los cambios.
Y sólo el Señor sabe dónde acabaremos a este ritmo.
Millones, ¿sabe? ¡Millones!
Vamos a dejarlo.
Por su situación, no hay ninguna dificultad.
- Gracias, padre. - ¿Y este chico tan callado?
Ponte recto.
¿No estás contento de estar aquí?
Sí.
Mamá vendrá pronto a buscarte.
Algunas veces vendrá ella y en cuanto pueda, vendré yo.
¿Entiendes que no podemos hacer otra cosa?
Sí, lo entiendo.
- ¿Me mandarás los tebeos? - Claro.
- ¿Todas las semanas? - Sí. Se lo diré a mamá.
Adiós, jovencito. Pórtate bien.
Ah, ¿estás aquí? Ven, acércate.
Venga, sin miedo.
A ver dónde podemos ponerte.
Por ahora, tendrás un sitio provisional, porque todos los demás están ocupados.
- Eres Luciano, ¿verdad? - Sí.
¡A ver, silencio!
Chicos, os presento a Luciano.
Ve, ve allí al fondo.
Hola.
No tienes cuadernos, ¿no?
Ponte de pie.
No, no tengo.
Dentro de cinco minutos será el recreo.
Iremos juntos a la papelería y te daremos lo que necesites.
Siéntate.
Riccardo... ¡Eh, Riccardo!
¿Has visto al nuevo? Dale los buenos días.
Pequeño... ¡Pstch, pequeño!
¡Bobo!
- Padre. - Sí, ¿qué quieres?
Este chico me ha hecho burla.
¡Dios mío, me desmayo!
...y no sabía por dónde empezar.
Y entonces empieza a hacerse el listo.
Ella le dice que espere y empieza a desnudarse.
¡Largo!
Ella se quita el pelo y se queda pelona.
A él le da un pasmo y se sienta en una silla con los ojos desorbitados.
Llevaba peluca, los ojos de vidrio y las tetas de goma, y va y dice...
- Sí, sí, luego te veo. - ¡Adiós!
¿No has cogido el bocadillo?
No, no tengo hambre.
¿Por qué has dicho que Riccardo te había hecho burla?
Porque era verdad.
Todo el mundo se ha reído de ti.
Pues no había nada de qué reírse.
¡Danilo, ven a jugar! ¡Deja a ése!
¡Se va a acabar el recreo!
¿Vienes a jugar un partido?
No me gusta jugar al balón.
...que estás en los cielos, santificado sea tu nombre...
Venga a nosotros tu reino...
Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
Y perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal.
Amén.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo...
Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
Un momento de recogimiento, para el examen de conciencia.
- "Kyrie eleison". - "Kyrie eleison".
- "Kyrie eleison". - "Christe eleison".
- "Kyrie eleison". - ¡"Christe eleison"!
"Christe, exaudi nos".
- "Miserere nobis". - "Christe, exaudi nos".
- "Miserere nobis". - "Spiritus Sancte, Deus".
- "Fili redemptor". - "Miserere nobis".
- Ah, sí. - "Miserere nobis".
"Miserere nobis".
- "Miserere nobis". - Es muy fácil. Basta seguir al resto.
- "Sancta Trinitas, unus Deus". - "Miserere nobis".
- "Miserere nobis". - Es música... Tan-ta-ta.
- "Ora pro nobis". - Tan-tarata-ta.
"Ora pro nobis".
- "Sancta Virgo virginum". - "Ora pro nobis".
Hala, siéntate aquí, que son todos de primaria.
Pásame el plato, anda. Si no, esta noche no cenas.
No, gracias. Ya me sirvo yo.
¡Cuántos cumplidos con esta agua sucia!
Y eso que no sabes lo que hay de segundo. ¡Ya verás qué divertido!
- Cállate, gordinflas. - Ten cuidado, animal.
¿De dónde eres?
- De Teglio. - ¿Dónde está eso? ¿En Calabria?
Tienes la gracia en el culo.
El padre Ottavio lo ha oído. Atención al drama.
Tú, levántate y sal del comedor.
Si quieres ir con él, sólo tienes que levantarte.
- No, padre, no. - Deja eso.
¿Por qué?
No hay porqué. Deja eso y sal.
- ¿Qué tal? - Bien.
Ahora le hace una pedorreta, verás.
Venga.
- ¡¿Quieres jugar, Danilo?! - ¡Las manos quietas!
Señores, a la cama. Voy a apagar.
¡Un momento, padre! Un momento.
¿Alguien quiere salir al pasillo?
Venga, tú, ¿a qué esperas? A la cama.
No hay noche que pueda terminar un tebeo.
Claro... ¡Buff!
¡Mainardi! ¡De Munari!
¡Venid aquí inmediatamente!
¿Quién os ha dicho que podíais entrar en el campo?
¡Vamos, a la carrera!
¡Rápido, rápido! ¡Vamos!
¿Queréis acabar castigados?
¡Fuera!
Venga, vamos.
Mira, mira cómo fuma.
Ya verás... Prefiere asfixiarse a que el cura le descubra.
Pásame uno, Rosario. Si no, grito, ¿vale?
Cállate, asqueroso. Ahora te lo doy.
Así no, que me quemas.
Pero me lo pagas, eh.
- ¿Quieres? - No, no.
¿Nos vamos acostumbrando?
¿A qué?
Siempre estás igual. Haces como que no te enteras de nada.
Enterarme, ¿de qué?
Te pregunto que si te acostumbras al colegio.
- Hace ya casi una semana que estás aquí. - No me he acostumbrado.
¿Y por qué no?
No lo sé.
Daos prisa, que aquí no se puede respirar.
Padre, o hacemos Italia o morimos, como dijo Garibaldi.
Para ya.
Venga, coged el agua de uno en uno.
Tú, no te hagas el gracioso.
- Adelante. - ¿Has visto que los han cambiado?
- ¿Adónde habrán tirado los rotos? - Ahora comerán en ellos los cerdos.
Ni ésos, si te has lavado tú los pies.
¡Venga, moveos!
Intentad lavaros los pies en silencio, por favor.
Me gustaría no asfixiarme aquí, si es posible.
¡Qué peste!
¡Apestoso!
¡Le vas a meter el pie en las narices a tu madre, cerdo!
¿Has visto el sagrado lavatorio de los pies?
Pues aquí lo tienes.
"Lejano, lejano, más allá del pinar...
hay un jardincillo.
La hierba crece alta y tupida.
Hay blancas y pálidas estrellas de la cicuta
y el ruiseñor canta durante toda la noche.
No deja de cantar una sola noche.
Y la blanca luna de cristal se asoma para mirarlo.
Y el tejo extiende sobre los que duermen sus brazos inmensos."
¿Alguno de la primera fila debe de estar soñando con la luna de cristal?
¡Sí, se lo digo a usted! ¿Tanto le gusta soñar en clase?
- No estaba soñando. - Naturalmente.
Tiene usted la mala costumbre de contestar cada vez que se le dice algo.
Al pasillo.
Yo estaba atento.
Ya le he oído. Salga de todos modos.
¿Qué pasa?
Usted no me ha escuchado.
¿Sale de una vez, Mainardi, o tengo que levantarme?
Un momento, padre.
Ha venido el electricista para hacer la instalación.
Que vaya a administración. Dile que ahora voy para allá.
- ¿Y lo otro dónde lo hacemos? - ¿Qué otro?
Lo del patio.
Sí, ahora voy.
Ven aquí.
Ven.
¿Qué haces aquí?
He ido a ver al padre Giorgio.
¿Y ese perro?
¿Cómo es que está contigo?
Me ha seguido.
Intentaba convencerlo de que se volviera.
Ya me llevo yo al perro. Tú, vuelve a clase.
Massimo Brunelli.
Polenta, date prisa.
- El correo. - ¡Ah!
¿También tú necesitas una trompetilla, Brunelli?
No le había oído, padre.
¡Si no se callan un poco, suspendo el reparto de la correspondencia!
Tú, el del fondo, ¿me has oído?
¡O es que voy a tener que repetírtelo a ti!
¡Luciano Mainardi!
Despacio... Esto no es una carrera.
¡Giuliano Zoppolato!
- Padre... - ¿Qué haces ahí parado? Vuelve a tu sitio.
Ya he acabado, padre. ¿Puedo salir?
- Padre, ¿me da mi carta? - ¿Te has comido la manzana?
- La carta... - Sí, sí.
Querido Luciano...
Te escribo con un poco de retraso, perdóname.
Tu padre me ha dicho que el colegio es muy bonito.
Yo me siento bastante tranquila, aunque esté pasando una etapa difícil.
Te envío los tebeos que pediste. ¿Estás contento?
Hoy me he encontrado al padre Luigi y me ha dicho que te dé recuerdos.
Me ha dicho que le recuerdes a tu padre que vas con retraso para la primera comunión
y que a tu edad los demás niños ya la han hecho.
No sé si podré decírselo yo. Desde que te fuiste, estoy con los abuelos.
Recuérdaselo tú.
Me está volviendo loca una muela.
¡Justo ahora voy a tener que gastarme un dineral!
Paciencia... Hay que tenerla para todo.
De todos modos, no te pongas triste, que mamá siempre piensa en ti.
Los abuelos se acuerdan mucho de ti y Tell está bien.
Estudia mucho. Nos veremos el domingo.
Besos, mamá.
Cuaderno...
de cartas...
de mamá.
Primera carta.
Teglio, 13 de noviembre.
Querido Luciano...
Te escribo...
con un poco...
de retraso...
perdóname.
¿Te sigue doliendo la muela?
¿Cómo sabes que me dolía una muela?
Me lo decías en tu carta.
Ya no me acordaba.
Es verdad.
Me la han sacado porque me hacía ver las estrellas.
Pase más miedo...
¿Dónde vive papá?
No lo sé, Luciano.
¿Te he puesto triste?
No, bobo. No estoy triste.
Perdóname, mamá.
Tienes que volver ya, Luciano. Ni siquiera has cenado.
Hoy hemos comido un montón.
No tengo más hambre.
Luego te entrará.
Si me entra hambre, me comeré los pasteles de la abuela.
No se te ocurra comértelos todos de una sentada.
Te sentarán mal.
No.
Me comeré unos pocos en el baño.
Y me leeré los tebeos nuevos que me has traído.
¿Qué haces?
Me encierro en el retrete a leer los tebeos.
Si no, me los quitan.
Son ya las ocho. Te regañarán si llegas tarde.
Un momentito más.
¿Cuánto falta para que llegue el tren?
Todavía queda mucho.
¿Cómo está Tell?
¿Cómo es que no me lo has preguntado antes?
Me parecía casi imposible que no te acordases de él.
¿Sigue siendo un perro terrible?
¿Hace rabiar a la abuela?
No, está más tranquilo.
Desde que te fuiste, cambió.
Puede que te eche de menos.
También yo le echo de menos.
Luciano, vete ya. Es tarde, cielo.
¿Ya ha pasado un minuto?
¿Cuándo vas a volver?
En cuanto pueda.
- ¿Antes de Navidad? - Eso espero.
Bueno, entonces me marcho ya.
Quédate ahí sentada. No te levantes.
- Adiós, mamá. - Adiós, Luciano.
¡Ah, muy bien!
¡Conque a estas horas llega el señorito!
¿Dónde has estado?
- He ido a acompañar a mi madre. - Sí, la madre, la madre, la madre.
Ve a cenar, corre. Ve antes de que alguien se dé cuenta.
Tell...
Otra vez tú.
Ven aquí.
¿También te ha seguido el perro esta vez?
¿Qué hacías aquí? Contesta.
¿Qué ha dicho?
Mira, pequeño...
¿Quieres decirme a qué estás jugando?
¿Te divierte tomarme el pelo?
No, padre.
Que no vuelva a verte con este animal.
¿Me has oído?
Y la próxima vez haz el favor...
de llegar puntual a la cena.
Como los demás.
Vamos, ve con tus compañeros.
Si me suelta el brazo...
Vamos, Danilo. Bien, bien.
Venga, de prisa. ¡El siguiente!
¡Buff, estoy rendido!
Hombre, ¿por tan poca cosa?
Extender las rodillas. Firme en la colchoneta.
Vale. Quedan diez minutos, id a vestiros.
Vosotros dos, daos prisa.
Quiero decirte algo, Luciano.
¿Qué?
- Me gustaría ser tu amigo. - ¿Y por qué no?
Vale, pero primero me tienes que prometer una cosa.
¿Qué?
Primero, no me vuelvas a hablar con esa cara que dan ganas de abofetear,
que cuando te veo, te juro que me cabreo.
Segundo...
Alianza total contra todos los chivatos que hay aquí.
Y sin secretos, ¿de acuerdo?
De acuerdo.
- Danilo. - ¿Eh?
¿Quieres que te cuente nuestro primer secreto?
¿Por qué? ¿Tienes alguno?
- Sí. - Suéltalo.
¿Conoces "El pequeño sheriff limpiabotas"?
¡Caray, que si lo conozco! ¿No irás a decirme que lo tienes aquí?
Sí.
¿No sabes que están prohibidos?
En casa siempre los leía.
Yo también. Pero aquí se ponen hechos una furia.
¿Dónde los tienes?
En mi habitación, en la mesilla. Tengo un montón.
¿Y me los prestarás todos?
Si guardas el secreto, claro que te los presto.
¿Y cuándo los lees, que nunca te he visto?
Por la noche.
- ¿Por la noche? ¿Dónde? - Encerrado en el retrete.
Levántate.
¿Cuánto tiempo hace que llevas haciendo lo que te apetece aquí dentro?
¿Cómo lo que me apetece?
¿Otra vez con preguntas?
¿No comprendes que cuando te digo algo quiero una respuesta y no otra pregunta?
Gracias a tus tebeos esta noche os he pillado a tres.
A ti...
a tu amigo De Munari...
y al otro que se divierte chivándose.
¿Primero le obliga a que sea un chivato y luego lo castiga?
Cuando se trata de descubrir algo, lo paso fenomenal.
No me importa el modo.
Para vosotros, lo prohibido es como un plato delicioso.
Sobre todo, para ti. ¿No es cierto?
Cuando hacemos algo sin que usted se entere, siempre piensa que es algo malo.
Claro.
Y lo demuestra el hecho de que los dos lo hayáis hecho a escondidas.
Estas cosas se extienden luego como una mancha de aceite.
Comienza uno solo...
y los demás le siguen.
Inevitablemente.
¿Tienes frío?
No.
Dices que no, pero tienes frío.
¿Por qué no te pones las zapatillas para tus expediciones nocturnas?
Nunca tardo más de cinco minutos en leerme un tebeo.
Tienes razón.
Cinco minutos no son una hora.
De todos modos, espero...
que esta lección te sirva para el futuro.
Ahora vete a la cama.
¿Me devuelve mis tebeos?
¿Otra vez?
Lo mismo que con el perro.
Parece que no quieres entenderlo.
Oye, resuélveme una duda.
¿Cómo consigues estos tebeos?
Me los manda mi madre.
Está bien saberlo.
A partir de hoy, controlaremos también tu correspondencia.
Luciano... ¿Qué estás haciendo?
Venga, sécate rápido.
Puedes coger una pulmonía, ¿sabes?
Eres todo un personaje.
- Hola. - Hola.
- ¿Qué número? - El 37.
¿Qué quieres?
Déme calzoncillos, camiseta, calcetines y camisa...
De las de cuadritos.
También un pañuelo y el jersey verde.
No hay camisa de cuadros.
Está para planchar. ¿Quieres la blanca o la azul?
- ¿Cuánto tardará? - No lo sé.
- Coge la blanca mientras. - No.
No sé cómo vas a hacer para vestirte sin camisa.
Gracias.
Y tú, ¿qué quieres?
Necesito mi camisa de cuadritos.
No puedo vestirme como quiero si no la tengo.
¿Me la pueden dar?
Mira, jovencito...
¿Cómo pretendes que encontremos tu camisa?
Tengo el número 37.
Si quitas de ahí el brazo, puede que incluso la encuentre.
- Y tú, ¿cómo te llamas? - Luciano.
- ¿Y cuántos años tienes? - Pocos.
¿Ha oído, madre? Dice que tiene pocos años.
Es verdad... Tiene razón.
Por favor, Catina, cósele dos botones a este señorito.
- ¿Te has duchado? - Sí.
Con todo el pelo mojado, te vas a poner malo.
Ya me lo ha dicho el padre Giorgio.
Ya me imagino.
¿Y por qué no te has secado bien?
No importa. Ya se secará solo.
¿Has oído lo que me contestó antes este crío?
Sí, lo he oído.
Dejadlo en paz. ¿No veis que es tímido?
Yo no soy tímido.
Tiene razón, madre. No es tímido.
Ha conseguido que le demos una camisa sin un permiso especial.
Toma, lista.
- Gracias. - De nada.
Adiós, jovencito.
Adiós.
- ¿Qué más quieres? - ¿Puedo volver alguna otra vez?
Danilo, ¿tú sabes quién ha muerto?
No.
- Padre, ¿puedo comprar una naranja? - Camina, que ahora no es momento.
- ¿Qué le has pedido? - Nada.
Eh, tú, ¿a dónde vas? ¡Quietos, vosotros!
- Buenos días. - Buenos días.
- ¿Qué quieres? - Una naranja.
La más grande.
Elige...
¿Has visto qué buenas? Son rojas, ¿sabes?
¡Madre mía, qué prisas!
Te estás pringando entero. ¿Está rica por lo menos?
¡Riquísima!
Sigue haciéndote el gracioso y el domingo que viene te quedas también sin cine.
Si te creías que podías pasarte de listo porque al funeral
os acompañaba el padre Giorgio, te has equivocado de medio a medio.
Parece que te gusta que te castiguen.
Pues vas a tener una indigestión, si sigues así.
Quieto y calladito. Vendré a buscarte dentro de dos horas, ¿entendido?
Luciano...
¡Luciano! Ha venido tu padre.
Te espera en la sala.
Hola, jovencito. ¿Cómo estás?
Bien.
No esperabas verme hoy, ¿verdad?
No, papá. ¿Qué pasa?
Te esperaba el domingo.
¿Puede ser que estés más alto?
Puede ser.
- ¿Podemos sentarnos en algún sitio? - Si quieres, aquí mismo.
Sólo puedo estar contigo un momento.
- ¿Por qué? ¿Te tienes que ir ya? - Sí.
Estoy de paso porque he comprado el coche.
Ah, ¿sí?
Bien. Tenías tantas ganas...
¿De qué color es?
Bueno, nada especial.
Es un 600 gris. Era una ganga.
- Buenas tardes. - Buenas tardes.
¿Qué querías decirme?
Verás, Luciano, se trata de esto...
Tengo que pedirte un favor.
Sé que no te gustará demasiado y puede que no te lo esperaras...
Si puedo, claro.
Claro que puedes. No es nada extraordinario.
Es que, verás...
Han surgido algunas complicaciones imprevistas en casa, con tu madre.
- ¿Por qué? ¿Está enferma? - No, no es eso.
¿Cómo podría decírtelo...?
El caso es que... Tú ya lo sabes...
Yo ya no vivo en casa.
Y claro...
De momento estoy un poco perdido, ¿sabes?
En resumen, Luciano...
No podemos pasar juntos las vacaciones como te había prometido.
Ya he hablado de ello con el padre rector.
Me ha dicho que otros compañeros tuyos también se quedan en el colegio.
Así que ya ves que no vas a estar totalmente solo.
Pero si tú no puedes... podría ir a casa de mamá.
No, Luciano. Eso también es imposible.
¿Por qué?
¿Qué por qué? Porque es mejor que estés lejos de casa.
¿De qué casa?
¡De qué casa! De la mía, de la de tu madre, de todos.
- ¿Por qué, papá? - ¡No empecemos con los porqués!
No siempre podemos responder a tus preguntas.
Sólo te pido que me comprendas.
Y que te quedes en el colegio.
No te pido nada más.
- No es poco lo que me pides. - Lo sé.
Quizás algún día lo puedas comprender.
Aunque ahora te parezca que puedo estar equivocado.
Pero podría ir con los abuelos, como siempre.
No, Luciano. Perdóname si insisto, pero no.
Tus abuelos son buena gente, no digo que no.
Pero en este momento...
son los menos indicados para contarte lo que está pasando, créeme.
¿Qué está pasando, papá?
No está pasando nada especial. Sobre todo, nada que a ti te interese.
Adiós.
¿Mamá te ha hablado del padre Luigi?
- ¿Del padre Luigi? - Sí.
De mi primera comunión.
Ah, sí, la primera comunión.
Supongo que podrás hacerla después de las vacaciones de Navidad.
Vamos a hacer esto...
En cuanto esté más tranquilo, hablaré con algún sacerdote para que te prepare.
- ¿Quieres hacerla aquí? - Por mí...
¿Has hablado de mí con los padres?
Personalmente, no. No he tenido tiempo.
Sé que a casa han llegado algunas notas sobre tu comportamiento.
¿Las has leído?
Sí, las he leído.
¿Y qué decían?
Nada especial.
Dicen que eres un chico introvertido, raro...
Que nunca juegas o que juegas poco.
¿Qué tonterías son ésas?
No han dicho tonterías.
Bueno, ¿qué es lo que ocurre?
¡Dios mío!
¿Qué te falta aquí, me lo puedes decir?
¿Tienes compañía?
No, no tienes compañía.
Entonces tendrás amigos.
¿Por qué dices siempre que no?
No grites. Ahí hay chicos estudiando.
Luciano, no me hagas enfadar.
Dime, ¿qué es lo que te falta aquí?
No estoy en mi casa.
Eso lo entiendo, pero no es para siempre.
Hasta que las cosas se arreglen. Luego, ya veremos.
¿No vas a venir el domingo?
No, ya te lo he dicho. Hemos venido a propósito para avisarte.
Ah, ¿no has venido solo?
No, me acompaña una señora.
Si quieres, te la presento.
¿Qué haces? ¿Por qué te levantas?
Tengo que irme ya.
¿Qué tienes que irte? ¿Y a dónde?
Tengo que terminar los deberes.
Luciano.
¿Por qué haces esto?
¿Y tú?
¿Y qué es lo que no entiendes?
Lo de "viginti tribubus·, ¿son "veinte tribus"?
Tribus, Danilo, no "tribubus".
- ¿Cuál es el nominativo? - Ve a tu sitio.
Rosario, ¿por qué van todos a confesarse?
Nos vamos de vacaciones santificados, amigo.
Esta tarde, confesión general y mañana, comunión.
Mainardi y Ambrosio, vayan ahora ustedes.
Y dense prisa, que la confesión no sea un pretexto para perder el tiempo.
¿Qué haces ahí parado? Ve a purificar tu alma.
Pero...
Muévete, venga.
Luciano.
Espabila, anda.
He descuidado mis oraciones, por la mañana y por la noche.
He consentido pensamientos y deseos impuros.
He cometido acciones vergonzosas contra la castidad solo o con otros.
He faltado al pudor al vestirme y desnudarme.
He leído publicaciones contrarios a la fe y a la religión.
- Voy a salir un momento. - ¿A dónde vas?
- Al servicio. - ¿Te espero?
No, no hace falta.
¡Pues cierra, maldita sea!
Dentro de poco son vísperas Y luego nos largamos.
Se queda el colegio Sin la Divina Providencia.
¿Por qué?
Sin pasta, ¿no?
Adiós, malas pulgas.
Si lo hubiera visto, padre...
Totalmente ensangrentado porque el monstruo lo había atrapado.
Se cayó y volvió a levantarse.
Tranquilo...
Él empuñó la pistola porque el monstruo iba a por la chica...
Y luego... Aquello fue el apocalipsis, padre.
- ¡Buenísimo, padre! - Ya está bien. A la cama.
Sí, padre, pero no se la pierda.
- ¿Te has lavado los dientes? - Sí.
- ¿Por qué te los lavas por la noche? - Porque sí.
- Yo no me los lavo ni por la mañana. - Porque eres un guarro.
Si no te lavas ni la cara.
¿Qué pasa aquí?
¿Queréis pasar unas horas en el pasillo y a ver si así os dormís antes?
Mainardi...
Otra vez tú, ¿verdad?
Sí.
Si escucho otra palabra, te saco al pasillo.
¿Por qué le has dicho que habías sido tú si no era verdad?
No me apetece decirle la verdad a cierta gente.
Bueno...
"Corpus Domini nostri Jesu Christi custodiat animam tuam in vitam aeternam".
- ¿No comulgas hoy? - No.
¿Por qué? ¿No te confesaste ayer?
Sí, pero esta mañana he comido.
Podías haberte privado.
Si eso puedo ir a casa de la tía, mamá.
Sí, pero habría que avisarla, llamarla por teléfono...
Pero, ¿has aprobado o no?
- Sí, sí. - ¿Seguro?
A él que le hacía tanta ilusión, ¿verdad?
Espera, mamá. Ahora vengo.
¿Cuándo vienen a buscarte? ¿A mediodía?
Puede.
¿Tú te vas?
Sí.
Ven, que te presento a mis padres.
Danilo...
Sí, ¿qué pasa?
¿Te importa presentármelos otro día?
- ¿Otro día? ¿Por qué? - Porque sí.
Oye, Luciano, ¿no iras a empezar otra vez con tus "porque sí"?
Dime por qué no quieres que te presente a mis padres.
No voy a ir a casa estas Navidades.
¡¿Cómo?! ¿En qué lío te has metido?
En ninguno.
Y entonces, ¿por qué antes...
me has dicho que a lo mejor venían a recogerte a mediodía?
No lo sé.
¡Menudo amigo!
"No lo sé".
¿Y me lo dices así?
¿Cómo si fuera yo quien tuviera que saberlo?
No, no es eso lo que quería decir.
- Sólo quería... - Sí, sí.
- Pues adiós. - Danilo...
¿Qué quieres ahora?
No sé explicarme.
¿Y qué?
Nada.
Pues adiós.
Siete.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete.
"Imprevistos".
"Debe pagar cinco mil liras por cada calle que posea,
dos mil por cada casa, cinco por cada hotel".
¡Me cachis!
- Bancarrota. - ¿No quieres jugar otra?
- No, jugad vosotros. No me apetece. - Como quieras.
Menos mal que mañana se acaba esto.
¡Qué asco!
Cuando te poner a contar los días antes de las vacaciones, parece que nunca llegan.
¿Sabes qué hay que hacer? No contar nunca los días.
El año pasado los estuve marcando en el calendario todo el curso.
Y te juro que nunca se acababan.
Las horas duraban el doble.
¡Bah!
La verdad es que ahora no se está mal aquí.
Sin horarios, con el padre Ottavio de vacaciones...
Los demás curas han desaparecido casi todos.
Tenemos todo el colegio a nuestra disposición.
A mí con que me den de comer...
Te conformas con poca cosa.
¡Qué quieres! A mí, comer me consuela.
Mira a ése... Luciano, ¿te has vuelto loco?
¡Sí!
- ¿Cuándo te marchas, Daniele? - Mañana por la mañana.
¡Qué suerte!
- ¿Por qué estás aquí? - Porque vivo muy lejos.
¿Y por eso te dejan aquí?
No, también porque el aire de aquí me va bien para los pulmones.
Siempre dicen que cuanto más tiempo pase en el colegio, mejor.
Pero en Navidad podrían llevarte a casa, ¿no?
No es culpa mía si tengo que estar aquí.
¡Pues entonces!
Y tú, Luciano, ¿te quedas aquí todas las vacaciones?
No, vendrán a buscarme en Nochebuena.
¿Habéis terminado ya de comer? Venga, que voy a recoger.
No le parecerá verdad que sólo seamos tres, eh.
Calla, calla.
¿Estaréis los tres durante las vacaciones?
¿Está usted de broma? Aquí sólo se queda Luigi, porque es bobo.
Luciano, ¿no es verdad que Luigi es bobo?
¡Anda que no es verdad!
"In nomine Patris et Filli et Spiritus Sancti".
- Alabado sea Jesucristo. - Por siempre sea alabado.
¿Hace cuánto tiempo que no te confiesas?
Mucho.
¿Qué tienes que decirme? Te escucho.
"He descuidado mis oraciones, por la mañana y por la noche.
He rezado mal, he hablado por hablar...
He desobedecido a mis superiores.
Les he faltado al respeto."
Además, siempre digo mentiras.
- Nada más. - Está bien.
Acuérdate de rezar por la mañana y por la noche.
¿Qué has leído?
Tebeos que el padre Ottavio ha dicho que están mal.
Me los quitó todos.
¿Cómo conseguiste esos tebeos?
Me los enviaba mi madre.
Si el padre Ottavio te los quitó, hizo bien.
Tendría sus motivos.
Y con tus compañeros, ¿cómo te comportas?
Bueno, no tengo amigos.
¿Ni siquiera uno?
Sí, uno sí. Pero ya no somos amigos.
- ¿Y por qué? - Porque no.
Explícamelo... ¿Por qué no?
Él no me comprende y no nos llevamos bien.
¡Qué extraño eres!
Es como si quisieras ocultarme algo.
No le oculto nada.
Está bien, mejor así.
Acuérdate de comulgar.
¿Comulgas a menudo?
No.
¿Lo ves? No debes obrar así.
Mañana es Navidad. ¿Comulgarás al menos el día de Navidad?
Sí, padre.
En penitencia rezarás tres padrenuestros, tres avemarías y tres glorias.
"Misereatur tui omnipotens Deus et dimissis peccatis tuis,
perducat te ad vitam aeternam"...
Padre.
Dime, hijo.
- No soy feliz. - ¿No eres feliz?
Me siento solo.
Claro que estás solo.
No rezas, no comulgas, no te confiesas...
Jesús no quiere a los niños como tú.
¿Por qué no quiere a los niños como yo?
Porque tú no quieres a Jesús.
Si comulgaras cada mañana,
lo sentirías en ti y encontrarías un amigo.
¿Cómo te llamas?
Luciano.
Entonces, Luciano, comulga...
y vuelve aquí más a menudo.
¿De acuerdo?
Sí, padre.
"Misereatur tui omnipotens Deus et dimissis peccatis tuis,
absolutionem, indulgentiam et remissionen peccatorum.
"Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti".
Recitemos juntos el acto de contrición.
"Dios mío, me arrepiento de todo corazón de mis pecados
porque al pecar he merecido"...
Luciano.
¿Y tu acto de contrición?
No lo recuerdo, padre.
"Domine Iesu Christe, Fili Dei vivi,
qui ex voluntate Patris, cooperante Spiritu Sancto,
per mortem tuam mundum vivificasti"...
"Domine, non sum dignus"...
"Domine, non sum dignus"...
"Domine, non sum dignus"...
Nadie se había dado cuenta.
¡Quién iba a imaginárselo!
Yo mismo le he dado la comunión todas las mañanas.
Con esa carita de ángel...
ha engañado vergonzosamente a todos.
Acercarse al altar sin preparación...
¡Es de locos!
Padre Ottavio...
Me dijo usted que el chico era muy introvertido...
extraño...
Pero no pensaba que lo fuera hasta ese punto.
Lo ha hecho por desprecio.
Me lo ha dicho el padre Gino, el sacerdote que lo confiesa.
El chico le ha repetido más de cien veces...
que aquí no está bien...
y que no tiene ningún amigo.
Sí, pero no me parece que todo eso justifique su actitud.
Si no hubiera recibido esta carta de su padre,
el chico habría seguido comulgando hasta quién sabe cuándo.
¿Me hará al menos el favor de llamar a su padre?
Padre Paolo, pienso que es mejor correr un tupido velo sobre esta asunto.
Después de todo, no es el fin del mundo.
Pero hay que pensar en los demás, padre.
Ya han vuelto casi todos de vacaciones.
¿Se imagina lo que sucedería si supieran lo que ha hecho ese inconsciente?
¿Por qué? Según usted, ¿deberían saberlo?
Mire...
En mi opinión, deberían saberlo todos.
¿Por qué?
De elementos como él se puede esperar cualquier cosa.
¿Qué va a hacer usted?
Yo... lo dejo en sus manos.
Prepárelo para la comunión...
como si nada hubiera sucedido.
O sea, que hará la primera comunión...
como ha decidido su padre.
Míralos... Mira cómo se apretujan.
- Claro, tienen miedo. - ¿Miedo?
Yo no les hago daño.
¿No te parecen bonitos?
- Bueno... - Sí que son bonitos.
Mira, ahora voy a meter ahí a este pollito negro.
A ver si come con ellos.
- A saber. - Nada de a saber. Ya verás cómo sí.
Ahora verás...
"Corpus Domini nostri Jesu Christi custodiat animam tuam in vitam aeternam".
F I N
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