All language subtitles for ¡Viva la muerte. tuya. (Viva la muerte. tua¡, Zwei tolle Compañeros, Das todeslied der

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Original subtitles

(Disparos)

¿No va a tomarme como rehén?

No, nunca mezclo la diversión con el trabajo.

¡Oh!

Usted perdone, reverendo pero nuestro padre es ciego

y está muriéndose.

Necesita un sacerdote para confesarse.

Por desgracia, hijitos, yo no puedo confesarle,

soy un pastor protestante.

-Conmigo no protestes o te la cargas.

¿Está claro?

-Fuera de aquí. No tenga miedo, tranquilícese.

¿Quién eres?

Soy un pastor.

Pues vuelve con tus ovejas, para mí todo acabó.

No, yo soy pastor, pero de almas.

Sus hijos me han pedido que... ¡Yo no tengo hijos!

¿Entonces quiénes son esos tres caballeros

que me han traído tan amablemente? Tres hijos de Satanás.

Me han dejado así para saber dónde he escondido el oro.

¿Y es mucho el oro que escondió, buen hombre?

Un montón enorme.

Tres mulas hicieron falta para transportarlo.

Un millón de dólares escondido bajo tierra.

Déselo la Iglesia, hijo mío.

Imagínese cuánto aliviaría ese oro la situación de muchos pobres

si apareciese.

Entonces, escuche. Espere un momento.

(Campana)

¡Maldito pastor!

(Campana)

Ahora ya puede hablar.

El oro era del gobernador de Sonora,

que para que no cayera en manos de los revolucionarios,

lo hizo enterrar valiéndose de mí porque soy ciego.

Pero entonces, si está ciego, no pudo ver dónde está enterrado.

Soy ciego, sí, pero no tonto.

Me di cuenta de que estábamos en un pueblo abandonado, Piedras Negras.

Poco después fusilaron al gobernador y el tesoro sigue todavía allí.

¿Dónde es allí, Piedras Negras es grande, en qué lugar?

No conozco exactamente el lugar donde está enterrado

pero sí conozco un hombre que sabe más que yo.

¿Quién?

¿Quién es? Intente recordar, piense en los pobres.

Es un tal Lozoya, pero está en la cárcel de Yuma

esperando ser ahorcado.

-Desembucha lo que te ha dicho el viejo.

Hijos míos, la confesión es secreta. Id con mi bendición.

(Disparos)

¿Has visto? Te conviene hablar o tendrás el mismo fin.

¡Descansa en paz, descansa en paz! ¡Descansa en paz!

(Disparos)

(Disparo)

Estamos entrando en Yuma.

El edificio de la derecha es su famosa cárcel.

-Hendry David, Walt Street, 142, Nueva York.

Ordene adquisición acciones fábrica autos Ford por valor 100.000 dólares

remitidos por conducto acostumbrado.

¿Algo no está bien?

¿O es que piensa que no es una buena inversión?

Bueno, ustedes los eclesiásticos aciertan siempre en los negocios.

Inspiración divina.

¿Qué hace aquí ese hombre?

¿Le conoces?

Es nuestro nuevo sheriff, es muy temido entre los presos.

Con él las evasiones siempre acaban con la muerte del fugitivo.

Parece realmente un tipo enérgico.

(Puerta)

Kelly.

¿El sheriff Randall? ¿Boris Randall?

No, no soy yo. Pase usted.

¿El sheriff Randall? Soy Mary O'Donnell.

Siéntese, por favor. Recibí su telegrama, la esperaba.

¿No se siente usted?

Los sillones no se han hecho para mí.

¿Un accidente? ¿Será pasajero, verdad?

Definitivo. Bien, hablemos de negocios.

¿Cuánto? ¿Por qué?

Por facilitar la evasión de un preso.

¿Es amigo suyo? No, no lo he visto nunca.

500 dólares si es un malhechor vulgar.

No, es un héroe mexicano, Ramón Méndez,

más conocido por "El Salvador".

Las personas importantes tienen mayor precio.

Mil dólares por anticipado.

¿Y por qué tengo yo que fiarme? Porque no tiene otra solución.

Sheriff, es usted muy rígido. Inflexible.

Sí, ya lo veo. Usted es irlandesa,

¿Por qué se interesa por un mexicano?

Eso es asunto mío y este asunto suyo.

Estad dispuestos para esta noche. ¿Otra evasión?

Y otro rescate.

La reunión será al pie de la colina de las tres cruces.

Los presos rinden más provecho que una mina.

Sus amigos nos pagan por liberarlos

y el gobierno por volver a prenderlos vivos o muertos.

Muertos caerán, nunca vivos.

Los muertos no pueden hablar.

¡Cuidado!

Un telegrama de un robo, jefe. 100.000 dólares.

¿Dónde? En una iglesia de Dorse,

durante la celebración de una boda de postín.

¿Cuántos eran los bandidos?

Solamente uno. El ruso de siempre.

Esta vez disfrazado de pastor protestante.

Vaya, vaya. Con que mi querido primo vuelve a dar señales de vida.

A él le debo esto.

(Golpe sobre la mesa)

Es mejor que entre yo primero, padre.

Lozoya es un tipo más bien violento.

Solo conmigo es manso y cariñoso.

(Golpes)

Manso y cariñoso.

Vengo aquí a confesar a los que van a morir.

Prepárate, hijo mío. Y echarme a perder la digestión.

¡Es mi última comida!

Y también la última ocasión de limpiarte el alma.

Debes tenerla bastante sucia.

(RÍE)

¡Oh, señor!

Dame la fuerza necesaria para amansar a este pecador.

Perdona por el frijolazo. Amén.

Amén.

(Golpe)

Pero...

Hasta un bandido como tú puedes salvar el alma

se realiza una buena acción.

¿Cómo podría?

Pues, por ejemplo, dando algo los pobres.

¿A los pobres? ¿Pero es que yo soy rico?

Dentro de poco no me quedará ni la vida.

Pero tú sabes donde está escondido el tesoro.

Dispense, soy un poco sordo. ¿Qué ha dicho?

El oro del gobernador de Sonora.

Confiesa donde está y tendrás un lugar en el reino de los cielos.

No me importa, quiero ir al infierno.

¿Por qué, hijo mío? Porque allá habrá diversiones.

Pero llegarás con los huesos rotos.

¿Crees que te conviene?

Pero...

¿Qué hay que hacer para confesarse?

Tú me cuentas tus pecados empezando por aquel asunto del oro.

Bueno, yo no tengo mucha práctica, padre.

Pero creo que siempre, lo primero es santiguarse.

Sí, claro. Naturalmente.

En el nombre del padre, del hijo y del... En fin, tú ya lo sabes.

Confiesa.

¿Puedo seguir comiendo mientras tanto?

Claro que sí, hombre.

¿Qué hay de ese oro?

Verá...

Cuando yo tenía 13 años.

Dejemos los pecadillos de la infancia.

Hablemos primero del oro.

Reverendo, he oído decir que cuando uno se baña

no se moja únicamente la cabeza.

Empieza por los pies, luego va subiendo y...

Así que si tengo que lavarme el alma

debo empezar también por los pies. ¿Conforme?

Conforme. Muy bien.

Como decía, cuando tenía 13 años

un granuja me robó una tortilla y yo fui y se la quité.

Eso no es pecado. Y luego le maté.

¿Ves? Eso sí que es pecado. Continúa.

Cuando tenía 14 años

hubo otro individuo que me llamó hijo de perra.

Y entonces yo... Le mataste.

¿Cómo lo sabe?

Porque conozco a los hombres y sus debilidades.

Sigue, hijo, sigue.

Luego, cuando tenía 15 años... Dime, ¿cuántos años tienes, Lozoya?

Pues creo que... (DUDA) 45.

Buenos días, sheriff.

Hola, director. ¿Alguna novedad?

Otro tiro de pichón para esta noche.

Ahí tienes tu parte.

¿Por qué el doble que de costumbre? Lo vale.

Se trata de aquella especie de revolucionario, El Salvador.

¿El Salvador?

Pero si hace más de seis meses que murió.

De todos modos, se escapará.

¿Lo vas a resucitar tú?

No, voy a sustituirlo.

Los mexicanos se parecen todos. La mujer que pagan no lo conoce.

Además, cuando lo vea, le habremos llenado la barriga

y la cara de plomo.

Bueno, está bien. Vamos a ver...

Aquí está. De acuerdo.

Haremos que se escape Lozoya.

Está condenado a muerte, así que de un modo u otro,

el resultado será el mismo.

Ve a hablarles y explicarles todos los detalles.

-A dos los mandé al otro barrio a machetazos.

Y a los otros tres, les espachurré con mis propias manos.

Luego, luego me detuvieron y eso es todo.

¿Qué, merezco la absolución sí o no?

Solo después de haberme dicho también lo del oro.

Pero si yo no sé nada de ningún oro. No señor. Se lo juro.

Y cuando un condenado a muerte jura antes de palmar, se le debe creer.

Dame la mano, hijo mío, la derecha.

Estás mintiéndome.

Tienes empeño en llegar hecho pedazos al infierno.

Bueno, yo...

Yo solo sé que cuando el gobernador se dio cuenta

de que lo iban a fusilar envió dos hombres al presidente Díaz

para informarle del sitio donde habían escondido el botín.

Pero por miedo a que esos dos individuos se lo robaran,

dio únicamente a cada uno la mitad del mapa.

Sin embargo, los dos pudieron ponerse de acuerdo.

No, el gobernador no era tonto.

El mapa solo indicaba cómo se podía llegar al escondite,

pero no decía en qué pueblo estaba.

Eso solo lo sabían el gobernador y el Presidente.

Y estoy oliéndome que tu también lo sabes, Reverendo.

Y tú conoces a los dos que tienen el mapa. ¿Me equivoco?

¿Y por qué tengo que decírtelo a ti?

¿Eh, Reverendo de pacotilla? Que ni siquiera sabes hacer

la señal de la cruz.

Soy bestia pero no tanto y a ti se te nota demasiado.

Eres un buscapleitos.

Ya los has encontrado, querido primo.

¡Ah! Qué gran invento la electricidad.

¡Ah! Y esto es solo el principio,

querido primo.

Sería una muerte demasiado vulgar para un gran duque ruso.

Ponle los cables en la boca.

¡Eh, sheriff!

La chica ya está en camino, si no nos damos prisa llegaremos tarde.

Suspendan esto.

Continuaremos después. Y esta vez será tu fin.

¡Eh! ¿Qué pasa?

-Despierta.

Déjame dormir, la ejecución es al amanecer.

-Lárgate, te están esperando fuera.

¿Qué, están esperándome?

¿Y quién me espera?

Alguien ha pagado para que te escapes.

¿Qué han pagado para que yo...?

Por aquí.

Me estoy oliendo la tostada.

Esto es cosa de ese falso pastor, te lo digo yo. Sí, claro que sí.

¡Quiero verle! Tú escápate y basta.

Ahora veremos dónde está.

Alguien ha pagado para que me fugue de aquí.

¿Qué trampa me has preparado?

Yo no tengo nada que ver. Para mí no vales el dinero

que cuesta preparar una trampa, roba gallinas.

¡Eh!

Me revienta soltarte.

Si no fuera porque tú sabes en qué maldito pueblo

está enterrado el oro, a buena hora.

Ya, y tu sabes quiénes tienen los mapas.

También me revienta a mí pero creo que deberíamos asociarnos tú y yo.

Sí.

Pero primero, dame lo que debes.

¿Y qué es? La absolución.

No, no, no. (CHISTA)

Espera.

Ahí.

Eh, ¿qué hace? Date prisa.

Te esperan en las Tres Cruces.

Para llegar, ve a la derecha de la casa abandonada.

A la derecha de la casa abandonada. Vigila que no venga nadie por ahí.

Maldita prisión.

Me ha dejado una piltrafa. ¡Tengo un dolor de espalda!

¡Eh! ¡No!

¡No te atrevas! ¿Me oyes? ¿Atreverme a qué?

Los mexicanos somos muy machos.

El trasero no se toca.

¡No existe! ¿Está claro?

Lo está.

(GRITA)

Si no existe, esto no es un puntapie en el trasero.

¿Está claro señor... 1-1-7-23?

(Viento)

¡Corre!

No puedo más.

Me falta el aliento y además no veo, no soy un murciélago

¿Pero qué murciélago?

Si no corres, te van a cazar como a una liebre. ¡Vamos!

La liebre no tardará en llegar.

Y en vez de la madriguera, encontrará una bonita trampa.

Basta. Basta, ya no puedo más. Estoy desecho.

¡Nada de eso! Tienes la resistencia de un muchacho.

¿Tú crees? Claro.

Entonces...

¿A dónde vas?

A seguir por aquí, como dijeron ellos.

Justamente, si pasamos por aquí

esas Tres Cruces se convertirán en cinco.

Conozco los trucos del sheriff. Ven.

Ahí viene, yo me encargo de él. No, sheriff, es Joe.

¿Qué diablos haces aquí? Ha huido en compañía del ruso.

Estaban de acuerdo. Me han golpeado.

Si está con el ruso, no caerán en la trampa.

(Disparos)

¡Vamos, sigue!

Eh, un momento, si yo no veo mal ustedes son dos.

¿Quién es el Salvador?

¿Quién de ustedes es el Salvador?

¿Quién? Él es el Salvador.

¿Entonces quién diablos es usted?

Pues él es...

Soy el gran duque Dimitri Vassilovich Orlowsky,

consejero militar, a su servicio.

¿A mí qué?

A tu servicio, pero por poco tiempo si no nos vamos enseguida.

Yo solamente tengo dos caballos.

Tendremos que apretarnos un poco. Vengan.

Yo montaré con la pelirroja.

Sí, desde luego.

Señorita...

Le echaré una mano.

Gracias.

(Disparos)

(Caballos)

¡De prisa, de prisa!

Dejad que se vayan por ahora.

Necesitamos más hombres y caballos de refresco.

¡En marcha!

¿Por qué nos ha liberado?

Para devolver a México un gran revolucionario

que acabe con los explotadores y los vendidos al extranjero.

México está lejos y los caballos están cansados.

Cambiaremos de cabellos en Albrook, luego pasaremos la frontera.

Y el 2 noviembre será el día más hermoso de toda mi vida.

¿No es el 2 noviembre el día de los difuntos?

Ese día entraremos en Santo Tomás.

Allí encontraremos gente dispuesta a la insurrección

pero a la que le falta un jefe.

La llegada del Salvador reanimará a los descorazonados

y hará estallar la revolución.

Salvador.

Salvador.

México te necesita.

En Santo Tomás, el Salvador dará comienzo a la gran revolución.

Sí, el 2 noviembre.

Estoy deseando llegar.

(RÍE)

Ajusticiaremos a todos los traidores.

-Sí, será un baño de sangre.

(TODOS) ¡Viva México! ¡Viva la revolución!

¡Viva!

(Caballos)

Perdone, ¿ha llegado algún telegrama para mí?

Me llamo Mary O'Donnell.

Mary O'Donnell, oh, sí.

Ha llegado un telegrama del New York Times

y un importante giro telegráfico. A la caja, por favor.

Felicidades por "Idea y evasión", la prensa pide más información

sobre datos, el Salvador y eventual revolución.

Dígame. Soy Mary O'Donnell.

Ah enseguida, señorita.

No, no, no. Tienes la lengua sucia.

¡Sooo! A ver este.

¡Sooo! Tranquilo.

Esto no está mal. Oiga, ¿cómo se atrevee?

¿Está bebido? Eso no entra en el precio.

No lo he hecho a propósito, es que no veo bien y si no toco...

Oh sí, claro.

(Relinchos)

Saca la lengua.

Tú también la tienes sucia.

¿Qué le pasa?

No, nada es que el Salvador está comprando caballos

y temo que le engañen.

Pues vamos a protegerle.

Me había dicho 200 dólares por caballo.

Sin embargo, 1000 dólares es el precio mínimo

que ofrecen por un socio mexicano fugitivo.

-Se acabó la huida. -¿Te reconoces? Mírate bien.

Contémplate. Contémplate por última vez.

El salvador...

Ese no soy yo. Yo soy más guapo.

(Disparos)

¿Qué ha pasado?

Se han liado a tiros con el patrón

por el precio de los caballos. ¡Qué desgracia!

Bueno, no importa.

Encontraremos a otros hombres en Santo Tomás.

Ya.

(Relinchos)

Echaré una ojeada por aquí.

Mientras tanto, abrevad los caballos.

Ajá.

-¿Esto es obra del ruso?

No, del mexicano, el gran duque no usa escopeta.

Han muerto hace una hora. Apresurémonos.

Vamos, camina, ¿o es que habrá que tirar de ti?

No se apura porque sabe que estamos en México.

¿Y ya se le ha contagiado la pereza de los mexicanos?

Pereza...

Esta noche, esa mujer será mía.

Esta noche nos libraremos de ella.

Pero antes, le doy un repaso.

No, es una señorita muy seria.

Además no tienes estilo, no sabes cómo.

¿Y tú sí, verdad?

Entonces, dímelo.

Si no, ¿qué clase de consejero militar eres tú?

De acuerdo, pero antes me dirás

quiénes tienen el mapa del tesoro.

Está bien, te lo diré.

Veamos si mientes.

No, no, la derecha.

Manolo Orozco de Medina y Tomás Gómez de San Miguel Alto.

Ahora dime cómo.

Pues en primer lugar,

haz de darte un lavado general, apestas.

No, no soy yo, es el caballo. No, eres tú quien apesta.

¿Ah sí? Segundo,

te peinarás esta mata de cardos

que llevas en la cabeza. Conforme.

Tercero, le hablarás del amor en la Antigua Grecia.

¿Grecia? Es infalible.

(Música de caja musical)

Qué curioso reloj.

Sí, me lo regaló mi tío, el gran duque Nicolás.

¿Nicolás? Bonito nombre.

En Rusia, todos los grandes duques menos yo, se llaman Nicolás.

¿Por qué se marchó de Rusia?

Incompatibilidad de caracteres.

¿Con Rusia? Con la ruleta.

Rusia necesita una buena revolución.

Y usted necesita con urgencia un buen calmante.

Se está bien aquí a pesar de usted.

Hay un grato olor de almizcle. Soy yo.

Déjeme que le vea.

Casi no le reconocía, tan bien arreglado.

Sí, mi aspecto habrá cambiado pero mi corazón...

mi corazón late. Bueno, es lo natural.

Mi corazón late por...

(SUSURRA) Antigua Grecia. Por la Antigua Grecia.

¿Grecia? Sí, la Grecia esa.

Donde todos los hombres eran héroes y las mujeres eran todas...

vírgenes.

Oye, muchacha, en la tal Grecia, cuando había guerra,

las vírgenes se entregaban a los soldados,

así si los mataban de un tiro

por lo menos dejaban descendencia.

También en Santo Tomás habrá batalla

así que esta noche podríamos...

(Golpes)

Podéis iros al cuerno tú y la Antigua Grecia.

No me jorobes más con tus buenos consejos.

Tan buenos, como los malditos nombres

que me has dado tú, embustero.

(GRITA) ¿Está loca? ¿Usar el magnesio?

Toda la zona está llena de soldados que buscan al Salvador.

Solo quería un recuerdo. (GRITA) ¡Basta de comedia!

Es usted una periodista inconsciente que quiere la revolución

para escribir artículos pero pierde el tiempo.

Este no es el Salvador, no es más que un bandido.

Lo sé, es Lozoya.

¿Y entonces por qué lo hace?

Zar, ¿qué porras quiere decir eso de periodista?

Una que crea ídolos y después los destruye.

Y esta vez nos ha destruido.

¡Alto! ¡Que nadie se mueva!

(Trompeta)

(Quejidos)

Basta atarlos fuertemente

con la piel de un animal recién desollado.

Las tiras de piel se encogen bajo el calor del sol

y aprietan sus carnes hasta quebrarles sus huesos.

¡Por el amor de Dios, general Vargas!

Más valdría que les fusilara, torturarles de ese modo es atroz.

No puedo.

Los rebeldes tan solo temen esta forma de muerte

lo cual ejerce un saludable efecto sobre la población.

Pero como homenaje a una dama, respetaré al Salvador

y a ese aristócrata ruso.

¿Los indultará entonces? Claro.

Únicamente serán ahorcados.

¿Ahorcados?

Usted, queda al margen de este caso por ser extranjera,

periodista y nuestra gratísima invitada.

Hija de su madre.

(Trompeta)

Espero que les haya gustado esta modesta comida

y siento que para ustedes haya de ser la última.

El ahorcamiento de ustedes es una formalidad necesaria.

El Salvador vivo puede alterar el orden del país.

Entonces hay una horca demás.

Yo me largo. No soy el Salvador, solo soy un honrado bandido.

Es indecoroso que el temor a la muerte

pueda envilecer a un héroe hasta tal punto.

¿Pero qué héroe ni qué narices?

Solo soy un cacho de bandido que lleva el robo en la sangre

desde que nació. ¿No se lo cree, general?

Mire, fíjese, mire adónde han ido sus cubiertos de plata.

Véalos.

Muchacha, dile al general que no soy el tal Salvador.

¿Quien conoce al tal Salvador? Yo no soy el Salvador y tú lo sabes.

Díselo.

Este hombre es el Salvador, general, se lo aseguro.

Como periodista quisiera fotografiar su muerte.

Una foto que interesará al mundo entero

ya que hasta ahora, nadie ha visto retratado su rostro.

Como usted quiera.

(Tambores)

¡Pelotón! ¡Firmes!

(Tambores)

La tuya está adornada con alambre de espinos.

El Salvador...

-Uno, dos...

-Uno, dos...

Mi sombrero, por favor. ¡El sombrero!

-¡El sombrero!

-¡El sombrero!

¿El sombrero?

Morir con las botas puestas, bueno, pero, ¿con el sombrero?

Un noble ruso se cubre siempre cuando le llevan a la horca.

Gracias.

Tú también.

Lozoya, amigo mío.

Ahora que estamos a punto de morir, ¿me dirás esos dos nombres?

No, de ti no me fío ni muerto.

Pero te fiaste de la pelirroja.

Bueno, pero es que esa...

Si nos hubiésemos librado de ella cuando te lo dije...

Quería hacerla mía.

En cambio es ella quien te hace una foto recordatorio para tu tumba.

General, ¿podría usted darle al disparador?

Si pudiera fotografiarme junto a los dos reos me haría famosa.

Con mucho gusto.

Todo está preparado. Basta con que apriete usted aquí.

Muy bien.

(SUSURRA) Corten las ligaduras y estén preparados.

Como ladrona valgo más que usted.

Y ahora, sonrían.

Uno,

dos,

y... ¿no resultaría más sugestiva la fotografía

si figurase yo en el grupo?

Será un honor, general.

Todo está preparado, dispárala tú.

(Tambores)

Una sonrisa, mi general.

(Relinchos)

(Explosión)

¡Rápido! ¡A la motocicleta!

¡Dame ese cuchillo!

¿Qué cuchillo? Si es un cortaplumas.

Tíramelo. Ahí va.

Así no.

(Disparos)

(Disparos)

No, no, no.

¿Por qué no, no, no?

No se dispara a los caballos.

Gracias. No hay de qué.

Fíjese en eso.

Economía.

¡Suban!

Si podemos.

Tranquilo, no hay ninguna prisa.

Salvador, esa mano.

(Disparos)

¡Vamos!

¡Rápido! Que no escapen.

(Gritos)

¡Bravo! El Salvador no lo habría hecho mejor.

¿Por qué diablos no se olvida del Salvador ese,

si sabe que yo soy un bandido?

A los revolucionarios que esperan en Santo Tomás,

les hace falta un jefe.

Todos creerán que usted es un héroe

cuando hayamos llegado allí en la fiesta de los difuntos.

Tendrá que ir sola a esa fiesta,

nosotros nos quedamos con los vivos. Suéltala.

(GRITA)

¡Ey! ¡Esperen! ¡Vengan a recogerme!

No es de caballeros abandonar a una mujer.

(GRITA)

Es usted norteamericano, o sea, extranjero,

lo siento, pero no hay ninguna razón en el mundo

por la cual tenga que acceder a pactar con usted.

Hay una, general Vargas. Esta.

Es un regalo de ese ruso.

Deme carta blanca para actuar en México

con unos cuantos hombres y mi odio hacia el resto.

-¿Usted cree?

Le está persiguiendo desde Yuma

y todavía no ha conseguido capturarle.

Basta por ahora.

Cuanto más se prolongue la caza

mucho más intenso será el placer en el momento de la captura.

Pero no solo es por eso,

sospecho que persigue otro fin aparte de la fuga,

alguna cosa grande, grande e importante.

Estoy seguro.

-Capitán. -En el fondo,

no tiene nada que perder.

A usted le interesa el mexicano y lo tendrá,

a mí me basta con el ruso pero vivo.

De acuerdo.

Y para que sea más fácil aumento la cantidad

que se ofrece de recompensa.

(Motocicleta)

¿Aquí encontraremos a nuestro primer hombre?

Sí.

¿Y se llama? Manuel Martínez Mendoza.

Hay que andar con cuidado. Es un tipo muy astuto y peligroso.

No será el primero que conozca. Como él sí será el primero.

Cuando su madre le echó al mundo y lo miró le dio un patatús

y se murió del susto.

¡Eh! Que eres el salvador.

Es verdad, el salvador. Menudo personaje. Gran héroe.

Sí, ya lo sé.

Son idiotas,

pero una cosa han comprendido.

Que yo, amigo mío, valgo el doble que tú.

Ahora espérame aquí mientras yo voy a buscar

al tal Manuel Martínez Mendoza.

Aunque no me entusiasma, te advierto que continuaré siendo tu sombra.

¿Pero es que no te fías de mí? Claro que me fío.

Pero no quiero que corras los riesgos tú solo.

Dos tequilas.

No, es demasiado floja para mí.

(RÍE) ¿Tú crees?

Ahora voy a enseñarte cómo se bebe el tequila.

Fíjate, mira.

Un poco de sal, el vaso se pone aquí,

un poco de limón y primero se chupa el...

No, el...

Oiga, amigo, quería preguntarle...

(SUSURRA) ¿Dónde habría una chica para mí?

Hablando en serio, dígame, ¿dónde está Manuel Martínez Mendoza?

En la mina. ¿Lo conoce?

No, y por eso estoy todavía vivo.

¡Eh, zar! Vamos a esa cita, ¿sí o no?

¿Qué hora es?

¡Cochino ladrón!

Ven aquí.

Anda.

(Puerta)

Puede estar tranquilo, Callahan.

Son gente que necesita trabajar y cuando uno necesita trabajar,

acepta todas las condiciones.

-Si quieres trabajar, ganarás un peso al día.

Firma ahí.

-¿Cómo cree que se puede vivir con un peso al día?

Había prometido darnos más. Tengo 11 hijos y comen todos ellos.

-México es un país libre, ¿te enteras?

Hasta tú eres libre de irte si no te conviene. Firma ahí.

Gandules... Les proporciono trabajo y me lo agradecen de este modo.

¿Te conviene un peso? -Sí, señor Mendoza.

-Otro. Un peso diario. Firma aquí. No.

¿Cuánto quieres? 1 millón de dólares.

(RÍE)

Lozoya...

Y tú sabes dónde está Mendoza. Estás loco.

No sabes lo que dices. Lo sé perfectamente.

Levántate y anda, Lázaro.

Entra en la oficina, deprisa.

Vámonos de aquí, corre.

(Disparos)

Venid conmigo.

-Está ahí, cuidado.

(Disparos)

(Disparo)

Abrid el agua. O sale o se ahoga.

Acabad con él.

(Disparo)

Disparad, hijos de perra, disparad que me ahogo.

(Disparos)

(NERVIOSO) Lo juro, te lo juro, yo no...

Sí, sí, sí. Te lo juro. Quería jugártela.

Qué ingratitud la tuya.

¿Dónde está el mapa?

Déjale ya, no lograrás hacerle más feo de lo que es.

Déjame a mí, yo le sacaré la verdad.

Bájate los pantalones. No le irás a dar una azotaina.

Así no nos dará el medio mapa.

Hay un sitio más seguro que una caja de caudales.

¿Cuál? El trasero.

¿Qué dices? Aquel gobernador era muy astuto.

Sabría que un verdadero mexicano

prefiere morir a enseñar su amor propio.

Ahora veremos si es un verdadero mexicano.

Bájate los pantalones.

(ENFADADO) Llevas un mapa tatuado, lo sabemos.

Ya lo has visto, al sudoeste de la fuente.

Sí, ¿pero a qué distancia? Qué deshonra para México.

(Disparo)

Pasa. Primero tú.

No, hombre, no. Me has salvado la vida.

Todos cometemos errores.

Espero que puedan explicarme esta matanza.

Y de paso, decidme quiénes son ustedes dos.

¿Qué tal si fuéramos a charlar en el cuartel?

Al cuartel sabes volver solo,

¿o prefieres que te enseñemos el camino?

¡Vamos, vamos!

-El salvador ha hecho justicia acabando con nuestros explotadores.

¡Viva el salvador! (TODOS) ¡Viva!

¡Viva el salvador! (TODOS) ¡Viva!

¿Quién les ha dicho que yo soy el salvador?

Tu gran admiradora.

Calma, calma.

Dejadme pasar.

Callaos un momento.

Aguante esto.

Enhorabuena, bravo.

¿Lo ve? La gente tiene fe ciega en usted.

Le seguirán a donde vaya. Bastará con un gesto suyo.

Irán con usted a Santo Tomás para la fiesta de los difuntos.

Y dale con los muertos.

¡Viva el salvador! (TODOS) ¡Viva!

¡Queremos tu discurso! ¿Mi discurso?

Dales a conocer tus ideas políticas.

Amigos, los extranjeros son todos hijos de...

Son todos hijos de sus madres.

¡Ya va siendo hora de darles en la cresta!

¡En México, soy vuestro jefe

y aquí solo mandamos nosotros!

(Vítores)

¡En cuanto triunfe la revolución,

todas las prisiones serán cerradas

y todos los bancos del país serán abiertos!

(Vítores)

¡No, no, no, he querido decir que abriremos todas las prisiones

y todo el mundo podrá asaltar los bancos y seremos ricos!

Y el dinero correrá por fin libremente.

(Vítores)

Sí, el rico tendrá que compartir su dinero conmigo,

digo no, con todos y los ricos deberán dar a los pobres

y los pobres, bueno... ¡Viva la revolución!

(Vítores)

¡Abajo los tiranos!

¡Viva, viva!

Amigos, id con vuestras mujeres.

(Todos) ¡Somos solteros! -¡Somos solteros!

Son solteros.

Así no llegaremos nunca a ese oro.

Compañeros, "El Salvador" debe libetar a los presos.

Eso es, y nos basamos nosotros, yo, él y la muchacha.

De cárceles entendemos un rato.

(TODOS) ¡Todos estamos contigo! -¡Todos estamos contigo!

No, os quedaréis aquí, guardando la plaza, ¿entendido?

Quieres darme su fusil, no es prudente jugar con armas

cuando la revolución está en marcha, guardalo tú.

Tuyo.

Permítame.

Que ustedes gusten señores.

-No, queremos la libertad de los presos.

No, no por favor, nada de eso.

Únicamente solicitamos la detención de esta revolucionaria.

¿Mi detención?

-¡Guardia!

¿Qué?, ¡Alto, yo soy conservadora, católica e irlandesa!

¡No me toquen, cómo se atreven!

No crea que así se librará de mí.

¡Oh! ustedes perdonen.

¡Uy! -Pasa guapa, pasa.

¿No había una recompensa para quien la entregara?

2000 pesos.

Sí.

¿No había otra recompensa por el ruso, se acuerda?

Pues se lo entrego.

Son 5000 pesos. Tenga.

Gracias, muy amable.

Y ahora, yo le entrego a usted, a "El Salvador".

10.000 por favor. Sí, tenga.

Gracias.

¡Eh!

¡Oigan!

(SILBA)

¡El Salvador está en peligro, corran, vengan!

¿Nos ha abandonado?

No amigos, tranquilos, "El salvador" no nos abandonará nunca.

¿Dónde está el segundo hombre?

En Tlalpan, pero el camino es muy malo

Con este trasto no llegaremos nunca, necesitamos caballos.

Esta moto tiene 20.

Sí, pero de tres ruedas

y nosotros los necesitamos de cuatro patas.

Yo sé quién nos lo dará.

¡Fuera gato!

No son los federales, mamita.

Zar, esa es mi hermana, ella también es una reina.

Sí se alegra de volver a verte, lo disimula muy bien.

(RÍEN)

Miguelito, como has crecido, estupendo.

Toma este fusil y haz guardia delante de mi sombrero.

¿Es tuya la moto?

No, es de él, yo prefiero los caballos.

¿Y éste quién es?

Es, un gran duque.

¿Y qué es un gran duque?

Díselo tú. ¿Tu mamá nunca te cuenta cuentos?

Mamita, no me cuenta cuentos porque no puede hablar.

Es muda, los federales le mataron al marido.

Ella combatía al lado de él, la apresaron

y como era revolucionaria, le cortaron la lengua.

No hagas caso de mi aspecto Lupita, he cambiado mucho,

ahora me he vuelto un hombre importante.

Los soldados me asediaban por todas partes,

entonces yo empecé a disparar. ¡Pam, pam!

y mientras pensaba, si les mato al comandante

huirán todos y le di de lleno, tres balazos en plena frente.

¡Pum, pum, pum!

Los federales huyeron a escape y millares

de peones me redondearon pusieron a gritar.

¡Viva la revolución, viva "El Salvador"!

¿Y por qué no han venido contigo los peones?

Porque tenemos que ir cerca de Tlalpan,

los dos solos a buscar un montón de dinero que está escondido.

¿Y dónde está?

¿Dónde está?

En pie...digo, que a pie no se puede llegar.

Adiós Miguelito.

Adiós Lupita y gracias por los caballos.

¡Eh, señor gran duque, que te olvidas esto!

Después tu Zar te reñirá por haber olvidado tu reloj.

No, no lo he olvidado,

quédate también con la moto, te la regalo.

¿Cómo se llama el otro?

Suelta tu el nombre del lugar.

Si hablo yo primero me la juegas.

Está bien, las trincheras.

No te creo.

Dime por quién juras, cuando juras de verdad.

Antes juraba por él Zar. ¿Y ahora por quién juras?

Ahora juro por Ford.

¿Y quién es ese Ford?

Es mi nuevo Zar, he invertido todo en sus automóviles.

Si quebrara, me arruinaría.

Entonces di cuál es el lugar verdadero

y júralo por la vida de Ford.

De acuerdo. Es, Piedras Negras, lo juro.

Y lo juro por la fortuna de Ford.

Ahora te toca a ti.

Horacio Villegas.

Dame la mano derecha.

No, no, se volvería abrir la herida, debes de fiarte de mí.

Me fío, pero si fuera un engaño, esta vez lo pagarías caro.

Anda, dime, ¿dónde se encuentra ese Horacio Villegas?

Está aquí, pero cuidado es más peligroso que el otro.

¡Villegas, Horacio Villegas!

¡Asómate!

¡Horacio, ven al patio si es que tienes valor,

te mataré con mis manos!

¡Ven aquí enseguida!

¡Horacio!

¡Horacio!

¡Oh!, ya lo ves, ese dinero no era para nosotros.

Cuando ya lo alcanzábamos nos hemos quedado sin él,

qué lástima, ese oro se quedará enterrado con Villegas.

Ahora ya es inútil que sigamos juntos,

no me creerás pero me disgusta dejarte.

A mí también me disgusta.

Lozoya.

¿Qué amigo mío?

Quisiera pedirte un último favor.

Por supuesto, lo que tú quieras.

Tira las armas.

Y bájarte los pantalones.

Eso será una broma, ¿verdad?

Me disgustaría desnudar a un cadáver,

¡bájate los pantalones!

Nunca, soy un mexicano.

Está fría el agua del pozo.

(Piedra)

28 pasos a la derecha, 34 pasos a la izquierda

y al suroeste de la fuente según él trasero de Mendoza.

¡Ay!, qué tiempos amigo mío,

a dónde han ido a parar los verdaderos mexicanos.

No vayas a resfriarte, tápate.

Óyeme Lozoya, separemos sin rencor.

Echemos nuestro último tramo junto.

Anda, pruébalo, bebe.

Alcohol puro, vodka y pimienta de cayena,

un tercio de cada cosa.

Por favor.

Está bueno, ¿eh?

Bebe.

Otro trago. (RÍE)

(Trote)

(Imita motor)

¿Quién te ha dado esa moto?

Me la dio un gran duque ruso, que vino con mi tío.

(Golpean)

Alguien tiene que decirnos, a dónde han ido.

¡Además de muda, puedo dejarte ciega!

-¡Déjala!

Pues habla tú.

Déjala, se han ido cerca de Tlalpan,

a desenterrar un montón de dinero.

Basta.

Ya decía yo, que algo tramaba.

¿Dónde cae Tlalpan?

Por este lado, Sepulveda, Piedras Negras, aquí está Tlalpan.

Hay unos 60 km, no llegaremos a tiempo de alcanzarlos.

Sangento, telegrafíe inmediatamente al general Vargas.

Al suroeste de la fuente,

28 pasos a la derecha, 34 la izquierda.

Maldito sea, que no voy a poder subirlo.

Tu oro, tus mulos y tu pistola,

los tengo yo. (RÍE)

No está nada mal tu pistola.

¿Es un regalo del zar?

A propósito, gracias.

Me has ahorrado el trabajo de cavar.

¿Has visto?

El salvador tiene amigos en todas partes.

¿Lo matamos nosotros o lo matas tú?

Espera, lo estoy pensando.

No lo pienses demasiado, tú no tienes fantasía.

¡Enterrádlo vivo!

Si algún estudioso de las cosas antiguas

viene a excavar por este lugar, encontrará un rarísimo ejemplar

de museo: el mayor hijo de Satanás del mundo.

¿Qué? ¿Te das cuenta de que sí tengo fantasía?

¡Bebe!

(RÍE)

No, bébetelo todo.

Estaba muerto de sed.

Entonces te haré trizas yo.

Nunca aprenderás a dominar tus impulsos.

(Tiros) (Gritos)

(Tiros)

Me aprieta el botón del chaleco.

Ese dinero me compensará de todas las molestias

que me han causado.

Crea, Gran Duque, que lamento mucho no ajusticiarle como corresponde

a una persona de su rango.

La agonía será larga hasta que el sol esté en lo alto.

Después, la muerte será bastante rápida

aunque, eso sí, muy dolorosa.

Perdone pero se lo he prometido así a un tal Randall.

Hasta nunca más, señores.

Déjelo ya.

¡En marcha!

¡Vamos, adelante!

¡Vosotros, empujad!

-No os quejéis tan pronto.

Ya veréis mañana con el sol.

Esperemos que mañana llueva.

No, no lloverá.

¿Cómo lo sabes?

Por los callos, es lo único del cuerpo que no me duele.

Si tuvieras cerebro te dolería la cabeza.

Muy gracioso.

Oye, ¿qué es lo que más te molesta dejar en esta puerca vida?

Todo mi dinero a la casa Ford.

¿Y tú, amigo?

Nada.

Bueno, sí.

A mi hermana y a Miguelito.

Nunca más los volveré a ver.

¿Quién sabe?

¿Qué diablos podemos esperar?

Si no es optimista...

no eres un bandido.

(Grito)

Buena les ha caído...

¡Toma!

(Gritos)

¡Ahora verás!

¡Toma!

(GRITA)

Mejor ella que la muerte.

No sé qué decirte.

Oiga, ¿por qué no nos hace una foto? Eso.

No es mala idea. Voy a prepararla.

Vuelvo dentro de una media hora.

¡No, no, espera! ¿Qué pasa?

Tú tendrás una madre, ¿no?

¿Una madre? Claro que sí.

Está en Irlanda. Menuda bruja será.

Además de abandonarme, encima insulta a mi madre.

Quizás querrán que los desate.

No quisiera abusar de su amabilidad.

Pero, ¿con qué les corto estas ligaduras?

¡Con aquel cuchillo, con el machete!

¡Pero ponte las gafas!

Ah, es verdad, las gafas.

¿Quiere hacer el favor de darse prisa?

Hace horas que no bebo.

Y yo hace horas que no hago pipí.

Sí, pero en este momento yo no sé si debo mataros,

sacrificando a dos mártires de la revolución,

o libertaros para ir a Santo Tomás mañana.

Mejor es un riesgo hoy que la muerte segura mañana.

A propósito, el general Vargas ha llevado el oro a Santo Tomás.

En fin, mejor el oro mañana que la muerte hoy.

Después de ir de un lado a otro hemos terminado donde ella quería.

Eh, vengan.

Los revolucionarios nos esperan aquí cerca.

Entraremos con ellos en la ciudad.

¿Con cuántos hombres podemos contar?

Con muy pocos, una veintena, pero todos son gente escogida

y de pelo en pecho.

Con esto solo puede contar ya el padre eterno.

Ande, saque sus fotos, pero abra bien los ojos.

Esta es la revolución.

Ya no quedan más héroes en Santo Tomás.

Bah, podremos conseguir lo que queremos aún sin ellos.

Anda, dame una idea.

Esta: que me voy. No, amigo, espera.

Solo hay un camino para poder largarnos.

Aprovechémoslo antes de que lo cierren.

Oye, como consejero militar es un asco.

No aconsejo nunca el suicidio.

En el pueblo hay todo un regimiento y si dan la alarma

incluso les llegarán refuerzos.

¿Y el oro, qué? ¿Se lo vas a dejar al General?

Más vale un pobre vivo que un rico muerto.

¡Oiga! Espere un momento, zar de pacotilla.

No es usted más que un cobarde, un sucio egoísta, un incapaz.

¡Eh, calma, calma!

¡Déjeme!

¿Sabes que furiosa todavía eres más guapa, más real?

Por favor, ¿puedes quitarte las gafas?

(GRITA)

Hacía tiempo que deseaba hacerlo.

Ahora sí que nos hemos jugado el cuello.

Ya no puede volverse atrás.

Y ese camino solo tiene una salida, Santo Tomás.

Está bien, pero tú también tienes que hacer algo.

Si una chica inocente quiere armar la revolución,

tiene que sacrificarse de alguna manera, ¿comprendes?

No te hagas ilusiones.

Vestida o sin vestir, a nosotros no nos interesas.

Pero a un viejo necio como el General

sí puedes interesarle, ¿está clara la idea?

¿No querías un consejero militar?

Pues esos son mis consejos.

Palmará sin haber logrado ayudarnos.

Lo logrará, es muy astuta.

¡Eh, ahí está el oro!

¿Qué? Déjame mirar.

Sí, el oro está ahí, pero también están los autos blindados.

Y lo tienen más vigilado que si fuera la hija del presidente

de un banco.

Bravo, bravo, magnífico, estupendo.

Me engañó usted del modo más miserable.

Y a mis atenciones, a mis muchas gentilezas,

correspondió usted con un vil atentado.

Yo puedo hacer que la torturen, que la ahorquen, que la estrangulen,

que la martiricen, que la destruyan.

Hay muchas maneras de matar a una mujer.

Las conozco todas. ¿Incluso las agradables?

Sin las gafas me siento como si estuviese desnuda.

Lárgate.

¡Al recreo!

Hace calor aquí.

La ropa me...

Claro, claro.

Yo la ayudaré a liberarse de ese agobio.

¡Qué nervioso estoy!

Espere, por favor, espere.

Cierre usted la ventana, puede vernos la gente.

Sí.

Fuera, fuera de ahí.

¿Sabes? Son de azúcar. Nosotros las comemos

para alejar la muerte.

Y tú y yo las usaremos para darla.

¡Tengo tanta sed, General!

Quizás si me diera un poco de vino...

(RÍE)

¿Quieres?

Dios te bendiga, el Salvador. -Que él te dé larga vida.

Gracias.

No, no tengo sed.

Bueno, ya ha empezado la fiesta de los difuntos.

La pelirroja tendrá ya dominada la situación.

¡Ay no, General, me da vergüenza!

Mire que si alguien entrase...

Espere. Sí.

¡Sargento!

No deje entrar a nadie bajo ningún pretexto.

Me responde personalmente.

(GRITA)

Aunque se hunda del mundo no quiero que nadie me moleste.

¡Qué caramba!

(Mariachis)

Dejémosles pasar.

Me parece que esos no se moverán si la pelirroja cumple su cometido.

(Cohetes)

(Explosión)

(Explosión)

(Tiros)

(Tiros)

(Corneta)

Avisa al General, nos atacan por todas partes.

-Lo siento, pero ha ordenado que no se le moleste.

-¿A sí? Bien. Entonces yo tomaré el mando.

¡Todos al ataque! ¿Qué se propone hacer?

Voy a ordenar que intervengan los autos blindados.

¡Oh!, a veces un general puede mostrarle la espalda al enemigo,

pero no los calzoncillos a sus hombres.

(Disparos)

Hay una ametralladora entre nosotros y el oro.

Con la escopeta no alcanzo hasta ahí.

Quédate aquí para cubrir.

¡Tranquilo!

(Mariachis)

(Disparos)

(Disparos)

(GRITA)

¿Querías darme un culetazo?

Pues mira esto a ver si te gusta.

(Disparos)

(Disparos)

(GRITA)

(Disparos)

(CHISTA)

(Disparos)

(Disparos)

(GRITA)

(Disparos)

(Mariachis)

(Disparos)

(SILBA)

¿Pero qué haces tú aquí?

¿No tenías que quedarte en la plaza cubriéndome?

Pero también te cubro desde aquí, ¿no?

Pensemos en cómo asaltarles.

Ven.

(Disparos)

(Mariachis)

¡Cuidado, cubriros!

(Disparos)

Están acabando con todos los ladrillos.

Huyamos antes de que acaben también con nosotros.

(Disparos)

Ve a cargarte al General.

¿Por qué? No hay otra salida.

Vigílalo y todos escaparán.

No te dejo. Estás demasiado cerca del oro.

Sí, pero sin cartuchos.

¡Corred, corred!

(Disparos)

Toma, con esto puedes defenderte, pero no hagas locuras.

¡Vamos!

(Disparos)

(Disparos)

(Relincho)

(Silbido)

Vamos.

(Disparos)

(Explosión)

¡Vamos, muchachos!

(Disparos)

(Disparos)

Oye, El Salvador, te suplico que sigas combatiendo.

(Disparos)

¡Viva El Salvador!

¡No, atrás!

(Disparos)

(Explosión)

(Disparos)

Abajo los federales.

¡Viva El Salvador!

(Explosión)

(Cristales)

(Disparos)

(Disparos)

(Lamentos)

¿Eh, donde está Vargas?

Mujer, que soy yo.

¿Quién es yo?

El gran duque Dimitri Vassilovich Orlowsky. El zar.

Entonces corre a combatir. No te quedes ahí.

(Disparo)

Caramba, si me descuido.

(Motor)

(Explosión)

(Disparos)

No la quiero, ahí va.

(Explosión)

(Música)

(Jaleo)

¡Viva México!

Victoria. Hemos ganado.

Ya veo los titulares a cuatro columnas:

El Salvador enciende la hoguera de la nueva revolución.

Al infierno tú, la revolución, El Salvador...

¡Lozoya!

(GRITA) ¡Lozoya!

(Gritos de alegría)

¡Lozoya!

Ven, amigo mío, ven!

Corramos por el oro. Si ya no hay.

Este es el único oro que puedes llevarte.

Lo he recuperado, ¿ves?

Anda, no bromées, ¿Dónde está el oro?

Se lo he dado al pueblo.

No, no lo busques.

Ahora está repartido entre un millar de bolsillos.

Señor, queremos darte las gracias.

Ahora, en Santo Tomás tendremos una escuela,

una carretera y un hospital.

-Y un monumento.

-Que Dios te bendiga.

El papel de El Salvador se te ha subido a la cabeza.

La mitad de esa fortuna era mía.

Escucha, zar. Son muchos los que han muerto

y muchos los que se han sacrificado

y muchos más morirán aún si no pueden defenderse

cuando vuelvan los federales.

El dinero servirá para comprar armas.

Mañana iré a Aguirre para traer el primer cargamento.

No podía traicionar a mi gente.

Pero no te pongas así. Podemos rehacerlo.

Trabajaremos juntos. Hay por ahí tantos bancos...

Yo no cambio un millón de dólares por un idiota como tú.

¡Escucha! ¡Viva El Salvador!

(Gritos)

Gracias, gracias.

¿Los oyes? ¿Oyes a mi gente?

(Disparo)

La próxima foto, será tu entierro.

Y tú recuerda esto.

No me voy nunca con las manos vacías.

(Cantos)

¿Bastarán las armas que vamos a buscar?

El pedido que he hecho es de 300 fusiles,

tres ametralladoras, 10.000 cartuchos

y unos cuantos quintales de dinamita.

Si Vargas vuelve tendrá unos bonitos fuegos artificiales.

Pero este carro está vacío. ¿Qué significa esto?

¿Qué jugarreta es esta? Te han engañado, Salvador.

Quietos. ¿Qué vais a hacer?

Es inútil. Nos matarían a todos.

Tirad las armas. Habéis venido por mi culpa.

¡Tirad las armas he dicho! ¡Es una orden!

(Motor)

Te lo dije, nunca me voy con las manos vacías.

¿Cuánto te ha dado el enemigo por traicionarme, Judas?

El general Vargas te ha valorado por mucho más de lo que vales.

30.000 dólares, los cuales ya he cobrado, amigo mío.

Ahora solo falta tu partida de defunción.

¿Por qué estáis tristes?

Esto no es un adiós.

Yo estaré siempre con vosotros.

Lo único que puedo dejaros es mi nombre.

No es mucho pero es todo lo que tengo

recordar esto, para aquellos que creen en la libertad

ningún ídolo es necesario.

Y para los que no creen en ella, ningún ídolo es suficiente.

¡Basta ya de estupideces! Teniente, proceda.

-Entregue las armas.

Déjelas ahí encima.

Ya que es un amigo mío, ¿Puedo encargarme de sus exequias?

Sí. Gracias.

De frente.

Vosotros dos, venid conmigo.

¿Quiere darme lumbre?

Gracias.

Se ha pagado.

¡Pelotón!

¡Carguen!

¡Apunten!

¡Fuego!

Ha sido una magnífica ejecución, ¿verdad?

Lástima que usted no pueda ser espectador de la próxima.

La suya.

-Dejad los fusiles en el carro.

-Me sorprende que un hombre tan astuto

no haya pensado en esa lógica conclusión.

Se equivoca.

Lo he previsto todo al segundo.

Amigo mío, al menos le servirá de consuelo saber que será

mi noble mano la que le ajusticiará.

Le agradezco tal honor, general.

Saludémosnos ahora antes de que sea demasiado tarde.

Para usted, naturalmente.

(Explosión)

(Disparos)

¡Jia!

(Trote de caballos)

(Disparos)

(Silencio)

(Trote de caballos)

Te dejé vivo en Piedras Negras, querido primo,

porque sabía que rescatarías el oro que ahora será mío.

Tu cuerpo se lo dejaré a los buitres.

Serán pasto excepcional. La carroña de un gran duque ruso.

Abrid esa caja.

¿Para qué? El oro no está ahí. Te equivocas como siempre.

Acuérdate de San Petersburgo. ¡Cállate!

Te repito que el oro se lo han quedado los peones.

¡Abrid el ataúd! Deprisa.

(Disparos)

(Relinchos)

(Disparos)

Estos malditos fusiles no tienen balas.

Están cargados con cartuchos de fogueo,

si no, ¿cómo habrías escapado del fusilamiento?

Tienes recursos para todo pero tu espectáculo se acaba aquí.

Un bandido honrado muere siempre con el sombrero puesto.

¿No es verdad, zar?

Bravo, aprendes deprisa.

Me dejas...

Me inclino ante tu superioridad y ante tu fusil, primo.

¿Puedo brindar por última vez por mi salud, que se acaba?

Bebe cuanto quieras que de ese modo,

con un balazo en el vientre, sufrirás más.

Gracias.

¿Puedo fumarme el último cigarro? Sí, saboréalo bien.

Ese cigarro ha de durarte toda una eternidad.

(TOSE)

(Disparo)

¡Ah!

(Cantos)

¡Eh!

¿Por qué había tanto odio entre tú y tu primo?

Asuntos de familia.

Toma, la mitad de la recompensa que me dieron por ti.

¿Sabes que hiciste un bonito discurso?

Así me conmoviste.

Y yo que creí que estabas traicionándome en serio.

Bueno, el pueblo ya tiene un mártir ahora.

El Salvador ha muerto y yo puedo volver a ser un honrado bandido.

¡Vaya, solo nos faltaba esto!

¡Eh! La revolución se ha extendido.

Pancho Villa y Zapata se han unido.

Todo México se encuentra ahora revolucionado.

Nuestra misión se ha realizado pero ahora os voy a dar una noticia

que os alegrará enormemente.

Nosotros tres juntos, unidos,

daremos un maravilloso golpe revolucionario en Guatemala.

El pueblo está esperando ahora un nuevo guía

que pueda hacerse cargo del mando revolucionario

y cambie las condiciones sociales...

¡Eh! Que hay un cargamento de oro.

Oye, dime, ¿hacia dónde cae Guatemala?

Pues más al sur.

Si la tierra es redonda, volveremos a encontrarnos dentro de 10 años.

(RÍE) ¡Jia!

Sois los dos muy descorteses.

¡Despreciables bastardos!

¡Hijos de perra!

Zar, ¿quieres decirle una palabra de consuelo a esa pobre muchacha?

Sí, con mucho gusto.

¡Vete al infierno!

¡Eh!

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