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Zulu
¿Por qué siempre dejamos los regalos para el último momento?
Yo no entiendo por qué tenemos que comprar regalos.
Que solo nos hemos ido seis días.
- Es nuestra tradición. - Eso.
Dejad de quejaros.
Es que Olgui, de siempre, tan rata.
♪ …de los hechos.
Me falta el espray pimienta, que solo lo venden online y en armerías,
y el Satisfyer, que lo compartimos.
Y he añadido Fave de Fuca y supositorios Rovi.
Vámonos.
Nada me gustaría más.
- Pues ya está. - Vale.
Venga.
- Vámonos. - No. Lo digo en serio.
Vámonos ahora.
Tú y yo.
¿Qué pasa?
¿Por qué me miras así?
Mi amor.
No podemos hablarlo.
No quiero hablar.
Quiero que nos vayamos y ya está.
Es muy sencillo.
No podemos. ¿Mm?
- No puedes. - Sí puedo.
- Sí quiero. - Vale.
Después. ¿Eh?
Cuando termines…
con lo que hay que terminar.
No.
¡Pone "Cádiz" y todo!
Es precioso, hija. Me vendrá bien para el salón.
Mami.
¿Qué pasa, hija?
¿Puedo ir contigo unos días?
¿Unos días? ¿Cuándo?
- Cuando salga. - ¿Del hospital? No, hija, de eso nada.
Me quedo yo aquí con vosotros, encantada de la vida.
Ya, pero prefiero irme contigo.
Que no, cariño, tú tienes que estar en casa, tranquila.
Por eso, contigo estoy tranquila.
Mm…
Ay, qué bien que ya estés en casa.
Tía, ¿todo a un euro?
No seas cutre y cómprale algo decente, que te cuida los gatos.
Pero mira. Y pone "Conil".
Eso es una mierda.
Paquita, muchas gracias por cuidar de las gatas.
Encantada.
Y, bueno, muchas gracias por el regalo.
- No hacía falta. - Nada, si eso es un detallito.
- Estás preciosa con ese pelo. - ¿Sí?
Sí.
Gracias.
Em…
- Paquita. - Dime, hija.
Mañana empiezo con los ciclos.
- Y… - Tranquila.
Tranquila, tú no te preocupes. ¿Mm?
Me quedo las llaves.
Sí, porfa.
¿No prefieres que me las quede yo?
He hecho bocata de ajos fritos.
- ¿No dices nada? - Ya te he dicho que gracias.
Con un entusiasmo que flipas.
Tiene termómetro y todo.
Es que es horrible, hija.
Además, tú sabes que lo que me gusta son los imanes.
- ¿Sigues coleccionando esas mierdas? - Sí, sigo coleccionándolas.
Abres la nevera y se caen 5.
Me agacho, los recojo y los coloco, sin problema.
No tengo mucho más que hacer.
- ¿No tienes mucho más que hacer? - No.
¿Querrías tener más que hacer?
Pues no necesariamente.
Ya he hecho siempre más de lo que me tocaba.
Pues nada entonces.
- ¿Qué quieres que haga? - No, nada, nada.
Pues nada.
¿Te importaría cuidar de papá mientras me doy quimio?
Si ni te reconoce. O sea, no te dará por culo.
Falta el espray pimienta, que solo se compra online o en armerías,
y el Satisfyer, que dijimos que lo compartíamos.
Y he añadido Fave de Fuca y supositorios Rovi.
Cuando te lo dije, estábamos muy drogadas.
Yo creo que un poco drogadas seguimos.
Vámonos.
Sí.
Claro.
- Vámonos. - No.
Vámonos de verdad.
Ahora. Tú y yo.
Bueno, antes tenemos cosas que resolver, ¿no?
¿Te estás arrepintiendo?
No me arrepiento.
En absoluto.
Esto no se trata de Mario y Dani.
Es un tema muy importante, pero…
ahora lo que importa eres tú
y que te pongas bien.
No tengo ganas de hablar contigo, pero necesito decirte algunas cosas.
Y sé que es ridículo mandarte una nota de voz
a estas alturas de la vida, y borracha, pero no me sale si no.
Te voy a contar lo que he hecho estos días
para que entiendas lo que no he hecho en 15 años.
Y tú me dirías…
¿Qué te lo impide? Haz lo que quieras.
Yo empezaría a cuestionarme si el problema es mío
y me entraría la inseguridad.
Tú te harías el ofendido y yo me sentiría ridícula
y pediría perdón, haciéndome más pequeña.
Y no te llamo para no pasar por eso.
Da igual, ya lo siento.
Y sé que borraré esta nota de voz, no te la enviaré,
porque soy cobarde y no me atreveré.
Me crezco con lo de la báscula
y llevo todo el día enfadada sin cogerte el teléfono,
pero sé que, al final, ganarás tú.
Porque tu voz en mi cabeza siempre gana.
Estás loca, cariño.
No sabes lo que haces ni lo que dices.
¿Tú crees que te conviene esto ahora?
Deja de hacer el ridículo.
Y de estar enfadada
paso a estar cagada de miedo de las repercusiones que esto tendrá.
Y no me atreveré a hacer nada.
Nada.
Por eso, al menos,
te quiero decir
que le he hecho un dedo a una chica y que me comió el coño muy bien.
Me he drogado, me he hecho un piercing en el pezón,
he robado
y ayer hice un FaceTime con mi primer novio,
así, en plan guarro.
Desnudos y…
masturbándonos.
Y ahora,
quiero separarme de ti.
Eso debí escribir en el papelito.
"Separarme de mi marido".
Pero ya está.
Ya lo he dicho.
Lo siento, cariño, perdona.
No te mereces que me portara así esta semana.
Bueno, no ha sido solo esta semana. Esto viene de antes.
Pero no te preocupes, es comprensible, y… ya está.
- ¿Qué tal? ¿Lo estáis pasando bien? - Sí, mucho.
Hoy hemos volado en parapente y ahora estamos saltando hogueras.
- Volando y saltando, qué chulo. - Sí.
Sí, la verdad es que ha estado muy bien.
Venga, dímelo.
¿Decirte el qué?
Lo que ya has dicho sin decir nada, dímelo.
¿Desde cuándo no estamos bien?
¿Fue cuando lo del método ROPA? ¿Fue antes? ¿Fue después? Es que…
por más que lo pienso, y esta semana lo he pensado, no…
no me queda claro.
No lo sé.
Pero ¿de verdad importa?
Sí, importa. Claro que importa.
Si vas a cortar, importa.
¿Cortar contigo?
Sí, me has llamado para eso.
Dímelo, Alma.
Por favor.
Solo te pido eso, me lo merezco.
Ha sido un poco todo.
Un poco desde antes,
un poco desde que lo decidimos,
pero, sobre todo, después.
Pero el después no fue solo por eso.
Imagino.
Lo siento mucho, Rebe.
Y yo.
No lo hagas.
¿El qué?
Lo que hacías, ni se te ocurra.
- ¿Cantar? - No estabas cantando.
Estabas… llorando y hablando.
¿"Estoy llorando por ti"?
Estoy llorando por cosas de ayer.
Y cada día… Y cada día me duele más.
La playlist que me hiciste para el parto.
- Cuando estoy de bajón, la pongo. - Y ahora… ¿estás un poco de bajón?
Bueno, sí, estoy… un poco de bajón.
Dentro del subidón.
Pero me ha dado un vértigo importante y…
Como siempre, deseándote.
Estoy cansada de esperarte sin fin.
Cada día te necesito más.
Siento la lluvia que me cae muy fría.
Y vivir una vida triste y sencilla,
añorando las cosas que he dejado atrás.
- ¡Vamos! - ¡Venga!
No me gustan las despedidas.
Las odio tanto que me iba a enrollar con otro tío
para terminarlo de forma abrupta
y que no tuviéramos que hablar.
Y, joder, de repente, me ha dado pena.
No por ti, sino por mí.
Por no acabar como se merece una historia bonita.
Pero… no sé cómo hacerlo.
A lo mejor no quieres que acabe.
¿Sabes?
Me encantan los ajos fritos.
Me flipan.
Y durante el confinamiento y todas esas semanas sin salir de casa,
me entregué a los ajos fritos.
Y el momento cumbre fue un día que me hice un bocata de ajos fritos.
Solo con ajos fritos.
Y no es que te repita unas horas, no, te repite días.
O sea, hasta la piel me supuraba olor a ajo.
Pero, no sé, ahí, encerrada con mis gatas,
sentí la mayor sensación de libertad.
¡Qué manera más original de mandar a alguien a la mierda!
Ay, Dios…
Ay…
Bueno, ya está. Ya está.
Yo tengo mi vida aquí.
Tú tienes tu vida allá.
Hay cosas que se me escapan y que tú no me puedes contar.
El espacio y el tiempo no están de nuestro lado, al final…
Y esto es lo que es.
Mm.
Pero quiero tener un bonito recuerdo.
Te has portado superbién con nosotras en un momento muy jodido.
Y quiero estar a la altura.
El silencio de esta mañana mientras comíamos torrijas…
- ¿Qué? - Es un bonito recuerdo.
Sí. Sí lo es.
En ese silencio nos despedíamos.
Ahí se terminó todo.
Luego esto ya no está sucediendo.
No está sucediendo.
Estás haciendo tu vida.
Y tú la tuya.
Y, si pienso en ti, fíjate, sonrío.
- Yo también. - ¿Sí?
Sí, yo también.
Cuenta pendiente sin tener que resolver porque ha sido plena,
porque se ha terminado como debía terminarse.
Desayunando torrijas en silencio.
Eso es.
¿Me abrazas?
- ¿Bocata de ajos fritos? - Está buenísimo, te lo juro.
- ¡Al agua! - ¡Son las doce!
¿Que no hay huevos a bañarse?
¡Al agua!
¿Qué haces aquí? Si no te he llamado.
¿Me voy?
No me gusta que estés aquí, metidita en mi cabeza.
Es que no me gusta tener conversaciones que no existen.
Siempre acabo enfadadísima.
Porque tener conversaciones que no existen para hacerme sentir bien,
pues mira, de puta madre,
pero es que encima me encabrono mucho.
Deberías informarte sobre la esquizofrenia en Wikipedia.
¿En qué mierda andáis hoy?
Pues en decir la verdad, que a mí no me cuesta.
A los demás no te cuesta, pero a ti misma…
- No empecemos con psicologismos baratos. - Vale, vale… Me callo.
- Deberías llamar a tu padre. - ¿No te ibas a callar? ¿A papá?
Sí, a papá. Porque es al único al que…
Pero…
Déjalo. Si le cuento algo, mañana se le olvidará.
Ya, pero no se trata de que se le olvide a tu padre.
Se trata de que no se te olvide a ti.
- ¿De qué libro de autoayuda lo sacas? - Creí que con esto te sentirías mejor.
Pues lo que me haría sentir mejor es que volvieras.
Tu padre tiene mucho dinero ahorrado.
- Podéis contratar a alguien. - No se trata de cuidar a papá.
De lo que se trata…
es de lo que se trata.
Venga, dilo.
Dilo, dilo.
Venga.
Si no lo dices tú, lo digo yo, que viene siendo lo mismo.
"Cuidarme a mí".
¿Cuidarte a ti?
Estoy hablando por ti, estoy diciendo lo que tú necesitas.
Cuidarte a ti.
Vamos, lo que me faltaba a mí ahora, cuidarte a ti.
¡Que no! Que yo no existo.
Que yo soy tú.
Expreso lo que necesitas en primera persona.
Pero no en mi primera persona, en tu primera persona.
¡Vete a la mierda! Me vuelves loca.
Por fin.
¿Por fin qué?
Por fin tenemos una conversación que no existe
que te hace sentir mejor.
Esto hasta que me sueltes una de tus perlitas.
- No, no voy a hacerlo. - Sí lo vas a hacer.
Si lo hago es porque tú me lo ordenas.
Pues mira, te ordeno que no me sueltes ninguna perlita.
Hecho.
Vale.
Qué gorda estás, hija mía.
Estás muy echada a perder.
Y deja de beber, que no es ni medio normal.
Tienes que cuidarte.
Oye, que yo no he dicho eso, que lo has dicho tú.
A mí me parece que estás hermosísima.
¿Te vas a suicidar?
No te suicides.
Bueno, si quieres, inténtalo,
pero fracasarás, como en casi todo en la vida.
Con lo gorda e hinchada que estás, flotarás.
Eso sí que es un piropo.
Te quejarás de que no te digo cosas bonitas.
¡Vamos, ballenas varadas!
Joder.
Qué peste, tía.
- Se me ha escapado. - Estás podrida.
¿Por qué siempre dejamos los regalos para el último momento?
Yo no entiendo por qué tenemos que comprar regalos.
- Tradición. - Eso.
Olgui, de siempre, tan rata, ¿eh?
- Estos son monos, ¿no? - Y dale… Que no.
Mira, cómprale este.
¡Que pone "Cádiz" y todo!
Pero es más caro.
Cinco euritos.
Venga.
Hombre… Es que esto luce.
¿Has encontrado algo?
Estoy en ello.
¿Qué es esto que hay aquí?
¿Qué hace ahí? ¿Quién lo ha puesto?
Si hemos terminado con los papelitos.
- ¿Lo has escrito tú? - Estoy para más papelitos.
No lo abras.
A saber qué mierda pone ahí.
Será una puta broma.
Bueno, o lo abrimos y lo leemos.
- Pero sin más. - No.
Si se abre, se hace.
Venga, va, ¿nos la jugamos?
Uy, emoción a raudales hasta el final, ¿no? Qué locura.
¡Tss!
¿Por qué estamos nerviosas?
- ¿Estamos nerviosas? - Lo estamos, sí.
Venga.
- Coño ya. - A ver.
A ver.
¿"Esto también pasará"?
- ¿Esto también pasará? - Con puntos suspensivos.
Esto también pasará.
Pero ¿qué mierda es esta?
Cállate. Mira.
Cuenta la leyenda que una vez la reina de un país
reunió a los sabios de su corte y les dijo…
He mandado hacer un anillo con un diamante.
Quiero guardar algunas palabras que me ayuden en momentos difíciles.
Un mensaje al que acudir en momentos de desesperación.
Ha de ser pequeño,
de forma que quepa bajo el diamante de mi anillo.
Quienes escucharon los deseos de la reina
eran grandes sabios, eruditos.
¿Pensar en un mensaje que contenga dos o tres palabras?
Muy difícil.
Igualmente, pensamos y buscamos en nuestros libros de filosofía
durante muchas horas.
Pero no encontramos nada que se ajustara a los deseos de la reina.
La reina tenía muy próxima a ella una sirviente muy querida
que cuidó de ella cuando su madre murió.
Bueno, no, paso.
- Me piro. - No.
- Yo paso. - ¡No, no, no!
No soy ni sabia ni erudita ni académica,
pero conozco el mensaje.
En ese momento, la anciana escribió en un diminuto papel
el mencionado mensaje.
Lo dobló y se lo entregó a la reina.
Pero no lo leas. Mantenlo guardado en el anillo.
Ábrelo solo cuando no encuentres salida en una situación.
Ese momento no tardó en llegar.
El país fue invadido y su reino se vio amenazado.
Estaba sola, huía a caballo para salvar su vida,
mientras los enemigos la perseguían.
Llegó al lugar donde el camino acababa.
No podía volver atrás, el enemigo me cerraba el camino.
Fue cuando recordó lo del anillo.
Sacó el papel, lo abrió
y allí encontró un pequeño mensaje
pero tremendamente valioso para el momento.
Simplemente decía…
"Esto también pasará".
En ese momento, fue consciente
de que se cernía sobre ella un gran silencio.
Los enemigos que la perseguían debieron de perderse en el bosque.
La reina se sintió profundamente agradecida a la sirvienta.
Esas palabras habían resultado milagrosas.
El día de la victoria, hubo una gran celebración.
Con música y baile. Y la reina se sentía muy orgullosa de sí misma.
Apreciada reina, ha llegado el momento
de que leas de nuevo el mensaje del anillo.
¿Qué quieres decir? Estoy en una situación de alegría.
Las personas celebran mi retorno. Hemos vencido al enemigo.
Escucha, escucha.
Este mensaje no es solo para situaciones desesperadas,
no es solo para cuando te sientas derrotada.
También lo es para cuando te sientas victoriosa.
Esto también pasará.
Y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio,
en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba.
Pero el orgullo, el ego,
había desaparecido.
La reina comprendió el mensaje:
lo malo era tan transitorio como lo bueno.
Recuerda que todo pasa.
Ningún acontecimiento, ninguna emoción son permanentes.
Como el día y la noche.
Hay momentos de alegría y momentos de tristeza.
Aceptadlos como parte de la dualidad de la naturaleza.
¡Esto también pasará!
¡Bravo!
- A ver, venga, vamos a hacer balance. - A ver.
¿Qué cosas han cambiado durante el viaje?
El pelo.
Mm… nada.
Todo.
Eh…no lo sé todavía.
¿Te arrepientes de algo?
- No. - No lo sé todavía.
A medias.
El pelo.
¿Qué sientes que se ha quedado por hacer?
Todo.
Yo ya más no puedo hacer.
Esperar a que crezca el pelo.
Eh… ¿repetirlo todo?
¿Qué es lo que más te ha gustado?
Nuestra actitud.
Nuestra unión.
La cerveza.
Tú.
¿Qué pasa? ¿Adónde vas?
- ¿Carol? - No puedo conducir.
- ¿Por? - ¿No puedes conducir?
- Iba a estrellarme con un camión. - ¿Estrellarte?
- Sí. - Querrás decir estrellarnos.
- Eso, sí. - ¿Quieres matarnos?
- ¡No! Bueno, sí, un poco. - ¿Cómo?
He pensado: "Si hago así, si giro el volante, si cambio de carril,
se acabó, todo solucionado".
Y ahí es cuando he paniqueado.
- Tengo vértigo. Me mareo. - Tranquila. Es el estrés seguro.
Sí, a mí me ha pasado mil veces.
Pero mi psiquiatra dice que es distinto pensarlo y hacerlo.
No es que lo pensara, es que me he visto haciéndolo.
El camión me llamaba.
¿"Camión llamando a Carol"?
Venga.
Dale.
Claro. Es un "mátame, camión" total. Dale.
Oye, ¡que lo digo en serio!
- Que sí, dale. - Venga, vamos a estamparnos.
- ¡Contra los molinos de viento! - No son molinos. ¡Son gigantes!
- ¡No me piquéis! - ¡Venga, vamos!
¡A tomar por culo todo! ¡Dale!
- ¡Eso! - ¡Acelera!
¡Es que sois unas idiotas!
¡Qué idiotas sois!
"Me llamaba" dice.
Ay, Dios…
Es que tengo una sensación rarísima.
Como si lo que hemos hecho hubiera pasado hace años.
Lo veo como en una nebulosa.
A mí me pasa lo mismo y no entiendo por qué, la verdad.
La energía que tenía, lo veía todo claro, y ahora…
- Ya. Da miedo volver a casa, ¿eh? - No sé qué hay que hacer.
Antes era fácil, había retos que cumplir, no quedaba otra.
No sé cuál es el primer paso.
Yo creo que ese ya lo has dado.
- Lo hemos dado todas. - No hay que temer la vuelta.
Hasta que no volvamos, no termina este viaje.
No sabremos qué nos ha cambiado hasta que nos enfrentemos a nuestra vida,
a la realidad.
En cualquier caso, quedan muchos camiones en el camino.
Brindo por eso.
Bueno, ¿qué me decís de estas?
- ¿Qué va a pasar con ellas? - Chicas, es un temario importante.
Es que están tan monas juntas… Me encanta.
Poco hemos hablado de lo heavy que es esto.
No se puede hacer así como así, hay que consensuarlo.
Hay mucho en juego. El grupo puede caer.
¿Tienen que pedir permiso? ¿Qué dices? Por favor…
- Esto altera el ecosistema. - Claro.
Es como si se enrollasen dos primas.
O sea, roza lo ilegal.
Es más que primas.
- Es más de hermanas. - Claro. Es incesto entonces.
Sois unas antiguas… Pero antiguas.
Hola, bonitas.
Buenos días.
¡Hola, guapis!
¿Me puedo tumbar yo aquí con vosotras?
- Claro. - Sí.
No nos mires, únete.
Tócale la orejita.
- La oreja no. - ¿El cuello mejor?
Vale, ya está.
- Que era broma, que ya está. - Qué pesada.
No nos despedimos.
La que odia las despedidas.
- Hemos quedado mañana a las 10. - No, menos cuarto.
Hay que ir un poco antes, que una que yo me sé va a su ritmo.
Que sí, a menos cuarto.
Y ni besos ni nada.
Y ni "os voy a echar mucho de menos" ni lagrimitas.
Que nos conocemos.
Es precioso, hija. Me viene muy bien para el salón.
- Mami. - ¿Qué pasa, hija?
Ay, qué bien que ya estés en casa.
Ay, Paquita, muchas gracias por cuidar de las gatas.
Yo encantada, hija.
Y gracias a ti por el regalo. De verdad, no hacía falta.
Nada, si es un detallito.
- Estás muy guapa con ese corte de pelo. - ¿Sí?
Sí.
Gracias.
Em…
- Paquita. - Dime, hija.
Em…
¿Me puedes dejar unos ajos?
Los que quieras.
Vale, gracias.
¿Quieres entrar?
¿Quieres que entre?
No me atrevo a decirte lo que he pensado.
Ni yo me atrevo a preguntar qué has pensado.
Me falta el espray pimienta, que solo lo venden online y en armerías,
y el Satisfyer, que dijimos que lo compartiríamos.
Vámonos.
Nada me gustaría más.
Pues ya está.
Venga.
Arranca.
- Vámonos. - No, no, no.
Te hablo en serio.
Ahora.
Tú y yo.
Vámonos.
Vamos a tener la conversación que no nos atrevemos a tener.
¿Qué conversación?
La que tú tienes contigo misma y la que yo tengo conmigo misma.
Que viene a ser la misma.
Yo no quiero hacerlo, no me obligues.
Eres tú la que tienes que decirlo.
Yo tengo poco en juego, tú lo tienes todo, así que venga.
Solo te pido que verbalices lo que tienes en la cabeza.
Y luego hacemos lo que tú quieras.
No podemos estar juntas.
Esto no puede ser.
Y las dos lo sabemos.
Si algo sale mal entre nosotras, ¿qué va a pasar?
Con nosotras.
Con nuestras amigas.
Con nuestras familias.
Ojalá hubiéramos tenido el valor de…
explorar esto hace diez años.
Pero ahora, es que… es que no.
Es que no.
Ha sido precioso.
Voy a estar enamorada de ti toda la vida.
Te querré para siempre.
Pero no va a pasar de ahí.
Es una realidad que impone la vida.
No se puede.
Tan sencillo como eso, no se puede.
Hemos construido una relación basada en otras cosas.
Y pasar de eso
a esto…
conlleva el riesgo de perderlo todo.
¿Ya podemos hacer lo que yo quiera?
Lo que tú quieras.
Qué cobarde soy.
No.
No es cobardía, es lo debido.
Sí.
Es cobardía.
¿Dani?
- ¡Mami! - ¡Ay, nenita!
Qué guapa estás.
Bueno…
A lo mejor sí que es un poco cobarde.
¿Me has echado de menos?
Pero es cobardía de la buena, de la que te protege,
la que te ha ayudado a tener una vida maravillosa.
- Hola, amor. - Hola, amor. ¿Qué tal?
Qué guapa estás.
- ¿Habéis estado bien juntos? - Sí.
¿Rebe?
Hola, almas perdidas.
Nunca os conté por qué me rapé la cabeza.
Y no iba a hacerlo, iba a esperar…
a que todo esto pasase.
Pero no me parece justo.
Y no lo digo por vosotras y vosotros,
sino por mí.
Porque si lo comparto prácticamente todo, ¿por qué no esto?
¿Por qué no algo que importa de verdad?
Algo que…
que puede ayudar a dar visibilidad y a dejar de estigmatizar.
Estas de aquí… son mis mejores amigas. Nos llamaban "las de la última fila".
Un profe del cole nos sentó por orden alfabético de apellido
y nos tocó juntas en la última fila.
Desde entonces,
inseparables de por vida.
Pues…
una de nosotras
tiene cáncer.
Joder.
Qué miedo da decir la palabra, ¿eh?
¿Con esto quieres firmar la paz?
No quiero firmar la paz, solo que me ayudes.
Si tiene un termómetro y todo, ¿eh?
Y no solo miedo,
sino vergüenza.
Muy loco, ¿eh?
Vergüenza.
¿Mejor?
Mucho mejor.
Y lo niegas,
lo quieres ocultar,
hasta que…
se lo cuentas a tus amigas.
Lloras varios días,
te emborrachas las mismas veces…
Decidimos raparnos todas la cabeza al dos.
Nos vamos de viaje
justo antes del primer ciclo de quimio.
Y hacemos cosas…
que nunca pensábamos que haríamos.
Pero, claro,
luego vuelves a tu realidad.
Y la realidad es la realidad.
Las cosas van a otro ritmo.
No se transforman tan fácilmente.
Bien porque no puedes, bien… porque no quieres.
Pero no pasa nada. No es un fracaso.
Supongo que forma parte del proceso.
¿Os acordáis…
de mi mochilita?
Os juro que hacer esto me provoca muchísima angustia.
Pero ahora toca quedarse aquí. Esa necesidad mía de huir,
de tener que estar siempre preparada para salir corriendo,
no me ha llevado a ningún sitio y me ha separado de lo que quiero.
Durante el viaje, nos prohibimos hablar del cáncer.
Pero no para ignorarlo, que ya os digo yo que eso es imposible,
sino para poder plantarle cara,
hacernos amigas suyas.
Porque vamos a tener que convivir con él durante una temporada, y…
Y mejor no cabrearlo, mejor llevarse bien, ¿no?
Porque, además,
el verdadero viaje…
empieza ahora.
- Igualito que en la playa. - Igualito.
Bueno, ¿qué?
¿Decimos quién escribió cada papelito?
Pero ¿ya se puede hablar de…?
Si estamos aquí, frente al hospital, y ya en 15 minutos…
Venga, va.
- ¿Quién empieza? - Venga.
Empiezo, que me aburren los prolegómenos.
"Probar con una chica".
- ¿Qué? - ¿Cómo?
- Como si no lo hubieras hecho nunca. - ¡Qué fuerte!
"Tomar drogas juntas".
Si tú te has metido de todo.
Ya.
Ya te digo.
"Cometer un delito".
¡Anda! Habló la choricilla, mira.
Pero, chicas…
- Em… - Que…
"Saldar cuentas pendientes".
La que nunca ha roto un plato.
¿Y tú?
¿Yo? La que queda por descarte. ¿Cuál va a ser?
"Decir la verdad".
La que siempre la dice.
Me aburría máximo el jueguecito de mierda y era para putearos un poco.
O igual lo has hecho para ayudar.
¿Ayudar a qué?
Que lo escribiste más por nosotras que por ti.
¿Eso habéis hecho vosotras?
¿Recuerdas cuando te dije que era lesbiana?
¿Tendríamos 17? Me costó mogollón.
Bueno, de hecho, es a la última que se lo dije
porque imaginaba que te reirías de mí, que bromearías durante semanas…
Bueno, y eso es lo que hice.
Sí, pero un día,
cuando ya había pasado esa fuerza que te lleva a arrasar con todo,
me dijiste:
"Bueno, en realidad, con lo gilipollas que son los tíos
y lo mal que me va con ellos,
no me importaría un día probar con una chica".
Bueno, estaría muy pedo.
Pues sí, ibas borracha.
Y a mí un día me dijiste: "Me da cague drogarme,
tengo miedo de dejar de ser yo, o lo que es peor, empezar a ser yo".
Y luego me dijiste:
"Eso sí, si algún día me drogo, tiene que ser todas juntas".
Estaría muy pero que muy pedo ahí, vamos, porque…
¿Y te acuerdas de ese día en Benetton,
que robé un pantalón poniéndolo bajo el mío?
Y me dijiste: "Quién pudiera".
Quién pudiera ponerse dos pantalones sin reventarlos.
- No robar. - Ay, Leo.
Y lo de saldar cuentas pendientes, pues no…
no necesitas explicación, ¿no?
¿Y el tatoo?
¿Quién lo ha escrito, el que falta? ¿Quién lo ha puesto?
Vale, sois unas hijas de puta.
Tío, no vale.
Lo habéis acordado. Sois lo peor.
No nos hemos puesto de acuerdo.
Lo hemos escrito sin compartirlo con las demás.
Pero pensando en ti.
Para ti.
Por ti.
Pues no ha servido de nada
esta puta mierda de estrategia que habéis hecho.
Porque miradme, no ha cambiado nada.
Sigo igual, sigo siendo la misma gorda cabreada con el mundo, y encima calva.
Aunque eso también, tarde o temprano, iba a pasar.
Vale, a ver, que os quiero decir una cosa.
Una cosa que no merecéis, os lo digo desde ya.
Y es que me alegra haber sido yo la que tiene cáncer.
Porque vosotras tenéis vuestras vidas, todas.
Y para mí, mi única vida sois vosotras. Joder…
Y es que me muero si una de vosotras lo pilla.
Así que…
de verdad, estoy superaliviada
siendo la sacrificada de este grupo.
Así que espero que hayamos cubierto ya la cuota de este puto bicho.
Y nada, que…
que, en realidad, me lo he pasado superbién en el viaje.
Y que querría estar de vacaciones todo el rato con vosotras.
Con las mierdecitas de juegos que hacéis con los papelitos,
gilipolleces, pero bueno, que me lo he pasado bien.
Joder, es que me tengo que ir ya.
Pero vamos, que…
os quiero mucho.
Sois unas idiotas y unas hijas de puta
y calvas, que lo sepáis.
¿Vale?
Pero bueno, que os quiero.
Cuando salga, que las cervezas sigan frías.
- ¿Vale? - Lo estarán.
Te lo juro, tía.
Vale.
Ay…
Tengo mucho miedo.
En realidad, no estamos aquí.
¿Que no estamos aquí?
Que no estamos aquí.
Que seguimos allí, - Estamos en la playa. Paseando.
Abrazadas.
Y echándonos unas risillas.
Haciendo el payaso.
Como siempre.
Nos quedaremos allí.
Todas juntas.
Para siempre.
En mi cabeza estoy en pleno vuelo y lo estoy flipando. ¡Yo vuelo sola!
No me van a cortar las alas. ¡Ni tú ni nadie!
Ahora mismo estoy volando.
¡Uh! ¡Uh!
¡Dios!
¡Estoy volando!
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