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Hola.
Hola.
Perdón.
No quería despertarte.
¿Habéis dormido bien?
¿Mm? Sí. ¿Tú?
Como el culo.
- ¿Y eso? - Tengo el sueño superligero.
Cualquier ruidito me despierta, ¿eh?
Un gemido en la habitación de al lado y ¡pum! los ojos como platos.
- Ya. Pobre. - Pues sí.
Porque estaba sola, sin Olga, que me las prometía ayer divino.
Pero vamos, si es por una buena causa, yo adelante.
Me tengo que volver.
- ¿Adónde? - Martina está mala.
- ¿Qué le pasa? - No se siente bien.
- ¿Está en el hospital? - No, pero está llorando. Me voy.
¡Carol!
- Espera. - Se va.
- Espera, Carol. - Tranquilízate, amor.
- Está Rubén con ella, ¿no? - No es lo mismo.
Tiene fiebre, y una madre es una madre.
No te agobies.
Algo podremos hacer desde aquí. ¿Cuánta fiebre tiene?
55 kilos.
¿Qué?
Es, según mi aplicación, mi nuevo peso.
Alguien se ha pesado en mi báscula, en mi baño.
Se ha registrado ese peso y me ha saltado la notificación:
"Enhorabuena. Ha alcanzado usted su peso ideal".
¿Eso qué tiene que ver con Martina?
Primero pensé que era Martina, que le gusta hacer la gracia.
Pero luego he caído: "¿55? Si Martina no pesa ni 40 kilos.
Pero igual está con su hermana". Pero es que no,
porque justo esta semana están con mis padres.
Rubén está solo en casa.
Y piensas que está con otra.
No lo pienso, lo sé.
Mi marido está con otra y está más delgada que yo.
¿Cómo? ¿Qué me he perdido?
Martina tiene 55 kilos de fiebre.
Me voy.
Eh, no. Espera. ¿Adónde vas?
¿Quieres pillarlos? Tardas siete horas en volver.
Sea lo que sea, no solucionas nada yéndote.
Llama a Rubén. Pregúntale y seguro que hay una explicación estúpida.
Dirá que estoy loca y le dará la vuelta.
"Crees que estoy con una? ¿Estás tú con otro?".
Lo cual sería más o menos correcto, ¿no?
¿Te hace gracia? ¿Crees que es gracioso esto?
No me hace gracia, pero es lo mejor que puede pasarte.
No, lo mejor no es que tu marido te engañe,
sino que tomes tus decisiones motu proprio.
Pues no quiero estar aquí.
Ya está. Se acabó la broma. Me siento como el culo.
Y no por la báscula, sino por lo que hemos hecho.
Lo merezco por idiota.
O sea, ¿que Rubén te engañe es culpa tuya?
No, culpa mía es todo lo que hemos hecho.
Existe el karma, y lo que siembras, lo recoges.
Pues nada, ya está. Pues vete. Corre.
Sí, es verdad.
Si lo que estamos viviendo no te ha hecho reflexionar…
Si crees que, en vez de ayudarte, te ha jodido la vida…
Definitivamente, estás muy trastor,
así que lo mejor es que te pires.
¿Abrimos el papelito?
Pues sí.
Cuanto antes terminemos con esta farsa, mejor.
- Va a volver enseguida. - Ni se ha llevado la maleta.
Ya.
El último.
Venga, va, el último.
¿No vais a salir a buscarme?
Lástima que falte Carol para el reto.
Es verdad, porque nos daba mucha vidilla.
Ya, es que era todo el rato: "No, yo eso no lo pienso hacer".
- Y luego, la lía parda. - Total.
No me voy porque tengo una sorpresa, pero hacedme caso.
Venga. Una, dos…
Vamos ya.
A ver.
No. O sea, "probar con una chica".
Ya ha salido.
- Ya ha salido y ya se ha hecho, ¿no? - Se ha hecho.
- Venga, pues… Tururún… - Venga.
Ahora sí, ¿eh?
- A ver. - Va, va.
"Decir la verdad".
Guau. Casi nada.
Será que nosotras nos callamos las cosas.
Bueno, algunas sí.
Pero ¿qué dices? Si no tenemos secretos.
Chicas, cuentas pendientes, decir la verdad…
Qué vidas más tristes. Me estoy deprimiendo máximo aquí en Cádiz.
Esto lo has escrito tú fijo.
¿Yo?
Hoy he contado las veces que he mentido.
48 veces.
El problema no es la cifra, sino que ha sido un día normal.
Mi día normal ha sido una puta mentira.
Yo soy una puta mentira con patas.
Yo, que voy de sincera y de compartirlo todo sin tapujos,
me paso el día mintiendo.
Y es que, si yo soy así,
la gente que me rodea, no la gente en general, que también,
sino ese círculo que compone tu vida,
también está basado en la mentira, ¿mm?
No me hagáis caso, me he tomado tres vinos.
Cuatro o cinco.
Siete.
De verdad, dejad de seguirme. Si soy un fraude.
"Dejad de seguirme. Soy un fraude".
Hala, diez mil suscriptores más.
Doce mil en realidad.
¿Me vais a hacer caso ya?
Carol debe de estar llegando ya a Madrid, ¿no?
Vale ya, ¿no? Que estoy jodida.
- No me ignoréis. - Ya sabemos, cariño, que estás jodida.
Llevas mucho tiempo jodida.
Y no te ignoramos nosotras, tú nos ignoras a nosotras.
Bueno, si vamos a empezar ya con el juego de la verdad,
tomamos unas cervecitas para calentar motores, ¿no?
Lo de decir la verdad debería ser liberador,
no generar mal rollo entre nosotras.
Eso.
Tenemos un chat para hablar de ti porque estamos muy preocupadas.
Hala, venga.
Vamos…
¿Un chat?
¿Preocupadas de qué? Mejor decidme las cosas a la cara.
Estamos todo el rato diciéndote las cosas a la cara.
Pero te pones a la defensiva si tiene que ver con Rubén.
- ¿Me pongo a la defensiva? - Sí.
Y siempre encuentras una excusa para justificarlo.
Es que vosotras solo escucháis una versión.
Y yo a veces me desahogo y…
Ya, pero lo peor es que casi siempre acabas culpándote a ti misma, Carol.
¿No lo ves?
¿Desde cuándo lo tenéis?
Hace… unos años.
¿Unos años?
Diez años, más o menos.
- ¿Diez? - Sí. Antes no porque no existía WhatsApp.
Quiero leerlo.
- Quiero leerlo todo ahora. - No, ni hablar.
No. Y no hablamos todos los días y no hablamos mal.
Siempre hablamos desde el amor y desde el cariño.
Mm.
- ¿Cuándo fue el último mensaje? - ¿Qué más da eso?
"Ratoncito y Ratoncita se están comiendo el queso.
Ratoncito de mi vida,
¿puedes volver a convertir en princesa a nuestra Ratoncita?".
Y luego, emoticonos de risa de ellas.
Antes nos lo tomábamos en serio,
pero ahora, casi siempre estamos de coña.
Porque, cuando no reaccionas
y lo que te decimos no cala de ninguna manera, nos frustra.
Y hemos acabado entrando en la mentira de que estás muy bien
y que lo que pasa con Rubén son solo cosas de pareja sin importancia.
Lo dice la de la vida perfecta que se ha liado con su mejor amiga.
Hipocresía.
Auch…
¿Cómo?
¿Qué ha pasado? ¿Qué me he perdido?
Eh… Perdón, no quería ser borde.
Que tienes razón. Yo también tengo mis mierdas.
- Perdóname, Sara. - No hay nada que perdonar.
Solo me ofende que compares una paja virtual con tu primer novio
con hacer el amor con alguien importante en tu vida.
No me ha gustado.
Pero lo demás lo asumo y me lo como con patatas.
A ver, una cosa.
Chicas, ¿os habéis liado?
Perdóname, de verdad.
Te voy a dar un beso, porque… Te doy un beso.
- En la boca no. - No.
No te pongas celosona, Alma, que te veo.
¿Hasta qué hora dura lo de decir la verdad? Porque…
Hasta medianoche.
¡Madre mía! Las Cenicientas de la verdad vamos a ser.
¿Trece horas de sinceridad?
- Será una carnicería. - Ya lo es.
No sé. Lo dejo estar, seguro que no…
¡Que lo llames!
Y ponlo en altavoz.
- Hola. - Hola, cariño.
- ¿Qué tal, amor? - Bien.
¿Y tú?
¿Disfrutando de tus vacaciones sin tus mujeres?
Os echo mucho de menos.
Ya.
¿Y tú a nosotros?
¿Hola?
- ¿Quién se ha pesado en mi báscula? - ¿Yo qué sé?
Me lo ha notificado la app.
Alguien ha usado mi báscula a las 09:55.
- La habré pisado sin querer. - No la pisas y sale el peso.
Debes tocarla para activarla y luego subirte unos segundos.
Pues ¿yo qué sé?
- ¿Has metido a otra en casa? - ¿Qué? ¿Estás loca o qué?
No me llames loca, siempre que puedes lo haces.
No digas gilipolleces. Te hago un FaceTime.
Así te enseño los armarios, a ver si encuentras a alguien.
¿Sabes cuál es el papelito de hoy?
- ¿Tocarle los cojones a tu marido? - No. Decir la verdad.
¿Decir la verdad? Ya. ¿Qué verdad?
No mentir.
Ser sincera todo el día.
Vaya una puta mierda de reto.
Puta mierda es enterarse por la app de la báscula
de que tu marido te engaña con otra.
Y dale. ¿Quieres dejar el temita ya?
¿Tú me quieres?
¿Cómo?
Que si me quieres.
Pero ¿a qué viene eso ahora?
Como estás obligada a decir la verdad, quiero saber si me quieres.
Claro que te quiero, qué tontería.
Pero ¿estás enamorada de mí?
- ¿Qué tenemos, 15 años ahora? - Contesta.
- ¿Quién ha usado mi báscula? - ¿Crees que me he acostado con otra?
¡Sí, joder, y estoy histérica! ¡Me va a dar algo!
Me han parado estas porque me volvía a Madrid.
He sido yo.
Que no me creo que la pisaras por accidente.
Lo he hecho aposta.
¿Cómo que aposta?
He puesto un pie en la báscula y he presionado
hasta que ha marcado 55 kilos.
Venga, hombre.
¿Para qué?
Lo siento, lo estoy pasando fatal estos días.
- Te noto distante, como que no estás. - Si hablamos 40 veces al día.
- Sí, pero hay algo diferente. - Claro que lo hay. Muy diferente.
Ya lo sé. Perdóname, pero…
Solo quiero quede claro que, bajo ninguna circunstancia,
me acostaría con nadie.
Porque te amo. ¿Mm?
Y porque, mira…
¿Que mire qué?
Mira.
Mira cómo me pongo solo de pensar en que mañana vuelves.
¿Y para qué lo has hecho?
Pues… para esto.
¿Esto?
Sí, para ver si te entraban celos…
Necesitaba que me demostraras que te importo un poco,
que me dieras amor. Se me han cruzado los cables.
Anoche dormí fatal, tuve muchas pesadillas…
La casa se me cae encima sin ti y las niñas y…
No volverá a pasar, de verdad. Perdóname.
Entonces, lo de los 55 kilos,
¿has hecho ese peso aposta?
Sí, me acordaba de que era tu peso ideal y…
Te acordabas porque fuiste tú el que lo decidió.
Lo de decir la verdad nos ha comido la lengua, ¿eh?
Adelántanos algo de la sorpresa.
Es mejor hacerlo sin pensar, créeme.
¿Como enviar una fotopolla?
Un momento. ¿Podemos hablar del elefante en la habitación?
No, no podemos hablar.
Estamos en modo verdad.
Pues de verdad os pido que no hablemos de eso.
No sea que se pierda la magia.
Leo, déjate de bromitas que este es un tema importante.
Chicas…
¿Cómo ha pasado?
¿Cómo os encontráis? ¿Qué significa esto?
O sea, no podemos pasar por encima.
- Sí podemos. - Nadie habla de pasar por encima.
- ¿Por qué no lo coges? - Es Rebe, no me apetece hablar ahora.
Ah, no, eso no vale.
¿Cómo que no vale?
Se trata de enfrentarnos a un día sin mentiras
y no vale encerrarse en el cuarto hasta que pase.
No estoy encerrada en el cuarto.
Ya te gustaría estar encerrada en el cuarto
con una que yo me sé…
- Estamos diciendo verdades. - No hace falta pasarse.
Decir la verdad es decir la verdad, no esquivar la verdad.
Pues no me apetece hablar, esa es mi verdad.
Lo que siento y necesito.
Ya, pero eso es hacer trampas.
- Qué pesada eres. - Bueno.
A ver, necesitamos aquí a una mediadora en este conflicto,
que resuelva este nudo, alguien objetivo.
- Sari… - A mí no me metáis.
Claro, eres una parte interesada.
Mójate, venga.
A ver, siendo sincera, no es lo suyo.
Aunque lo entiendo.
Por esta vez, pase, pero, si te llama otra vez,
le tienes que coger.
Gracias por el cable.
Primer conflicto de pareja.
- Eh… ¿Qué haces? ¿Qué haces? - Apagar el móvil.
- ¡Sí, hombre! - No vale.
Siempre que vamos a la playa o a cenar o lo que sea, lo apago.
Y a veces lo dejo en la casa.
¿Ah, sí? ¿Y por qué lo haces? Y no vale mentir.
Porque me apetece estar con mis amigas, disfrutar del viaje, desconectar…
Me paso el día enganchada al móvil.
Ajá, ¿y…?
Tengo una crisis gorda con Rebe de la que ella no tiene ni idea.
Dado mi comportamiento estos días, estará mosqueándose.
Joder, tía, no tenía ni idea.
Pues ahí tenéis mi verdad.
¿Te has desahogado diciendo la verdad?
Muchísimo mejor. Gracias, Leo.
Vale. Ya me callo, ¿no?
Sí, mejor.
No abráis los ojos, ¿eh, chicas?
Uno,
dos, tres.
Ya.
¡Guau! ¿En serio?
¡Me flipa!
Por favor, que yo no hago esto ni de coña.
Me da un miedo terrible.
Menos mal que he bebido unas cervecitas.
A ver, antes de entrar en discusiones absurdas,
deciros que no podéis elegir, porque es como un papelito, pero no lo es.
Yo no lo he escrito, pero es algo que siempre quise hacer y no me atrevo,
y, como solo podíamos escribir una, pensé: "Pues a esta invito yo".
Qué guay.
- He traído mallas, ¿vale? - Vale.
El primer día, esto hubiera generado una discusión.
- Y ahora, más vértigo no podemos tener. - ¡Que no!
Nada de alcohol antes del vuelo.
Una cosa.
¿Eso qué quiere decir?
Que si ha consumido alcohol antes, no se puede volar.
Pero ¿un minuto antes del vuelo, horas, la noche anterior…?
"Estado de embriaguez evidente", dicen las normas.
¿Lo habéis probado?
¿Ha volado alguien borracha con consecuencias letales?
- ¿Ha bebido alcohol? - Entre tú y yo,
¿usted cree que si yo hubiera bebido un par de cervezas…
no sé, tres, cuatro, cinco…
como mucho, me incapacita para volar?
¿Debo hacer algo arriba? No, ¿verdad? ¿Tengo que dominar el aparato?
No tiene que dominar el aparato.
¿Podría subir muerta y, aun así, aterrizar viva?
Sí, es posible, pero no es seguro.
Lo único que es seguro es que una de nosotras tiene cáncer.
- Tía… - Shh. Chicas.
Imagínate que soy yo
y que esta es mi última voluntad,
y sí, he tenido que beber seis cervezas para superar el miedo.
¿Me lo vas a negar?
Esto aquí.
- Estoy un poco nerviosa. - Va a ser muy suave.
- ¿Así? - Sí.
Ah…
- ¡Vamos!
En mi cabeza estoy en pleno vuelo y lo estoy flipando.
La mejor experiencia de mi puta vida.
¡No necesito tu permiso, yo vuelo sola!
No me van a cortar las alas. ¡Ni tú ni nadie!
¡Ahora mismo estoy volando! ¡Uh! ¡Uh!
¡Uh!
¡Me encanta!
Eres la más coherente, la más generosa.
Pero tienes que pensar más en ti.
Deja de tratar de agradar todo el rato a todo el mundo.
No es que hagas todo bien, es que no te permites hacer nada mal.
Cinco días sin cagar es síntoma de todo lo que callas.
Creo que siempre has estado enamorada de Alma.
Siempre estás un poco despegada de nosotras.
Como si nunca estuvieras del todo.
Estás estancada en tus mierdas porque te funcionan las redes.
Y vives abrazada a tu sombra.
Antes de tener un bebé, debes aprender a estar bien contigo misma.
Creo que siempre has estado enamorada de Sara.
No fluyes tanto en la vida como crees. Mucha pose veo yo ahí.
Tu libertad está montada a base de normas.
Pones límites a los demás y, al final, la que se limita eres tú.
Huyes de estar en algo más profundo.
Echo de menos a la Carol de antes. Te echo de menos.
Estás a tiempo de ser mejor, de ser más feliz.
Tu marido te maltrata.
Necesitas ayuda. Vuelve a la psicóloga.
¡Buah, chaval!
¡Buah!
Estuvo muy bien.
A veces es complicado ser tu amiga.
No te dejas ayudar.
Vives en un mundo demasiado cerrado, demasiado acotado.
Ábrete un poco.
No sé cómo llegarte.
Huyes, te escondes en el chiste.
Tía, bebes demasiado.
Deja de vivir anestesiada.
Dijo la de los porros.
Se trata de escuchar sin decir nada.
La verdad de cada una.
- Con cada una. - Y dar las gracias.
Pues gracias.
Gracias.
Gracias.
Gracias.
Gracias.
Pues venga. ¡Salud!
Venga, salud.
Hola. ¿Cómo ha ido el vuelo? Espero que emocionante y liberador.
Oye, una cosa.
Como es vuestra última noche y es San Juan,
os invito a cenar al restaurante.
No conmigo, no te asustes. Solo vosotras. Me haría mucha ilusión.
Un beso. Chao.
¿Qué haces?
Nada, aquí, con el móvil, que no me duermo.
¿Ya estás en el Tinder?
Eh… Sí. ¿Qué pasa?
Pues que tienes novio.
Y dale. ¿Qué novio? Y, si lo tuviera, ¿cuál es el problema?
Que acabas de hacer match.
¿Vas a quedar con él?
No puedes engañar a David, que es como de la familia.
Que le queremos todas muchísimo.
¿Qué necesidad de acostarte con otro?
Pero ¿y tú qué sabes cuál es mi necesidad?
- Tienes razón, desconocemos tu necesidad. - Pues ya está.
Pero como estamos con esta mierda de la verdad…
Olga, cariño, ¿cuál es tu necesidad?
Mira, darme un baño, que tengo calor.
¿Qué necesidad tienes de acostarte con otro ahora?
- Me gusta follar. - Ah…
¿Y por qué no con David?
Ahí, acorralando.
Que me quiera follar a David no significa que no quiera follar a otros.
No, la pregunta es, realmente,
ahora mismo,
¿te apetece follarte a otro que no sea David?
Uf… Joder, chicas, dejadme en paz, ¿vale?
Estás acojonada, ¿verdad?
No tanto como vosotras.
Uy, uy, uy.
Qué contraataque.
- ¿Hace falta que os lo explique? - Ajá.
Ya lo sabéis, se me ha ido de las manos con David.
- Punto. - O todo lo contrario.
Es alguien que merece una oportunidad.
Pero ¿una oportunidad de qué?
¿Para qué?
Sí, hoy, cuando me he despertado a su lado,
me he acojonado porque lo he mirado y no tenía ganas de salir corriendo
ni tenía necesidad de follar.
No hemos follado.
Nos hemos limitado a estar en la cama, mirándonos.
Luego hemos comido torrijas…
- Oy, oy.
Sí, es muy bonito, muy mono, pero yo…
no lo siento así.
No es el objetivo de este viaje encontrar pareja.
Ni del viaje ni de mi vida, y eso lo sabéis de sobra.
- Es buen tío. - Sí.
Claro, sí, sí, es un tío de puta madre, me río mazo con él, todo fetén…
pero no quiero salir de aquí con nada parecido a un novio.
Me descoloca y no me hace feliz.
Así que ya está, lo voy a reconducir.
Me follo a otro y lo devuelvo todo a su sitio.
¿Que me jode y me da un poco de pena y mal rollo?
Pues sí, pero nada de lo que pueda sentir ahora
va a importar de aquí a unos días
o unas semanas… y mucho menos unos meses.
Será algo anecdótico. Ya está.
Es lo que hay.
¿Qué tal estás?
Imagínate.
- Rara. - Rarísima.
¿Y tú?
Pues como la tarde, nublada.
Nubladísima.
¿Quieres hablar?
¿Más aún?
Ya.
¿Tú?
No, no quiero hablar.
Quiero leer.
El chat.
- ¿Me dejas el móvil? - No.
- Es que lo necesito. - Ni de coña, no.
La verdad por delante, ¿no? Necesito que me enseñes mi verdad.
Sara…
Querido hombre de los detalles,
gracias por la invitación, allí estaremos.
Besos.
Uno de los recuerdos más intensos que tengo en mi vida
es del día que rompiste aguas.
Cuando me dijiste…
¿Recuerdas lo que me dijiste?
No sé.
Es que nos dijimos tantas cosas…
¡Dios!
Me pongo romántica, y a la mierda.
Ah, ¿lo de la playlist? Me hiciste una porque estaba acojonada con el parto,
el dolor y que fuera interminable, y la matrona me dijo:
"Cuando estés de parto, es importante que te muevas,
abre la pelvis y ayuda al bebé a colocarse".
Y yo te lo conté
y tú me hiciste una playlist de no parar de bailar
con todos nuestros hits de los 13 años, cuando íbamos a las discotecas de tarde.
Yo quise que la escuchásemos juntas para que la probaras.
Esto es droga dura, joder.
Para que el día del parto ninguna canción te rayara.
Pero claro…
Yeah, yeah…
Sí, señor.
Nos vinimos muy arriba.
- Muy arriba. - Sí, bailando tanto temazo.
- Vale. - Vale.
¿Es eso?
Dime que es eso.
Es…
casi eso.
Mierda, ¿qué es?
Fue cuando Mario te vino a buscar.
- Espera. - ¿Qué?
- Olvido el móvil. Un segundo. - Yo voy yendo al coche.
¿Cómo vas a dilatar si no?
Y antes de salir, me dijiste…
¿Me eché a llorar?
Te echaste a llorar
y me dijiste…
Contigo sería todo mucho más fácil.
"Contigo todo sería mucho más fácil".
No solo me dijiste eso.
Más fácil…
y, sobre todo, más divertido.
"Y, sobre todo, más divertido".
¿Ves como me acuerdo?
Fácil y divertido.
Es algo que solo siento contigo.
¿Qué es esto?
¿Qué significa todo esto?
¿En qué me convierte esto?
¿Cómo que en qué te convierte esto?
¿Te preocupa que te convierta en bisexual?
No.
Lo que me preocupa es…
estar enamorada de ti.
Me preocupa, me remueve.
Me excita.
Mucho.
Eh…
No es el momento de aclarar ahora lo que sentimos.
¿Tú estás enamorada de mí?
No me preguntes eso.
¿Demasiado tarde?
Llevo todo el día con unas ganas locas
de besarte.
De estar aquí.
Así.
Yo creo que eso no responde a la pregunta.
No dejo de pensar que te estoy arrastrando.
Necesitaba…
una vía de escape.
Algo que lo reventase todo.
Y te estoy arrastrando y no es justo.
¿Te arrepientes?
No, no me arrepiento, pero el problema lo tengo yo.
Y, para solucionarlo, te he generado a ti otro.
No pienso decirle nada a Rebe.
Me da igual la prueba.
Pero, cuando hable con ella,
que obviamente tendremos que hablar,
no se lo voy a decir.
Y tú tampoco.
No se lo digas a Mario.
¿Y después?
Cuando volvamos.
Mario me lo va a notar.
- No. - Yo soy muy mala disimulando.
Es fácil justificar que estemos raras.
Oye.
No has contestado a mi pregunta.
¿Y tú?
Me has dicho que te preocupa
estar enamorada.
No que lo estés.
Cualquier respuesta a esa pregunta creo que puede hacernos mucho daño.
Pero, si tú quieres, contesto.
¿Contestamos?
58,5.
3,5 kilos ya te vendría bien bajar.
¿Me vendría bien?
No te pongas a la defensiva. Te lo he visto en la cara.
¿La cara de qué?
Cariño, no me hagas caso. Estás fenomenal. No he dicho nada.
Pero ¿por qué 3,5 kilos?
No sé, lo he dicho por decir un poco.
¿Me ves gorda?
No.
Nadie está gordo con 3,5 kg de más.
Es que… ¿Lo del medio kilo de dónde sale?
¿Estás cómoda con tu peso?
¿Estás cómodo con mi peso?
Si tú estás cómoda, sí, claro.
Lo estaba hasta que has dicho que me sobran 3,5 kg.
Por eso, no me hagas caso.
De verdad, está todo bien, ¿vale?
Pues estoy en bragas y ni me tocas.
- ¡Ven aquí! - ¡No! ¿Qué haces?
Hubiera preferido que te enrollaras con otra.
Te haría mejor persona.
Joder, chicas, qué bajón, ¿no?
Pues sí, un poco sí.
- Jo, que es nuestra última noche. - Quizá es por eso.
Ya, pero no.
No podemos flaquear ahora ni de coña.
Arriba el ánimo, que hay que saltar las hogueras.
- ¿Qué tal? ¿Cómo va todo? - Muy bien.
Ya ves, aquí, la hostia de animadas.
- No es por la comida, está todo genial. - Buenísimo.
Quería deciros que lo habéis hecho increíble.
Lo estáis haciendo increíble, y que sois…
un ejemplo, y…
conoceros me ha impactado mucho, para bien.
Esta invitación es lo menos que podía hacer.
- Gracias. - A vosotras.
Sois maravillosas.
Ya freno, ya me voy. Voy a frenar.
- Chao. - Gracias.
Qué majo.
Voy a llorar.
Ha sonado a despedida.
- ¿Qué le has dicho al pobre? - Nada.
Ese es el problema, que no le has dicho nada.
Venga, si meteros conmigo ayuda a relajar el ambiente, adelante.
No, mejor meteos conmigo, os doy más vidilla, a la vista del chat.
- ¿Lo has leído? - Culpable.
Mm.
Y no sé qué hago aquí.
No sé qué haces aquí.
Deberías estar renovando tus votos matrimoniales.
Más después de la fotopolla.
De hecho, la fotopolla debería ser la invitación oficial a la reboda.
También podéis meteros conmigo,
la gorda borracha sin vida más allá de vosotras.
- Las torrijas estaban de potar. - Pero ¿qué dices, chalada?
Tendrías aún el regustillo de la lefa.
- Qué cerda, de verdad.
Si no, también podéis meteros con la influencer,
que va de guay y de auténtica,
y cuya vida es una puta mentira.
La que se empeña en no ser influencer y, cuanto más se empeña, más lo es.
- Pobrecita. - Es que eres pura puta pose.
O mejor, meteos conmigo.
Venga, dadme caña.
Eh…
Contigo es imposible meternos, Sara.
¿Por?
Hasta tus fallos rozan la perfección.
Idos a la mierda.
¿"Idos"? ¿Has dicho "idos"?
Sí, imperativo del verbo ir.
- ¿Qué? Joder.
Sara, ¿no estás harta de tanto correctismo?
- ¡Estoy hasta el coño! - Claro.
Ojo, que tenemos aquí una enviada especial en el coño de Sara.
Alma, ¿nos confirmas que el coño de Sara está harto de tanto correctismo?
El coño de Sara…
ha superado con creces el correctismo.
Pues, oye…
Ah…
¡Bueno!
Eh… Perdón, chicas…
¡Dios! Esto hay que avisarlo, chicas.
- ¡Vamos! - Por el coño de Sara.
¡Por el coño de Sara!
¡Ole tu coño, Sara!
¡David!
- ¡Ven! - Ven.
Vamos a hacer una hoguera.
Ahora te pasas.
- Ahí. - Venga, ahí.
Todo el día con los putos papelitos, ¿eh?
Pero ¿qué hay que escribir?
¿Deseos que queremos que se cumplan o lo que queremos cambiar?
Deseos que quieres que se cumplan, y quemarlos.
No, son cosas de las que quieres deshacerte.
Por eso se queman.
Joder, aclaraos, chicas, que no estamos en condiciones de cagarla.
A ver.
Hay muchísimas teorías al respecto.
Quemar lo malo para recibir lo bueno, quemar deseos para atraer buena suerte…
Yo prefiero quemar lo malo.
Lo importante es saltar la hoguera un número impar,
preferiblemente siete,
y en la séptima, queman el papel.
A medianoche, se dan un chapuzón.
Asegura salud y suerte todo el año
y que se cumplan todos los deseos.
Gracias.
Este es el de Tinder, ¿no?
¡Joder! ¿Por qué te salen siempre tan majos y apuestos?
Un poco condescendiente machirulo trayendo cosas para quemar sin pedírselo.
¡Hala!
También digo que nuestra hoguera da pena.
Ha venido, lo ha dejado y se ha ido. No ha sido un plasta.
- ¿No somos todas del Team David? - No.
Somos del Team Olga.
- Que haga lo que le dé la gana. - Gracias.
Venga.
- ¡Ostras! - ¡No te pases!
¡Toma Team Olga!
- ¡Venga! - ¡Uno!
- Voy a saltar. - Va.
- ¡Dale, Carol! - ¡Voy!
Dos.
¡Tres!
¡Ole mi Leo!
¡Cuatro!
¡Cinco!
¡Me queda uno!
¡Seis!
- ¡Siete! - ¡Ole!
- ¿Ya? - Sí.
Chicas.
Las 23:45.
Quince minutos…
…y la verdad se convierte en calabaza.
La verdad es que la sangría podría haber sido peor.
Cierto.
Eh…
- Voy… - ¿Adónde vas, trastor?
A hacer una cosa.
¿Qué cosa?
Una cosa.
Pff…
Enseguida vengo.
- ¿No quedamos en…? - Ya.
Pero…
la respuesta es sí.
A tu pregunta.
La respuesta es sí.
Eh…
Ahora vuelvo yo también.
Vale, sí.
Me explota la cabeza.
Qué fuerte.
Que…
Que yo también…
O sea, ¿te importa que me…?
- No, no, claro. - Yo también…
Vete. Mi verdad y yo estamos aquí…
bien acompañadas.
- Hala, salud. - Venga.
¡Son las doce!
- ¡Son las doce! - ¡Al agua!
¡Vamos, ballenas varadas!
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