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Original subtitles

"Saldar cuentas pendientes".

Bueno…

¿"Saldar cuentas pendientes"? O sea, ¿terminar de pagar la hipoteca?

No, yo creo que habla de cosas

que se te han quedado ahí estancadas, ¿no?, esperando.

Sí, de gente que fue importante en tu vida

y que, por enfado, orgullo, miedo, dejadez… bueno, lo que sea,

has apartado.

Pues yo lo agradezco, no podía más con tanta transgresión.

Sí, algo un poco más de coger el teléfono,

llamar a alguien, tener una conversación y limpiar.

Creo que es abrir un melón que va a crear muchísimos malos rollos.

Veníamos a hacer cosas de trastor, divertidas, que no hemos hecho nunca…

No para dramas personales.

Joder, te ha tocado la fibra sensible el papelito.

Son chiquichorradas de cuando teníamos 17 años en el campamento.

¿Sacamos las banderitas y las guitarras y nos ponemos a cantar?

¡Ay, Leo, que te revuelves como un cochino!

A ver, tronca, solo queremos

que te liberes de las piedras que llevas en la mochila, hombre.

¡No me toques! ¿Vale?

Y no es una mochila, es una chepa de gorda.

¿Sabes lo que me pesa a mí?

Tus metáforas.

Me tienen harta tus metáforas. Te lo tengo que decir.

Pero bueno… ¡Eh!

¡Que no me toques he dicho! Dejadme en paz.

Vale.

Que no soy la única que tiene aquí cositas que resolver.

¡Ah!

O sea que asumes que tienes cositas que resolver.

Sí, y tú.

Todas tenemos nuestras cositas

y todas juntas tenemos una cosita.

A ver.

- Palo está a una hora en coche. - ¿Perdón?

¿Cómo lo sabes?

Pues porque, hoy en día, es fácil encontrar a la gente.

No es que sea fácil o difícil. La pregunta es: ¿por qué lo has hecho?

Porque, aunque hayan pasado seis años, yo, todos los días, pienso en ella.

Y me pregunto qué pasó. Se me hace bola, me supera, me agobia.

- ¿Has hablado con ella? - No.

No he hablado con ella ni la he contactado.

Solo sé que vive en Vejer, que montó un restaurante y…

Desde que decidimos venir, pienso en lo cerca que estamos.

¿Y qué? No voy a arrastrarme.

Si te piras de esa manera ridícula, ahí te quedas.

¿Por qué no nos has dicho nada antes?

Mira cómo os ponéis.

Si no iba a decir nada, pero ha salido el papelito y…

Pero vamos, que ya está. Vale, lo dejamos. Punto.

La verdad es que nosotras no somos cinco. Somos seis de toda la vida.

Yo también me acuerdo mazo de ella. Y me da rabia lo que pasó.

- ¿No os gustaría saber qué hicimos mal? - Ese es el problema.

¿Cómo mal? No hicimos nada mal.

Ella debería desvivirse por recuperarnos, y no al revés.

Perdón, pero…

Mira, aunque la obviemos,

está claro que de las 40 000 anécdotas que recordamos al día,

en 30 999, ella estaba.

A ver, chicas, Vejer es precioso para hacer una excursión.

Comemos por el faro de Trafalgar, que queda de camino y queríamos ir,

y saldamos cuentas.

La verdad es que yo, solo por ver su careto cuando nos vea…

- Cierto. - …me vale la pena.

Lo que yo decía, que somos seis de toda la vida.

Pero esto no debería descartar lo otro, ¿no?

- ¿Qué otro? - Lo de cada una.

No, esto vale para todas.

No, esto es una cuenta pendiente conjunta y después cada una tiene la o las suyas.

Prueba doble porque te da la gana.

No, prueba doble porque lo necesitas,

que si alguien lo necesita más que nadie eres tú.

En el papelito está en plural: "saldar cuentas pendientes".

Sí, y ponía "tomar drogas juntas" y no nos la metimos todas.

No podemos complicarnos tanto la vida.

Vale, si vosotras sentís que viendo a Palo saldáis todas vuestras cuentas pendientes…

fenomenal.

Descarado, vamos, lo doy por finiquitado.

Nos damos un rato para pensarlo y ya está.

Sin más, no hace falta discutirlo ni llegar a un acuerdo.

Lo pensamos. ¿Vemos que tal? Pues cual.

- Y ya está.

Y cada una, lo que pueda.

Vale. Cada una, lo que pueda.

Pues por mí, ya estaría.

Fenomenal. Un faro flipante, la verdad.

Menos mal que hemos venido. ¿Eh, chicas?

Así que nada, ya nos podemos…

tranquilas.

Leo…

Vale, pero una cosa.

- ¿Se cuenta o no se cuenta? - ¿El qué?

Pues eso, lo que no se puede contar.

- No. - Vale.

¿Y cómo va? "Hola. Hemos venido a verte", ¿sin más?

Sí, porque es algo que queremos resolver al margen de todo.

Bueno, al margen de todo no, si lo vamos a hacer ahora, es por algo,

y ese algo no se puede omitir.

¿Qué le decimos cuando nos pregunte qué hacemos aquí?

"Queremos verte".

¿Y por qué cojones ahora?

Quizá no pregunta eso y solo se alegra de que demos el paso.

Yo preguntaría.

Es más, me parecería una emboscada

y preguntaría: "¿Qué pasa, alguna de vosotras va a morir?".

Va a ocurrir eso.

Descarado.

Hombre… Claro que va a ocurrir.

¿Y tú?

¿Yo qué?

No sé…

¿Con quién tienes cuentas que saldar?

- Con Palo. - Ya, bueno…

Tú has promovido la corriente individual y la colectiva, así que…

Ya, pero lo he dicho pensando en Leo, en Carol, en Olga…

Y en mí, claro. ¿Mm?

- En todas menos en ti. - Sí.

Así de generosa soy.

Qué morro tienes.

¿Y tú?

No. He preguntado yo primero.

Ya…

Eh…

Pues… yo creo que conmigo misma.

Ah, ¿contigo misma?

Pues nada, si quieres te paso tu contacto.

En el fondo, todas las cuentas pendientes son con una misma.

- Así que no hagas trampa, ¿eh? - Ya, me estoy escaqueando.

Por si colaba.

Nos cuesta hablar.

Estamos siempre de piqui piqui.

No sé, a veces no nos entiendo nada.

Con lo fácil que lo teníamos…

Que lo tenemos.

Me canso de hacernos las tontas.

¿Tú no?

Un poco sí.

¿Me das un clínex?

Bueno, tampoco es para llorar.

- No, es para limpiarme el chichi. Pasa.

Ahí va. ¡Uy!

Hola. Si estás recibiendo este mensaje,

es porque, en algún momento, nos unió algo especial

y yo decidí acabarlo de mala manera.

No fue porque no me interesaras tú y lo que me aportabas, al revés.

Ahora solo quiero decirte que me arrepiento y que lo siento, por mí…

- ¿Qué haces? - ¡Joder!

Olga, tía, ¿en serio? Qué susto.

¿A quién le mandas esa mierda de mensaje que estás grabando?

¿Mierda de mensaje? Es supersentido.

Uy…

Vamos, si vas a saldar cuentas pendientes, qué mínimo que sean notas personales.

Eso parece una publicación del BOE.

- Es que son muchos. - ¿Cuántos? A ver.

¡Joder!

Pues… sí, sí que son.

¿Por qué tienes a toda esta gente aquí?

Pues para ahorrarme problemas.

¿Problemas con quién?

¿Con Rubén?

Todo un detalle haberles puesto una silla.

No puedo con esto. Me voy.

Eh, eh, eh. No, no. Espera.

A ver.

Vente para acá.

Empieza por uno, ¿vale?

Mira tu lista de contactos bloqueados y eliges uno.

Facilito, para empezar.

- Facilito, para empezar. - Eso, facilito.

- Ay, mira, Inés. - ¿Quién es?

Mi psicóloga.

- ¿Fuiste a una psicóloga? - Sí, pero hace muchos años.

Después de nacer Olivia.

¿Por qué no nos contaste nada?

Pues no sé, porque… pensaríais que estaba loca, qué vergüenza.

Fui solo para probar.

Estuve un par de meses y lo dejé.

¿Y no te gustaba a ti o no le gustaba a Rubén?

"Esta tipa te come la cabeza.

No te pasa nada. Es la típica depre posparto y ya.

Al volver, estás peor. Te mete problemas en la cabeza que no existen.

Solo quiere sacarte pasta".

Ya, no le gustó a Rubén.

Pues no, no le gustó.

Dejó de venir porque se asustó.

¿Se asustó?

¿Te asustaste?

La última vez que fui, me pidió que dibujara un rosal.

Curioso, porque tengo uno. Me encantan.

Y… cuando empecé a dibujar, lo pensé: "Lo voy a bordar".

Y mientras lo dibujaba, pues charlábamos y me preguntaba…

por Rubén, desde cuándo nos conocíamos… Que le contara nuestra vida.

Y cuando lo acabé,

pues se lo enseñé y me dijo…

No tengo que verlo yo, tienes que verlo tú.

Nunca más volví.

Y no cambié el dibujo, lo repetí. Hasta convencerme de que era perfecto.

Mm. Muy bonito.

Precioso.

Pero falso.

Y el marco es horrible.

Espantoso, vamos.

Hola, Inés. Soy Carolina.

No sé si te acuerdas de mí, fui paciente tuya.

Quería pedirte perdón por desaparecer y por no contestar a tus mensajes.

Pero quería que supieras que me ayudaste muchísimo

y que me enseñaste a escucharme a mí misma.

Lo que pasa es que lo que oía no me acababa de gustar.

Y me asusté.

- Y quieres volver, que te dé cita. - Y que espero que estés superbién.

Venga, un saludo.

No, tampoco te pases, Olga.

Genial, uno menos.

¿Ves? Esto está chupado.

- Claro. - Hagamos un repaso de teorías.

¿Por qué salió Palo de nuestras vidas?

Eso nunca nos ha llevado a ningún sitio.

Está clarísimo.

Sara había sido madre, Carol, por su segundo hijo ya.

Fueron meses muy coñazo, chicas, siempre hablando de cacas y bebés.

No me digáis que no.

Ella se acababa de divorciar y llevaba años intentando ser madre.

Con lo aburridas que éramos, las ganas de party

y que no quería recordar que su vida era frustrante,

chao, bacalao.

Yo no me piré porque sois las únicas que me aguantáis, que si no…

Bueno, ¿y Olga qué?

¿Yo qué?

Su divorcio coincidió con tu separación con Jon,

tu época loca en el Tinder,

y Palo, que lo pasó fatal, se refugia en ti

y os hacéis amigas de correrías.

¿Otra vez con eso?

Las dos follando a diestro y siniestro, recuperando su independencia.

- Yo nunca la perdí. - Hasta que un día de repente… ¡tachán!

Te enteras de que Palo y Jon han quedado.

A ver, que vale, que sí, que me molestó y me rayé,

porque siempre fue una regla sagrada entre nosotras.

Pero bueno, fue una chorrada

y lo arreglamos mucho antes de que diera la espantada.

Palo se folló a Jon y se quedó preñada, se fue a la playa a criar a su hijo,

lejos de vuestras miradas censoras.

- Se lo folló, pero bien, ya te lo digo.

Qué pesada… Madre mía.

¿Y qué es de Jon? ¿Has sabido algo de él?

No.

¿No tendrás ahí tu cuenta pendiente?

¿Qué dices? ¿Cuenta pendiente de qué?

Si dejamos de tener contacto mazo antes de lo de Palo.

Aparte que, oye, chicas, ya está, dejad de dar por saco.

Tranquila, ahora cuando lo veas, hablas con él y listo.

Dos pájaros de un tiro.

Bueno, es que me fliparía

cruzarnos ahora con Palo y Jon paseando con una niña de seis años.

- En realidad, tendría cinco. - Lo que yo decía, cinco.

Aquí.

- Aquí no hay ni Dios. - ¿No hay nadie?

Pues, mira, igual que esté cerrado es una señal.

Sí, de que tenemos que esperar y de que…

Oh, qué casualidad que llegamos cuando sabíamos que estaría cerrado.

No, pero en serio ya, chicas, ¿no os parece muy mal plan estar aquí?

Gracias.

Igual nos hemos pensado que nos va a decir algo,

y, si no lo hizo hace años, ¿por qué ahora sí?

Justo, porque han pasado seis años,

y lo que antes era imposible verbalizar, a lo mejor ahora sí, ¿vale?

¿Qué hacéis aquí?

Mm…

Hola.

- Hola. - Hola.

¿Qué tal, Palo?

Bien.

Es que estamos pasando unos días aquí y nos apetecía verte.

¿Cómo sabéis que vivo aquí?

¿Nos tomamos algo tranquilamente y charlamos?

Joder, hemos venido a arreglar las cosas.

¿Qué cosas?

No hay nada que arreglar.

¿Por qué ahora?

Bueno, quizá nuestro corte de pelo te da una pista, ¿no?

Lo siento, no es justo que aparezcáis sin avisar.

¿Me dejas?

Avisar, ¿cómo, Palo?

Si nos bloqueaste, no podíamos avisarte.

¿No crees que, tras tantos años, merecemos una conversación?

No pretendemos que lo hablemos y todo como siempre, no, claro que no,

pero que no nos pese tanto, ¿no?

Es que a mí no me pesa, Sara.

Si hacéis esto para sentiros mejor, perfecto.

Fenomenal.

Lo habéis intentado.

Ya podéis seguir con vuestra vida.

¿No te impacta vernos así?

Siento mucho lo que haya pasado para que os rapéis, lo imagino.

Y para que hayáis venido hasta aquí.

Pero no vais a encontrar lo que buscáis.

Igual es eso lo que buscamos,

ver cómo nos desprecias para poder superarlo de una vez

y dejar de hablar de ti.

Una tiene cáncer. ¿Quién es?

Este viaje tiene dos condiciones:

no se habla de lo que has dicho

y cada día todas cumplimos algo que una de nosotras necesite, algo…

- Y venís aquí porque… - Saldar cuentas pendientes.

Soy una cuenta pendiente.

Hay claro consenso de que sí.

- ¿Me queréis recuperar? - No es cuestión de recuperar…

A ver, que estaría guay pues…

Mira, que te echamos de menos.

- Sí. - Ya está.

No sé.

Soy una excusa para no enfrentaros a lo que os tenéis que enfrentar.

Eso desde luego.

Vamos a hacer una cosa, que esto ha sido un shock para todas.

Eh… Vamos a dar una vuelta y volvemos en un rato.

¿No? ¿Te parece?

Dos horas.

Adiós.

Dos horas.

Esta es capaz de mudarse del pueblo con tal de no vernos.

Ya te digo.

Qué gran idea, chicas. Vámonos.

A mí me parece que está guapísima. Qué pelazo.

- Qué frustración. - Sí.

Yo imaginaba que nos pondríamos a llorar y luego echarnos unas risas y celebrar.

Pero lo cierto es que nosotras tampoco nos hemos roto.

Y eso al final genera un efecto dominó

que basta con que una abra las compuertas para que caigamos todas.

Esto es un ejemplo de lo que no se puede hacer,

dejar las cosas enterradas hasta que te den igual.

- Ya. - Es lo peor.

Ya.

- Creo que Palo tiene razón. - ¿Con qué?

Que venir aquí es una excusa para no resolver lo que debemos resolver.

Bueno…

Tenemos dos horas.

Tenemos dos horas para chuzarnos y decirle cuatro cositas a Paloma.

No decía eso.

¿En el coche en dos horas?

Venga.

Mm…

- Vale. - Pues…

Vale.

Buen viaje.

Venga, vamos.

- Hasta luego. - Chao.

Adiós.

Pues voy a comprar unas birras.

¿Sí?

¿Quién es?

A la mierda. O sea, buf… paso.

¿Hola?

¿Quién eres?

Leonora, ¿eres tú?

¿Tres años sin llamarme y lo que haces es mandarme a la mierda?

- Sigues igual de trastornada.

Pero…

¡Buf!

Vaya.

Qué sorpresa.

¿Buena o mala?

No sé.

Buena, claro.

No quería llamarte.

Vaya.

O sea, sí, pero no.

Iba a llamar a otra persona…

- Y te has equivocado de número. - Te echo de menos.

Joder, o sea, no. Quiero decir más o menos.

- Iba a decir "más o menos". - Quizá, más o menos me echas de menos.

Puede ser.

¿Nos vemos?

No puedo, estamos en Vejer,

saldando cuentas pendientes.

¿Cuentas pendientes?

Sí, cosas que se te quedan atravesadas.

Conversaciones, confrontaciones…

o todo lo contrario.

Dar las gracias,

pedir perdón por no haber sabido hacer las cosas mejor antes…

Cosas que te pesan, ¿no?, que necesitas liberar.

Qué bonito y necesario, ¿no?

Sí, supongo.

¿Y a quién ibas a llamar?

- A alguien que me llamó puta. - Joder, qué mal suena.

No, a ver, es lo único malo que hizo en cinco años.

¿Cinco años?

- Sí, cinco años. - ¿Has estado con alguien cinco años?

Sí, he tenido una relación de cinco años.

Joder, ¿tanto te extraña?

Bueno, un poco, la verdad. Pero eso da igual.

- ¿Y para qué lo ibas a llamar? - Pues…

para darle las gracias

y un poco para echarle la bronca.

Porque él me enseñó otro tipo de relación,

basada en el respeto, la independencia,

compartir, convivir,

confiar sin invadir…

- Y un día te llamó puta. - Sí, me llamó puta.

- Y se acabó. - Ajá.

- ¿Por qué te llamó puta? - No me acuerdo,

pero para mí fue cruzar una línea roja.

Ya.

No seré yo quien le quite importancia a que te insulten,

pero si solo fue una vez en cinco años y en medio de una discusión acalorada,

pues, no sé, eso pide una aclaración, una oportunidad.

A ver, los cinco años que estuvimos juntos

fueron maravillosos, pero también los sufrí mucho.

Evitábamos cualquier paso que sonara a compromiso

y yo acabé rechazando tener sentimientos tan normales como…

la necesidad de cariño, de apoyo,

la sensación de hogar…

Todo eso se convirtió en una losa, en algo tóxico.

No sabíamos separar lo bueno de estar en pareja

con lo malo de depender de alguien.

Así que, efectivamente,

poco tuvo que ver con que me llamara puta.

Tu excusa para salir corriendo.

Supongo que, más que darle las gracias

o echarle la bronca,

lo que quiero es pedirle perdón por irme de esa manera y…

darle el abrazo que nunca nos dimos.

Ya.

¡Madre mía!

O sea, menuda chapa te he pegado, ¿no?

No, no, no, está bien.

Es que me he acojonado tanto con el "te echo de menos", que, bueno,

te he soltado el rollo y…

Está bien, no te preocupes.

Te dejo tranquila para que lo llames.

- Vale. - ¿Vale?

Que… oye.

¿Qué?

Te echo más o menos de menos.

Mucho más o menos de menos.

Me encantaban los retratos que me hacías en clase.

Y que confiaras en mis apuntes para sacar mejores notas que yo.

Siento no invitarte a mi boda.

Pienso mucho en ti.

Te escribí muchas veces.

En mi cabeza, claro.

Perdón por mi silencio.

Nunca quise bloquearte.

Aún recuerdo nuestras conversaciones,

las risas y las lágrimas de nuestros encuentros en el parque.

Y nuestros pedos a mediodía con vino blanco en una terracita,

fracasando como madres.

Fue valiente lo que hiciste.

Siento no decírtelo antes.

Me he masturbado recordando tus masajes.

No. Mejor a ti no te escribo.

Ya has bebido suficiente como para cogerlo, ¿no?

¿Me hablarás en ese tono si lo cojo?

No, claro que no.

¿Sí?

¿Para qué me has llamado?

¿Un "hola" antes, así como para romper el hielo?

Eres tú quien no quiere hablar conmigo.

Y sigo sin querer hacerlo.

Me han obligado.

He necesitado tres cervezas para llamar.

Llama dentro de media hora para igualar condiciones.

No se me va a pasar el pedo en media hora.

Ah, te refieres a eso, ¿no?

¿Te espero o me vuelves a llamar en un rato?

Hola, hija mía.

¿Qué tal estás?

- De puta madre estoy. - Ya, ya se nota.

- Mm. - ¿Qué ha pasado?

No ha pasado nada.

Lo único que quería decirte era pues que…

Que…

que necesito la receta de tus torrijas.

- ¿Las torrijas? - Sí, las torrijas, tus torrijas.

Te escribí un libro de recetas para cuando te independizaras, ahí están.

Cuando me independizara, dice.

Como me lo pusiste tan fácil…

Facilísimo, solo debías seguir mi ejemplo.

¿Abandonar a papá?

¿Tienes la receta? Te la doy.

¿Tienes para apuntar?

Que no quiero la receta, no quiero nada tuyo.

Que lo tiré todo cuando te fuiste de casa.

Yo no abandoné a papá.

Yo me separé de papá.

En su peor momento.

Nuestro peor momento.

Bueno, vale. De papá te separaste,

pero a mí me abandonaste.

Yo no te abandoné.

¿Y qué querías que hiciera?

- ¿Que me fuera y dejara a papá solo? - No, quería que vivieras tu vida.

Uf… Sí, como tú, en plan "livin' la vida loca".

Vamos, me obligaste a hacerme cargo de él.

Papá no sabe vivir sin ti, ¿sabes?

¡Ha!

¿Sigue vivo?

Claro que sigue vivo.

¿Ves? Sí puede vivir sin mí.

No, no puede.

Cuando te fuiste, decidió desconectarse.

- Se le fue la olla. - Bueno…

Eso ya le pasaba antes de separarnos.

Que tiene alzhéimer.

Y todos los putos días me dice: "¿Y tu madre? Dile que me haga torrijas".

Cree que vivimos permanentemente en Semana Santa, ¿sabes?

Se pone muy pesado con eso. Y yo se las hago.

Claro que se las hago.

He visto en Internet todo tipo de recetas. Todas, las he hecho todas.

Pero le pongo el plato en la mesa

y: "No son las torrijas de tu madre. ¿Dónde está tu madre?".

Le dan unos ataques de ira…

muy jodidos, ¿sabes, mamá?, muy jodidos.

- No puedo más. - ¿Por qué no me lo has dicho?

Porque no te lo mereces.

Quería que sufrieras al imaginarme ahí sola con ese marrón.

Pues lo has conseguido.

Pues me alegro.

Lo siento mucho, hija.

¿Qué vas a sentir, joder?

- Te da todo puto igual. - No, no me da igual.

Tú no me das igual.

Mira, de verdad, es que no quiero momento reconciliación.

No lo quiero.

Solo quiero aprender a hacer torrijas, que papá deje de preguntar por ti

y superar la Semana Santa y pasar de pantalla.

Es que es lo único que quiero.

Si es que ya sabía yo, joder.

Mueve el culo.

- ¿Adónde quieres que vaya? - A la cocina, las haremos las dos.

O sea…

Pero ¿de dónde quieres que saque una cocina?

Necesito tu cocina un momentito de nada.

Un momentito de nada no.

Una hora larga no te la quita nadie.

Por los viejos tiempos, Paloma.

¿Ya estás procrastinando?

No.

Todo lo contrario.

¿Has terminado tus cuentas pendientes?

No he empezado.

Entonces, estás procrastinando.

¿Puedes hablar?

Sí, claro. Dime dónde estás y voy.

Prefiero hablar por teléfono.

- ¿Y eso? - Cara a cara no me atrevo.

¿Que no te atreves?

No me he atrevido en 20 años, no podré ahora.

¿Veinte años? Me asustas. ¿Qué pasa?

Me asusta que no sepas qué pasa.

¿En serio vamos a hacer esto?

Sí.

- Debemos hacerlo. - Vale.

Dime dónde estás y nos vemos.

No, es mejor así.

Como quieras.

¿Empiezas tú?

A ver…

Estoy hecha un lío.

Es que…

no sé, me siento completamente enajenada, como fuera de mí misma.

Será por lo que estamos viviendo y lo que está pasando,

pero es que tengo 36 años

y siento haber pasado de puntillas por la vida,

sin molestar, sin salirme del camino.

Sé que soy una privilegiada y que mi mundo es maravilloso,

Daniela, mi trabajo, Mario…

tú, vosotras…

Pero estoy cansada de mí, de intentar hacerlo todo bien.

- Me siento pequeña. - Bueno, es que eres muy pequeña.

Eres la mujer más pequeñita y maravillosa del mundo.

Mi pequeñita.

¿Ves?

- Es que me dices eso y… - ¿Y qué?

Y me dices: "¿Quieres probar?".

Y vas… y me besas.

- Te lanzaste y me quedé flasheada. - Habría que revisar eso. No sé yo.

Pero no te gustó.

- No es que no me gustara, es que… - No te gustó.

No sentiste mariposas en el estómago.

Yo sí las sentí.

Sería de los nervios o de la tontería del momento…

Porque éramos niñatas de 17 años descubriendo la vida

y haciendo algo superloco, pero…

no se han ido.

Ahí siguen.

Y no pasa nada, porque me encantan. Ya las he domesticado.

Y te juro que no es algo a lo que le haya dado bola nunca.

Pero salió el primer papelito y se ha instalado en mí

y se hace más grande, no me suelta.

No entiendo qué está pasando, no entiendo nada, no me reconozco.

Tú lo has dicho, lo hemos tenido a huevo.

Probar con una chica, drogarse juntas, cometer un delito.

¿Cometer un delito? ¿Qué tiene que ver?

Tiene que ver.

Para mí es un delito. Para mí todo esto está muy prohibido.

Y hemos sido incapaces.

Y ya salió este papelito y digo: "Venga, vale, no puedo más".

Es un poco de coña.

Esa misma noche,

en el bar,

cuando fuiste al baño, sabía lo que iba a pasar…

entre nosotras.

Estoy pedo,

así que aprovecho para decirte una cosa.

A ti te quiero muchísimo más que al resto.

pero mucho, muchísimo muchísimo más.

Vamos, otro nivel de querer.

Lo tenía clarísimo.

Lo tenía tan claro que me asusté.

Y me fui a por esa chica.

Me asusta hacer algo que cambie todo entre nosotras.

¿Aunque sea para mejor?

Aunque sea para mejor.

¿Sí?

¿Hola?

Hola, Jon.

¿Qué tal? Soy yo.

Lo siento.

Perdón. Gracias.

Perdón.

Lo siento. ¡Gracias!

Gracias. Perdón.

Lo siento. Gracias.

- Espera. - ¿Has echado azúcar?

¿Azúcar? Claro, 200 gramos de azúcar.

- Eso es lo que pone en Internet. - ¿Internet? ¿Internet?

250 o quedan sosas.

Vale. ¡Ya está!

¿Y el clavo?

- La especia, clavo. - En Internet nunca echan clavo.

Yo le echo. Tu padre echa de menos el clavo.

¡Paloma! ¿No tendrás tú clavo?

Echa leche, yo miro.

Poco a poco, que tú eres bruta.

¡Que no sobrepase!

¿Cuánto tiempo lo dejas en leche?

- Una hora. Paciencia. - ¿Una hora? Si ya ha cogido.

Que vea yo las torrijas.

- Mira. - Las giras y otra media hora.

Mientras, la cocina hay que recogerla.

Estoy yo. Cuando estés sola, dudo que lo hagas.

- Como todo.

¿Qué quieres hacer?

Cualquier cosa menos hablar.

- ¿Tú? - También.

Se dice que las amigas de tu infancia se convierten en tu núcleo, tu familia.

Una sensación de casa, de pertenencia,

de lo compartido, que te conozcan.

Un vínculo que no se rompe por mucho que cambies.

Eso siempre me pareció una tontería.

¿Por qué seguir conectada a personas cada vez menos afines a ti?

Bueno, porque entre miles de cosas,

es un sitio donde poder ser tú misma.

Donde no hay que fingir.

Perdí el interés.

No de golpe, como pareció. Fue poco a poco. Pero…

me cansé de estar con vosotras.

Incluso no estando juntas, me cansaba.

Estaba harta de teneros en la cabeza.

Cada vez que hacía algo, os oía opinando, juzgando, sentenciando.

Me generaba un runrún interno agotador, me impedía respirar.

No soy vuestra cuenta pendiente.

Lo que necesitéis resolver no va conmigo.

Y vosotras no sois mi cuenta pendiente.

Mi cuenta pendiente era hacer lo que hice.

¿Que lo hice mal? Sí, seguro, fatal.

Pero lo hice.

Y lo siento, de verdad.

Fuisteis una parte muy importante de mi vida.

La más importante. Pero es que ya no estoy ahí.

Estoy en otro sitio.

No sé si mejor o peor, no lo sé. Distinto, mío.

Yo respeto mucho lo que estáis haciendo, pero respetadme a mí también.

Bueno…

Gracias.

Dudo que sea cuestión de rebatir ni de convencerte, pero ¿sabes qué?

Que a mí también me pasa.

También os tengo todo el día aquí, en la cabeza,

generando debate y opinión, antes incluso de contaros cualquier cosa.

Sí, yo igual.

Las veces que os he mandado a tomar por culo

antes de contaros cualquier movida.

Pero a mí me encanta. Lo necesito.

Mm.

Me hace sentir segura, acompañada.

- Sois mi consejo de sabias.

- O de listillas. - Sí.

Me moriría sin teneros dentro de mí.

Sois mi brújula.

- Mi pequeño séquito de Pepitas Grillas.

- No sin mis Pepitas Grillas.

Momento abracito conjunto ya.

¡Ya!

- Qué pesaditas con los abrazos.

Mamá, ¿quiénes son estas chicas?

¿Por qué llevan el pelo así?

- ¿Son tus amigas? - Espérame dentro, cariño.

Qué bonita eres.

- ¿Cómo te llamas? - Lola.

- ¿Y cuántos años tienes? - Cinco.

Ah…

¡Es que es clavada a Jon!

¿Has hablado con Jon?

Nos quedamos diez minutos más y aparece por la esquina, te lo digo yo.

Primera prueba que acabamos antes de la madrugada.

Y sobrias.

Bueno, casi todas.

Pero ¿hemos terminado?

Yo lo he dado todo.

Em…

¿Nos emborrachamos en casa?

Hasta las mil, por favor.

¡Que corra el alcohol por nuestras venas, chicas!

Tu-tu, turutú.

Raúl Ramírez Recio,

Carmen Rodríguez Mena,

Manuel Sánchez Calvo,

Paloma Tejero Dobón,

- Carol Urquijo Muñoz… - ¡Eh!

…Alma Valiente Pineda,

Olga Van den Brandt,

Sara Yuste Bielsa

y una servidora, Leonora Zamora Peña.

Primero de BUP, año 2000.

- ¡Bum! - ¡Guau!

- Increíble. - ¿No deberíamos estar un poco de luto?

Ya estuvimos de luto seis años.

Que estemos de descojone, después de la mierda que hemos vivido,

le da la razón a Palo.

Bueno, quizá le da la razón, pero también a nosotras.

Primero de bachillerato. ¡Ya!

- ¿Lo tienes? - Sí.

Javier Aldana Díaz,

Luis Miguel Arias Román,

Elena Baquero Ortega.

¿Quién eres?

¿No sabes quién soy?

Te cambié el nombre.

- ¿Me cambiaste el nombre? - Sí, te lo cambié.

¿Qué nombre me pusiste?

- No Coger. - ¿No Coger?

Y no sé bien por qué. No tienes foto de perfil. ¿Quién eres?

- Ratoncito. - ¿Cómo?

Tú eras Ratoncita y yo, Ratoncito.

Ratoncito.

José Ramón Polo Sabau,

- Óscar Ratón Sobrado… - Ratoncito.

Ratoncito, sí.

Ratoncito.

Ay, Ratoncito… ¿Mi Ratoncito?

Déjame verte la cara.

Joder.

- . ¿Joder qué? - Nada.

Que estás igual.

¿A ver?

Joder con Ratoncito.

A ver.

- De la que te libraste. - Trae.

Fue tu primer noviete, ¿no?

Su primer noviete Chispas.

Lo veo bastante bien, atractivote.

- ¿Cuál es tu cuenta pendiente? - Pues imagínate.

Juntos casi dos años y no le dejó tocarle una teta.

Sí que le dejé. Pero por fuera.

¿Qué haces?

¿En la vida en general o ahora en particular?

Ahora.

Escribirte.

Estoy un poco borracha.

¿Por qué me pusiste No Coger?

Pues es que…

Da igual. Em…

- ¿Estás solo? - ¿En general o ahora en particular?

- Ahora. - Sí.

¿Y tienes buena cobertura? Ahora en particular, no en general.

5G a tope.

Voy al baño.

Que te corres viva, ¿eh?

Mira qué carita pone.

Qué fuerte.

- ¿Y Sara y Alma dónde están? - Estaban cansadas.

Ya…

- Qué pena, ¿eh? - Ajá.

- Oye, están buenísimas. - Gracias.

Mm…

Anda, vete.

- ¿Por? - No hace falta que te quedes conmigo.

Seguramente tú también estás muy cansada.

Qué tonta…

Eh… ¿me dejas que me lleve unas cuantas?

Las que quieras. Yo feliz.

¡Gracias!

Ay…

- Que te quiero yo. - Pesada.

- Dame un piquito. - No es momento.

- No es momento… Qué rancia eres. - Sí.

- Sí. - Pues nada, que te quiero.

Vale.

Sé que, en unos años, serás una cuenta pendiente.

Hola.

¿Qué tal? ¿Cómo estás? Yo bien.

Hola.

Sé que, en unos años,

me acordaré de ti con mucho cariño.

Y… pensaré si, tal vez, podría haber pasado algo más,

si tendría que haberme dejado llevar un poco más.

Bueno, vamos camino de cuatro de cuatro. Mucho más no puedes dejarte llevar.

- ¿Qué llevas ahí? - Torrijas.

Para desayunar.

¿Torrijas… para desayunar?

- Sí. - O sea, que no saldrás corriendo.

Em… Probablemente.

Pero…

no te preocupes, te dejo un par de ellas.

Muchas gracias.

Está todo preparado.

Cómo no.

Por no nosotros.

Por no nosotros.

No sé cómo se hace.

Yo tampoco.

♪ Y sale a la luz la paz sin saber que me encontraba,

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