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A los 17 años, Concetta Rizzuto
queda embarazada de un desconocido.
A golpes, su padre le hace confesar
el nombre del autor: Rocco Caramazza,
41 años, padre de 9 hijos y minero de
la mina Floristella, quien se compromete a
subir de rango a los hermanos de Concetta
mientras que al pequeño Aclà, 11 años,
lo toma a su servicio como esportillero.
Concetta, viste a Salvina.
Aclà, Maurizio: armad las camas.
¡Maurizio, levanta!
Patrizia, despierta a Maurizio.
Maurizio, que para no hacer nada
se hacía el dormido, era, con 9 años,
el más pequeño de los varones.
Después venían Patrizia y Daniela
que habrían debido ser las últimas
pero la deshonra de Concetta
nos trajo a Salvina.
Habríamos debido acabar con su vida
acabando con la de su madre embarazada.
Ahora, sin embargo, por esta criatura,
todos estamos locos.
Daríamos la vida por ella...
Empezando por mí, una madre de 8 hijos,
sin contar los perdidos.
Concetta tiene 18 años
y sólo Dios sabe cómo pudo quedar encinta
de un hombre tan repugnante.
Papá y los dos mayores, Caloggero y Pino,
no están. Trabajan en la mina de Floristella.
Vuelven a casa el sábado a la noche
y parten para la mina el lunes al alba.
De modo que estarán aquí mañana.
La próxima vez, Aclà, de 11 años,
partirá con ellos y nos darán
500 liras por su garantía de muerte.
Aclà resultó blanco como una cabra,
igual que su abuela.
También Maurizio y Daniela
tienen la piel blanca como ella.
Francesco murió a los 12 años.
Es la única foto que tenemos de él,
tomada en la boda de mi hermano,
que hizo venir un fotógrafo.
Mi hijo Salvatore, que a los 19 años
está en el servicio militar.
Domenica, que se casó con Tano Inchiatun
y marchó con él a la lejana Australia.
Les va muy bien. Con 2 hijos
y esperando un tercero.
De vez en cuando envían dinero y fotos.
Después viene la primera Patrizia,
pero murió de solitaria.
¡Arriba, cretino!
O voy a ahogarte bajo un colchón.
¿Me oyes?
¡He dicho que te levantes!
¡O te arranco la piel!
¡Otra más, Aclà!
—¿Cuántas van? —Con ésta, 5.
¡Otra!
¡Dámela!
—¿Traéis muchas? —La bolsa llena.
—¿Muchas? —Mira.
Fuerte, fuerte.
Tengo azufre hasta en los huesos.
¡Suave!
Se ve que tienes prisa hoy, Aclà.
Maurizio, el sábado que viene te toca a ti.
¿Podré comer carne yo la semana próxima?
Si te la mereces...
¡Cargaré 200 cestas!
¡Ya...! ¡Y 300!
¡Ya lo verás!
—¿Te has entrenado? —¡Sí!
Maurizio, hagamos un cambio:
yo te doy un trozo de carne
y tú me das un trozo de rana.
¡Venga!
Tú la carne te la tienes que ganar
el sábado que viene.
Vamos, papá.
Quita esa mano.
Me levantaré solo.
¡Que la quites!
Muévete, se acabaron los buenos tiempos.
Ahora llamo a papá.
—¿Estás contento de venir a la mina? —Sí.
Mira bien la mano y lo que te pasará si...
Aclà hace lo que se le manda
sin necesidad de pegarle.
Ya lo veremos.
Tú espera aquí a los otros chicos.
Yo acompaño a tu padre a su mina
y vuelvo en seguida.
Caloggero nos manda a otra galería.
Si necesitas algo busca a tu hermano Pino.
Mira, uno nuevo.
Sí, lo encularán.
¿A ése? ¿Quién va a querer?
Totuzzo, que engancha a cualquiera.
¡Escucha! Aquí te bajarán los calzones
y el orgullo.
¡A quién se la va a levantar este tipo!
Aquí están las 500 liras garantía de muerte
por tu hijo: 8 años de lunes a sábado.
Verás cómo es digno de confianza.
Con eso me basta.
Será mejor que te ahorres los golpes:
como los caballos,
obedece mejor la rienda si es amiga.
Rizzuto: si se escapa,
tendrás que devolver el dinero.
No se escapará.
Por aquí la ropa no molesta aún.
Hasta aquí llega la corriente de fuera,
se nota algo de fresco
y se está bien.
Dormirás aquí.
en esta parte,
sobre este confortable colchón de paja.
Desvístete completamente,
porque si no, morirás de calor.
¿No empiezas ya a sudar?
Lo dicho: desnudos, como mejor.
¿Y la ropa?
La bajas
donde los cestos, donde yo trabajo.
—¿Te da vergüenza? —Tengo frío.
Esta es mi galería.
Mi azufre.
Todo lo que ves aquí es mío.
Tú también eres mío.
Los esportilleros debéis llevar el azufre
a los barracones.
Te lo habrá dicho tu padre:
todo el mundo roba un poco de azufre.
Esto es azufre.
No lleva el nombre de su propietario.
Los compradores vienen y se lo llevan.
Pero si no vienen inmediatamente,
uno de vosotros debe vigilar por la noche.
Ponte a cargar.
Espera aquí.
Basta ya. Déjame ver.
¡Pesa mucho!
Enséñale.
¿Te has fijado?
En una semana tendrás que poder
con 25 kilos, como los demás.
Es mucho peso. Tengo que habituarme.
¿Habituarte dices?
Suerte tienes que es el primer día.
Más te vale habituarte pronto. ¿Sí?
¡Y tú ve a vaciar la cesta!
¡Dejad de jugar así!
¡Un pelotazo a una lámpara y ardemos!
¿Comprendes?
Requisa la pelota o no estaremos tranquilos.
Estaremos tranquilos. Se la hago tragar.
¡Vaya: tenemos uno nuevo!
Con el pelo rubio.
Con un culito precioso.
Tengo aceite de azufre para él.
A mi hermano lo dejas en paz, ¿eh?
¡Ah, es hermano tuyo!
Si es como tú lo pasaremos bien.
Hasta los muros saben lo tuyo con Melino.
Aún te huele a polla el aliento.
¡Aparta!
Ahora eres el único hombre en casa.
Recoge los colchones y demuéstralo.
¿Has entendido?
¡Vamos, ayuda! ¿Qué hombre eres?
Maurizio, recoge los colchones o te arreo.
Me lo imaginaba. Está acostumbrado
al confort. Cree que está en su casa.
Ve al pozo y tráeme un cubo de agua fría.
Cuanto más fría mejor. Date prisa.
Perdón, señor, si le despierto,
no lo he hecho adrede.
¡Al diablo con Caramazza!
Tendría que morir.
Así conservaríamos la garantía
y podríamos volver a casa.
¡Alto!
¿Un cigarro?
—No. —¿Por qué eres tan serio?
Espero.
¿Por qué esperas?
No hay azufre.
¿No puede uno descansar un minuto?
—¿Suficiente? —Sí.
¡A cargar!
Déjame ver.
¡Bravo! En sólo 2 días
has llegado a los 25 kilos.
Ve a descargar.
—¿Cómo te va? —Bien.
—¿Estás cansado? —Un poco.
Buen día.
Buen día.
¿Cómo va por la galería San Martino?
Cavando, como siempre.
—¿Tenéis buen vino? —Tinto.
—Voy con vosotros. —Como quieras.
Aclà, dame una almendra.
Y a mí, otra.
¡Tú siempre, a la que salta!
¡Joder, es amarga!
¡Espera!
¡Enséñame!
¡Desgraciado!
¡Si te cojo, te despellejo!
¿Qué pasa?
¡No bajes, no!
¡Pero no te preocupes! ¡Ésta me la pagas!
¿Le ves? Se llama Linuzzu.
En 5 minutos estará en las viejas galerías.
Y Ciccu Montarbanu
ahora se levanta y lo sigue hasta allí.
Cada vez que se lo folla le rebaja la garantía
2 centésimas y le da 4 olivas.
¿Vienes a verlo? Nos reiremos.
¡Te voy a matar, bastardo!
—¡Detenedle! —¿Por? —Así escarmentará.
¡Te he dicho que me las pagarías!
¡Basta! Le estás dando contra las piedras.
¿Quién eres tú para dar órdenes?
¡Ocúpate de lo tuyo!
¡Pino!
Bonita picha la de tu hermano Aclà.
Debería estar contento.
Es el destino de los mineros:
Tirarse a los esportilleros entre semana
y a las mujeres los días de fiesta.
¡En una semana tendrá el culo
como el de su hermano!
¡Eh, pero por qué te pones así!
Mira, ése es Melino.
Se lo hace con tu hermano.
Pero es delicado.
¡Tiene un culo como una cerda vieja!
¡Como tu mujer, tu hija y tu madre!
¡Ven aquí!
¡Chúpamela!
¿Ves? Ahora eres un hombre.
¡Dejadme respirar!
¿Quién se acuesta en mi sitio?
Danilina, ¿es ahora el tuyo?
¡Tontita!
Ahora te toca a ti.
A ver cómo te portas.
¿Lo hago bien?
Muy bien. Aclara ya.
Ahora toca que me laven y no lavar.
¡Trabaja, Maurizio!
¡Trabajo, trabajo!
¡Estoy cansado, no hagas tonterías!
¡Gilipollas!
¿Qué tontería es ésa?
Cuando te conviene te haces el hombre,
cuando no, el chiquillo.
Para mí, carne. Para ti sólo patatas.
Dame un trozo sin que lo vea mamá.
El sábado te dio carne papá
y no la compartiste conmigo.
¡Aclà, eres un cerdo!
No te hagas el gallito.
—Ya estoy. —Vamos.
¿Está adentro papá?
Ahora yo tengo derecho a entrar.
Ocúpate tú de los pequeños.
¡Yo también quiero entrar!
No quiero.
¡Tú cuidas a los pequeños!
¡Quiero entrar!
¡Se acabó! ¡Idiota!
¡Eh, amigos!
Tenemos un nuevo cliente: mi ahijado.
¡Vino para todos!
¡Una silla para mi hijo!
¡Majo, mi ahijado, eh!
¡Salud por mi ahijado!
—¿Quién va? —Yo. —¡Yo!
¡Si ni siquiera se empalma!
Carita negra, de Abisinia,
espera, que ya la hora se avecina.
Cuando estemos cerca de ti,
gritaremos: "Nuestro Duce es nuestro rey".
¿En qué piensas, Caloggero?
—En su chica. —¿La puta?
A tu hermano no le gusta ir de putas.
Él lo que quiere es casarse.
Sí, con la reina Margot...
Ésta es tu 2ª semana.
Esta noche montarás guardia tú.
Quieren el azufre para hacer bombas.
Estarás con Toti y Gnaziu,
por ser la 1ª noche. ¿De acuerdo?
—¿Para quién? —Para Rizzuto.
—¿A quién busca? —A la familia Rizzuto.
¿Les escriben de América?
De Australia.
¡Ah, la hija!
¿Qué pasa? ¿El diluvio universal?
Son las tres.
¿Y qué? ¿Qué quieres?
Mi hija de Australia...
Dios de la Dolorosa y la Santísima Paciencia.
En la mesa, ahí.
¿Cuántas veces te he dicho que mandes
los niños al colegio. Que es un desastre
de casa. Que no sabe leer ni el gato.
¿Para qué, si los gatos ladran?
¿Veis lo ignorantes que sois?
¿Quieres tú ser como tus padres?
Se hace tarde...
Queridos padres:
El Señor me ha enviado otro hijo.
Es una niña.
Por eso la hemos bautizado Giovanna,
como mi amadísma madre.
Todo marchó bien.
La tuve en el hos...
...en el hospital.
¿Pero cómo escribe tu hija?
En caso de que lo haya escrito ella...
Dentro de una semana,
en cuanto estén las fotos,
os las mando,
que la niña es preciosa, grande
y tiene tanto pelo
que es la viva imagen
de mi madre y de la abuela.
Me acuerdo mucho de vosotros,
a todas horas.
Os mando este dinero,
no os ofendáis.
Porque a nosotros, así...
Nosotros aquí, querrá decir,
nos va muy bien
y pensamos siempre en vosotros
y os queremos siempre
Se me saltan las lágrimas
sólo de escribir esta carta.
Muchos besos,
Vuestra querida Domenica
que piensa en vosotros siempre.
Aquí está el dinero.
Si queréis, os lo cambio en liras.
No, gracias. Mi marido decidirá.
¡Si está siempre en la mina!
Jesús sea alabado.
Mañana pasaré por los niños.
—¿Para? —Para llevarlos al colegio.
¡Hijos de puta!
Sois unos mierdas, como vuestros padres.
¡No, don Rocco, no!
Llevábamos descansando 2 minutos.
¡Baja aquí o...!
¡Ha sido un minuto, menos incluso!
A Gnaziu le dolía la espalda.
¿A Gnaziu le dolía la espalda?
¡A ti te va a doler el trasero!
¡Baja, te voy a hacer picadillo!
¡Perdón, don Rocco! ¡Perdón!
¡La próxima, te mato!
Y tú, ¿qué diablos haces aquí?
¡No me toques!
Si te pillo sin hacer nada,
verás si no te toco.
¡Muévete!
¿Qué comes?
¿Te quieres ganar cuatro aceitunas?
No.
¿Cinco aceitunas y una sardina en salazón?
No.
Siguen robando azufre.
¿Quiénes?
Algunos esportileros y sus jefes.
¿Y Rocco Caramazza?
Ël nunca me ha dicho que robe.
¿A ti nunca te han robado?
Sí, por haberme dormido.
¿Y qué te hizo Caramazza entonces?
Pegarme y descontarme dinero
de la garantía. Luego mi padre me sacudió.
¿Cuándo se cumple tu garantía?
Dentro de 7 años. ¿Y la tuya?
Ocho años todavía.
Hasta los 19 años
tengo que estar con Caramazza.
Después me iré a Australia.
¡Sí, y también a la Luna!
No quiero arrastrarme toda la vida
en la mina. ¡Ni hablar!
¡Habla, habla!
En Australia hay de todo:
mar, WC en las casas...
Nos lo ha escrito mi hermana.
No me lo estoy inventando.
—¿Sabes nadar? —No.
¿Para qué quieres el mar, entonces?
¡Para escupirte en la cara!
Llévame contigo, Aclà.
¿A la Luna?
A Australia.
Si me llevas te regalo las aceintunas.
¿Y para qué quiero tus olivas?
¡Llévame!
Bueno, deja de lloriquear.
¿También a mi madre?
A nadie. Me casaré con una australiana.
Yo, también.
¿Con quién te vas a casar, tan bizco?
Pero tengo la picha como un caballo.
—¿Sí? —Mira.
¡Yo diría como un ratón!
¡Tú eres un hijoputa!
—Ya está. —Faltan 16 bandejas.
—Catorce. —Dieciséis.
¡Tire!
¡A trabajar!
Hasta otra.
¿Estamos listos?
Veréis qué bien lo pasáis.
—¿Y vosotros? —Mi marido no quiere.
¿Prefiere que sean analfabetos?
Los hijos deben estar con los padres.
¡Muertos de hambre!
Deben estudiar, comer, beber.
Hasta los de los ricos dejan sus familias
y van al internado.
Lleve entonces a los de los ricos.
¡Por favor, Giovanna!
Qué mejor honor para ti que tus hijos
que no saben ni escribir su nombre,
aprendan a hacerlo.
Yo sé escribir mi nombre.
¡Qué vas a saber!
Vea.
Vámonos, no perdamos tiempo.
Las hermanitas os dejarán jugar a fútbol.
Os darán pasta y, los domingos, hasta pollo.
¡Hala, chicos, subid!
Ven conmigo tú.
¡No, no quiero volver allí!
Os divertiréis. Veréis cómo os gustará.
Bien, chicos. Montaré con vosotros.
¡Vamos, rápido!
¿Qué pasa, hijos? Será divertido.
Volveréis los festivos y por Navidad.
Han robado todo el azufre.
¿Qué?
Lo han robado todo.
¡Déjame! ¡Lo mato!
¡Te mato, Aclà!
¿Has visto a Aclà?
¿Dónde está Aclà?
Pino, ¿dónde está Aclà?
¿Dónde va a estar?
¡Lo mato!
¿Dónde está Aclà?
—¿Tú, por aquí? —No pienso volver.
¡No quiere volver a la mina, mamá!
¿Quieres que muramos de hambre?
Trabajaré. Pero en Australia.
¡Estás loco! Con la garantía que pagó
tiene más derechos sobre ti que yo misma.
¡La pagaré!
Ya verás, tu padre te mata.
Mejor muerto que volver allá.
¡Desgraciado! ¡Qué deshonra!
—¡Maldito seas! —¡Déjame!
¡Te voy a escachar los sesos!
Pronto te cansaste de cargar.
No, de recibir palizas.
El asno aprende a latigazos.
¿No es así?
No lo sé.
¿No es así?
¡Eh! ¡Fuera, fuera!
No entienden que llega un señor barón.
¡Y dale! ¡Largo!
¡Ya llegan!
¡Basta, a vuestro sitio!
Disponerse en orden.
Baronesa...
Señorita...
Señor barón...
¡Un aplauso al señor barón!
Hasta con música me recibís. ¡Muy bien!
He recibido las cuentas de junio.
Mi querida mina de la Floristella
es la que más satisfacciones me da.
He querido que la vea mi hijo Manfredi
antes de partir al internado.
No debe olvidar sus raíces, su tierra.
—¿Quiere, baroncito? —No, gracias.
Esta es tu tierra y tu azufre.
Papá, no veo nada.
¿De qué sirve ser hijo del patrón
si va a acabar en un internado?
Será un buen colegio,
con mucho mármol y con retretes.
¡Con retretes!
Pregunté a Aclà si quería olivas.
—¿Y qué te dijo? —Siempre, que no.
No es como su hermano Pino, ¿eh?
Aún es muy pequeño. No tiene pelo allí.
¿Quién sabe? Como lleva un paño delante.
Y vergüenza.
No tiene mucho que ocultar.
Será cuestión de animarle.
Tranquilo, Aclá, nosotros te pondremos
un poco de pelo de minga
y haremos de ti un hombre.
Eso, levántate el paño.
A mi hermano Aclà lo dejáis tranquilo, ¿eh?
Cogeremos algunos pelos de tu hermano.
Si no se los ha dado todos a Melino...
Venga, unos cuantos mechones.
¡Apártate!
¡Pelos frescos de una picha seca!
¡Pelos frescos!
¡Deja de joder, idiota!
Es bueno bromear.
Nada es divertido para ti.
Estamos entre amigos.
¿Qué quieres que hagamos para olvidar
la vida de perros que llevamos aquí?
¡Ríe, diviértete!
¡Que rías!
¡Vete si te da miedo!
¡Qué me importa a mí el día de San Esteban!
Los santos sólo se acuerdan de nosotros
para pedir dinero.
Los santos están siempre contigo,
eres tú quien los ignora.
¿Otro sermón, padre?
¿Ven los santos cómo vivimos?
¿Es voluntad de los santos que el barón
viaje en coche y coma y beba 3 veces al día?
Dios os hizo libres, libres de pecar,
pero los mineros sois una raza maldita,
de cerdos bastardos,
esclavos de la codicia y la lujuria.
¿Qué es la codicia?
Dios nos putea entre semana
y nuestras mujeres los domingos.
¿Es ésa la codicia?
¡Sois unos animales!
De acuerdo, ¿pero dónde está la codicia?
Dios destruyó Sodoma sin dejar un alma.
Pero, ¿qué hemos hecho nosotros?
El pecado de Sodoma es el sexo
entre hombres, el peor de los pecados.
Ya, por eso para el día de San Esteban
quiere el dinero de nuestro trabajo.
Es el primer paso para haceros perdonar.
Yo doy sólo porque soy devoto del santo.
Lo principal es que lo des.
Lo de menos es por qué.
Además de mineros,
Dios os ha hecho ignorantes.
¿Dónde está Aclà?
Adentro seguramente.
Mira.
Papá ha dicho:
"Una para ti y otra para Aclà".
Rizzuto, Aclà ha escapado,
no aparece por ningún sitio.
¡Lo mato!
Dije que era de más orgulloso.
¡Esta vez lo mato!
¿Dónde está Aclà?
Qué sé yo. ¿Dónde ha de estar?
Ha desaparecido.
¿Escapado?
¡En la fiesta de San Esteban!
¿Lo has encontrado?
—¿Dónde está el mar? —¡Yo qué sé!
—¿No lo has visto nunca? —No.
—¿Las puedo tocar? —Se escapan.
—¿Puedo? —Ve.
¡Boletos para la lotería!
Acérquense todos. Sepamos los ganadores.
—Un boleto. —10 céntimos.
¡Acérquense! ¡Compren un boleto!
¡Cuánta calderilla!
¿Se la robaste a tu madre?
La gané yo.
¿Para quién será el cerdo?
Primer premio, más 10 liras.
La señorita Fortuna extraerá un número.
Empezad a rezar.
Haz que salga su número, Señor.
¡Atención: 1..., 5... y 7!
¡Ganaré el 2º premio... o el 3º!
¡Por allá! Comprobamos su número
y le damos 10 liras y su hermoso cerdo.
Pasamos a la segunda extracción.
Miramos el número... ¡Dos cifras!
¡7... !
¡y... 7!
¡El 77 lo tiene esta guapa señora!
—¿Ganamos? —Cállate.
¡Haces que me ponga de mal humor!
¿Está lejos el mar?
Ya lo creo.
¿Cómo de lejos?
2 pares de sandalias.
¿Usted lo ha visto?
Sí, en la guerra.
—¿Y cómo es? —Bello, grande.
¿Más grande que una mina?
Mucho más grande que una mina.
¿Y lleva a Australia?
Por el mar se va a todas partes.
—¿Hacia dónde debo ir? —Hacia allí.
Papá, no está por ningún lado.
Busca, busca, busca...
Uno sólo, uno sólo... ¡Bravo!
Déjame ver un poco...
¡Tres cifras!
¡Uno...,
nueve... y cinco!
¿Ha ganado el muchacho?
¡Número correcto! ¡He aquí sus 3 liras!
¡Señores, la lotería cierra,
pero la fiesta continúa!
¡Viva San Esteban!
¿No ha vuelto?
Mi padre murió teniendo yo 4 años
por una explosión en la mina.
Me vi así esportillero a los 7 años
y desde entonces
doy 10 liras para los fuegos de la fiesta
en su memoria.
Yo he dado 7 liras, pues estos fuegos
van al Cielo, donde me espera mi Giovanni.
Desde hace 13 años rezo el día de S.Esteban
para que pueda juntarme con él.
Yo he dado 5 liras por mi hermano Esteban,
como el santo, muerto a los 22 años,
para que Dios lo tenga en el Paraíso,
y 5 liras por mi hermana Serafina,
que está en America,
desde donde las envía para San Esteban.
¿Cuándo lo visteis por última vez?
Martes noche estaba,
el miércoles de madrugada, ya no.
¿Por qué escapó?
¿Le pegabais?
Señor oficial,
perdóneme, pero con el debido respeto
ustedes, los del continente,
no pueden comprender estas cosas.
Yo pagué la garantía de muerte
que me da todos los derechos sobre él.
Que lo diga su padre.
Es cierto. Yo recibí la garantía,
que le concede esos derechos sobre Aclà,
mi hijo, de lunes a sábado, siendo de él
responsable para lo bueno y para lo malo.
¿Y dónde ha podido ir?
Pues al campo...
¿A dónde, si no?
No conoce a nadie...
¡Pero yo lo mato...!
Señora, ¿ha visto un jovencito rubio?
¡Yo no he visto a nadie!
¿Es esto el mar?
¡Claro, el mar!
¿Y para ir a Australia?
Pequeño, tú estás loco.
A ver qué te parece, Michele:
Si no vuelve, tomo a Maurizio
con un año de aumento del contrato.
Si vuelve, aumento el suyo 6 meses,
además de arrancarle la piel a tiras.
No hace falta, antes lo parto yo en dos.
Lo dicho: o Aclà o Maurizio.
¡Andando!
¡Camina, vamos!
¡No podemos ir allí,
hay una mala persona!
¡Me escaparé otra vez!
¡Bastardo, te voy a matar!
Calla, que no te oigan...
¡No volveré nunca!
¡Calla, vago! ¿Dónde irás?
¡Dónde vas a ir...!
¡Basta, lo vas a matar!
¡Yo tampoco quiero ir!
¡No iré a la mina!
¡No iré nunca!
¡Chucho!
¡Perro bonito!
Aclà, si quieres iré a la mina en tu lugar.
—¿Dónde ha estado todo este tiempo?
—Se perdió. —¿Y ya no se va a perder?
No, no se va a perder.
¿Qué te ha pasado en la cara?
¿Te pegaste contra una puerta?
Contra un muro.
Ríe, tonto: la vida es hermosa.
Subtitulos y sincronización - REPEPITITO - ARGENTINA (2015)
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