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(Música)
(Música)
(Música tensión)
(Música)
Hola, Ramón, ¿qué tal, cómo estás?
-Bien. ¿Has hecho buen viaje? -Sí, muy bueno, gracias.
(Continúa la música)
¿Todo preparado?
(Continúa la música)
Aquí tiene, doctor. -Ah, magnífico.
Fíjate, aún siguen esperando a que llegue la diligencia.
(Música tensión)
(GRITA) ¡Ya vienen!
¡Ya vienen!
¡Ahí llega la diligencia!
(Música)
Bienvenidos, muchachos. Pero ustedes son agentes.
Traemos un cargamento de oro, señorita, era peligroso
enviarlo en un coche corriente con viajeros.
¿Y la diligencia de Silver City? Viene detrás,
llegará dentro de una media hora.
-Echadme una mano, hay que llevar la caja del oro hasta el banco.
En cuanto el director la guarde en la caja fuerte,
estáis invitados a echar un trago.
(Disparos)
(Gritos, disparos)
(Música, disparos)
¡Piedras, maldita sea!
Nos han engañado como a unos imbéciles. ¡Vámonos!
(Música, disparos)
Esta vez hemos hecho una buena jugarreta a esos bandidos.
Desde luego, pero ha costado la vida a muchos hombres.
Créame, soy el primero en lamentar lo sucedido,
pero el oro del ferrocarril, con el que pagaremos
los terrenos expropiados, proporcionará a San Felipe
grandes beneficios. No me gusta tener que decírselo,
hasta ahora, su condenado ferrocarril
no ha hecho más que perjudicarnos.
En vez de todas esas riquezas que debiera haber proporcionado
a la región, no ha hecho más que desatar la codicia de los hombres.
De acuerdo, y era de esperar, pero no me negará que el South Pacific,
al unir San Felipe con Silver City, no hará más que beneficiarles
a ustedes. Sí, sí, ya, el precio de la carne
bajará tanto que no valdrá la pena criar un solo ternero,
esa es la verdad.
Ay, ay, mi cabeza.
Menos mal que no venía ningún pasajero en la diligencia.
-Así no podemos continuar, ingeniero.
Hace mucho que esperamos ayuda de las autoridades federales, y...
-No pierda la esperanza, don Luis, ya nos la mandarán, estoy seguro.
-Bueno.
-El Gobierno tiene un gran interés en que se acabe
el tendido del ferrocarril, ya verá cómo nos envían esa ayuda,
en cuanto les sea posible.
(Música)
¿Un cigarro?
¿Quiere un cigarro?
No, gracias, son muy suaves, prefiero uno de los míos.
(Continúa la música)
Si no le molesta, dígame, ¿dónde va usted a infectar el aire?
A San Felipe. He ahorrado dinero, quiero descansar,
y si me gusta del pueblo, me quedare algún tiempo.
San Felipe ya no es un lugar tranquilo.
Robos, asaltos a las diligencias, secuestros, crímenes...
No se puede vivir allí. -Desde hace tiempo,
toda la gente honrada se está marchando poco a poco
del pueblo. -La vida de un hombre
vale menos que la de un perro.
Y usted, dígame, ¿cómo es que va allí?
Porque dentro de unos días me voy a casar con una muchacha del lugar,
pero después de la boda, me marcharé fuera, esté seguro.
Apuesto a que la muchacha tiene dinero.
Pues afortunadamente, sí.
¿Pero usted cómo lo ha adivinado?
Se nota. ¿De verdad?
Sí, en usted, en cómo viste. Las mujeres de dinero
se casan siempre con elegantes como usted.
¡Oh!
Sí, sí, el tipo ideal para la hija de un rico hacendado.
Sobrina. ¿Sobrina?
Sí, Lisa es la sobrina del señor O'Brien,
el hombre más rico de San Felipe.
Ah... Pues sí.
(Continúa la música)
(TOSE)
El humo.
(Continúa la música)
¡Ahí llega, por fin!
(Continúa la música)
¿Por qué está tan nerviosa? George, su prometido,
vuelve en esa diligencia de hacer unas compras en la ciudad.
Si usted no puede soportar a ese tipo, ¿por qué consiente
que su sobrina se case con él? Se ha enamorado
y no hay manera de quitárselo de la cabeza.
¡George! ¡Lisa!
(Música tensión)
¿Pero qué ha pasado? Los bandidos.
Han tenido la desvergüenza de asaltar la diligencia
dentro del pueblo. ¿Aquella?
Era una trampa para engañar a esos pistoleros.
La caja del oro estaba llena de piedras.
Menos mal que se me ocurrió venir en esta.
Y usted, sheriff, ¿cómo es que...? No pude hacer nada,
me dejaron fuera de combate de un culatazo en la cabeza.
¡Eh! ¿Pero qué hace? Esas son mis maletas, ¡oiga!
Sí, ya lo sabemos, pero no se preocupe,
se las devolveremos enseguida.
Bueno...
¡Eh, tú, dame esa silla!
¡Ha sido una idea magnífica!
En resumidas cuentas, ¿para qué quieren mis maletas?
Tengo derecho a...
¿Qué es esto?
Todo este dinero, no es posible, oro...
Perdone, lo hicimos sin que usted lo supiera, era la única manera
de transportar el dinero sin despertar sospechas.
Llévenlas a la caja. ¿Pero cómo han podido atreverse?
¡Esto es intolerable!
Cuando pienso en lo que podía haberme pasado...
Oh, George, a veces me resultas insoportable
con tus constantes temores. Pero Lisa, sabes que si
los bandidos se hubieran dado cuenta de que el dinero
venía en mis maletas, probablemente...
Hubieras tenido ocasión de portarte como un hombre.
Ah, muy bonito, ¿o sea que crees que no soy un hombre?
Debieras de mostrarlo, aunque solo fuese por una vez.
De acuerdo, cualquier día me decidiré,
pero luego no te quejes si tienes que llevar flores a mi tumba.
Está todo, no falta ni un dólar.
Listo, ya está seguro el dinero.
Y ahora, ¿qué me dice, sheriff? -Ha tenido una idea muy ingeniosa.
-¿Y usted, qué opina, señor O'Brien?
Que no encuentro nada divertido en todo esto.
No se puede poner en peligro continuamente la vida
de tantos honrados ciudadanos,
obligándoles a pelear por una causa inútil.
En eso estoy de acuerdo con George, suspendan los trabajos
en ese condenado ferrocarril y desaparecerán los bandidos
como por encanto, se lo aseguro.
(RÍE)
(Música)
Iré a casa más tarde, tengo que hablar con Mark,
llegará de un momento a otro con los hombres que le envié a contratar
en la frontera.
¿No me acompañas?
Cariño, perdóname, lo siento mucho, pero quiero preguntar a Sam
si ha llegado el vino de Málaga que le encargué
para el banquete de boda.
Está bien, nos veremos esta noche si quieres y tienes tiempo.
No digas eso, hazte cargo que yo también tengo asuntos que resolver.
¡Lisa!
(RÍE) Qué genio.
(Música)
Ha elegido usted un mal día para visitar nuestro pueblo, señor.
¿No ha visto los muertos? Un whisky.
(Continúa la música)
Deja la botella.
Eh, tú. Me llamo Sam.
Está bien, Sam, ¿tienes una habitación para mí?
Y 10, también, si quiere.
Me basta con una.
Anda, guárdame la silla hasta que encuentre un caballo.
Eh, joven, perdone.
Si quiere puedo proporcionarle un auténtico pura sangre
por poco dinero.
¿Lo ha robado? ¿Robado? No.
Era de un paciente mío, al pobre hombre ya no le hace falta.
Se ha ido andando. No, en coche,
pero metido entre cuatro tablas.
Para mí y para el sheriff, lo de siempre, Sam.
¿Para usted también lo de siempre, una limonada?
No, whisky. Después de las emociones del día, me vendrá bien,
¿no les parece? Señor O'Brien.
Ya llega Mark con los hombres.
(Música tensión)
¿Qué tal, señor O'Brien?
Estos son los hombres que he conseguido contratar.
Bien. ¿Dónde les has encontrando? En San Antonio.
Estaban deseando poder pasar la frontera.
¿Crees que valdrán para el trabajo? No nos darán preocupaciones,
ni a usted tampoco, sheriff, son buenos chicos, se lo garantizo.
¿Tenéis dinero? Sí, les he pagado lo convenido
y no ven la hora de jugárselo al póquer. ¿Verdad, muchachos?
Una cerveza, Sam. -Me voy a la oficina,
tengo que redactar un informe sobre el atraco.
Ah, ¿le hace falta mi testimonio? Ahora, no, si le necesito,
ya le avisaré. -A propósito, señor O'Brien.
¿Cómo se las ha arreglado con el viejo testarudo de don Esteban?
Es más terco que una mula, he llegado a ofrecerle
5000 dólares por su vieja mina, pero me ha contestado
que me vaya al diablo.
Cinco de los grandes. Sí.
Ha dicho que no me cederá la mina por nada de este mundo.
Y ha añadido que me recibirá a tiros si vuelvo por allí.
Y usted sigue empeñado en conseguir esa vieja mina.
Pues claro, el ferrocarril tiene que pasar
necesariamente por allí, y si fuese mía, tendrían que suspender
los trabajos o pagarme lo que les pidiera.
¿Quiere que lo arregle yo esta misma noche?
No, tenemos que conseguirla de una forma completamente legal.
Al diablo la ley.
Bueno, ¿no queríais jugar al póquer? Sí, señor O'Brien.
Sam, ¿quién es ese tipo?
(SUSURRA) El capataz del señor O'Brien.
Tenga cuidado con él, muchacho, es una mala persona,
siempre está buscando pelea. -¡Sam, las cartas!
-Ya voy.
-¿No se sienta? No, gracias.
¿Quiere usted jugar con nosotros?
No, gracias, he venido solo para hablar con Sam.
(RÍE) Tiene miedo de mancharse si juega con unos pobres vaqueros.
(RÍEN)
-Eh, doctor. -¿Qué?
-¿Juega? -No, no puedo.
Me voy a trabajar.
Después del tiroteo de hace un rato tengo que atender a mis clientes,
porque si no lo hago, me dejarán para siempre.
-Forastero...
(Música tensión)
¿Quieres entrar en la partida?
¿Qué dices?
(Continúa la música)
Paga muy bien a sus hombres, ¿eh, señor O'Brien?
Sí, debe ser un verdadero placer trabajar para usted.
Solo un par de manos.
Le dije que tuviera cuidado con él, pero no ha querido hacerme caso.
No debes preocuparte, creo que ese tipo
sabrá salir adelante sin necesidad de tu ayuda.
A propósito, Sam, ¿qué ha pasado con los tres barriles de vino
de Málaga que te encargué para celebrar mi banquete de boda?
Es usted un hombre afortunado, lleva aquí solo un mes
y va a casarse nada menos que con la chica más bonita de San Felipe.
Mi vino, Sam, no cambies de conversación.
Lo he pedido a Silver City, y ya debiera estar aquí.
Supongo que no tardará muchos días en llegar.
¿Debo enviárselo al hotel? No, al rancho del señor O'Brien,
me he trasladado allí hasta el día de la boda.
10 dólares. -Voy.
-Yo también, a ver qué llevas esta vez.
Full de ases. Maldita sea...
Tienes demasiada suerte, amigo. La suerte hay que saber buscarla.
Y tú, ¿cómo la buscas? Dime. Muy sencillo.
Jugando mejor que vosotros. No estés tan seguro de ti mismo.
¿Es una amenaza? ¿Y si lo fuera?
Bah, me haría mucha gracia. Cuidado con lo que dices, forastero.
De acuerdo, si no sabéis perder cuando jugáis, prefiero retirarme.
Nada de eso, de aquí no te mueves. ¿Ah, sí?
¿Y cómo vas a impedirlo? ¡Con esto!
(Música tensión)
¡Quietos! Voy a darle una lección.
(Música tensión)
(Golpes)
¡Eh, tú!
(Música tensión)
Te voy a matar.
(Continúa la música)
¡Stevens, quieto, no hagas tonterías!
¿Qué pasa aquí?
Ha sido usted, ¿eh?
Ha organizado un buen barullo, muchacho.
¿Sabe que podría expulsarlo del pueblo por esto?
-El muchacho no ha hecho más que defenderse, sheriff.
Mark empezó la pelea, me hubiera gustado verle en su puesto.
Es cierto, Sam tiene razón, pero si me permite darle un consejo,
procure cambiar de aires.
Sam, un whisky.
Sí, enseguida.
Oh, por fin.
Oh, sheriff, ha sido una escena muy desagradable,
y usted ha llegado tarde, tarde, como siempre.
Oiga, amigo, si ha venido a este pueblo para complicar las cosas
más de lo que ya están, le aconsejo por su bien
que se marche en la próxima diligencia.
Aquí no hay sitio para tipos como usted.
He reaccionado ante las amenazas de ese hombre
como cualquier otro hubiera hecho en mi lugar.
Y no pienso marcharme de aquí.
He venido para hacer un negocio.
¿Qué clase de negocio es ese?
Sé que hay una mina en venta. ¿La mina de don Esteban?
La quiero comprar. ¿Usted?
Tengo con qué pagarla.
Pero si es una mina abandonada que ya no produce
ni un gramo de plata. Creo que aún puede dar dinero
sabiendo explotarla. Sí, puede que tenga razón,
pero me parece que va a hacer una locura.
Además, esa mina le interesa mucho al señor O'Brien, no se meta en líos.
Tengo entendido que el propietario no se la quiere vender.
Tampoco se la venderá a usted. No puede decir
que porque no lo hayan conseguido otros,
no voy a conseguirlo yo. Seguro de sí mismo, ¿eh?
Acabará teniendo disgustos, no lo dude.
Ya verá cómo no. Hasta pronto, sheriff.
¡Váyase al diablo! Y cuando le empiecen a salir mal las cosas,
no venga aquí a quejarse, ya se lo he avisado.
(Música)
¡Eh, abuelo, no dispare, soy amigo!
¿Amigo de quién? ¿Del señor O'Brien, tal vez?
Si viene de parte suya... No, tranquilícese,
quiero hablar con usted, abuelo. Deje de llamarme abuelo,
que yo sepa no le he tenido nunca sobre mis rodillas.
Está bien, don Esteban, vengo a proponerle un negocio
que puede ser muy ventajoso para usted.
¿Quiere que hablemos o no? De acuerdo.
En ese caso, acérquese, pero mucho cuidado con las manos.
A ver qué negocio es ese que quiere proponerme.
He oído decir que se niega usted a vender esta mina al señor O'Brien,
¿es cierto? Es cierto, no se la daré
ni por todo el oro del mundo. Es un granuja, un intrigante,
un canalla sin escrúpulos que intenta apoderarse
por cualquier medio de lo poco que aún no es suyo en la región
para hacerse el amo del pueblo.
¿Ha pensado que a la larga, acabará usted perdiendo?
Si ha venido para amenazarme, tenga cuidado, yo no bromeo.
Aparte esto. Entonces, está decidido a no vendérsela.
Prefiero dejarme matar antes que eso.
Está bien, yo se la compro por 10 000 dólares.
10 000. ¿Qué juego se trae?
Escuche, don Esteban.
Si quiere, yo le ayudo a ajustar las cuentas al señor O'Brien,
y además, le pago 10 de los grandes por su mina. ¿Qué dice a esto?
Bueno, confieso que el asunto podría interesarme, pero...
Bien... Créame, me gustaría hacerle
esa jugada, pero me hará matar como a un perro
en cuanto se entere de que he vendido la mina a otro.
Se puede marchar usted inmediatamente de aquí,
sin que nadie lo sepa.
Este es el contrato, y aquí está el dinero.
Firme. Cuanto antes lo haga, mejor para todos.
¿Y si después...?
Vamos, firme. Está bien.
Al fin y al cabo aquí ya no queda más que un montón de pedruscos.
Y yo ya estoy demasiado viejo y cansado para seguir trabajando,
para mí ya ha llegado el momento de cambiar de aires.
Cuéntelo.
(Golpe)
¿Quién es? Lisa, la sobrina del señor O'Brien.
¿Entonces? No, no tema nada.
Lisa es la única persona en la que aún puedo confiar,
su padre y yo éramos muy amigos, y prácticamente Lisa
se ha criado conmigo hasta que el cerdo de O'Brien
se hizo dueño de todo. Me parece que ha hecho una tontería,
tío Esteban. Bueno, lo que está hecho, hecho está.
Debe abandonar inmediatamente San Felipe
antes de que mi tío se entere de la venta.
Tienes razón, pero necesitaré un coche y un caballo.
No se preocupe de eso, le llevaré hasta el cruce
con la carretera de Silver City, allí podrá tomar la diligencia.
(Música)
(Música tensión)
Te hemos cogido, ¿eh? Viejo tramposo.
Con que querías largarte sin decir adiós al señor O'Brien.
-Yo no tengo por qué dar cuenta de mis actos a nadie.
Y quítate de en medio, o me abriré paso a tiros.
-¿Ah, sí? Abuelo, aparta eso si no quieres que te vuele la cabeza.
Déjanos pasar, Mark. Lo siento, señorita,
pero yo solo obedezco órdenes del señor O'Brien.
Da vuelta a los caballos, deprisa. -¡Quietos todos!
¡Tirad las armas!
(Música tensión)
¿Quién eres, qué quieres? -No te importa,
y lo que quiero es que dejes marchar al viejo inmediatamente.
(Música, disparos)
Venga conmigo, señorita.
¡Váyase, abuelo, deprisa!
(Música acción)
(Música)
Le agradezco lo que ha hecho, pero todavía no sé
por qué ha salvado al tío Esteban ni quién es usted.
Solo puedo decirle quién soy.
Está bien, dígamelo.
Alguien que está enamorado de usted desde el primer día que la vio
y que daría la vida por un beso suyo. Déjeme bajar.
(RÍE) La llevaré hasta la entrada de su rancho.
Puede ser peligroso. Tranquilícese,
no temo a su prometido. En realidad, creo que nadie le teme
en toda la región. ¿Qué pretende insinuar?
Que no me explico cómo una chica como usted
piense casarse con un tipo tan delicado como él.
¡Déjeme bajar o yo...! ¿O usted...?
Nada, si le cogen los hombres del señor O'Brien,
le va a costar caro haber insultado a mi prometido.
(RÍE)
(Música tensión)
¡Eh, mira, es Mark! ¿Cómo vendrá solo?
(Continúa la música)
¿Y los otros? -Seguidme, deprisa.
(Música tensión)
(Música)
Ya hemos llegado. Qué lástima,
su compañía es deliciosa. Gracias,
pero es un cumplido que dicho por un hombre como usted,
no puedo aceptarlo de ninguna manera.
(RÍE)
(Música)
(Música tensión)
¡Ve a echar un vistazo desde allá arriba, anda!
(Continúa la música)
(GRITA) ¡No se ve a nadie!
-¿Dónde estará?
(Continúa la música)
Vamos, hay que encontrarle.
(Continúa la música)
Mira, Mark. -Es él.
(Continúa la música)
(Disparos)
(Continúa la música)
Se nos ha vuelto a escapar. -¡Eh, amigos!
¿Me buscabais? ¡Quietos todos!
Tirad las armas.
(Relincho)
Desmontad.
Y ahora, muchachos, espero que os guste andar.
(RÍE)
-Maldita sea...
Imbécil, eres un inútil, si hubiese enviado
al estúpido de George, lo habría hecho mucho mejor que tú.
(RÍE) Será mejor que lo tome con calma,
alguna vez tenía usted que perder. Como encuentre al que ha comprado
la mina, le hago pedazos. ¿De veras, señor O'Brien?
¿Quién te ha dado permiso para meterte en mis asuntos?
Le aseguro que no le entiendo, señor O'Brien.
Sí, me comprendes perfectamente. Te hablo de la mina.
¿Por qué la has comprado?
Vamos, contéstame, ¿por qué la has comprado?
¿Quién se lo ha dicho, su sobrina Lisa?
¿O nuestro eficaz sheriff?
Usted nunca la hubiera conseguido.
Ahora, si quiere, gracias a mi intervención,
la mina será suya. ¿Qué quieres decir?
Deme 20 000 dólares y yo le cederé el contrato.
¿Cómo?
¿Qué has dicho, 20 000 dólares? Sí, ya sé, es un poco cara,
pero usted puede pagarse el capricho, tiene mucho dinero.
Maldita sea, quieres aprovecharte. Cálmese, señor O'Brien
y deme las gracias por el favor que le hago.
Bueno, yo creo que no tiene por qué enfadarse,
a fin de cuentas, este muchacho le ha liberado de Esteban,
y le ofrece ahora lo que usted no habría podido conseguir
a ningún precio.
O sea, que todavía debo estarle agradecido.
Claro que sí. Tipos como este son muy difíciles de encontrar hoy día,
yo, en su lugar, le contrataría.
¿De dónde eres, muchacho? De Duncan City.
Duncan City, ¿eh?
Tuve allí un pequeño disgusto, pero ya pagué mi deuda
con la justicia.
(RÍE) Por fin he ganado.
Ya era hora. Es un buen montón de dólares, ¿eh?
Eh, Sam, tráeme una hoja de papel y una pluma.
Te haré una carta de crédito.
Dígame, señor O'Brien.
¿Puedo considerarme uno de los suyos?
Prefiero tenerte conmigo que en contra mía.
(RÍE)
(Música)
Ah, ya estamos en plenos preparativos para la fiesta,
según lo que veo.
Pero ¿qué le pasa a mi princesita?
¿Estás disgustada?
El tío se ha enfadado conmigo porque ayudé a escapar a don Esteban.
Sí, ya me he enterado de tu aventura con ese enmascarado.
Si no hubiera sido por él, quizá habría muerto el pobre don Esteban.
¿Y a ti qué te ha ocurrido? ¿Se comportó satisfactoriamente
No sé si era apuesto o no, pero amable y simpático,
desde luego que sí.
Me lo imaginaba.
¿Estás celoso?
¿Celoso de un aventurero salido quién sabe de dónde?
¿Olvidas tal vez quién soy yo?
No, eres alguien a quien conozco hace apenas un mes,
y que ha hecho todo lo posible por casarse conmigo cuanto antes.
¿Ah, sí? ¿Y qué más?
Pues eres un muchacho algo vanidoso, al que no le vendría mal
un poco de actividad. Igual que tu tío.
Ya te he dicho que no soy hombre para correr aventuras
de ningún género. Lo sé.
Me gusta vivir tranquilamente, en paz y armonía con todos.
Cada uno tiene sus gustos y yo prefiero, en vez de meterme en líos,
una buena lectura, un buen cigarro y un buen vaso de vino de Málaga.
A propósito de Málaga, ¿sabes que todavía no han llegado los barriles
Supongo que llegarán a tiempo para la fiesta,
estoy verdaderamente preocupado.
Es el hombre que ha vendido a mi tío la mina de don Esteban.
Estoy seguro de que se abrirá camino en la vida.
Tú, márchate, no quiero que nadie me moleste.
Tengo que tratar un asunto importante.
Adelante.
Pasad, muchachos.
Pasad.
Vamos, ¿no queréis tomar una copa?
David, echa un vistazo al pasillo.
No hay nadie, señor O'Brien.
Bueno, Peter, ¿qué tal te llevas con mis hombres?
Bien, señor O'Brien. Muy bien.
¿Estás contento del sueldo? ¿Te parece suficiente?
No puedo quejarme de lo que me paga.
Me han dicho que tenemos que transportar ganado.
Si es por Duncan City prefiero no ir.
(RÍEN)
No se trata de ganado, hombre, sino...
De oro.
¿Oro?
(RÍE) Vamos, vamos, Peter,
te aconsejo que no te hagas el tonto, es un papel que no te va.
¿Por qué te tomaste tanto trabajo para caerme bien
desde el primer día si no hubieses imaginado cuál es la clase
de negocios en que de verdad estoy metido?
No había que ser muy listo, señor O'Brien.
Era difícil que pagase tanto a sus hombres solo por llevar
a pastar las vacas. ¿Tendremos que atacar en el pueblo?
Eso sería muy peligroso, necesitaríamos hombres
que no fuesen conocidos.
No, esperaréis la diligencia en el cruce de caminos
que hay cerca del pico del buitre, les atacaréis por sorpresa
antes de que el coche se meta por el sendero del barranco,
y no quiero testigos, ¿entendido?
Traen un buen cargamento.
Después del golpe, llevaréis inmediatamente el oro a la mina,
yo estaré allí.
¿De acuerdo? Sí, jefe.
-Sí, claro.
-Ya está preparado el carro. Muy bien.
Me gustaría dirigir esta expedición. Espero que no se lo permitirás,
señor O'Brien, hace poco que está con nosotros.
En realidad, no sabemos quién es.
No, muchacho, esta vez solo te vas a encargar de vigilar los movimientos
de tu amigo el sheriff.
(Llaman a la puerta)
Silencio.
Buenos días, señor O'Brien.
La persona que usted sabe me envía a decirle que el cargamento
vendrá en la diligencia de mañana.
Pasará por el cruce cerca del pico del buitre al atardecer.
(Música)
Ahí viene.
(Continúa la música)
(Música tensión)
(Disparos)
-Ahora, adelante.
(Música)
(Disparos)
-Los bandidos.
-Descargad la caja.
No se muevan si quieren conservar la piel.
Las maletas también.
(Música)
-Eh, aquí hay vino, nos lo llevamos -Déjalo, idiota.
Baja enseguida.
(Música)
¡Alto!
¡Alto!
Peor para ellos.
Por ahí se estrellarán en el barranco.
A ver, vosotros, cargadlo todo y larguémonos.
(Música)
-¡Socorro, socorro! -Se van a desbocar los campos.
(Continúa la música)
-Será mejor que uno de vosotros coja las riendas,
sino no llegaréis nunca al pueblo. -¿Y el cochero?
-Ha muerto, bajadle de ahí, los hombres del sheriff
vendrán a recoger su cadáver.
(Música)
¿Qué ha ocurrido, Tony?
-Nos han atracado cerca del pico del buitre.
-Nos han quitado todas nuestras cosas, sheriff.
-Vaya más tarde a mi oficina, señora, haré un informe sobre lo sucedido.
-Despacio, despacio, cuidado, que esos barriles de Málaga
Cuidado. -¿Qué quiere decir, ingeniero?
-Venga, se va usted a llevar una gran sorpresa.
Venga, venga.
(RÍE)
-Le felicito, ingeniero.
Ha conseguido volver a engañar a los bandidos.
Tengo que marcharme, de nuevo le doy mi enhorabuena.
-Bueno, vamos a abrir los otros barriles.
(Disparo)
-¿Qué es esto?
-Vino de Málaga. -Nos han engañado.
-Abrid las otras.
-No hay oro,
solo ropa.
(Música)
Supongo que ahora te decidirás a hablar.
Sigue.
¿Qué es lo que quiere usted de mí?
Poca cosa, saber algo más de tu pasado.
Te lo he contado todo, pregunte al sheriff de Duncan City
si quiere comprobarlo.
No le haga caso, señor O'Brien.
Él es el enmascarado.
Sus apariciones comenzaron cuando este llegó al pueblo.
Cuando usted encargó a los mexicanos asaltar la diligencia
delante del banco, ¿se acuerda? No es verdad.
Granuja.
Vigílale, Mark, seguiremos cuando recobre el conocimiento.
Estoy seguro de que es él.
(Música)
¡George, George, ábreme!
Un momento, tesoro. En cuanto me ponga la bata.
(Música)
Date prisa, por favor.
(LLAMA A LA PUERTA) Vamos, ábreme.
(Música)
Oh, George.
Cálmate, ¿por qué estás tan nerviosa? ¿Qué ocurre?
los bandidos han asaltado de nuevo la diligencia,
pero afortunadamente, el oro está a salvo.
Dios mío, espero que no hayan robado mi vino.
No seas estúpido, George.
En el atraco han muerto cuatro hombres.
Y si no hubiera sido por el enmascarado,
ni uno solo de los pasajeros habría conseguido escapar con vida.
De acuerdo, pero ¿y mi vino de Málaga?
Vamos, ¿qué sucede ahora?
Hace un momento, al pasar por delante de las cuadras,
he visto algo terrible.
Mark y los otros hombres estaban golpeando como salvajes
a ese Peter que vendió la mina de don Esteban.
¿Por qué?
No lo sé. Muy bonito.
Te conmueves por un desconocido y ni te preocupas por mi disgusto.
¿Cuál, George? Mi vino de Málaga, cielo santo.
¡Eres completamente insoportable! Lousie, espera, espera.
(RÍE) Qué geniecito.
Vamos, despierta, ya has descansado bastante tiempo.
¿Qué quieres?
¿Vas a hablar o prefieres que dispare?
(Música tensión)
¿Qué demonios pasa aquí?
El enmascarado. ¿Cómo?
Entonces hay que ir pronto. ¡Cogedle!
(Música tensión)
Volveremos a vernos.
Señor O'Brien, señor O'Brien.
-El enmascarado, hay que cogerle, rodead la cabaña.
Señor O'Brien,
señor O'Brien, he oído tiros, ¿qué ha sucedido?
Nada que pueda importarte. ¿Puedo ayudarle en algo?
Lárgate, George. No necesito tu ayuda, vete, vete.
Solo hemos encontrado esto.
Oh, qué bonito.
Maldita sea.
Nos la ha vuelto a jugar otra vez.
(Música)
A propósito, debe el contrato de compra de la mina.
Me encargaré de llevarlo al registro antes de que pase más tiempo.
Aquí lo tiene, después de todo, he acabado haciendo un buen negocio.
Me alegro por usted, señor O'Brien.
Adiós, sheriff. Hasta pronto.
David. Diga, señor O'Brien.
Coge un caballo y vete a Silver City.
Busca a Clemens, el de los fuegos artificiales.
Dile que quiero que dé la mejor sesión que se haya visto aquí.
Yates, déjame tu caballo.
Sí, un recuerdo de familia.
Pero no de la suya, ¿verdad?
Bueno, amigos, esta vez nos vamos a desquitar
de todos los fracasos anteriores. ¿Qué piensa hacer, jefe?
(RÍE)
Asaltar el banco. ¿El banco?
Me parece muy peligroso, señor O'Brien.
Después del último golpe que dieron en el pueblo,
hay mucha gente que está dispuesta a defenderse con todas sus fuerzas.
Sí, lo sé, pero he pensado un plan, y creo que a pesar del enmascarado,
si lo llevamos a cabo, sin fallos, podremos apoderarnos
de todo el oro de una sola vez.
Veréis, poco tiempo después de empezar la fiesta,
nos iremos disimuladamente aprovechando la confusión,
pero llevándonos a don Luis, que es el único que conoce
la combinación de la caja fuerte, ¿entendido?
Vosotros, Peter y David, os reuniréis con los hombres
que os estarán esperando en el cruce de la carretera de San Felipe.
Y me ha aguardáis todos en la entrada del pueblo.
Una vez en el pueblo, esperaremos a que den comienzo
los fuegos artificiales que tendrán lugar
cuando esté más animada la fiesta.
Creo que el ruido de los cohetes cubrirá el del tiroteo
que tendremos con los hombres que hayan podido quedar de guardia
Me parece que ha tenido una buena idea, señor O'Brien.
¿Qué vamos a hacer con el oro?
Inmediatamente después del atraco, lo llevaremos a la mina
donde haremos el reparto.
Y ahora, amigos, brindemos por el éxito de nuestra empresa.
(Música)
¡Oh! No grite, se lo ruego.
(Continúa la música)
¿Qué desea?
Necesitaba volver a verla.
Y repetirle que la quiero.
Márchese o pido auxilio.
"Louise".
Mi tío, pronto, váyase. "¿Estás ahí, Louise?".
(Música)
¿Qué ocurre, tío?
Los muchachos han querido brindar conmigo por tu felicidad.
Esperemos que ese chiquilicuatro sepa hacerte feliz.
No le llames así.
¿Olvidas que es mi prometido?
Y, además, ¿desde cuándo te tomas tanto interés por la felicidad
Tú que eres el más egoísta y el más avaro de los hombres.
Veo que aún no has podido olvidar el asunto de esa dichosa mina, ¿eh?
No he olvidado que tú fuiste el culpable de la muerte de mi padre,
al echarle de tu casa cuando estaba sin dinero y enfermo.
Aquel holgazán, inútil.
¿Y luego quién cuidó de ti cuando quedaste sola?
Necesitabas hacer olvidar a los demás lo que habías hecho
a tu propio hermano.
Eres ingrata, Lousie.
No, no, tío. ¡Es que no he olvidado, eso es todo!
¡Habla bajo, estúpida!
Sí, una cosa así.
-Hola, doctor, ¿sabría indicarme el mejor camino
para encontrar el rancho del señor O'Brien?
-¿Quién eres tú?
Soy Clemens.
Maestro pirotécnico.
-Ah...
Es para la fiesta de esta noche. -Sí.
El señor O'Brien me ha encargado los mejores fuegos artificiales
que se hayan visto en este pueblo. -¿Ah, sí?
Bueno, veremos de lo que eres capaz.
-¿Pone usted en duda mi arte? Hace 30 años que yo he...
-No, no, por favor.
Verás, para ir a casa de O'Brien
te conviene seguir el camino principal
hasta la encrucijada de Duncan City.
Allí tomas el atajo de la derecha y al cabo de 300 m
ya habrás llegado. -Gracias, doctor.
-Adiós.
-Hemos recogido los cadáveres de los agentes en el pico del buitre.
-¿Y el cochero? -También hemos traído su cadáver.
-Llevadlos al cementerio.
Aquí tienes el permiso, que los entierren.
¿Sorprendido, sheriff?
¿Cómo diablos no voy a estarlo?
Es usted el agente federal Peter Webb, por lo que veo.
(RÍE)
Y yo que le creía un granuja.
Las apariencias engañan.
Si O'Brien lo supiese, estaría perdido.
¿Qué tiene que decir en contra de O'Brien?
Nada, solo que es el jefe de la banda que asalta
las diligencias y que mata a los agentes del Gobierno.
¿Estás seguro?
Sé muchas otras cosas, como, por ejemplo, que esta noche
intentará dar un golpe en el banco. Es una broma.
De ningún modo.
Y ya que he empezado,
déjeme contarle todo lo que sé.
Luego veremos lo que se puede hacer.
Esta noche, durante la fiesta...
(Palmas)
(Música)
Ha hecho usted las cosas en grande, ¿eh, O'Brien?
Ha invitado a todo el pueblo a la fiesta.
-No olvide que vivimos en un país democrático,
y que nuestro amigo es un ferviente admirador de la democracia.
(Música)
Atención, por favor.
Señoras y señores, atención.
El próximo baile está reservado a nuestra simpática pareja
de futuros esposos.
(Aplausos)
(Música)
¿No quiere bailar, señor O'Brien? Oh, gracias, Consuelo.
Lo haría con mucho gusto, pero ya ha pasado para mí la época
de esas cosas, ¿verdad, don Luis? A quién se lo va a decir.
Pero, Davidson, ¿por qué no bailan ustedes dos
antes de que empiecen los fuegos artificiales?
Espero que usted no buscará también alguna excusa.
-Nada de eso, lo estaba deseando.
¿Eres feliz? Sí, ¿y tú?
Como no lo había sido nunca en mi vida.
(Música)
Ha costado mucho trabajo, pero indudablemente...
Señor O'Brien. Discúlpeme.
¿Qué hay? Clemens ya lo tiene todo preparado.
¿Cuándo quiere usted que empiece? Dile que dentro de un par de horas.
Conviene esperar a que anochezca. Bien.
¿Lo estáis pasando bien? ¿Todo preparado?
Los hombres nos esperan en la carretera.
Bien. Ahora, escondeos en el jardín.
Intentaré sacar a don Luis con cualquier pretexto.
Vamos.
por favor. Disculpe.
Perdóneme, quisiera decirle una cosa importante.
Diga. No, aquí no, es algo reservado.
(Música)
Bueno, O'Brien,
¿qué puedo hacer por usted?
Verá, se trata de mi cuenta en el banco.
Mañana quiero retirar una suma importante
y quería consultarle si...
Vamos, deprisa, escondedle en mi coche,
yo os seguiré dentro de un rato.
(Música tensión)
¿Qué hay? -Don Luis ya está listo.
-El jefe dice que vayamos delante, él nos seguirá dentro de poco.
-¿Por qué no ha venido con vosotros? -Para no despertar sospechas,
imbécil. Y ahora, en marcha, dentro de poco empezarán
los fuegos artificiales. ¡Vamos!
(Música)
Nosotros tres nos quedaremos delante del banco.
Vosotros subid al tejado y tened los ojos bien abiertos.
(Continúa la música)
-No nos costará mucho trabajo deshacernos de esos tres imbéciles.
Vaya unos vigilantes.
(RÍE)
Falta poco tiempo, hay que acabar de prepararlo todo.
¿Qué quiere que haga? Ocúpate del sheriff,
pero quiero un trabajo rápido y silencioso.
Anda. No se preocupe, jefe.
-Esta noche tengo la impresión de estar en un cementerio.
Con todo el pueblo vacío.
-Sí, solo hemos quedado nosotros.
-No sé lo que daría por un trago.
-Sam dijo que volvería en cuanto acabasen los fuegos artificiales.
-Mirad, ya empiezan.
(Fuegos artificiales)
-Caramba, no están mal, ¿eh?
-Por lo menos hay gente que se está divirtiendo.
(Fuegos artificiales)
¿Por qué tardará tanto ese idiota?
Peter,
vete a ver qué pasa.
Al fin te he descubierto, maldito espía.
(Disparos)
Adelante, muchachos, ha llegado el momento.
(Disparos, fuegos artificiales)
Ya puede venir, señor O'Brien.
¡Já! ¡Já! ¡Jía!
Hemos echado abajo la puerta del banco, señor O'Brien.
¿Mark? Ha muerto, pero antes ha despachado
a ese maldito policía.
Vamos.
¡Sacad a don Luis!
¡Deprisa!
Tendréis que rendir cuentas de todo esto.
-Cállate. ¡Andando!
No te pares.
Y ahora abra la caja si no quiere que matemos a los guardianes.
Espero que se dará usted cuenta de todo lo que está haciendo.
Será mejor que abra cuanto antes y se deje de comentarios.
(Fuegos artificiales)
Perdone, ¿ha visto por aquí a mi prometido?
Le parecerá mentira, pero no sé dónde está.
¿No cree que es demasiado pronto para perder al novio?
Espere por lo menos a haberse casado. (RÍE)
A lo mejor está con su tío y don Luis.
Según parece no les interesaban mucho los fuegos artificiales
y se han marchado al jardín para hablar de negocios.
(Música)
Está vez la compañía del ferrocarril tendrá que renunciar a sus planes.
Sí. ¡Cargadlo todo en el coche!
Vamos a llevar el oro a la mina.
Don Luis, ¿qué sucedería si le dejásemos vivo?
Pues yo...
Yo...
Se lo diré, lo contaría usted todo, ¿no es verdad?
Ciérrale la boca.
¡Han asaltado el banco de San Felipe!
¡Vamos!
¡Daos prisa!
¿Qué hacemos, ingeniero? Hay que ir enseguida al pueblo.
(Música)
Toma, Hamilton, recibirás otro tanto la semana que viene.
Acércate, Jack, ahora te toca a ti. Aún está en la mina, jefe.
Entonces, toma tú.
¡Arriba las manos!
Esta vez creíais haberos salido con la vuestra, ¿eh?
(Disparo)
Quietos, no hagáis tonterías.
Yo en tu lugar aún no cantaría victoria.
Y yo en el tuyo cerraría el pico, O'Brien.
Está bien, entonces habla tú, ¿qué quieres de nosotros?
Peter. Peter.
Pero ¿cómo es posible?
Peor para él, arderá con esta cabaña.
Vamos a llevar todo el oro a la mina. Deprisa.
(Música)
(RÍE)
¡Arriba las manos!
¡No os mováis! Pero...
(Disparos)
Creo que he llegado a tiempo, amigo, si tardo un poco más
te habrías asado. Desde luego, llegaste a tiempo.
(Música)
No tire, George, voy a cogerle vivo.
Es la ley.
(Música)
(Disparo)
(Música)
Mi ley es el colt.
George, tú.
¡Vete!
¡Vete!
(Música)
¡No me obligues a matarte!
¡Por última vez, George!
(Música)
Déjalo, es un arañazo sin importancia.
Como aquella vez en Duncan City.
Siento haberte metido en este lío,
pero si el jefe no te hubiera enviado a echarme una mano,
nunca habría conseguido resolver este caso.
En fin, ya está todo arreglado, recojamos el oro.
No, aún no es el momento, todavía tenemos que coger
(Disparos)
Se le han acabado las municiones, vamos a cogerle.
¡Eh, salga con las manos en alto! ¡Ya no conseguirá escapar!
¡Venid a cogerme!
Procura distraerle, yo intentaré sorprenderle por la espalda, toma.
¡Sheriff, es inútil!
¡Ríndase!
¡No haga tonterías!
¡No conseguirá escapar!
¡Ahora veréis!
(Música tensión)
(Explosión)
Oh...
Estaba convencida de que el enmascarado era George.
El agente federal George Benson yace bajo ese montón de piedras.
¡Uf!
(Música)
George. Louise.
(Continúa la música)
Gracias, Peter, muchas gracias. Adiós.
Ahora puede estar seguro de que acabaremos el ferrocarril.
(Música)
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