All language subtitles for El Conde Amor y Honor 1080p Capitulo 01.mp4-es-1

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Original subtitles

[Música clásica]

- Esta va a ser la fiesta del año, no hay duda.

- Definitivamente al dichoso Conde le gusta

derrochar dinero, pero a manos llenas.

Luces como una reina.

¿Te sientes bien?

Te veo un poco pálida, Marianita.

- Sí, me siento muy bien.

[Música clásica]

- Hay que averiguar más sobre el conde de Montenegro, Felipe.

Se ve que tiene muchísimo dinero.

- Gerardo, ya estén eso, mamá.

[Música clásica]

- ¿Y ahora qué traes?

Gerardo: Esto no puede repetirse, Vicente.

Se supone que yo manejo el poder legal en San Jacinto

y tú el bajo mundo.

Somos socios, Vicente,

pero no se me olvida que tú traicionas fácilmente

a tus amigos.

[Música clásica]

- Es un gusto que estén aquí.

Tal vez se están preguntando por qué estoy en San Jacinto.

La respuesta es muy simple: mi madre nació aquí.

Cuando era niño, ella siempre me contó

historias maravillosas de esta tierra.

Sean bienvenidos.

[**]

[Recuerda] Yo no soy ningún conde.

Soy el hombre al que encarcelaron injustamente.

Y grábeselo bien,

voy a hacer justicia.

[**]

[**]

* Con un tequila para la cruz, *

* pero aquí llega la ingrata. *

* Esa nenita me trae bien loco, *

* porque yo quiero mirarla. *

* Y aunque me cueste, yo se los juro, *

* que va a dormir en mi cama. *

* Su padre dice que soy borracho... *

- Hasta crees que me iba a quedar encerrada en la casa

y perderme todo esto, nanita, pues si ya no soy ninguna...

- Una niña, ya sé, ya sé, pero escaparte vestida así...

- Me encanta mi vestido, si pudiera

me vestiría así todos los días.

- Sí, sí, sí, pero quien no te conozca podría pensar

que en lugar de una señorita bien

eres una empleada como yo.

- ¿Y qué tiene, nana?

- Acabas de llegar de la capital

y andas toda alborotada.

Marianita, por favor, ¿por qué no regresamos a la hacienda?

No participes en el concurso.

- Ay, nanita, ya, deja el miedo.

Qué poquita fe me tienes, ¿no crees que pueda ganar?

[Silbidos de fuegos artificiales]

[Bullicio] [Hombres se quejan]

Alejandro: ¡No me están ayudando!

[Bullicio] [Hombres se quejan]

[Risa]

Es que no fue de suerte, ¿eh?

La verdad es que tanto jugó conmigo que se cansó.

[Risas]

- Te voy a leer la mano.

- Eh, con todo respeto, señora, yo no creo en estas cosas.

[**]

- Tenemos mucho que hablar.

Tú no crees en la suerte, pero la suerte sí cree en ti.

Estás esperando a la mujer de tu vida.

- ¿Cómo? - Está muy cerca de ti.

Vas a salvarle la vida dos veces.

El amor de ustedes está escrito en las estrellas.

- Ya, ya, vámonos, Alejandro. - Pero, ¡muchacho! ¡No, espera!

Diecisiete marcas de muerte están en tu palma de la mano.

Te van a traicionar.

¡Vas a morir!

[**]

[Resuello]

[**]

- Ahora tenemos la presentación de una concursante

que se inscribió de último momento.

Un aplauso por favor para ella, Mariana, la Golondrina.

[Música de guitarra]

* Tanto tiempo he pasado sin saber de ti. *

* Los minutos son tan largos sin tu amor. *

Alejandro: Esa voz.

* He pasado mucho tiempo sin saberte. *

* Ya no puedo ocultarte mi dolor. *

* Si la distancia es el olvido entre tú y yo, *

* vuelve, amor. *

* Vuelve, amor. *

[**]

- Ay, mi hija, cantaste con tanto sentimiento

que me hiciste llorar.

- Ay, muchas gracias, nanita.

- Ay, pero ya vámonos, porque nada más

de pensar que tu papá y Josefina se enteren

de que estás aquí, sigo llorando, pero de terror.

[Risa]

[**]

- Quédate un ratito más.

- No puedo.

Tengo que ir a la iglesia.

[Risa]

- Pues tú te lo pierdes.

- ¡Antonio, nos vio un muchacho!

Es el hijo de Chole.

Nos reconoció y si abre la boca estamos perdidos.

[**]

[Hombres azuzan] [Toro brama]

[**]

Adela: La que va a terminar pagando los platos rotos soy yo.

[Toro brama]

[Bullicio] [Gritos]

Alejandro: ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Rápido!

No te muevas.

No te muevas, no te muevas.

[**]

[**]

[Toro muge]

[**]

- ¿Usted sabe qué se celebra en estos días?

- Las fiestas de Nuestra Virgen.

- Así es, efectivamente.

Y usted me hizo venir hasta aquí,

en horas extraoficiales,

para pedirme que yo le deje ver a un presidiario.

- Pero mi papá es inocente.

Se lo juro. Todo fue un malentendido.

- No le puedo ayudar.

- Licenciado, yo soy capaz de cualquier cosa.

Por favor.

[**]

[Cierra pestillo]

[**]

* Doña Marcelina, le vengo yo a avisar *

* que el son en California se ha vuelto popular. *

- Oye, Alejandro, ay, Dios mío, ¿estás bien?

Ay, no, no, qué susto, Diosito, Diosito.

Por poquito y no la cuentas.

Imagínate qué hago yo sin ti, me muero.

Alejandro: No, ey, no. - Me muero.

- Vámonos, m'hija.

Ya estoy mareada, yo ya no estoy para tanto susto.

Me va a dar un soponcio

de no haber sido por ese muchacho...

¿qué te hubiera pasado, Marianita?

Alejandro: ¿Qué hace? - Nanita, me salvó la vida.

No sé cómo se llama, no sé dónde vive, no sé nada de él.

- Sí, lo que sí sabemos es que tiene

una novia bien guapa, ¿eh?

Y bien plantada.

[**]

[Campanada]

[Música de órgano]

- ¿Se puede saber dónde andabas?

- Ya te había dicho, papito.

Tenía que comprarle flores a la Virgencita.

Casi no las consigo.

- ¿Y por eso te tardaste tanto? [Suspiro]

[Música de órgano]

[Susurros]

- Fui a entregar las ofrendas a las monjitas

de las Mercedes, como me lo pediste.

- Tú siempre tan generosa y tan guapa.

[**]

Antonio: Véngase pa' acá. - No, por favor. No, señor.

No voy a decir nada. Le prometo que no voy a decir nada, señor.

- Así es.

Eso es lo que va a pasar,

que no vas a poder decir nada.

[**]

[Música de órgano]

- Nanita, no seas malita,

ve al mercado y pregunta que cómo se llama.

Le quiero dar las gracias.

- Mm, como si no te conociera.

Si te hubiera salvado del toro un viejo panzón,

no andarías de preguntona.

- Pues, sí, pero no está panzón.

Y sí está guapo. Pero no es por eso, ¿eh?

De verdad que no es por eso.

- Ay, Marianita.

Está guapo y con novia.

Con novia.

Que no se te olvide. ¿Mm?

- Adela, ve a la casa para ver cómo va lo de la comida.

- Sí, señora, con permiso.

- Mariana, ya nos tenemos que ir.

- Sí, ya terminé.

[Música de órgano]

- Doña Josefina.

Mariana.

Apenas he tenido el gusto de verte un par de veces

desde que llegaste.

Mariana: Me la he pasado en la casa.

Quiero recuperar el tiempo perdido estando con mi papá.

- Entiendo, entiendo. Pero...

no me vas a negar el placer de aceptar una invitación

a comer mañana en mi hacienda, ¿verdad?

- Por supuesto que Mariana nos va a acompañar.

Será un placer.

Gerardo: Perfecto.

Te prometo que la vamos a pasar muy bien.

[**]

* Si al cielo subir pudiera, Llorona... *

Hombre: Gracias. Alejandro: Ya los dejo.

Hombre: ¿Qué? ¿Cómo? Échate una con nosotros.

Si tú eres el capataz y nosotros somos tus amigos,

así que puedes mandar al que sea que haga el trabajo.

- Los Gallardo me pusieron al frente de sus tierras

porque saben que yo soy el primero en levantarme.

- Y el último en irse. - Pues sí.

[Silbidos de fuegos artificiales]

- Qué bonito suena la pólvora aquí en San Jacinto.

[Risa]

- Yo sigo con lo de la gitana.

- Alejandro, Alejandro. - ¿Qué pasó?

La hacienda de los Gallardo.

[Susurrando] Se está quemando.

- ¿Qué? ¿Cómo?

[**]

[Gritos]

Rápido. Hay que mojarlo todo.

Pero hay que empezar por las casas,

¡hay que salvar vidas!

Vamos, muchachos, a las casas.

¡Vamos! Peón: ¡Vamos!

[**]

Vicente: Ey, ¿ustedes qué hacen? ¡Échenle tierra!

¡Muévanse, ---------!

¡Vámonos, a todos los demás!

Alejandro: A salvar vidas, Vicente. ¡Vamos!

- ¿Qué vidas ni qué la tiznada?

¡Hay que salvar a los dispensarios!

¡Párense conmigo! ¡Denme un caballo!

[**]

[Relinchos]

[Vicente gruñe]

[**]

* Cuando el río se despierta... *

- Este gobierno quiere acabar con nosotros.

Los campesinos están sacando provecho.

Se están organizando en sindicatos,

creando huelgas para exigir

lo que dizque que les pertenece, pues.

¿Pues qué? Pues nuestras tierras.

Benjamín: A mí lo que realmente me preocupa es

la cantidad de enfermos que tenemos en la hacienda.

Entre los trabajadores se ha disparado mucho

la tifo y la tuberculosis.

- Esa gentuza solo nos ha traído problemas.

Leopoldo: No, tenemos que buscar la manera

de eliminar esos ejidos.

Alfredo: Eso es irreversible, Leopoldo.

Por ley, parte de nuestras tierras

tiene que ir a los ejidos comunitarios.

- Y aunque no nos parezca justo, es la ley.

- La ley es algo que siempre se puede enmendar.

Para eso vas a ser el presidente municipal.

Tú, escúchame bien esto,

tú vas a regresar todo al orden natural de las cosas.

Bueno... Salud, salud a todos.

Candidato, salud. Candidato: Salud.

- Disculpen, regreso en un momento.

Candidato: Pase. Leopoldo: Pase.

Mariana: Gracias. - Pase.

* Y olvidarse en el camino *

* lo que estaba por decir. *

- ¿Y? ¿Qué averiguaste del muchacho que me salvó?

¿Sabes su nombre?

- Todo el mundo habla de lo valiente que fue.

Es el capataz de la hacienda Gallardo.

- ¿Cómo se llama?

Quiero agradecerle que arriesgara su vida por mí.

- Mira, ya, olvídate de lo que pasó.

No es propio que una señorita de alta sociedad como tú...

- Ya vas a empezar con lo que es propio

y lo que no es propio.

El mundo está cambiando, Adela.

- ¿Qué mundo cambiando ni qué ocho cuartos?

Nadie se puede enterar que estuviste en ese mercado

y que corriste tanto peligro.

- ¿De qué mercado hablas, Adela?

Mariana: Del mercado del centro.

- No tenías nada que ir a hacer a ese mercado, Mariana.

¿Cuándo vas a entender que esta no es la capital,

que tienes que cuidarte más?

- Al contrario, este lugar es mucho más tranquilo

y seguro que la capital.

Hombre: Señora Josefina.

- ¿Qué pasa? ¿Qué es esa manera de entrar aquí a la casa?

- Hay un incendio en la hacienda Gallardo.

[**]

- La gente corre mucho peligro.

- No, no, no. Pues si te parece, te mando

a un grupo de mis hombres para que ayuden

a controlar el fuego ahí en el campo de maíz.

Josefina: Es un gesto muy amable

de su parte, don Leopoldo.

Lo más importante es salvar el cultivo.

- Bueno, también te podemos mandar gente

de nuestro rancho, ¿sí?

- En estos momentos,

cualquier ayuda

la vamos a recibir con mucho cariño.

Muchas gracias. - Vámonos, papá.

- Vámonos. Con permiso.

Leopoldo: No, pues tenemos que ayudarles.

Hay que ayudarle.

Candidato: ¡Qué gente! Te dejo en la casa

y me voy a la hacienda de los Gallardo

a ayudarlos con el incendio.

- Me preocupa, amor. - No, no tienes

nada de qué preocuparte, cariño.

[**]

- No lo digo por el fuego. Le tengo más miedo

a tu patrocinador que a cualquier incendio.

Leopoldo es capaz de cualquier cosa.

- No tienes nada que temer.

Sé perfectamente en qué aguas estoy navegando. ¿Mm?

[**]

Alejandro: ¡No puedes estar aquí, ve cómo está el fuego!

¡Vámonos!

Mujer: ¡Mi bebé! ¡Mi bebé! - Ey, ey,

¿a dónde vas, Yolanda? - Se está quemando mi criatura.

- ¿Está allá adentro? Agárrala. Yolanda: ¡Está adentro!

[**] [Llanto de bebé]

[Llorando] ¡Mi bebé!

[Bebé llora] Mi criatura.

Alejandro: Está bien, está bien. Vámonos.

[**]

- Me siento como una tonta aquí encerrada, nana.

Mientras esa pobre gente está lidiando con el incendio.

- Y, bueno, ¿y tú qué puedes hacer?

Que yo sepa, no tienes el poder de apagar el fuego.

- ¿Qué? Acarrear agua, curar a los heridos,

lo que sea, menos de estar aquí de inútil.

- Bueno, tu papá te dijo que ni se te ocurra acercarte,

y tiene razón, una señorita entre tanto campesino apurado,

más que ayudar, pues sería un estorbo.

- Mm, ojalá que no le haya pasado nada

al hombre que me salvó.

- Uf, ya salió el peine.

- Es en serio, nanita.

Se arriesgó la vida por mí, que ni siquiera me conoce.

Imagínate qué no hará por salvar a su gente.

Alejandro: ¡Aquí, muchachos, en línea, fórmense, en línea!

Hay que hacer la zanja, tenemos que parar

este fuego a como dé lugar. ¡Vamos!

Benjamín: Alejandro, ¿estás proponiendo un cortafuegos?

¡Órale, muchachos, hacer una zanja aquí!

Leopoldo: ¿Alguien te vio?

- No, señor. Todo el mundo estaba en la feria.

- Bien hecho. - Le prendimos lumbre

al campo por las cuatro esquinas.

A los Gallardo no les va a quedar nada.

[**]

Alejandro: ¡Que nos come el fuego!

[**]

- No cabe duda que para cualquier hacendado

lo más valioso en sus tierras es tener

un capataz inteligente y que sepa lo que hace.

Gracias a él se salvaron tus tierras.

Fue muy astuto al proponer hacer un cortafuegos.

- Patrón, solo hice mi trabajo.

- ¿Cómo que solo hiciste tu trabajo?

Tenía una cuadrilla de hombres perfectamente bien organizados

y estuvo dando órdenes cual general en batalla, ¿eh?

- No esperaba menos de ti, Alejandro.

De verdad, muchacho.

Gracias.

- De nada, patrón. - Muchas gracias.

- Gracias, Anastasio.

¡Bienvenidos!

Marianita, tú como siempre, radiante.

Bueno, pues, creo que ya estamos listos

para ir a cabalgar. ¿Nos vamos?

Josefina: No Gerardo, muchas gracias.

Vayan ustedes, yo prefiero quedarme aquí en tu casa.

Digo, si no es mucha molestia.

- No, no se preocupe, doña Josefina,

no es ninguna molestia.

Mi papá está por salir, se queda en su casa.

- Gracias. - Vámonos.

Josefina: Que se diviertan. Mariana: Gracias.

- Felipillo, vámonos.

- Ah, bárbaros.

Hacen bonita pareja.

Josefina: Hola, don Leopoldo.

Marianita es la candidata perfecta para su hijo.

Es muy bonita y está lista para darle

muchos hijos y hacer feliz

al hombre que la haga su esposa.

- Claro que sí. A propósito, ¿y don Benjamín?

- Bien, está bien. Está en la hacienda Gallardo.

Fue a ver en qué podía ayudar a esa pobre familia

después de tanta calamidad.

- Pobres, de veras.

Felipe: Esa yegua Perlina se ve que es de buena casta, ¿eh?

- Candela, es una potra salvaje.

Apenas logramos que se adaptara a las sillas y a las cuerdas.

Prácticamente nadie deja que la monte.

Es indomable la condenada.

Felipe: Para un buen jinete no existe una yegua indomable.

Gerardo: ¡Felipillo, ánimo!

[**]

[Relinchos]

[Felipe se queja]

Mariana: Ay, Felipe. Es que es justo lo que le iba a decir.

Ni es buen jinete ni sabe cómo tratar a las yeguas.

Felipe: ¡Caballo! Mariana: No.

- Ay, no. - ¡Denme eso!

Mariana: ¿Qué tiene? No, espérate, Felipe, no.

¿Qué estás haciendo? No, Felipe.

¡Felipe! No, no.

¿Qué necesidad? No.

A ver, dame eso, dame eso.

Vete a tomar algo.

Ay, mi vida.

Hola, corazón.

Hola, bonita. ¿Estás bien?

Ay, así son algunos hombres de brutos.

[**]

¿Te puedo montar?

¿Hm?

[**]

- A ver, este jarabe

y estas pastillas que te estoy recetando

te van a ayudar.

Pero, sobre todo, reposo absoluto, ¿me entendiste?

- Doctor, no es para tanto, si no, no estoy tan fregado.

- Ajá, gracias.

- Yo puedo seguir trabajando.

- No, Vicente.

Alejandro se va a encargar de administrar la hacienda

hasta que te recuperes.

- ¿Alejandro?

Ese no sabe nada de números,

por algo es capataz.

- Pues, aprenderá.

Toma esto como unas merecidas vacaciones

por todas tus responsabilidades.

¿Me acompañas, doctor?

Doctor: Claro.

Mejórate. - Cuídate.

- Gracias.

[**]

[Cascabeleo]

[Relinchos]

[Cascabeleo]

[Relinchos]

- ¡Marianna!

¡Alisten los caballos! [Mariana grita]

¡Vamos! [Mariana grita]

Mariana: Tranquila.

[Relincho]

¡Ayuda!

[**]

[Mariana grita]

[**]

¡Ayuda!

¡Ayuda, por favor!

[**]

¡Tranquila!

¡Ayuda!

[**] [Relinchos]

- Oh.

Oh.

Oh.

[**]

- Me ha salvado dos veces la vida.

Primero del toro y ahora...

- No vas a creer lo que te voy a decir,

una gitana me acababa de decir que iba a conocer al...

a una mujer muy especial.

- ¿Qué más te dijo esa gitana?

- Pero me dijo que conocería a la mujer de mi vida

y que le salvaría la vida.

[**]

* Me siento tan distante. Hoy no sé quién soy. *

- Qué alegría conocerte, muchacha bonita.

[Risa]

- Me llamo Mariana Zambrano.

- Mucho gusto, me llamo Alejandro.

* Déjalo. *

- Me tengo que ir. Deben estar buscándome

y no conozco bien el camino de regreso

a la hacienda Villarreal. - No te preocupes.

Yo te puedo llevar.

- No creo que sea muy buena idea.

[Carraspeo] ¿Qué va a decir tu novia

si te ve por ahí conmigo?

[Risa] - ¿Mi novia?

- Sí, la muchacha que te estaba abrazando

ayer en la feria.

Estaba muy cerquita de ti como para ser nada más amigos.

Y, digo, no es por nada personal,

pero no quiero problemas ni malentendidos.

Esa muchacha se ve que es de armas tomar.

[Risa] - Sí, es brava la Margarita.

Pero en todo caso yo me estoy arriesgando más.

Me imagino que no quieres que te acompañe

hasta la hacienda porque, pues,

seguramente a tu novio no le gustaría verte conmigo.

- No, no, no, no.

- En un descuido hasta me lanza un plomazo.

- No, no, Alejandro, yo no tengo novio.

* Eh, eh, ey. *

[**]

- ¿Mm?

[**]

[Vuelo de mosca]

[Mujer 1 llora] Mujer 2: ¿Qué te pasa?

- ¡Ahí!

- ¿Eh? - ¡Está muerto!

- ¡Ay, Dios!

Ay, Dios mío. Es un...

[**]

Alejandro: Ya estaba escrito ahí arriba en las estrellas

conocernos, como me dijo la gitana.

Me gustaría volver a verte.

- Eh, bueno, voy a misa a las 5:00 de la tarde

con mi nana a la iglesia del santuario.

Felipe: ¡Mariana! [Yegua resopla]

Mariana, hasta que te encontré.

¿Dónde andabas metida?

Mariana: Una víbora asustó a Candela y se desbocó.

Si no hubiera sido por este caballero,

no sé qué hubiera pasado.

Me estaba enseñando el camino de regreso.

Eso es todo, Felipe.

- Bueno, ¿y a usted qué? ¿Se le debe algo o qué?

- Claro que no.

Señorita, un placer.

Regrese con cuidado.

- Le agradezco.

- Cuídese.

[**]

[Relincho]

[**]

- Yo me voy a encargar de ese condenado animal.

- No, no, no, por favor, no le hagan daño.

Candela es una buena yegua. Solo necesita que la adiestren.

- Papá, papá, Marianita tiene razón.

¿Qué te parece si mejor se la obsequiamos?

Así podrá educarla como se debe.

- No, no, no puedo aceptarla.

Josefina: Claro que sí, sí puedes aceptar, Marianita,

porque es de muy mala educación rechazar un regalo.

Ahora sí nos disculpan, Felipe nos está esperando en el coche.

Tengo que ir a supervisar todo para la recepción.

Con permiso.

- Nos vemos esta noche.

Gracias, Marianita, por aceptar mi regalo.

- Hasta luego. - Hasta luego.

- Adiós. - Hasta luego.

- Ramiro salió anoche con otros hombres

a cumplirte un encargo.

Y en las bodegas faltan varios galones de gasolina.

¿Fuiste tú el que mandó a quemar

la hacienda de los Gallardo?

- ¡Alfredo Gallardo es un traidor de nuestra clase!

Esa gente solamente entiende a fregadazos.

- Tú no puedes estar quemando haciendas

como se te pegue la gana.

No se te olvide que aquí la ley soy yo.

- Tú no eres nadie.

A ti te respetan por el apellido que yo te di.

Tú no eres más que una sombra.

Mi sombra.

Así que te lo advierto, ¿eh?

No te metas.

[**]

- Todo indica que alguien regó gasolina en líneas rectas

para quemar la mayor cantidad de hectáreas de sembradío.

El incendio no fue accidental.

- Es evidente que los Gallardo tenemos

un enemigo muy poderoso.

Para nadie es un secreto que comparto ideas

que van en contra de muchos terratenientes.

Tenemos que estar alertas y protegidos en la casa.

Inclusive armarnos, hijo.

- Nosotros vamos a estar atentos y preparados

para lo que venga, patrón.

- Gracias, Alejandro. Contamos contigo

para defender nuestra tierra.

[Lamentos de mujeres] [Susurros]

[**]

- Déjame.

- Está bueno. Lo que diga la patrona.

- ¿Qué hiciste con el muchacho que nos vio ayer?

- Le cerré el hocico. Eso es lo que querías, ¿no?

- ¿Y el cuerpo? - Bien escondido.

Igual, ¿a quién le importa lo que le pase

a un hijo de una sirvienta?

- Más te vale. Porque si mi marido

llega a enterarse,

yo misma te mato.

[**]

- ¿Y se sabe cuándo va a poder regresar a trabajar?

- Bueno, el doctor dice que pueden ser días o semanas.

Por eso necesito que ayudes a Rodrigo

con la administración en lo que Vicente se recupera.

- Aquí entre Rubén y yo nos arreglamos

para no descuidar el trabajo. ¿Verdad, Rubén?

- Claro que sí, patrón.

- Bueno.

Aquí están los libros.

Tú ya sabes cómo anotar los haberes y los gastos.

Pero si tuvieras cualquier duda,

le preguntas a Rodrigo.

- Sí, patrón.

Josefina: ¿Se puede saber a dónde van con tanta prisa?

- A misa.

Y ya vamos tarde.

- Pero la fiesta comienza en dos horas.

- Perfecto. Nos alcanza justo para ir y volver.

- No, no, no, no lo creo.

Así que ve a tu cuarto y comienza a arreglarte.

Esta noche es muy importante para tu papá.

- Sé lo importante que es.

Así que deja de darme órdenes,

porque ya no soy una niña, Josefina.

Benjamín: A ver, ¿qué está pasando aquí?

- Es que... Mariana: Nada, que Josefina

pretende mandarme como cuando era una niña, papá.

Quiero ir a la iglesia, papá, eso es todo.

Josefina: No pasa nada, mi amor.

Es que Marianita había olvidado el compromiso

de esta noche, pero acaba de cancelar

sus planes de ir a misa para quedarse a ayudarme.

Ay, ¿no es una dulzura?

Mariana: No he cancelado nada.

Papá, eso es lo que ella pretende.

Voy a ir a misa y vuelvo a tiempo, lo prometo.

- Mi amor, hazlo por mí, ¿sí?

Quédate hoy a ayudar a Josefina, por favor, ¿sí?

Ella tiene razón.

Esta noche es muy importante para la familia, ¿ok?

- Está bien, lo hago solamente por ti.

- Bueno, yo voy a terminar mis cosas al despacho.

[**]

[Campanadas]

- ¡Ja! ¿Y esa rosa?

- Bueno, es que me volví a encontrar con la muchacha,

la de ayer, la del toro aquel. - ¡La muchacha!

- Se llama Mariana Zambrano.

- ¡Uh! La hija de Benjamín Zambrano,

de la hacienda Zambrano.

- Sí, ¿y qué?

¿Por qué ponen esas caras? ¿Qué tiene de malo que me guste?

- Pues esas pulgas no brincan en tu petate.

Esa niña es muy fina. Hasta ha vivido en las Europas.

- ¿Y tú cómo sabes tanto de ella?

- Pues porque tengo una amiguita que trabaja

en esa hacienda. Es más,

me dijo que hoy va a haber una fiesta bien finolis,

que dizque de etiqueta.

Unos compadres van a trabajar ahí.

Espérate, espérate.

¿De verdad quieres volver a ver a esa chamaca?

- Claro, porque yo creo

que a la misa de 5:00 ya no vino.

- Pues, mira,

creo que yo te puedo ayudar.

[Risa]

[**]

- Si nos descubren, los padres me corren

de la tienda y hasta me excomulgan, ¿eh?

- No seas ridículo, Memo.

Si hasta nos van a pagar por el trabajo.

Además, hay adentro de unas muchachonas.

- Hey... Memo: ¿Ya vas a empezar?

- Ey, ey, Ricardo, por favor,

no te vayas a meter en problemas.

Acuérdense que la razón de colarnos en esta fiesta

es para poder ver a Mariana, por favor.

- ¿Y ustedes qué diablos hacen ahí, paradotes?

Traigan charolas con botanas para los invitados.

Pero como de rayo, muévanse, por favor.

- Sí, sí. - Sí, señora.

[**]

Josefina: ¿Qué hace tan solo, Gerardo?

- Pues, ¿qué le cuento, doña Josefina?

Vale la pena detenerse a contemplar la distancia,

las cosas bellas y maravillosas

de la vida, para apreciarlas mejor.

- Espero que no se conforme con contemplar

a mi hijastra de lejos.

- Doña Josefina, Marianita va a ser

mi esposa, no tenga la menor duda.

Solamente espero que don Benjamín no me vaya

a poner piedras en el camino.

- Por mi marido no se preocupe.

Lo tengo convencido de que no hay mejor partido

que usted para Mariana.

Soy su mejor aliada, no lo olvide.

[Música clásica]

[**]

[Risa]

Me encanta cómo se coordinan.

Parece como si hubieran bailado juntos toda su vida.

Pero ya es hora de que toques una melodía

al piano para nuestros invitados, Mariana.

- Sorpréndeme.

- Con permiso.

[Música de piano]

* Aquí está ya el teléfono, de nueva invención. *

* Y sirve y nos produce comunicación. *

* Escuchen ustedes con mucha atención. *

* Para comunicarse con una señorita *

* se acerca el aparato y se repite así. *

* Más cerca, señorita, más cerca caballero, *

* y así muy suavemente oprime usted el botón. *

* Ya estoy electrizada, ya siento las cosquillas... *

[Canto se ahoga]

[**]

- Mi amor, el embajador quiere felicitarte.

- Marianita, eres una gran artista

y cantas con una gracia muy bonita.

- Muchísimas gracias.

- Bueno, muchachos, este jale es harto sencillo.

Me enteré que el patrón va a mandar a Alejandro

con el dinero para pagar a los jornaleros.

Ustedes lo único que tienen que hacer es seguirlo,

quitarle la marmaja y darle unos buenos golpes,

pero unos buenos fregadazos, bien dados,

pa' que nunca se le olvide. [Risas]

¿Qué? ¿Creen que puedan con el paquete?

Hombre: Ah, pues claro, patrón, claro que sí.

- ¿Pan comido, no? Hombre: Sí, señor.

- Bueno, cuando termine el jale,

brindaré con ustedes.

- Pues salud, patrón.

[**]

[Susurros]

Benjamín: Bueno, gracias de todos modos.

- ¿Listos para brindar con el mejor tequila?

- Hum... Lo siento, señora Zambrano.

Es tarde y tenemos un largo camino por delante.

Señor Zambrano.

- ¿Pero qué pasó?

¿Por qué se fueron así?

- Querían imponer sus condiciones,

cambiar el nombre de mi tequila

y también los procesos de producción para abaratarlo.

- ¿Pero y eso qué?

Necesitamos sus dólares para levantar la tequilera.

- A mí ningún gringo me va a decir cómo hacer mi tequila.

Ni tampoco cómo se tiene que llamar.

- El orgullo no sirve para pagar las deudas, Benjamín.

- A ver, amor,

las decisiones de la tequilera las tomo yo.

Tú ocúpate de los asuntos de la casa, mi amor, ¿sí?

Que eso es lo que te corresponde.

[**]

- Buenas noches, Alejandro Gaitán.

- ¿Y ese vestido, Margarita, estrenando?

- ¿Te gusta?

Me lo puse para que me lo quites.

[Risas] - No, Margarita, no insistas.

De verdad, ya te dije que entre nosotros no hay nada.

[**]

Mira, eres una mujer muy hermosa,

pero, pero yo no te quiero.

Además, ya te lo he dicho, sabes que si me quieres

como amigo, aquí estoy siempre.

Pero ya no me pidas más, por favor.

[**]

[**]

Antonio: No sabía que tenía una cita.

- Déjame en paz.

Necesitaba salir de esa asquerosa casa.

No verle más la cara al idiota de Benjamín.

No lo soporto.

Cuánto me gustaría verlo tres metros bajo tierra, maldita sea.

- Eso tiene arreglo.

[**]

Los accidentes pasan todo el tiempo

en las haciendas, ¿no?

El chiste es no dejar huella

ni testigos.

Como si no pasara nada.

- Es bueno. No sé, tal vez tengas razón.

[**]

Necesito acabar con una plaga que está infestando mi casa.

Mujer: Arañas, escorpiones,

dígame de qué plaga se trata

para que yo le dé lo que necesita.

- Una plaga muy tóxica que solo algo

como la brugmansia arbórea puede exterminar.

- Floripondio se oye más bonito.

Supongo que también la prefiere

porque no deja rastros, ¿verdad?

[**]

Benjamín: El incendio en nuestra hacienda

no fue un accidente.

Alguien lo provocó.

- Manos criminales echaron gasolina sobre los cultivos.

- ¿Están seguros de esa acusación?

- Completamente.

Por eso queremos que hagas una investigación exhaustiva

y que encuentres al culpable.

[**]

- Sabía que iba y quea encontrarte aquí.able.

¿Por qué estuviste en mi casa anoche?

- Fui a verte porque teníamos una cita en la iglesia.

Pero me di cuenta que estabas con tu novio.

- No. No, no, no, Gerardo no es mi novio.

Somos amigos. - No sé si esto es

un capricho tuyo.

Me gustaría creerte, pero ¿qué pasa

si se aparece de momento tu novio reclamando?

- Si tuviera novio, no podría hacer esto.

* Cuando tu corazón parece estallar *

* y simplemente gritas: "No voy a parar". *

- Perdóname, perdóname, yo no soy así, no.

- Está bien.ien.

Yo también quería.

- De verdad, yo no hago estas cosas, perdón.

[**]

* Y solo escúchame, ya no hay vuelta atrás. *

[**]

[Golpes en la puerta]

Ricardo: Ya, ya, ya.

Juanita...

Regresaste a San Jacinto.

¿Cómo me encontraste?

- Preguntando, si no, ¿cómo?

[Exhalación] - Yo pensé que ya no

te iba a ver, como tú dijiste que ya...

no me querías ver nunca en tu vida, pues...

pues yo pensé, pero...

pero mírate nada más.

¡Te casaste, Juanita!

Estás embarazada.

- No me casé con nadie, Ricardo.

El niño que estoy esperando es tuyo.

[**]

[Relincho]

- ¡Oh!

[Relincho]

Ey, ey, ey, ey, ey.

¿Qué pasó? ¿Pues cuántos somos o qué?

Hombre: Danos la bolsa del dinero.

¡Ahora!

- ¡Pues vengan, éntrenle!

[**]

Gerardo: Don Benjamín, pues insisto

en que me permita invertir en su tequilera, por favor.

Sé que están pasando por un mal momento

y qué mejor si entra al negocio,

pues un verdadero amigo de la familia en vez de que...

sea usted socio de un ilustre desconocido.

- Ya te dije que agradezco mucho tu oferta, Gerardo,

pero tienes que saber

que estamos en una situación... delicada.

- Yo tengo unas tierritas que me dejó mi mamá

y pues las podría vender para invertir con usted.

- A ver, quiero entender bien.

¿Quieres invertir conmigo aunque el que salga beneficiado

sea yo y no tú? - ¿Ah? Claro.

- Bueno, pues está bien.

Ya que insistes, acepto.

- Muchas gracias, don Benjamín.

Mi socio.

Oiga, ¿y usted cree que yo pueda saludar

de paso a Marianita?

Josefina: ¿Dónde estabas?

¿Estaba con Gerardo?

- Mariana.

Perdóname, por favor, por haberme adelantado,

pero tenía que hablar con tu padre.

Te vi tan entusiasmada con los caballos

que, pues, la verdad no quise distraerte.

- Con tu permiso, Gerardo. - Pásele, por favor.

- Mi mujer y yo tenemos que salir.

Pero te quedas en tu casa. Con permiso, mi amor.

- Estaba con una amiga.

- No tienes que darme ninguna explicación, Marianita.

¿Qué te parece si te invito a ver cantar a Azul Valdivia?

- Sí, claro, vamos. No creo que tenga nada de malo.

- Vamos.

- Patrón, tuve problemas.

- Alejandro, ¿qué te pasó?

- Intentaron robarme. - Pero debiste

haberles entregado el dinero.

- No.

¡Pues vengan, éntrenle!

[Quejidos]

Pero afortunadamente en ese momento pasaron

unos campesinos y lo evitaron.

- ¡Ey, ey! ¡Suelten a Alejandro!

[Gritos inaudibles]

[**]

Benjamín: Ya te lo he dicho muchas veces,

qué suerte tienes.

Si algo malo te hubiera pasado, no me lo habría perdonado.

¿Qué le iba a decir a tu mamá?

- Eh, lo que sí me tiene preocupado

es que esos maleantes allí me estaban esperando.

[**]

- ¿Ese es el té para el señor Benjamín?

- Sí, señora. - Dámelo, yo se lo llevo.

- Sí, señora.

[**]

- Eita, ¿qué haces husmeando en mis libros?

Alejandro: Estos no son tus libros, Vicente,

son los registros del depósito.

Y ahora parte de mi deber es checarlos.

Don Alfredo me lo pidió.

- Méndigo lame botas.

No te hagas ilusiones, ¿eh?

Estás al frente en lo que yo me recupero, nada más.

Así que no te sientas muy fufurufo,

porque aquí el administrador sigo siendo yo.

- Nada más dime una cosa, Vicente.

¿Por qué faltan 13 costales de fertilizante

y diez de comida para las gallinas?

Ya hice el inventario del almacén

y tus cantidades no me cuadran.

[**]

* Si en tu mirada reflejas los celos de este dolor. *

* No pienses ya en lo que dije, *

* olvídalo por favor. *

* Y aunque me duela en el alma... *

- ¿Por qué no vas a la barra y te pides un trago allá, hm?

- Claro, cuñado, lo que quieras.

- * Enseñaré tu sonrisa, *

* tu mirada y tu pasión. *

* Me beberé tu mirada llena de dolor. *

- Te agradezco mucho que me hayas hecho este regalo.

¿Por qué eres así de lindo conmigo?

- Porque estoy enamorado de ti, Mariana,

y no hay nada en este mundo que me hiciera más feliz

que aceptaras ser mi esposa.

[**]

- Tú no sabes nada, así que ten mucho cuidado

con lo que estás insinuando.

- ¿Qué tal?

Tú sabías que iba a ir por la raya de los jornaleros.

Y qué casualidad, ¿no?

Me toca la de malas que me intentan asaltar.

- Pues si me vas a acusar de algo, para luego es tarde.

Nada más te digo una cosa,

más vale que tengas pruebas con qué hacerlo.

- Tiene razón, señor administrador,

como usted diga.

Voy a mostrarle estos registros a don Alfredo.

No hace mucho para que caiga en cuenta

lo que está pasando aquí.

- Tú no vas a ninguna parte.

[**]

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