All language subtitles for As Crianças de Frostmofjället (1945) WEBRip 1080p

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Original subtitles

Restaurada digitalmente por el Instituto Sueco del Cine en 2013.

En lo alto de las colinas, son contados los pueblos que hay.

El vecino más cercano está a muchos kilómetros.

Para la gente que vive allí, la vida es dura.

Antaño, perder una cosecha era morirse de hambre.

Había nieve pasado San Juan.

Las patatas se estropeaban, el maíz se marchitaba.

En vez de morir de hambre, la gente dejaba sus casas

con sus hijos mayores. Se iban a pedir pan.

La parroquia se hacía cargo de los niños abandonados,

colocándolos con granjeros a los que pagaban una pequeña cantidad,

pero que los dejaban pasar hambre.

- ¿Qué será de los niños? - No te preocupes por ellos, Britta.

Estarán bien. Siempre nos queda la parroquia.

Los mayores se las arreglarán, pero ¿qué hay de los pequeños?

Los enviaremos a algunas granjas. La parroquia paga por ellos.

¡No, no quiero eso!

Los tratan muy bien.

Es hora de que me marche. Emma vendrá pronto a ayudarte.

Tranquilízate, Britta. Pronto estarás bien. Buenos días.

No sufras por nosotros, madre.

Ante, cielo.

Os llevarán os guste o no.

Nos iremos, madre. Nos llevaremos a las niñas en el trineo e iremos

de granja en granja por el país, como hacen los adultos.

Pero, Ante…

El padre de Kalle dice que tienen

cebada y patatas en los pueblos. Algo habrá para nosotros también.

Mientras la bendición de Dios os dé pan, nunca os faltará.

- ¿Qué hay de Gullspira? - Vendrá con nosotros. Tranquila.

Estoy tranquila. Me dejas más tranquila, pequeño Ante.

Hay mucha luz a tu alrededor…

Por todas partes.

Cantadme esa vieja canción que tan bien os sabéis.

A nadie mejor podemos llamar

que a todos los niños de Dios.

La estrella no está en el firmamento.

El pájaro no está en el nido conocido.

El Señor, a sus leales cuidadores…

Ese muchacho, Ante, puede venir conmigo. Es mayor y puede serme útil.

Vale. Los otros no me sirven.

No, les saldrá caros a la parroquia.

No podemos malgastar dinero así. La parroquia debe apretarse el cinturón.

- Eso es verdad. - Deberíais traerlos inmediatamente.

- Los llevaremos al hospicio. - Volveremos a hablar luego.

- ¿Y esto? - No podemos llevar nada más. Date prisa.

¡Deprisa! ¡Ya vienen!

Monke, id a buscar a Gullspira.

¡Vamos, Gullspira!

- ¿Crees que nos han visto? - ¡Silencio, he dicho! ¡Atrás!

¿Qué es esto?

Qué curioso, aquí no hay nadie.

Y todo limpio y ordenado.

El fuego está apagado. ¿Crees que se han ido?

- ¿Adónde? ¿A la letrina? - Sí, con la cabra. ¡Claro!

Y es una cabra que merece la pena. Creo que haré una oferta por ella.

- ¡Mami! - ¡Silencio! Vienen hacia aquí.

Mira ahí dentro. A ver si están por aquí.

- Parece que se han ido. - ¿La cabra también?

- Sí. - ¿Crees que se esconden?

No, se han ido, sin duda. Por miedo al hospicio.

Tal vez. Volverán. El hambre y el frío se encargarán de ello.

¡Espero que traigan la cabra!

Da igual, Gullspira. Ya usarás los cuernos otro día.

- ¿No nos queda pan? - No, se han comido el último.

No lo soporto más. Vuelve a intentarlo con Gullspira, Anna-Lisa.

- No le queda ni una gota. - Inténtalo igualmente.

¡Tienes que ayudarnos, Gullsppira! Los niños se mueren de hambre.

- ¿Puedo beber un poco yo también? - Y yo.

Debería daros vergüenza, con lo mayores que sois y quejándoos.

- No soy tan mayor. - Tienes casi siete años, ¿no?

Los mayores no deberíamos rendirnos. Coged a Gullspira, calentaos las manos.

¡Aquí tienes!

- ¡Es casi nada! - Conseguiremos comida en alguna granja.

Empuja el trineo.

¡Escucha al lobo!

¡Ya lo he oído! ¿Por qué no nos quedamos en casa?

¿E ir al hospicio? ¿Con Lasse el Loco y los otros?

Pero ellos no pasan hambre ni se mueren de frío.

¿Aún no hemos llegado?

Ante, tengo mucha hambre. No puedo seguir.

¡Dejad de quejaros! Cantemos para pasar el rato. Empieza tú, Maglena.

- ¿Quién vive aquí? - No lo sé.

- ¡Pase! - Yo me quedaré aquí con Gullspira.

¡Limpiaos los pies!

¡Cierre la puerta!

Hemos venido a la casa del ogro.

¡Nos devorará!

Me voy fuera con Monke.

¿Qué clase de gente sois, que entráis sin dar los buenos días?

¿Quién ha sido el idiota que envía niños fuera con este tiempo,

con el lobo aullando en cada rincón?

No nos ha echado nadie. Hemos salido nosotros,

porque en nuestra casa no hay ni padre ni madre.

¿No puede ayudaros la parroquia? La parroquia deberá acompañaros a casa.

¡No, por favor! Nadie nos querrá si no les pagan.

Es lo que mamá temía.

¿Qué hay del hospicio?

Por extraño que parezca, hay muy buenos hospicios.

En el nuestro no hacen más que pelearse y no hay nadie allí

que enseñe a los pequeños lo que madre querría que aprendiesen.

Y Lasse el Loco está allí. Dice palabras muy malsonantes.

¿De veras?

Supongo que tendréis hambre.

Eso me parecía.

Tengo un poco de avena fría y algo de arenque.

- No me rechazaréis un café caliente. - ¿Muelo yo el café?

- ¡Iré a por más leña! - Yo pondré la mesa.

- ¿Sabes moler café? - Sí.

Con esto bastará.

¿Puedo ayudar a poner la mesa?

¿Poner la mesa? Pobrecilla.

¡Cierra la puerta!

¡Tú no puedes entrar! ¡No!

¿Traéis una cabra con vosotros?

Deberíais haberla subastado.

Los niños no lo habrían logrado sin ella.

Y se lo prometí a madre.

Se consumiría si fuera con cualquier otra persona.

Buenos días, señor. Buenos días. No se lleve a Gullspira.

- Es buena. Comerá cualquier cosa. - ¿Hay más niños pequeños?

Hay otro. ¿Alguno más fuera?

No. Ven, Per-Erik.

- Hola. - Hola.

¿Dónde dormirá la cabra esta noche? ¿Hay más animales fuera?

- No. Solo este. - ¿Dónde suele dormir?

Depende. Cuando hacía mucho frío en casa,

se metía en la cama con nosotros. Así estábamos más calientes.

- No se congelaba en el frío cobertizo. - Entiendo. Le haremos una cama.

No es tan exigente.

Pues que mire lo que hay disponible.

Gracias.

Pasa, Gullspira. El señor dice que te sirvas tú misma.

Gullspira, ¿te ordeño? Dame el cuenco, Ante.

¿Te queda algo?

Sabía que teníamos hambre.

Ajá, ¿sabe esas cosas?

Sí. Sacaremos leche para el café.

Toma.

Puedes irte, yo iré luego.

Per-Erik.

Dios provee comida, nosotros damos las gracias.

Que Dios bendiga nuestra comida. Amén.

Eso debería bastar para humanos y animales.

¿Habéis comido?

Podéis dormir todos juntos ahí.

No use eso. Tenemos mucha ropa.

Tengo más ahí dentro, coged esto. Echadlo ahí.

¿Puedo echarme aquí también?

Un hombrecito como tú, que lleva todo el día en pie, necesita un trago.

Yo siempre bebo de la botella, pero tal vez no estés acostumbrado.

Arreglado.

No sabes lo bueno que es esto para ti, ¿no?

- No. - ¡Por vosotros!

Por favor, señor. Prefiero no hacerlo.

¿Qué? ¿No eres lo bastante avispado para aceptar un trago si te lo ofrecen?

Por mi pobre madre,

le prometí que no sería un bebedor.

¿Un bebedor?

¿Por tomar un trago?

"El primero es el peligroso", decía.

Este sería el primero.

¿Dónde está Gullspira?

¡Por fin despiertos!

Quería salir y la he dejado.

¡Gullspira!

¡Gullspira!

¡Gullspira!

¡No me des estos sustos! ¡Debemos permanecer juntos!

Vamos.

Gracias, Señor, por la buena comida.

- Gracias por la comida, señor. - Gracias a vosotros.

- ¿Qué haréis ahora? - Seguiremos nuestro camino.

- ¡Gracias! - ¡Gracias!

Gracias, cielo.

Terminado.

Mal tiempo para caminar.

Sí.

¿Podemos quedarnos hasta que pase?

Sí. Poco más se puede hacer.

- Limpiaremos un poco. - ¿Limpiar?

- Tal vez no vendría mal una limpieza. - ¡Sí! Lavaremos los platos y fregaremos.

Yo cojo esto.

- ¿Dónde ponemos las botas? - Ponedlas sobre el sofá.

Sobre el sofá.

- Aquí tiene. - Gracias. Pero ¡mira ese pie!

Pobrecita, ¿te duele? Vamos a echarle un vistazo.

¡Dios! Estos zapatos no son de invierno.

- ¿Puedo meterle heno a esto? - Sí.

Un poco congelado.

Lo vamos a arreglar.

- ¿Hay agua caliente? - Sí.

- ¿Tiene otro cubo, señor? - Sí. Hay uno fuera.

¿Está bien? Veamos el otro.

A ver si esos dedos están bien.

¡Cielos! Metámoslos también.

Quédate aquí.

¡No, quieto! ¡Suéltalo!

Te daré algo bonito.

Será mejor que guarde un poco por si alguien cae enfermo.

Vamos a secarte el pie.

¡Silencio!

¡Vienen aquí!

- ¡Es el Gran John, del pueblo! - ¡Nos persigue! ¿Qué hacemos?

Meteos aquí todos. Coged vuestras cosas.

¡Deprisa!

Pero el suelo…

No se dará cuenta. ¡Entrad!

¡Es muy evidente! Ayúdenos, por favor. ¿Puede fregar el suelo?

- ¿Qué? ¿Yo? - ¡Por favor, no deje que nos cojan!

¡Está bien, métete ahí dentro!

No me lo puedo creer, Pelle el Zapatero. ¿Te has vuelto tiquismiquis?

- ¿Estás fregando el suelo? - Está hecho un desastre.

- No estarás enfermo, ¿no? - ¿No puede uno limpiar su casa?

- Tranquilo. ¿Están listas mis botas? - Les echaré un vistazo.

- Las tendrás en unos días. - Las cogeré de camino a casa.

Oye, Pelle, ¿has visto a unos jóvenes del pueblo?

Llevaban una cabra.

No.

¿Vendrían por aquí? ¿No se mantendrían cerca de los arroyos?

¡Kristina! ¿Dónde está Kristina? ¡Esperad!

- No he visto a ningún niño abandonado. - Estate atento, podrían pasar.

- La parroquia quiere localizarlos. - Entiendo.

- Pero ¿por qué se llevaron la cabra? - Puede que para venderla.

El dinero escasea últimamente.

¡Malditos mocosos! ¡Solo dan problemas!

Yo diría que es un bonito problema.

El más mayor se merece una zurra y luego lo pondré a trabajar.

- Es el único útil. - Las niñas pueden fregar el suelo, ¿no?

¿O solo eran chicos?

No, también había niñas.

- ¿Qué ha sido eso? - Solo un portazo.

- Hay mucha corriente cuando hay tormenta. - Pero…

- ¿Un café antes de irte? - ¿Café?

- Estaría bien algo más fuerte. - Claro.

Bien hecho.

¡Ahora silencio!

- ¿Voy a beber solo? - Yo acabo de beber.

- Eso no suele detenerte. - Ahora que lo dices, ¡salud!

- ¿Me tendrás listas las botas? - Sí, desde luego.

- Gracias y adiós. - Adiós.

¡Se ha ido!

Muchas gracias, señor.

- Le hemos engañado. - Sí.

¡Ese hombre malo

se os quería llevar a todos!

Os podríais haber quedado otro día. Me temo que parece que va a nevar más.

Gracias, señor, pero ya nos hemos quedado dos días.

- ¿Lleváis los bollos? - Sí, gracias.

- Dale las gracias por las botas. - Gracias, señor.

Gracias a ti. Espero que tus deditos no pasen más frío.

- Volveremos si nos cansamos. - Hacedlo, sí.

- Adiós. - Gracias a todos. Gracias.

- No veo el camino. - Camina entre los indicadores.

¿Cómo vais?

- ¡Kristina! - ¡No está! ¡Britta-Kajsa, despierta!

- Tenemos que regresar. - Vosotros seguid, manteneos calientes.

- ¿Dónde está Kristina? - Haced lo que digo antes de congelaros.

No tardaré.

¿Dónde la habéis perdido?

¡Estaba con nosotros en el cruce!

¡Vale!

¡Mami!

¡Mami!

Ya, ya, pobrecita, aquí sola en la montaña.

¡Ya, ya, pobrecita! No soy un mal hombre.

No llores. ¡Estás helada!

¡Vale, en marcha!

Ya, ya, cielo.

¡Kristina!

¡Kristina!

¡Kristina!

¡Kristina!

¡Bienvenido, Artur! ¡Qué tiempo tan horrible!

No ha sido tan malo. No te resfríes. Dile a Dordi que me ayude.

- ¡Dordi! - Sí, señora. Entre usted.

¡Mami!

¡Santo cielo, señor! ¿Qué es esto?

¿Puedo cogerla? ¿Puedo? Pobrecita, ¿qué te han hecho?

- ¿Dónde la has encontrado? - Junto al camino. Meteos dentro.

- Ven, te daremos algo de comer. - Eso es.

¡Artur! Ven aquí un momento.

La pequeña Kristina casi se ha acabado la segunda tortita.

¿En serio? Qué buena niña eres.

- ¿Ya estás llena? - Sí.

Gracias, Señor, por la buena comida. Amén.

¡Qué tierna! ¿Podemos quedárnosla por ahora?

¿Qué podemos hacer? No vamos a echarla otra vez.

- Menos mal que los lobos no la vieron. - Suerte que mataste dos el otro día.

Hora del baño y luego a dormir.

¡Mira, un barquito! ¡Ahí está!

Vale, hora de salir.

- ¿Tiene algo que ponerse? - Solo una manta. Le arreglaré la ropa.

- ¿No vas hoy a Bergmora? - Sí, será mejor que me vaya.

- ¿Quieres cogerla? - ¿Yo?

Eso es.

He sacado esto y también estas pieles de cabra.

Gracias, Dordi. Luego lo miro.

- Date prisa, está cogiendo frío. - Ya voy.

- ¡Aquí tienes! - ¿A que está bien?

Está bien, ¿verdad?

Muy bien.

- Cariñito. - No llores.

- Ya, ya. - Ya, pequeña.

Eso es.

¡No llores! Vamos a darte la vuelta.

¡Tienes tu pulgar!

Si nadie la reclama, ¿podemos quedárnosla?

- Debe tener parientes. - Sí, pero si…

No me importa. Cuidar de ella significará más trabajo para ti.

¿Para mí? Esto es lo que estaba esperando.

- En fin, puedes ayudarme algunas veces. - Bueno,

si tengo tiempo…

Me voy. No podemos hacer nada más.

Vamos, Britta. Déjalo. Tal vez se duerma.

- Descansa y yo volveré esta noche. - Gracias, madre Anna.

¡Hola! ¡Qué montón de niños! ¿De dónde sois?

De la colina de Frostmo.

¿Con todos estos pequeños? Pero ¿dónde están vuestros padres?

Muertos. Nos fuimos de casa cuando murió madre.

No queremos que los pequeños vayan al hospicio.

Ven aquí, niña. Déjame verte.

- ¿Cómo te llamas? - Anna-Lisa.

¿Anna-Lisa? ¿Puede ser verdad?

Es cierto. Le pusieron el nombre de la abuela.

Nuestra hija se llamaba Anna-Lisa.

Pero no podíamos mantenerla.

- ¿Cómo está? - Igual.

- ¿Ha dormido? - No, está delirando.

- ¿Ha venido la madre Anna? - Sí, volverá esta noche.

Dijo que no podía hacer más.

Está delirando. Supongo que lo perderemos también.

Por lo que veo, aquí no faltan niños.

Solo son niños abandonados.

¡Pues largaos y perdeos! ¡No os sentéis ahí!

- ¡Anders! - ¡Y cerrad la puerta!

¡Estás siendo malo y cruel!

Si no podemos quedarnos a los nuestros, también podemos echar a los de otros.

Son huérfanos. Eso tampoco debe ser fácil.

Entrad, niños.

No tengáis miedo. El señor ya no está enfadado.

Sentaos, os traeré comida.

Es malo. ¿Nos atreveremos a quedarnos aquí?

¡Calla!

- Venid, no quiero estar solo. - ¿Qué quieres?

¡Anna-Lisa!

- ¿Qué quieres? - No me dejes, por favor.

No lo haré.

Intenta dormir. Cantaré para ti.

Está dormido.

¡Nadie nos ha hecho más felices que tú!

¿Quieres quedarte con nosotros, Anna-Lisa?

- ¿Quieres? - No pasarás frío ni hambre.

Será un hogar de verdad.

Pero ¿mis hermanos y hermanas

vagarán por la tierra mientras yo vivo cómodamente?

¡Señor! ¡Anna-Lisa debe tener hambre! Todos hemos comido.

Es cierto, hombrecito. Entra, chica. Ya hablaremos luego.

¡Vamos!

- ¿Estáis todos llenos? - ¡Sí, gracias!

Gracias.

Gracias.

Eres un buen hombrecito. ¿También vienes desde la colina de Frostmo?

No soy tan pequeño. Tengo casi siete años.

¿De veras? ¿Quieres quedarte aquí también?

Si los otros pueden apañárselas sin ti.

¿Le preguntamos al mayor?

Estaría muy bien que Per-Erik

pudiera quedarse con Anna-Lisa.

Es muy buena con los pequeños.

¡Pues eres bienvenido, Per-Erik!

Gracias, señor.

¡Kristina! ¿Dónde estabas?

Se está muriendo de frío.

¿Dónde estabas, Kristina?

¡Qué abrigo tan bonito! Y qué gorro. ¿De dónde los has sacado?

- ¡Artur! ¡Ven a ver! - ¿Qué es ese estruendo en la cocina?

Los hermanos de Kristina. Los vi en el pueblo.

- ¡No! ¿De dónde son? - Son de la colina de Frostmo.

Huyeron para escapar del hospicio.

¿Y los has traído aquí a todos? ¡Eres lo que no hay!

Así que Gullspira ha estado con vosotros todo el camino.

¡Dios mío, cuántos niños! Sentaos, por favor, nos saludaremos luego.

¡Qué familia tan grande de repente!

Sí, desde luego. ¿Tenéis todos comida?

¡Hay otra pequeña! ¿Cómo te llamas?

Britta-Kajsa.

- ¡Vamos! - Sí, iros.

Pues me voy.

Presumirá de las cosas que tiene.

Mira.

Esto.

Artur, ¿has oído el refrán

"La cazuela que hierve para uno,

hierve igual de fácil para dos"?

Desde luego.

Pero debemos hablar con los otros antes de poner la cazuela a hervir.

Y el gran maestro

de Nazaret dijo:

"Dejad que los niños se acerquen a mí,

porque de ellos es el reino de los cielos".

Puede que otros os rechacen, pero Él nunca lo hará.

Acercaos a Él y quedaos con Él

incluso cuando crezcáis.

Él os enseñará a vivir honradamente

y os invitará

a entrar en Su gran casa del cielo.

Vámonos. ¡Monke!

¡Maglena, vamos!

¡Stina! ¡Más café!

¡Limpia esto!

¡Hazte a un lado, abuelo! Ya has tenido bastante.

¿Qué queréis? No tenemos más comida.

- ¡Kajsa! ¿Quedan sobras? - ¡Tú cállate!

Stina, dales la avena fría y las sobras.

Muy bien. Debemos ir al banquete de boda con la leche.

Ya está allí todo el mundo. Pero aquí no hay ningún orden.

¡Niños! ¡Coged platos y cucharas! ¿O no sabéis hacer nada solos?

¿Estáis listos? ¡Quítate, abuelo!

Ve a ayudarle.

Gracias, chico. Gracias.

Déjale en paz. Puede él solo.

- ¿Listos para irnos? - No hay prisa.

- Los demás ya están allí. - Primero, nos acabaremos la bebida.

Igualmente, allí no nos darán nada. ¡Salud!

No te fíes de esta gente. Ni siquiera de los niños.

Aquí siempre ha sido así.

Están podridos. Bebida, miseria…

Es todo lo que hay en esta granja.

Lo verás cuando seas mayor.

Lo verás.

- ¿Le traigo agua al abuelo? - No, tranquilo.

- Ve a comer algo. - Gracias.

¡Eh, tú! Esta noche vamos a la boda.

Britta llevará leche y la acompañaremos.

- Me alegro por ustedes. - ¿Por nosotros? Por ti también.

- No podemos ir, es una boda. - Puede ir cualquiera.

Es una fiesta y, sin duda, habrá pelea. ¡Siempre es divertido!

Pero no podemos. Monke y Maglena están cansadaos. Se van a la cama.

¡Eran los que querían ir!

¿Podemos ir a ver a la novia?

- Si no estáis cansados, no me importa. - Podéis iros. Nos vemos luego.

Toma, Erik.

Gracias por los regalos.

¿Quieres probarlo?

Gracias, tío Janne. Coge un caramelo.

Venid, niños.

- ¿Queréis probarlos? - Sí, por favor.

- ¿De dónde sois? - De la colina de Frostmo.

¿De tan lejos? Da buena suerte que los abandonados vengan en un día así.

- ¿Kristina? Que les den comida. - Vale.

Comed hasta hartaros.

- ¿Cómo está Johan-Olof? - Se ha ido a la ciudad.

¿En serio? ¡Tengo el presentimiento de que pronto habrá otra boda!

Qué divertido.

- ¡Aquí hay más pequeños invitados! - Son abandonados de las montañas.

- De Frostmo. - ¿De veras? Pero…

- ¿no erais más? - Sí.

¿Los que están con Ranger Grape y el gran Anders, de Noviken?

En ese caso, dejad que os diga que les va muy bien.

- Gracias. - Vamos, niños.

Apresuraos. Debéis tener hambre.

Podéis comer todo lo que queráis.

Sentaos.

¿Anna? ¿Nos traes leche?

Y procura que se lleven un paquete de comida cuando se vayan.

Nos ocuparemos de ello.

Gracias. Espera un momento.

Toma esto.

Gracias.

- ¡Ante, he oído a Gullspira! - ¿Qué? ¿Aquí arriba?

¿Y con tanta música? ¿Dónde está Monke?

¡Vamos!

- ¡Monke, despierta! - Nos vamos.

¡El baile de la corona!

- ¿No la dejamos aquí? - ¡Alguien se la ha llevado!

- ¿Dónde puede estar? ¡La he oído! - Vamos, debe estar en alguna parte.

¿Y si la han matado?

¡Gullspira!

¡No es Gullspira, es una oveja!

Aquí no nos verá nadie.

Sacrifiquémosla ahora, antes de que la reconozcan.

Está desafilado. Vamos a afilarlo.

- ¿Si preguntan de dónde es la carne? - Di que es de las tuyas.

- Gullspira, ¿cómo estás? - ¿Te han hecho daño?

¡Silencio!

¿Ha sido la cabra? ¡Date prisa!

- ¡Date prisa, Ante! - ¡No puedo desatarla!

Suficiente. Vamos.

Lleváosla al bosque. Yo cogeré nuestras cosas.

No, id por aquí.

- ¡Maldita sea! ¡Se la han llevado! - No pueden andar lejos.

Coge el perro. Podrá seguirles el rastro.

Nos echan un perro. ¡Vamos!

Pues no están aquí.

¡Esperadme!

¡Busca!

¡Silencio!

Están por ahí. Escondámonos por aquí.

- ¿Qué ha pasado? - Un zorro estaba con los bollos.

- ¿Con todos? - No, solo uno.

- ¿Dónde está Gullspira? - No lo sé.

- Ven aquí, chica. Voy a ordeñarte. - ¡Buenos días!

¡Menuda pinta! ¿Qué has hecho?

- Ante, dame la cesta. - ¡Déjame en paz!

- Tú no estás más limpia. - Voy a lavarte, te guste o no.

Suéltame. Sé lavarme yo solo.

Monke, busca algo de agua. Le lavaremos si tú no puedes hacerlo.

¿Me das el cuenco?

Sí.

¿Cómo estás? ¿Te hicieron daño?

Si hubiéramos llegado más tarde, te habrían sacrificado.

No, Ante.

¿Qué habríamos hecho si hubieras muerto?

Ante, ¿podemos quedarnos aquí?

Tú puedes hacer cucharas y yo haré manojos, cajas y cosas así.

Podemos venderlo a cambio de comida y volver aquí.

- Bueno… - Y podríamos dejar de deambular.

Pero aquí no hay comida. Y la que tenemos no durará.

Ayer recibí algo de dinero.

¿Puedo coger un trapo?

- ¿Por qué me rascas? - Aquí detrás no tienes ojos.

¡Pues yo te rascaré a ti luego, tú tampoco tienes ojos ahí detrás!

¡Dame el peine! ¡Si sé lavarme solo, también sé peinarme solo!

- ¡Monke, recuerda que es domingo! - No tardaremos en ir a la iglesia.

Eso no va a impedir que me peine solo.

"Las campanas repican el día de descanso, la semana llega a su fin.

Se acerca el sabbat, se deja a un lado el trabajo.

Te damos las gracias, Padre eterno, por la salud, la paz

y los regalos misericordiosos en momentos de necesidad".

Gracias, Dios, por ayudarnos a que Gullspira siga con nosotros.

Gracias por evitar que el zorro se llevara toda la comida. Un bollo no es nada.

Dios bendiga a los pequeños, que la gente sea buena con ellos. Amén.

- Nuestra propia iglesia en el bosque. - Y una granja.

- Toma. Iré a explorar. - Espera un momento.

- Ten, por si encuentras una granja. - Vale.

¡Monke! ¡Tendré que coserte eso!

- ¡No vayáis a ninguna parte! - ¡No! ¡Quítate los pantalones!

- ¿No puedes hacerlo igualmente? - Vale, ven aquí.

Monke, ¿por qué no leemos

el primer capítulo del catecismo?

- Ese me lo sé. - ¿Sí? Échate.

¡Pues venga!

No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano.

- ¡Ay! - ¡Cállate!

- ¡Coged las cosas! ¡Daos prisa! - ¿Por qué? ¿Nos vamos?

Sí, ¿no oís al perro? ¡Coged a Gullspira, rápido!

No, cruzaremos el arroyo, el perro perderá nuestro rastro.

¡Ante! ¡No puedo seguir corriendo!

- ¿Prefieres quedarte aquí? - ¡Esperad, coged a Gullspira!

Maglena, ayúdame.

Silencio, Monke.

- ¿Qué haces? - Un perro malo nos perseguía.

- Blixt no os hará daño. - Era uno del pueblo.

- ¿Y queréis cruzar el río? - Sí, si podemos.

Claro. Vamos.

¡Kristina! ¿Podemos darles algo de comer?

¿Comida? Pero si acabas de…

Tenemos unos invitados hambrientos.

Vaya, vaya, si son mis amigos de la boda. ¡Buenos días!

- ¿Habéis venido caminando? - Sí.

- Debéis estar cansados y hambrientos. - Sí.

¿Y tú, jovencito? Oskar, ¿me traes un poco de leche?

Traeré algo de comer.

Ve a ayudarla.

¿Ante? Me duelen los pies.

Pues ve a sentarte con Gullspira.

Tú debes estar cansada.

- ¿Dónde está el pequeño? - Está contento donde está.

Vaya, vaya.

¡El que no estaba cansado!

¡Monke!

Dejémosle dormir. Métele dentro antes de que se lo coman las moscas.

Comed, niños.

El paseo ha acabado contigo.

Podéis desatar a la cabra. No estaría mal que pastara.

Aquí está el héroe derrotado.

Pobrecito. Debe ser duro.

Al ir de puerta en puerta, o te dejan entrar o te echan.

¡Sí!

Y mira qué andrajos. Mañana les arreglaré algo de ropa.

- Pueden ayudar en el huerto. - Sí, hay que quitar los hierbajos.

Monke, otro montón.

- ¡Buenos días! ¡Gracias, señor! - ¿Por qué me das las gracias?

- Por esto. - Mis viejos pantalones. ¡No están mal!

¿No te van un poco grandes?

Los viejos eran más grandes.

Crecerás y te irán bien.

- ¿Cómo estás, querida? - Bien, gracias. ¿Y tú? ¿Cansado?

Sediento. ¿Qué tal los niños?

Genial. Casi han acabado con el huerto.

- ¡Niños, la comida está lista! - ¡Gracias!

- No queda mucho que hacer. - Monke, ven aquí.

- ¿No puedes dejarme en paz? - Estate quieto.

Ha vuelto demasiado pronto. ¡Aún no hemos terminado!

- ¡Monke! - Perdón.

Dios hace que tengamos siempre presente el pan de cada día.

Amén.

- Gracias por la comida. - ¿Estás lleno?

¡Sí, pero ellos me superan!

- ¡Vengan a verlo! - Ya vamos. Qué buen chico.

Cariño…

ese chico no tiene padres y nosotros no tenemos hijos.

¿No te da que pensar?

De hecho, estaba pensando.

Me duele pensar que vuelva a vivir sin comodidades.

Vamos a hablar con él.

Come mientras puedas.

¿Monke?

- ¿Te gustaría quedarte con nosotros? - Me gustaría algo de ayuda y compañía.

¿Por qué no tenéis hijos?

Aún no hemos tenido tiempo.

¿No quieres?

Creo que no puedo.

Pero piénsalo… Nunca pasarías frío ni hambre.

Tendrías una cama de verdad con fundas de almohadas y todo.

- Gullspira no podría estar sin mí. - A la cabra le da igual con quién está.

Le irá bien con los otros.

Por las noches no. Dormimos en graneros

y entonces me necesita, lo sé.

No, se olvidará de ti.

- Escucha, tendrás un bonito cuchillo. - ¿Un cuchillo de tallar?

Sí, y un hacha pequeña para que puedas ayudarme a cortar leña para madre.

- ¡Un hacha! - Y un rastrillo para arreglar el huerto.

- ¿Uno verde? - Claro, lo pintaremos de verde.

¡Y cuando hayas dormido en la cama,

comido hasta hartarte y te hayas vestido,

podrás salir aquí fuera con tu cuchillo en el cinturón como un hombre de verdad!

¿Qué miras? ¡Lárgate!

Oskar, estás volviendo loco al chico.

Es un niño leal.

No abandonará a la cabra.

¡Ante! ¡Maglena!

¡Mírale!

Tranquila, Gullspira.

Siempre seremos amigos. No te dejaré.

- ¿Y si Monke se quedara con nosotros? - Como si fuera nuestro hijo.

Son muy amables al quererle. Aquí tendría una buena vida.

Pero no abandonará a la cabra. ¿Nos la venderíais?

Hemos hecho un redil donde podría correr y Monke podría cuidarla.

Te doy 12 riksdaler por ella.

- No es por el dinero. - Te prometo que la trataremos bien.

Entonces se la vendo.

¿Estás loco, Ante?

¿Te has vuelto loca, Maglena?

¡Igual me acabas vendiendo a mí también!

Piensa en lo que dices.

Lo hago. Gullspira ha sido mía

desde que Anna-Lisa renunció a ella.

¡La he ordeñado y tú la vendes sin más!

¿No ves que estará mejor aquí que atada con nosotros?

- En el bosque no va atada. - Pero ahora entramos en el pueblo.

Todos los campos y los pastos. ¿Te gustaría pasar por filas

de mantequilla y quesos en un lado,

pan en el otro,

y que no te dejaran comer?

No.

- ¿Ves? Dijiste que estaba adelgazando. - Así es.

¿Y no es bueno que se queden con ella y con Monke?

- ¿Estás enfadado conmigo por molestarte? - En absoluto.

Maglena, tú también puedes quedarte

si no puedes dejar a Monke y a Gullspira.

Gracias, pero tampoco puedo abandonar a Ante,

así que me quedaré con él.

Adiós. Venid a vernos algún día.

Monke.

¿Recuerdas el padrenuestro?

Padre nuestro que estás en el cielo…

- ¡Me sé el resto! - No olvides lo de "Hágase Tu voluntad".

Siempre lo olvidas, pero piensa en "cuando hay voluntad" para acordarte.

Recuerda, madre decía

que todo el mundo debería conocer esa plegaria.

Saberla de memoria para que sea más fácil volar hasta el cielo.

Abre las puertas.

Esa plegaria lleva a todo el mundo al cielo,

ricos y pobres, como nosotros.

- Monke, camina con nosotros un rato. - No. Adiós.

Está triste, pero se le pasará.

¡Espera! ¡Monke, espera!

- Necesitarás esto. - ¿Por qué? ¿Intentas matarme?

¡Gullspira y yo nos las arreglaremos sin ello!

Gullspira, ahora tú serás Ante y Maglena para mí.

Monke, pobre Monke, não chore. Por favor.

Me quedaré contigo también.

Monke, cuida de Maglena.

Sí, lo prometo.

¡Ante! ¡Ven a vernos pronto, promételo!

- ¿Qué hacéis? - Enseñar a nadar al gato.

- ¿Por qué le atáis las patas? - Así es más divertido.

¡Suelta al gato! ¡Nada tú! ¡Dadme el gato!

¡Mocoso! ¿Le has pegado a mi hijo?

¿Qué pasa, chico?

¿Por qué lloras?

Eso no está bien. Seca tus lágrimas para parecer un hombre.

Eso es.

Cuéntame qué te preocupa.

- Siempre has sido muy valiente. - ¿Valiente? ¿Yo?

Claro.

Has ayudado a tus hermanos y hermanas a encontrar buenos hogares.

- Le prometí a madre que lo haría. - Y mantuviste esa promesa.

¿Dónde están los otros dos?

Están con Oskar Niva.

También han encontrado a buena gente. Ya ves,

si eres bueno con la gente, ellos también lo son contigo.

No todo el mundo. Nos han echado y perseguido con perros.

En la boda, intentaron matar a Gullspira, nuestra cabra.

Tienes razón. Me temo que no todo el mundo es amable.

Es como cualquier otra cosa… uno debe aprender.

Y no todo el mundo ha tenido una madre que le enseñe

qué está bien o mal, como tú.

Pero no hay nadie tan malo que no pueda ser bueno y amable.

Por eso intento enseñar a la gente.

A mí me gustaría hacer eso.

¿Sí?

Sí. Me gustaría ser sacerdote.

- ¿Cómo te llamas? - Ante.

¿Sabes, Ante? No es ninguna coincidencia que nos hayamos encontrado.

Ha sido por obra y voluntad de Dios.

Deberíamos seguir el camino que prepararon las plegarias de tu madre.

¿No te parece?

- ¿Quiere decir que yo…? - ¡Exacto!

¿Te gustaría leer conmigo?

Luego podrías ir al pueblo

y estudiar en el colegio.

¿Colegio? No soy lo bastante listo.

- No funcionaría. - Claro que sí.

Si das todo lo que tienes por aquello que quieres,

puede ocurrir. Yo te ayudaré todo lo que pueda.

- Gracias, reverendo. - ¿Reverendo? Llámame padre.

Subtítulos: Fabián Sierra

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