Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Downloaded from YTS.MX
Official YIFY movies site: YTS.MX
Demasiado viejo para esto.
Puto desierto.
-¿Nombre en clave? -Anacleto.
Aquí no se puede fumar.
Maldita ley antitabaco.
Hace tiempo que no viene nadie por aquí.
A veces uno tiene que venir personalmente al culo del mundo
para limpiar la mierda.
¡Anacleto, llevo diez años encerrado aquí por tu culpa!
¡Te voy a... ! ¡Te voy a... ! ¡Mierda, no se me ocurre nada ahora!
-¡A mí tampoco! -Yo me he quedado en blanco.
Yo tenía una buenísima.
Parece que eres un hombre muy popular por aquí.
Mi club de fans. Voy a echarles de menos cuando me jubile.
Yo sí. Yo sí que me la he apuntado, sí,
pero ahora, así leída, pierde toda la fuerza.
Anacleto.
Vázquez.
¿Qué han pasado? ¿Treinta años? Se te nota.
Tú, sin embargo, estás mucho mejor con ese pelazo.
Veo que has pensado mucho en mí.
Cuando uno tiene un único objetivo en esta vida,
-tiene que dedicarle un tiempo. -No te preocupes,
vengo a trasladarte a otra prisión más pequeña y más sucia.
Tendrás los próximos 20 años para decorar tu nueva celda con tus dibujitos.
¿Sabes lo que es una pena? Que vayan a cerrar el GP.
Parece que ya no sois... necesarios.
Tantos años luchando contra criminales como yo y...
-al final acaban contigo los recortes. -Te veo muy irritable conmigo.
Anacleto, llevo treinta años en la cárcel por tu culpa.
Créeme, "irritable" no es la palabra.
Ahora podrás pasar más tiempo con tu hijo.
Porque tienes un hijo, ¿verdad?
Es increíble de lo que se entera uno en una celda de aislamiento.
¡No vuelvas a hablar de mi hijo!
Venga, la radial. ¡Rápido!
-Se me ha olvidado. -¿Qué coño dices? Córtame las esposas.
¡Joder con la máscara de los huevos!
Es que con lo del bazuca se nos ha pasado ese tema.
El Carnicero y el Molécula.
Veo que te sigues rodeando de los mejores.
¿Cómo era esa frase que solías decir?
¿"Anacleto nunca falla"?
Bueno, ahora mismo no parece muy acertada, ¿verdad?
Tampoco se puede decir que tu plan haya salido redondo que digamos.
Tú aún no sabes en qué consiste mi plan.
-¡Voy a acabar contigo y con tu hijo! -¡No!
Esto sólo acaba de empezar.
Ya te vale, córtate un poco con el "peta", ¿no?
-Pero si no nos ve nadie. -Coño, un respeto, que soy tu jefe
y te lo estás "hincando a caraperro" tú solo.
Toma, jefe.
Vaya jefe...
-Otra dura noche de curro. -Ya ves.
Si le hubiera hecho caso a mi padre, ahora estaría limpiando mierda de vaca.
Anda, ponte otro capítulo.
Ahí va.
-¿Qué hacemos? -No lo sé, el jefe eres tú.
Sí, pero no soy un dictador, te pido tu opinión.
Pues yo no me veo bajando ahí a partirme la cara con esos bicharracos.
¿Llamamos a la policía?
Cuando lleguen, esos televisores están en Ucrania ya.
Y va a haber que hacer denuncia, el papeleo... Mucho lío.
Además, la empresa ya cuenta con esto. En el precio se incluye algún robo.
¿Qué somos, vigilantes? Pues vigilamos, pero no nos peleamos.
Bueno, pues vigilado está.
¿Ponemos una peli?
Katia, ¿me puedes bajar un poco la música, por favor?
Ah, claro. Tú duerme tranquilo.
Hemos tenido una noche dura, hoy sí. Nos han medio robado... Bueno...
En el hospital, en cambio, hemos tenido una noche
muy tranquila. Hemos estado todo el tiempo tocándonos las narices.
Total, como los viernes por la noche la gente no hace el loco
ni tiene comas etílicos ni accidentes...
Y mira que podría llevar una hora en la cama, pero no. No sé,
prefería venir a buscarte aquí, al culo del mundo.
-Vale. -O a lo mejor sólo como idea:
te podrías sacar el carnet de conducir de una vez.
Joder, ya lo sé, pero es que no tengo tiempo.
Como trabajo de noche...
¿Por qué paras el coche si no hemos llegado?
Tenemos que hablar.
Adolfo, estoy cansada de discutir siempre lo mismo.
Pues nos callamos. Mira, hago así y estoy callado.
No, no, ése es el problema, que nunca dices nada ni haces nada.
Te pasas el día tirado en el sofá.
Sofá-película-manta, parece que eso es lo único que quieres en la vida.
Si a ti también te gusta.
¿Y cuando vemos las temporadas de series? Nos ponemos con las mantas,
con las pizzas... Eso... está bien.
Pero no quiero vivir en un sofá.
-No. -Y lo sabes.
Sí.
Ya me he sacado mi billete para la lndia.
¡ Hostia!
Me ha salido otra plaza en Médicos del Mundo y esta vez lo siento, pero...
-no voy esperar a que tú te decidas. -Es que te iba acompañar.
-¿Sí? -Sí, pero no ha surgido el momento.
-¿No? -No.
¿En seis años?
-Se me ha pasado -Pero si no tienes ni el pasaporte.
Yo lo siento mucho, de verdad.
-Te quiero. -¡Joder! Y yo.
Espera, espera.
Pero sé que... tú nunca te vas a mover de aquí.
Y yo... necesito otras cosas.
Necesito aventuras y... emociones.
Y... sé que contigo nunca las tendré.
¿Qué me estas diciendo con todo esto?
¿Qué me estas dejando?
Está decidido,
me voy en una semana. Hasta entonces estaré en casa de mi madre.
Pero, ¿y yo qué? Me dejas aquí, en medio de la nada.
Perdona, te acerco adonde quieras.
Pero lo nuestro se acabó.
Papá, ¿me vas a contestar por una vez en tu puta vida?
¿Qué había en el furgón? ¿Dónde está la mercancía?
No. No quiero alfombras, gracias.
-El camarero éste se cree muy gracioso. -Parece tonto.
Me lo voy a cargar.
-Podemos pedir rescate a España. -Ah, ¿habláis español?
-Bueno, entonces os propongo un trato. -A ver.
Vosotros me dejáis el Jeep, las armas y todo el dinero que tenéis encima,
y os quedáis aquí en medio de este puto desierto sin agua ni provisiones.
Y aquí viene la parte buena:
yo me comprometo a que, antes de abandonar el país, visitaré a vuestras mujeres.
¡Ojo! No me malinterpretéis, estoy hablando de algo muy sutil:
darles una cena romántica con champán, velas y todas esas cosas.
Ellas lo disfrutan y lo agradecen tanto que terminarán poniendo a vuestros hijos
mi nombre:
Anacleto. ¿Qué os parece el trato?
Anacleto, ¿pero qué mierda dice?
Anacleto nunca falla.
-¿Nombre en clave? -Anacleto.
Jefe, es Anacleto.
¡Anacleto, ya era hora! ¿Por qué has tardado tanto en contactar?
Ya sabes que la partida es sagrada.
He tenido que hacer pareja con Rentero, y es incapaz de apoyarme
cuando voy de farol a la grande. ¡ Parece mentira que sea espía!
Jefe, conocían la ruta, nos estaban esperando.
¡No puede ser! ¿Y Vázquez?
Han reventado el furgón y ha escapado.
Sabe que tengo un hijo, jefe. Hay que proteger a Adolfo.
¡Vamos, vamos! ¡Quiero un dispositivo especial, cerrad las fronteras!
¡Polita, quiero una lista de los pasajeros de todos los vuelos que vayan a despegar!
Hace años que no tenemos presupuesto para agentes en la frontera,
debería saberlo.
¡Necesito que me mande un helicóptero!
Claro, un helicóptero. ¡Con jacuzzi incorporado!
¡No tenemos presupuesto para helicóptero, deberías saberlo!
Tendrás que salir de ahí tú solo, ya sabes cómo están las cosas.
¡No me fastidie! Mande por lo menos a alguien a vigilar a Adolfo.
Bueno, mandaré a dos agentes, pero sus horas extras van a salir
de tu finiquito.
¡ Demasiado viejo para esto!
Tío, hazme caso, es una zorra. No la necesitas.
Estamos bien aquí con los copazos, los colegas,
mujeres sexualmente abordables, cacahuetes gratis...
Soy alérgico. Me como un cacahuete y se me para el corazón, me muero.
-Pero me da igual. -¡Pues a mí no!
¡Ya no hay cacahuetes! Mira a tu alrededor, mira el mujerío.
-¿También te dan alergia las mujeres? -Ninguna me gusta,
ninguna es como Katia.
Supéralo, tío. ¡Supéralo ya!
Katia está ahí, acaba de pasar.
Vámonos.
-¡ Esa zorra me va a oír! -¡Martín, no, no! ¡Ven aquí!
¡Martín!
¿Tú qué? Te vas a la lndia, ¿no? A salvar el mundo, como Gandhi.
¿Y Adolfo qué? ¿Gandhi hubiera dejado a su novio tirado en la carretera?
¿Pero a ti qué más te da cómo rompemos o dejamos de romper?
Pues me da,
porque resulta que el chaval es mi amigo y es mi subordinado.
Y si él hay cosas que no se atreve a decírtelas, pues te las digo yo.
Pues fíjate que yo creo que el chaval es mayorcito
y no necesita que nadie lo defienda, y mucho menos tú.
Ahí lleva razón. ¿Nos vamos? ¿Nos vamos, Martín?
Mira, te escapas... porque están aquí tus amigas, que si no...
-¿Que si no qué? ¿Me ibas a pegar? -Pues a lo mejor, sí.
Y luego cuando te hiciese daño, ¿qué ibas a hacer?
¿lbas a ir corriendo a mamá, como has hecho siempre?
¡Que no me has ganado ni una pelea en tu vida!
¡ lmbécil!
¡ El pelo no!
¿Qué mierda pasa aquí?
Nada, no se preocupe, es una pelea de hermanos.
-Ya sabe cómo son estas cosas... -No.
En los huevos, ¿eh? Siempre hace lo mismo: va al pelo o a los huevos.
¡Tía, tú estás muy loca! ¡Que nos podía haber matado!
¡Cómo lo necesitaba!
O sea, que éste se ha llevado la que me tocaba a mí, ¿no?
Os la estabais rifando entre mi hermano y tú.
Con lo que hemos sido y ahora aquí, haciendo de niñeras.
Ya te digo. ¿Te acuerdas de aquella misión en la Antártida?
¿Y cuando nos dispararon con misiles de uranio?
¿Y la que lió el doble del rey en aquella misión en Bulgaria?
-¿Y la momia de Pakonia? -¿Y la operación "Heliotropo"?
¿Y la misión "Tormenta en la Luna"?
-La verdad es que hemos sido grandes. -Sí.
Lo que pasa es que no tenemos ninguna foto.
Es verdad. Pero no importa, está todo aquí.
Adolfo, ¿qué haces?
Pues no sé. ¿Abrazarte?
Que ya sé lo que ha pasado, que te lo has pensado mejor.
No, no, Adolfo, no. Es...
Es el... clásico polvo de despedida.
Me voy en una semana.
-¿Cómo? -Perdóname si te he confundido,
la despedida en el coche fue tan sosa que he pensado que mejor así.
-Pues me voy. -¿Dónde? Si ésta también es tu casa.
Quieres robar, ¿no? Pues coge la tele grande. ¿La quieres? Toda para ti.
¿Quieres mis tarjetas? El número es muy fácil: 1234.
Toma, en el cajero de la esquina no te cobran comisión.
¡ Hostia!
Oiga, ¿está usted bien?
Róbeme, pero no me pegue.
¡ Hostia, lo que ha hecho!
Un momento, hablemos.
No.
Bueno, lo dejamos aquí, ¿no? No, no, no.
Katia...
Katia.
¡Katia, coño, que creo que he matado a un chino!
Que a lo mejor habría que ir a la policía, a ver qué piensan.
O que ha sido sin querer, pero...
Adolfo.
¿Qué te has hecho en la cara?
¿Dónde?
¡ El chino!
Espera aquí.
Bueno, pues ya no está, pero aquí había un chino.
Entró por la puerta y empezó a pegarme.
Y yo pillé cacho, allí volé.
Y, de repente, yo empecé a devolvérselas...
Aquí lo tiré,
pero muy bien. Esto es por los videojuegos, porque nunca me he pegado.
Adolfo, ¿por qué te has hecho eso en la cara?
-¿Es para darme pena autolesionándote? -Katia, te juro que no he sido yo,
que había un chino muerto aquí.
Estaba todo esto lleno de sangre, me agarró de aquí...
y le di con tu vibrador, en la boca...
-¿Cuánto haces que tienes esto? -No me cambies de tema.
-Vale. -¿Qué te has hecho en la cara?
Pero que te juro que... Mira, mira cómo me he hecho yo esto.
Cuando te dije lo de aventuras y emoción, ¿pensabas que era esto a lo que me refería?
-¡Pero que te juro que es verdad! -No hagas esto más raro
-y más difícil de lo que ya es. -Pero...
Adolfo,
no vamos a volver.
Adolfo.
Papá, ¿qué haces aquí?
He pensado que hace mucho que no pasamos un día juntos.
Así que he decidido llevarte a casa, prepararte tu comida favorita
y charlar de nuestras cosas.
-¿En serio? -¿Tú qué crees?
Vengo de entregar un pedido en la charcutería, pero ya que estoy aquí...
-¿Y esas bolsas? -Nada,
me voy del piso temporalmente porque Katia y yo hemos pensado que ahora es lo mejor.
¿Te ha echado?
-Bueno, nos hemos separado. -Y te ha pegado.
-No sé para qué te lo cuento. -Espera,
-ya te llevo yo. -Pues vale.
Pero no te voy a contar nada, porque no estoy hablador
-y luego te burlas. -Muy bien,
déjame las bolsas, que tengo la parte de atrás llena de embutido
-y me los vas a machacar. -Pues hala, la dejas tú.
A la lndia, ni más ni menos.
¿No se puede ser médico aquí? No, se tiene que ir a la otra punta del mundo.
Y se queja de que no tengo carnet de conducir. Dice que soy soso,
que quiere aventuras.
Ella tampoco es que sea una fiesta. Cuando le digo de jugar a la "Play", dice:
"No, estoy cansada del hospital". ¿Quién es la aburrida entonces?
¿Por qué no te sacaste el carnet de conducir?
¿Y por qué no me llevaste a practicar, como prometiste?
Porque eso fue cuando tenías 1 8 años, has tenido tiempo de sobra.
¿Por qué nunca me dices cosas positivas cuando estoy mal y siempre me metes caña?
Dime: "Hijo, es una zorra, se va a arrepentir, no se merece un tío como tú,
se va a quedar sola toda su puta vida...". Dime eso.
Podría, pero no me gusta mentir.
¿Con mamá siempre eras así de agradable? ¿De verdad?
¿Con tu madre? Eras un niño y ya no te acuerdas,
pero tu madre sí que tenía un talento natural para meter el dedo en la llaga.
Bueno, después de este momento emotivo-familiar, yo me voy a dormir.
¡"Sapristi"! ¿Qué hay, "Sapristi"?
Ven, ven aquí.
¡Mi perro "Sapristi"!
Adolfo.
Estarás muerto de hambre.
Si quieres, preparamos algo para comer.
No te preocupes, hijo, ya me encargo yo de todo.
LLAMAR
Ml DlARlO
El otro día nevó un montón y fue muy "díver",
porque hice un muñeco de nieve en el huerto.
Cuando vino papá, dijo que parecía un mondongo con boca y nariz.
Y entonces le he dicho que lo que sí que era una mierda
eran sus fuets de los cojones
y que se los podía meter por el culo el muy hijo de puta.
A papá no le gusta nada que diga hijo de puta,
pero yo seguí gritando "¡hijo de puta, hijo de puta...!"
hasta que me ha encerrado en mi cuarto el muy puto cabrón.
¡No voy a volver a hacer un muñeco de nieve nunca!
-¿Sí? -¿Todo ok?
Todo limpio. ¿Sabemos algo del paradero de Vázquez?
Déjamelo a mí. Lo mejor es que os quedéis vosotros ahí tranquilos
-hasta que se calmen las cosas. -Bueno.
¿Qué es ese ruido? ¿Qué estas haciendo?
Nada, hijo. Estaba cogiendo unos cacharros y se me ha caído esta olla.
-Qué raro eres, de verdad. -No, no te preocupes.
Ya lo recojo yo.
No, si no tenía ninguna intención. lba a por las galletas.
¡ Hostia, papá! ¡Has vuelto a comprar galletas con nueces!
¡Casi me da un ataque de alergia!
No tengo mucho tiempo para explicaciones.
Pero, ¿por qué estás haciendo eso?
Pues no pensaba decírtelo, pero supongo que ya no importa.
Soy agente secreto.
¿Agente secreto?
¿De qué estas hablando?
Es la verdad.
La masía es una tapadera y llevo años trabajando para el GP.
¿El GP? ¿Y qué es eso? ¿Qué quiere decir eso?
No sé, es el nombre de la agencia. ¿Qué más da? Se lo inventó el Jefe.
-¿El jefe? ¿Y ése quién es? -Es un nombre en clave.
Ah, es un nombre en clave. ¿Y el tuyo?
Anacleto.
"Anacleto, agente secreto". ¡Venga ya! ¡ Eso te lo acabas de inventar!
No, no te acerques...
Vamos, a ver hijo... En serio, no tenemos mucho tiempo.
Pero dime la verdad, papá, ¿qué eres?
Que eres un... psicópata, ¿no?
¡Sabía yo que algo raro estaba pasando aquí! Todo el día sólo, papá,
aquí encerrado, solo con el perro ése de mierda.
Pues has desarrollado un odio racional por la sociedad.
Te gusta matar, trituras a la gente.
-¿Qué coño dices? -Joder, lo pienso y das el perfil.
Pero, ¿qué perfil? ¡No digas sandeces!
El perfil, papá. Un hombre solo, siempre ausente, que no da cariño,
que habla raro. ¿Quién dice sandeces hoy en día?
Me parece que estás desvariando, hijo.
Mírame y dime que los embutidos con los que llevas cebándome toda la vida
no tenían carne humana, que no sabían mejor porque fueran caseros.
-Era por la carne. -Adolfo,
¿de verdad crees que esa teoría tuya es más creíble que lo de que soy agente secreto?
¡Al suelo!
¡La mesa!
-¡Ya están aquí! -Pero, ¿qué coño está pasando?
¿Entonces qué? ¿Caníbal? ¿Agente secreto? ¿Te va quedando claro?
¡Yo qué sé! ¿Quiénes son? ¿Por qué nos atacan?
Son los secuaces de Vázquez, mi archienemigo.
¿Tu qué?
¿Tu archienemigo?
¿Qué dices?
¿Adónde vas ahora?
¿Chicles? ¿Guardas chicles ahí?
Toma. Están entrando, dispara a matar.
Papá, ¿tú estás loco? Yo no puedo hacer eso.
Sí que puedes. Adolfo, mírame a los ojos.
Estás un poco desconcertado con todo esto, pero estás preparado.
Papá, soy "segurata" del Electro Market. No llevo ni porra. Coge esto.
Confía en mí, yo te entrené.
¿Que me entrenaste? ¿Cuándo me entrenaste tu a mí?
Toda la vida. ¿No te acuerdas?
Vamos a volar, Adolfo, vamos a volar. Verás qué divertido.
Hace mucho tiempo que se acabó,
pero es que hay cosas
que nunca se olvidan
por mucho tiempo que pase.
Eres un puto psicópata.
Sabía que tarde o temprano le sacarías provecho.
-No tenías ningún derecho. -Con el chino no te vino nada mal.
¿El chino? ¡Yo lo sabía!
¡Yo sabía que no lo había soñado y Katia dice que no me cree!
Uno menos.
Pero, ¿qué haces? ¿Te comes un chicle ahora?
Es un chicle bomba. ¡Cúbrete!
¡Cuidado, dispara!
La suerte del principiante.
-Pero, ¿en qué me has convertido? -Tenemos que irnos.
Pero es que están todos muertos, los he matado yo.
Que esta gente tendrá familia, tendrán conocidos...
Pon que cada uno tiene un hijo. ¿Sabes cuánta gente triste será eso?
-¿No has sentido nada? -Sí, el retroceso.
-O sea, que tú eres de hielo. -Si te tranquiliza,
piensa que eran ellos o nosotros.
Ya, pero es que yo no he hecho nada, o sea, yo le caigo bien a la gente.
No que quieran ser mis superamigos siempre, pero en general no quieren matarme.
Es culpa mía. Vienen a por ti porque quieren hacerme daño a mí.
Para el caso que me haces, más les valía haber ido a por el perro.
-¿Dónde está? -Yo qué sé, es tuyo.
¡"Sapristi"!
-¡No, no, no! -¡Quieto, quieto, quieto!
¡Al suelo!
"Sapristi"...
Tenemos que irnos de aquí inmediatamente. Y olvídate de la masía para siempre
Yo de la masía me olvido rápido, pero no voy contigo a ningún lado.
Yo me voy a la policía.
-No tengo mucho tiempo para discutir. -¡Ni yo tampoco!
Reconoce que te habías puesto un poco cabezota.
¡ No te jode!
Que encima fumas.
¿Qué?
Que digo que encima fumas. Tú has fumado de toda la vida.
Vale. Mamá, ¿qué era? ¿Ninja?
Espía, la mejor hasta el día de su muerte.
Queríamos que estuvieras alejado de todo esto, por eso lo mantuvimos en secreto.
Esto para ti es el pan de cada día.
-¿A cuántos has matado en tu vida? -¿Qué más da?
No, ya que estamos, prefiero que me lo cuentes. A ver,
¿Más de diez?
Pues, hombre, sí, más de diez. Pero todos se lo merecían.
¿Más de cincuenta?
Si lo piensas, sí, mas de cincuenta.
-¿Más de cien? -Supongo. Sí, unos cientos.
¿Cómo que unos cientos? ¿Unos 400? ¿Unos 300? ¿Unos...?
Menos de mil. ¿Te quedas más tranquilo así?
Pero, ¿qué dices? Eso son cifras de genocidio.
Tampoco es para tanto.
Si lo prorrateas por los 30 años que llevo trabajando, tocan como dos o tres al mes.
Ah, bueno, claro. Si lo prorrateo, me quedo mucho más tranquilo, papá.
Mira, tú... llevas cuatro en dos días.
75.
9.
22, los dos patitos.
El dinero todavía no ha llegado a mi cuenta.
Antes necesito que hagas una íltima cosa por mí.
¿Qué más quieres? Os dije dónde estaba la masía.
He traicionado a uno de mis mejores agentes, a mi amigo, mi pareja de mus.
Lo sé y lo valoro, pero las cosas se han complicado.
¿Qué letra es ésta?
Goma, dos, eco. Es una G, está bien claro.
¿Os podéis callar, por favor?
Esos explosivos no pueden salir del GP.
Yo ya he cumplido mi parte del plan. Venga el maletín.
¡Joder, qué "pesaíto", por Dios!
A partir de ahora tendrás que buscarte la vida tú solo.
Pero... Pero, ¿qué es esta gilipollez?
Es que cuando estaba en la cárcel
mis secuaces decidieron invertir todo el dinero del botín en el Fórum Filatélico.
Pero, vamos, que esto se va a revalorizar, o sea, que de aquí a unos años vas a ser
millonario... casi seguro. O en unos meses.
Déjate de excusas. Tienes 24 horas para recuperar el dinero,
si no, utilizaré todos mis recursos a mi alcance para acabar contigo.
¡Ya está bien! Aquí no se pude fumar, ¿no sabéis que esto es un bingo?
Ya me voy, señora.
Ya te tenías que haber ido, pero hace mucho rato.
-¡Línea! -¡La madre que lo parió!
El GP.
Esto... es igualito que el Pentágono, ¿eh?
Ya sé que este edificio no sale en los libros de arquitectura
ni en las revistas turísticas,
pero te aseguro que es el pilar sobre el que se sustenta el país.
Pero... esto es Correos.
¿Compartís oficinas con ellos?
Los recortes... Ya ni la seguridad nacional es prioritaria.
Papá, ¿tú cuánto cobras?
Pues, hombre, hay un sueldo base y luego un porcentaje variable.
Sí, pero a final de mes, con las pagas extras y tal, ¿en cuánto se te queda?
¿En serio? ¿Brutos?
-Bueno, a eso hay que sumarle los sexenios. -Pero si cobras menos que yo de vigilante.
"La tortilla de patatas siempre es redonda".
¡Venga ya! ¿En serio? ¿Esto es la contraseña?
¿Qué tiene de malo?
Muy bonito el sitio, papá, muy moderno. ¿Dónde está la gente?
-Es la hora del café. -Ah, claro, que sois funcionarios.
Alguien está atrancado la puerta, esto me huele a chamusquina.
A chamusquina...
¡Joder!
Veneno.
Joder, papá, pues suerte que nos hemos venido.
Yo aquí me siento... superseguro. ¿Y ahora qué? ¿Tienes un plan?
Hay un lugar, un punto de encuentro, en caso de emergencia.
Si hay algún agente vivo, irá para allí.
¡Maldición!
¿Qué haces?
Nada, le estoy mandando a Katia un "WhatsApp"
con la foto de los agentes muertos éstos
para que vea que lo del chino es verdad.
Eran mis amigos, al menos podrías fingir que te importa.
Pues sí podría, sí, pero es que no me gusta mentir.
¡Ve para arriba!
Papá, te han dado. Tienes un tiro ahí.
-Vázquez. -Hombre,
Anacleto, tú por aquí. ¿Qué tal el paseo por el desierto?
Habéis matado a todos mis amigos.
Te juro por Dios que no voy a parar hasta que acabe con vosotros.
¡Los quiero... vivos!
¡Por la escalera!
¡Quieto!
¡Por aquí!
¡Atranca la puerta!
¿Qué?
-¡Por aquí! -¿Qué? No, no, yo no me subo.
-Vamos, no nos queda otra. ¡Venga! -¡Yo ahí no me subo!
¡Abrid la puerta!
-¡ Ni de coña! Yo no salto. -¿Cuánto pesas?
80 kilos.
-Sobre el toldo del camión resistirá. -Son 85, el toldo no que aguanta.
Confía en mí, hijo. Anacleto nunca falla.
¡No! ¡No, no, no...!
¡ Hostia, papá!
¡Venga, que no ha sido para tanto!
¡Son 90 kilos! ¡Tengo los huesos muy pesados, de toda la vida!
No te vengas arriba, a tu edad yo me tiraba de mucho más alto.
Ah, ya, ya...
¡Corre!
-Tenemos que ir a un hospital. -Al hospital no, demasiado peligroso.
¡ No! ¡ Papá!
¡Huele que alimenta! Me ha salido riquísimo, os vais a chupar los dedos.
-Yo quiero muslo. -¡Yo también quiero muslo, no te jode!
-¡Ya está la lista! -Pues yo también quiero muslo.
-Pero que es mi despedida. -Pues despídete del muslo.
Pues despídete tú de tus dientes.
¡ Bueno, que ya está bien! ¡ Por favor! Que hay pollo para todos.
¡A ver si por una vez podemos comer como una familiar normal!
¿Y ahora quién coño es?
¿Quieres? Para tu despedida.
Ya voy yo. ¡ lmbécil!
¡Qué pesaditos!
-Adolfo... -Hola.
La sangre no es mía. Es mi padre.
Le han pegado un tiro y se está muriendo. Tienes que ayudarnos.
¿Ya estás otra vez con tus tonterías para llamar la atención?
Que no, mira. Mira cómo está.
¡ Dios mío! ¡Hay que llevarlo a un hospital!
¡Calla, baja la voz! No podemos.
¿Cómo que no podemos? ¡Voy a llamar a una ambulancia!
¡Calla, espera, escúchame!
Han intentado matarnos, nos están buscando.
Katia, ¿qué haces?
Nada... Nada, mamá, es Adolfo.
¡Pues dile que pase, que hay pollo de sobra!
¡ Pero le toca pechuga!
A ver, esto te va a costar un poco de creer, pero es que mi padre
es agente secreto.
Por favor.
Pero, ¿qué hacéis? ¿Entráis o no?
No, mamá, vamos a ir al cuarto...
-a hablar! -A hablar, dice.
A follar, van a follar.
Aquí, en vuestra casa, el día de la despedida.
Antes del postre están follando ya.
A ti lo que te pasa es que estás celoso porque no ha venido a verte a ti.
A ver si superas ya todos los complejos que tienes con tu hermana, ¿eh?
Que ya tienes 33 años.
A lo mejor tiene algo que ver que me vistieras con su ropa hasta los doce años.
El "2 por 1", había que aprovecharlo. ¡Venga, a comer!
¡Esto es una locura! Necesitaría anestesia y un quirófano.
¡Tranquilo, ya está! Sujétalo, sujétalo.
¡Adolfo!
Adolfo, no vuelvas a caer. Es normal que te pongas sensiblote porque se va,
pero sé fuerte.
Ya sé que te la chupa increíble y todo, y lo del dedito que te hace, pero aguanta.
¿Le has contado a mi hermano lo que hacemos en la cama?
Es que pasamos mucho rato encerrados, se nos acaban los temas.
-Pero siempre te dejo por las nubes. -¿Sí?
Ya está, ya te lo está haciendo, ¿no? Ya has caído.
¡Martín! ¡ Entra, joder, te necesitamos!
Hombre, no sé, que somos hermanos.
No digo yo que no haya fantaseado alguna vez con la situación,
-pero es que me parece muy fuerte. -¡Que entres, coño!
¡Hostia! Pero, ¿qué habéis hecho?
¡Cógele las piernas!
No se te ocurra decir nada, ¿eh?
Pero si yo nunca digo nada.
¿Quién se empeñó en la educación liberal,
en hablar de sexo en casa, en El País Semanal? ¿Quién?
¡Un par de hostias a tiempo, eso es lo que hacía falta!
Entonces la masía, los fuets, el look de cómo de payés...,
¿todo era una tapadera?
-Eso parece. -Toda tu vida, entonces,
¿ha sido una mentira?
-Básicamente, sí. -¡Joder, tu padre es muy crack!
Pero, ¿qué haces?
Podrían estar rastreando.
¿Y si es alguien de la agencia que puede ayudarnos?
Por eso mismo. ¿Quién persigue a Jason Bourne?
-Los de la agencia. -¿Y en "Misión imposible"?
-No lo sé, no las he visto. -No lo sabe, no controla.
Esto pasa siempre:
te acusan de ser un traidor y luego te están tendiendo una trampa.
Lo que hay que hacer es buscar una manera de demostrar la inocencia de tu padre.
Pero si no podemos demostrar nada. Hemos estado ahí, están todos muertos.
Ahí lo tienes, todos muertos menos tu padre. Van a pensar que es el asesino es él.
¡ Esto es de manual, cojones!
-Papá. -¿Dónde estamos?
Si se infecta, vas a tener que ir a un hospital sí o sí.
Ya lo sé, no es la primera vez.
-¿Me das una calada? -No sabía que fumabas.
Bueno, porque no nos conocemos mucho, ¿no?
No.
¿Cómo has podido engañarlo así?
¿Y qué iba a hacer? Sólo quería protegerlo.
No sé, yo no sé hacer de padre,
dar abrazos y esas cosas. Lo mío es ser agente secreto.
Pues si no hubieses sido tan secreto, a lo mejor Adolfo no sería tan aburrido.
Ya. Y tú no habrías tenido que dejarle.
Es una pena.
Está claro que sois una familia de quejicas.
Estoy rodeado... ¡de ineptos!
¡Una cosa os pido y fracasáis!
Está claro que si quieres que algo salga bien, tienes que hacerlo tú mismo.
La llave Allen. Vamos a ver.
Y digo yo, ¿no se podría comprar el mueble ya hecho?
¿Ah, sí? ¿Y con qué dinero?
¿Dónde está mi botín?
¿A quién se le ocurre que un sello, ¡un puto sello!,
pueda costar 1 .000 euros?
Además, no es tan complicado.
Basta con seguir estas sencillas instrucciones.
¡Sencillas por los cojones!
Ojalá hubiese existido esto hace treinta años,
me hubiera habría ahorrado mucho dinero decorando guaridas.
¿Sí?
Muy bien.
¡ Los tenemos, están en casa de su novia! ¡Rápido, a por ellos!
Pero, ¿acabamos el mueble y vamos a por ellos
o vamos a por ellos y ya acabaremos el mueble?
Porque a esto aún le queda...
¿Dónde está mi padre?
No... No lo sé. Cuándo me dormí, estaba ahí, fumando.
¡Papá!
-Buenos días. -Hola, buenos días.
-Papá, ¿qué tal? ¿Cómo estás? -Pues mucho mejor.
Me he levantado esta mañana muy temprano
y he decidido preparar el desayuno para compensar un poco las molestias.
-Es riquísimo. -Tomaos un zumo.
A ver, Martín, de un trago.
Pero, ¿les... has contado lo que ha pasado?
¡Ay, sí, qué horror! Antes te atracaban sin más,
pero ahora a navajazos y todo, y a un señor tan mayor...
El mundo se ha convertido en un sitio muy peligroso.
-Muy bien, pues ya está. -¿Ya está qué?
El ácido penthotálico que os he puesto en los zumos debe de haber hecho su efecto.
-¿Pento...? ¿Nos has envenenado? -No, sólo drogado.
Nos has metido un suero de la verdad.
Pero, ¿y nuestra conversación de anoche?
Muy agradable, Katia,
pero eso no significa que pueda fiarme de ti. Ahora podré hacerlo.
Papá, son amigos. Es que estás descontrolado.
Pero bueno...
¿Qué pasa? No lo entiendo.
¡Pero no bebas más, hombre! ¿No te han dicho que tiene suero?
¿Pertenece o ha pertenecido usted a alguna asociación?
Fui socio del Círculo de Lectores,
pero sólo porque la chica que vino a ofrecerlo a casa
estaba de muy buen ver.
¿Te parece bonito?
¿Y tú, Katia? cuando comenzaste a salir con mi hijo, ¿te gustaba de verdad
o tenías algún motivo oculto?
¡ Eso es personal! No se lo digas
Empecé a salir con él para putear a mi hermano.
¡ Lo sabía, la celosa es ella!
-¿Lo ves, mamá? -Ya veo.
-Luego empezaste a gustarme de verdad. -No es momento para terapia de parejas.
Pues un poco sí. Yo tengo preguntas que hacerle. ¿Todavía me quieres?
Pues claro que te quiero. Claro que te quiero, pero...
yo quiero ser tu novia, Adolfo, no tu madre.
Me habría encantado que te vinieses conmigo, poder viajar juntos
-y hacer mil cosas,... -Ya, ya, ya.
...que seas un hombre, como tu padre.
¡Hala!
¿Qué? Nada, que esto va cambiar, te lo prometo.
-Siempre estás igual, otra vez con eso. -Esta vez es verdad, me he tomado el suero.
-No puedo mentir, ¿lo ves? -Tu zumo no tiene suero.
¿Para qué lo dices? Tú siempre ayudando. De verdad, gracias, papá.
No iba a drogar a mi hijo. Te he dicho que no era momento para terapias de pareja,
que estamos a otra cosa. Martín,
¿alguna cosa que ocultar?
Bueno, hay... una cosa.
Hace dos años atropellé a una señora mayor con la Vespa
y me di a la fuga.
Siempre pienso que no es para tanto porque que ya era una vieja y...
seguramente le quedaba poco,
pero no pasa un día sin que sepa esa señora está muerta por mi culpa.
Hijo mío...
No te preocupes, hijo. Esa señora no murió.
-¿Cómo lo sabes? -Porque yo la maté.
Ella quería denunciarte.
lba a destrozar a nuestra familia y no podía consentirlo.
Así que... fui a su casa
para intentar convencerla.
Discutimos y una cosa llevo a la otra, y...
y, al final, pues... se cayó por la ventana.
-¡Ay, qué disgusto! -Desde entonces, no...
no he vuelto a ser el mismo.
Sí, sí, bebe, bebe.
En realidad, llegó viva al hospital.
En cuanto... describió a su atacante,
comprendí que eras tú y...
y supe lo que tenía que hacer.
Una dosis un poco más alta de morfina y...
Al enfermero lo acusaron de negligencia,
pero lo hice por nuestra familia.
-Papá. -Hija.
-Papa. -Y luego te quejabas de mis secretos.
-Joder, ya ves... -¿Y tú, mamá?
Yo hace dos años que trabajo para Vázquez pasándole información.
-¿Qué? -Me dijo que si veía a Anacleto,
que le avisara.
Y así lo he hecho. Ya vienen para aquí. Vamos, que están al caer.
Pero mamá...
Hija, me contactó desde la cárcel y pagaba muy bien.
¿En serio, mamá? Pero, ¿cómo es posible?
Pues es posible. Y mejor eso que ser una asesina gilipollas como vosotros,
que habéis necesitado tres veces para matar a la misma vieja. Tenéis mucho que callar.
-Ya están aquí. -¿Qué hacemos?
¡Pero, tío, dale más arriba! ¡Qué torpe eres, coño!
Joder, menos mal.
-¿Dónde están? -Se han escapado por la ventana.
Me han pedido que os entretenga, que os diga que han avisado a la policía
y que han rodeando el edificio, pero es mentira,
están desesperados, casi no les quedan balas.
¡ Es que habéis tardado mucho! Échame también a mí un poco, cariño.
¡Joder! ¡ Rápido!
¡Yo me encargo de estos mequetrefes! ¡ ld al punto de encuentro!
-¿Dónde está eso? -En la estación del Norte, a las 2.
Yo qué sé, a mí no me lo habías dicho. ¡Papá, estás herido!
-Y un poco viejo. -¡ lros!
¡Bueno, vale, vale!
¡Joder!
-¡Joder! -Perdón.
Ven acá.
¡Ahí!
-Vete, Katia. -¿Y tú? ¿Qué vas a hacer?
Voy a acabar con ellos. Y me voy a apuntar a la autoescuela.
-Vete. -Sí.
Estoy preparado.
Perdona, son míos.
-Me los quedo todo. -Muchas gracias.
-¿Todos a la vez? -Sí.
Pues todos a la vez.
¡Tanto kárate y tanta polla!
¡"Pringao"!
¡Martín!
-¿Dónde esta Adolfo? -No lo sé.
Los he perdido, corren mucho.
Nunca he podido con mi hermana. ¡Joder, me gana en todo!
Espero que hayan ido a la estación.
Ah, sí, el punto de encuentro.
Bueno, bueno, bueno...
Nos ha costado lo nuestro, pero al final lo hemos conseguido.
Estoy muy orgulloso de vosotros, muchachos.
Y ahora, por fin,
la venganza que llevo treinta años planeando.
-¿Quién coño es esta gente? -Soy el malvado Vázquez
y éstos dos son mis secuaces.
Me duele un poco que no sepáis con quién estáis hablando, la verdad.
Yo sí sé quién eres, Vázquez, y sé las cosas que has hecho.
Y sé que ahora quieres hacerme daño y luego probablemente matarme para...
putear a mi padre, tu archienemigo, pero creo que no le va a importar.
porque siempre hemos tenido una relación distante, no ha habido mucho cariño.
Cuando no estaba haciendo de agente secreto, se dedicaba a los fuets.
A mí no me hacía mucho caso. A lo que sí le tiene mucho aprecio es al perro,
a Sapristi. Es un perro muy tonto, pero ya lo han matado,
Que si os queréis ir a vuestra casa, tranquilos, nosotros nos adaptamos fácil.
Y tú eres el hijo de Anacleto. Esperaba, no sé,
algo más... de aguante, de valentía...
Qué va. Ha sido un poco patético, Adolfo.
Casi me da rabia haber planeado todo esto para... alguien tan cobarde.
Pero si no es por cobardía, es por ayudar.
-¿Dónde está Anacleto? -No lo sé.
¿De verdad me vas obligar a coger unas tenazas y arrancarte la lengua
-hoy que vengo de blanco? -No, Adolfo, aguanta. No se lo digas.
Es fácil decirlo desde ahí, no es a ti a quien van a torturar.
¿De verdad vas a vender a tu padre a la primera de cambio?
Hombre, a la primera no, pero admitámoslo, si me tortura es muy probable que cante.
Estoy valorando si me salto el sufrimiento extremo.
-A nosotros nos ahorra trabajo. -De verdad, es que es la leche.
Todo lo te cuesta un poco, ya no lo hace; todo lo que le suponga
tener que apechugar con algo o enfrentarse...
Nos estamos yendo del tema.
Una cosa es que me hayas dejado porque no tengo carnet de conducir,
-pero aguantar una tortura... -¡Qué no es el carnet,
Adolfo, que es todo!
-¿Sabes dónde está el padre de tu novio? -Ex novia, me dejó ayer.
-No te hagas la víctima ahora. -Sí, este señor me va a torturar.
Aprovechas la tortura para escaquearte.
-¡ No me escaqueo, que estoy atado! -Que bién te viene, ¿eh?
¡Basta!
-¡Mi ojo! -¿Qué ha pasado? ¿Qué ha hecho?
¿Qué tengo en el ojo, joder? ¡Adolfo, quítamelo!
-¡Hostias! -¡Quítamelo!
Joder, qué exagerada es.
-¡ La has dejado tuerta! -¿Tuerta?
¡ Dios mío!
Bien, y ahora que tengo tu atención, dos cosas:
una, no voy regalando abrazos por la calle, ¿verdad?
Por eso no me llaman el encantador Vázquez,
me llaman el malvado Vázquez,
porque soy un auténtico cabrón hijo de puta.
-Claro, tiene sentido. -Y dos,
creo que ya ha quedado claro que quiero saber dónde está tu padre.
Así que, o me lo dices o le saco el otro ojo.
Sí, está en el punto de encuentro: estación del Norte. A las 2 hemos quedado.
Muy bien, porque tengo una sorpresita para todos vosotros.
Por supuesto el punto de encuentro es la estación.
Mantenemos un perfil bajo, nos confundimos entre la gente,
los controles de seguridad son menos estrictos
y accedemos a toda la red viaria europea. Brillante.
Sí, claro. Vamos por aquí.
La mítica taquilla donde guarda armas, pasaportes
y divisas de todos los países.
En realidad es una muda.
¿Una muda?
¿Una muda? ¿Hemos venido hasta aquí para que te cambies de ropa?
Hemos venido aquí siguiendo el protocolo de emergencia,
pero, de paso, me cambio, que para eso tengo una muda.
¿En serio? ¿Hay una para mí?
La verdad es que hacía tiempo que no me probaba una prenda tan suave.
Cuanto más estiras, menos planchas.
Un euro. Dame un euro, por favor. Que sólo es un eurillo.
Gimeno, tranquilo, hombre. Viene con nosotros.
¡Anacleto!
No coincidíamos desde aquella misión en El Cairo.
-¿Cómo estás? -Bien.
Qué buena caracterización, nunca hubiera dicho que fuera un agente.
Sí, bueno, son muchos años perfeccionando el personaje.
En realidad, a día de hoy, casi gano más pidiendo que con el sueldo del GP.
¡Jefe! Le daba por muerto.
-Por los pelos. -Ha sido una masacre, Jefe.
-¿Y éste? -Es un amigo de mi hijo.
Habíamos quedado también aquí, pero no ha aparecido.
Tranquilo, tu hijo está bien. Lo tengo en un lugar seguro.
Gimeno, tenemos que hacer una averiguación.
-No es posible que haya ocurrido... -¡Quieto!
-De aquí no se mueve nadie. -¡Anacleto, suelta la pistola!
Has estado "compinchado" con Vázquez desde el principio.
Por eso conocían la ruta del convoy,
por eso descubrieron la masía, la casa de Katia y el trabajo de mi hijo.
Claro, es el típico traidor. Lo vengo diciendo yo desde hace rato.
Gimeno, fue Anacleto. Él liberó a Vázquez.
Si no, ¿cómo te explicas que saliera con vida del desierto?
Llevamos toda la vida siendo pareja de mus, Jefe.
Y ha puesto la misma cara que cuando envida a grande con medias de pitos.
-Está mintiendo. -¿Por qué iba a hacer una cosa así?
Tú has visto lo que ha ocurrido, ha acabado con el GP.
-Porque Vázquez es impredecible. -¡He perdido a todos mis agentes!
Se le ha ido de las manos, Jefe.
Anacleto, no seas inconsciente, somos dos contra uno.
-No tienes ninguna posibilidad. -Le voy a proponer un trato.
Usted me dice todo lo que sabe de Vázquez y yo voy a matarle.
Pero, ¿qué clase de trato es ése?
Uno justo.
¡Coño!
-¡Joder! -Anacleto, ¿cómo sabías que no iba a...?
No sabía si ibas a apretar el gatillo, pero sabia que no ibas a disparar.
¿Cómo? Joder, el abrazo.
-¡Qué hijo de...! -¿Por qué, Jefe?
-Después de todos estos años... -Sólo quería salvar el GP.
Querían jubilarnos a todos. El mundo nos ha sobrepasado.
nos hemos quedado obsoletos.
Necesitábamos una amenaza que sólo pudiéramos resolver nosotros.
Con Vázquez en la calle, el GP volvería a ser imprescindible.
Y pensaba que se podía fiar del malo. Como plan es un poco una mierda.
-¡ Una mierda para ti, hombre! -Oiga, que yo vengo aquí a aportar.
¿Dónde está Vázquez?
-¿Dónde tiene a mi hijo? -No sé.
No lo sé, Anacleto. Te juro que si lo supiera te lo diría.
Está diciendo la verdad.
Gimeno, llévatelo.
No te preocupes, me encargaré de él.
La he cagado, Anacleto.
¡ Eso es cosa de Vázquez, acaba con él! ¡Como en los viejos tiempos!
Ya nada es como en los viejos tiempos.
¡Pero bueno!
¡Una Beretta! Como la de Bruce Willis en "La jungla de cristal".
"¡Yipi-ka-yey, hijo de puta!"
-¡Aléjense! -¡Adolfo!
-¡Váyanse, que exploto! -¡Adolfo!
¡Papá, que me han puesto una bomba!
-Quieto, quieto, quieto. -Vale, quieto.
-¡Quieta! -Sí, sí.
Perdone, ¿es usted Anacleto, agente secreto?
Sí.
Esto es para usted.
-Vázquez. -¡Premio!
-¿Qué le has hecho a mi hijo? -¿Yo? Nada de nada.
Vas a ser tú. Sí, eso es una bomba.
De plutonio líquido y goma 2 para ser exactos.
¡Qué hijo de puta malnacido!
Si intentas separarlos, explota, Si intentas desactivarla, explota.
Si intentas soltar los cierres del chaleco, explota.
Y si pasa una hora, explota.
Sólo hay una forma de evitar que arrase con todo en un radio de 500 metros.
-Matando a Adolfo. -Exacto.
El mecanismo está sincronizado con su corazón,
de modo que si éste deja de latir, la bomba se desactiva.
Un souvenir que me traje de mi última visita al GP.
Tranquilos, todo va a salir bien.
Créeme que me encantaría quedarme para ver si aprietas el gatillo.
Lamentablemente estoy a punto de llegar al aeropuerto. Tu decides:
puedes venir a por mí o pasar sus últimos minutos con tu hijo.
En cualquier caso, tenme siempre presente.
Vázquez...
¡Vázquez!
Lo siento, se me ha ido de las manos a mí esto.
Por mi culpa te has quedado tuerta. Te van a poner un parche.
Los niños te van a llamar pirata, te van a quitar el carnet de conducir.
Adolfo, cállate, por favor. Todo eso ya da igual.
Vamos a estallar.
Lo siento, es imposible. Nunca había visto nada igual.
-La única manera de que no explote... -Ya sé la manera.
-¿Estas paredes aguantarán la explosión? -Hemos evacuado la zona,
-no hay nadie en los alrededores. -Bueno, todo el mundo fuera.
-¿Pero adónde vais? -¡Pero que es mi hermana!
¡ Es mi mejor amigo! ¡Yo debería estar ahí!
Oiga, que no se pueden rendir.
Papá, no la saques. Guárdala para luego.
Me vas a disparar, ¿no?
Pues puede que sea lo mejor, así al menos se salva Katia.
Podrás coger tu avión a la lndia. ¡Si es que manda huevos!
Que tengo treinta años, no me ha dado tiempo a hacer nada.
Claro, todo el día en el sofá... Es que no he viajado, no he hecho locuras.
-¿Ahora lo piensas? -Viajar está sobrevalorado.
Pues, para no gustarte, en casa no has estado.
Toda la vida por ahí, salvando al mundo. Y a mí
ni puto caso. Ya que me voy a morir, te lo suelto y me quedo tranquilo:
los agentes secretos no tienen hijos. James Bond no tiene hijos,
Jason Bourne tampoco los tiene. Por algo será. ¿A que no pensaste eso?
-La verdad es que no. -Pues haberlo pensado.
Sucedió así, sin más. Antes no planeábamos nada de nada.
Y, de repente, ahí estabas tú, cogiéndome la pajarita con tus dedos.
Supertierno, papá. ¿Pero sabes lo que me ha pasado los últimos dos días?
Me han zurrado, me han disparado,
le han sacado un ojo a mi novia y le van a quitar el carnet de conducir.
Y ahora, para terminar, tengo una bomba conectada a mi corazón.
¡La hostia, vamos! Así que perdona que no me emocione.
A lo mejor los agentes secretos, como sois supervalientes y eso,
no tenéis miedo.
Ahora mismo estoy que me cago.
Pues claro que conozco lo que es el miedo, lo sé de sobra.
He sido agente toda mi vida y he hecho cosas que asustarían a cualquiera.
-¿Y sabes qué? -¿Qué?
¿Sabes cuál fue el día que más miedo pasé?
A ver...
Pues no fue el día que me dispararon en el estómago ni cuando se murió tu madre.
Fue cuando te comiste aquellos cacahuetes.
Me acuerdo como si fuera ayer.
Ya habías cumplido cuatro años y tenias los dientes separados.
De repente te hinchaste como un globo, no podías respirar.
Yo no sabía que eras alérgico.
Ese miedo,
el miedo que pasé cuando creí que no llegarías vivo al hospital, fue el peor...
hasta hoy.
Joder, eso ha sido muy bonito.
-¿Qué pasa? -¡Hombre! ¿Te vas ya?
No digo que te inmoles aquí conmigo, pero, joder, quédate un poco más, ¿no?
Vuelvo enseguida. Tranquilos.
-Pero, ¿adónde va? -¡Ayuda!
¡ Necesito ayuda!
Pero, ¿qué coño hacías? ¡Que faltan cuatro minutos!
Toma, tenemos que provocarte una parada cardíaca para que la bomba se desactive.
Tómate los cacahuetes y la reacción alérgica hará el resto.
Cuando te quiten la bomba, te inyecto el antihistamínico y listo.
-Tiene sentido, ¿no, Katia? -Sí, sí, tiene.
No, no lo sé. No es mi especialidad.
A ver, se os olvida una cosa. La parte de que mi corazón se para y me muero.
Puedo reanimarte con un masaje cardíaco.
Papá, no sabes. Katia, tú eres médico. ¿No se necesita un desfibrilador,
-maquinaría pesada? -Sí... No lo sé. ¿Tenemos otra opción?
Tendrás que confiar en mí.
¡A tomar por culo!
Papá, si me muero... Si me... Si me...
Tranquilo.
-¿Qué? -¡Joder!
¿Qué pasa?!
A lo mejor no ha sido buena idea comerte toda la bolsa, hijo.
Hombre, es tarde, tarde.
¿Tú crees que es momento de putearme ahora o qué?
-Perdona. -Joder.
¡Hostias! ¡ Hostia, no dejes que me entierren con este "jeto"!
-No te vas a morir, no te preocupes. -A mí me da igual.
Que me incineren. Es mi última voluntad.
Adolfo.
-Ya está, se ha parado. -¿Ya está?
Katia, vete.
No, no me voy, no me voy. Me quedo, puedo ayudar.
Ahora viene lo mas difícil.
Boca.
Vamos, hijo. Venga, no me hagas esto.
¡ Boca!
¡ Respira, joder!
¡Vamos, vamos!
¡Respira!
-Adolfo. -¡Vamos!
¡ Papá, joder, que ya está!
Adolfo, hijo...
¡ Hostia! Que creo que me has roto una costilla.
Al final no te vas a librar de la autoescuela.
¿Pero otra vez empiezas con los reproches? Que ha estado a punto de morir.
¿Qué clase de zorra insensible se comporta así?
Esto no se ha terminado, Vázquez sigue suelto.
Ya. Será malvado, pero no se entiende lo que hace.
Organiza todo esto, ¿y qué? ¿No se queda a ver cómo acaba?
¿Y qué querías que hiciera? ¿Que se quedara aquí a verlo con nosotros?
Aún está en el edificio, voy a por él.
Espera, espera. ¿Adónde vas?
No puedo dejarle solo.
Está herido, está mayor.
Es mi padre, me necesita.
Ten mucho cuidado, por favor.
¿Y a mí qué? ¿A mí no me vas a dar ni un abrazo?
-¡Joder, papá, que soy yo! -Joder. ¿Qué haces aquí?
Pues nada, que he pensado: "Oye, baja al parking y róbate un coche".
¿Qué voy hacer? Estás herido, he venido a ayudarte.
¡Joder!
Estoy preparado.
Pues vamos.
Estoy preparado.
No le des más vueltas.
Ahí donde lo ves, ese poca cosa era un hijo de puta.
¡Cuidado!
El carnicero ha vuelto.
-Vale, ¿y ahora qué hacemos? -No lo sé.
Hombre, pues si no nos quitamos, aquí el carnicero nos fríe.
Necesitamos un coche para salir.
Ahí están las llaves.
No.
¿Se te ocurre algo mejor?
No, que ya voy yo.
No quiero que te pasen más cosas por mi culpa. Cúbreme.
-Sube. -Papá, tú así no puedes conducir.
Pues ya me contarás, porque tú no sabes.
-Déjame a mí. -No, no, no... No.
¡Que no!
Y ahora enséñame.
Pisa el pedal izquierdo, mete la primera y levanta el pie despacio. Vamos.
-Y ahora, de repente, no lo veo claro. -Has hecho cosas increíbles, Adolfo:
Te has peleado, has disparado, te has tirado de un edificio,
has sobrevivido a una bomba, me has aguantado toda la vida...
Estás preparado para esto, puedes. Venga, pisa el embrague y mete la primera.
Pero, ¿adónde vas? ¡ Es hacia el otro lado!
¡Hostia! ¿Qué hago?
¡Marcha atrás, pisa a fondo! ¡Vamos a por él!
Para ser la primera clase, no está nada mal.
El próximo día te enseño a aparcar en batería.
¡Coño!
Vázquez. ¡Sal!
Esto tiene mala pinta, ¿no?
Bueno... Pero no te preocupes, te vas a poner bien, ¿de acuerdo?
Ahora que sé quién eres, quiero contarles a todos que mi padre es un agente secreto.
Entonces, dejaría de ser secreto.
Vale, pues se no lo digo.
Perdona...
por todas las mentiras.
-Da igual, papá, no importa. -Sí importa.
Sólo quería protegerte de todo esto.
Por eso me inventé que eras charcutero.
Bueno, a mí los embutidos siempre me han gustado.
La secallona especialmente.
A tu madre le salían mejor.
Pues lo de mamá me habría gustado saberlo antes también.
Cuando murió, no supe llevarlo bien.
Por eso, cuando me metía contigo
o te insultaba... o me reía de ti,
era para hacerte más fuerte.
Pues yo no lo pillaba.
Y mírate ahora.
Ahora no quiero morirme, coño.
Joder, papá, que...
Estoy muy orgullos de ti.
Lo siento...
si alguna vez te he fallado.
Anacleto nunca falla.
Muere, hijo de puta.
El truco del reguero de sangre.
-A tu padre le hubiera dado vergüenza. -No te atrevas a hablar de mi padre.
¡ No te atrevas tú a hablar de tu padre!
Todos los hijos al final sois una decepción,
por eso yo no he tenido ninguno.
Ni los tendrás.
¡ Hijo de pu... !
Adiós, Vázquez.
"Ya no estás entre nosotros, querido amigo,
pero siempre nos quedará el recuerdo de aquellas pequeñas cosas
que te gustaba hacer:
ir a la estación, ponerte camisas limpias,
el mus, echarnos drogas en el zumo..."
Pero, Martín, que lo conocías de un día.
Bueno, vale, pero a mí nunca me engañó.
Conmigo siempre fue de cara.
Papá, descansa por fin aquí.
En secreto, tal como viviste.
¡Joder, qué grande!
Katia, tenemos que hablar.
Cuando quieras.
-Ahora mismo, en el coche. -Claro.
¿Me puedes llevar?
A mí todo esto me ha abierto los ojos y veo claro que tengo que dar el paso.
¿Sabes lo que he hecho esta mañana? Vas a flipar.
Me he apuntado en la autoescuela. ¿Qué te parece?
Ah, y me voy contigo a la lndia. Bueno, a la lndia o donde quieras.
Es que me da igual. ¿Que quieres viajar? Viajamos.
¿Que quieres que nos tiremos en paracaídas? Nos tiramos.
¡Vamos a vivir aventuras, a lo grande! ¡Es que soy un hombre nuevo!
-Estoy que no me reconozco. -Adolfo, perdóname, pero...
me he dado cuenta de que estaba totalmente equivocada.
-¿En que? -Pues en todo.
Entiéndelo, tantas peleas...
Me han secuestrado, me han atado a una bomba, me han jodido el ojo...
Y, bueno,
todavía estoy intentando asimilar lo de mi madre, la chivata.
En fin, no sé, me he dado cuenta de que no... voy bien por aquí.
Yo, lo que necesito es
paz, tranquilidad y reposo.
Vale. ¿Entonces a la lndia ya no vamos? Como te hacia tanta ilusión...
Ya, no. Y me sabe fatal.
Pero he tenido que aplazarlo, necesito quedarme un tiempo en casa.
Vale. ¿Y nosotros?
Nosotros, nada, Adolfo.
Yo ahora mismo necesito un novio normal, sin sobresaltos.
Poder cenar tranquilamente los sábados en el sofá,
con la manta y el DVD, y...
Y veo que contigo eso ya no va a ser posible.
Lo siento.
Espero que ahora por fin te convenzas de que es una zorra.
Bueno, ¿y ahora qué hacemos?
El objetivo está a cien metros.
Calculo 1 5 hombres armados protegiendo al emir.
Mantén tu posición, el helicóptero llegara en 20 minutos.
Que empiece la fiesta.
Repito, mantén tu posición. Los refuerzos llegara en 20 minutos.
Confirma recepción del mensaje.
Confírmame respuesta, por favor. ¿Me oyes tú a mí?
¿Me oyes?
No... No estoy recibiendo confirmación de la respuesta.
-¿Nombre en clave? -Anacleto.
¿Anacleto?
Os propongo un trato.
ANACLETO, AGENTE SECRETO
Chicos, creo que no me esta oyendo.
No está recibiendo mis indicaciones.
Por favor, dejad lo que estéis haciendo y venid a arreglar esto.
¡ No hay red, no hay señal! La red esta saturada.
¿Podéis parar de descargaros mierda, por favor?
Lo hacéis en casa. ¿No tenéis wifi en casa?
La vida de un héroe esta en juego.
¡Está en el puto Oriente Medio! ¡ Puede morir!
¡ Hay chacales!
Amigo, amigo...
Traducción: Lindsay Moxham
Subtítulos: LASERFlLM
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.