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¿Quién es la bruja lista?
Más lista que tú, prima, que trabajas como una esclava en la cocina.
Serena, hacer las tareas domésticas es uno de los gustos de la vida mortal.
Significa que estás haciendo algo por quienes amas.
Pero no desarrollaste los bíceps al hacerlo.
¿Por qué mejor no vamos donde el Maharajá de Jodhpur?
Está organizando una carrera de elefantes.
Gracias por pensar en mí, pero tengo un día que ni te imaginas.
Llevar a Adam al pediatra, comprar zapatos para Tabitha,
buscar un vestido para la cena con los Tate...
Cortar leña y recoger algodón.
Eso lo voy a hacer mañana.
¿Hola? Hola, Sra. Corby.
Sra. Stephens, me sorprende encontrarla en casa.
Debía haber llegado aquí hace 10 minutos para relevarme.
Pero debe haber un error. Pensé que era mañana a las 11:00.
No. La tengo anotada para hoy, y cuento con usted.
Sí, Sra. Corby, pero...
Puedo suplirla por un rato. ¿Cuánto tardará en llegar aquí?
Alrededor de 20 minutos. Perdóneme, llegaré lo antes posible.
Serena, ¿alguna vez te pedí que me hicieras un favor?
Sí. Muchas veces me has pedido que me desaparezca.
Serena, esto es para una causa noble.
Es para mandar a niños pobres a un campamento de verano.
Sí, pero...
Sólo debes tomar mi puesto en la recepción
del Hotel Huntington, vendiendo boletos para la rifa.
Es muy sencillo. Hasta tú puedes hacerlo.
Presiento que no me estás halagando.
Pensándolo bien, olvídalo.
¡Darrin se enojaría mucho!
¡Lo haré!
Sólo un detalle.
¿Podrías alargar esa falda un poquito?
¡Aguafiestas!
Así está mejor.
ELIZABETH MONTGOMERY EN
Hechizada
Mientras la esperaba, Sra. Stephens, vendí $14 dólares más en boletos.
Ojalá yo pueda hacerlo tan bien como usted.
Ahora sí demuestras tener sentido común.
Larry, sabes tan bien como yo
que tu compañía siempre ha hecho un gran trabajo para las Sopas Dinsdale,
pero ahora hay que apuntar a la nueva generación.
¿Cuándo voy a conocer al joven genio que va a darnos la clave?
Esta noche en mi casa, junto con otros de mis colaboradores.
-¡Qué tal! - Hola.
¿Le interesaría mandar a un niño de campamento y hacer feliz a una chica?
Sí.
Te veo en la noche.
-¿Y usted, señor? -¿Cómo?
¿Para qué soy bueno?
- Para mandar a un niño de campamento. - Perdón.
Todas mis contribuciones a la caridad
las hago a través de la Fundación George Dinsdale.
¿Quién es George Dinsdale?
Qué graciosa. Yo.
Pero si aceptas tomar una copa conmigo, revisaré mi bolsillo.
¿Qué dices?
Depende. ¿Cuánto hay en tu bolsillo?
Bien, veamos.
Dos de cinco, tres monedas y una pastilla para la garganta.
Tomaré la pastilla. Me dio ronquera.
Tenía el presentimiento de que eras una chica especial.
No tienes idea.
-¿Sabes qué voy a hacer por ti? -¿Qué?
Voy a comprar todos tus boletos.
Genial.
El primer encuentro siempre me da una emoción muy especial.
Es como ir a cazar presas grandes.
-¡No me digas que también eres cazador! - No.
Limito mis safaris a las selvas de Nueva York, París y Londres.
Pero debo decir que tú eres la presa más excitante que jamás haya cazado.
Cuidado. Quizá tú seas el pollo y yo, el halcón.
Tienes unas manos hermosas.
Gracias.
Y la línea de la vida más larga que haya visto.
Así es en mi familia.
Veo algo más.
Veo el almuerzo de mañana en esta mesa.
Concéntrate más y verás la cena de hoy en tu casa.
Tengo una cena de negocios, desafortunadamente.
Si tienes que ir, tienes que ir.
¿Considerarías venir conmigo?
Si crees que me interesa ese tipo de veladas, me decepcionas.
Tienes razón. Me precipité.
- El almuerzo, mañana. ¿Dónde te busco? - Aquí mismo.
- Ciao. - Ciao.
- Me da gusto que pudieran venir. - Gracias.
Aquí tienes, George.
Muy frío, muy seco, con una rodaja de lima en vez de limón.
- Alguna vez lo voy a probar así. - Gracias, Larry.
-¿Dónde está tu chico maravilla? - Está por llegar.
- Hola, querida. - Hola. Perdón por llegar tarde.
- Permíteme tu abrigo. - Qué lindo.
Genial. Adelante, los están esperando.
Aquí está, George. El atrasado Darrin Stephens.
Mucho gusto, Sr. Dinsdale.
- Y la guapa Sra. Stephens. - Mucho gusto.
Hola.
Dos martinis bien fríos en camino.
Espero con ansia nuestra reunión de mañana, Sr. Dinsdale.
Estoy muy entusiasmado con las ideas que he preparado para las Sopas Dinsdale.
- Creo que le va a gustar lo que tengo. - Ya me gusta.
¿Cómo?
Digo que aprecio tu entusiasmo, Stephens.
Darrin, seguro conoces el camino al bar mejor que yo.
-¿Podrías...? - Claro.
Me gusta agitado lentamente, por lo menos 50 giros en la coctelera.
Tenemos el mismo gusto en martinis. Con permiso.
- Y también en mujeres hermosas. - Vaya, muchas gracias.
¿Por qué 50 giros en la coctelera?
Nos da más tiempo.
-¿Para qué? -¡Para qué!
Y creías que esta fiesta sería aburrida.
-¿En serio? - Yo también.
¿Cómo me iba a imaginar esto?
-¿Qué cosa? - Pues, ¿qué crees?
Tú y yo.
La diosa fortuna está de nuestro lado.
Es el destino. Los dioses lo han decretado.
-¿Sabes a qué me refiero? - Sí.
Sí, sé lo que quiere decir,
y le sugiero que lo olvide completamente.
Claro, ¿hasta mañana?
Sr. Dinsdale, usted está partiendo de un mala apreciación.
¿Le puedo dar una sugerencia, considerada detenidamente?
Claro.
¡Párele!
¡Me encanta!
Esas chispas que salen de tus ojos.
Me impresionas más ahora que esta tarde.
Creo que deberíamos volver con los demás antes de que...
-¿Esta tarde? - Por supuesto.
¿De qué te preocupas? Nadie nos escucha.
¿En el Hotel Huntington?
Ese nombre quedara grabado en mi memoria para siempre.
Ay, Sr. Dinsdale, me temo que le debo una disculpa.
-¿De qué? Me encantó. - Claro que no.
Quiero decir que no me conoció a mí.
Me conoció, pero no era yo la que conoció.
Sigue hablando. Hermosa. Te ves tan...
Escúcheme. Mi prima Serena estaba en mi lugar
en el hotel esta tarde para vender esos boletos.
Somos muy parecidas, y a veces...
Cielos, es muy complicado explicarlo en este momento.
Está bien. Ya entendí. Los juegos que la gente juega.
Serena, cuando llegues al restaurante mañana,
pregunta por el 007.
- Escúcheme, ¡no soy Serena! - Sí, claro, te entiendo.
Y le voy a agradecer que no le diga nada de esto a Darrin.
¿Bromeas? Es el último que debe enterarse.
Sólo acude a nuestra cita para el almuerzo.
Su cita es con Serena.
Serena, Samantha. "Una rosa con cualquier otro nombre..."
Sólo dile a tu prima que esté ahí.
Definitivamente lo haré.
¿Serena? ¡Serena!
¿Serena?
Vaya, eres muy inoportuna.
¿Qué puedo hacer por ti, primita?
- Para principiar, deja de ser yo. -¿De qué hablas?
No te hagas la inocente conmigo.
La inocencia no entra en mi estilo.
Hablo de un tal George Dinsdale.
Ah, él.
Sí, él. Resulta que es un cliente de McMann Tate,
y trató de endulzarme el oído hoy en la cena.
Vaya, es una situación comprometedora.
Gracioso.
No para mí. Entiendo que lo vas a ver mañana para almorzar,
y quiero que se lo aclares.
No sé por qué estás tan agobiada.
Es algo muy inocente.
Es muy apuesto y resulta que yo lo provoco.
¡Desprovócalo!
¡Está bien! No alborotes tu escoba.
¿Qué tal?
Hola.
Discúlpame, soy malo para los nombres.
La contraseña es: "Mandar a un niño de campamento."
¡Samantha! Esa peluca es buenísima.
No te reconocí. Siéntate.
Empezaba a creer que habías desertado.
Me tomé la libertad de hacer el pedido.
George, debo decirte algo.
- Me encanta la peluca. - Eso es lo que debo decirte.
No es una peluca. La de ayer sí era peluca.
No importa. No desperdiciemos el tiempo con trivialidades.
Samantha, quiero saber todo de ti.
Lo primero que debes saber es que no soy Samantha.
Soy su prima, Serena.
Por supuesto. Muy inteligente.
Eres Samantha en los suburbios y Serena en la ciudad.
- Eres una diablilla. Muy precavida, pero... - No.
No. Samantha tenía un día complicado,
por lo que tomé su puesto para vender los boletos.
Como te digo, yo soy Serena.
Está bien. Eres Serena.
Mientras eso haya quedado muy claro.
Muy claro. Ahora debo saber algo antes de que vayamos más lejos.
¿Qué?
-¿Qué hay con Darrin? -¿Qué hay con él?
Ya sabes. ¿Qué piensas de él?
- Que está bien. -¿Qué quieres decir?
Está bien para visitarlo, pero no querría vivir con él.
Justo lo que sospechaba.
Me encantaría quedarme a jugar, pero debo partir.
- Si me disculpas. - Espera. ¿Y el almuerzo?
Además, aún no hablamos sobre mí.
Claro que sí. De hecho, ya terminamos.
Samantha, quédate aunque sea para una copa más.
¿Mesero?
Otra igual para mí y para la señorita.
-¿La señorita? - Sí...
Si le puedo sugerir, señor, debería comer algo.
Larry, me alegra que pasaras. Quería mostrarte esto.
Es una nueva etiqueta para Dinsdale.
- Olvídalo. Acaba de llamar. -¿Y?
- No te quiere en la cuenta. -¿Qué?
Y por como se le oía,
creo que piensa cancelar la cuenta entera.
Pero ¿por qué?
Eso mismo me he estado preguntando.
-¿Qué le dijiste anoche? - Nada.
Sólo le dije que me entusiasmaba trabajar con él
y que tenía confianza que le gustarían mis ideas.
-¿Qué más? - No sé. Le preparé un martini.
-¿Usaste ginebra? - Claro.
-¿Enfriaste la copa? - Sí.
¿Le pusiste una rodaja de lima?
- No. - Pues eso es. No le gustó el martini.
- Larry, eso no tiene sentido. - Lo sé, pero estoy desesperado.
- Sr. Dinsdale. - Eres una chica mala.
¿Lo soy?
No pensé que fueras de pies ligeros.
No lo soy. Los tengo bien plantados.
-¿Puedo pasar? - Por supuesto.
Serena sí acudió al almuerzo, ¿verdad?
Por supuesto.
¿Y aclaró el malentendido?
Mira, me fatiga jugar estos juegos.
A mí también, sobre todo sin un árbitro.
¡Por favor!
Sr. Dinsdale, ¿qué pasó en el almuerzo?
Samantha, ¡deja de seguir con la farsa!
Sé qué es lo que te preocupa.
-¿En serio? - Por supuesto.
Y francamente, estoy de acuerdo.
Es porque tu esposo todavía tiene negocios conmigo,
y mi regla es nunca tener negocios con un hombre mientras veo a su esposa.
Me coloca en una desventaja psicológica, si entiendes a qué me refiero.
Sí, sé a qué se refiere.
¿No le repartieron algo de integridad?
Samantha, seamos adultos.
Ya solucioné nuestro problema. Despedí a Darrin de la cuenta.
¿Qué?
Y ahora que liberé el camino a nuestra felicidad,
¿qué tal un poco de gratitud?
Sr. Dinsdale, dentro de dos segundos
va a sentir todo el peso de mi gratitud.
¿Quiere soltarme y escuchar?
¡Está bien!
Bien.
Voy a intentar una vez más de aclarar todo.
Yo soy Samantha.
Tú eres Samantha.
Yo no lo conocí en el hotel ayer.
No me conociste en el hotel ayer.
-Ésa era mi prima Serena. -Ésa era tu prima Serena.
¿Puede dejar de hacer como loro?
Tienes razón. Dejemos de hablar.
Muy bien, usted se lo buscó.
Hola, Sam.
Hola, Larry, Darrin.
-¿Está Dinsdale? -¿Por qué estaría aquí?
No fue a la junta,
y Betty nos dijo que pidió tu dirección.
¿De dónde salió ese loro?
Es de un vecino. Estoy cuidándoselo.
Hola, Darrin.
¿No es lindo? Le enseñé a decir eso.
Vaya. Eso suele tardar meses.
Es muy buen alumno.
Quizá debamos ir al hotel de Dinsdale de nuevo.
Yo soy Dinsdale. Yo soy Dinsdale.
-¿Le enseñaste eso también? - Sí.
Pensé que si Dinsdale venía alguna vez...
No te entiendo.
Si Dinsdale venía alguna vez, ¿ibas a pedir que te prestaran el loro?
Tú lo dijiste, no yo.
Si puede decir el nombre de Dinsdale,
deberíamos comprar el loro, llevarlo al hotel,
ir a su habitación ¡y echárselo encima!
Mejor me voy a mi casa. Avísame si sabes algo de Dinsdale.
Yo soy Dinsdale. Yo soy Dinsdale.
Cállate y cómete tus galletas.
Nos vemos, Sam.
Adiós, Larry.
- Hola. - Hola.
- Adiós. - Adiós.
"Hace 87 años, nuestros padres..."
¡Fantástico!
Nunca escuché de algún loro que pudiera aprender tan rápido.
Así es. Hay una explicación para eso.
¿Sí?
Sí, no es un loro.
Pudiste engañarme. ¿Qué es?
Es un George Dinsdale.
¿Convertiste a nuestro cliente en un loro?
Tuve que hacerlo.
Él conoció a Serena ayer en el hotel cuando ella me remplazaba.
Luego, cuando me conoció, creyó que yo era Serena.
¿Convertiste a nuestro cliente en un loro?
Darrin, me estaba acosando. Tuve que hacerlo.
Claro. Tuviste que hacerlo.
- Pobre tipo. -¿Por qué no pobre yo?
Y pobre tú. ¡Ese pájaro te despidió!
Eso no justifica hacer algo así.
¿Qué tal si Larry lo hubiera descubierto?
Quizá hubiera intentado que el loro firmara el contrato.
Muy graciosa.
¿Ahora lo puedes cambiar?
Darrin, no va a servir de nada
hasta que podamos convencerlo que hay dos como yo.
Llévalo a la cocina mientras yo busco a Serena.
Está bien.
Parece que no le agrado.
No es un concurso de popularidad. Sólo sácalo de aquí.
¿Serena?
-¿Encontraste a Serena? - Sí, se está preparando.
¿Puedes darme un vaso con agua?
-¿No puedes esperar a cambiarlo? - No es para mí.
Darrin, no te sorprendas de lo que yo vaya a decir o hacer.
Estás bromeando.
Tome un poco más y se sentirá mejor.
¿Qué pasó?
Dile lo que pasó.
Se sintió mareado y pidió un poco de agua.
Sí, un poco de agua.
Tengo una laguna en la memoria. Yo...
¿Qué hago aquí?
Parece que no recuerda que quería cambiar la junta.
No se acuerda.
Usted quiso que nos viéramos aquí en vez de la oficina.
¿En serio?
Y me alegra haber aclarado ese asunto
sobre mi prima Serena y yo.
Eso sí lo recuerdo.
De hecho, ella está aquí.
Venga.
¡Hola, Georgie Porgie!
¡No lo puedo creer! Realmente son dos.
Pensé que nunca le escucharía decir eso.
Le debo una sincera disculpa.
- Todo está bien. - No lo está, Sra. Stephens.
¿Qué puedo hacer para remediar mi comportamiento grotesco?
Podría empezar por disculparse con Darrin.
Stephens, ¿qué puedo decir?
Lo que me gustaría escucharle decir es
que va a leer el material que le preparé.
No es necesario. Bajo estas circunstancias, ¡me encanta!
Y hablando de eso,
¿qué vas a hacer en el futuro inmediato?
Voy a cenar contigo,
y después, disfrutaré de una velada de baile,
juerga y etcétera.
-¿A qué hora paso a buscarte? -¿Para qué esperar?
¿Qué hay de malo en empezar la velada en la tarde?
Señorita, me encanta su estilo.
De nuevo, les pido disculpas.
Saludos, primita, Dumbo.
- Ay. - Ay.
-¿Puedo pasar? - Sí, claro.
Esto es para reforzar la disculpa.
Muchas gracias, pero no era necesario.
- Gusto en verte, George. - Hola, Darrin.
Te ofrecería una copa, pero apuesto que no la aceptarías.
Serías buen corredor de apuestas.
Me preguntaba si sabrán cómo contactar a Serena.
Le debo una disculpa.
¿Algo salió mal la otra noche?
Debo haber tomado demasiado.
¿Qué pasó?
Serena y yo bailábamos,
y la música era muy suave.
Un poco en estilo prehistórico.
Y yo le cantaba a Serena al oído...
Llévame a la luna
Y lo siguiente que recuerdo es que ¡iba en camino!
¿Adónde?
-¡A la luna! - Ya.
Cielos, debe haber sido toda una pesadilla.
Pero como les digo...
No recuerdo que estuviera dormido.
Debo haberme desvanecido.
Cuando desperté, estaba en mi habitación en el hotel.
Imagina eso.
Sí, tres días después.
Debo encontrarla y disculparme.
Es difícil saber dónde estará Serena.
Ella viaja.
Pero le voy a dar su mensaje.
Y mientras tanto, yo no me preocuparía.
- De hecho, estaría muy complacida. -¿A qué se refiere?
A que usted hizo el viaje mucho más fácil y mucho más barato que la NASA.
Eso tiene sentido.
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