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¡Hola!
Madre, lamento llegar tarde, pero había mucha gente en las tiendas...
- Bonjour, Samantha. -¡Madre!
Tuve un día difícil de compras.
Darrin llegará temprano de trabajar, y quiero empezar la cena.
Así que si no te molesta,
quisiera mi viejos muebles de regreso.
Si esperas que cuide a los niños,
deberá ser con el estilo al que estoy acostumbrada.
Para Darrin y yo, nuestros muebles tienen suficiente estilo.
Samantha, el ejército de salvación no quiso enviar un camión por ellos.
¿Dónde está tu educación, tu cultura y tu crianza, querida?
Aún los tengo, madre, sólo perdí mis muebles,
pero no por mucho tiempo.
Samantha, no te entiendo.
Podrías vivir en el regazo del lujo y no en las rodillas huesudas de la pobreza.
A mí me gustan las rodillas huesudas.
Samantha, sigo siendo un huésped en tu casa,
y un entorno feliz hace feliz al huésped.
Madre, tu tarea de cuidar niños terminó,
y tus jueguitos con mi sala, también.
Señora...
Madre, conoces a la madre de Darrin.
ELIZABETH MONTGOMERY EN
Hechizada
Sra. Stephens.
Madre, ¿me traerías un poco de agua?
¿Por qué? Se ve muy tranquila. Es una lástima molestarla.
Madre.
No está dormida. Se desmayó. Hay una gran diferencia.
Toma.
Ya que insistes en despertarla.
Samantha.
Beba un poco de agua, Sra. Stephens.
Dame mis píldoras tranquilizantes, están en mi cartera.
Madre, ¿alcanzarías la cartera de la Sra. Stephens?
- Claro. - La caminata te hará bien.
Qué hija más considerada.
Siempre cuidando mi salud.
Los muebles, todo está normal.
Pero todo estaba diferente.
Y ¿ahora regresó?
Los muebles regresaron, y el mundo está bien.
Tome un tranquilizante.
No sabes de qué hablo, ¿verdad?
¿Cómo podrías? Evidentemente, estoy enloqueciendo.
Sra. Stephens, eso es una locura.
Es decir, es ridículo.
Usted es una de las personas más íntegras, realistas y equilibradas que conozco.
Tome un tranquilizante.
Samantha, sé que intentas calmarme,
pero la verdad es que no hay nada que puedas decir, querida.
Cuando la mente empieza a fallar, ¿qué puede decirse?
¿Qué tal bon voyage?
¡Madre!
Sra. Stephens, ¿por qué no sube a recostarse?
- La hará sentir mejor. - Quizá tengas razón.
Sería menos molestia.
- Déjeme ayudarla. - No, gracias, querida.
Ya hiciste suficiente.
Sí, más que suficiente.
¡Cariño!
- Tengo grandes noticias. - Baja la voz.
Samantha, conseguí una cuenta que perseguía hace seis meses.
Seis meses de querer probar otro enfoque, y ¿sabes cómo lo logré?
- Simplemente... - Darrin, tu madre está aquí.
- Maravilloso. Se los diré a ambas. - Está acostada.
Quieres decir recostada.
La palabra sería "recuperándose".
¿De qué?
No es tan malo como te imaginas.
Deja que eso lo decida yo.
- Será mejor que te sientes. - Opino lo mismo.
Darrin, tu madre está perfectamente bien.
Sólo cree que está enloqueciendo.
Dime, Sam. ¿Qué pasó?
Cuando regresé del mercado, mamá había cambiado los muebles.
-¿De lugar? - No, los quitó
y los cambió por otros estilo Luis XIV.
Mamá entró y vio a las mellizas Bobbsey jugando.
- Ahora cree que está enloqueciendo. - Algo así.
Genial.
Darrin, decir que lo siento es muy poco.
No sólo eso, sino que no resuelve nada.
Sólo hay una solución.
-¿Cuál? - Decirle a tu madre la verdad.
Samantha, mi madre no está enloqueciendo, tú sí.
- No hay alternativa. - Claro que sí.
Pero no sé cuál es mejor.
Dejar que mi madre crea que está enloqueciendo
o decirle que su hijo se casó con una bruja.
Se lo tomará bien.
Tú mismo dijiste que tenías una tía que se creía faro.
- Sam, no es lo mismo. - Claro que no.
Cuando hay niebla, no me paro en el techo y hago esto
para advertir a los barcos en el mar.
Sí, era un poco extraña.
- Veamos el lado positivo. - Tú encuéntralo, y yo estaré feliz de verlo.
Lo primero y más importante
es el alivio de dejar de fingir.
Después de seis años, puede decirse la verdad.
Dime más sobre el lado positivo.
Darrin, ¿qué más podemos hacer?
Como dijo el sabio: "La honestidad es la mejor política."
Seguro que él no tuvo que decirle a su madre que su esposa era bruja.
¡Frank! ¿Eres tú?
- Eres tú, Darrin. - Hola, mamá. ¿Cómo te sientes?
Oí voces y creí que era tu padre.
Ya ni siquiera reconozco la voz de mi esposo.
Supongo que Samantha te dijo qué pasó.
Sí, así es.
No te preocupes por mí, hijo.
Pasaré discretamente al olvido, y tu padre estará bien.
Es joven. Puede casarse de nuevo, incluso empezar una nueva familia.
¿Te gustaría tener un hermanito?
Mamá, estás diciendo disparates.
Claro que sí. Perdí la cabeza.
Madre, estás a punto de oír algo que te aliviará
- y que te impactará. - Adelante.
Quizá un buen impacto sea justo lo que necesito ahora.
Es toda tuya, Sam.
Verá, Sra. Stephens,
los muebles que vio cambiar una y otra vez,
de hecho cambiaron.
Samantha, por favor, ya pasamos por eso.
No. No hemos hablado de lo que voy a decirle.
Es un secreto que debimos decirle hace mucho tiempo.
-¿Un secreto? - Sí.
Explica por qué vio que los muebles cambiaban.
Sí.
Soy bruja.
¿Eres qué?
Bruja. Mi madre también.
¡Samantha! Eso es ridículo.
No estaría tan segura sobre tu madre.
No, verá, de verdad soy bruja.
Una que revuelve calderos, con membresía y todo.
Tengo poderes mágicos y puedo hacer que las cosas se muevan.
Samantha, las brujas no existen.
Entonces deberé demostrárselo.
Darrin, ¿quieres ese cenicero?
Por favor.
Es magia. Se hace con espejos. Debe ser eso.
¿Qué tal esto, Sra. Stephens?
Eso es horrible.
Se los regalé yo para su último aniversario.
No se preocupe. Lo recompondré.
Samantha, eres bruja.
Ahora lo entendió.
¿Los muebles sí cambiaron,
e hiciste que el cenicero volara por la sala?
También hizo eso.
Ése debe ser Frank.
Mamá, no es necesario contarle esto a papá ahora.
Hallaremos el momento adecuado y lo sorprenderemos.
Mientras tanto, será nuestro secreto, ¿sí?
De acuerdo.
Hola, papá.
Darrin, recibí una llamada muy extraña de tu madre.
Parece creer que está...
-¡Frank! - Phyllis.
- Me alegra mucho verte. -¿Estás bien?
Es verdad, Frank. Creí estar enloqueciendo, pero no.
- Claro que no. - Me di cuenta de que estaba bien
cuando supe que Samantha era bruja.
-¿Que Samantha es qué? - Bruja.
Mira, Phyllis, me perdí mi juego de naipes,
y me multaron por exceso de velocidad.
No estoy de humor para bromas.
Samantha, vamos, demuéstrale que eres bruja.
Phyllis, hablas de nuestra nuera.
Mira esto.
¡Oye! Ése fue nuestro regalo para su último aniversario.
Lo sé. Ya verás, Frank. Tener una bruja en la familia será divertido.
Si se me rompe un florero, llamo a Samantha, y ella lo arregla.
Vamos, Sam.
Una vez más.
Phyllis, cuando me llamaste, me dijiste que estabas enloqueciendo.
- Tenías razón. - Es verdad, Frank.
Vi cómo el florero cayó y ella lo arregló.
E hizo volar un cenicero por la sala.
Ven. Vayamos a ver al Dr. Rhinehouse.
Mi abrigo.
Una bruja.
- Sam, ¿qué pasó? - No sé.
Alguien desconectó mis poderes.
¿Cómo te sientes?
Bien. No entiendo qué pasó.
Me enteré, Samantha.
El Consejo de Brujas te quitó los poderes.
-¡Cómo se atreven! -¡Cómo te atreves tú!
Revelarte ante los mortales puede ser desastroso.
Ya olvidaste cómo nos abatieron en Salem.
Pero el Consejo de Brujas no tiene derecho a quitarme los poderes.
Tienen derecho a evitar
que alardees de tu brujería frívolamente.
- Aún tienes tus poderes. - Espera un momento.
Pero no delante de los mortales.
Durwood no cuenta.
¿Cómo convenceré a la Sra. Stephens de que no enloqueció?
No puedes mostrarte como bruja, así que deberás pensar en otra cosa.
Pero no hay otro modo.
Como siempre, Durwood, eres una fosa llena de ideas.
Dígame, Sra. Stephens, ¿qué problema tiene?
Dr. Rhinehouse, estoy enloqueciendo.
¿Qué otra cosa le molesta?
Doctor, creo que no me oyó. Dije que estaba enloqueciendo.
Querida Sra. Stephens, todos estamos enloqueciendo, más o menos.
El mundo es un lugar muy nervioso y rígido.
Pero, doctor, vi un cenicero volando por la sala,
un florero romperse y volver a arreglarse.
Al menos no se aburrió.
¿Aburrirme? ¡Estoy loca!
No saquemos conclusiones apresuradas.
Una imaginación frondosa no significa que esté loca.
-¿Ha intentado escribir? - Dr. Rhinehouse,
si quiere saber la verdad, aún creo que mi nuera es bruja.
Y yo creo que mi yerno es un vago.
Hace ocho meses que no trabaja.
Pero, doctor, mi nuera es bruja de verdad.
Hace todo tipo de brujerías.
¿Como volar en escoba?
No sé.
- Quizá lo haga si está apurada. -¡Encantador!
No me cree.
Cree que lo estoy inventando. ¡Le digo que estoy enferma!
Por favor, yo soy el médico. Si está enferma, se lo diré yo.
Lo siento.
Continúe con los tranquilizantes y no se preocupe por nada.
Y siga mi consejo: escriba.
Es una pena desperdiciar una imaginación como la suya.
Entonces ¿no cree que tenga nada malo, doctor?
Claro que no, está bien.
Sr. Stephens, ¿puedo verlo un momento, a solas?
Sr. Stephens, su esposa está grave.
Pero hace un segundo dijo que estaba bien.
Olvide eso. Créame, está enferma.
¿Qué tiene?
-¿Quiere la verdad? - Sí.
- No sé. -¿No sabe?
¿A $35 la hora no sabe?
Lo diré de otro modo: no estoy seguro.
Podría ser físico o mental.
Me alegro que lo haya acotado a eso.
Sugiero un examen físico completo,
y le haré una serie de tests psicológicos.
¿No podemos hacer nada mientras tanto?
Sí, ámela, cuídela, und nunca le quite los ojos de encima.
Phyllis.
¡Phyllis!
"Querido Frank: Sé que el Dr. Rhinehouse no me dijo la verdad.
"Por favor, intenta olvidarme. Te quiere, Phyllis."
No entiendo.
Tu madre se ha quejado de varios dolores durante años,
pero nunca antes enloqueció.
- Se me ocurre dónde puede estar. -¿Dónde?
El lugar lógico para que vaya una persona que cree estar...
Bueno...
Creo que fue a un hogar de descanso.
Es posible. Debe haber cientos en la ciudad.
Llamaremos a todos.
Seguro que está en uno ahora mismo, tomando sus píldoras.
Sí, sus píldoras.
Disculpen mientras controlo el asado.
- Traeré la guía telefónica, papá. - Bien.
Intenta con el Hogar de Descanso Chorlito. Es su pájaro preferido.
Elixir de hierbas y jugo de maracuyá,
llévenme ahora donde la Sra. Stephens está.
Eso es terrible.
CASA DE DESCANSO PARKSIDE
Soy la Sra. Quigley. ¿Cómo se llama usted?
Sra. Stephens.
¿Por qué está aquí?
Tengo alucinaciones. Creo que mi nuera es bruja.
Mis hijos me internaron. Desagradecidos, malcriados...
-¿Por qué vino usted? - Ya le dije.
Deliro que mi nuera es bruja.
-¿Juega al gin? - No, nunca aprendí.
Debería. Hay que planificar para la tercera edad.
¿Por qué vino usted?
- Intenté decirle. Mi... -¡Ya sé!
- Seguro que juega a la canasta. - No.
Es el problema de ustedes los jóvenes. Son ignorantes.
Nunca me dijo qué...
-¿Qué hay en el frasco? - Mis tranquilizantes.
Deme uno. Los míos no funcionan.
-¿De verdad cree que debería? - Usted sí que se preocupa.
No culpo a sus hijos por internarla.
No me internaron. Lo hice yo.
Gente y cosas libérense y floten pero que sólo la Sra. Quigley los note.
¡Mire eso!
¿Qué cosa?
Las naranjas salieron flotando del árbol,
luego rebotaron y regresaron al árbol flotando.
Fue increíble.
¡Mire eso!
¿Qué cosa?
Las píldoras. ¿Qué tienen?
Estoy alucinando como nunca.
¡Doctor!
Sra. Stephens, ¡por suerte la encontré!
Samantha, ¿qué haces aquí?
Buscándola. El Sr. Stephens y Darrin están muy preocupados.
-¿Juegas canasta? - No.
Es el problema con los adolescentes. Son peores que los jóvenes.
¿Qué sucede, Sra. Quigley?
Deme esas píldoras, querida.
Mire estos tranquilizantes, doctor.
No son tranquilizantes. Son alucinógenos.
-¿Sí? - Sí.
Si toma uno, puede imaginar todo tipo de cosas raras.
Quiero una docena.
Samantha, ésas son mis píldoras.
Aquí parece haber un error.
El frasco dice "tranquilizantes", pero son alucinógenos.
Eso explica todo.
El farmacéutico debe haberle dado las píldoras equivocadas.
Puede demandarlo, Sra. Stephens.
Doctor, estoy demasiado aliviada para eso.
Todo el día vi cosas extrañas y ahora sé por qué.
Samantha, querida, perdóname.
No sé qué decir.
No diga nada, Sra. Stephens. Comprendo.
Agradézcale a la Sra. Quigley.
De no ser por ella, no lo habríamos descubierto.
- Sra. Quigley. - Quiere jugar una pulseada.
No hago eso, pero me quedaré con las píldoras.
Con su permiso, señoras, yo me llevaré las píldoras.
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