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Zulu
Vamos a intentar otra, ¿bueno?
Qué inteligente eres. Tienes cinco manzanas, ¿cierto?
Tomas una, dos, tres más.
-¿Cuántas manzanas tienes? - Ocho.
Muy bien. Ahora, piensa bien.
Tienes ocho manzanas y quitas dos.
¿Cuántas te quedan?
¿Quitas dos manzanas? Es fácil, mami.
¡Nos quedan seis!
-¿Viste eso? - Sí.
¿Cómo viste esas manzanas?
- Sam, ¿qué pasa? -¿Matemáticas modernas?
- Tabitha. Devuelve las manzanas. - Sí, querida,
- la libra cuesta 35 centavos. - Bueno.
Gracias, Tabitha.
Se acabó la lección, querida.
Darrin, de veras creo que está lista para ir al jardín infantil.
Creo que está lista para The Ed Sullivan Show.
Buenos días, querida. Mi linda Tabitha.
Hola, abuelita.
- Buenos días, Durwood. - Eran buenos, o ¿no?
Mamá, Darrin y yo discutimos algo importante,
- si no te importa... - Claro que no.
¿Qué es más importante que la educación de Tabitha?
Afortunadamente, encontré la solución.
Les presento al profesor Pointdexter Phipps.
Olvídelo, Endora. Tabitha no tendrá a un brujo de profesor.
¿Por qué no? Su madre es una bruja.
Profesor, ella es mi hija, Samantha.
- Mucho gusto. - Mucho gusto.
- Usted ha de ser Durwood. - Mejor Darrin.
Una manzana para el profesor. Para ser mortal, tiene modales.
- Sam, quiero hablarte. -¿Cuándo?
- Ahora. - Discúlpenos.
-¿Sí, querido? - Ya lo oí.
Amor, mamá sólo quiere ayudar.
Y debes admitir que ya es hora de que Tabitha reciba una educación formal.
- Sam... -¿Quién más preparado
para enseñarle a una bruja joven ávida de conocimiento que un brujo?
Supongo que podremos intentarlo.
Pero prométeme que el profesor le dará lecciones
perfectamente normales y mortales.
Lo prometo. Palabra de bruja.
Digo, claro.
ELIZABETH MONTGOMERY EN
Hechizada
Debí advertirle, profesor Phipps,
ese Durwood es un poco excéntrico.
No importa. Estaré feliz de seguir instrucciones.
Sr. Stephens, déjeme explicarle.
Es cierto que soy un brujo, pero antes que nada, soy un profesor.
No enseño brujería. Enseño las artes. Música, literatura, etcétera.
- A la manera de los mortales. - Como quieran.
-¿Tabitha? - Adiós, querida.
¿Es una muestra de su trabajo?
Sí, es una campaña que ideé.
NO LLORES SOBRE LA LECHE DERRAMADA MEJOR DAME Pasteles Gatito
GENIALES Y NUTRITIVOS
Su hija será educada justo a tiempo.
No es literatura, profesor. Es una campaña publicitaria de Darrin.
Y, quiero añadir, es una campaña muy exitosa.
A la gente normal le gusta identificarse con una frase familiar,
como "no llores sobre la leche derramada."
¿Por qué no dices que es una frase cliché?
La mediocridad verbal de los mortales.
Si me disculpan, seguiré con las lecciones de Tabitha.
Ven, querida.
Mamá, el arte de usar frases comunes para atrapar el ojo del consumidor
es una parte crucial de la publicidad.
Olvídalo, Sam. Voy tarde. Endora, siento no poderme quedar a charlar,
pero si puede pasar mañana...
Espero que no.
Samantha, ¿de veras es cierto
que si Durwood pudiera pensar en más de esas frases
podría ser más exitoso en eso que él hace?
Claro. A los publicistas les pagan mucho
- para crear eslóganes inteligentes. -¿De veras?
Mamá...
- Disculpa, Herb. - Tenga un buen día, Sr. Stephens.
Espíritu que todo provocas quiero que mi hechizo controle su boca.
Que Durwood note y que se aflija
cuando palabras cliché elija.
Gracias, Ted.
Pero nada es fácil. No sabes si algo es bueno hasta que lo pruebas.
Tienes que caminar con cautela y mano firme.
- Sí, eso dicen. - Claro que sí, ¿no?
"En los barrios pobres de Londres,
"Oliver conoció a Artful Dodger,
"el joven líder de una pandilla de ladronzuelos."
¿Cómo era Artful?
Era así de alto
y flaco, con una mancha en la nariz,
y usaba un sombrero de seda negro alto.
-¿Era guapo? - Claro que sí. ¿Por qué no te lo muestro?
Tabitha, te presento a Artful Dodger.
Encantado, querida.
Vamos, sonríe un poco.
- Se parece a Darrin, ¿no? - Tonterías.
Los bebés siempre tienen cara de atontados.
¡Mamá! Veré cómo van las lecciones de Tabitha.
-¿Quieres venir? - En un momento, querida.
Quiero jugar con mi nieto. Vamos, bebé.
Mira a la abuelita. Vamos. Qué buen chico.
Profesor, ¿quién rayos es él?
Artful Dodger. A su servicio, dulce dama.
- Mi anillo, por favor. -¿Anillo? ¿Cuál anillo?
El que me acabas de quitar del dedo.
Es cierto. Ha de ser este gancho. Se enreda con todo.
¿No es genial, Samantha? Una página de Dickens hecha realidad.
Profesor, prometió que no haría brujería.
Prometí no enseñar brujería y no lo he hecho.
No creo que Darrin coincida con usted,
así que devuélvalo a las páginas de la literatura.
Devolveré a mi recurso para la enseñanza
cuando decida que la lección acabó. ¿Entendido?
- Un momento, profesor... -¿Entendido?
Sí, señor.
Darrin, gracias a tu eslogan se han vendido muy bien los Pasteles Gatito.
Sí, se lo tragaron entero.
Eres un hijo de tu madre, y los clientes no podrían estar más felices.
¿Eres feliz?
Soy afortunado, Sr. Confeccionista de Frases.
Y algo de esa fortuna se convertirá en un bono para ti.
¿Un bono? Es como agua en el desierto.
H.B. Summers, el gerente de mercadeo de Múltiples,
quiere que hagas el nuevo eslogan para sus máquinas agrícolas.
-¿Qué te parece? - No me parece.
La acústica es pésima en este cuarto. Juraría que...
Ya diseñé la campaña para la maquinaria agrícola.
Si le gusta al gallo quizás no le guste a la gallina.
Darrin, ese gallo quiere eslóganes
y si no ideamos uno, nos matan la gallina.
Debemos pensar en esto con el grupo.
Darrin, ¿qué te pasa? Pareces una enciclopedia de clichés.
- No puedes juzgar a un libro por su portada. - Otra vez.
Tienes razón.
Los clichés son como las palomitas. Empiezas con una y terminas con todas.
Darrin, contrólate.
Industrias Múltiples fabrica desde ganchillos hasta bulldozers.
Necesitamos unos eslóganes buenos para que sean nuestros clientes.
Acá tienes una lista de sus productos. ¿Podrías tener algo listo para mediodía?
No lo grito a los cuatro vientos...
- Es perfecta. -¿Para qué?
Para sus productos musicales.
-¿Adónde vas? - A mi hogar dulce hogar.
Cuando el gato se ausenta los ratones se enfiestan.
Digo, dejé algo en casa.
- Olvidaría la cabeza de no traerla puesta. - Pero apúrate.
Tenemos una cita para almorzar con Summers a la 1:00 en Blue Boar.
Estaré ahí para tomar la sartén por el mango
antes de que corra mucha agua bajo el puente.
Sam.
- Hola, amor. ¿Qué pasa? -¿Qué pasa?
Trato de ser cortés y a la vez, hablar sin rodeos.
- Algo huele podrido. - Darrin, ¿por qué hablas así de raro?
Porque alguien me embrujó,
y sé a la fija quién lo hizo.
-¡Mamá! -¿Sí, querida?
-¿Embrujaste a Darrin? - No puedo mentir.
Le hice un poco de magia a Durwood.
Es la gota que rebosó la copa. ¿Podrías decirle que cierre el pico?
Mamá, ya te divertiste. Podrías...
¿Podría pedirles
que mantengan silencio durante las horas de clase?
Lo siento, profesor. Trataremos de hacer más silencio.
Mamá, si no le quitas ese encanto, yo...
Caray, un caballero galante.
- Su mano, señor. - Sam, ¿quién es éste?
Una cosa a la vez, querido. ¿Recuerdas el hechizo?
- Vengan. Mamá. - Muy bien.
Quitaré el hechizo.
Tratas de ayudar a alguien...
- Querido, di algo. - Digo algo.
¿Quién era ese chico inglés y...? ¿Dónde está mi reloj?
Creo que tu segunda pregunta contesta la primera.
Es Artful Dodger de Oliver Twist.
Eso es. Dije que nada de brujería, y él la usó.
- Sam, el profesor se va. - Un momento, Durwood.
Endora, ya ha hecho mucho por acá. Ya váyase.
De veras.
Espero que mamá se tome esto a bien.
Toma tu reloj, querido.
A Dodger se le enredan las cosas en su gancho.
Seguro.
Sam, tengo que irme o llegaré tarde a la reunión.
Pero quiero que entiendas que cuando regrese,
no quiero ver ni al profesor ni al cleptómano.
Como digas, querido.
Allá va mi palomita.
Renuevo el hechizo, tonto aburrido.
Tus clichés serán pocos pero los actuarás sin sentido.
Adiós. Gracias. Sí. Adiós.
¿Ya llegó el Sr. Tate?
Sí. Él y otro caballero llegaron hace unos minutos.
- Lo llevaré a su mesa. - Es la 1:15. El tiempo vuela.
-¿Cómo hizo eso? - Lo siento, un secreto de familia.
¿Le puede decir al Sr. Tate que el Sr. Stephens llamó
- y dijo que no podía venir? -¡Darrin!
Ven, Summers está ansioso por conocerte.
H.B. Summers, él es Darrin Stephens, mejor conocido como el rey del eslogan.
Un placer, Sr. Stephens. Lo admiro mucho.
- Gracias, Sr. Summers. - Mis amigos me llaman H.B.
Stephens, eres mi tipo de publicista. Tus campañas son inteligentes.
- Dan justo en el clavo. - Es correcto, H.B.
Darrin puede comunicarse con el hombre común.
Tate me habló de tu último eslogan.
"Sóplalo a los cuatro vientos." Me gusta Stephens. Es maravilloso.
Gracias, H.B. Me gustaría que mi mirada coincidiera
con la suya.
- Darrin, ¿estás bien? - Claro.
Sólo quería señalar que los eslóganes pueden ser reforzados.
Diseñé una campaña para su maquinaria agrícola...
Olvídalo. Ya tengo una idea para los bulldozers.
¿Qué piensan de esto? "Las montañas no tienen fronteras."
¿Lo ven? Es una buena imagen.
Claro que sí, H.B., y es fantástica.
-¿Cierto, Darrin? - La verdad, no.
Es que no me suena.
¿Qué fue eso?
Los campanazos significan que todo está bien. Una vieja tradición.
- Eso me recuerda que debo llamar a casa. -¿Ahora?
Sí. Larry, pídeme un sándwich.
Volveré en dos segundos.
- Uno y dos. - Uno y dos.
Genial.
-¿Por qué dijimos eso? - No sé. Quizás es contagioso.
Te lo advertí. Mamá se pone sensible cuando le dicen que se largue.
No digo tantos clichés, pero cuando digo uno, se hace realidad.
Cálmate, querido. Encontraré a mamá.
Es verdad, Sam. Tengo que controlarme.
¿Darrin?
¿Darrin?
- Hola. -¿Qué pasó?
Te cuento después. Encuentra a tu mamá rápido.
Adiós, Sam.
Darrin, no puedes criticar la idea de un hombre y luego irte.
-¿Qué te pasa? - No puedo ni decírtelo.
- Contrólate. - Ya lo intenté.
Discúlpanos por la interrupción. Volvamos a los eslóganes.
Dedico mucho tiempo a mantenerme cerca del público.
Podría decirse que tengo los oídos en tierra.
Otra de esas actuaciones tan inteligentes, H.B.
¿Podrías levantarte, Darrin?
Caballeros, de veras no me siento bien. Creo que me iré a casa.
-¿Acaso dije algo malo, Stephens? - Para nada, H.B.
Pero necesito mover el esqueleto.
Si me disculpan, ya hago mis venias.
¿Por qué los publicistas están locos?
H.B., Stephens ya no trabajará en su campaña.
¿Por qué? Será un loco, pero tiene un toque mágico.
Exactamente, y trabajará para usted por el tiempo que quiera.
- Sam. ¿Dónde estás? - En el cuarto del bebé. Ya bajo.
¿Ya encontraste a tu mamá? No sé si voy o vengo.
-¿Darrin? Pensé que habías entrado. - Sí, pero el hechizo está obrando ahora.
- Es Larry. - No estamos en casa.
Si quiere al rey del eslogan, lo tendrá.
Así tenga que enjaularlo.
¿Darrin?
¿Darrin?
¡Darrin!
- Tate, ¿qué haces? - Darrin y yo tenemos un acuerdo.
Si no abre la puerta, puedo entrar por la ventana.
¡Ahí estás, Darrin!
Entra, H.B.
Hola, Larry. Ya iba a abrir la puerta.
Sí, en dos segundos, ¿eh?
- Sam, el Sr. Summers. - Mucho gusto.
Gracias a Dios estás acá. Podrías hacerlo
entrar en razón.
Lo siento, Larry, pero no quiero trabajar en una campaña con eslóganes.
Vamos, Stephens. Somos hombres maduros. ¿No podemos negociar?
Bien, H.B.
Si juegas conmigo, yo juego contigo.
¡Mamá! ¡Ven ahora mismo!
Mamá, ¡materialízate pronto!
No es una forma muy cordial de llamar a tu madre.
Después de lo que le hiciste a Darrin, ¿esperas el llamado amoroso de la bruja?
Para decir algo típico de mortales, están tiesos del aburrimiento.
Qué divertido. Quítale el hechizo.
Si insistes.
Me voy a Oxford.
Tomo un curso para poder entender más a Durwood.
Genial, mamá.
Es un curso sobre el comportamiento de los antropoides. Adiós.
En serio.
- Sam, ¿qué pasó? - No importa.
Debemos preocuparnos por lo que pasará.
Sí, ¿cómo explico esos uniformes de béisbol?
No tendrás que hacerlo. Quítales los abrigos
mientras preparo unas bebidas.
- Sam, ¿podrías decirme...? - Tenemos mucho por hacer.
Te diré mientras lo hacemos.
-¿No se partirá? - Claro que no.
Los pondremos en el sofá. Luego volverán en sí,
y hablaremos como si todo fuera normal.
Pero ¿de qué hablaremos?
Sobre lo fabuloso que es tenerlos acá, y...
Y cómo me alegra que H.B.
haya aceptado mi campaña y no esos eslóganes.
Bien. Querido, pásame una bebida. Pon ésta en su mano.
Dios.
Yo, también.
Bien.
¿Listo?
Sr. Summers, tiene un sentido del humor espectacular.
H.B., ¿de veras crees que mi idea es genial?
No entiendo esto. Lo último que recuerdo fue
que estábamos parados allá y teníamos uniformes de béisbol.
¿Uniformes de béisbol? Bromea usted, Sr. Summers.
¿No entramos por la ventana y...?
¿Entraron por la ventana?
Vamos, Larry, ¿te burlas de mí?
Sólo otra broma.
Pero volvamos a discutir mi idea para la maquinaria agrícola.
A mí me encanta la idea de Darrin.
No que mi opinión cuente, claro.
Lo que importa es que a usted le haya gustado, Sr. Summers.
Y ¿a ti, Larry? No te he oído decir nada.
Bueno, si a H.B. le gusta, a mí también.
Te gusta, ¿no?
Es genial.
¿No?
- Seguro. - Seguro.
Tengo un dolor de cabeza tremendo. Mejor me voy
- a la oficina y duermo. - Qué lástima.
Larry, ¿por qué no te quedas
y discutimos esa idea para que...?
No importa. Anótala en un papel,
la pones en mi escritorio, y luego hablamos.
¿No viste ningún uniforme, Larry?
No, yo no.
Que quede claro que yo tampoco vi uniformes,
en caso de que alguien lo mencione.
Vamos, Tate.
Sra. Stephens, gracias por su hospitalidad.
Terminaron las lecciones. Ya nos vamos.
Larry, Sr. Summers,
ellos son Phipps y Dodger, los tutores de Tabitha.
Sí, somos sus tutores y ella nuestra estudiante.
- Qué joven más pintoresco, ¿no? - Buen día.
Profesor, ¿no quiere salir por la puerta del frente?
Qué idea más arcaica. Intentémoslo, Dodger.
Un placer conocerlos, caballeros.
- Cuídense. - Sí.
- Adiós, Sam. - Adiós, H.B.
- Gracias. - Sr. Summers.
Bueno...
Creo que perdí mis mancornas.
- Llámame si las encuentras. - Claro, H.B.
Creo que las mancornas de H.B. son parte del pasado literario.
Como sacado de Twist.
Lo siento, querido.
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