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Le prometiste a papá que te acabarías el desayuno.
- Me lo voy a acabar. - Tiene que ser hoy.
Buenos días, jovencitas.
Papá.
Hola, abuelo.
Mi pequeña y hermosa Tabitha.
Ya no gatea y empieza a florecer como una brujita.
- ¿Dónde está Dennis? - ¿Cuál Dennis?
Tu esposo, el M-O-R-T-A-L.
D-A-R-R-I-N está trabajando.
- Qué tristeza, no lo vi. - Él también se sentirá acongojado.
Termina de desayunar, cariño, el abuelo y yo estaremos en la sala.
- Samantha, luces radiante. - ¿En serio?
Te rodea un aura especial, tan especial que sus vibraciones...
viajaron por el continuo atmosférico y me condujeron a ti.
- Vaya. - ¿Qué pasó?
Nada, excepto que me alegra verte.
Deberías viajar más a menudo por el continuo atmosférico.
Lo haré ahora que aumenté mi eficiencia.
¿La aumentaste?
Cuando de eficiencia se trata, eres uno de los grandes.
Eres muy amable, querida, pero la verdad es que...
me estoy haciendo viejo y olvidadizo.
Así que tengo asistente.
¿Un hechicero asistente?
Es una suerte de secretaria particular.
- ¿Quieres conocerla? - Me encantaría.
Srta. Beecham, a trabajar, por favor.
Hola, ¿qué tal?
Mi hija Samantha. La Srta. Abigail Beecham.
Vaya.
¿Cuál es tu primera impresión?
Bueno...
mi primera impresión es que parece--
- ¿Sí? - Parece muy eficiente.
HECHIZADA
- Srta. Beecham, dígame-- - ¿Sí, querida?
¿Tiene mucha experiencia? Como secretaria, quiero decir.
Claro que tiene experiencia, si no, no la habría contratado.
No lo sé, podrías tener otros motivos.
- Mamá, me comí todo el desayuno. - Muy bien hecho.
Srta. Beecham, ella es mi hija, Tabitha.
- Hola, muñequita. - Hola.
Eres preciosa.
¿Verdad que sí, abuelo?
Sí, ahora que lo mencionas, es preciosa.
Cariño, ¿por qué no sales a jugar al jardín?
Quiero que el abuelo me haga un juguete.
- Tabitha, de veras. - Sería un placer, querida.
- ¿Qué tal unos pequeños columpios? - Está bien.
De pequeños no tienen nada.
Tabitha, ¿no olvidas algo?
- Gracias, abuelo. - De nada, querida.
Mucho mejor, y recuerda que los columpios son temporales.
Se irán con el abuelo; muy bien, anda.
Eres una madre estricta, ¿verdad?
No precisamente, es sólo que siento--
Y hablando de mujeres formidables, ¿cómo está Endora?
Bien.
¿Cuándo la viste por última vez?
Hace dos o tres meses, tal vez dieciocho.
Mi esposa y yo tenemos un matrimonio informal, por así decirlo.
No hay nada mejor; me gustaría conocerla algún día.
Eso tiene solución. ¿Madre?
- Samantha, no te molestes. - No seas tonto, papá.
A la Srta. Beecham le gustaría conocerla...
y a mi madre le encantaría conocer a la Srta. Beecham. ¡Madre!
¿Llamaste, querida?
- Endora, espectacular como siempre. - Maurice, qué fulgurante es verte.
Es la hora de Noel Coward.
- ¿Quién es ella? - Se acabó la hora de Noel Coward.
Madre, la Srta. Abigail Beecham. Ella es Endora.
Mucho gusto.
Es una secretaria particular.
- ¿De quién? - Mía.
La contrató para aumentar su eficiencia.
- ¿Su eficiencia? ¿En qué? - Mi eficiencia en general.
Abigail, para demostrar tu eficiencia, toma dictado, por favor.
Hamlet, Acto segundo, Escena II.
“Oh, qué miserable soy, qué parecido a un siervo de la gleba”.
Y que lo diga.
“Oh, qué miserable soy, qué parecido a un siervo de la gleba.
¿No es tremendo que ese cómico...
no más que en ficción pura, en sueño de pasión...
pueda subyugar así su alma a su propio antojo...?”.
Y todo lo que sigue.
Eso es, perfecto.
Nada mal.
- Su máquina necesita una cinta nueva-- - Samantha, eso no requiere habilidad.
Cualquier bruja puede escribir un soliloquio de Shakespeare.
Pero hay algo en su destreza física.
Lo reconoces: no es su capacidad, es su apariencia.
Endora, tú sabes mejor que nadie que juzgo a las brujas por su carácter.
Bien, en ese caso no te importará esto.
- Madre, eso es destreza. - Gracias.
Descuida, Maurice, todavía tiene el mismo carácter.
Tal vez, pero no dejaré que la transformes por rencor.
- ¿Dónde estaba? - En el salón de “desbelleza”.
Endora, recuerdo aquella vez que te enojaste...
cuando una bruja coqueteó conmigo y la alistaste en el ejército.
Ah, sí.
- ¿Cómo se llamaba? - Atila el huno.
Abigail, bebamos una taza de café...
mientras recuerdan viejos tiempos.
De acuerdo.
Pero si vuelve a hacer uno de sus trucos--
Abigail, no te aficiones al peligro.
Mi madre tiene el golpe uno-dos más poderoso del cosmos.
Ven, ven.
Endora, ¿ya notaste que Samantha luce extraordinariamente radiante?
- No, y no cambies el tema, por favor. - ¿Cuál es el tema?
Abigail “Beechnut” y tú son el tema.
- ¿Cuánto tiempo llevas casada? - Cinco años.
- ¿Y tu esposo es un mortal? - Sí.
Pasarás a la historia, eres muy valiente; yo no podría hacerlo.
Ni siquiera podría casarme con un joven hechicero.
¿Y qué tal con un hechicero viejo?
No, el matrimonio no es para mí.
Me gusta ir de un romance a otro.
Supongo que por donde pasas, dejas un rastro de corazones rotos.
Sí, así es.
Pero tardan un par de semanas en perder la sonrisa.
Endora, ¿ya terminaste de fastidiarme?
Aún no.
Entonces, ¿me permites un momento para hacer una observación?
Tienes diez segundos.
- Odio decir esto, Endora, pero-- - Pero ¿qué?
He llegado a la conclusión de que estás celosa.
- ¿Yo? ¿Yo? - Tú, tú.
Eso es absurdo, no tengo un gramo de celos en el cuerpo.
Bien, ¿cómo va todo?
Deja a mi esposo en paz o te desintegro.
¿Qué hice?
Nada, está celosa de ti.
Bueno, eso es comprensible.
Madre, ¿estuvieron discutiendo?
- No. - Sí.
Sólo le hice ver a tu padre que está haciendo el tonto.
¿Se lo hiciste ver amablemente?
Samantha, repetiré lo que le dije a Endora para que lo oigas:
mi relación con Abigail es estrictamente profesional.
Así es, y gracias por defender mi reputación.
Allí está, ¿ya viste?
- Se están besando en público. - Madre, él sólo está--
Si no tienes consideración por mí, al menos piensa en tu hija.
Realmente--
Intenta que esto no te deje una cicatriz permanente.
Sí, madre, lo intentaré.
Papá, al menos discúlpate con mi madre.
- ¿Por qué? - No lo sé, piensa en algo.
Endora, si por casualidad hice algo que te ofendiera--
- No me toques. - Pero soy tu esposo.
- No por mucho tiempo. - ¿Qué quieres decir?
Iré directamente al Consejo de Brujas...
y voy a pedir una separación ectoplasmática.
- Estás bromeando. - ¿Por qué motivo?
Por conducta impropia de un hechicero.
No lo dice en serio; de verdad, no lo dice en serio.
- ¿Crees que lo dice en serio? - No lo sé, tendremos que esperar.
- Entre tanto-- - ¿Sí?
¿Qué vamos a almorzar?
Samantha, tengo que reconocer que a pesar de mis dudas...
hasta ahora, el matrimonio te sienta bien.
Gracias, papá, ojalá pudiera decir lo mismo de ti.
El matrimonio me sienta bien, pero tu madre no.
Creo que nunca la vi tan enojada.
Yo sí.
Hace siglos que tenemos estos malentendidos.
¿Ya te había amenazado con una separación ectoplasmática?
No, pero supongo que para todo hay una primera vez.
No pareces muy preocupado.
Sí, me costará trabajo adaptarme, pero me esforzaré para lograrlo.
Con la ayuda de Abigail.
Hablando de ayuda, ¿puedes llevar estos dos platos?
¿No acabo de darte dos platos?
Están en la mesa, junto con ésos.
- Gracias. - Vamos, querida.
- ¿Qué vamos a comer? Muero de hambre. - Sándwiches de jamón con queso.
- ¿Qué más? - Ensalada de papa...
y si quieres postre, hay helado.
- Yo quiero postre. - Ya lo sé, cariño.
¿Sándwiches, ensalada de papa y helado? ¿Qué clase de almuerzo es ése?
Un almuerzo gourmet estilo mortal.
Quise mostrarte cómo viven los demás.
No me interesa, quiero mi almuerzo habitual.
- Prepáralo tú misma. - Muy bien, de acuerdo.
¿Ése es tu almuerzo habitual? ¿Qué comes en la cena?
Mucho más que esto.
Ya casi estoy lista para el helado.
Tienes muy buen apetito.
Duerme bien, Tabitha, y cuando despiertes...
el abuelo te recitará Macbeth de principio a fin.
Qué suerte tienes.
¿Madre? Ma--
Hablaremos en tu dormitorio.
- No quiero que Maurice me vea. - De acuerdo.
¿Por qué tardaste tanto?
Tomé el camino difícil.
- ¿Fuiste al Consejo de Brujas? - No.
Una separación ectoplasmática es exactamente lo que tu padre quiere.
- ¿Y? - Y no voy a dársela.
- Madre, eso no es más que un pretexto. - ¿De qué?
Tú eres la que no quiere una separación ectoplasmática.
- Claro que sí. - No, no es cierto.
¿Qué importa lo que yo quiera si lo que tu padre quiere...
es la Srta. Abigail “Beechwood”?
Por cierto, ¿éste es el lado de Durwood o el tuyo?
- El mío. - Bien.
Madre, papá no quiere a Abigail.
En el fondo, sabe que tú eres la única.
Entonces, ¿qué puedo hacer?
¿Por qué no le das celos?
Es un método cursi, pero efectivo.
¿Con quién?
Con el sobrino del Dr. Bombay, el que se parece a Steve McQueen.
Es Steve McQueen.
Además, es muy joven para ti.
¿Y Abigail no es muy joven para tu padre?
Sí, por supuesto.
Pero sería mucho más inteligente que nosotras--
¿Estás lista para esto?
No, pero dímelo de todas maneras.
John van Millwood.
A Maurice le dará un ataque.
Vamos a hacerlo.
Maurice, vámonos, estoy aburrida.
Estamos esperando a que le recite a mi nieta.
Tabitha despertará de su siesta en unos minutos.
¿Y qué voy a hacer mientras tú recitas?
Puedes escucharme embelesada.
O puedes prepararte un tentempié con 15 kg de carne molida.
Se me quitaría el hambre; no cenaría.
Sólo vine a--
No sabía que Uds. seguían aquí.
¿Qué tal? ¿Qué tal?
Válgame el cielo, John van Millwood.
- Así que me recuerdas. - ¿Recordarte? ¿Cómo podría olvidarte?
Brisbane, Australia, el Aquelarre Anual de los Hechiceros.
Yo era Antonio y tú eras Bruto...
en una interpretación calculada para crear un motín en las ruinas de Roma.
Ya olvídalo, el público no entendía una palabra de lo que decías.
Tonterías.
Hola, soy Abigail Beecham.
Hola.
John, recuerdas a Samantha, ¿verdad?
John, te pregunté...
si recordabas a Samantha.
- Sí, sí, claro. - Qué agradable sorpresa.
Endora, ¿te divertiste en el Consejo de Brujas?
No fui, me encontré a John y tuvimos un almuerzo íntimo.
Canguro hervido, sin duda.
El canguro hervido es una exquisitez.
¿O te molesta que hayamos almorzado juntos?
No seas tonto.
A papá no le molesta que mi madre sea amiga de otros hechiceros.
Depende de quiénes sean.
¿Srta. Beecham, practica el arte de Talía?
¿Cómo dijo?
Que si eres actriz, querida.
Soy secretaria particular.
Mantiene ocupado a mi esposo, para que yo me ocupe en otra parte.
Hacen una linda pareja, ¿verdad?
Como el fuego y el agua.
Srta. Beecham, tiene el porte de una gran actriz.
¿Cómo vas a saberlo?
- Eso no te favorece, Morris. - Maurice.
Con todo, haré caso omiso del comentario ya que Will Shakespeare siempre dijo...
que mi interpretación de Romeo era la mejor entre los hechiceros.
“Pero, silencio, ¿qué resplandor se abre paso a través de esa ventana?
Es el Oriente, y Julieta, el sol”.
Santo cielo, esas vocales.
Supongo que te engañas creyendo...
que puedes hacerlo mejor.
Infinitamente: “Es el Oriente, y Julieta, el sol.
Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna...
lánguida y pálida de sentimiento...
porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura”.
Muy afectado.
También lo hiciste muy bien, papá.
¿Cómo que “también”?
Tras oírlo, Shakespeare debe estar retorciéndose en su tumba.
Endora, me sorprende...
que te relaciones con un colono falaz y sin talento.
Me relacionaré con quien yo quiera, igual que tú.
- No hay comparación. - ¿Por qué no?
La Srta. Beecham podría ser mi hija...
pero él es lo bastante viejo para ser tu esposo.
Y por ello su relación es más lógica, ¿no es cierto?
Por supuesto que no, si fuera joven y apuesto...
podría entender que se sintiera atraído por una mujer mayor.
Pero si esta reliquia de la antigüedad te resulta atractiva...
Te advierto que fui el Sr. Torso de Tasmania.
este comediante del Infierno...
que sufre de un vergonzoso defecto del habla...
como tu esposo, Endora...
me siento ofendido hasta la médula.
Estoy cansada de tantas discusiones.
Creo que voy a buscar otro empleo.
Ahora que lo pienso, me vendría bien una compañera de viaje.
¿Le interesa?
Es posible.
Estoy convencido de que tiene madera de estrella.
- ¿De veras? - Sí.
¿Por qué no vamos a algún lugar a discutirlo?
Adiós, Endora, Samantha.
“Feliz noche eterna, amado príncipe...
y coros de ángeles arrullen tu sueño”.
No, no, no.
La punta de la lengua, los dientes, los labios.
- “Coros de ángeles arrullen tu sueño”. - Hablando de arrullar--
Maurice, nadie te llega a la suela del zapato.
Gracias, querida.
- ¿Samantha? - Sí, madre.
Hoy luces distinta, te noto una especie de brillo interno.
Le he dicho lo mismo todo el día.
La última vez que la vi así, fue hace poco más de--
¿Cuántos años tiene Tabitha?
Eso es, eso es.
Samantha, vas a tener otro bebé.
¿De veras?
Responde la pregunta.
Vas a tener otro bebé, ¿cierto o falso?
- ¿Ésas son mis únicas opciones? - Sí.
Entonces, es cierto, tendré otro bebé.
- Querida mía. - Otro chiquillo, qué maravilla.
- Con permiso. - ¿A dónde vas, Samantha?
A llamar a Darrin.
Se me ocurrió la tontería de que después del doctor y yo...
él debería ser el primero en saberlo.
- Abuela. - Abuelo.
Sí, Darrin, eso haré.
Lo haré.
No lo haré.
Eso haré.
Eso haré.
Gracias, cariño, me emociona que estés emocionado.
- Adiós. - Qué fantástico.
Pronto tendremos a un guapo hechicero, idéntico a su abuelo.
Podría ser un niño mortal, idéntico a su padre.
Samantha, muérdete la lengua.
Aquí está mi hermosa niña, ven acá.
Macbeth, Acto primero, Escena I.
Empezamos con tres linda brujas, revolviendo un gran caldero.
Papá, no levantes el telón. Quisiera darle la noticia a Tabitha.
Por favor. Acompáñame, tesoro.
¿Alguna vez deseaste a un hermanito o a una hermanita?
A veces, pero no mucho.
Bueno, me gustaría que empezaras a desearlo más.
- ¿Cuándo llegará? - En unos 6 meses.
¿Dónde está ahora?
Papá y yo te lo explicaremos esta noche.
¿En vez de ver la tele?
Sí, lo siento.
Podrás jugar con un bebé de verdad, qué divertido, ¿no?
Prefiero un poni.
Pues tendrás un bebé.
¿Será una bruja o un hechicero?
Existe la posibilidad de que sea un bebé mortal.
- Será una bruja. - Será un hechicero.
¿Niño o niña? ¿Bruja o hechicero?
¿Qué será?
Santo cielo.
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