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Samantha, el almuerzo estuvo delicioso.
Gracias, Sra. Stephens, hice la tortilla de huevo con su receta.
Por eso quedó tan rica.
Madre.
¿De dónde salió?
A mi madre le encanta aparecer inesperadamente.
Sí, acabo de llegar de Mónaco.
Pero no estaba aquí hace un minuto...
y de pronto, sí.
Por favor, Sra. Stephens, Ud. sabe que eso es imposible.
Tal vez sus ojos la engañan.
Samantha, querida, estaba jugando al chemin de fer con el príncipe.
- ¿Cómo te fue? - Nada mal.
Gané el palacio.
Claro que no se lo pediré.
Sigan hablando de lo que sea que hablen.
Realmente vine a ver a Tabitha.
Pensé en llevar a la princesa al zoológico.
- ¿Al zoológico? - Sí.
Tabitha y yo pasamos un día encantador ahí la semana pasada.
¿De veras? Qué bien.
Estuvieron allí media hora, y yo las acompañé.
A Tabitha le encantó el unicornio y el dodo.
Los unicornios y los dodos no existen.
Vimos a los animales de siempre.
Elefantes, tigres y monos.
Y un unicornio...
y un dodo.
Samantha, ¿cuándo me dejarás a Tabitha un día completo?
Me gustaría llevarla al museo.
Creo que es muy pequeña para ir a un museo.
- Pero ¿no para el zoológico? - Así es, sabía que Ud. entendería.
Probablemente es Frank que viene por mí.
Tengo un esposo muy considerado y siempre puntual.
Y le gusta mucho la bocina.
Lamento que se marche, Sra. Stephens.
- Qué aburrida es. - Madre.
La próxima vez que vaya a Mónaco...
quisiera llevarla conmigo.
Quizá podría perderla.
HECHIZADA
Por fin conseguí que Tabitha se durmiera.
Madre.
Tienes cinco minutos para apostar.
¿Qué haces?
Creí que era obvio, estoy montando un caballo.
Eso veo, pero ¿por qué?
Para darte un pequeño adelanto.
Decidí ser la primera jinete femenina en Aintree.
- Espléndido. - Éstos son los colores de la reina.
Sin faltarle al respeto a la reina...
¿podrías quitar sus colores y su caballo de mi alfombra?
Samantha.
Definitivamente ya no eres divertida.
Ya lo sé, soy muy aburrida.
Contaré hasta tres.
No te molestes.
¿Leche o limón?
Leche, por favor.
Te relajarás en cuanto lleguemos a Londres.
- ¿A Londres? - Sí, nosotras tres.
Ya que Durwood no está aquí el fin de semana...
Tabitha podrá visitar...
a todos nuestros parientes fascinantes.
Madre, temo que--
- Discúlpame. - Tabitha y tú...
pueden visitar a tu padre mientras yo bebo cocteles con la Reina Madre.
Luego, podemos alcanzar...
a tu tío Arthur en Marruecos, y después ir a Skorpios...
donde creo que Serena se metió en problemas.
- Sr. Stephens. - Hola, Samantha.
¿La Sra. Stephens vino con Ud.?
No, cree que fui de compras.
- Pase. - Gracias.
Vaya.
Qué agradable sorpresa.
Phyllis no me dijo que estaba aquí.
Le gusta guardarse las buenas noticias.
Además, parecía un poco tensa cuando se marchó.
Sí, rumbo a casa le dolía la cabeza.
De eso quiero hablarte.
¿Quiere una taza de té?
- Gracias. - Permíteme.
Siéntese.
Phyllis cree que estás haciendo campaña...
para alejarla de Tabitha.
¿Por qué haría algo así?
Siente que crees que es senil e incompetente.
Eso es absurdo.
Entonces, ¿por qué tratas de alejarlas?
No es así.
Yo te creo, pero para convencer a Phyllis...
voy a pedirte un favor.
- ¿Leche o limón? - Leche, gracias.
- ¿Iba a pedirme un favor? - Sí.
Pero sería mejor que ella creyera que es idea tuya.
¿Cuál es el favor?
En primer lugar, entiendo...
que Tabitha es muy pequeña para ir a un museo.
Bien por Ud.
Así que te sugiero un término medio.
- ¿Un término medio? - Sí.
¿Por qué no dejas que Tabitha pase el fin de semana con nosotros?
Sí, claro, uno de estos fines de semana.
- Yo había pensado en éste. - Qué maravillosa idea.
Así, madre e hija podemos estar juntas.
El mes pasado conocí...
a un matador espectacular en Barcelona.
Aunque no lo creas.
No creo que Tabitha esté lista...
para pasar un fin de semana lejos de casa.
Tonterías, Samantha.
Cuando tenías 4 años, fuiste...
a ver los fuegos artificiales en los jardines de Tivoli.
Y tu refrigerio fue champaña y caviar.
Madre.
La generación moderna no es divertida.
Me temo que Tabitha todavía derrama todo...
y Uds. tienen cosas preciosas.
Sólo son cosas.
No es tanto que derrame todo, es que le quedan los dedos pegajosos.
Me encantan los dedos pegajosos.
Entonces, ¿está bien?
¿O prefieres que me ahogue en el mar de lágrimas de cocodrilo de Phyllis?
- Es Ud. muy convincente. - Entonces, está arreglado.
Por supuesto, no quiero que sientas...
que no decidiste nada tú...
así que, ¿a qué hora venimos mañana por Tabitha?
¿Después del almuerzo?
Digamos a las 5:30.
Digamos a la 1:00.
Y recuerda que ésta fue idea tuya.
Detesto llevarme el mérito, pero si insiste.
Insisto. Fue un placer volver a verla.
No me acompañes a la puerta. Adiós.
Gracias por la ayuda.
Ahora sólo tengo que encontrar una salida.
¿Por qué? Muchos abuelos pasan tiempo con sus nietos.
La mayoría no tienen nietos que pueden convertirlos en sapos.
Ésa sería una mejora.
¿A qué hora nos vamos a Barcelona?
- Estaré lista a la 1:00. - Maravilloso.
Para pasar un fin de semana con Tabitha y sus abuelos mortales.
Samantha, eres un fastidio.
Ya lo sé, ya lo sé.
- Es una enfermedad mortal. - En cuyo caso, querida--
¡A cazar!
Muy bien, Tabitha...
cuando lleguemos a casa de tu abuela--
¿Va a aparecer unicornios y dodos?
No, cariño.
Tu otra abuela es la que aparece esas cosas.
Esta abuela hace galletas con pasas.
- Me gustan las galletas con pasas. - Qué bueno.
Pero no tanto...
- como los unicornios y los dodos. - Como los unicornios y los dodos.
Tabitha, en este mundo hay dos clases de personas.
- Ya lo sé. - ¿En serio?
Las personas grandes y las personas pequeñas.
Así es, cariño.
- Sra. Stephens. - ¿Llego temprano?
- Sólo un poco. - Mi reloj debe estar adelantado.
Veo que mi corderito está listo.
Yo también.
- ¿Tú también vienes? - Si no le importa.
No, claro que no.
Sra. Stephens, no quiero abusar, es sólo que--
¿Abusar?
¿Dije abusar?
Adelante.
Yo llevaré a mi nieta, tú trae las maletas.
Vámonos.
“Vámonos”.
Samantha, qué agradable sorpresa.
- No sabía que vendrías. - Yo tampoco.
- Hola, abuelo. - Hola, Tabitha.
- ¿Cómo está mi niña? - Bien.
No creí justo...
dejarla sola con ustedes todo el fin de semana.
Es una niña muy vivaz.
También Darrin, pero tuve la habilidad para controlarlo.
Eso fue hace años.
Podrías tratar de estar de mi lado de vez en cuando.
Ven, mi amor.
- Muy bien. - Sra. Stephens.
Es hora de su siesta.
Primero, leche y galletas. La siesta después.
Quédate con Frank, Samantha.
Te hablará de su más reciente invento.
Ganaré una fortuna con éste.
Sam, siéntate, déjame contártelo todo.
Pasaremos un maravilloso fin de semana, Tabitha.
Mientras estés aquí, puedes hacer lo que quieras.
Las cosas que no puedo hacer en casa...
- ¿puedo hacerlas aquí? - Por supuesto.
Es una máquina expendedora casera.
Oprimes un botón y listo...
tienes un martini.
Oprimes otro botón y lotería...
un whisky.
Oprimes otro botón y bingo...
un coctel Tom Collins.
Cielos, eso sí es progreso.
Todas las casas deberían tener una.
Adivina qué tiene la abuela para ti en el patio.
Una sorpresa.
Soy Black Bart. Soy Black Bart.
Un pájaro que habla.
Hola, nena.
¿Tú lo hiciste así?
Todo lo que sabe lo aprendió de mí.
Frank, me duele mucho la cabeza.
Frank, me duele mucho la cabeza.
Te traeré más galletas.
Hola, nena.
- Soy Tabitha. - Soy Black Bart.
Ya lo sé. ¿Es divertido ser un pájaro?
Frank, me duele mucho la cabeza.
- ¿Sólo eso sabes decir? - Soy Black Bart.
Desearía que hablaras mejor.
- Hola, Tabitha. - Hola, Black Bart.
Qué nombre más tonto, dime Sr. Maravilla.
Sr. Maravilla, ¿es divertido ser un pájaro?
La verdad, no me entusiasma.
¿Te gustaría ser un águila?
¿En esta estúpida jaula?
¡Frank!
Algo anda muy mal.
Ese pájaro está conversando con Tabitha.
Con permiso.
Claro que están conversando.
Para eso le enseñaste a hablar, ¿no?
Tabitha, ¿hiciste algo prohibido?
Sí.
La abuela dijo que podía hacer lo que yo quisiera.
Nadie puede darte permiso de hacer brujería...
- excepto yo. - Pero tú no me darás permiso.
Así es. Ahora, quítale el hechizo a ese pájaro.
Está bien, sé como eras antes.
Soy Black Bart. Hola, nena.
Frank, me duele mucho la cabeza.
Frank, escucha esto.
¿Es divertido ser un pájaro, Sr. Maravilla?
Soy Black Bart. Hola, nena.
Eso no parece una conversación.
Frank, te juro--
Perdón, Tabitha tiene que dormir su siesta, ¿dónde la acuesto?
- Arriba, en la primera puerta. - Gracias.
¿Por qué no te recuestas en el sofá?
Has trabajado mucho últimamente.
Tonterías, nunca me sentí mejor.
¿Puedes traerme un poco de jerez?
- ¿Sr. Maravilla? - Soy Black Bart. Soy Black Bart.
¿Despertó tan pronto?
Yo habría ido por ella.
Estaba muy ocupada, no quise molestarla.
¿Me das más galletas?
- No, cariño. - Claro que sí, mi amor.
Un día te vas a convertir en una galleta de pasas.
Eso sería divertido, mamá.
Hola a todos.
No voy a preguntar de dónde salió.
Supondré que vino a llevarse a Samantha.
No, mi madre sólo vino a saludar.
- Hola. - Hola.
Qué bien.
Aquí tienes, mi amor.
¿Puedo darle una a mi abuelita?
De casualidad, ¿es la receta de Alice B. Toklas?
La receta es mía.
Entonces, creo que paso.
Vaya, vaya, vaya.
¿De dónde viene?
Ya que pregunta, estaba en Liverpool...
entrenando a mi caballo...
para la próxima carrera de obstáculos de Aintree.
Qué bromista es.
Sí.
Mi madre es muy divertida.
Aprovechando que estamos todos, tengo una idea.
Suerte del principiante.
Samantha, tu madre es comiquísima.
Sra. Stephens, tal vez sería mejor...
si mi madre y yo nos fuéramos--
- ¿Por qué? - Frank, déjalo por la paz.
Y nos lleváramos a Tabitha.
¿Por qué?
Acabo de recordar que Tabitha prefiere dormir...
- en su propia cama. - ¿Cómo lo sabes?
¿Alguna vez durmió fuera de casa...
y yo no estoy enterada?
Creo que Samantha quiere decir--
Ya sé lo que quiere decir.
Quiere llevarse a Tabitha porque cree que estoy senil.
Sra. Stephens, yo no dije que estuviera senil.
Eso insinuaste al decir que Tabitha prefiere dormir en su cama.
- ¿De veras? - Por supuesto.
Phyllis, Samantha no lo dijo, fuiste tú.
Traeré a dormir a Tabitha en otra ocasión.
Cuando sea mayor.
Frank, me duele mucho la cabeza.
Pues, sí.
- Ud. me entiende, ¿verdad? - No mucho.
- Lo intenta. - Vámonos, Tabitha.
Estaba aquí hace un minuto.
Estará jugando a las escondidas.
Es su juego favorito.
- ¿Le molestaría buscarla en el patio? - No, en absoluto.
- Yo buscaré enfrente. - Bien, bien.
No está jugando a las escondidas, ¿verdad?
No, su abuelita está haciendo uno de sus trucos.
Soy inocente, Samantha.
- ¿Palabra de bruja? - Palabra de bruja.
Tabitha, quiero que salgas ahora mismo...
de dondequiera que estés.
¿Samantha?
- Samantha, busca algo pequeño. - ¿Perdón?
Si un niño mortal se siente responsable de una discusión...
se entristece y escapa, ¿verdad?
Sí, pero--
Pero una brujita no tendría que escapar.
Puede transformarse en otra cosa.
De esa manera puede quedarse...
y ver a los adultos quedar como tontos.
Por supuesto.
Recuerdo la vez que papá y tú...
estaban discutiendo--
Olvida aquella vez.
¿Recuerdas cuando tu padre y el tío Arthur estaban peleando...
por presentarte ante la Corte?
No mucho.
Te convertiste en una estampilla.
Por eso aparecí en Estambul.
Precisamente.
No fue muy divertido; los turcos son bastante groseros.
¿Recuerdas el lunar que tienes en el hombro?
- Sí. - Allí pusieron el sello.
Bueno, sólo tenemos que buscar algo pequeño...
en lo que Tabitha pudo convertirse.
Sí.
Tabitha, si estás allí, quiero que salgas de inmediato.
¿Me oyes?
¿Florero?
¿Eres la hermosa Tabitha de la abuela?
Hola.
Tabitha se esconde tan bien...
que tenemos que buscarla en todas partes.
Sí, buscamos alrededor de la casa...
y no pudimos dar con ella.
No quiero entrometerme...
pero ¿estaba hablando con el florero?
¿Con el florero? ¿Yo?
¿Por qué haría tal excentricidad, querido?
Sólo nos queda llamar a la policía.
Primero me comeré una galleta.
¿Quieres una, madre?
Pobres, están enloqueciendo.
Siempre sientes compasión por todos, menos por mí.
Te serviré el jerez.
Voy por una copa grande.
Ten.
Te convertirás en ti misma...
cuando cuente hasta tres.
Uno, dos--
Tres.
No estaba aquí hace un momento, estoy segura.
¿De dónde salió?
Bueno, vamos a ver.
Salió de-- Verán, ella estaba--
Me había transformado en una galleta de pasas.
Frank, recuerda tus votos.
En la enfermedad y en la salud.
Sra. Stephens...
a veces las niñas tienen secretos...
que los adultos no deberían tratar de entender.
Gracias, querida, lo tendré en mente.
Y propongo que continuemos la visita...
cuando Frank y yo regresemos del crucero.
¿Qué crucero?
El crucero por el Mediterráneo que acabo de decidir tomar.
Con su permiso.
- ¿Hice algo malo? - Sí.
No fue tu culpa.
Pero ¿me van a castigar?
Claro que no, angelito mío.
Ahora no, después.
¿Una galleta?
Espero que mandarla a dormir sin postre...
no sea un castigo muy severo.
No creo que deforme su personalidad...
si eso es lo que te preocupa.
Pero la crema de chocolate es su postre preferido.
Madre, sinceramente--
Mamá hizo algo prohibido.
A veces, las mamás pueden hacer algo prohibido.
Ahora, a dormir, jovencita.
Ahora mismo.
¿Qué te pasó?
Intercepté tu crema de chocolate.
No sé de qué hablas.
Madre, le enviaste esa crema de chocolate.
- Di la verdad. - Siempre digo la verdad...
como yo la veo.
Eres una bruja incorregible, madre.
Y tú eres una niña...
insensible, egoísta y casada con un mortal.
No tienes por qué enfurruñarte.
Creo que sí tiene por qué enfurruñarse.
En fin.
¿Mamá?
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