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Ya voy.
- ¿Ud. es la señora de la casa? - Sí.
No se moleste, pero qué hermosa es.
La mayoría de las esposas que abren...
deberían volar en la escoba en vez de barrer con ella.
Cuidadito. Mis mejores amigas son brujas.
Si vino a vender revistas...
tenemos más de las que podemos leer.
No. Verá, se trata de mi viaje a Europa.
Sólo debo ganar 150 puntos más y luego--
Y para ganar más puntos debe vender suscripciones.
Bueno, si lo quiere ver de esa manera.
Dijo que no se trataba de revistas.
No se trata de eso. Se trata de suscripciones.
Debe ser alguien que me ofrecerá un curso de baile totalmente gratis...
que recibiré a cambio de 24 fáciles pagos.
Hola. Hola, mi amor.
Yo también te extraño. ¿Ya llegaste a Boston? Pero si acabas de irte.
¿Todo está bien? ¿Dejaste qué cosa dónde?
Un sobre en el asiento delantero del auto que dice “cuenta Strothers”.
Sí, te lo enviaré enseguida.
Claro que por avión, amor.
Sí. Lo prometo. Adiós.
Oiga, ya que su esposo está fuera de la ciudad...
¿qué tal si Ud. y yo nos juntamos esta noche?
Me encantaría.
¿A qué hora quieres pasar por mí, lindo?
HECHIZADA
Victoria, quiero que bajes en este instante.
Sé una gatita buena y baja.
- Hola, Srta. Parsons. - Ah, hola, Sra. Stephens.
¿Otra vez tiene problemas con Victoria?
Es muy buena para subirse a los árboles...
y muy mala para bajarse de ellos.
¡Victoria! Qué lista gatita.
Aprendiste a hacerlo. Sí.
Hola.
Válgame. ¿De dónde salió Ud.?
¿Me trajo la cigüeña?
Serena.
- Srta. Parsons, ella es mi prima. - ¿De dónde salió?
Del nido de la cigüeña.
No le preste atención. Está totalmente chiflada.
Pero ella no estaba ahí y de repente ahí estaba.
Ud. sabe que eso es imposible, Srta. Parsons.
Sus ojos debieron engañarla.
¿Quiere ver que lo haga de nuevo?
- Aquí estoy. - Ay, cielos.
- Serena. - ¿Qué esperas de una chiflada?
Debe ser porque no he tomado mi medicina para los nervios con regularidad.
Debe ser por eso.
Srta. Parsons, ¿qué tal si va a casa y se prepara una olla de té caliente?
Sí, supongo que haré eso. Adiós, Sra. Stephens.
Santo cielo, Serena.
Es una antigüedad inestimable. ¿Dónde la conseguiste?
No te burles de ella. Es una de nuestras mejores vecinas.
Debes estar bromeando.
Adiós.
No, no bromeo. Admiro a la Srta. Parsons.
- ¿Por qué? - Porque es una persona buena y amable.
No puede ni rechazar a un gato callejero.
Eso es tremendamente aburrido.
Eso me recuerda algo. ¿Cuánto tiempo estará fuera Darrin?
¿Cómo supiste que salió?
Lo oí en el viento. Las buenas noticias viajan rápido.
No eres la única que puede convertir a alguien en alcachofa.
Antes de poder pasar tiempo contigo, debo enviarle esto a Darrin.
Pues, dámelo. Lo pondré en sus manos en un instante.
Nada de magia. Se lo prometí.
¿Cuánto tiempo más quieres que duerma la princesita?
- Una hora. - Que así sea.
Ese reloj de arena lo medirá.
Genial. ¿Y no podías simplemente darle la vuelta?
¿Trabajo manual? ¿Con un talento como el mío? Nunca.
Serena, por favor, prométemelo.
No vayas a hacer travesuras en mi ausencia.
Te prometeré algo mejor que eso.
Ordenaré el lugar en tu ausencia.
Sólo lee un buen libro.
Me encanta, Samantha.
Y no dejes que nadie te diga que no te queda ese color.
¿Tú te lo pintaste sola?
Éste es mi color natural.
Darrin nunca me dijo que te aclarabas el pelo.
Quizá no cree que sea asunto suyo, sea quien sea.
Samantha, ¿qué te sucede?
Yo no soy Samantha. Soy su prima Serena.
¿Cómo está? Yo soy la suegra de Samantha...
y vine a hacerle compañía.
Pues, salió a hacer un mandado.
Un mandado largo. Le diré que vino.
¿Qué tal si mejor entro y la espero?
Faltan horas para que regrese.
Muy bien. Eso nos dará tiempo para conversar.
Vemos muy poco a los parientes de Samantha.
¿Es prima de parte de su madre o de su padre?
- De su padre. - Qué interesante.
No lo hemos conocido. Ni siquiera sabemos qué hace.
¿Qué hace? Nada. Se deleita.
Me da gusto por él. ¿Cómo hizo su fortuna?
En el sótano.
Qué graciosa.
Ud. también me parece bastante graciosa, linda.
¿Me da su abrigo?
Gracias.
- ¿Y la pequeña Tabitha? - Arriba.
Subiré a saludarla.
Ahora no, si no le importa. Aún no termina su tiempo de la siesta.
Apenas me di cuenta de--
- Es un reloj de arena muy poco común. - ¿Lo es?
Sí. Nunca había visto uno como éste.
El gusto de Samantha siempre ha sido poco común.
Lo mismo con la gente.
Darrin, por ejemplo, es extremadamente poco común.
Pues, gracias, Serena. Y por cierto...
ya conocimos a la madre de Samantha.
Es una persona encantadora.
Yo no le diría eso a la cara.
Por cierto, y que quede entre nosotras...
¿no cree que se pone demasiado maquillaje para una mujer de su edad?
Quiero decir, debe tener al menos--
Admite tener mil años.
Me lo merecía.
Lo que tiene de diferente es que la arena sube.
Debería caer.
- ¿En verdad? - La ley de la gravedad.
¿Eso la pone nerviosa, Sra. Stephens?
Si quiere saber la verdad, muy nerviosa.
¿Quiere que lo detenga?
Si puede.
¿Mejor?
No, creo que es peor.
- ¿Quiere tranquilizarse con un jerez? - Eso me gustaría.
Justo detrás de Ud.
Sírvase.
Supongo que Samantha tiene el jerez a mano para su tío Arthur.
¿Por qué piensa eso?
No me malinterprete, Serena.
Creo que Arthur, el tío de Samantha, tiene un sentido del humor maravilloso.
Es sólo que--
Sus bromas a veces son demasiado inesperadas.
¿No cree que quizá bebe un poco?
- De vez en cuando. - Sólo cuando necesita tranquilizarse.
A eso me refería.
¿Y si lo cubre?
No está muerto, Sra. Stephens. Y mide el tiempo de la siesta de Tabitha.
- Me preocupo por esa niña. - ¿Tabitha?
¿Puedo ser sincera con Ud.?
Por favor.
Samantha no le da ninguna libertad a la niña.
Claro que no me atrevería a decírselo a Samantha...
pero está siendo muy egoísta.
Quizá alguien que no sea su suegra debería aconsejarla.
- ¿Por su propio bien? - Por supuesto.
Y por el de Tabitha.
Me partiría el corazón ver que esa niña encantadora...
siguiera el ejemplo de su madre y se volviera egoísta.
¡Suficiente!
Miau, miau tú.
Samantha nunca me perdonaría si dejara sola a Tabitha.
Quizá un lindo perro la encuentre.
¡Basta!
¡Basta, perro malo! ¡Deja a la gatita!
Déjala en paz. Ya voy, sí.
Vete. ¡Vete!
Pobrecita gatita.
Qué linda gatita.
Te gusta conversar, ¿no?
Quizá un plato con leche tibia te ayude a calmarte. Vamos.
Voy a darte leche.
Serena.
Serena, ¿qué intentas hacer? ¿Ensordecer al barrio?
Yo no he oído quejas.
¿Quién podría oír algo con tanto ruido?
- ¿Cómo está Tabitha? - Bien. Está arriba.
Vamos a beber café.
Y te pondré al tanto de lo que ha pasado en nuestro mundo.
Endora toca duetos en el sitar con Ravi...
y prácticamente se apoderó del gurú.
Él se niega a meditar con nadie más.
- Vino alguien. - ¿En serio? ¿Quién?
Serena, no me entretengas. ¿Quién vino?
Ah, sí, tu suegra. ¿Cómo podría olvidarla?
- ¿Se fue sin su bolso? - Eso parece.
La llamaré a su casa. Le diré que está aquí para que no se preocupe.
- No está en su casa. - ¿Dónde está?
Ésa es una pregunta muy buena, pero tengo una mejor.
¿Por qué no preguntar “qué es”?
Porque estoy aterrada.
Te encantará. La transformé en gato.
- ¿Qué hiciste? - Un gato común de callejón.
Serena, ¿por qué lo hiciste?
Porque nos clavó las uñas a todos nosotros...
entre ellos, al querido tío Arthur, a quien acusó de ser bebedor.
No, no me lo agradezcas. Fue un placer.
No estoy considerando darte las gracias.
Tendrías que haber oído lo que dijo de ti.
No me importa-- ¿Qué dijo?
Pensé que no te importaba.
No me importa. ¿Dónde está?
- ¿A quién le importa? - A mí.
- Estás tomándome el pelo. - Y tiene un esposo en casa.
No a menudo, estoy segura.
Serena, por última vez, ¿dónde está?
No sé dónde está.
Cuando la vi, salió corriendo al patio y rodeó la cerca.
- Voy a buscarla. - Qué pena.
No podremos conversar.
Así es.
Te quedarás aquí y esperarás.
Iré por la Sra. Stephens y la regresarás a su estado normal.
Y luego te irás de aquí.
Ay, Sammy.
Eras muy divertida antes de enfermarte de “mortalitis”.
¿Sra. Stephens?
Ésta es una gran combinación para Ud.
Un año de Liberty y dos de Collier’s. Y todo por diez dólares.
Sra. Stephens.
¿Sra. Stephens?
Samantha, ¿busca a alguien?
Podría decirse. ¿Puedo entrar?
¿Su prima está con Ud.?
- No. - Entonces, por supuesto.
- ¿Qué le sucedió? - No tengo la menor idea.
Lo ayudaba a ganar puntos al suscribirme a Liberty y a Collier’s.
No sienta pena por él.
- Esas revistas ya no las publican. - Ay, santo cielo.
Srta. Parsons, recientemente adquirimos una gata.
- Qué encanto. - Sí.
No tiene nada de encantador ahora. La gata huyó.
- Pensé que quizá vino aquí. - En realidad...
- llegó una gata perdida hace poco. - Ay, qué bien.
¿Cuál es?
En realidad, no lo sé. Todos se parecen mucho.
Maullaba mucho cuando llegó.
Es ésa.
Me sorprende que no conozca a su propia gata.
Sí. Pues, como dije...
la adquirimos hace poco y se la pasa en la calle...
así que no la he visto mucho.
- Quizá vendría si la llamara. - Sí.
Sra. Stephens.
- ¿Sra. Stephens? - Es un nombre raro para una gata.
Tabitha le puso el nombre. En honor a su abuela.
¿Sra. Stephens?
Sra. Stephens, ¿dónde está?
- Hola. - No sé qué mencionar primero.
Tu cabello nuevo o el control remoto de la puerta.
Me gustan los dos.
Ud. es algo guapo.
Pues, gracias. Vine por Phyllis.
- ¿Phyllis? - Sí. Mi esposa. Tu suegra.
- Ah, Ud. es su esposo. - Me dijo que la recogiera a las 5:00.
Dígame, ¿la extrañaría...
si, digamos, se perdiera?
Samantha, ¿de qué hablas?
Yo soy Serena, la prima de Samantha.
Y temo que a veces me gusta hacer travesuras.
Como ahora.
Obviamente no va a cooperar.
Los gatos a veces pueden ser difíciles.
Los gatos y las primas.
Disculpe. Tocan a la puerta trasera.
Sí. Desde luego.
La Sra. Stephens como gato permanecerá, en perros los demás se convertirán.
Cielos, qué día tan extraño.
Esta mañana imaginé que vi cosas y ahora imagino que oigo cosas.
Quisiera saber cuándo comenzarán los mareos.
Que los ladridos acaben perdidos.
En vez de perros, que sean gatos.
Podría jurar que oí ladridos.
- Debió ser afuera. - Sonó muy cerca.
Veo que encontró a la Sra. Stephens.
- Sí. Gracias por recibirla. - Fue un placer.
- Puede conservar la campanita. - Gracias nuevamente.
Es para alertar a las aves.
Srta. Parsons, parece estar nerviosa. ¿Se encuentra bien?
Sí, linda, eso creo.
Pero no recuerdo haber tenido nunca un día más desconcertante.
Pues, todos los tenemos.
No piense en eso.
Sr. Stephens, no esperaba--
Qué agradable sorpresa.
Vine por Phyllis.
Fue a ver el jardín de junto.
No es nada personal, pero soy alérgico a ti.
Te desharás de ella, ¿verdad, Serena?
A regañadientes, prima. A regañadientes.
Odio tener que deshacer una obra tan buena.
Cielos, ese jerez sí que estaba fuerte.
¿Ya son las 5:00?
Las 5:30.
Caray, la tarde se pasó rápido.
Ay, cielos, eso se me había olvidado.
Frank, ¿podrías ver esto?
¿Habías visto un reloj de arena tan poco común?
No, nunca. Es enorme.
¿Alguien más tiene calor?
Phyllis, ¿qué tienes en el cuello?
Mi campana, para alertar a las aves.
- ¿Tu campana para alertar a las aves? - ¿Yo dije eso?
Se parece a la que tenía la gata.
- ¿Cuál gata? - La que estaba aquí...
cuando Ud. se detuvo a admirar el jardín de junto.
¿El jardín de junto?
¿Quiere beber un poco del jerez del tío Arthur?
Sí, sí quiero.
- Yo le serviré. - Gracias.
Es bueno saber que hay una bebedora en la familia de Darrin.
Eso equilibra las cosas.
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