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Original subtitles

Ay.

Vas a lucir muy hermosa con este vestido, Tabitha.

No parece un vestido.

Es porque todavía no está terminado.

¿Estará terminado para cuando papá llegue a casa?

No. Verás, primero hay que cortarlo...

luego unir las piezas con alfileres para ver si te queda.

Entonces, ¿es un vestido?

Casi.

Toma tiempo y hay que esmerarse.

- Sé cómo hacerlo rápido. - No.

Tabitha, sabes que papá no quiere que usemos brujería.

Mamá tonta.

Santo cielo.

Hablas igual que mi madre.

Cariño, ya llegué.

Papá, adivina qué hace mamá.

Hace un vestido ella sola.

Ni siquiera irá a la tienda.

Lo sé. Lo sé.

Y le está quedando bien.

Mi esposa, la modista.

- Sam, me enorgulleces. - Gracias, corazón.

Tabitha, sube y empieza a prepararte para ir a dormir, ¿sí?

Está bien, mamá.

- Creíste que se me olvidó, ¿no? - ¿Qué cosa?

Feliz sexto aniversario de nuestra primera cita.

Sabía que lo recordarías.

Es encantadora.

“Regresa a Sorrento”.

Ay, mi amor, es hermosa.

Y celebraremos en Sorrento esta noche.

Llamé a Marcello y nos reservará una mesa.

Vaya sorpresa.

Y por si me sorprendías...

le pedí a mi madre que cuidara a Tabitha.

Pensándolo bien, pediré un par de pizzas.

Cariño, no desafíes a la suerte.

Voy a alistarme.

¿Es un regalo del derrochador?

¿Tienes que escuchar a escondidas?

Alguien debe cuidar los intereses de mi hija.

Mírate, haciendo la ropa de Tabitha.

Samantha, Durwood te convirtió en una esclava explotada.

- Madre, por favor. - Bueno, está bien.

Obviamente, eres demasiado soñadora para darte cuenta de lo que te pasa.

Tengo todo lo que quiero.

Cuando pienso en los lujos a los que renunciaste--

- Madre. - ¿Qué?

Ya no me presiones.

Subiré a alistarme.

HECHIZADA

- ¿Srta. Wilson? - ¿Sí?

Quiero ver al Sr. Darrin Stephens, por favor.

- ¿Tiene cita? - No, no.

La gente no hace citas con los locos.

¿Ud. es un loco?

No, no, pero, normalmente, la gente cree que lo soy.

¿Por qué quiere ver al Sr. Stephens?

Qué lindura.

Quiero hablar con el Sr. Stephens para que me ayude a venderlo.

Es asombroso.

Da una sensación de bienestar.

Ya conoce el aro hula, la plastilina, el ave que bebe, el plato volador...

y ahora...

la Pelusa.

Tengo la corazonada de que podría volverse popular.

Créame que así será.

- Disculpe, señor-- - Profesor.

- Profesor Mac Allister. - Disculpe, profesor.

Veré si el Sr. Stephens puede dedicarle un momento.

¿Sí?

¿Está muy ocupado, Sr. Stephens?

Sí, pero ¿qué sucede, Srta. Wilson?

Sé que debo echar a todos los bichos raros...

pero vino un caballero que creo que debe ver.

¿Recomienda a este bicho raro?

Sr. Stephens, ¿lo molesto muy a menudo?

Está bien, que pase.

Sr. Stephens, él es el profesor Mac Allister.

- Mucho gusto. - Gracias por recibirme, Sr. Stephens.

Creé un muñequito.

- ¿Puedo mostrárselo? - Por supuesto.

¿No es encantador?

Yo lo llamo la Pelusa.

Y, pues-- No lo sé, como que hace que uno se sienta bien.

Sí, es verdad.

Modestamente creo que éste tiene algo...

que hará que todos quieran uno.

Estoy de acuerdo. ¿Cómo puedo ayudarlo?

Si Ud. provee la publicidad creativa necesaria para venderlos...

proporcionaré los muñecos y dividiremos las ganancias.

¿Por qué yo?

Sr. Stephens, en la Avenida Madison no es un secreto...

que Ud. es un publicista muy exitoso.

Tiene conexiones.

Quizá pueda colocar el muñeco en un gran almacén...

sólo para ver si le gusta a la gente.

¿Cuánto cuesta fabricar estos muñecos?

Prácticamente nada.

Si se vende por un dólar...

Ud., la tienda y yo ganaríamos 25 centavos por cabeza.

Si se vende, podría ser mucho dinero.

Darrin, Henderson está en mi oficina y--

Profesor Mac Allister, él es el Sr. Tate.

Mucho gusto.

- ¿Qué es eso? - Eso, Sr. Tate...

es un muñequito que creé que encantará al país.

El país necesita encanto, pero un muñeco no se lo dará.

Hace que te sientas bien.

Sí, es verdad.

Qué lindo es.

Dime, Lar...

¿qué te parece si McMann y Tate lanzan la Pelusa?

El profesor ofreció el 50% de las ganancias.

Soy muy viejo para jugar con muñecos.

Y tengo una cuenta de dos millones en la oficina...

que me hace sentir mucho mejor que la Pelusa.

Ahora vamos a trabajar.

Tengo una corazonada sobre este muñequito.

Nosotros nos encargamos de la publicidad de la tienda Hanley’s.

Srta. Wilson, llame a Jim Hanley...

y pídale que prepare un expositor...

en la entrada principal mañana.

Sí, Sr. Stephens.

¿Podría entregarles 50 de éstos?

Creo que mejor entregaré 500, sólo por si acaso.

Me gustan los socios optimistas.

- Fue un placer conocerlo. - Gracias.

Déjele su número a la Srta. Wilson...

y le diremos cómo nos fue mañana.

Hola, cariño.

Hola, mi amor.

- Hola, papá. - Hola.

¿Qué es eso?

Sam, aunque no lo creas, ahora vendo muñecos.

Qué lindo.

Hay algo sobre él-- su nariz chistosa, su pelo largo--

que hace que la gente se sienta bien.

Sujétalo y ve.

Pues, me gusta, pero--

¿No te afecta en absoluto?

Qué curioso. Todos en la oficina querían uno.

No se puede saber qué va a gustar.

- Toma, amor. Es tuyo. - Gracias. Qué lindo, papá.

Es una de esas cosas que la gente no puede dejar.

Nadie es profeta en su tierra.

- ¿Sí? - Perdóneme, Sr. Tate...

pero debo hablar con el Sr. Stephens.

Se trata del muñeco.

¿Podrían tener su segundo empleo cuando terminen con el primero?

Por eso se le llama así, ¿saben?

Perdona, Larry.

¿Qué sucede, Srta. Wilson?

- Tanta emoción me hace querer gritar. - A mí también.

El Sr. Hanley llamó hace unos minutos...

y dijo que ya vendieron todos.

Vendieron los 500 para las 11:00.

Sí que les gustó el muñeco.

¿Y qué? Vendiste 500 muñecos.

El profesor llevará otros 2000 en este momento.

- Cielos, qué increíble. - Sí, qué increíble.

Y escuche esto, Sr. Stephens.

El Sr. Hanley quiere 200 000 para sus tiendas en todo el país.

¿Cuánto tardará el profesor...?

Dijo que los tendrá en dos días...

o antes si así lo queremos.

Continúe trabajando, Srta. Wilson.

Y que el Sr. Tate no la sorprenda usando el teléfono de la empresa.

200 000 muñecos.

Ya deja de tontear con esos centavos.

Son 5000 dólares.

¿5000 dólares?

Debe ser un error. Espera un momento.

Espera un momento. Pusiste mal el punto decimal. Son...

50 000 dólares.

Sí. Tienes razón.

Es un pozo petrolero. Una mina de oro.

50 000 dólares.

¿Y le diste el 10% a la Srta. Wilson?

- Son 5000 dólares. - Sí.

Y nada para mí.

Larry, si lo recuerdas, te ofrecí la mitad del negocio.

No ofusquemos la cuestión con hechos.

Vamos a ocuparnos de esto.

Es una oficina de publicidad, no una fábrica de muñecos.

Larry, ¿te importaría si hoy me voy temprano a casa?

Quiero comprar algo para Sam y Tabitha, y darles la buena noticia.

Darrin, ese comentario es de muy mal gusto.

Perdón.

Muévete para acá. Creo que no me quedó muy bien.

Hola, Sam, Tabitha.

Vaya. Hola, cariño. Llegaste temprano a casa.

- Hola, papá. - Hola, encanto.

Larry me dio la tarde libre.

Por razones que luego serán obvias...

no puede verme sin romper a llorar.

Ahora cierra los ojos y para la boquita.

Esto es divertido.

Oro puro. Tiene joyas reales en ambos lados.

Esto es algo que yo no me compraría.

Cariño, ¿no lo entiendes?

Si quieres algo, sólo silba.

- A veces me desconciertas. - Haz la prueba.

Sí, por aquí.

Unos cuantos regalitos.

Por aquí.

Un vestido Lili Arlege original...

de París...

diseñado para las niñitas que tienen papás ricos.

Este vestido me gusta más.

Qué bueno que alguien opine eso.

Sam, el vestido que haces es magnífico...

pero ya no tienes que hacerlo.

Darrin, me gusta hacer esas cosas.

¿Qué pasó?

Sam, esos muñequitos son un éxito. La gente se pelea por comprarlos.

Hay algo muy extraño con respecto a este asunto...

si entiendes a qué me refiero.

Un abrigo de armiño para ir al parque.

Eso es.

Un abrigo de armiño para ir al parque.

¿No lo acompañaste con un traje de visón?

Sam, sabes que no existen los trajes de visón...

así que le compré uno de chinchilla.

Madre, insisto en que aparezcas de inmediato.

Sí, hermosura, ¿me llamaste?

- Madre, ¿qué has estado tramando? - ¿No es obvio?

Pescaba con arpón con el príncipe Cellini en el Océano Ártico.

Es aburrido y te empapas, pero tiene un iglú fascinante.

Sabes a qué me refiero.

¿Hechizaste un muñequito tonto?

Hija querida, ¿estás bien?

No intentes evitar el tema.

Madre, Darrin está involucrado con un muñequito--

Ay, pobrecita.

¿Cómo se llama ella? No importa su nombre.

Ve por Tabitha y vámonos. No empaques.

Madre, por favor. Es un muñeco que todos quieren comprar.

Darrin está ganando una fortuna...

y yo creo que tú lo hechizaste.

Debe ser una de esas modas que les dan a los mortales.

Madre.

¿Estás segura de que no hechizaste...?

Palabra de bruja.

¿Estás absolutamente segura?

Samantha, ¿alguna vez te mentí?

Pues--

Bien. Muchas gracias.

El profesor entregó 5000 muñecos en la tienda de Detroit.

Bien. Bien.

¿Puedes abrir, mi cielo?

Lo que necesita la fábrica de la Pelusa es un portero de tiempo completo.

Qué buena idea. Anote eso, Srta. Wilson.

El profesor dice que mañana enviará...

los 200 000 muñecos adicionales.

Y debemos llamar al gran almacén Yakamoto...

con respecto a la franquicia en Tokio.

Una tina romana hundida, señora. ¿Dónde la ponemos?

No quisiera decirles dónde.

Es demasiado. Darrin, eso no cabrá en nuestro baño.

Señora, no vayan a pelear ahora.

Esto pesa una tonelada.

Es la pila para pájaros. Va en el jardín trasero.

Cuidado con los muebles.

¿Por qué no haces tus negocios en la oficina?

Le prometí a Larry no hacer esto allá.

Toda la casa está cubierta, Sr. Stephens:

nueve cuartos, nueve televisiones en color.

Justo lo que necesitamos:

ver patinaje sobre ruedas en cada cuarto.

Sr. Stephens, éstas son sus citas de mañana.

1:30: el Sr. Merrick quiere que patrocine un musical en Broadway.

A las 2:00: el Sr. Craft, por lo del yate.

A las 2:30: el Sr. Palmer lo medirá para los palos de golf.

Y no olvides llamar a Truman Capote para su lista de invitados.

Ya lo hice. Va en camino.

Lamento llegar así, pero no pude comunicarme contigo.

Perdón, quería acabar con lo de la Pelusa antes de ir a la oficina.

Sé que te molesta.

No olvidemos que el profesor acudió a McMann y Tate...

no a la empresa de Darrin Stephens.

Lo entiendo, Lar.

Es Norman Gimbel.

Tendrás que decirle que ya dimos la franquicia de N.Y.

Supongo que no soy exigente y soy de buen corazón...

así que esto es lo que haré:

este acuerdo te da el 10% de las cuentas que manejas...

a cambio de la mitad de tu participación de la Pelusa...

que, por derecho, debería ser mía.

Me parece justo.

Pues, felicitaciones a ambos.

Bienvenido al negocio de los muñecos...

y gracias por este porcentaje.

Fue un placer.

- De todos modos iba a dártelo. - ¿Ah, sí?

Nos vemos en la oficina, pícaro.

- Muy bien. - Adiós, Sam.

Sr. Stephens, ¿le gusta cómo quedó el peinado?

Es perfecto, Cosmo. Mañana a la misma hora.

- ¿Srta. Wilson? - Probablemente es la Srta. Dobrin.

Sam, prepárate para una verdadera sorpresa.

Después de todo lo que pasó hoy...

nada podría sorprenderme.

Es la casa nueva.

¿Casa nueva?

No es sólo una casa.

Es la propiedad Bedlington.

Aquí está, Sr. Stephens.

Se ubica majestuosamente en el centro de 32 hectáreas.

Piscina, canchas de tenis, campos para polo--

Lo tiene todo.

No lo tiene todo.

¿Y los helipuertos para él y para ella?

Qué buena sugerencia, Sam.

Quitaremos los jardines de ornato y los pondremos ahí.

Darrin, no quiero mudarme.

Sabes cuánto quiero esta casa.

Cariño, fue un lugarcito grandioso, pero ahora debemos pensar en grande.

No se preocupe por la venta de esta casa, Sra. Stephens.

Estas casas baratas tienen una gran demanda.

Sin embargo...

qué pena que esta casa no tenga algo característico.

Como una sala a desnivel, por ejemplo.

Si se para de este lado, veré qué puedo hacer.

Creo que ya vi suficiente, Sr. Stephens.

Mañana firmaremos el contrato.

Srta. Wilson, ¿nos disculpa, por favor?

Desde luego. Iré por una taza de café.

Darrin, debo hablar contigo.

En este momento.

- Ahora. - Bien, mi amor...

¿cuál es el problema?

Pues, el problema número uno es que...

creo que ese muñequito tuyo tiene algo raro...

y el problema número dos eres tú.

¿Cómo soy yo un problema?

Cielo, tú no acostumbras ser irracional.

Pues, cariño, yo siempre--

Siempre he querido lo mejor para ti y para Tabitha.

Cuando nos casamos, tú hiciste un gran sacrificio por mí.

No, lo hiciste. Abandonaste ya sabes qué.

Me doy cuenta de que probablemente exagero, pero--

Ésta es mi oportunidad para darte todo lo que pudiste tener.

Darrin, todo el dinero del mundo no podría comprar lo que ya tenemos.

Lo sé, Sam.

Sólo dame el placer de exagerar durante un ratito.

Eso quizá es lo más bonito que me has dicho. Quizá.

Y es sólo el comienzo.

Un castillo en España.

Un château en Francia.

La isla de Onassis. ¿Crees que esté a la venta?

Srta. Wilson. Srta. Wilson, tenemos trabajo que hacer.

Ay, caracoles.

Madre, insisto en que aparezcas ante mí en este instante...

o nunca volverás a entrar en esta casa.

Por favor, Samantha. Intento ser atenta...

pero no me culpes por querer terminar de esquiar.

Madre, no estás diciéndome la verdad.

No miento, cariño, estaba esquiando.

Sabes de qué hablo. Se trata de Darrin.

Te di mi palabra de honor de bruja.

Amo a Darrin y lo reconozco hechizado.

Ahora dime la verdad.

¿Esos muñecos están hechizados y Darrin está hechizado?

Ojalá formularas la pregunta de otra manera.

Lo sabía. Lo sabía.

Alguien más hizo tu trabajo sucio.

La carga que tiene una madre con una hija desagradecida.

Sí, sí, madre. Habla.

Me encargaré de inmediato.

Ay, cielos.

Puedo decir algo en favor de mi madre:

su intención fue buena.

Supongo que debí haberlo sabido.

Me siento ridículo por como me comporté.

Te comportaste de manera normal...

dadas las circunstancias.

Sam, soy pobre.

Bueno, no exageres.

Pero estarás un poco ocupado devolviendo regalos.

Sam, ¿qué puedo decir?

No tienes que decir nada.

Hay algo positivo en todo esto.

¿Qué cosa?

Ansío ver la cara de Larry...

cuando se entere de cuán rápido acabará la moda de la Pelusa.

Darrin, ¿dónde has estado? Son las 2:00.

Fui a devolver unos brazaletes de diamantes.

- Lo sabías. - ¿Qué cosa?

Las llamadas empezaron a llegar al mediodía. Nadie quiere a la Pelusa.

Las tiendas los devuelven.

Ya ni siquiera te hacen sentir bien.

- Tienes razón. - Sí, la moda acabó.

Se rompió el encanto.

Es como si alguien los hubiera apagado.

A veces se gana y a veces se pierde.

Y devolviste los diamantes porque sabías que sucedería.

Te aprovechaste de mi codicia.

- Sam no quería los brazaletes. - No me digas.

Darrin, esto es despreciable.

Larry, no perdiste nada.

Perdí los millones que iba a ganar...

y perdí el 10% de tus cuentas.

Dijiste que ibas a darme eso de todas formas.

Sólo lo dije para hacerte sentir mal.

- Hola, cariño. Ya llegué a casa. - Hola, amor.

¿Qué tal si vamos a cenar a Sorrento?

¿Quién cuidará a Tabitha?

Nosotros. Espera aquí y no espíes.

¿Lo prometes? Está bien.

Muy bien, amor, ya puedes pasar.

Buono appetito, papá.

Sam, esto es grandioso.

Y tú nunca fuiste más lindo, Marcello.

Y ése es el vestido más lindo que he visto.

¿Dónde aprendió a coser tu mamá?

Su mamá le enseñó.

Lo dudo.

A menos que Betsy Ross le diera lecciones a su mamá.

¿Cómo lo supiste?

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