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Serena.
Debí saber que eras tú.
¿A quién esperaban? ¿A Steve McQueen?
¿Qué haces aquí?
Sólo vine a invitarlos a dar una vuelta en mi moto nueva. ¿No es lo máximo?
No, pero tú eres la máxima latosa.
¿Te das cuenta de que son las 3:00 a.m.?
Claro, es el momento ideal para salir a carretera y acelerar a fondo.
También es el momento ideal para dormir.
Bueno, si vas a enfurruñarte--
Me dio gusto verte, Serena. Qué lástima que debas irte.
¿Quién dijo que me iba?
¿Quién dijo que te quedabas?
Prima, no estás siendo muy cortés.
Comparado con la manera como me siento, sí lo está siendo.
Sólo por eso, me quedaré a desayunar, a almorzar y a cenar...
aunque sea muy aburrido.
Oh, no, no te quedarás.
¿Y si regresas a la cama y dejas que me...?
No, yo me encargo.
Serena, resulta que esta noche daremos una cena...
para un cliente muy importante...
y nuestros planes no te incluyen.
Morirás del aburrimiento.
Siempre puedo crear mi propio entretenimiento.
Lo sé, por eso no estás invitada.
- No decimos que no seas bienvenida. - Buenas noches, Serena.
- Nos vemos. - Sí.
A la hora de la cena.
Espera un momento.
Bueno, adivina quién vendrá a cenar.
HECHIZADA
¿Merece tu aprobación?
Quedó muy linda, Sam.
Aún no llega Serena.
Mantengamos los dedos cruzados. Quizá lo olvide.
Sí, y quizá Macy’s le diga a Gimbel’s.
¿Ésta es la vajilla buena?
Es la única vajilla.
Sí, por supuesto.
Las flores lucen hermosas, Sam.
Son margaritas. ¿No tenían rosas?
Darrin, te portas como si viniera a cenar la reina de Inglaterra.
Créeme, la reina de Inglaterra es más democrática que Clio Vanita...
y no tan rica.
¿Has oído de las siete colinas de Roma?
Ella es dueña de tres.
Supongo que conviene dedicarse a ser vinicultor.
“Vino Vanita, el verdadero oro de Roma”.
Es un eslogan bueno. ¿Tú lo ideaste?
Sí, y ojalá que Clio esté de acuerdo contigo.
Es difícil complacerla.
Llegaron. ¿Llenaste el cubo de hielos? ¿Y los canapés?
- Darrin, por favor, relájate. - Vamos, vamos.
Ay, caray.
Sonríe.
- Hola. Ojalá que no lleguemos tarde. - Hola, Samantha, Darrin.
- Samantha, te presento a Clio Vanita. - Hermosura.
Niño travieso.
¿No prometiste llevarme a almorzar?
- Y nunca llamaste. - Bueno, yo--
Y ella es la mujercita divina de la que hablaste.
Encantadora. Encantadora.
¿Me da su abrigo?
Cielos. Qué hermoso. Es de piel de chinchilla.
Sí, pero se vuelve tan popular, que creo que voy a regalarlo.
Lástima que no pueda devolverles la piel a las chinchillas.
Qué encantadora casita.
Debes mostrármela, caro mio.
Pues, sí que tiene estilo.
¿Así lo llamas?
Así lo llamo en público.
Me encanta la decoración de su casa.
Es muy intima-- íntima, muy incantevole-- encantadora.
Pues, a nosotros nos parece comoda-- cómoda.
Oigan, ¿qué debo hacer para que me sirvan algo de beber?
Perdón. ¿Qué quieres? ¿Lo de siempre?
Así es. Vino Vanita, mi favorito.
¿Y tú, Louise?
- Yo quiero-- - Ella beberá lo mismo, ¿o no, cariño?
Yo quiero un martini, muy seco.
Y cuando lo remuevas, no uses cuchara. El metal arruina el sabor.
Sólo usa tu encantador meñique.
¿No es interesante?
Pensándolo bien, quiero un martini sin cuchara.
Yo también.
Yo-- Disculpa.
- Regreso enseguida. - Te ayudaré, mi amor.
¿Quieren sentarse?
Cielos. Ella tiene que estar bromeando.
Cariño, sólo recuerda que necesitamos una buena relación.
Es una esnob.
“Cuando remuevas mi martini, sólo usa tu encantador meñique”.
Yo creo que debería ver a un cirujano plástico.
¿Para qué?
Para que no nos mire por encima del hombro.
No sé si te lo he dicho, pero recibo más satisfacción personal...
por trabajar en la cuenta de Vino Vanita que en las otras.
Se lo mencioné a mi esposa el otro día.
- ¿Verdad, cariño? - Sí, es el vino que bebemos.
Por cierto, viejo zorro canoso...
¿qué has hecho para ganarte todo el dinero que te pago?
Clio, no sé por dónde comenzar.
¿Recibiste la copia de los 12 anuncios publicados en la revista Connoisseur?
El mes pasado.
¿Y el eslogan que me prometiste?
El que dijiste que cautivaría y se extendería por todo el país.
Te tenemos una sorpresita.
Se nos ocurrió una maravilla.
¿En verdad? ¿Cuál es?
Prefiero que Darrin lo suelte-- te lo diga.
Al menos podemos agradecer una cosa.
Serena no se ha presentado.
No sé por qué te preocupa tanto.
Comparada con ese buitre italiano, Serena es una dulce paloma.
Cariño, tú lleva las bebidas, yo revisaré el pichón.
- Pero ¿no tienes...? - No, no. Apúrate. Apúrate.
Los invitados deben morir de sed.
Está bien. Está bien.
Qué bueno que no llegué tarde a la cena.
Serena, sabes que te aprecio mucho--
¿Pero?
Es una noche muy complicada.
Puedes quedarte mientras nadie te vea.
Caray, no sabía que me apreciabas tanto.
Anda, dile el eslogan que se nos ocurrió.
¿Ahora?
¿No sería más apropiado después de una copa o dos?
¿Por qué mezclar la bebida con el placer? Quiero decir--
No seas tan modesto, carissimo. Insisto en oírlo.
Está bien.
Imaginen una escena como ésta:
hombres y mujeres, arreglados y hermosos.
Levantan las copas para brindar...
y dicen: “Vino Vanita...
el verdadero oro de Roma”.
No le gustó nuestra opción número dos.
Ahora dile la número uno.
Ésa todavía no está lista, Larry.
Pero algo se le ocurrirá y será bárbaro.
No tienes que convencerme de lo que puede hacer este encanto.
Es un genio completo, lo sé.
Y algún día lo robaré de tu organización.
Si no te cuidas, prima...
lo robará de tu organización.
Eso es ridículo.
Eso creo.
Río de Janeiro fue meraviglioso-- maravilloso.
Molto divertente-- divertido, en especial los hombres brasileños.
Me sorprende oír eso.
Todos dicen que los hombres italianos son muy atractivos.
Yo digo que eso es ridicolo-- ridículo.
Yo también.
Para mí, los más encantadores, los más guapos...
son los hombres estadounidenses.
Pues, es posible, pero--
Sólo recuerde que son nuestros hombres estadounidenses.
Ésa fue una bromita.
Una broma estadounidense. Se pierde el chiste al traducirse.
Sí.
¿Alguien quiere más postre?
Signorina, ni siquiera ha probado el suyo.
No me atrevo. Siempre debo cuidar el peso.
¿En verdad?
Yo creo que tiene una figura magnífica.
Para una mujer de su edad.
Naturalmente, lo que quise decir fue...
que nadie nunca se imaginaría que Ud. tiene problema con el peso.
Horrible.
No sabe cuán afortunada es.
Ud. no batalla contra las calorías.
En realidad, yo como lo que quiero.
Así es.
Cuando se está casada, puede dejarse engordar, ¿no?
Yo digo que nos vayamos a la sala.
Muero por ver esa casita que tienes en el jardín.
- ¿Me la muestras? - ¿El cenador?
Pues, claro.
¿Le molesta si tomo prestado a su esposo un momento?
Claro que no.
Siempre que recuerde dónde lo consiguió prestado.
Tu esposa tiene un gran sentido del humor, ¿no?
Sí. Por eso no dejo de quererla.
Nos reiremos camino a la quiebra.
- ¿Puedo ayudarte, Samantha? - No, no, Louise.
Acompaña a Larry. Voy en un momento.
Está bien.
Serena, un día irás demasiado lejos y ojalá que te quedes ahí.
Alguien tenía que defender el honor familiar.
Y si fuera tú, saldría al patio y vigilaría a doña coqueta.
Serena, ¿no entiendes?
Ella no me amenaza, pero tú eres otra cuestión.
Me recuerda mi propio jardín en mi casa afuera de Nápoles.
Qué bien.
¿Sabes? Está rodeada por un bosque gigante.
Dicen que ahí viven fati--
lo que Uds. llaman duendes.
No me digas que una mujer sofisticada como tú cree en los duendes.
Fati es una palabra muy similar a la palabra destino.
De seguro crees en eso.
¿En el destino? Sí.
Eso me preocupa en este momento, mi destino.
Clio, por favor. Alguien podría salir--
como mi esposa.
Tu esposa.
Admiro mucho la lealtad en los hombres.
Clio, ya basta.
Ay, mamá.
Uds. los Americani son muy provinciale-- provincianos.
¿O lo que pasa es que no te parezco atractiva?
Oh, no.
Me pareces muy “atractivo”-- atractiva.
Pues, entonces--
Por favor.
Empiezo a creer que ya no quieres mi cuenta.
Quizá debería buscar otra agenzia.
Clio, no seas tonta. Amamos tu cuenta.
¿Cuánto la amas?
Entonces, muéstramelo.
- ¿Cómo? - Ven a Roma conmigo.
¿Para qué?
No respondas.
Tú sabes, podríamos visitar los viñedos Vanita...
y eso podría inspirarte a escribir el eslogan adecuado.
Espera un momento, Clio. Sé sensata.
No tengo que ir a Roma para pensar en un buen eslogan.
Por lo visto, sí.
No te gustó lo que se me ocurrió.
Se me ocurrirá otro.
Pues, que se te ocurra para domani-- mañana...
porque decidí que me iré después de la junta.
Si crees poder encontrar un eslogan apropiado, bene-- muy bien.
Si no, puedes decirle arrivederci a mi cuenta.
¿Qué?
O puedes ir a Roma conmigo.
¿Qué dices?
Clio, tengo que decirte algo.
Estoy enamorado de mi esposa y ella está enamorada de mí.
Qué bien. Bésame.
Regreso enseguida.
Creo que necesito otra copa de Vino Vanita.
Te acompaño, caro.
Oh, no, no lo harás.
Nadie dejará a mi prima hecha una mona.
En realidad, creo que la prima de mi prima te convertirá en una mona.
- ¿Qué quieres decir? - Lo que dije.
- Quiero salirme de la cuenta Vanita. - ¿Por qué?
Esa mujer se pasa. Quiere que vaya a Roma con ella.
- No. - Sí.
Qué afortunado eres.
Dijo que no hay problema si se me ocurre un eslogan antes de que se vaya.
Si no, o voy con ella o perdemos la cuenta.
¿Conocías una táctica tan prepotente?
Nunca. ¿Tu pasaporte está vigente?
Larry, no iré a Roma.
Déjame decirlo así:
si perdemos el partido de béisbol, te irás a la banca.
Larry, qué estrecho de miras eres.
Si tú--
Hola, Sam.
Louise llamó a la niñera para ver si se quedaba más tiempo.
- Qué bien. - Muy bien.
¿Pasa algo malo?
Oh, no. Larry y yo sólo hablábamos del béisbol.
Sólo hice notar cuán corta puede ser la vida activa de los jugadores.
¿Dónde está la Srta. Vanita?
La dejé en el patio.
¿Sola?
Darrin, ¿no tienes modales?
Con permiso.
Serena, ¿qué haces aquí afuera?
Una buena obra para ti, prima.
Larry, quizá sí se me puede ocurrir un eslogan...
que la haga feliz para cuando nos reunamos mañana.
Más te vale, o dirás: “Arrivederci, EE.UU. Hola, Roma”.
- ¿Dónde está la Srta. Vanita? - Ahí arriba.
¿Qué?
Serena, no lo hiciste.
Sí lo hiciste.
Serena, regrésala a su estado normal.
Antes de que pierdas los estribos, prima, déjame decirte qué hizo.
¿Estás loca?
No me importa qué hizo. Regrésala a su estado normal.
¿Quieres decir que no te importa si lleva a Darrin a Roma?
Serena, voy a contar hasta tres y luego--
¿A Roma?
¿Amor?
Sam, Larry y Louise quieren--
Hola.
¿De dónde salió?
Debió saltar la barda, supongo.
Probablemente es de un vecino.
Oye. Sí que es afectuoso, ¿o no?
Afectuosa. Darrin, hay algo que debo decirte.
¿Puedes esperar? Larry y Louise se van.
Pues, sí.
Lo que quiero decirte es--
Estamos listos para irnos. ¿Dónde está Clio?
Tiene un dolor de cabeza espantoso y se acostó en el cuarto de estar.
Darrin la llevará a casa.
Ay, qué mal.
¿De dónde sacaron al mono?
Debió saltar la barda.
Yo me la llevaré.
Es una fiera, ¿no?
- Qué buen muchacho. - ¿De qué hablas?
Ese cuento del dolor de cabeza. Qué listo.
Cuando la lleves a casa, arreglarás las cosas.
Sabía que no me defraudarías.
- Buenas noches. - Buenas noches, Louise.
Dile a Clio que lamentamos lo de su jaqueca.
- Saldremos solos. - Buenas noches, Larry.
Buenas noches.
¿Cuándo entró Clio en el cuarto de estar? No la vi.
Pues, a decir verdad, Darrin...
ya no está aquí.
No me sorprende. Estaba un poco alterada.
Supongo que dije algo que la ofendió.
Parece que él intenta decirnos algo.
Ella.
Mi amor, creo que deberías atarla en el patio hasta mañana.
Está bien.
Ven, lindurita.
Te pondremos cómoda afuera.
Mañana averiguaremos a quién le perteneces. Anda.
¿No es una monada?
Yo lo diría de otra manera.
Bien, fuera.
Sam, herirás sus sentimientos.
Si no sale de ahí ahora mismo, heriré algo más que sus sentimientos.
Me sorprendes.
Ven. Ven. Arriba.
Listo. ¿Ves?
Sólo hay que saber hablarle.
Quizá deberíamos dejar que se quede aquí.
Eso no pasará.
Quiero decir, se la pasará chillando toda la noche.
Al final se tranquilizará y se dormirá.
No, no se dormirá.
- Eso la calmará. - Me mantendrá despierta.
No seas tonta.
En realidad, puedo hacerle una camita...
en uno de estos cajones.
No te atrevas. No la quiero en este cuarto.
Ni siquiera la quiero en esta casa.
- Así que, por favor, sácala. - Sam, ¿qué tienes?
Nunca te había oído hablar así.
¿Hay algo que no me has dicho?
¿De dónde salió esa monita?
Tú la invitaste.
¿Qué?
Ella no es una mona.
¿No lo es?
Esa criaturita encantadora es...
la Srta. Vanita.
Estás-- estás bromeando.
¿Convertiste a una clienta en mona?
Sí bromeas.
¿Intentas hacerme enloquecer?
Quiero decir que...
ella es la Srta. Vanita, pero yo no la transformé.
Serena lo hizo.
Verás, ella pensó que Clio...
como ella dice, iba a dejarme hecha una mona.
Así que decidió convertirla en una mona.
Debes admitir que tiene imaginación.
Es una pícara. Cuando le ponga las manos encima--
¿Qué harás?
Regrésala a su forma normal.
Y luego sal de mi vida para siempre.
¿Me oíste?
Oí la última parte...
y cooperaré con gusto.
Nos vemos, prima.
Perdóname, pero dijiste algo muy tonto.
¿Qué dije?
¿Serena? Regresa.
No tiene caso. La insultaste.
Le dijiste que saliera de tu vida.
Pero sólo bromeaba, de cierto modo.
Por como bromeaste, temo que te tomó en serio.
Y ella es la única que puede volver a la normalidad a la Srta. Vanita.
Serena, después de todos estos años...
no es momento para empezar a tomarme en serio.
Envié llamadas de emergencia. No hay respuesta.
Serena está siendo testaruda.
Sam, ¿qué vamos a hacer?
Esa mona debe ir a una reunión mañana a las 11:00.
Pues, yo sé qué voy a hacer. Voy a acostarme.
Y si fueras listo, harías lo mismo.
¿Ir a la cama y dormir?
¿Cómo puedo hacerlo si estoy pensando en esa mona?
Mejor pensar en ella a que sea una carga.
Debemos esperar a que Serena se calme...
si es que se calma.
Esperemos que algún día regrese.
¿Algún día?
Si no le digo un eslogan para mañana a las 11:00...
nos despedirá de su cuenta.
Darrin, eso es una tontería. ¿Cómo te va a despedir una mona?
Descuida.
Sólo estoy enloqueciendo.
Te sentirás mejor después de dormir.
Dudo que duerma, pero lo intentaré.
- ¿Qué haces? - Me desvisto.
No te desvistas frente a ella.
Llevaré a la Srta. Vanita abajo...
y la ataré en el patio.
Así está mejor.
No se pierdan la segunda parte de “La prima Serena ataca de nuevo”.
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