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¿Cuánto tiempo llevas ahí parada, mi amor?
Llegué alrededor de las patas de gallo. ¿Qué me perdí?
Sólo veía cómo me va con el paso de los años.
¿Y cómo te va?
De maravilla...
salvo porque tengo entradas, papada y lo que parece una panza.
Ay, mi amor. En ti luce bien.
Hoy la juventud es la clave.
El 80% de las cuentas que manejan McMann y Tate...
se diseñaron para atraer a gente de menos de 30 años.
Pues, tú atraes a gente de menos de 30 años.
Tabitha te adora.
Hablo en serio, cariño. Debo estar a la altura.
Si tienes más de 30, la juventud actual no confía en ti.
Pero, Darrin, en el mundo de la publicidad...
lo que cuenta es el talento, y tú lo tienes a cualquier edad.
Mi amor, no lo entiendes.
Tu problema es que me amas.
Ése no es un problema para mí. Es un placer.
Vaya.
Pero qué tiernos.
- ¿Se reconcilian luego de una pelea? - Endora, ¿nunca tocas?
No estamos.
Por suerte para ti, no me ofendo con facilidad.
Deja que me esfuerce un poco más.
Te agradecería que cuando vuelva esta noche, ¡no estés aquí!
Mi amor, llegarás tarde a trabajar.
Recuerda que eres tan joven como te sientas.
Claro.
Veo que Durwood es tan encantador como siempre.
No es nada.
Le preocupa un poco llegar a la madurez. Es de lo más natural.
Es de lo más vanidoso, mejor dicho.
¿Vanidoso?
Darrin no tiene un pelo de vanidoso.
Admito que no tiene por qué ser vanidoso...
pero eso no se lo impide.
El mortal es la criatura más vanidosa que hay.
- Darrin es la excepción-- - ¡Mamá!
- Además-- - ¡Mamá!
¡Ya voy, Tabitha!
El “además” tendrá que esperar.
Tabitha y yo iremos al parque.
Ay, Samantha, te ciegas cuando se trata de ese miserable mortal.
Así que no tiene un pelo de vanidoso, ¿eh?
Ya lo veremos.
HECHIZADA
Así que no tienes un pelo de vanidoso, ¿eh?
Pierde todo dominio de ti mismo...
y ahora sí se verá...
lo vanidoso que un mortal siempre será.
PARE
SIGA
¡Arranca, primor!
¡Cállense!
¿Qué esperas? ¿Un incendio?
Son 93 años de nuestra historia.
Creo que se saltó una página. Sí.
- ¿En serio? - Aquí está. Página 11.
Ah, sí.
El Premio Farmacéutico Sello de Oro de 1944.
Muy impresionante.
Hascomb lo ganó por sus pastillas para el hígado con sabor a regaliz.
Suenan deliciosas.
¿Sabe, Tate? Nuestro bronceador es un producto innovador.
Hasta ahora, sólo hemos hecho pastillas.
Francamente, diversificar nuestras actividades me preocupa.
Reléjese, Sr. Hascomb.
Nos especializamos en lanzar productos nuevos.
Eso espero.
Aun así, me sentiría más cómodo si se tratara de una pastilla.
- Tome una. - ¿Para qué es?
Para cualquier mal.
Hascomb tiene la pastilla ideal para cualquier mal.
La roja es para la tensión, la blanca es para la indigestión...
y la rosa es para la neuritis y la neuralgia.
Son muy tentadoras. Es una pena que me sienta tan bien.
Tate, el Bronceador Mancha Solar no fue idea mía.
Yo me opuse desde el principio.
Era mi esposa la que insistía en que probáramos algo nuevo.
Es una mujer muy difícil. Se la pasa entrometiéndose.
Voy a tranquilizarlo.
En McMann y Tate manejaremos el Bronceador Mancha Solar...
con la misma categoría que les hemos dado a sus pastillas todos estos años.
Bien. Bien.
No quiero una campaña ostentosa.
Soy un hombre conservador.
Dirijo un negocio conservador a pesar de mi esposa.
Y así seguirán siendo las cosas.
Sr. Hascomb, haga a Darrin Stephens depositario de su fe.
Si hay alguien que respeta lo de antaño...
lo de arraigo y lo consagrado, es Darrin.
Disculpen la demora...
pero pasé por una tienda de accesorios y no pude resistirme.
Darrin, él es el Sr. Hascomb, de Farmacéutica Hascomb.
¿Saben? Ya se me ocurrió algo.
¿Tan pronto?
Es un hombre de una gran agudeza.
- Adelante, Darrin. - En esta habitación no hay espejo.
La empresa conservadora de 93 años con una imagen sólida y conservadora.
¿Qué lleva puesto, joven?
Cuentas de amor. Tienen sus orígenes en el antiguo Egipto.
El alto clero las usaba.
El alto clero. No puede ser más conservador.
¿Gustan un cigarrillo?
Stephens, espero que entienda...
que queremos una campaña madura y conservadora para nuestro bronceador.
Pero el consumidor maduro y conservador no frecuenta las playas.
Los jóvenes, en cambio, sí.
Sr. Hascomb, ¿cuál de las pastillas era para la tensión?
La roja.
Déjeme verlas.
Qué caja tan interesante.
Darrin, retomemos el tema del Bronceador Mancha Solar.
Francamente, no creo que el Sr. Stephens sea lo que buscamos.
Sr. Hascomb, de un conservador a otro, ¿podría reservarse su juicio...
por lo menos hasta esta tarde?
- ¿Nos tomamos una copa? - No lo sé. No estoy seguro--
Yo ya me siento sediento.
- ¿A las 5:00 en el Seafarer? - Pues-- Pues--
Nos dará tiempo para pensarlo cuidadosamente.
De acuerdo, hasta las 5:00. Adiós, Tate.
Nos vemos a las 5:00.
Darrin, ¿qué demonios haces?
Esta madera es fenomenal.
Puedo ver mi reflejo a la perfección.
¿Qué tipo de cera usas?
Debo comprarla.
Hascomb nos pone una cuenta de 500 000 dólares en las manos.
Una campaña sencilla, sin complicaciones.
Casi metes la pata y te limitas a quedarte ahí parado y sonreír.
Pues, fíjate que estas cuentas están muy de moda.
- Esas cuentas son para pajaritas. - Exacto.
Ellas sí que son ocurrentes.
Como las hembras del pavo real.
Son los machos los de las plumas de colores vivos...
y las hembras son sosas.
Escúchame bien, pajarito...
cuando te presentes en esa reunión, más te vale ir desplumado.
¿Me oíste? ¡Desplumado!
¡Cariño! ¡Cariño, abre!
Hola, mi amor.
¿Qué haces en la casa tan temprano? ¿Larry te dio la tarde libre?
No. Veré a un cliente importante a las 5:00 para beber un trago.
Vine a la casa a cambiarme.
Espera a que veas la ropa que compré. Me queda de maravilla.
¿No debería ser yo quien lo diga?
Y lo dirás, mi amor. Lo dirás.
¿Qué opinas?
Creo que si tu cliente es cantante de rock and roll, la tienes segura.
La verdad es que es un viejo conservador que nunca pasó del minué.
Entonces, ¿por qué te vistes así? Vas a perder la cuenta.
Sam, no sólo de cuentas vive el hombre.
Tengo que ser auténtico: joven, gallardo, sofisticado.
Tú no eres así.
Esto es--
¡Madre!
Por supuesto.
No sé a qué te refieres.
Sólo sé que se me hace tarde.
Ay, Darrin.
Darrin, por favor.
Espera un momento. Trato de decirte algo.
Mi madre debe tenerte bajo un hechizo de vanidad.
Por eso te comportas así.
¿Cómo?
Vanidoso, Darrin.
El orgullo excesivo respecto a la apariencia propia. Vanidad.
¿Sólo porque aprecio la belleza?
Darrin, créeme.
Eres víctima de la brujería de mi madre.
Tonterías. ¿Podrías hacerte a un lado?
- No dejas que me vea. - ¡No! No me haré a un lado...
hasta que te cambies de ropa para la reunión.
Entonces, no me das alternativa.
Qué bueno.
Usaré el espejo del auto.
Madre.
Esto es de lo más malintencionado, cochino, malicioso--
Madre, te exijo que te aparezcas en este instante...
y rompas el hechizo de Darrin.
Tate, la gruñona de mi esposa dice que soy un hombre del sigo XIX.
¿Y sabe qué le digo?
No, pero me encantaría.
Yo le digo: “¿Qué tiene de grandioso el siglo XX?”.
Muy inteligente.
Y si mi esposa no puede cambiarme, ¿qué le hace pensar a Stephens que él puede?
Él no quiere cambiarlo. Créame, ni siquiera lo intentará.
Se adaptará a su imagen.
Si hay una cualidad en Darrin, es ser adaptable.
Pues, ser puntual no es una de sus cualidades.
- ¿Puede darme una de ésas? - ¿De qué color?
Me vendría bien un surtido.
¡Madre!
Está bien.
Si no rompes el hechizo, lo menos que puedo hacer es salvar esa reunión.
Rosas primorosas, margaritas marchitas...
poder floral, desaparece sus cuentas.
Ahora, hilo y aguja, lana y demás material...
combínense para darle a Darrin su ropa habitual.
Aquí viene y luce perfectamente.
Sr. Hascomb, está por conocer al verdadero Darrin Stephens.
Sam lo hizo.
Me robó la ropa en mis narices.
Bueno, no importa.
De todas formas, eres hermoso.
Sam, ¿qué te echaste encima?
¿Qué te echaste encima tú?
Olvídate de mi ropa. Sam, estás hecha un desastre.
Estaba mezclando masa para pastel...
cuando un poderoso animal exótico me espantó con su rugido.
- ¿Cómo lo justificas tú? - Lamento haberte espantado.
¿Por qué no te limpias con magia, como hiciste con mi ropa en el restaurante?
Gracias. Eso haré.
Y ahora--
No, no lo harás. No de nuevo.
Darrin, lo hice por tu bien.
No podía permitir que te reunieras con un cliente conservador vestido como--
- Como un-- - Adelante, dilo.
Como un joven atractivo y deseable.
Eso dista mucho de lo que iba a decir.
Debemos darnos prisa. Nos esperan en casa de Larry en una hora.
Un momento, ¿qué dices sobre ir a casa de Larry en una hora?
Pospusimos la reunión con Hascomb. Será hoy.
Él y su esposa estarán ahí.
Si algo sale mal esta vez, en verdad perderemos la cuenta.
Ardo en ansias por ver cómo luzco con mi nueva chaqueta de noche.
Pues, yo no.
Darrin, la puerta está cerrada.
Lo sé. Yo la cerré.
Pues, ábrela.
Aún no. Te llamaré cuando termine.
Mi amor, yo también tengo que vestirme para la cena.
Así que abre la puerta o pásame mi ropa por debajo de la puerta.
Aquí vengo, estés lista o no.
No estoy lista.
Es avasallador, ¿verdad?
Cegador, querrás decir.
Es el último grito en Roma.
Lamé dorado de 14 quilates.
¿De 14 quilates?
Debió costar una fortuna.
Sí. Pero yo lo valgo.
Pues, si tú lo vales, también yo.
¿Por qué sólo tú vas a brillar?
¿Cómo te atreves a vestirte con brujería?
Si tú te atreves a usar lamé dorado, yo puedo atreverme a lo que sea.
En serio, Sam. Debes quitarte ese vestido.
Es... demasiado.
¿Es demasiado vestido? Pues, puedo remediarlo.
- ¿Con más brujería? - Sí, pero con menos vestido.
Sam, quítate ese vestido.
Si tú te cambias, yo lo haré también.
Pero si vas a brillar con luz dorada, yo brillaré con luz plateada.
- Esto es chantaje. - Y que lo digas.
Está bien, Sam, tú ganas esta vez, pero no lo olvidaré.
De acuerdo, mi amor. Correré el riesgo.
Supongo que tendré que usar mi viejo esmoquin con la misma--
¡Sam, espera! No te muevas.
Mira eso.
Si te paras en cierta postura, puedo ver mi reflejo en todo tu vestido.
Es como un salón de espejos.
Jamás fui tan feliz.
Tendría que haber visto a Stephens caer en ese estanque.
Fue como escena de una película muda.
Debió haberte gustado, querido.
Después de todo, las películas mudas son anticuadas.
Lo tuyo.
- ¿Otro bocadillo, Sra. Hascomb? - ¿Por qué no?
Emily, ya llevas seis.
- ¿Y quién lleva la cuenta? - Yo.
Tate, Stephens está retrasado, como de costumbre.
¿Dónde habrá caído esta vez?
Seguramente viene en camino.
Espero que llegue antes de que mi esposa se desplome de tanto comer.
Me imagino que son ellos.
No son ellos.
Claro que somos nosotros.
La cena es mañana por la noche. Váyanse.
Estoy segura de que era la voz de Darrin.
¿Eres tú, Darrin? ¿Samantha?
- Hola, Louise. - Hola, Louise.
Son Uds., ¿verdad?
Qué criaturas más espléndidas.
Sr. y Sra. Hascomb, ellos son Darrin y Samantha Stephens.
Claro que el Sr. Hascomb ya conoce a Darrin.
Tate, pensé que se trataba de una cena de negocios...
no de una reunión que promueve el amor.
- Emily, trae tus cosas. - Relájate, Whitney.
Ya veo que será una fiesta divertida.
Y creo que nos vendría bien algo de champán.
Con permiso.
¿De dónde sacó ese vestido?
Es un modelo celestial.
¿Cómo lo supo?
Hascomb, ¿por casualidad trae sus pastillas rojas?
- Emily, trae tus cosas. - Sr. Hascomb, no hay que precipitarse.
Si cree que voy a poner...
la imagen sólida y conservadora de Farmacéutica Hascomb...
en manos de este hippie cuarentón, está loco.
Sr. Hascomb, lamento mucho oír que diga eso.
Pues, sí.
Les tengo un gran respeto a todos sus productos...
pero al parecer, no llegan al público que deben llegar.
Una pastilla. Mi reino por una pastillita roja.
Siempre le dije a Whitney que debería tratar de captar a la gente joven.
Sobre todo con un bronceador.
Entre menos edad tenga el cliente, más pequeño es su traje de baño.
Y entre más pequeño sea su traje, más piel necesita bronceador.
Tienen razón, Whitney.
Sin duda, no estás en la onda.
Pero te lo he dicho muchas veces.
Emily, cállate y come.
Sr. Hascomb, en verdad debería hacerle caso a Darrin.
Está al tanto de las corrientes actuales.
Corriente será mañana, cuando salga a buscar empleo.
Emily, por última vez, trae tus cosas.
Aún no, cariño.
Me iré cuando pongas la cuenta entera de Farmacéutica Hascomb...
en manos de este joven encantador.
Creo que estoy ante un milagro.
Estás loca de remate.
Tal vez.
Pero también soy accionista mayoritaria de Farmacéutica Hascomb.
Tú mismo me diste ese regalo, ¿sabes, amor?
No fue un regalo. Fue para evadir impuestos.
Pues, eso no importa. El 51% no me lo quita nadie.
Y yo opino que desempolvemos la imagen de Hascomb.
Para insertarla en el ambiente actual.
Emily, te lo advierto.
Y también opino que te desempolvemos a ti.
Sr. Stephens, ¿me presta sus cuentas?
No lo sé. No me gusta descompletar el juego.
Gracias.
Listo, Whitney. Con eso rejuveneciste diez años.
Ahora, tu cabello.
Podría enseñarle a alborotarlo. Es muy favorecedor.
Créeme, Larry. Esto es lo que Darrin pensó hacer siempre.
¿Te refieres a vestirse así...
para venderle a Hascomb el mercado juvenil?
Claro.
Darrin sabía que tenía que hacer algo drástico.
Pues, tengo que reconocérselo.
Y yo que pensé que no era más que vanidad.
¿Darrin, vanidoso?
Pero si no tiene un pelo de vanidoso.
Vengan todos, ¿qué tal si brindamos?
Gracias.
Por la juventud.
Por el nuevo aspecto de los productos Hascomb.
Por los viejos tiempos.
Por nuevos y mejores tiempos.
Por mí.
Está bien, Samantha, voy a hacer el juramento.
Mientras haya estrellas en el cielo...
mientras haya agua en el pozo...
prometo no volver a hechizar a Durwood, tan buen mozo.
Ahora dame una taza de café con leche.
Ah, no. No tan rápido.
Primero quiero tu palabra de bruja.
Ay, por favor, Samantha.
¿No crees que estás llevando las cosas demasiado lejos?
Después de todo, soy tu madre.
¿Por qué sólo lo recuerdas cuando es conveniente para ti?
Tu palabra de bruja, por favor.
De acuerdo.
Palabra de bruja.
Así está mejor.
Mi amor, no vas a creerlo, pero Larry acaba de llamar y di--
¿Qué haces vestido así?
Olvídate de eso. ¿Qué hace ella en mi casa?
Te lo juro, Samantha.
Esta vez no se lo hice yo.
Como iba diciéndote...
Larry llamó y dijo que tenemos un montón de clientes nuevos...
por como manejamos la cuenta Hascomb.
E insiste en que me vista así.
Me siento ridículo.
Pues, olvídalo, mi amor.
Luces divino.
Mentira. Parezco un asno.
- Puedo darte gusto. - ¡Madre!
Bueno, lo que cuenta es la intención.
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