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Hola, mi amor. Llegas temprano.
Planeé llegar temprano.
No piques. Se te quitará el hambre.
Vamos a transigir. Tú serás lo que pique.
Deliciosa.
Cariño, me haces cosquillas.
¿Qué es eso?
Tabitha juguetea con el estéreo.
Le dije que no lo hiciera.
- Tabitha, ¿qué haces? - Toco el piano.
Para ser precisa, es Bach lo que toca.
- Y bellamente. - Y con brujería.
Qué brillante de tu parte haberlo descifrado.
Mi amor, ¿por qué no subes a tu cuarto?
Mamá y papá quieren tener una charla con la abuela.
- Bueno, mamá. - Bien, así me gusta.
Cariño.
- ¿Cuándo caíste en picada? - Hace dos minutos.
Vine a darle un regalito a mi nieta. ¿No es lindo?
¿Por qué no puedes darle un piano sin convertirla en Van Cliburn?
Cariño, lo que hizo mi madre no fue precisamente hechizar a Tabitha.
- No totalmente. - Sólo sus dedos.
No hizo más que hacer brotar en ella el talento que todos llevamos dentro.
Sin contar a los mortales.
¡Endora!
¿Sí, Durweed? ¿Qué pasa?
¡Pasa que ya estoy harto de que sobornes a mi hija!
¿Sobornarla? ¿Cómo te atreves?
Darrin no se refiere a sobornar en el sentido estricto de la palabra.
Claro que sí.
¡Digo que es peor que la Malvada Bruja del Oeste!
Samantha, me niego a permanecer aquí un minuto más...
para que me comparen con una aficionada.
Te apuesto a que se lleva el piano.
Me parece bien.
Cuando Tabitha tenga edad suficiente para tocar el piano, le compraré uno.
Siempre y cuando--
Siempre y cuando, ¿qué?
Siempre y cuando aprenda a tocarlo normalmente.
- ¿O acaso es imposible? - Claro que no.
Cualquiera puede aprender a tocarlo.
Precisamente a eso me refiero.
¿Tú podrías aprender a tocarlo?
¿Empezando desde cero, sin nada de... brujería?
Pues--
¿Y por qué querría hacer semejante cosa?
Porque sería un excelente ejemplo para tu hija.
Darrin, ¿acaso estás desafiándome?
Sí. En realidad, estoy desafiándote.
De acuerdo. Acepto el desafío.
Tú alquilas el piano y yo aprendo a tocarlo...
normalmente.
Y si no puedo--
¿Sí?
Si no puedo, tendré más cuidado al aceptar desafíos tuyos.
HECHIZADA
Eso estuvo bien.
No estuvo genial, pero estuvo bien.
Gracias.
Quizá se nazca siendo bruja, Samantha...
pero para convertirse en virtuosa hay que practicar.
- ¿Y Tabitha? - Toma su siesta. Ya va a despertar.
Supongo que Durwood está en su trabajo haciendo lo que sea que hace.
Sí. Y Darrin lo acompañó.
Samantha, si querías improvisar un piano...
¿por qué no improvisaste uno nuevo?
Yo no lo improvisé. Lo alquilamos.
Y estoy a punto de tomar mi primera lección.
¿Una lección? ¿De quién?
Voy a estudiar y a aprender como mortal.
Es un desafío y lo acepté por mi propia voluntad.
Además de un poco de presión de Darrin.
Debe ser mi maestro.
Cuando Tabitha despierte, ¿podrías entretenerla en su cuarto?
Con gusto. No me gustaría ver que le pusieras tan mal ejemplo.
Gracias.
¿Samantha Stephens?
¿Johann Sebastián Monroe?
Sí.
Debe dirigirse a mí ya sea llamándome “Sr. Monroe” o “señor”.
Sí, señor. Pase, por favor.
Ya está mayorcita para empezar, ¿no le parece?
Pues, es mejor tarde que nunca.
Eso está por verse.
Permítame evaluar sus dedos.
¿Cómo los encuentra?
Aceptables. Ni más ni menos. ¿Dónde está el instrumento?
En la sala.
Por lo que vamos a hacerte...
me disculpo.
Dijeron que está perfectamente afinado.
- ¿Qué opina? - Aproximadamente.
A estas alturas del partido, prácticamente da igual.
Por favor, siéntese.
Exijo de Ud. atención absoluta y obediencia total.
Sí, señor.
Y bien, éstas son las teclas negras...
y éstas son las teclas blancas.
- Lo sé. - Silencio.
- Lo siento. - Sra. Stephens.
Con “silencio” me refiero a que no hable.
¿Está claro?
Empezaremos con las teclas blancas...
y tocaremos todas las notas de la escala conocidas también como:
do, re, mi, fa, sol, la, si, do.
¿Se fijó en mis dedos?
¿Puede imitarlos?
Muy bien. Inténtelo.
Un momento.
No pretendo insultar su destreza...
pero en mi profesión, los tímpanos suelen tornarse frágiles...
y mi médico me aconsejó protegerlos.
Ahora... inspíreme.
Sra. Stephens.
Está tocando un piano.
No está desplumando una gallina.
De nuevo.
- Hola, cariño. - Hola, madre.
- ¿Qué cuentas de nuevo? - ¿Respecto a qué?
A tu absurda idea de aprender a tocar el piano como lo hacen ellos.
Lo que te cuento es que mis lecciones de piano normales...
siguen su curso... normal.
Y que esta tarde tengo otra lección.
- Ésa es tu nieta. - Pues, suena terrible.
Lo sé. Pretende copiarle a su madre.
¿Podrías cuidar de ella mientras salgo a cortar unas flores?
Hola, mi pequeña hermosura.
Estaba tocando en un piano grande.
Te oí.
¿Por qué no tocas música?
Mamá y papá no quieren que lo haga.
Anda, Tabitha.
Por favor, toca un poco de música bonita para la abuela.
Por favor.
Eso es, mi niña. ¿Recuerdas cómo lo hacíamos?
Coloca tus manitas sobre el piano. Sí.
Vamos a comenzar.
Buenas tardes. Soy el maestro de la Sra. Stephens.
Buenas tardes. Soy la madre de la Sra. Stephens.
Adelante.
- ¿Es su hija la que toca? - Es mi nieta.
¿Su nieta? ¿Cuántos años tiene?
- Cuatro. - Cuatro. ¿Cuatro?
¿Otra vez con tus trucos de siempre, madre?
Por todos los cielos, madre, desearía que--
- Bravo. - Increíble.
Hola, Sr. Monroe.
Señor.
¿Podrías entretener a Tabitha en su cuarto mientras tomo mi lección?
- Un momento. - ¿Sí, señor?
Sra. Stephens, esta niña es un genio musical.
¿En serio?
Aprendió así como así, como por arte de magia.
No puedo creerlo. Tiene cuatro años, no ha tomado clases...
y toca como toda una virtuosa.
Sr. Monroe, le agradezco que lo diga, pero--
¿Por qué pierdo mi tiempo con Ud. si puedo trabajar con ella?
Pues--
- Hola, papá. - Hola, mi amor.
¡Cuidado! ¡No le aplaste los dedos!
- ¿Quién es Ud.? - Johann Sebastián Monroe.
Puede aplastar mis dedos...
un humilde maestro de piano...
que ha dedicado su distinguida carrera a buscar a un discípulo magnífico.
Pero por fin el destino me recompensó todos los años que padecí.
¿En serio? ¿Con mi esposa?
No. Con tu hija.
¿Bromean?
Sr. Stephens, acabo de oír a su hija tocando el piano.
Considero que es la niña prodigio más grande del siglo.
Sam, no habrás dejado que Tabitha tocara con--
Hola, Durwood.
Endora, me dan ganas de--
Señora, ¿podría entretener a la niña...
para planear su futuro con sus padres?
Por supuesto. Por cierto...
el talento le viene por parte de su madre.
Vamos, cariño. Ven con la abuela.
Sr. y Sra. Stephens, ¿se dan cuenta de la joya que tienen?
Sí, señor, eso creo.
Es el comienzo de una época dorada en la historia musical.
La era de Tabitha Stephens.
Sr. Monroe, tuve un día pesado en la oficina.
Lo que nos espera es lo que será pesado para todos.
Como mínimo.
Puedo ver a su hija como concertista de piano...
adorada por amantes de la música en todo el mundo.
Sugiero una sesión de grabación el viernes a las 2:00, ¿sí?
- No.
- ¿Por qué no? - Es la hora de su siesta.
- Su siesta. - Despídanse de las siestas.
De hoy en adelante, no hará más que trabajar.
A 10 dólares la lección, no nos quedará más que acabar en un albergue.
No cobraré honorarios mientras la preparo para la gira de conciertos.
¿Quién dijo que se iría de gira?
Su primer recital será en Carnegie Hall.
Luego, 40 ciudades importantes en 40 semanas.
Cuidaré bien de ella. Y prometo traerla a casa para Navidad.
Qué considerado de su parte.
Sr. Monroe, no queremos que Tabitha esté lejos de nosotros por 40 semanas.
¿Qué tal 30?
Sr. Monroe, mi esposa y yo lamentamos decepcionarlo...
pero no aceptamos.
No queremos que nuestra hija sea concertista de piano.
No sé qué decir.
Bien, así damos por concluida esta discusión.
Les ruego que reconsideren. El tiempo es de vital importancia.
Pues el talento del niño prodigio debe cultivarse cual flor delicada...
para que el mundo entero se beneficie cuando se abra.
- Buenos días, Sr. Monroe. - No tomen una decisión precipitada.
Consulten con la almohada.
Rayos.
¿Qué pasa ahora?
Se fue sin darme mi lección.
Eso fue para aflojar la tensión.
Le di su baño a la niña prodigio.
Genial.
Ahora, creo que practicaré piano.
Creo que mejor deberías practicar tu discurso.
¿Cuál discurso?
El que le darás a Johann Sebastián Monroe para deshacerte de él.
¿Quieres que lo deje?
No, sólo cambia a tu maestro de piano.
¿Por qué lo cambio?
Sam, hablo en serio.
Cree que el destino lo recompensó con una niña prodigio.
Nunca dejará de molestarnos.
Supongo que tienes razón.
- A menos que-- - A menos que, ¿qué?
A menos que le busque otro niño prodigio.
¿Qué me dices de tu madre?
Puede convertirse en una niña de 4 años. Puede irse de gira.
Ni siquiera tendría que venir para la Navidad.
Si pudiera encontrarle un discípulo muy talentoso...
dejaría de pensar en Tabitha, ¿no lo crees?
Claro, pero--
Seguro hay muchos niños talentosos que querrían ser concertistas de piano.
Cierto, pero ¿cómo encontramos a uno?
Pues--
Con abracadabra sobrenatural.
Darrin, ¿quieres quitarte de encima al Sr. Monroe o no?
- Creo que sí. - Gracias.
Bien, retrocede y dame espacio para trabajar.
Niño prodigio pianista, si estás cerca de mí...
mándame vibraciones para que sepa que estás ahí.
Oigo música.
¿En serio?
Es Liebesträume, de Franz Liszt.
Bueno. Adiós, mi amor.
No tardo.
Genio juvenil, no dejes de tocar.
Volaré ahora y pagaré luego para llegar.
Disculpa.
BACHILLERATO UNIVERSIDAD ERIGIDO EN 1947
SALÓN DE MÚSICA
Continúa, por favor.
¿Se le ofrece algo?
Espero no importunar.
Estaba dando un paseo y oí la música.
Era tan hermosa que quise averiguar quién tocaba.
Por favor, continúa.
- Qué hermoso toca. - Gracias. Es mi hijo.
- Debe estar muy orgulloso de él. - Gracias. Así es.
Soy la Sra. Stephens.
Robert Williams, conservador del colegio.
- Y él es Matthew. - Hola.
Hola.
Eres un joven muy talentoso. ¿Dónde aprendiste a tocar así?
Aprendí música en un curso por correspondencia.
Pero me gusta mucho tocar.
No tenemos piano, así que adapto las reglas...
y dejo que me acompañe al trabajo y practique aquí.
Mi ambición es convertirme en concertista de piano.
Matthew, algo me dice que lo lograrás.
Pero antes debes seguir practicando.
- Disculpen la interrupción. - No importa.
Fue un placer conocerlos, Sr. Williams.
- Buenas noches, Matthew. - Buenas noches.
Buenas noches, Sra. Stephens. Gracias por alentarlo.
- Adiós. - Buenas noches.
- Hola. - Hola.
- ¿Encontraste a un prodigio? - Por supuesto.
¿De dónde sacaste el abrigo?
¿Quién podrá ser?
Quizá sea tu agente de viajes.
Buenas noches.
Sr. Monroe.
Dijo que consultáramos con la almohada.
Estaba muy emocionado, tenía que volver.
Y traje conmigo al mundialmente famoso director de orquesta...
el maestro Alfredo Ferranini.
¿En serio?
Vaya, maestro, es un honor.
Tenemos muchos discos suyos.
Naturalmente. ¿Y quién no?
El maestro aceptó escuchar a su hija tocar el piano.
Como mi opinión no les parece, quizá acepten la de él.
Maestro, él es Darrin, mi esposo.
Darrin, él es el maestro Ferranini.
Aceptó escuchar a Tabitha tocar el piano.
No me digas, ¿y quién se lo pidió?
Yo. Soy el presidente de su club de admiradores.
Maestro, no se ofenda, pero mi esposa y yo nos negamos--
Johann, esta gente me aburre. Trae a la pianista.
- Sí, maestro. - Espere, espere.
- Yo misma la traeré. - Samantha--
Darrin, si el maestro insiste, no hay nada que podamos hacer.
Por favor, esperen en la sala.
Hermoso.
Johann.
Más vale que lo valga.
Sí, maestro. Confíe en mí.
No tan cerca.
Maestro, ella es la Srta. Tabitha Stephens.
Sin formalidades, sólo dígale que toque.
De acuerdo. Bien, cariño, vamos.
De acuerdo. Ahora, toca.
¡Alto! ¡Alto!
Maestro, esta tarde estuvo brillante. No entiendo.
Ya fue suficiente, mi amor.
Ve a la cama.
Subiremos a darte el beso de las buenas noches.
- ¿Qué fue eso? ¿Una broma? - Caballeros, ¿podrían oírme?
Encontramos a un verdadero niño prodigio.
Se llama Matthew Williams.
¡No estoy interesado en más niños prodigio!
Johann, a final de cuentas sucedió.
Desde un principio fuiste neurótico, pero esto raya en crisis nerviosa.
Por favor. Por favor, maestro, no--
¡Maestro! Maestro, le doy mi palabra.
Johann, estás enfermo.
Tu palabra no vale nada.
Hasta que te sometas a atención médica...
estarás suspendido de mi club de admiradores.
No comprendo. ¿Qué pasó?
Le dijimos que no queríamos que Tabitha fuera concertista...
pero no nos hizo caso.
No, nos obligó a desalentarlo.
- Lo consiguieron. - Por favor--
Tabitha dijo que quiere ser un ama de casa común cuando crezca.
Igual que su madre.
Pero no permita que esto lo desaliente.
Como le dije, encontramos un verdadero niño prodigio.
¿Quiere sentarse para que le cuente sobre él?
Se llama Matthew Williams.
Lo encontré por casualidad.
Matthew, hace semanas que no oigo una noticia mejor.
De nada.
Saluda a tu padre de mi parte. Adiós.
- ¿Qué crees? - ¿Qué?
El Sr. Monroe hizo que Matthew tocara para el maestro...
quien quedó gratamente impresionado.
¿Reincorporó a Johann a su club de admiradores?
Y el destino por fin recompensó al Sr. Monroe.
Genial.
Y ahora, de lo sublime a lo ridículo.
Cariño, estás tocando una canción.
El Sr. Monroe dijo que ya podía hacerlo.
Lo lograste.
Dijiste poder aprender a tocar sin brujería y lo lograste.
- Estoy orgulloso de ti. - Gracias.
Madre, detente de una vez por todas.
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