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Zulu
Dios te salve, María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores...
¡Mira la paloma! ¡Se ha vuelto loca!
Mira la paloma como vuela.
Que mal presagio.
¡Milagro!
Amén.
LA PEQUEÑA SANTA
# Siempre estaremos contigo #
# Que estás en nuestro corazón #
# Nosotros que vivimos por ti #
# Napoli vuelve a ser campeón #
Annaluce, ¿tú también escuchas ese ruido?
No.
Veamos, ¿qué puede ser?
¿Quizás una licuadora?
¿A ti que te parece, Annaluce?
Eh...
Yo no oigo nada.
¿Lo escuchas ahora?
Quizás un caracol resfriado.
¡No, eres tú!
Es tarde, Annaluce. Ve a lavarte los dientes
y coge la mochila que nos vamos a la escuela.
Bien.
Mamá, te he preparado el café.
- ¡Hasta luego! - ¡Adiós, mamá!
- ¡Hola, compa! - Hola, Lino.
- ¿Qué tal? - Todo bien.
Me han estado jodiendo toda la mañana con la historia del pichón, ¡qué coñazo!
¿De la paloma?
Mario, pichón o paloma es lo mismo. No me jodas tú también.
Bueno, ¿qué he dicho? Fúmate un cigarrillo y te relajas.
¿Tienes mechero?
- ¿En qué estaba pensando, verdad? - Mh-mh.
Quizás tu hermana realmente hace milagros.
- ¿Tú crees? - Sí.
Es más, ¿por qué no nos dice los números de la lotería?
Así nos la jugamos, y quizás nos hagamos ricos.
¡Qué tonto eres!
Se ha hecho tarde.
- ¿Te vas? - Nos vemos luego.
- Adiós, corazón. - Ciao, tete.
Oh, Lino, ¿has traído los cigarrillos?
Buenos días a ti también mamá, ¿eh?
Y por favor, que duren al menos para dos días.
No te preocupes, Lino.
Mamá...
Mamá, ¿dónde tienes la cabeza?
Mira eso.
Por favor, ten cuidado.
Ah, disculpa, Lino.
Se me ha olvidado.
Pero yo he apagado el hornillo.
Oye mamá.
Mamá.
¿Vas a hacer la compra, porque ya no queda de nada?
Se han acabado incluso las galletas de Annaluce.
Mañana cualquiera la aguanta.
Así al menos tomas un poco de aire fresco.
¿Qué te parece?
- Iré. - ¿Irás?
Yo me encargo, ¿eh?
Sí.
Ten.
Pero yo he apagado el hornillo.
¿Por qué no te iban a escoger?
Qué sé yo, Carmela. Esto es Milán, habrá gente de toda Italia.
- ¿Y cuándo si no? - Y deja la boca cerrada.
Ves, eres muy buena.
- Para mí que te escogen seguro. - Bueno, Carmela.
- Entonces que... - Ese gilipollas.
Mira lo bueno que es.
Ayer todo eran besos y caricias y hoy ni siquiera me mira.
Y tú olvídalo.
- ¡Vamos, Lino! - Ya voy.
- Assia guapa. - Hola, Lino.
¿Te puedo pedir un favor?
Que cuando tengas tiempo te pases un rato por casa
y le haces unos arreglos a mamá.
Le arreglas el pelo como se lo haces a Annaluce.
Vamos Lino, ¿te quieres mover? ¡Ya me estás tocando los huevos!
Voy. ¡Aquí hay gente que trabaja!
¿Me das un beso ahora?
Pero si estás hablando con las chicas, capullo.
- Adiós, Assia. - Hola, Assia.
- Adiós. - Adiós.
Bien hecho, zorra.
Le haces un arreglo a Perla, y así él, como premio, te da un repaso a ti.
¡Siempre pensando en lo mismo!
¡Vamos, pasa, Mario! ¡Vamos, Lino!
- ¡Vamos! - ¡Aquí están los nuevos Maradona y Careca!
¡Somos los mejores!
- Don Gennaro - ¿Eh?
¿Quiere un poco de agua?
Quizás luego. He traído un precioso regalo para Annaluce.
Mire, mire. ¿Eh?
¿Y no la tenían más pequeña?
Esta viene directamente de Lourdes,
bendecida por el obispo en persona.
- ¿Don Gennaro? - ¿Eh?
La casa es la que es y la verdad no sé dónde ponerla.
La chica tiene talento.
Encuéntrame un lugar, por favor.
- Pongámosla en su habitación. - Eh...
En la habitación.
Annaluce, ven, dale un besito a la Virgen, vamos.
- ¡Yo también quiero, yo también! - ¡Va, te lo quieres fumar todo!
Te tengo que decirte una cosa.
Que asco, pero, ¿qué has comido? Madre mía...
Buenas.
- Quietos. - Hola.
¿Qué edad tenéis?
Va, ¿qué quieres? Ya somos mayores de edad.
Aquí solo entras vestido de cierta manera.
Ah...
Venga, no vamos a tardar mucho, un último trago y nos vamos.
¡Sí, el último y luego nos vamos, venga!
No.
Ellos vienen conmigo.
De acuerdo, entrad.
¡Madre mía, madre mía! ¡Qué nochecita!
- ¿Y eso de dónde lo has sacado? - Me lo ha dado la madurita, Mario.
¡Madre, que puto sitio! ¡Un paraíso!
Oh.
- Obviamente no lo debe saber nadie. - Eh.
Sobre todo, Assia.
Oye, Lino, que a Assia le importa una mierda.
Por dos veces que habéis follado, dos...
Pero en realidad se pone guapa cuando se enfada.
¿Y entonces?
Entonces nada, hermano no se lo digas.
- Eh, hermano, ¿todo bien? - Todo bien.
- ¿Te has asustado? - Cuándo quieras.
- Sí, te has asustado. - No, Lino.
Bueno, adiós hermano, yo me voy a dormir. Hasta mañana.
- Adiós, Lino. - No se lo digas.
Eh, pequeña, ¿te he despertado?
¿Qué es esa estatua?
La ha traído hoy don Gennaro.
Incluso a esta hora.
Mamá dice que tiene que estar aquí.
¿Qué pasa pequeña?
Nada, Lino.
Es que hoy ha venido de nuevo el señor Marcello.
¿De nuevo?
Ajá.
Pero no le hemos abierto la puerta,
es más, hicimos como que no estábamos.
Pero él seguía golpeando fuerte en la puerta y gritando altísimo.
¿Te dio miedo?
Cuando ahorre lo suficiente, ¿sabes que haremos?
No.
Conseguiremos una casa fuera del barrio.
Limpia...
luminosa...
y bonita.
¿La conseguiremos toda rosa?
Y quizás pongamos pósteres de nosotros juntos.
Claro.
Sin olor a gas ni a humedad.
¿Y luego sabes que haremos?
Cogeremos una habitación para mi y otra para ti,
así tendremos más espacio.
Yo quiero estar contigo.
Oye, Lino,
hoy no puedo esperarte porque tengo que ir antes al trabajo, ¿vale?
Así que no te espero. Me voy al trabajo.
Bueno, nos vemos luego.
Adiós.
Mamá.
¿Dime con qué le preparo el desayuno a Annaluce?
Te había pedido solo una cosa.
¿Qué has hecho con el dinero que te di?
He comprado tabaco, Lino.
Creía que habías hecho tú la compra.
Me he equivocado.
Eh...
Haz una cosa, Lino.
Lleva a Annaluce al bar para desayunar.
Yo hago la compra. Más tarde. ¿Eh?
Te lo juro.
Lino, ¿sabes dónde están las galletas?
Ve a por la mochila, tesoro, que hoy vamos a la pastelería.
¡Sí!
- Adiós, nos vemos mañana. - Adiós, hasta mañana.
¡Eh, vita!
Hola, hermano.
¿Qué dices?
Ten, coge esta mochila de mierda, va.
Sube.
Hermano, si no te echas un poco más atrás, me vas a preñar aquí.
Es esta mierda de mochila, Lino.
Mario, dame eso, que me parece que esa cosa no está hecha para ti.
- Solo eres bueno como mecánico. - Y tú para los repartos. Ten.
Vaya, Mario. Ahí está Marcello.
- ¡Mierda! - Madre mía...
- Buenas Marcello, ¿cómo estás? - Lino, justo a ti te buscaba.
Aquí las cosas no van bien para nada.
- Tenéis que pagarme el alquiler. - Lo sé, te pido disculpas.
Estoy haciendo todo lo posible para pagarle los alquileres atrasados.
Tiene que ayudarme un poco, conoce la situación en casa, ¿no?
Llevo tres meses ayudándote, chaval. ¿Y yo?
- ¿Cómo me las apaño? - Pero, ¿qué más puedo hacer?
Deme un poco más de tiempo.
Lino, no me toques los cojones. Encuentra el dinero o si no os largáis.
Aquí la caridad se la puedes pedir solo a Don Gennaro.
¿O no, Lino?
Marce', tengo que irme. Que tenga un buen día.
Hasta luego, Marce.
La próxima vez que no abráis, tiro abajo esa puerta de mierda.
¡Todos los Esposito son iguales,
solo son buenos para huir y esconderse como putas!
¡Ven, ven! ¡Venga, ven!
¡Lino! Cálmate, mi vida.
Vete a casa y relájate un poco.
Luego buscaremos una solución, ¿vale? Oh. Oh.
Estoy aquí.
No te atrevas a mendigar más.
Vete dentro.
Vete dentro.
¡Mira, aquí está!
¡Pero qué bonito peinado te ha hecho Assia!
También hemos hecho los deberes,
nos hemos comido un rico hojaldre...
¿Verdad, Annaluce?
Se ha asustado un poco.
Pero Marcello ya se ha ido.
- ¿Es cierto, Lino, que todo va bien? - Claro que está todo bien.
Anda, vamos a casa. ¿Eh?
Gracias.
¿No hueles ese olor a gas?
¡Mamá!
¡Mamá!
¡Ma'! ¿Mamá me oyes?
¡Mamá! ¿Mamá me oyes?
¡Mamá!
¡Mamá!
¡Oh, mamá!
- ¡Mamá! - Pero, ¿qué ha pasado?
¡Abre las ventanas! ¡Mamá!
¡Ayuda!
- ¡Ayuda! - ¡Ayudadme!
¡Ayudadme! ¡Ayuda!
¡Ayudadme!
¡Mamá! ¡Vamos, responde mamá!
¡Mamá! ¡Annaluce, vete!
¿Pero qué ha pasado?
Hola, Lino.
Mi madre os manda esta lasaña.
Así al menos tú y Annaluce coméis algo.
Gracias.
Lino...
Pequeña...
Hola, cariño.
Buenísima.
- Buena. - Buenísima.
Tu madrea es la mejor, Mario. Está realmente buena.
- ¿Te gusta, Annaluce? - ¡Sí!
Cierra la boca, ten modales.
- Annaluce... - ¿Mmm?
Dais asco, animales.
Disculpa, Lino.
Quería cocinar
pasta con patatas.
A Annaluce le gusta
y a ti también...
A ti también...
¡Ah, Dios!
¡Dios, qué bueno, Assia!
- ¿Te gusta? - Sí.
Sigue un poco más, va...
¿Has visto qué buen champú te he puesto?
Que buenas manos tienes.
Ahhh...
- ¿Y ahora quién es? - Ya voy yo, espera.
Tenemos que ver a la santa.
A Annaluce.
Pero Annaluce está en la escuela, Lorenza.
Está bien, dale esto.
Pasamos luego. Adiós.
Era Lorenza, buscaba a Annaluce.
¿Elegimos el color?
Elígelo tú.
Eres muy buena, Assia.
Lino lo dice siempre.
- Dice que harás grandes cosas. - Ah, ¿eso dice?
Sí.
Y también dice que te quieres ir del barrio.
Mh-mh.
Haces bien.
Yo también me quería ir a tu edad.
¿Y qué hiciste entonces?
Entonces hice a Lino.
La cosa más bonita del mundo.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Bendita Tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María...
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Mamá,
¿Mamá, qué ocurre? ¿Por qué está toda esta gente aquí?
No sé, qué sé yo, Lino.
La gente quiere estar con Annaluce.
Todos están aquí por ella.
No entiendo, ¿qué ha hecho Annaluce? ¿Dónde está?
- Disculpen, señores, ¿ustedes... - ¡Shhh!
Baja la voz, están rezando.
- ¿Están rezando? - Sí.
Todos quieren rezar con ella.
Dicen que es una santa.
Una pequeña santa.
Gracias señora. Gracias.
Lino.
Ve a darte una ducha, que estás todo sudado. Eso no está bien.
Ah, ¿no hay nadie rezando en el baño?
- Que dios te bendiga. - Gracias.
Señora, amén.
Voy entonces, eh.
Eh, Lino, ¡despiértate!
¡Y vístete, que hay un montón de gente esperando para entrar!
¿Y tú que haces ahí?
¿Quieres venir aquí?
Lino...
¿cuándo vas a madurar?
Mamá.
Mamá.
¿Hay un poco de café?
Se ha acabado, Lino.
- ¿Quién es? - La entrega.
Ah...
- ¿Qué piso? - Segundo.
Bien.
¡Mario!
Siempre estaremos contigo, que estás en nuestro corazón
Nosotros que vivimos por ti, Napoli vuelve a ser campeón!
Siempre estaremos contigo, que estás en nuestro corazón
Nosotros que vivimos por ti
Nosotros que vivimos por ti
¡Napoli vuelve a ser campeón!
Vamos, chicos.
¡Annaluce, te he traído un hojaldre!
Oye, Lino, quita esa cosa de ahí, que está sucia.
Es el único sitio libre en este momento.
¿Qué haces, cocinas?
Lino...
esto ahora es un lugar sagrado.
- Mamá, pero, ¿qué estás diciendo? - Lo que he dicho, Lino.
¿Es qué no lo ves, a tu alrededor?
Como para no verlo: una locura.
¿No, Annaluce?
Lino,
tu hermana es santa,
y milagrosa
y ahora todo aquí debe permanecer como está,
porque debemos ayudarla a estar bien,
en un ambiente adecuado para ella.
¿Y yo?
¿Dónde duermo?
¿Mario?
Está aquí Lino.
Hermano, me quedo a dormir.
- Cómete este hojaldre. - ¿Qué me has traído?
Oh, un hojaldre.
- ¡Basta! - Te gusta el hojaldre, eh...
Qué asco.
Eres un idiota.
Te voy a poner una canción muy buena.
Déjame escucharla.
Madre mía, que asco.
Imbécil.
Hermano,
salgamos a divertirnos.
Ven.
¿Qué quieres?
- Algo fuerte. - ¡Enseguida!
Eh, Lino, voy a por algo de beber.
- ¿Tienes veinte euros más? - Mh-mh.
¿Lo has oído, Mario?
Eh, hermano.
¿Todo bien?
Todo bien.
- ¿Lino? - Dime...
¿Eres maricón?
¿Maricón quién, yo?
¿Tú quieres saber quien es maricón, Mario?
Maricón,
es quién se parte el lomo todo el día
para ganar cuatro perras.
Eso es un maricón,
no yo que me la chupan y además me pagan.
¡Eres un semental loco, tú!
Ven a saludar a los demás, venga.
Que estás en nuestro corazón
Nosotros que vivimos por ti
Napoli vuelve a ser campeón
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores...
Hola, Marcello.
Buenos días.
Por el alquiler ahora vemos como...
No te preocupes chico, no te preocupes.
Disculpa...
¿Café?
Por favor.
Por favor.
¿Me lo dice en serio?
Dios te salve María, llena eres de gracia,
el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores.
Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve María, llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores.
Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios...
- Eh, espera tu turno. - Aquí todos lo necesitamos.
Sí, pero no me toques.
Bueno, señores,
esta es mi habitación y entro cuando quiera.
Lino, pero, ¿qué ocurre?
Quiero estar un rato con Annaluce.
No es el momento. Lo ves, ¿no? Mira cuánta gente.
Hacen cola para ver a tu hermana.
Señores disculpen,
mi hijo necesitaba hablar con su hermana,
como el resto de nosotros, ¿no?
Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve María, llena eres de gracia...
¿Se puede saber lo que te pasa por la cabeza?
¿Lo que me pasa a mí? ¿Qué te pasa a ti?
- ¿Qué quieres hacer? - Baja la voz que nos escuchan.
Me importa una mierda.
¿Y tú? ¿Qué haces aún aquí?
Incluso una mujer de la limpieza.
¿Desde cuándo?
Y mírate, toda arreglada y maquillada y yo no tengo un sitio donde dormir.
Está bien.
Pero ahora cálmate, ¿eh?
Tómate un café con nosotros.
Ten, Lino. Esto es para ti.
Te va bien con Annaluce, ¿eh?
Incluso el milagro del dinero has hecho, ¿has visto?
No te atrevas.
Tu hermana es santa, es milagrosa.
La gente la necesita.
Le hacen regalos, ¿y qué?
¿Qué culpa tengo yo, Lino?
Ese dinero solo lo uso para que ella esté bien.
¿O debemos arreglarnos con lo poco que traes tú?
No te metas, Lino.
Por favor.
No te metas.
Finalmente, Dios nos ayuda.
¿Has visto, mamá?
Finalmente hay alguien que te ayuda.
¡Vale, estate quieto!
# Siempre estaremos contigo #
# Que estás en nuestro corazón #
# Nosotros que vivimos por ti #
Pero, ¿qué significa que está fuera de control?
No te lo imaginas, hermano.
Annaluce reza todo el día con esa gente.
Mi madre va repartiendo café. Cuando se ha visto eso, ¿eh?
Mira esto.
¡No!
- ¡No me lo creo! - ¿Has visto que cosas?
Y encima mi madre estaba toda maquillada y hermosa.
Nunca la he visto así.
Estaba realmente bien.
Quizás Annaluce tenga de verdad algo especial.
¿Tú qué quieres hacer?
No lo sé.
Tengo una sensación extraña, Mario.
Ya no siento ese nudo en la garganta.
Me siento vacío.
No sé cómo explicarlo.
Eh.
Todo irá bien, hermano.
- Tienes la lengua azul. - ¿Sí?
¿En serio? Es esta cosa.
Tú también.
Pero qué repugnante es esta cosa
Quien sabe lo que le ponen. Madre mía.
El otro día me escribió la madurita.
Me dijo: "¿Por qué no venís a casa?"
- Eh, Mario, ¿me estás escuchando? - ¿Cómo? Sí, estoy escuchando.
Entonces, ¿qué haces, vienes? Es un buen dinero.
Claro que voy.
¿Pero dónde vamos?
- Eres tonto. - ¿Dónde vamos? No lo he pillado.
- ¡No entiendes nada! - Me he distraído, perdona.
¡Qué linda casa, Lino!
Felicidades. Tienes realmente una bonita casa.
Ah, ¿sí? Tú también tienes unos ojos bellísimos.
Azules como el mar de Nápoles.
Y tú tampoco estás mal para nada.
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores.
Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.
Bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores.
Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.
Bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores.
Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.
Bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores.
Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Hermano...
me voy a dar una ducha.
Hola, Lino. Menos mal que has vuelto.
- ¿Qué ha pasado, mamá? - La niña.
Ya no habla, no se mueve, no come.
La habéis vuelto loca con esta historia de los milagros.
Annaluce.
Annaluce.
Bueno, señores, el espectáculo se ha acabado. Andando.
Cada uno a su casa. Venga, va.
- Salgan. - Pobre hija.
Salgan. Vamos.
- ¿Cuándo podremos volver? - Ya os lo haremos saber. Tú también.
Salgan. Vamos.
¿Estás bien, Annaluce?
Annaluce.
Vi las fotos de los desfiles de moda de Milán.
Si supieras los bonitos maquillajes que usan.
De todos los colores.
Con peinados bellísimos.
Mañana te las traigo, ¿eh?
Así me dices si hay alguno que te gusta
y yo te hago uno igual.
Sabes, Annaluce,
últimamente tengo muchas cosas en la cabeza.
Quizás...
tal vez, tú puedas decir unas palabras.
Te lo ruego, Annaluce.
Haz que aborte.
Señores míos, no sé qué decirles.
Para mí todo está normal.
Probablemente es solo un poco de estrés. Dejadla descansar.
Gracias doctor. Gracias por haber venido.
Hola, Lino.
Hola, Mario.
Hola.
Intenté llamarte.
Lo sé, he tenido problemas en casa cuando he vuelto.
- ¿Me das uno por favor? - Como no.
Pero, ¿por qué, qué pasa?
Nada, los líos habituales de mi madre.
Bueno, me voy, hermano.
Espera, Lino.
Quédate un poco, vamos.
Adiós, hermano.
¡Li!
¡Lino!
¡Eh, Lino!
¡Te estoy llamando, Lino!
¡Li!
Annaluce.
Te he traído el hojaldre de Ciro, tu preferido.
Annaluce.
Estás muy fría, ahora nos damos una buena ducha caliente, ¿eh?
¿Por qué?
¿Por qué?
- ¿Por qué? - ¡Mamá!
- ¿Por qué? - ¡Mamá! ¡Oh!
- ¡Mamá! ¡Cállate! - ¿Por qué?
¿Por qué?
Lino.
¿Pero qué pasa?
¡El dinero de Annaluce! ¡Un milagro!
¡El dinero de Annaluce!
¡Cogedlo, cogedlo!
¡Gracias, Annaluce!
Traducción: lope_cat www.avenidalibertad.es
Corrección y sincronización: pacoss
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