All language subtitles for Teresa, el cuerpo de Cristo 2007 ESP

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Original subtitles

Gritos

(NARRA) "Castilla, ya doblada la mitad del siglo XVI".

Llanto

"Valdés, al frente del Santo Oficio,

siguió llenando las mazmorras en busca del demonio".

Llanto

"La gloria de la conquista colma de oro

las mesas del poder,

mientras el pueblo vive entre la miseria y la ignorancia.

"Los dejados ofrecen sus cuerpos desnudos al Señor

en liturgias orgiásticas".

"Iluminados, herejes, luteranos, hugonotes...".

"Nuestra Iglesia es atacada desde fuera

y se oscurece por dentro".

"En las plazas se queman cuerpos para salvar almas".

Gritan

"Todos los corazones están gobernados por el miedo".

Gritos

"Todos, menos uno".

"Vuestra soy,

pues me criasteis".

"Vuestra,

pues me redimisteis".

"Vuestra,

pues también sufristeis".

"Vuestra,

pues que me llamasteis".

"Vuestra,

pues me conservasteis".

"Vuestra,

pues no me perdí".

"¿Qué mandáis hacer de mí?".

Doña Teresa, insiste en verle, maestro Daza.

Está en su despacho y no se irá hasta que la escuche.

¡Pobre insensata!

Son malos días para nuestra Iglesia.

Lo último que necesitamos es otra ración de desconcierto.

No, doña Teresa, esto tiene que terminar.

¿No ve el peligro que corre?

El peligro es apartarme de Él.

Por favor. No tome el nombre de Dios en vano.

¿Quién cree que es? ¿Quién soy?

Su esposa.

Se lo suplico. Acabe con esta locura.

Todo amor es locura. ¿No se da cuenta?

Puede ser cosa del demonio. No es demonio.

El demonio no da amor dulce.

Mi Señor es Dios.

Mi esposo, el Altísimo.

¿Piensa que ha llegado hasta Él,

cuando todos andamos a ciegas buscándole?

He encontrado el camino. Lo han encontrado otros antes.

Está aquí.

En estos libros.

En San Agustín, en Osuna,

en Ludolfo de Sajonia.

Ciertas palabras son veneno

para según qué oídos.

No le falta razón, maestro Daza.

Soy mujer y vil.

Pero lo que entiendo a medias lo siento entero.

Y al alma no hay nada que la engañe.

Hay un castillo interior que lleva a Él.

Pero esto es una locura.

No más locura que abandonar todo lo que la vida es

para dedicar el corazón entero a buscarle.

No hay más razón que el amor.

El mismo amor

"que, sin saberlo, busqué desde un principio".

"El amor que me perdió

y que acabó por salvarme".

Si la deshonra es cierta,

el honor de esta familia está perdido.

No he dicho yo que lo sea.

No has dicho que no lo sea.

Es lo mismo.

Además, poco importa.

En asuntos de honra

con el rumor basta.

Gracias a Dios, ya no está tu madre para ver esto.

No hay hombre que pueda ya quererte.

Yo sé de uno.

Campanas

Abren la puerta

La puerta chirría

Rezo de laudes con el gallo. Almuerzo antes del Ángelus.

Tareas: costura o cuidado del huerto.

Cena y completas.

El comedor para las hermanas.

Las doñas comen en sus estancias.

Aquí estará cómoda.

No creo necesitar tanto.

Guarde la humildad

para pruebas mayores, las habrá.

Creo en Dios,

en un Dios que me llama y no alcanzo a escuchar.

Tengo temblores

de solo pensar en Él.

Quiero ver su rostro

tan cerca del mío,

que ya nada nunca nos separe.

Tengo,

tengo urgencia tan grande

que me falta ya el aliento.

Suspira

Estoy sola.

Paciencia, hija. Sois aún muy niña.

No, padre.

Soy ya mujer entera

y dispuesta a ser tomada.

Ya lo llevo yo. Suelta.

No necesita criada.

Pues yo necesito señora.

¿Qué dices?

Sé que es doña y con dote, hija de los Ahumada y se ve que buena.

Y yo ando necesitada.

Aquí somos todas iguales.

No, aquí no.

Eso es allá arriba.

Anda, vete ya y déjame hacer.

La cocina no es lugar para una doña.

Les digo que la tiene enamorada.

Cada vez que viene se le ilumina la cara.

No habla de otra cosa.

Está deseando verle.

(EN VOZ BAJA) ¡Será tacaño!

¿Qué haces, desdichada? Nada.

No hay cosa peor que monja alcahueta.

Sí hay cosa peor, sí. Monja con hambre y con frío en los pies.

Gritos de mujer

Gritos de mujer

Gritos de mujer

Llanto

Llanto

Gritos de mujer

Gritos de mujer

Grita

Grita

Grita

Llora

Grita

Llora

Grita

Llora

Llora

Llora

Grita

(TODAS)"Salve, regina,

mater misericordiae".

"Vita, Dulcedo,

et Spes Nostra,

Salve".

"Ad te clamamus

exsules filii Hevae".

"Ad te suspiramos

gementes et flentes

in hac lacrimarum valle".

"Eia, ergo,

advocata nostra,

illos tuos

misericordes oculos

ad nos converte".

"Et Iesum,

benedictum fructum ventris tui,

nobis post hoc exsilium

ostende".

"O clemens,

o pia...".

"Si el amor que me tenéis,

Dios mío,

es como el que os tengo,

decidme

en qué me detengo

o vos

en qué os detenéis".

"Alma,

¿qué quieres de mí?".

"Dios mío,

no más que verte".

"¿Y qué temes más de ti?".

"Lo que más temo es perderte".

"Un alma en Dios escondida

¿qué tiene que desear

sino amar y más amar

y en amor toda encendida

tornarte de nuevo a amar?".

Campanas

Canta un gallo

Sigo sola.

¿A qué tanta prisa?

El Señor se demora solo lo justo. Tengo miedo.

¿Miedo de qué?

Miedo de que mi fe no sea más que soberbia.

Miedo de lo que veo

y de lo que no consigo ver.

Miedo de lo que siento.

Miedo de alcanzarle

y miedo de no hacerlo.

Miedo de mí.

Rezan en latín

Come.

No quiere comer. Lleva días así.

Parece que con el cuerpo de Cristo le basta.

Mejor está en su celda.

Viene al comedor para hacer mejor lucimiento de su renuncia.

¡Come!

No.

Con lo que me da el Señor tengo bastante.

Esto te lo da Él.

¡Come!

Apenas son monjas y ya quieren ser santas.

¡Basta ya!

¡El Señor no me quiere, Juana!

Estoy sola.

Y sola debo seguir

hasta que le merezca.

Pero si ya ni te tienes.

Te estás matando.

También muere el gusano.

Y esa muerte no es el final, sino el principio.

"Sea mi gozo el llanto,

sobresalto, mi reposo,

mi sosiego, doloroso

y mi bonanza,

el quebranto".

"Entre borrascas, mi amor y mi regalo, en la herida".

"Esté en la muerte mi vida

y en desprecios, mi favor".

"Mis tesoros, en pobreza

y mi triunfo, en pelear,

mi descanso, en trabajar

y mi contento, en tristeza".

"En la oscuridad, mi luz,

mi grandeza, en puesto bajo".

"De mi camino, el atajo

y mi gloria sea la cruz".

Campanas

"Corpus Domini nostri Iesuchristi

custodiat animam tuam in vitam aeternam".

Campanas

Fiebres tiene.

Y muchas.

Y se curó mal del corazón.

Lleva demasiado castigo.

Trabaja

y lleva tantas mortificaciones que ya son demasiadas.

Parece que busque la muerte.

Salcedo, caballero santo.

Respira con dificultad

-¿Puedo? Y debe.

¿Me escucha? Seguro.

Pero no responde. Está muy débil.

Me manda su padre a preguntar por su salud.

Me apena encontrarla en tal mal estado.

¿Qué se ha hecho? Lo que se ha podido.

Que sea algo más.

No son más que mareos.

Pronto estaré bien.

"Mi alma afligida gime y desfallece".

"¿Quién de su amado puede estar ausente?".

"Acabe ya".

"Acabe este sufrir".

"Ansiosa de verte

deseo morir".

Campanas

Campanas

Rezan

Rezan

La niña no está para enterrar.

¡La niña no está para enterrar!

¡La niña no está para enterrar!

-Señor, cálmese. -Dejadme solo.

¡Fuera de aquí!

Llora

Llaman a la puerta

Llama a la puerta

No hay nada que hacer. El pobre ha perdido la razón.

-¡Tanto amor tenía por la niña!

-Son tres días. Hay que hacer algo.

"Cantan en latín"

Cantan en latín

Se queja

Ya están aquí las beatas.

¡Doña Guiomar, benditos los ojos!

Me cuentan que esconde una santa.

Aquí nada se esconde.

Venid conmigo.

Decidme solo dónde encontrarla.

No necesito vigilancia.

Acompáñela.

Soy Guiomar de Ulloa.

Lo sé. La tengo siempre en mis oraciones.

No hay benefactora más grande en esta casa.

Más haría si pudiera.

Pero la renta es limitada y las necesidades muchas.

Ardía en deseos de conocerla. Su fama se extiende de día en día.

A mi pesar.

Como ha de ser.

No quiero cansarla.

Solo vengo a comprobar el milagro del que todos hablan.

Me alegra que esté bien.

Milagro no es.

Acaso, mano de santo, que me he encomendado a San José.

Buena mano es esa, que no hubo varón igual.

Lo sé, he conocido a algunos.

Quiero dejarle mi amistad para lo que necesite y mi casa abierta.

Se lo agradezco de corazón.

Creo que en su casa se reúne lo más sabio en asuntos de fe

de cuanto pasa por Ávila. Y tanto.

Francisco de Borja y Pedro de Alcántara.

Fray Pedro de Alcántara es un amigo que me regala

su amistad y el poco tiempo que dedica a este mundo.

No hay hombre más santo en Castilla. No lo hay.

Nosotros miramos por la Iglesia.

En cuanto me tenga en pie me verá por sus salones.

Ya puede andar.

Doña Teresa.

Agradezco su invitación.

Me alegra verla recuperada.

Doña María de Mendoza, hermana del obispo.

Y Mari Díaz, vieja y muy querida amiga.

La creía ya en el cielo.

Para el cielo aún hay tiempo y mucho que hacer aquí abajo.

Perdón.

Padre Francisco de Borja, Teresa de Ahumada.

Primero de la Compañía de Jesús.

Acaba de volver de Roma.

Es un honor que casi humilla. Soy devota del padre Íñigo de Loyola.

No le sabía en Ávila.

Apuramos la fundación del colegio San Gil con la ayuda de Salcedo.

Como ve, aquí todos somos amigos.

¡Ah! Y María de Cazalla.

Dicen que es una alumbrada.

Me da a mí que más grande reforma nos haría más bien que el Santo Oficio.

Debemos exigirnos rigor.

-Nos atacan por todas partes.

La Inquisición a un lago y luteranos al otro.

Mejor es la reforma.

Somos lo que somos y siendo lo que somos, seremos más.

-Nos acusan de querer volver hacia atrás.

No es andar hacia atrás, sino recordar de dónde venimos.

Y saber también adónde vamos.

Quemar los libros no es quemar sus razones.

Ni quemar erasmistas es quemar su causa.

No se apaga el fuego con fuego.

-Querida amiga.

Llegamos a Ávila para hacer rebaño y hemos encontrado buen cordero.

Ando buscando pastor.

Las tribulaciones de mi alma encuentran aquí poco acomodo.

Ruido

Ruido

"Comentarios al Padrenuestro",

de Erasmo,

en romance.

Que Dios le bendiga.

¡La posee el Señor, la posee!

Campanas

Me preocupa el revuelo que está creando.

Muchas creen que es milagro.

Su fama sale de los muros de Ávila.

Milagro o no, son favores del Señor.

Y estas mercedes mal dirigidas antes incendian que conforman.

Guárdela y vigile las visitas.

Si pudiera, lo haría.

Pero está siendo muy solicitada.

Y un convento necesitado como este no puede negar favores.

Lo importante es ponerle guía.

Y guía que nos dé cuentas.

Su confesor sabe lo que piensa.

Su confesor responde a los dominicos.

Pide confesores letrados.

Y su ansia de conocimiento es mucha.

Tanta que en mujer asusta.

Si pide confesor letrado,

¿quién mejor que

Gaspar Daza?

¿Quién mejor?

No quiero conflictos con los dominicos.

No lo sabrán si le busca ella.

Sáquele confesión general y sabremos dónde estamos.

No está en mi mano. Lo estará.

Teresa llora

Bien ha hecho en buscarme.

Estamos todos alarmados.

Busco confesión general.

Y harta paciencia ha de tener si ha de escucharlo todo.

Siempre hay tiempo para un alma.

Sé que anda por un camino bien difícil.

He oído hablar de visiones.

Nada se guarda en esta casa.

Ni debe guardarse. Los secretos son del demonio.

Bien decís, que sois santo.

Y sin embargo, me puede la vergüenza.

Yo no entiendo de estas mercedes.

Hable, que haremos lo que Dios nos dé a entender.

Y que entre el Señor y nosotros quede.

¿Qué tiene esa monja que deba inquietar al provincial?

Anda su vida de oración

tan lejos que vi pocas mujeres llegar a tanto.

Y no va corta en ansia.

¿En arrogancia? En ansia.

Yo creo que en conciencia no hay pecado.

Anda quebrada y en duda y en eso tiene razón y tiene honra.

Honra habrá que buscarla.

Su padre, si bien hidalgo y generoso, es cristiano nuevo.

Y su abuelo iba en procesión con San Benito en Toledo.

No la sabía yo judía.

No trae la sangre muy limpia.

Conversa o no, deben preocuparnos sus arrobos y visiones.

Arrobos ya hemos visto. No sabía de visiones.

¿Las tiene?

¡Y cómo!

De Cristo en la cruz y voces que la reclaman...

Eso es cosa de dejadas.

No es de dejados buscar confesión.

Los dejados se entregan a los placeres de la carne.

Y no es el caso.

Doña Teresa ha buscado confesión general.

¡Ay, Gaspar Daza, su buena fe me enternece!

No le conocía, sin embargo, devoción por las iluminadas.

No he dicho yo que doña Teresa lo sea.

Las mujeres son de mucha imaginación y poco orden.

Alumbradas, brujas, iluminadas... Son todo uno y lo mismo.

Puede que Cristo salvase a una ramera, pero el resto siguen sueltas.

Es pronto para hacer juicio.

Aunque no soy quién para contradecir al provincial.

No, no es quién.

Doña Teresa, esto tiene que terminar.

¿No ve el peligro que corre?

El peligro, maestro Daza,

es apartarme de Él.

Por favor, no tome el nombre de Dios en vano.

¿Quién se cree que es?

¿Quién soy?

"Su esposa".

De mi amor por Él nunca tuve duda.

De su amor por mí,

ya tampoco.

Está en peligro.

No se da cuenta de lo que dice, pero eso no va a salvarla.

No diga nada más.

No me avergüenzo.

Con vergüenza o sin ella, tendrá mucho de qué arrepentirse.

Don Francisco de Borja.

-Maestro Daza.

Doña Teresa.

Don Francisco, no sé si conviene su presencia en este asunto.

Doña Teresa tiene el alma confundida.

¿Y qué alma no lo está, maestro?

No olvide que andamos por hielo muy fino.

Apártese entonces, no sea su peso el que nos hunda.

Dejemos que se ocupen los jesuitas.

Francisco de Borja está embobado con ella.

¿No se meten en todo los jesuitas? Que se metan en esto.

¿Qué ganamos con ellos? Tiempo para preparar juicio.

Dinos su nombre. No de la Inquisición, sino nuestro.

Juzgando nosotros, los evitamos a ellos.

No me gusta este asunto ni les va a gusta a ellos que los dejemos fuera.

Fuera no están. Ya andan tras nuestra monja.

No hay otra opción, amigo.

Si queremos salvarla a ella

y a nosotros.

Ya ha empezado.

Eso he oído.

Yo mismo estuve en Valladolid.

"Alumbrados y dejadas con libros prohibidos y fornicando

como animales".

"Es cosa del demonio".

"Caerá será el mismísimo obispo de Toledo".

No es posible. Ni Valdés se atreverá a tanto.

"Carranza le quitó el obispado y el inquisidor general no perdona".

Va a caer y para distraer el ruido, caerán muchos más.

"Alumbrados todos y luteranos".

Una lista incluye Toledo, Sevilla y Salamanca.

También buscarán aquí.

No hay alumbrados en Ávila. Los habrá.

Su monja Teresa me parece muy buena pieza para esta cacería.

Sin ellos me quedo sola.

Hay otros libros y son santos. Santos en latín.

A mujeres

no nos alcanzan las letras para entenderlos.

Levantan muros al saber para dejarnos fuera.

Los muros se saltan.

De la hoguera no se vuelve.

Si no la paro yo, la paran ellos.

Y ya digo más de lo que debo.

Campanas

¡Teresa!

Arden las hogueras. Caen primero las mujeres.

Dios misericordioso se apiade de ellas.

Tengo miedo. Salcedo no puede pararlos más.

Los he visto llegar.

Y tren dominico.

¡Tú!

¡Vuelve con lo tuyo!

Teresa.

Venga conmigo.

Hable en voz baja y no les mire a los ojos.

O creerán que es soberbia.

Diga poco y bien claro,

que a juicio de los hombres, las mujeres nos enredamos como cerezas.

Y en esto siempre acaban por el demonio.

Si fuera más fea, sería mucho más fácil todo.

Aquí el deseo juega y siempre en contra nuestra.

No.

No es posible.

¿Qué me espera?

No lo sé.

¿Qué merezco?

Yo no voy a juzgarla.

Y solo miro por mi convento.

Si debo entregarla para salvar mi convento, lo haré.

Pero no con gusto.

Vamos, no les haga esperar.

Teresa.

No seas arrogante.

Pero sé valiente.

Llaman a la puerta

No tenga miedo.

Son todos temerosos de Dios y están aquí para ayudarla.

Debe ser a cara descubierta.

No hay nada que esconder.

Ni manera de esconderlo.

¿Y quién le dice que es Dios?

Él mismo.

¿Y cómo sabe que es cierto?

¿Por qué me mentiría Dios?

Y dice que le coge las manos.

Me coge las manos.

Y las pone en sus llagas

buscando consuelo.

¡Es alumbrada!

-¿Y arrobos?

Tan fuertes que me levantan un palmo del suelo.

Y tanto dolor me atraviesa

y tan dulce que no lo quisiera parar nunca.

Como punta de lanza encendida

que desgarra la piel sin herirla y que se mete profunda en mí

hasta atravesarme el mismo corazón.

-Oigo a la Inquisición. -Ya está aquí el Santo Oficio.

Y así me hiere, tan profundo que cuando sale la lanza,

parece se va la vida con ella.

Placer tan severo,

dolor tan dulce y extremo que solo asusta a su fin.

Y ya nada le basta al alma sino Dios.

-Blasfemia.

-No. Es la herejía lo que debe preocuparnos.

Poseída.

-¡Endemoniada!

Endemoniada no, sino toda engolfada de Dios,

que de tanto quererlo, le he hecho mi prisionero.

¡Demonio!

¿Demonio?

¿A qué decir demonio pudiendo decir Dios?

-¿No teme nada?

Temo y mucho.

Pero más temo a quienes tanto temen al demonio que al demonio mismo.

Llora

¡Dios!

¡Dios, Dios!

¡Dios!

¡Dios!

"Nada te turbe, nada te espante".

"Todo se pasa".

"Dios no es muda".

"La paciencia todo lo alcanza".

"Quien a Dios tiene nada le falta".

"Solo Dios basta".

Truenos

Es todo presencia del demonio.

O la purgamos ahora o habrá exorcismo en toda regla.

Y después, juicio de la Santa Inquisición.

Dele higas a las visiones.

¡Mándelas a tomar por saco! ¡Escupa!

¡Escupa!

¿Cómo voy a escupir al Altísimo? No es Dios, sino demonio.

Y hay que pararlo antes de que se la lleve.

No necesitamos más mártires, Teresa.

Necesitamos soldados recios.

Levántese ahora

o caerá para siempre.

Cómo cambia el miedo a los hombres.

Escúcheme.

Urge es salvarla de la pira.

Si no salimos bien

de esta purga,

habrá juicio.

¡Por Dios!

Si es el demonio, y todos coinciden en que lo es,

sáquelo de dentro ahora, antes de que le cueste la vida.

¡Ven por mí,

Satanás!

¡Que soy esclava del Señor y conmigo nada puede!

Llora

¿Dónde está?

Doña Guiomar, benditos los ojos.

¿Dónde está?

Me consta que no estáis al tanto de lo delicado de su situación.

Me consta que no estáis al tanto de lo delicado de la vuestra.

Que lleven el coche a la cancela del huerto.

¿Qué pretendéis hacer?

Sacarla de aquí.

¿Sin mi permiso?

Con su permiso,

claro está.

Y bien pagado.

A fray Pedro de Alcántara, sin demora.

Me pides buen juicio, amigo Salcedo.

Pero no son buenos tiempos.

-Denunciémosla al Santo Oficio.

Si se la damos nosotros, queda clara la buena fe.

Ya está avisado.

Y no tardarán en venir por ella. Pero no tengo claro que lo merezca.

-Al obispo de Toledo lo tienen ya por hereje.

No vamos a caer todos por una monja loca.

-No es solo ella.

-Tonterías.

De esto no la libra ni la Compañía de Jesús ni Francisco de Borja ni Rossi.

No subestime al Rossi. Habla con el Papa.

Además, está doña Guiomar.

Aunque ya lo sabrá por su hermana.

Fray Pedro de Alcántara,

el hombre santo.

En eso pienso.

Si el hombre santo se pone de su lado,

nos puede costar caro haberla condenado.

Fray Pedro.

Vamos, vamos.

Que todos somos uno y lo mismo.

Solo ante Dios hemos de andar de rodillas.

Doña Teresa de Ahumada.

¿Cuándo podré hablarle?

Cuando él lo quiera.

Es como un gran castillo,

que está todo oscuro

y hay solo una luz,

que ciega,

en la estancia del rey.

Veo llegar la luz

y, a veces, baña mis manos.

Pero, cuando miro alrededor, no veo más que sombras.

Tengo miedo.

¿Cómo no tenerlo?

He pecado.

He pecado tanto...

Te diré un secreto.

Todos hemos pecado

y seguiremos pecando

hasta el último día.

No todo es culpa nuestra.

Es así como Él nos hizo.

Vas bien, Teresa.

Pero esa guía que buscas fuera está dentro.

Esa luz que persigues

lleva al Señor.

Teresa, son tus pasos.

Has de hacerlos sola.

Sigue por donde vas y deja el resto en mis manos.

Quita, quita, quita, quita.

Todavía hay mucho que hacer.

Doña Guiomar.

Papel y pluma.

Por favor.

"Ilustrísimo

y Reverendísimo

señor obispo de Ávila".

"Que Dios haga exacta...".

Vamos a espantar los cuervos.

¡Arre!

Ya está dentro.

No estés tan segura.

Se ríen

Se ríen

Se ríen

Todo me sobra.

Todo me sobra.

Todo me sobra.

Nada me basta.

¿Qué harás con eso?

Colgarla de una viga en mi propia casa.

Convento pequeño, no más de 15 monjas,

según la regla primitiva del Carmelo.

Clausura, aprendizaje, oración y voto de pobreza.

Sin renta.

Donde hay renta hay peligro. Hay rango y orden de este mundo.

Vamos de vuelta a la boca del lobo.

Voy a donde Él me lleva, Guiomar.

Todo tiene una razón,

lo que he sufrido hasta hoy

y lo que tenga que sufrir en adelante.

No soy yo quien lo elige.

Nada me asusta más que no hacer lo que debo.

Hay caminos y acomodos.

Mira.

Mira bien alrededor y verás que no los hay.

Desnudo como estos estaba Cristo en la cruz, vestido solo de llagas.

Teresa.

Piensa bien si has de venir, que este no es un viaje de recreo.

A donde tú vayas.

Yo voy muy lejos.

Yo voy contigo.

El convento que siempre hemos soñado,

de pureza y clausura estricta,

sin doñas ni criadas,

sin pasado ni linajes,

sin monjas de buen paño, donde todas somos una y lo mismo.

¿Donde todas somos una? Sí, Juana.

El Señor no sabe de paños, ni de caballeros y siervos.

Y para su Ejército somos todos, todas, buenas lanzas.

Acabaremos en la hoguera. El Señor no nos dejará solas.

Un convento pequeño. que sea nuestro,

fiel a la antigua regla.

Clausura y pobreza para todas, sin renta.

Convento de descalzas.

Todas una e iguales ante Dios.

A su lado nada nos faltará ni nada nos sobrará.

Pobreza no es problema, ya me la sé.

Pero clausura...

Para nosotras la cárcel está ahí fuera

y la libertad, en la celda.

-Vamos pues.

Serán grandes trabajos.

-Tenemos manos fuertes.

Y más grandes problemas.

-A eso nos hemos acostumbrado.

No sé si pediros tanto.

Yo misma no estoy segura de poder llevarlo a cabo.

Si no podemos, podremos.

-Yo pongo cien ducados.

Es toda mi dote.

Yo pongo las tierras.

-Yo, 80 maravedíes.

Tú no tienes nada.

Eso es cosa mía.

El resto lo pongo yo.

Vamos.

Vamos pues.

Que sea lo que Dios quiera.

No es gran cosa, pero es barato y tenemos poco.

Es mucho.

Y es nuestro.

Servirá.

¿Con qué piensa mantenerlo?

Algo tienen.

Doña Guiomar.

¡Quién si no!

Doña Guiomar compra la casa y el terreno era suyo.

Llevan los contratos con mucho secreto.

O eso creen.

¿Y la renta?

Piensan pedir dispensa a Roma.

Convento sin renta, de clausura, de la vieja regla.

La vieja regla.

¡Bendita sea la Reforma!

Ahora vamos para atrás. Eso nunca se sabe.

¿De qué lado está?

Yo miro por mi convento.

Ya veo.

Mejor tener el problema fuera que dentro.

Habrá elecciones para priora.

Yo no he dicho eso.

Ese conventillo es una afrenta a mi casa, en las puertas de mi casa.

La monja es un problema.

Y estando guardada por fray Pedro, no la puedo ya tocar.

Sí, es un problema. Y dentro o fuera, es mi problema.

Suerte tiene de mirar solo por su casa.

Yo miro por la provincia entera.

No puede ser, ¿con qué derecho?

No es cuestión de derecho, sino de poder.

¿Qué poder?

No le bastará con fray Pedro, no para esta empresa.

"La Compañía de Jesús la apoya".

"Francisco de Borja la ayuda por recomendación de fray Pedro".

La mano del padre santo es muy larga.

La Compañía de Jesús. Se creen que el mundo es suyo.

No, no, de ninguna manera.

Esto hay que pararlo.

Hace dos días iba camino de la hoguera y ahora es fundadora.

¿Nos hemos vuelto locos?

Las cartas llegan camino de Roma.

Roma está muy lejos. Nos les resultará tan fácil.

No esta vez, no contra el Provincial de Ávila.

¡Me cago en la compañía de Jesús! ¡La que se nos viene encima!

A sus pies.

Y avergonzado.

No hay razón.

Que todos tenemos miedo.

¿Qué me quiere?

Estamos con su casa.

¿Quiénes?

Ya sabe quiénes. Saberse muy poco.

Cuando las cosas van mal, me veo siempre sola.

No, no esta vez.

Ya le he dicho que no hay rencor.

¿Podré pedirles cuenta de esta promesa?

Sí.

Llegado el día, estaremos a su lado.

Estaremos.

Estaré.

Me temo yo, Salcedo,

que siempre hemos tenido un problema de distancia.

O está demasiado lejos o está demasiado cerca.

Los papeles de la finca no están a su nombre, sino al de sus hermanos.

Las tierras son de doña Guiomar.

La compra es totalmente legal.

Sin embargo, está claro que hay engaño.

-Y tanto que lo hay.

-Y mayor peligro.

-Convento sin renta.

¿Eso queremos para nuestras hijas?

-Ávila tiene ya muchos conventos,

monjas y hasta más curas de los que necesita.

¿Quién se cree esa monja que es?

-Les diré lo que no es.

No es ninguna santa.

Ya ha llegado la respuesta de Roma.

Da su aprobación.

Sin renta.

Poco a poco, Teresa.

No es así como Él lo quiere.

La paciencia no es una virtud que a Él le falte.

Paciencia.

No la tienen los enemigos de la fe, ¿por qué habría de tenerla yo?

Sin renta.

Voto de pobreza y clausura y descalzas.

O es todo o no es nada. Manda la segunda a Roma.

A veces me das miedo, Teresa.

A veces yo misma me asusto.

"Corpus domini nostri Iesuchristi

custodiat animam tuam in vitam aeternam".

Me han negado comunión.

Estamos juntas en eso. Estamos juntas en todo.

Tienes miedo. Lo tengo.

Yo también.

¿Dudas?

¿Acaso no dudó, Cristo Nuestro Señor?

Pero eso no le detuvo.

Iré a ver al obispo.

No es prudente.

¿Prudente?

Me importa poco la prudencia.

Iré andando hasta Roma si tengo que hacerlo.

Abren una puerta

Doña Teresa, doña Teresa.

¿De qué se trata ahora?

Teresa, Su Ilustrísima.

No más doña. De eso también se trata.

Nunca he visto tanto alboroto por un conventillo.

Yo no freno sus intenciones.

Es la ciudad y el concejo de principales.

No depende de ellos.

En buena medida, sí.

Es todo cuestión de armonía y está la provincial.

No debería el provincial influir al obispo de Ávila.

Cuidado. Respeto su inteligencia.

No desprecie usted la mía.

No pretendo despreciar su inteligencia

ni tampoco sus razones.

Pero hay razones más grandes. Y otros caminos.

No los veo.

Pero los hay y son caminos que no ofenden a nadie.

Se van a convocar elecciones en La Encarnación.

Cuenta con la devoción de muchas monjas.

Yo también la apoyaría.

Seguiría en el convento donde se crió como priora.

Evitaríamos sospechas y tendría poder para hacer sus cosas.

No quiero ser priora de La Encarnación.

Quiero convento nuevo de la vieja regla.

Mis cosas no precisan de poder ninguno,

más bien de muchas renuncias.

Todo es poder, doña Teresa, y usted lo sabe.

Sin poder no estaría usted aquí.

Y tampoco yo escucharía sus demandas.

Va moviendo los cimientos mientras otros tratamos de sujetar el tejado.

Si seguimos así, la casa se derrumba.

La casa está medio derruida.

Lo peor de todo es que, junto a su arrogancia,

trae buenas razones.

¿Por qué la fe a menudo se parece tanto a la locura?

No es locura la fe.

Locura es el temor a no tenerla.

Pasos

¿Qué escribes?

Mis cosas.

El obispo me ha mandado poner todo por escrito

por si hiciera falta prueba de mi buena fe.

Siempre fuiste de muchas letras.

Dudo que nadie lea cosas de mujer si no es para usarlas en su contra.

Anda con tiento.

¿Noticias de Roma?

Aún no.

Llegarán muy pronto.

Sabe más que yo.

Saber no sé nada. Intuyo.

¿No es ese nuestro don?

¿Qué es lo que quiere?

Lo que quiero no es posible.

Quiero ser como tú.

No, quiero ser tú.

¿Yo?

¡Tantas veces he creído merecerlo!

Yo me he dejado la piel y la vida en esta casa.

He criado a cien mujeres que han esperado.

Como he esperado yo.

Yo también digo su nombre, una y otra vez.

Pero Él nunca ha dicho el mío.

A todos nos llama.

No.

No, no, no, no de la misma manera.

Quisiera creer en ti, Teresa.

Sin embargo, solo somos mujeres.

Y Dios sabe que este mundo no es el nuestro.

A veces pienso que acabarás en la hoguera.

Daría mil muertes por Él.

Ten cuidado, Teresa. Solo tienes una vida.

Haré lo que tenga que hacer.

Pero no habrá convento sin la aprobación completa de Roma.

El permiso de Roma ya está en el despacho del provincial.

Y esta mañana ha otorgado el obispo la licencia.

Creía que era todo intuición.

¿Intuición?

Él sabe las cosas ciertas antes de que los demás las sepan.

Pero esto no es más que el principio.

Tienes poderes a favor, es evidente, pero también los tienes en contra.

Y sin la firma del provincial, habrá proceso.

Eso tenlo por seguro.

Rezaré por ti, Teresa.

Nunca fui tu enemiga.

Nunca la tuve por tal.

Pero iré contra tu casa.

Aún tengo que luchar por lo poco que soy y lo poco que tengo.

Algo me dice que sus oraciones llegarán más lejos.

Dios lo quiera.

¿Por qué tú?

Ni yo misma lo entiendo.

Solo falta su firma.

-Nada tendrán.

-Se hará.

-Se abrirá causa. Lo preparan los regidores del concejo.

El obispo la apoya.

Por ahora. Su hermana le...

Por favor.

Lo sabe todo Ávila. Es aquelarre de brujas y beatas.

-Diga eso a fray Pedro.

-El viejo se muere.

-No cuente con ello.

¿Y si después de todo, cuando llegue la hora, desfallezco?

No lo harás.

Mucha suerte.

Le manda la priora.

No.

Me mando yo sola.

Como amiga.

¿Qué sabe?

Se acabó, Teresa.

No hay nada que hacer.

Mal puede acabarse lo que aún no ha empezado.

No hay firma del provincial.

Se ha abierto causa.

La ciudad no lo quiere. Pero ha de hacerse.

Tirarán la casa entera.

Haremos otra. Y la tirarán también.

Otra entonces.

Hasta que haya una que no consigan tirar.

Campana

Campana

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Campana

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Campana

Campana

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