All language subtitles for Sammy Going South (1963)

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Original subtitles

SAMMY, HUÍDA HACIA EL SUR

ESTA PELÍCULA HA SIDO RODADA EN LOS ESTUDIOS SHEPPERTON

EN INGLATERRA Y ÁFRICA. Deseamos agradecer profundamente

la ayuda recibida por parte de los gobiernos de Tanganika, Uganda y Kenya,

el ferrocarril de África del Este y las ayudas individuales

ofrecidas en la ruta desde Port Said en Egipto y Durban en Sudáfrica.

PORT SAID NOVIEMBRE 1956

Sammy, ¿dónde estás?

Estoy aquí fuera.

- No tienes que salir. - Ya lo sé. Lo sé.

Necesita jugar con alguien, ¿no lo comprendes?

- Lo sé, como todos los niños.. - Ya veremos lo que pasa aquí.

Sabes lo que pasó durante la última guerra.

- ¿Por qué no me escuchas? - No te preocupes.

Están luchando en el desierto, parece que los ingleses están ganando.

¡No me importa! Voy a mandar a Sammy con la tía Jane.

- No quiero que Sammy vaya... - He dicho que se queda con ella.

No sería ningún problema para ella. Tiene un hotel.

¿Y el viaje? Son 300 libras. ¿De dónde las vamos a sacar?

- Lo conseguiré.. - Déjalo para mañana.

- Si las cosas no mejoran, entonces... - Voy a recoger sus cosas.

- ¿Voy a ir a casa de tía Jane? - Puede. Depende.

- ¿Cómo es? - No te arrastres por el suelo.

- ¿Dónde vive? - En Durban.

- ¿Dónde está eso? - En Sudáfrica. Tiene un hotel.

- ¿Vienes tú? - No lo sé.

Ya veremos.

Sammy, te he dicho que no tires tus cosas por el suelo.

Aquí Londres. Frank Williams con las noticias.

Tormentosas escenas tuvieron lugar ayer en el congreso de la cámara baja

después de unas declaraciones del Primer Ministro Sir Anthony Eaton

sobre los últimos ataques en El Cairo.

El Primer Ministro aseguró que tomará la acción adecuada

para mantener el derecho de paso libre

para nuestros barcos en el canal de Suez.

Y asegura al pueblo que el gobierno británico

mantendrá una actitud de dureza si no consiguen que el comercio

británico pueda realizarse...

- Mamá... - Eh, no se puede subir.

Es muy peligroso. No se puede subir. Te puedes hacer daño.

Venga, márchate y no molestes.

¿No ves que estamos ocupados?

¡Mamá!

¡Mamá...!

¡Mamá, mamá! ¡Mamá! ¡Mamá!

¡Mamá! Quiero subir. Por favor, ayúdame. Quiero subir.

Eh, tú. Ven conmigo.

Bien.

Ven conmigo.

Verás, quiero hablar contigo, sucio, cochino inglés.

Sal. No tienes bastante dinero. Anda, bájate.

Mamá...

Mamá... Por favor...

¿Has dormido bien?

Hablo bien tu idioma. Lo aprendí durante la guerra.

Los soldados ingleses me enseñaron.

¿Quieres avellanas?

Han vuelto los soldados ingleses para seguir luchando. Hay guerra.

Lo he oído en la radio.

No quieres hablar, ¿eh? Bueno, ¿qué le vamos a hacer?

Oye, dime...

¿Qué estás haciendo aquí? ¿A dónde vas?

Venga, a mí puedes decírmelo. No tengas miedo. No soy un gitano.

Soy sirio, a favor de los ingleses. Vamos, dímelo. ¿A dónde vas?

Me voy...

- A Durban. - No hay ningún Durban aquí.

- ¿Qué Durban? ¿Dónde? - Está en Sudáfrica.

¿Sabes lo lejos que está eso?

No.

Pues tres, cuatro o cinco mil millas de aquí.

Empiezas a bajar por esta calle y no...

Necesitarás un par de buenos zapatos para caminar.

¿Cuánto dinero tienes? Necesitas dinero, ¿eh?

No tengo casi nada. Sabes...

Iba a ir a ver a mi tía Jane.

Vamos a hacer un fuego. Sí, hagamos un fuego.

Vamos, ayúdame a buscar leña, como esta. Vamos, venga.

¿Qué sabes de tu tía Jane? ¿Cómo es? ¿Vieja, joven, casada?

- ¿Tiene hijos? - Tiene un hotel.

¿Un hotel grande?

Iba a ir en avión. En unjet.

Debe ser rica, tu tía.

¿Tienes pasaporte? Necesitas uno para salir del país.

Por eso voy yo por las montañas.

Y por el camino hago trato con los soldados.

Si bajamos hacia el sur hasta el Sudán

podremos mandar unos telegramas a tu tía, diciéndole donde estás.

- ¿Cómo llegaremos a Sudan? - Lremos a Luxor.

Tengo muy buenos amigos allí. Alo mejor te pueden ayudar.

Y así puedes encontrar a tu tía.

Ella puede mandar dinero por los gastos. Muchos gastos.

¿Qué dices? ¿Te vienes conmigo por las montañas?

De acuerdo.

- No hay nadie aquí. - No. Están todos en el norte.

Luchando.

¿Hambre? Toma.

Vamos, vamos, come. ¿Por qué no comes?

Si comieras...

Arroz, es siempre arroz. Odio el arroz. Arroz y judías.

Y no te creo. No creo que me lleves a ver a la tía Jane.

Siempre dices «la semana que viene», «dentro de tres días».

Y dentro de tres días, aún quedan tres días.

Vale, vale... No te gusta el arroz. Haré un fuego y haremos pan.

Tráeme piedras grandes y planas como esta. Vamos, vamos.

¿Está hecho ya?

Dentro de dos minutos. Coge más leña. Más leña.

No. Esto no es suficiente. Mira por allí.

Me gustaría un sándwich de jamón.

Y unas chocolatinas. Y unos bombones.

Y... un helado de vainilla.

Y dos pedazos de...

- ¿Dónde estás? - Aquí.

- ¿Dónde están los mulos? - Aquí.

La piedra... ¿Colocaste la piedra en el fuego?

No.

He sido un buen amigo para ti. No me abandones.

Tú no me abandonas a mí. Y yo no te abandono a ti.

Ahora estamos juntos.

Como un policía llevando a un ladrón a la cárcel.

LUXOR Diciembre 1956

Hace 3000 años, el faraón hizo construir todo esto y ese templo.

El faraón hizo que le enterraran a él y también a su madre y a su mujer.

Si sus pies estaban como los míos tras recorrer Roma y El Cairo en seis días,

puedo entender por qué están sentados.

Estas estatuas tienen 20 m de altura y 5 m de anchura.

Los hombres que las construyeron tardaron años en traer las piedras.

Oh, qué gracioso. Hola.

Tía Jane...

Tía Jane... he estado perdido.

I. - ¡No ha_ga es?! - El solo qulere dinero.

¡No haga eso!

No tengas miedo. No permitiré que te hagan daño.

Su ropa, señor.

No le entiendo, ¿cómo dice? Deletréelo por favor.

HARTL...

Es una mujer muy bella. Americana, de Filadelfia.

Está divorciada.

Creo que deberíamos tratar de...

Oye, ¿qué estás haciendo aquí?

El médico ha dicho que te quedes en la cama.

Ven, sé todo sobre ti. Ven.

Vamos.

Un momento, un momento, por favor.

- Gloria, cariño, ¿cuál es su nombre? - Sammy.

- Sí, eso es, por la mañana... - Sammy Hartland.

Pase.

- Eh, ¿qué estás haciendo levantado? - Le he encontrado en el pasillo.

Tenía que haberme quedado contigo para estar cuando despertaras.

- ¿Qué has podido averiguar? - La policía no sabe nada.

Pregunté en los demás hoteles y en las agencias de viaje, pero nada.

- Quizá el cónsul suizo sepa... - Estos son amigos con los que viajo.

Esa es Kathy y ese es Bob. Y este es el Sr. Dracandopolous.

Y tú deberías estar en la cama. Anda. Ve a la cama.

- Gloria... - Un momento.

Tienes que descansar.

Viajar con Gloria es como viajar en una bola de nieve. Cada vez más grande.

Vas a tener que contarnos algo más.

Como quién eres y de dónde vienes.

Porque hasta ahora solo has dicho que te llamas Sammy Hartland.

Y nadie sabe nada acerca de Sammy Hartland aquí, en esta ciudad.

¿Por qué me llamaste tía Jane? ¿Has perdido a tu tía Jane?

- Ella tiene un hotel. Iba a ir allí. - ¿Cómo se llama?

- No lo sé. - Bueno, ¿sabes el nombre del hotel?

Yo...

No puedo recordarlo.

Tu tía, ¿es hermana de tu padre o de tu madre?

De mi madre.

¿Sabes el apellido de tu madre antes de casarse?

- Jeffreys. - ¿Está casada tu tía?

No.

Alguien ha cogido mi dinero. Estaba en mi chaqueta.

Está aquí. ¿Cómo es que tienes tanto dinero?

Debe haber unos 100 dólares.

Está tan sucia y vieja como si hubiera pertenecido a...

- ¿Me la devuelves, por favor? - Un momento.

Cambiaremos ese dinero tan sucio por uno nuevo.

Y lo meteremos todo en una cartera nueva y muy limpia.

¿Dónde están tus padres? ¿Por qué vas a ver a tu tía?

- Han muerto. - ¿Muerto, quién?

¿Quieres decir tu padre y tu madre?

- En Por! Said, en un bombardeo.. - Pobre niño.

Todos nuestros amigos se habían ido, así que pensé en ir a ver a tía Jane.

- ¿Se lo dijiste a la policía? - No. Le conté todo menos eso.

Sabes que quiero ayudarle. Siento lo del viaje.

- Vamos. - Sí, quiero salir un poco.

Bueno, jovencito, ¿quieres decirme cómo llegaste desde Port Said?

Vamos, ¿por qué ruta viniste?

- Vine por las montañas. - ¿Las montañas?

Desde el mar, caminando hacia Suez. Seguí un poco y llegué hasta aquí.

- ¿Cruzaste el desierto del este? - ¿Es que no veis que está cansado.

400 kilómetros... ¿Cómo? A pie, me imagino.

Sí, nosotros... teníamos tres asnos.

¿Nosotros? ¿Con quién estabas? ¿Cómo llegó esto a ti?

- ¿Con quién estabas? - ¡Bob!

Por favor, déjalo en paz.

¿Ves? Te crees todo lo que ese niño te cuenta.

Claro que lo creo. Por eso voy a llevarle al norte. Para ayudarle.

Será tu entierro.

¿Dónde está Bob? Bueno, vámonos. No vayamos a perder el tren.

Alo mejor le vemos en la estación.

- ¿Me das mi dinero, por favor? - ¿Qué dinero?

- El que me cogiste. - Yo lo guardaré. No te preocupes.

Es demasiado dinero para que un niño como tú lo lleve encima.

Ah, aquí es. Me temo que sin aire acondicionado.

- No son como los trenes de América. - Ya lo sé.

Hará calor durante el viaje, pero dicen que hace menos en el norte.

Vamos.

- ¿Puedo ir a lavarme las manos? - Ven.

- Es por allí. Lo vi antes. - De acuerdo. Ve.

EL NILO BLANCO. Enero 1957

Eh, ¿me dais un plátano?

Para comer.

¿Hablas inglés?

Entonces no nos molestes cuando estamos rezando.

Lo siento.

¿Hay muchos hombres aquí que hablen inglés?

- ¿Quieres que te compre un billete? - Sí.

No deberías estar aquí. Te compré un billete de primera.

- Eres europeo. - Me gusta estar aquí.

- ¿Cuánto tiempo más dura el viaje? - Siete días, quizás.

¿Cuántas millas hemos recorrido?

Te he dicho mil veces que no te rasques.

Es que me pica.

Si te rascas puedes morir de fiebre.

Si yo me muriera, no lo sabría nadie.

Ni la tía Jane. No tengo a nadie.

Escúchame. Te dije que estaríamos 7 días viajando, pero eso no importa.

Algunas personas viven y mueren viajando.

Algunos viajan 30 o 40 años.

Es como si fuera una especie de peregrinaje.

La vida es una diversión. ¿Me estás escuchando, chico?

Parece que no. Te estás rascando otra vez.

¿No te hablé ayer de prestar atención?

- Recuerda que no debes rascarte. - Lo intento. Pero me pica.

SUDÁN Febrero 1957

- ¿De qué hablas? No te entiendo. - Chico rubio. Chico rubio.

- ¿Qué chico? - Chico rubio, chico inglés.

¿Un chico inglés? De acuerdo. Espérame, por favor.

Necesitas gafas. Un chico inglés... No veo ningún chico inglés.

¡Eh, espera un momento!

¿Conoces a este hombre?

¿Te acuerdas de mí? Spyros Dracandopolous.

En Luxor, ¿te acuerdas? Yo, la Sra. Gloria...

Me conoces. Somos buenos amigos.

Estás preocupado por el dinero. Nadie está enfadado contigo.

Era tu dinero. No vamos a discutirlo. Fuiste muy rápido, ¿eh?

Y nos hizo mucha gracia. Ven conmigo, por favor.

Y te daré buenas noticias. Grandes y buenas noticias.

Hemos encontrado a tu tía.

- ¿La tía Jane? - ¡Sí!

Pero estabas equivocado. Se llama Sra. Robson.

El hotel Fairview, Durban.

- Fairview. - Sí.

Ahora vamos a dar un paseo en taxi, quizás a comprarte un helado,

luego a cortarte el pelo, a comprarte ropa nueva,

a ducharte... porque queremos que estés elegante cuando te vea tu tía.

- ¿No te olvidas de algo? - Yo no tengo nada.

- Salvo la brújula. - Dile adiós y gracias.

Adiós y gracias.

¿Quién es ese hombre que vamos a ver?

Es un médico. Te examinará y verá si te has contagiado de algo.

Gérmenes, lombrices... Este es un país mortal.

Yo tampoco me encuentro bien.

- ¿Cuánto es? - 4 libras y 80 chelines.

¿Hemos llegado?

Cobras demasiado. Vamos. No importa. Vete.

- ¿Qué va a hacerme el médico? - No te preocupes. Sólo te examinará.

- ¿Va a hacerme daño? - Es un gran médico, un amigo.

No va a hacerte ningún daño. Ya lo verás. Ven.

- Arriba, arriba. - ¿Otra vez?

No me culpes a mí. Es por las aguas del Nilo.

Esperemos que esta sea la última.

Ya está.

- Lléname esto. - Ya lo he hecho. No queda nada.

Te daré un certificado de vacunación y terminaremos.

¿Puedes dejarme tu coche? Te lo devolverá.

- Puedes llevarte el jeep.. - El jeep no tiene techo.

Sí que tiene techo. Está arreglado.

Tengo que llevarle a Nairobi. No tiene pasaporte.

Todo esto está muy tranquilo. No hay alambradas por aquí.

Si vas por el monte puedes llegar a Entebi y volar desde allí.

¿Qué tienes que ver con todo esto? Que venga su tía a buscarle.

No. Estoy trabajando para...

¿Por qué no te sientas? Lee una revista.

- ¿Puedo mirar el mapa? - No.

Toma esto. Ve.

No estoy trabajando para su tía.

Estoy trabajando para una mujer americana, es muy rica y muy guapa.

Siempre tienes algo que ver con una mujer.

Pero vaya mujer, tengo que llevárselo a ella.

Y cobrar mis gastos.

Bien, escúchame, tiene algo de malaria y bilharziasis.

Para la malaria le das esto.

Y para la bilharziasis, que es muy desagradable, 15 inyecciones.

Una cada dos días. Antimonio. No es muy agradable.

Y que le hagan análisis de sangre para ver su hemoglobina.

Sí, hazlo tú.

- ¿Un dentista? - Sí. Quiere mirarte los dientes.

Me dijiste que no me haría daño y lo ha hecho.

No va a mirarme. Va a sacármelos todos.

¡Sammy, ven aquí! No va a hacerte daño.

¡Bambulu! ¡Levántalo!

¡Allí dentro, bien, así!

¡No me des patadas, niño! Estate quieto.

Mírale la boca y átale si es preciso.

Maldita sea, ¿quién me metería a mí en esto?

- ¿Qué quiere decir hemoglobina? - ¿Cómo?

El médico dijo que tendrán que mirarme para ver mi hemoglobina.

Si está por dentro, ¿van a tener que cortarme?

No, no. Tiene que ver con la sangre.

No es más que otro análisis.

Cuéntame algo de ti. ¿Qué tal la vida en Port Said?

- Muy bien. - ¿Dónde vivías?

Teníamos una casa al lado del canal, con una escalera de mármol.

Y una fuente de mármol en el patio. Con una gran estatua de bronce.

Teníamos muchos sirvientes, también.

Todos llevaban pantalones hechos de seda con fajas de oro.

¿Estás diciendo la verdad?

Uno se llamaba Abú. Era eunuco.

Tenía que atender a todas las señoras de los harenes.

Era una especie de exeunuco.

Quiero decir que hacía eso antes de trabajar para nosotros.

Mi padre le azotó una vez.

¡No vamos hacia el sur!

- Te digo que no vamos hacia el sur. - Una brújula no funciona en un coche.

- Pero el sol... Vamos hacia el este. - El este.

Tienes razón. No te preocupes. Sé lo que hago. No te preocupes.

Te llevaré por mi camino especial y secreto. Sin gente.

Sin tráfico y con paisajes preciosos. Espérame ahí.

¿Qué es lo que pasa?

Tres viejas quedaron encerradas de lunes a sábado

sin que nadie supiera que estaban allí.

Gatita, ¿dónde has estado?

He estado en Londres. He visto paisajes.

Gatita, gatita, ¿qué viste allí? Vi una gorda con el culo... así.

Si va hacia el sur, entonces va a entrar en tu zona.

No tengo tiempo para buscar niños perdidos en la selva.

- Soy un policía. - Un policía, no una niñera. Ya lo sé.

¿No puedes pedir ayuda al ejército?

No te quejes. Hasta has bebido agua.

Bueno, ¿qué estáis haciendo para encontrarle?

- ¿Qué estáis haciendo? - Estamos intentando decidirlo.

Lleváis todo el día intentando decidir.

Es muy peligroso para un niño estar ahí solo en la selva.

¿Peligroso para él o para las relaciones con tu cliente?

Tengo entendido que te está pagando su tía.

¿No es cierto?

¿Diga? Por favor, por favor, no puedo oír.

Dice que un camión de tres toneladas pasó por el poblado a comprar huevos.

Era un hombre blanco y siete negros. Era viejo y no muy alto.

- ¿Cómo dice? - Cuatro, ¿ha dicho?

Vaya, parece que el chico y él andan por la misma zona.

Me parece muy bien.

Podemos jugar a policías y ladrones y buscar al chico al mismo tiempo.

Dame un camión y unos cuantos hombres.

Está bien, entonces mándame un taxi. Y que no tarde.

¿Qué es lo que pasa ahora? ¿Problemas con el cliente?

Ya no tengo cliente. Se ha ido a América.

Tengo que cobrar 300 dólares de su banco.

300 dólares... 100 menos delo que he gastado.

Si encontramos al niño, ¿a quién se lo entregamos ahora?

Ahógale. Mándale con su tía.

Aquí tienes su dirección. Ella puede ahogarle.

Puede atarle un ladrillo al cuello y lanzarle al océano.

He venido aquí desde Luxor. He cogido disentería.

Casi me muero por ese... Estoy harto de todo esto.

¡No quiero volver por aquí!

Muy emprendedor ese hombre, ¿no te parece?

¿Vas a darme el camión y los hombres?

Sí. Deberías llevarte también a la hermana contigo. Y algunas mantas.

He visto muchos animales en la selva pero nunca ninguno como tú.

- Cortadlo y daos prisa. - Ya vamos.

Bueno, ¿qué puede ser?

Dos piernas, pero sin cola.

¿Una langosta?

Estás tan rojo como la langosta más roja que haya visto en mi vida.

- ¿Estás aquí solo? - Sí.

- ¿No hay nadie más contigo? - Me escapé.

¿De veras? Recoged todo. Aprisa. Quiero irme.

Entonces te diré una cosa. Te vienes conmigo. Ven.

No sé hacia dónde vas, pero yo voy hacia Espugalan.

- ¿Dónde está eso? - Hacia el sur.

Yo también voy hacia el sur. ¿Va muy lejos?

No tan lejos como Durban, me imagino.

- ¿Durban? Eso está en Sudáfrica. - Sí.

No, no voy a llegar a Durban. Voy a 400 millas hacia el sur.

¿Te viene bien?

- Durban está mucho más lejos, ¿no? - Sí, alrededor de 2500 millas.

- No me importa, pero ¿de dónde vienes? - De Port Said.

Pues sí que está lejos. Al menos unas 2000 millas.

- ¿Has viajado en coche? - Sí, a veces.

Entonces me imagino que no te gustará andar, ¿eh?

- ¿Quieres que te lleven en brazos? - No.

Por todos los diablos. De Port Said a Durban él solo.

Es increíble. No te lo puedes creer.

Están cantando para ti, ¿eh?

Esta es la tierra de la que se olvidó Dios y de la que solo el viejo Cocky

se acuerda. El rey de la selva soy yo.

Bueno, yo y las moscas Tse-Tse.

¿Sabes qué una vez esto formaba parte del imperio árabe?

Pero se marcharon los árabes, les ahuyentaron las moscas.

Luego llegaron los alemanes y los ingleses les ahuyentaron a ellos.

Y en los años 30 intentaron ahuyentar a las moscas.

Pero parece que esta tierra pertenece a las moscas.

Pero ahora solo sacan café, té, poleo, algodón, nueces y...

- ¿Y qué? - Diamantes.

Sí, ya lo creo. La vida es muy dura por aquí.

Yo lo he pasado mal toda la vida. Navegué por el Cabo de Hornos

en un velero. No hay muchos que puedan decirlo mismo.

- Yo lo he pasado muy mal también. - ¿Ah, sí?

En el desierto.

Por las noches dormíamos en el suelo, envueltos en una manta.

- ¿Con quién estabas? - Con...

Un hombre que conocía.

- ¿Cómo vamos a cruzar? - Fíjate bien.

¿Te he contado como me escapé de mi casa?

Mi padre llegaba todos los sábados borracho a casa.

Le daba palizas a mi madre mientras los niños estábamos debajo de la mesa.

Yo tenía entonces 13 o 14 años, pero estaba grande para mi edad.

Le dije que la dejara en paz. «¿Qué? ¿Hablas conmigo?», dijo él.

«Renacuajo polaco». Yo era medio polaco. Mi madre era de Polonia.

Pero no era ningún renacuajo. Podía levantar sacos como los demás.

Le dije «Deja a mi madre en paz».

Me dio una que me tiró de lado.

Cuando me levantaba, se estaba quitando el cinturón para seguir.

Entonces cogí la losa de lavar y le clavé las patas en el estómago.

Se le cayeron los pantalones. Y se sentó en un barreño.

Luego le arreé en la cabeza con la losa. Y no he vuelto más.

Nunca más.

¿Tú... no habrás hecho nada por el estilo?

Los dos nos escapamos. A lo mejor a ti te ha pasado lo mismo.

No. Mis padres murieron en un bombardeo.

Yo estaba en el canal y cayeron bombas.

Ese, muchacho, es el hogar de Cocky.

Donde los más pobres tienen un lugar para vivir.

Bueno, ¿quieres ver mi ferrocarril privado?

- ¿Ferrocarril? - Tenemos un coche y 100 m de vías.

Supongo que eso es un ferrocarril. Vamos.

«Empresas subterráneas Wainwright» .

No somos exactamente una compañía pública. Más bien privada.

Compré todo esto de las obras que hubo en el pueblo.

¿Para qué excavas?

Siempre he esperado encontrar tesoros y monedas de oro.

Tesoros, cosas así...

¿Joyas?

Verás, tú y yo creemos que el fruto de la tierra

pertenecen al hombre que los encuentra.

Bueno, pues resulta que algunos oficiales no opinan así.

Hay mucha fruta por aquí. Carne para comer cuando vas de caza,

agua en el lago y un buen pozo de petróleo no muy lejos de aquí.

¿Sabes disparar?

Bueno, es que la caza es casi tan buena como en los viejos tiempos.

La pesca no es nada mala tampoco.

¿Sabes qué aprenderías mucho aquí si te quedases?

- Me encantaría, pero... - Me había olvidado.

Es por mi tía Jane, debe estar pensando qué me ha pasado.

- Mira. - ¿Te gustaría tenerlo?

- ¿Quién era? - Era el cartero.

- ¿Qué te ha traído? - Piedras.

¿Por qué?

Porque mis excavaciones no dan más que para cubrir gastos.

Hacia el oeste hay una mina oficial un poco más grande.

A veces de allí salen piedras y yo me... ocupo de ellas.

He estado pensando. No creo que le importe a la tía Jane

que me quede contigo.

Quiero decir unas semanas o unos meses, si me tienes todo ese tiempo.

Por mí no hay inconveniente.

- Si es que quieres quedarte. - ¿Entonces me quedo?

Sí, de acuerdo. Puedes quedarte. Todo el tiempo que quieras.

Gracias.

- Buenas noches. - Buenas noches.

El borrador de la nueva constitución debe estar listo dentro de 15 días.

Mientras, las propuestas polémicas siguen afectando a las elecciones.

Samuel Hartland. Aún no hay información sobre el paradero del chico inglés.

La búsqueda se está realizando en la zona Kandike

y las autoridades locales han pedido ayuda al ejército.

Una recompensa de 10.000 chelines ha sido ofrecida por las autoridades

del África del Este para quien lo encuentre.

Bien... Vamos a enseñarte.

Vas a ser un tirador de primera antes de que vayas a clase en Durban.

Con tu uniforme, tu lema en el bolsillo y todas esas cosas.

Toma.

Eres zurdo, ¿verdad? Ven.

Mantén la culata derecha bien clavada en el hombro.

Así no te hará daño si la mantienes bien apretada.

Cualquier arma retrocede si no la mantienes firme.

No, no... no aprietes el gatillo. Ahora apunta.

- Tengo miedo. - Venga, hombre.

Hicieron esto para una chica que era más débil que tú.

¿Una chica? ¿Tu hija?

No. Mi mujer.

Sí, se la hicieron a la medida. Una culata corta para un hombro pequeño.

Era de una familia pobre.

Su padre y sus hermanos lucharon en contra de los ingleses en... en...

¿En 1901:

Sí, eso es. Cuando quiera que fuera.

Disparaba muy bien. Cazaba, rastreaba como un nativo.

Ella y yo nos escapamos.

Vivimos mal en la Unión durante...

bueno, no mucho tiempo.

Cogió el tifus.

Un día me preguntó si se podía beber el agua.

Yo le dije que sí.

Y se acabó.

Yo vi a alguien morir una vez.

¿Quién era?

El hombre con quien cruzaba el desierto. Era sirio.

- He fallado. - No importa. Prueba otra vez.

Colocó una piedra en el fuego que no era adecuada.

Explotó y se quedó ciego.

Y yo me fui con los asnos y me llevé su dinero.

¿Por eso es por lo...?

Bueno, lo has pasado mal, ¿verdad?

El dinero. Cogí el dinero cuando había muerto.

No había nadie a quien dárselo.

¿Por qué crees que te llevó con él?

Si no fuera por el dinero que esperaba que le diera tu tía al entregarte a ella.

- ¿Tú crees que sí? - Pues claro.

Estaba interesado en el dinero de tu tía. No te preocupes por eso.

Anda, prueba otra vez.

Es curioso. Yo pensaba que me había olvidado de todo eso.

Del dinero, de sus ojos... Pero no es así.

Lo he recordado continuamente.

¡Le he dado! ¡Le he dado!

- ¿Quién es? ¿Quién es? - Un amigo mío.

Viene de visita de vez en cuando a tomar café.

Debí suponerlo. ¿No sabes que la mitad del país está buscándolo?

Bueno, quiso acompañarme y no vi inconveniente.

He visto tropas en Kandai

y un safari cerca del oasis donde nunca los había habido.

- Turistas. - Te lo advierto. Buscan al chico.

Esto se está poniendo muy peligroso con él aquí, en nuestro poblado.

- ¿Qué iba a hacer cuando lo encontré? - No pienso perder mi licencia.

Me voy a llevar las cosas y me voy a ir mañana por la mañana.

Y mientras te puedes deshacer del chico.

Escucha, ¿cómo voy a hacer eso? Ven, anda, sube.

Le llevaré lejos de aquí y lo dejaré por ahí, ya lo sabes.

¡Mira, allí!

¡Muy bien, muchacho! Necesitamos cinco más para la cena.

Cuando sepas manejar una escopeta más grande, podrás alcanzar esa maleza.

- ¿Qué es? - Un leopardo. No te muevas.

Tú quédate aquí.

- ¿Por qué no le dispara ya? - Está muy lejos. Ha de acercarse.

¡Lo has hecho, Sammy! ¡Tú solo!

Tú has matado un leopardo.

Le has disparado con ese arma a 15 m y le has matado.

Me has salvado la vida. Nunca lo había visto antes.

Y fresco como una lechuga. Eres maravilloso.

Has matado a su madre.

No había otra opción. O moría ella o tú.

Ahora que lo pienso, lo mismo te pasó a ti, ¿verdad?

Sí. Así es.

No te preocupes. Le buscaremos un hogar.

Puedes usarla como colcha o como alfombra.

- O colgarla en la pared. - No lo sé. Tendré que pensarlo.

Escúchame. Tenemos que hablar. Tenemos que hablar.

Que no quiero hablar. No tengo nada de qué hablar.

Lo que haga yo no te importa a ti.

Te compartas como una vieja tonta. ¿Qué esperas?

¿Qué me quede aquí viendo como derrochas tu fortuna?

¿Puedo quedarme?

¿Puedo quedarme aquí para siempre, por favor?

Sí. Quédate aquí. Quédate todo el tiempo que quieras.

Quiere quedarse aquí.

Yo quiero que se quede, así que se quedará.

Y lo pago VO-

Somos socios, ¿no?

Estás preocupado por el riesgo de tenerlo aquí.

De acuerdo. Correré el riesgo solo. Te compraré. ¿Cuánto quieres?

- Vamos, dime, ¿cuánto quieres? - Oh, no. Mira, Cocky...

¿Crees que no tengo dinero para comprar esa maldita avioneta?

Ya sé que lo tienes, ahí está el problema.

Dios sabe cuánto tienes escondido. Eres peor que una vieja.

Lo tendrás metido en algún calcetín.

Miles y miles. ¿Cuánto crees que tengo?

- Nada. Ya sabes cómo me gano la vida. - ¿Cuánto dinero quieres?

Bueno, yo quiero... 10.000

- ¿Dólares? - Sí.

- Diez mil dólares. - ¿Aceptas un cheque?

- Sí. Me fío de ti. - Gracias.

10.000, ¿eh? Esa debe ser la cifra más grande que puedes imaginarte.

¿Qué vas a hacer con el dinero? ¿comprarte un taller y un traje azul?

¿Hacerte socio de un club?

Diez mil...

Tienes ideas pequeñas. ¿Tienes alguna idea delo que tengo?

Dios lo sabrá. Has estado viviendo aquí 40 años sin gastar un penique.

Yo creo que tienes unos 50.000.

Debes tener la mitad de eso en oro escondido en alguna parte.

Bueno, a veces mi banco tarda más en escribirme estando aquí.

Así que tampoco estoy seguro de cuanto tengo.

Pero por lo menos cuatro o cinco veces más que eso.

Así que aún teniendo en cuenta la depreciación del equipo de campo.

Y la subida del coste de la vida, aún puedo permitirme ser generoso.

Te doy 15.000... libras.

Siempre que toman whisky, tocan esa maldita melodía.

Cocky tiene viejos recuerdos de la madre patria en 1901.

Cuando te casaste, viejo zorro.

Todo legal y correcto en una iglesia de la reforma holandesa.

Por qué le dejaron pasar, no lo sé.

Pero te ha contado unas historias estupendas, ¿eh?

Como mató un elefante de colmillos de cien kilos.

Y como navegó por el Cabo de Hornos en un viejo velero.

¿Estás diciendo que no navegué por el Cabo de Hornos?

Claro que navegaste por el Cabo de Hornos, pero por un apestoso

barco lleno de cagadas de pájaro. Ibas de camarero.

Tiene unos cuentos. Está bien la primera vez.

Pero la segunda es diferente.

- ¿Qué vas a hacer ahora? - Ahora lo sabrás.

Fíjate bien. Te enseñaré que aún puedo disparar a un elefante.

Esta es un arma vieja para disparar contra los elefantes.

Bueno pues voy a disparar, para ti.

Tú, ven aquí. Me haces falta. Y lo sabes.

Anda, Siéntate ahí.

Suelta.

Tráeme el botiquín, deprisa. Y un poco de agua.

Agua, yo la traeré.

¿Por qué te hace tanta ilusión tener al chico aquí?

- ¿Qué crees que puedes hacer por él? - Le he enseñado a disparar.

Estaba por ahí solo y se acercó a mí. Me necesita.

Y está aprendiendo muy rápido.

Así, dentro de diez años, cuando esté buscando trabajo,

podrá decir que una vez mató a un leopardo.

Le he enseñado más que eso.

Si querías ser padre, haberlo intentado hace 20 años.

Este lugar no le conviene. Y lo sabes.

Están ahí. Creo que nos han visto.

¡Ya voy, ya VOY!

¡Mira, mira! Ya tienes lo que querías. ¿No te lo había dicho?

- Venga, dame las joyas. - Te llevas al chico contigo.

Vete con Lem.

- Vete con Lem. - ¿Vienes con nosotros?

He dicho que te vayas con Lem. No te importa.

La piel del leopardo. Se me ha olvidado allí.

Sube a la avioneta.

Tienes que escapar.

Van a ir por el otro lado del lago para cortar la pista.

Ya lo sabía. Sabía que me buscaban. Te lo dije.

A quien buscan es a mí. Tú quédate. Voy a cortarles el paso con el camión.

Vamos, chico.

Espera, espera.

Sube a la avioneta tú también. ¡Te vas con Lem!

- Pero dijiste... - No importa lo que dije.

Dijiste que podía quedarme contigo, me lo prometiste.

- Las cosas han cambiado. - ¿Qué ha cambiado?

Pues hay una recompensa para quien te encuentre.

- Lem puede cobrarla y yo no. - ¿Por qué?

¿Por qué crees que dejé que te quedaras tanto tiempo

si no es por el dinero?

¡Ve con Lem!

¡Eh, chico, ven!

Wainwright, ¿eres tú?

¿Dónde está el chico?

De viaje.

Vamos, vamos. Ahora aquello.

Pensé que te habían cogido cuando se llevaron al jefe.

Me he quedado sin él.

Sí. No tengo gasolina.

Tendré que hacerme cargo de ti.

Bueno...

Voy a ir a la parte portuguesa. Te dejaré donde puedas coger

un tren para Durban, si es que aún quieres ir allí.

- ¿Qué estás buscando? - Las joyas. No me las dio.

Sé que no las lleva encima. Las habrá escondido en alguna parte.

¿Es esto lo que quieres?

Lo arrojó a la copa de un árbol.

Qué chico más listo. Ya lo creo.

Cocky es estupendo. ¿No ves que yo también tengo ojos?

Así que vas a mandar en mí, ¿eh?

Tú te llevas el premio, el maldito premio.

¿Por qué te dedicas a jugar a los policías por el río?

Me tienes a mí. Ya has descubierto mi pequeño escondite. ¿Qué más quieres?

Ya te he dicho lo que quiero. Quiero saber dónde está el chico.

Si no tienes nada más que hacer salvo hacerme tantas preguntas,

puedes presenciar mi firma. Gracias.

Todo prisionero tiene derecho a que presencien su firma.

Ni siquiera conoces tus propias reglas.

Ojalá hubieras estado conmigo en el velero cuando

navegué por el Cabo de Hornos.

- Acaba de llegar, señor. - Hazla pasar.

Sargento, fuiste tú quien mandó arrasar el campamento.

¿Qué pasa con el Habeas Corpus?

No puedes detenerme aquí sin que vea a un magistrado.

Vas a ser acusado de prospección ilegal dentro de media hora.

Luego me recordarás las demás cosas.

No vas a poder demostrar nada de eso.

Aunque lo intentes toda la vida, y tú lo sabes.

(Venga, escriben). Yo haré de testigo.

Todo esto me parece muy raro. Salvo que conocieras al chico antes.

Cuando quiera que seas mi abogado, te contrataré.

Antes de que te comprometas, deberías hablar con la tía del chico.

Está aquí. Acaba de llegar de Durban.

¿Cómo? Eres un estúpido. Vas a estropearlo todo.

¿Pero no te das cuenta, imbécil? ¿No te das cuenta de que...?

No sé si se ha vuelto loco del todo, pero quiere que haga de testigo

- del testamento que ha hecho. - ¿Testamento?

Sí. Dejando todo su dinero a ese chico.

- ¿Por qué la han traído a usted aquí? - Para recoger a mi sobrino.

Pues está de camino.

- Pero ellos intentarán detenerle. - Están intentando ayudarme.

No necesita ayuda. No ese tipo de ayuda.

Sólo necesita saber que hay alguien allí mientras que...

Casi lo ha conseguido. Tienen que dejarle en paz.

Debe tomarse su tiempo.

Es su problema, no el mío ni el suyo, ni el de ellos.

- ¿Qué puedo hacer? - Nada.

¿Cuándo sale el próximo avión para Durban?

- Hay uno esta noche. - Entonces no tiene tiempo que perder.

DURBAN Marzo 1957

Puede quedarse con la vuelta.

Sudáfrica. El Dr. Peter Hoffenahuer que gobernó a los nacionalistas

ha dimitido tras que su partido rechazara su propuesta

de que al menos dos de los doce miembros de la junta de educación

fueran de habla inglesa.

Estaba lloviendo, cuando los turistas de la EGCC llegaron a Qatar

desde Johannesburgo...

Es el chico.

Espera aquí. Voy a llamarla.

¿Sra. Robsom?

- ¿Eres la tía Jane? - Sí.

Soy Sam my. Sammy Hartland.

Sí...

- Lo sé. - ¿Cómo?

¿Sabrías... sabrías que vendría?

¿Se encuentra bien? ¿Le han metido en la cárcel?

Se encuentra bien.

Quería que te explicara una cosa.

Quería obligarte a subir a la avioneta.

Por eso te dijo algo que no era verdad.

Ya lo sabía.

Eres mayor delo que me había imaginado.

Cuando sea mayor de verdad, voy a tener una mina de diamantes secreta.

Y voy a beber muchas, muchas botellas de whisky.

Y puede que vaya a la zona Kandai.

Y que haya armas grandes para disparar contra los elefantes,

como en los viejos tiempos.

Y voy a tener una goleta con tres mástiles.

Y voy a navegar por el Cabo de Hornos.

Y si alguien intenta impedírmelo, le clavaré las patas de una losa de lavar.

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