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-Sandro vino ayer.
Venía para matar a mi padre. -¿Dónde está ahora?
-Lo capturaron los romanos y lo llevaron preso.
-¿Dónde está Viriato?
-Tenemos que rescatarlo. -Eres solo un hombre,
no puedes vencer a un ejército. -Pues pediremos ayuda.
-¿Quieres volver a casa? -Por favor.
-Esa zorra que tienes por hija nos ha engañado.
No me fiaba de ella.
Viriato no se ha ido ni la ha abandonado, está con él.
Se reunirá con los jefes en la cabaña del Consejo.
-Sé que el paso que hoy daréis es difícil.
-Nos prometieron paz y solo nos han dado guerra,
sangre y sufrimiento.
Han hecho que cada día un hispano...
...llore por la ausencia de un ser querido.
-El caballo que le regalé a Altea. -Puede que la hija de Viriato viva.
-La niña que usted envió como esclava a su hijo Fabio.
-Hoy, hermanos,
nos unimos para hacer frente al único, al verdadero enemigo.
-¡Apresadlos a todos! -Así que vosotros sois...
...los insurgentes que intentabais asesinarme.
Así es cómo pagáis lo bien que me he portado este tiempo.
-Os interrogaré uno a uno hasta que habléis.
Os arrancaré la piel. Y si aún así no morís de dolor,
os crucificarán en la entrada del campamento.
-¿Crucificarlos? -Es lo que hacen con los rebeldes.
-Necesito hablar con el pretor.
-No podemos esperar más, Marco. O muere Galba o morimos nosotros.
-Bebe.
Cada uno se labra su propia suerte, Marco.
-Has sido tú. -¿Qué?
-Puede que Galba venga amatarme,
pero por todos los dioses que tú no verás a tu amado de nuevo.
-Galba me ha ofrecido la libertad de Darío a cambio de tu cabeza.
-¿Cómo?
-Tengo hasta el amanecer para entregarte.
O Darío, mi hijo, morirá.
Vengo a ver al pretor.
-Bajad a los muertos. Servirán para alimentar a los cerdos.
-Viriato, me alegro de que nos conozcamos en persona,
después de tanto tiempo.
¿Qué tal te están tratando mis hombres?
¿Está todo de tu gusto?
¿Sabes? He de confesar que me has decepcionado un poco.
Cuando anuncié que teníamos a tu hija,
creí que te entregarías tú mismo antes que dejarte atrapar.
-Mi hija está muerta.
-Eso me duele.
¿De verdad crees que yo sería capaz de mentir con algo así?
Lo reconoces, ¿verdad?
Un objeto muy hermoso, casi tanto como su pequeña dueña.
Con esos grandes ojos negros, su pelo oscuro.
¿No tienes nada que decir?
Está bien, lleváoslo.
-¿La has afilado bien?
-Sí, dómina.
Ha tenido una bella vida.
-Antes de matarte, debes poner las monedas encima de mis ojos.
¿Entendido? -Claro, dómina.
¿Está segura de esto? -Galba ha matado a Marco...
...y no consentiré que se divierta cortándomelos miembros uno a uno.
¡No! ¡No! -Vamos.
-¡No! Sabina, ayúdame.
(GRITA)
¡No, no! ¿Qué hacéis?
¡No!
¿Qué hacéis? Soy una patricia, llamad a Galba.
Él no permitiría que me metierais aquí dentro.
-Él ha dado la orden expresa, señora.
-¿Qué habéis hecho con Darío? -Ha sido liberado.
-Celtius. -Césaro.
-Es mi hijo, Darío.
-Venid.
-Es nuestro ejército. El ejército de Viriato.
Vamos, Celtius, tenemos mucho de qué hablar.
Ahora Caura es un pueblo libre. (TODOS) -!Sí!
-Al amanecer habrá 2.000 hombres armados y preparados para luchar.
Destruiremos a la legión y liberaremos a nuestras tierras...
...del yugo de Roma. (TODOS) -!Sí!
-¿Y cómo pensáis hacer eso?
Galba tiene una legión con al menos 5.000 hombres.
¿Cómo vais a vencerle con solo 2.000?
-¿Cómo os atrevéis a presentaros? -Somos habitantes de Caura.
Yo todavía soy miembro de este Consejo.
-No lo eres, Teodoro.
Vosotros dos traicionasteis a este Consejo yal poblado,
conspirando con Roma. -¿Es eso cierto?
-Por su culpa, los romanos cautivaron a vuestros líderes.
-¡Cogedles! -Nosotros no hemos hecho nada.
-¡Enseñadles qué hacemos con los traidores!
-¡Dejadle, es mi padre!
-Estos hombres pertenecen a Caura y debe ser su Consejo...
...quien decida qué debe hacer con ellos. Darío, ¿qué dices tú?
-Yo digo que estos hombres son culpables de traición.
Deben perder sus posesiones y ser desterrados de Caura para siempre.
Y si algún día regresan, serán decapitados.
-Ya lo habéis oído. Marchaos de aquí con lo puesto.
Y no volváis nunca más.
Id a decirle a vuestro amigo el pretor...
...que aquí los romanos no son bienvenidos.
-¿Crees que irán a decírselo a Galba?
-Esperemos.
O los romanos no caerán en la trampa.
-¡Helena, Helena!
Helena, Helena.
-Están reforzadas.
Reservadas para prisioneros especiales.
-Nunca pensaste que tú las llevarías.
No es fácil servir a un hombre como Galba, ¿verdad?
Aunque estoy seguro que tú disfrutaste todas sus órdenes.
-Mi obligación es obedecer.
Soy un legionario. -No, ya no.
-Tampoco tú eres ya un rebelde. -Estoy aquí por defender...
...a los míos.
¿Tú puedes decir lo mismo?
-Señor.
Señor.
Me han ordenado. -Lo sé.
-Legionarios.
(Gritos)
-¿Por qué paras?
-Si sigo a este ritmo, podría matarlo, señor.
-No es tu cometido decidir si debe o no debe morir.
Este hombrees un traidor que intentó asesinar a un pretor.
-Yo no soy un traidor.
-¿Aún eres capaz denegarlo?
Mi mujer te convenció para que acabaras con mi vida...
...y ocuparas mi puesto.
La ambición y las mujeres son una mezcla difícil de resistir.
Lo sé bien.
Marco, confesar la verdad sería un gesto de honor antes de morir.
Tú siempre decías que, para ti, el honor era lo más importante.
Tenemos mucho tiempo por delante.
No quiero que muera muy pronto, pero quiero oírle gritar.
-Sí, señor.
-Oficial, le han dado una orden.
(Gritos)
-Legionario, ¿quién grita así?
-General Marco, señora.
-Necesito salir de aquí. Tengo que hacer mis necesidades.
-Ahí tienes el cubo.
(GRITA)
-¡Eh!
-¿Qué es eso?
¡Una espada!
-Como digas algo, te parto el cuello.
-Me han dicho que querías verme. Perdona, hoy estoy algo ocupado.
-Quiero saber a qué viene esto.
-Querida, tienes muchos defectos, pero nunca fuiste aburrida.
¿De verdad quieres que te explique algo que todos sabemos?
-¡No juegues conmigo!
Soy una patricia, no debería estar enjaulada aquí.
-Eres una patricia que conspiraba contra su marido, que convenció...
...a mi mejor hombre para matarme y ocupar mi lugar.
-No es cierto.
-¿Es que nadie va a morir con un poco de dignidad?
-Ha sido esa esclava, ¿verdad? Nerea.
Esa perra asquerosa.
Por eso la envié a Roma.
Solo sabe sacar hiel de su boca, no debes creerla.
-¿Es cierto eso? ¿Has enviado a Nerea a Roma?
-En fin, querida, ha sido un placer estar casado contigo.
Nos encontraremos algún día en el inframundo, supongo.
-Señor, ha habido un problema en Caura. Será mejor que venga.
-¡Quita! -¡Tranquilo, Paulo!
No merece la pena matarla.
-¿Qué habéis hecho con su prometida?
-Es cierto, yo la envié a Roma, pero fue porque Galba acabaría...
...matándola o algo mucho peor. Está a salvo, de verdad.
-¿Dónde? -En mi villa.
Yo misma te llevaré hasta allí y tela entregaré en persona.
Pero si vais a escaparos, exijo que me llevéis con vosotros.
-Dices que han matado a mis patrullas y han tomado Caura.
-Sí, señor. Se han vuelto todos locos.
Y eso no es todo. Han reunido a un ejército para enfrentarnos,
mañana. -¿Un ejército? ¿De qué, de ovejas?
-De hombres venidos de todos los territorios de alrededor.
-¿Y sabes cuántos son? -2.000 hombres, señor.
2.000, eso es lo que han dicho. El mismo Césaro los lidera.
-¿Césaro? -Sí, señor.
-¿Cómo puede ser que el hombre que me entrega a Viriato,
acto seguido se enfrente a mí en batalla?
-No lo sé, señor. Él quería recuperar a su hijo.
Tal vez después se arrepintió.
-Por fin tendremos algo de diversión.
No hay mejor manera de hacerse un nombre en Roma...
...que ganando batallas.
Está bien. Te agradezco la información.
-Señor, me han desterrado de Caura.
Se han enterado de que tengo contacto con usted...
...y me han robado todo cuanto tenía.
Si usted pudiera darme algo...
-Si te han desterrado ya no me sirves para nada.
¿Qué ganaría yo dándote algo?
-Señor, he traicionado a mi pueblo por usted.
-Fuera de aquí o serás comida para los perros.
Tú, ¿dónde está Viriato?
-Arriba.
(GRITA)
-Así que tenías un ejército preparado para luchar contra mí.
Es una lástima que no puedas estar allí cuando aplaste a esas ratas...
...alas que llamas rebeldes. Necesito que me expliques una cosa.
¿Por qué el hombre que te entregó ahora lidera esas tropas?
¿No lo sabes?
Ya lo recordarás más adelante,
cuando no tengas dedos delos pies u orejas.
-¿Dónde está mi hija?
-¿Para qué quieres saberlo? Tampoco puedes hacer nada por ella.
-Eso es cosa mía.
-Tu hija está en Roma.
La misma ciudad en la que tú morirás algún día,
cuando hayas olvidado quién fuiste una vez,
cuando los únicos recuerdos que te queden...
...sean de oscuridad y sufrimiento.
Aunque...Aunque tal vez te deje verla antes de morir.
Tampoco soy un monstruo.
La llevaré ante ti, sí,
y la tomaré delante tuya para que veas cómo grita.
-¡Cerdo!
¡Te arrancaré las tripas! ¡Te mataré!
-Papá.
Papá.
No debes morir, tienes que venir a buscarme.
-No puedo, no puedo.
-Te esperaré.
-No. -Te esperaré.
-No, Altea.
¡Altea! ¡Altea!
(CHISTA) -Debes descansar.
-¿Está bien? -Solo ha sido un desmayo.
Necesita comer y descansar.
-¿Hay algo que podamos hacer? -Dejadnos solas.
-¿Qué me ha pasado?
-Nada que no le pase a una mujer en tu estado.
Estás esperando un hijo.
-¡Maldita sea!
¿No había un lugar más frío donde refugiarse?
-Los romanos atacaron aquí a los rebeldes.
Nadie volverá a este sitio en mucho tiempo, es seguro.
-¿Has visto al pretor? -Sí.
-¿Y? -No he conseguido nada.
Me ha echado.
Dice que ya no le sirvo, que no me debe nada.
-¿Por qué será que no me sorprende? -¿Adónde vas?
-A cualquier sitio lejos de ti. -Alejo, por favor.
Todavía no está todo perdido. Hablaré con el pretor otra vez.
Seguro que podemos ofrecerle algo.
-¿De verdad quieres luchar contra mí, viejo?
-Así que la batalla será en esta explanada.
-Donde entregaron las armas.
-Sí, es irónico, pero esta vez quiero dar una lección ejemplar.
No habrá prisioneros, no habrá huidos ni heridos.
Será un ejército fantasma del que nadie volvió a saber nada.
¿Entendido? -Sí, señor.
-Temo que intentan sorprendernos. Preparad bien a vuestros hombres.
Quitadles las putas, el vino y el juego.
Nada de distracciones hasta que llegue la batalla.
-Señor. -Si tienes algo que decir, dilo.
-El ánimo de las tropas está bajo. La detención del general Marco...
-Traidor Marco.
-Del traidor Marco no ha sentado bien.
Quizá convendría tener algún gesto con ellos.
Tenemos prisioneros hispanos.
Podríamos hacer que luchasen entre sí,
ayudaría a subir la moral.
-Entiendo.
Excelente idea.
-¡Ah!
-¿Alguien más tiene la moral baja o hace falta algún gesto más?
Organizad esos combates.
-Tenemos armas.
Podemos escabullirnos de la jaula uno a uno.
-Saldremos de noche y nos abriremos paso hasta la puerta norte.
En silencio, podemos conseguirlo. (RÍE) -¿Ese es el plan de fuga?
¿Salir con espadas por medio del campamento?
-¿Tiene una idea mejor? -Aún tengo aliados en la legión.
Si salgo yo primero, puedo pedir ayuda,
incluso que nos abran una puerta.
-¿Cómo sabemos que no te irás sin nosotros?
-¿Es que no confiáis en mí? Está bien. Saldremos todos juntos,
pero no por la puerta norte. -Es la más cercana.
-Y la más vigilada también. Antes del alba,
llevad los caballos a pacer por la puerta este;
con la oscuridad podremos confundirnos entre la manada.
-Nos verán y darán la señal de alarma.
-Conozco al vigía, es un hombre codicioso.
Hará lo que haga falta a cambio de un premio.
-Si nos engañas, te arrancaré el corazón.
-Créeme, tengo tantas ganas de salir como tú de aquí.
-El pretor ordena que luchéis entre vosotros a muerte.
Los que no quieran luchar, serán torturados. ¿Alguna duda?
-Sí, una, ¿cómo pudo tu madre quedar embarazada de un marrano?
(Risas)
-Sois muy amigos, ¿no? Veremos si reís cuando tengáis que mataros.
Os dejaré un rato para que penséis en ello.
Elegid a dos y llevadlos ala arena.
(TOSE)
-Ayuda, ayuda...
-Tío Héctor, no estás muerto.
(TOSE)
-Sí.
Ayúdame.
-Alto.
-Dejadme entrar. Deseo ver si mi dómina necesita algo.
-No está permitido entrar.
-Por favor.
Nadie tendría por qué enterarse.
Y yo...
Yo sabría recompensarlo.
Oh.
-¿Te crees que somos estúpidos? El pretor decidirá qué hacer.
-Suponía que intentarías ayudar a mi mujer, y no me equivocaba.
Mis hombres estaban avisados.
Eres una buena esclava.
Has sido fiel a tu dómina, pero eso acabó.
Mi mujer morirá dentro de poco.
Seguramente de una forma poco agradable.
Y tú deberías acabar como ella.
Pero aún puedes dar un buen servicio en la cama.
A partir de ahora,
tú y todos los esclavos de mi mujer sois míos.
Y si intentas ayudarla de alguna forma,
o perjudicarme a mí,
ella recibirá el castigo en sus carnes.
No conviertas sus últimos días de vida en un tormento.
¿Lo has entendido bien?
-Sí, amo.
-Ahora ve y prepara mi comida.
(TOSE)
-Escóndete en esa esquina, ahí no te verán.
-Gracias.
Gracias.
(TOSE)
Tirso, necesito comer algo, ¿puedes conseguirlo?
-Sí, en las cocinas. -Buen chico.
Solo necesito recuperar fuerzas para poder escapar por la noche.
-Pero... -¡Tirso!
-Mamá. -¿Dónde estabas?
-Estaba descansando. -Un esclavo no descansa,
y menos el esclavo del pretor.
Ahora solo recibimos órdenes del amo, ¿entendido?
Empieza a espabilar o acabarás colgado de una cruz.
Ven conmigo.
-No ha estado mal.
(Gritos)
-No pienso matarte. -Yo a ti tampoco.
-Ala de tres nos echamos contra los legionarios...
...y morimos luchando, ¿qué te parece?
-¡Mátalo! -Será un honor morir contigo.
-Una...
-Dos...
-¡Quietos!
Apartad al crío y dejad al grandullón.
Tenemos a un guerrero que igualará la pelea.
(TOSE)
(RESPIRA CON DIFICULTAD)
-¿Te complace verme así?
-El sufrimiento de un hombre no me complace.
-¿No te gusta ver sufrir a tu enemigo?
-Un hombre encadenado y derrotado no es mi enemigo.
(RESPIRA CON DIFICULTAD)
¿Dónde está mi hija?
-Solo sé que fue enviada a Roma.
-¿Y qué le harán?
-Será esclava el resto de su vida.
Ya sabes lo que eso significa.
Debes haber ofendido mucho a los dioses...
...para ser tratado así.
Un hombre que lucha con honor...
...no debería sufrir por la suerte de su hija.
-Tú has asesinado a niños y a hombres desarmados.
-Yo no decido lo que debo hacer, solo lo hago.
Es la manera que conozco de vivir. -Y, sin embargo, estás aquí.
¿Por qué? ¿Has traicionado a tu pretor?
(Pasos)
-¡Qué imagen!
Los dos grandes rivales entablando amistad.
Homero hubiera escrito una gran epopeya con vosotros.
Sigues negándote a admitir tu traición, ¿verdad?
Ya.
Puede que tengas oportunidad de defender tu honor.
Lleváoslo.
¡Legionarios! He decidido darle a este traidor la oportunidad...
...de que restituya su honor peleando.
Si muere, será recordado como un traidor; pero si vence,
será juzgado en Roma como un militar de rango.
Tendrá una oportunidad.
Quedé comienzo la lucha.
(Vítores)
(Vítores)
(Vítores)
(Vítores)
(Vítores)
-¡Mátalo! -¡Mátalo!
(Murmullos)
-¡No!
-¿Aqué esperas?
-Suelta la espada.
-No es él quien tiene que soltarla.
Ha luchado y ha perdido. ¡Mátalo!
Insolente, malnacido. Te ordeno inmediatamente...
-Coged al hispano y llevadlo a su jaula.
Y liberad al general.
-¿Qué se supone que estás haciendo?
¡Deteneos!
¡Arrestad a este hombre! -No.
Arrestad al pretor.
(RESPIRA CON DIFICULTAD)
-Esto es una porquería, pero me sabea gloria.
-¿Es verdad que te vas a escapar?
-Tengo que hacerlo. No puedo quedarme aquí,
pero tú puedes venir conmigo, claro.
-¿Y padre?
¿Y Viriato? ¿Vamos a salvarles?
-¿Cómo voy a hacerlo? Es imposible. Están custodiados. No puedo.
-Mi padre me dijo que nunca hay que dejar de luchar.
Siempre hay esperanza. -Tu padre es un poco bruto...
...y no piensa las cosas, Tirso.
-¿Qué es esto?
-Por favor, no grites. -Es mi tío. Lo crucificaron.
-Y nos crucificarán a nosotros si le encuentran aquí.
-Por favor, el niño me salvó dela cruz. Me iré,
solo necesitaba recuperarme. -Yo te conozco.
Evitaste que Galba se envenenara.
-No, yo evité que todo el campamento...
...se envenenara.
No podía llevar todas esas muertes en mi conciencia. ¿No es cierto?
¿Cómo te llamas?
¿Cuál es tu nombre?
-Sabina. -Mi sobrino dice que has sufrido,
que han capturado a tu señora y quela van amatar.
Yo maldigo a los dioses, nos maltratan sin poder hacer...
...nada más que sobrevivir, escabullirnos y seguir vivos,
solo un día más,
por eso nos tenemos que ayudar,
porque los dioses no lo van a hacer.
-Señor.
Señor, pensé que preferiría hacerlo usted mismo.
-En Romano perdonarán esto.
Yos aseguro...
...que sabrán lo que ha sucedido.
Roma tiene oídos por todas partes.
(SUSPIRA)
-Desatadlo.
-Señor. -Y dejadnos solos.
Es una orden.
Matarle no sería ningún problema.
Esta legión daría la vida por mí...
...y en Roma puedo contar lo que ha hecho:
la masacre de hispanos,
la muerte del padre de su esposa,
la de mi hermano,
un cuestor de Roma.
Nadie le defenderá una vez muerto.
Podría hacer todo eso,
pero no lo voy a hacer.
-¿Y qué harás, entonces?
-¿Cuándo lo olvidó?
¿En qué momento?
Usted era un militar,
un general, como yo.
Un general cuida de sus hombres,
confía en ellos,
no los humilla.
No será un traidor...
...y su mujer, tampoco.
Si usted acepta lo que le digo,
estoy dispuesto a restituirle como pretor.
-No sé que han hecho con el pretor. Selo han llevado...
...apunta de espada.
-¿Y Marco?
-Le han repuesto como general. -Lo mismo da uno que otro.
Son todos animales.
-No es cierto.
No son iguales.
Estoy segura de que Marco me sacará de aquí.
-Pero no a nosotros.
-Tal vez pueda ayudaros.
Marco sabe que Galba ha contravenido las órdenes...
...de Roma. Yo le convenceré de que una tregua es lo mejor.
-No creo que puedas convencerle.
-No os quedan muchas más opciones, ¿no crees?
(Pasos)
-Señora, debe acompañarme.
-¿Adónde?
-El general Marco quiere verla.
(RÍE)
-El pretor mantendrá su cargo y seguirá estando al frente...
...de esta legión. Obedeceréis sus órdenes,
como habéis hecho hasta ahora y respetareis su rango,
tal y como merece un pretor de Roma.
¿Alguna duda?
Hay una batalla que preparar. Retiraos.
-¡Marco!
-Señora,
el pretor quiere hablar con usted.
-¿El pretor?
-Claudia,
pasa, por favor.
Quiero que arreglemos todo este embrollo.
-Señora.
-Claudia,
lamento los inconvenientes que te he hecho pasar.
-¿Inconvenientes?
Me has encerrado en una jaula.
He tenido que orinar en un cubo,
rodeada de esos animales.
-El general Marco...
...me ha convencido de que yo estaba equivocado.
También los hombres poderosos se equivocan.
-Tú ordenaste matar a mi padre.
-Sabes perfectamente por qué lo hice y también entenderás...
...que desde ahora tendrás que demostrarme una lealtad...
...que no ha sido una constante en nuestro matrimonio.
-¿Y qué vas a hacer, matarme?
¿Te arriesgarás atener a la legión en tu contra de nuevo?
-A la legión no le importa lo que haga contigo,
solo les importa su general.
Marco ha probado su lealtad. Tú, sin embargo,
no me has dado ni una prueba de tu inocencia.
-¿Una esclava te dice que quiero matarte y le das crédito...
...antes que a mí? ¿Por qué debo demostrar mi inocencia?
-Enviaste a Roma a esa esclava y no podemos hacer que confiese.
Muy conveniente, ¿no? -La envié porque no me fiaba...
...de ella y es evidente que no me equivoqué.
-¿Cómo asegurarme de que entiendes de qué lado debes estar?
-Trae a la esclava, tráela y hazla hablar.
Esperaré encerrada si hace falta.
Si así te demuestro que mintió, lo haré.
Y otra cosa.
Esos prisioneros.
Esos hispanos con los que me encerraste.
Van a fugarse.
-Bastarda malparida. Sabía que no podíamos fiarnos...
...de esaromana. -No podíamos hacer otra cosa.
-Paulo.
-Sandro, Viriato está preso; Héctor, muerto;
tu mujer...
Ya Nerea se la llevaron a Roma. Nadie nos salvará.
Moriremos aquí como animales.
-Gracias por ayudar a mi tío. -Me meterás en un lío.
Debes tener más cuidado si quieres llegar a ser mayor.
-Me haré mayor y acabaré con todos los romanos.
-No todos los romanos son malos. -Sí.
-No, no lo son. Dómina.
La han liberado. -Eso parece, ¿no?
-Estaba recogiendo sus cosas. Le preparo el lecho...
...y algo de comer. -Prepárame un baño.
No te imaginas la porquería que tuve que respirar.
-Sí, dómina.
-Señora. -Dejadnos solos.
-Espero que no haya sufrido ningún daño irreparable.
-¿Por qué no le has matado? ¡Eres un estúpido!
¡Lo tenías a tu merced! -Me engañaste, Claudia.
Galba no sabía nada delo nuestro.
Me mentiste para obligarme amatarlo.
-No entiendes nada.
Lo hice para que fuéramos libres, para irnos a Roma tú y yo.
-No. -Tú eres el hombre que amo, Marco.
Entonces, ¿por qué obligaste a Galba a perdonarme?
¿Por qué no me has entregado?
-El amo ha recuperado a su perro.
Ha llegado la hora. -Sí.
-Hoy será el último día de Galba entonces.
-Galba no estará en el campo de batalla.
Aprecio el valor de tus hombres, pero nosotros somos más,
mejor armados y entrenados. Será un paseo para mis legionarios.
-Un hombre que lucha por sus hijos y por su tierra vale más...
...que uno que lucha por monedas. -Mis hombres también tienen hijos.
Todo mi ejército añora regresar, llevan años lejos de sus familias.
Tras esta batalla, volverán. -Marchaos entonces,
no os lo vamos a impedir. -Otros vendrán a ocupar su lugar.
Romano se irá de estas tierras. Acabaréis aceptándola...
...como vuestra protectora o como vuestra ejecutora.
Si yo hubiera estado en tu lugar, habría luchado de la misma forma...
...que lo has hecho tú. -Ya, pero tú no estás en mi lugar.
-No.
Hubiera preferido enfrentarme a ti en el campo de batalla...
...y matarte cara a cara.
-Quizá en otra ocasión.
-Quiero cohortes aquí, aquí y aquí. Que no tengan otra opción...
...que atacar a los manípulos, no a la caballería.
-Quelas centurias resistan en posición...
...y no descuiden los flancos. -Señor.
Puede estar tranquilo. Sabemos hacer nuestro trabajo.
Los hispanos chocarán contra nuestros escudos...
...y se desgastarán y un guerrero desesperado es un objetivo fácil.
-Señor. -Sí.
-Las tropas están listas. -En ese caso,
no está bien hacerles esperar. -Señor.
No creo que la tropa le esté esperando a usted.
-¿Y qué es lo que esperan, Marco?
-Quesea yo quien libre esta batalla junto a ellos,
yo solo. Después delo acontecido,
es lo más conveniente parala victoria...
...y para su propia seguridad, señor.
¡Legionarios, el dios Marte está de celebración!
¡Hoy honraréis su nombre y vengaréis a cuantos han caído...
...en estas tierras salvajes! ¡No habrá prisioneros ni heridos!
¡Tened a Roma en vuestra mente ya Marte en vuestras espadas!
¡Por Roma! (TODOS) -!Por Roma!
-Que los dios este acompañen. -Ya vosotros. Césaro.
-¿Ya? -Sí. Las tropas romanas...
...van a salir del campamento. -¿Y si el engaño no funcionó?
-Entonces moriremos todos.
-Yo estaré en el valle. Esperaré a los heridos...
...con el resto delas mujeres. -Debemos irnos, padre.
-Darío.
¡Darío!
Volveremos a vernos,
en esta vida o en la otra.
-Por los dioses, volved con vida.
Y traed a Viriato con vosotros.
-Bebe.
(SORBE)
-¿Qué quieres? -Creí que eras otro tipo de hombre.
Creí que matarías a Galba. (RÍE) -Siento haberte decepcionado.
-Puedo ayudarte.
Puedo hacer que mueras antes de que te lleven a Roma.
Sería una gran victoria.
-No necesito esa victoria.
Aceptaré mi destino sea cual sea.
-Yo no.
Adiós.
No entiendo por qué no has ido a la batalla.
-Querida, puede que tú no intentaras asesinarme,
pero eso no significa que no lo vaya a hacer yo...
...si sigues importunándome.
No me mires así. Marco lo dejó bien claro.
Las cosas vuelven a ser como eran. Eso significa que tu existencia...
...seguirá siendo tan mísera y detestable como yo decida...
...quesea. ¿Lo has entendido?
-Señor, un grupo de hispanos está atacando el campamento.
-Sucias sabandijas. No son capaces de luchar...
...como hombres por una vez. ¿Cuántos hombres se han quedado?
-Dos centurias, señor. -Escolte a mi esposa...
...hasta su tienda. -¿Y tú?
-No sufras por mí. Después tráeme a Viriato,
lo quiero conmigo si llegan hasta aquí. Rápido.
-Tirso, vamos, tenemos que salir de aquí.
-No. -No tengas miedo.
Tú pégate a mí. -Tenemos que salvar a Viriato.
-No podemos, tenemos que salir de aquí.
-Lo llevarán a la tienda del pretor y lo matarán.
Si no quieres venir, iré yo solo.
(GRITA)
-¡Aquí! ¡Estoy aquí!
¡Soy Viriato! ¡Estoy aquí!
-El pretor quiere verte. -Como te acerques...
...te juro que te mato. -No te voy a dar opción.
(GRITA)
-Pensé que estabas muerto. -Yo también.
-Ayúdame con esto.
-Héctor, estás vivo. -Tirso, hijo.
-¡Papá! -Debemos irnos.
Hay una batalla y harán falta todos los hombres que tengamos.
-¿Qué batalla? -Ahora no hay tiempo...
...para explicaciones. Seguid a Celtius,
él os llevará hasta allí. -¿Tú no vienes?
-Tengo una cuenta que saldar. Vamos.
¡Vamos!
-Bienvenido a mi humilde tienda. -Hermanos, hoy no vais a estar...
...solos aquí. Vuestras mujeres, vuestros hijos, los hijos...
...que tendrán vuestros hijos estarán aquí, con nosotros.
-¿Dónde está mi hija?
-Cada espada romana que detengáis salvará cientos de vidas.
-Si te mato no volverás a ver a tu querida hija.
Y si me matas tú, nunca sabrás dónde está.
Por lo tanto no volverás a verla nunca.
-Por cada romano muerto, permitirá que una nueva generación...
...pueda volver a ser libre. -¿Dónde está mi hija?
-¿No has escuchado nada de lo que te he dicho?
-Haced correr la sangre para que vuestra sangre sobreviva.
¡A muerte! (GRITAN)
-Esto es lo que pasa cuando se enfrentan...
...cabreros y militares. Mis tropas arrasarán...
...a tu ejército de campesinos y yo te ensartaré esta espada...
...en el corazón. Ese será el final de la historia del gran Viriato.
-Teodoro vino a verte, ¿verdad?
Te dijo que éramos un ejército de 2.000 hombres...
...y tú lo creíste, ¿verdad? -¿Qué pretendes insinuar?
-Somos muchos más que 2.000 hombres.
Engañamos a Teodoro porque sabíamos que vendría arrastrándose...
...a contártelo. Tu ejército se encontrará con una sorpresa...
...que no espera.
-¡Atención a la retaguardia! ¡Replegaos!
-¿Dónde está mi hija?
-No vas amatarme. -No lo sé.
No soy un experto en torturas como vosotros.
No sé hasta dónde serás capaz de aguantar el dolor.
-Júrame por tus ancestros que si te digo dónde está...
...esa críame dejarás vivir. -Te doy mi palabra.
-¡No!
-¡No!
(Gritos)
-¡Ah!
-Viriato.
-¿Qué hacéis? Volved.
¡Coged las armas!
¡Coged las armas!
-¡Darío!
¡No! -No, padre.
Padre. No, no...
(LLORA) No, padre.
-Darío, ahora tú...
Tú eres el jefe.
-No, padre.
(EXPIRA) ¡No! (LLORA)
¡No!
(LLORA)
(ARREA EL CABALLO)
-Hemos vencido.
-Sí, pero habrá más batallas.
-Y ganaremos también.
Por Bárbara, por Altea...
-¡Por Hispania!
(TODOS) ¡Por Hispania!
-Marco.
Galba ha muerto.
Viriato ha acabado con él.
-Han vencido, Claudia.
-Marco, escúchame. Galba ha sido vencido, no tú.
Marco, estamos vivos, eso es lo único que importa.
Eso es lo único que importa.
Mírame.
Y estamos juntos. Mírame.
Marco, mírame.
-Enhorabuena.
-Enhorabuena.
-Enhorabuena.
-Habrá que celebrarlo.
-Por favor.
Viriato.
-Darío, serás un digno sucesor de tu padre.
-Gracias.
-Recé a los dioses para volver a estar juntos.
¿Qué pasa? -Darío, Viriato, Cartago ha caído.
-¿Estás seguro? -Hace semanas.
Roma ha enviado tropas hacia Hispania.
-El invierno llega.
Los pasos se bloquearán y la guerra parará unos meses.
-Estaremos preparados. Informa a los hombres.
-Más romanos, ¿eh? -¿No han tenido suficiente?
-Habrá que organizar un gran ejército. Y liderarlo.
-Contigo. -Encárgate tú.
No puedo llevarte conmigo, pero te juro que volveré...
...y formaremos un hogar.
-Pero ¿adónde vas? -A buscar a mi hija.
-¡No, no!
(CHISTA) ¡No!
-Ya tendrás tiempo de gritar, zorra.
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