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Los romanos han atacado nuestro pueblo,
lo han arrasado todo sin piedad. Los que han conseguido salvarse...
...han sido capturados. - No vamos air a la guerra.
- Las órdenes de Roma son mantener la paz.
- ¿Y qué estamos haciendo? Solo recordamos quién manda.
- ¡Ah!
- Vengo a ver a Teodoro. - Su hija ha vuelto para casarse.
- Me alegro de verte.
- Paulo. Si te encuentran aquí, te matarán.
- Han intentado liberar a los prisioneros.
Es la espada de un hispano. - Trae al propietario del escudo.
- Mi pueblo no quiere enemistarse con Roma.
- Que me lo demuestre. Si entregan las armas, les daré la paz.
- El pretor ha prometido dar tierras eirá al acto de entrega de armas.
- Cuando hayan entregado las armas, terminad con ellos.
- ¡Cuidado!
- ¡Huyamos de aquí, es una trampa!
- ¡Papá! - Altea...
¿Dónde está mi hija?
- Al mensajero que hemos enviado, un hispano lo ha asesinado.
- ¿Quién se ha atrevido a desafiarme?
- Me llamo Paulo. Vengo a luchar contigo.
- Si vas a luchar, déjame a tu lado. - ¿Dónde está su honor?
- Para defender a mi pueblo, no para arrodillarme.
Ya no voy a volver a hacerlo.
- ¡lah!
- Soy la mujer del pretor romano que gobierna estas tierras.
Te matará. - Quítate la ropa.
Dile a Galba que mi pueblo no va a rendirse,
dile que acabaremos con él y dile que lo mataré;
solo es una cuestión de tiempo.
- Eres la única que puedes reconocerlo.
Forma a los prisioneros, quiero hablar con ellos.
- Héctor de Caura, el Consejo de Nobles de Hispania...
...ha decidido que por los delitos cometidos debes pagar con tu vida.
- ¡No fui yo! Tu hermana reveló a los romanos el lugar...
...donde estaban las armas. Yo la descubríe intentó matarme.
Tuve que defenderme. - ¿Esperas que crea eso?
- Tu hermana... (RÍE) Tu hermana sea costaba...
...con el primero que le ofreciera dos monedas. Tú lo sabes.
¡Ah!
- 200 denarios. Por 200 denarios nos dejaste indefensos.
Por tu culpa somos los últimos hombres vivos.
No tenemos hogar ni familias ni tierras,
pero tenemos nuestra venganza. - Espera. Si me dejas vivir,
puedo conseguirte más monedas; más de las que puedes imaginar.
Solo necesito un poco más de tiempo.
Espera. Dadme unos instantes para hablar con los dioses.
Vosotros no sois bárbaros, sois guerreros.
- Donde vas, tendrás mucho tiempo para hablar con los dioses.
- A lo mejor llegas tú antes que yo.
- ¡Romanos!
- ¡Ah!
- Has sangrado bastante, pero no parece grave.
- ¿Qué vamos a hacer ahora?
- Debemos planear bien el siguien te paso.
- ¿Cuándo atacaremos?
- Necesito que vuelvas al consejo. - ¿Por qué me pides una cosa así?
- Por que necesitamos saber qué decisiones van a tomar.
Eres el único que lo puede hacer. - No. Pídeselo a otro.
- ¿A quién selo pido? ¡Dime!
- Yo quiero luchar contra Roma, ser un guerrero, no un traidor.
- Hay muchas maneras de ser un guerrero.
- Me fui sin despedirme de mi padre. ¿Cómo crees que va a reaccionar?
- Tu padre estará feliz. - ¿Por qué sabes eso?
- Porque lo que más puede desear un padre es ver que sus hijos...
...vuelven a casa.
- ¿Y si el hijo no quiere volver? Yo vi a mi padre arrodillarse,
suplicar por mi vida ante un romano, el sucesor de Adón.
- Te pido esto para que ningún hispano pase...
...por esta humillación. Serás nuestros ojos...
...y nuestros oídos en el consejo y, llegado el momento, nuestra voz.
- ¡Viriato!
He buscado a Paulo por todos lados, pero no lo he encontrado.
(Relinchos)
- Hispanos, ¿quién entre los hombres de Caura...
...sea trevería atacar a Roma? ¿Quién sea trevería a robarnos...
...y amatar a nuestros hombres?
- ¡Responded al pretor!
Tú.
- De estos despojos no vamos a sacar nada,
ni siquiera sabemos quiénes son de Caura o de otras aldeas.
Manda una cabeza de regalo, será suficiente mensaje.
- Sí, señor.
-Y haz venir al Consejo de Nobles de Caura.
- ¡A las jaulas!
Aesano. Tráela.
- Acércate.
- Señor, está inservible.
- Date la vuelta.
¿Por qué ha sido castigada? - Intentó escapar, señor.
- Es una pena cortar un cuello tan bonito,
con una piel tan suave...
En el mercado valdrás tu peso en oro,
pero antes alguien debe enseñarte disciplina.
Elegid otra cabeza menos aprovechable,
a ella preparadla para mí. Esta noche calentará mi cama.
- Tengo un mensaje para ti y para tu consejo de nobles.
¿Crees que ahora me harán caso?
(MURMURAN)
- Pensé que no ibas a volver. - Este es mi lugar.
- ¿Estás herido?
- Me caídel caballo, me corté con una rama.
(Murmullos) - Silencio, por favor. ¡Silencio!
Podemos hablar todo lo que queramos,
pero hay que tomar una decisión.
Algún estúpido ha asaltado a la esposa del pretor.
Debemos demostrar a los romanos que repudiamos ese acto.
- ¿Repudiarlo? ¿Cómo repudiar que castiguen...
...a los que masacraron a nuestro pueblo?
(PROTESTAN) -No se trata de ser sinceros,
sino cautos. Debemos evitar que maten a cuantos que damos vivos.
- Yo solo he dicho que los romanos no son de fiar.
- El pretor ha convocado a todos los miembros...
...del consejo en su campamento.
- Si vamos todos al campamento y nos hacen prisioneros,
el pueblo puede quedar descabezado. (PROTESTAN)
- Los romanos cometieron esa matanza para aterrorizarnos,
para hacernos sentir como esclavos, como gusanos.
Por eso ahora debemos acudir. - ¡Sí!
- Claro. - ¡Sí!
- Presentémonos para demostrarles que no les tememos,
que somos hombres libres.
- Eso sería como ofrecerle el cuello al lobo.
- Si no vamos, Galba pensará que quizá tuvimos que ver...
...con el asalto a su esposa.
Y entonces serán nuestras cabezas las que adornarán nuestro poblado.
- Debemos ir, no tenemos otra opción.
- Está muy mal.
- El pretor Galba te envía esta comida.
Como quieras, pero hay formas más rápidas de morir.
Debes tener más cuidado. Si no cuidas esa pierna,
podrías perderla.
Enséñame tu espalda.
Mira. - ¿Y eso?
- Eso quiere decir que soy propiedad del pretor Galba.
- Lo siento. - ¿Por qué?
- ¿Eres hispana? - ¿Y eso qué importa?
Nací en Hispania, creo.
Pero no recuerdo haber sido otra cosa que esclava.
- Podríamos escapar juntas. - ¡No!
- Piénsalo. - Olvídalo,
no puedes escapar de aquí.
Lo que único que debe preocuparte ahora es seguir viva.
Y para seguir viva debes obedecer.
Ahora escuece, pero después te aliviará.
Y luego habrá que darte un buen baño.
Cuando te lleven con el pretor, debes ser dócil.
No le importará que no hables ni gimas, pero no te resistas.
Déjate llevar.
Galba es un buen amante, ya lo verás.
-Si me pone un dedo encima le arranco la piel con mis uñas.
- No sabes lo que dices.
Si te resistes, te cortará las manos y te tomar áigualmente.
Tú decides si solo quieres probar su carneo su carne y su acero.
- Vea ver a tu familia, yo me ocupo.
- Temía no volver a verte. - Y yo.
- ¡Papá!
- ¿Cómo está mi pequeño carpintero? ¡Aaah!
- ¿A que no sabes quién está aquí? El tío Héctor.
- Lo siento, se empeñó en verte.
- ¿Qué haces aquí?
- ¿Medas un abrazo?
- Tirso, vamos fuera.
- ¿No puedo jugar un rato con el tío?
- Vamos.
- No esperaba una fiesta, pero con esa cara agriarías...
...la miel más dulce. - ¿En qué lío te has metido ahora?
- ¿Por qué dices eso?
¿Recuerdas lo que decía madre?
Que no iba a hacer nada bueno de ti.
Y mírate ahora; una mujer, un hijo...
Sandro el herrero. Quién lo iba a decir, ¿no?
Todos podemos cambiar.
- Una rata no puede convertirse en conejo.
¿Qué quieres? - Directo como siempre.
Está bien.
Quiero unir me a ti y a Viriato.
- ¿Qué quieres decir? ¿Unir te a qué?
- Tirso me ha dicho que su tío está luchando contra los romanos.
Y tú siempre has ido con Viriato. - Rumores.
Viriato está cuidando cabras y yo...
- Sandro, no seas humilde. Todo el poblado sabe...
...que alguien asaltó a la esposa del pretor.
Sacaríais un buen botín. - No sé de qué hablas.
- Solo quiero luchar, como vosotros.
¡Sandro! ¡Sandro! - No quiero volver a verte...
...en esta casa ni en este pueblo. Ni cerca de mí ni de mi familia.
¿Me has entendido? - Sandro, hermanito, cálmate.
- Si me entero de que has dicho algo, yo mismo te mataré.
Largo de aquí.
- ¿Cómo estás? - Bien.
Necesito tu ayuda, tenemos un herido.
- Sí. ¿Dónde está?
- En el bosque.
¿Temes por tu padre?
Te aseguro que antes del anochecer estarás aquí,
tu padre ni se enterará.
- Nos vamos. - ¿No te puedes quedar más?
- No, hijo, tengo que marcharme.
- ¿Cuándo volverás?
- Ven aquí.
Te quedas a cargo de la casa. ¿Cuidarás de mamá?
¿Sí?
Adiós.
- Cuídate mucho. - No te preocupes.
- Lo dejo en tus manos.
- Me alegra ver que tienes buen apetito.
¿Estará lista para esta noche? - Sí, es joven y su piel fuerte.
- Las manos de esta esclava son milagrosas, lo sé bien.
Esta noche tendrás buena comida y bebida y un lecho de plumas.
Ponte esto, ahora.
Venga, no tengo todo el día.
Tú, ayúdala.
Sé lo que estás pensando, me odias por que soy tu enemigo,
por que piensas que voy a tomarte por la fuerza, pero te equivocas.
Los hombres que has conocido no tienen nada que ver...
...con un noble romano.
Pronto comprenderás la diferencia...
...y disfrutarás de ella.
- Señor, los hispanos acaban de llegar.
- Inoportunos, como siempre.
Enséñale modales.
- ¿Has perdido el juicio? ¿Qué te dije sobre obedecer?
-Yo no puedo... -No sé quién serías antes,
pero esa mujer ya no existe. Sé inteligente...
...y tendrás una vida soportable. - ¿Esto es una vida soportable?
- ¿Qué crees que les pasará a las otras?
Serán vendidas a burdeles baratos, donde tendrán que acostarse...
...cada día con decenas de legionarios sucios y borrachos.
Sé que te cuesta verlo así, pero eres muy afortunada.
- Por última vez.
¿Quién ha sido?
- Señor, os aseguro que no tenemos nada que ver con ese ataque,
será cosa de algún salteador. - Pero no era romano, ¿verdad?
No permitiré que ningún hispano vuelva a atacar a mis hombres.
Cada afrenta que sufran mis tropas la recibiréis en vuestras carnes...
...multiplicadas por cien.
- Pretor, le aseguro que el consejo repudia esos actos,
ha remos todo lo posible por entregaros al culpable.
- ¿Será así?
- Sí.
Tenéis nuestra lealtad.
- Con más gusto mostraríamos lealtad si liberaseis...
...a los prisioneros, pretor.
- Son prisioneros de guerra, propiedad de Roma.
- Aquello no fue una guerra. - ¿No?
- Tenéis nuestra lealtad, pero esos prisioneros...
...son hombres y mujeres de Caura, no me extrañaría que alguien...
...quisiera vengarlos y no podemos controlar a todos los hombres.
- ¿No tendrás tú algo que ver con esos hombres?
- Disculpad a mi hijo, es joven, tenéis nuestra lealtad y apoyo,
sin condiciones.
- Entregad mea cada hombre que se niegue...
...a jurar lealtad a Roma y sabré que no sois mis enemigos.
- Así se hará. - Más os vale,
o los únicos habitantes de Caura que quedarán serán cerdos y cabras.
Marco.
En cuanto a los prisioneros, no temáis, su presencia aquí...
...no molestará a nadie. Mañana irán a Astapar a ser vendidos.
Asunto solucionado.
- ¿Cómo está? - Aún vive.
- ¿Qué opinas? - Está grave, pero no es...
...una herida mortal, creo que puedo ayudarle.
Pero este hombre es romano. - En cuanto despierte,
podrá contarnos todo lo que sepa. -Traerlo al refugio...
...no me parece lo más inteligente. ¿Cómo sabéis que no os delatará?
Dime que no piensas a hacer eso. - Nos ayudará a luchar contra Roma.
- ¿Y qué vais a hacer con él cuando os diga lo que queréis?
Voy a ayudarle por que está herido y por que si eres el hombre...
...que conocí, no lo matarás. - Helena.
- ¡Ah!
- ¡No, qué date aquí con ella!
-Camina, ¿qué hacías espiando? - ¿Qué haces aquí?
- Unir me a vosotros. - ¿Os conocéis?
- ¿Héctor? ¿Eres tú? - También os conocéis.
- ¿Que si nos conocemos? Héctor es el hermano de Sandro.
De pequeño siempre nos seguía. ¿Qué haces aquí?
- Pues llegaba, os vi salir y decidí seguiros, como cuando niños.
- Debimos haber sido más cuidadosos.
- Siete inviernos desde que te fuiste.
- Tu hija tenía un año, ahora será toda una mujercita, ¿verdad?
¿Qué?
¿Qué?
- La niña ha muerto, la mataron los romanos.
- Lo siento. - Está bien.
- Lo siento.
He viajado mucho y sé De lo que son capaces los romanos,
he visto cosas... Lo siento. Quiero luchar con vosotros.
-Esto no es un juego. -Sé que no soy gran cosa,
pero lucharé con lo que pueda. He cazado estas perdices...
...y será un honor compartirlas con vosotros, por favor.
Por favor.
- Gracias, Héctor. En este momento, cualquier cosa será de ayuda.
Será un honor luchar a tu lado. - Viriato, tenemos que hablar,
es importante. - Sí.
- Gracias.
- Te vigilaré de cerca. A la mínima...
- Tienes mal carácter, deberías confiar más en la gente.
- Mañana llevarán a los prisioneros a Asta...
...para venderlos como esclavos. Más de 40 hombres y mujeres.
- Van a venderla. - No tenemos tiempo.
- ¿Qué hacemos? - Podemos intentar liberarlos...
...de camino a Asta. Pasarán por el desfiladero.
- Después de lo de la mujer del pretor, irán bien escoltados.
- Y en la lucha podrían morir los nuestros.
- Vamos a entrar en el campamento.
- ¿Dónde está el resto de esclavos?
¿Qué pasa, te han cortado la lengua?
¡Habla!
- No sé dónde están.
- Eres nueva, ¿verdad? Creo que te harán falta...
...amigos en el campamento. (RÍE) - Déjame.
¡Déjame! No... ¡Déjame, no!
¡No, no!
- Ahora, ¿qué? ¿No quieres ser mi amiga?
¿No quieres ser mi amiga?
Ahí quieta.
- ¡Soy la esclava del pretor!
Tócame un pelo Y te clavarán en una cruz.
¡Soy la esclava del pretor! - ¡Tú, apártate de ella!
- Solo quería hablar. - Sé perfectamente lo que querías.
Lo mismo que quieres siempre. No quiero volver a verte aquí.
- Gracias. - No tienes nada que agradecerme.
Si te hubiera hecho algo, yo sería la primera castigada.
- Aun así, gracias. - Es la hora. Galba te espera.
- ¿Cómo está? - Tardará en recuperarse,
pero vivirá. Lo que no sé es si es afortunado o no.
Si le matas a sangre fría, ¿qué te diferencia de los romanos?
- Todo. Esos romanos vinieron aquí...
...ya se sin aron a mi hija ya cientos de hispanos sin razón.
¿Qué esperas que haga? - ¡Que luches, pero no tortures...
...a hombres heridos! - En la guerra,
se sacrifican a prisioneros... - ¡Y los guerreros violan mujeres!
¿Quieres que entienda que en la guerra vale todo?
- ¡No! - Pensé que eras un hombre de honor.
- Si lo suelto, mañana tendremos a todos los hombres de Galba...
...y moriremos. ¿Eso quieres?
- No vuelvas a llamarme para algo así.
- ¿Son las joyas que robasteis a la esposa del pretor?
- Sí. - Un buen golpe, ¿eh?
Me hubiera gustado ver su cara. - No fue lo único que le vimos.
- Si os interesa, conozco sitios de confianza donde venderlo.
Podría llevármelas y volver en un par de días.
- Viriato no quiere sacarlas de aquí antes de fundirlas.
Sería peligroso si las encuentran los romanos.
- Claro, hay que fundirlas antes.
Si necesitáis mi ayuda para algo, Aquí me tenéis.
- Gracias.
- Así no se puede vivir. Sin joyas, sin perfumes,
¡cómo voy a poner me esta porquería! Entiendo que ese bárbaro...
...se llevara mis joyas, pero ¿para qué quiere mi ropa?
¿Para dárselas a esas hispanas? Era como tener delante una bestia.
Si lo hubieras visto... Daba miedo.
No sé por qué, pero sentía que estaba a salvo,
que no me ocurriría nada...
Nos vamos al pueblo hispano A hacer unas compras.
- Pero el pretor... - El pretor no tiene que enterarse.
- Puede ser peligroso, dómina. - Ya viste que no osan tocarme.
- No creo que todos sean como ese hombre.
- Seguramente, no.
- Helena... ¡Helena! - Cuídate.
- No nos despidamos así.
Helena, ¿volveré a verte? - No lo sé.
- Aquí está al fin mi hija.
Helena, soy muy feliz De presentarte a Alejo,
el hombre al que te entregaré en matrimonio.
- Es un honor conocerle.
- Tu padre no exageró tu belleza. Espero que se quedara...
...corto en todo lo que me contó. - Espero que no exagerara mucho.
No me gustaría decepcionarle.
Me gustaría cambiarme, si no les importa.
- Claro. Después, cenaremos todos juntos.
¿De acuerdo?
- Tenía razón, tiene aspecto de ser fértil.
- Espero que el trato le parezca justo.
- No tema. Cuando se celebre la boda le convertiré en un hombre rico.
- Si me disculpa, olvidé decir algo a mi hija.
¿Dónde has estado? - Lo lamento, padre.
Fui a ver a Briana, la hija de Olauco.
Le dije que quería ir a verla, pues he ido.
- ¿Qué tal está? - Bien, está bien.
Lo lamento, si hubiera sabido... - No hubieras ido, sí, lo sé.
- Voy a ir a preparar la cena. - ¿Crees que soy estúpido?
¿Crees que puedes mentirme en la cara y hacer como si nada?
¿Dónde has estado? - Ya selo he dicho,
en casa de Briana. - Pero no entiendo...
...por qué cuando Orestes fue allí a buscarte, no te encontró.
- Por que salía ver unas telas para el vestido...
- ¿Dónde has estado? - Selo he dicho.
- Si no vas a decir la verdad, ni si quiera te molestes en hablar.
No dejarás mal a la familia ni a mí ni a la memoria de tus antepasados.
Desde este momento, Orestes irá contigo siempre.
- ¡No soy una cabra de sus rebaños!
No puede mandar a alguien que me ande siguiendo...
- Haré lo que quiera, soy tu padre, puedo matarte si quiero.
- ¡Pues hágalo! (LLORA)
Máteme.
- Cámbiate y prepara la cena.
- Señor, ¿me ha hecho llamar? - Marco,
¿es cierto que ha desaparecido un legionario?
-Sí, señor. Estaba de guardia,
solo se encontró su espada en el suelo.
-Estos hispanos aún no terminan de comprender.
Quiero que arrases esos bosques, quémalos si hace falta.
Pero haz salir a todas esas ratas y acaba con ellas.
-Señor, si me lo permite, tal vez no sea buena idea.
- ¿Cómo? -He recibido carta de Roma, señor.
Demi hermano. - ¿Tu hermano?
Oí que le nombraron cuestor. -Sí, señor.
-Enhorabuena, todo un éxito para tu familia.
-Octavio me cuenta que en Roma circulan rumores sobre Hispania...
...y sobre usted, señor. -No me interesan las habladurías.
-No son simples habladurías, Estoy hablando del Senado.
- ¿Y qué se dice?
-Que estamos luchando Contra los hispanos;
que nos estamos saltando las órdenes de mantener la paz.
Eso podría crearle problemas. -Primero, las órdenes...
...me las dieron a mí, tú no eres nadie.
Y segundo, si alguien se ha ido de la lengua,
habrán sido tus hombres, suprime el servicio de correo a Roma.
Y espero que impongas disciplina, quiero legionarios bajo mi mando,
no chismosos. -Sí, señor.
-De todos modos, no cuesta ser más educados con los hispanos...
...por un tiempo.
Hasta nueva orden, se acabaron las matanzas y los saqueos.
¿Entendido?
Y las violaciones, Marco.
Puedes irte. -Señor.
(Gritos)
(GRITA)
- ¡Que hables!
(GRITA)
¡Habla!
Pero ¿qué haces? ¿Estás loco? -No somos animales.
- ¡Dijiste que había que matarlo! - ¡Cuando sea, ya veremos!
-Cuando me matéis, poned un amoneda en mis ojos para el barquero.
Si no, mi espíritu quedará atrapado entre dos mundos.
- ¿Cómo te llamas, romano? -Lucio, Lucio Gabinio.
-Lucio, escucha,
necesito saber algunas cosas sobre tu campamento.
No quiero hacerte daño,
pero si no hablas, no tendré más remedio.
-Te diré todo lo que quieras saber. No tengo ningún interés en morir.
No estoy en el ejército por gusto, yo no le debo nada a Roma.
- ¿No eres romano? -Sí.
Pero mi madre era una esclava liberta de Iliria,
se casó con un comerciante del Aventino.
Tengo un hijo al que no conozco todavía, ¿sabes?
Me uní al ejército para darle un futuro mejor.
No sé, comprar una pequeña granja.
Necesito vivir, necesito volver a verle. (LLORA)
-Lucio, si colaboras con nosotros,
te doy mi palabra de que volverás a verle.
- ¿Qué quieres saber?
-Lino, a esto le llamáis lino.
Con esto se podría lijar la madera. -Discúlpeme,
puede que tenga algo mejor. -Deberían esclavizaros a todos,
así aprenderíais. ¡Seguro que sois amigos del bárbaro que mea saltó!
-No sé de qué me habla, señora. -No se hablará de otra cosa.
Un hispano que osa desafiar a un pretor,
a tocar a una patricia. ¡Seguro que lo tenéis escondido!
-Aquí todos somos leales a Roma. -Ya, ya.
-Estas son las mejores telas que tengo.
No se las enseño a cualquiera. -Será por vergüenza.
Como no tenemos otra cosa, me las voy a llevar.
Cógelas, a ver qué puedes hacer. - ¿Me va a pagar en denarios?
-Soy la mujer del pretor,
deberías estar orgulloso detenerme como clienta.
- ¡Un cliente paga! Si no paga, es un ladrón.
¿O me dejarán pagar los tributos con su agradecimiento?
- ¿Me llamas ladrona? -Estoy harto de que los romanos...
...me roben lo que logro con mi trabajo.
Esta stelas son lo único que tengo para alimentar a mi familia.
Si quiere llevárselas, tendrá que matarme.
- ¡Ni se te ocurra tocarme!
- ¿Se encuentra bien, señora? -Gracias, puedo yo sola.
-No debería salir sin escolta. -Coge todas las telas...
...y que malas que sobren. No entiendo como mi marido...
...no ha quemado este pueblucho. -Solo es cuestión de tiempo.
-Bien, muy bien.
A partir de ahora, serás mi esclava personal.
Me obedecerás en todo.
¿Cómo se dice?
Sí, amo.
-Sí, amo.
(SUSURRA) -No te escucho.
-Sí, amo.
-Tranquila, Esta noche lo dirás muchas veces.
-Señor, su mujer. - ¿Qué le pasa ahora?
-Es importante, señor.
-Lleváosla, y que la marquen.
¿Estás bien? ¿Te han hecho daño? -No ha pasado nada, gracias a...
-Que sea la última vez Que haces algo así sin mi permiso.
Nos has puesto en peligro a todos. Podrías haber provocado...
...una revuelta. -No se te ocurra volver a tocarme,
o la ira de mi padre caerá sobre ti.
Te aseguro que no te conviene enfrentarte a un senador de Roma.
-Esta mujer es capaz de provocar una guerra por un pedazo de tela.
De todos modos, gracias por salvarla.
-Señor, ese hispano tenía una falcata.
- ¿Crees que se han rearmado? -Es posible.
-Dioses, qué trabajo dan estos bárbaros.
Mañana limpia el pueblo de armas. Que no quede ni una daga...
...con la que se pueda herir a un romano.
-Sí, señor. -Pero Marco, no te entusiasmes.
No quiero que empieces una guerra, sino que la evites.
Que no me entere de que has matado a nadie sin mi permiso.
- ¡Ah!
-Según el romano, aquí están los nuestros.
Además de los dos centinelas de la entrada, colocan dos más...
...delante de cada tienda. - ¿De cada una?
-Sí. -Debe de haber tantos romanos...
...como estrellas en el cielo. -Sí, es una legión.
Alrededor de 5.000 hombres. - ¿5.000? ¿Tantos?
-No sabes cuántos son, ¿verdad? - ¡Sé que son muchos!
¡Y serán menos después de cruzarse conmigo!
- ¿Qué pasa, Paulo? -Tenéis razón, es imposible.
En cuanto nos vean, senos echarán encima.
No podré sacar a Nerea. -Si entramos así es cierto,
enseguida nos verán. ¿Pero tú encontrarías esta?
-Nos haríamos pasar por romanos. -El romano nos dio el santo y seña.
Cuando los centinelas nos digan: "Apolo, hijo de Júpiter",
nosotros tenemos que responder: "dios de la luz y del sol".
- ¿Y cómo nos llevamos a los prisioneros?
-Como prisioneros. -El más mínimo fallo...
-Y estaremos muertos, lo sé, pero no tenemos tiempo...
...ni hombres para intentar nada, así que, si alguno no quiere venir,
lo entenderé.
-Sí, claro que sí. Si vamos todos, vamos todos.
-Señora, no puede entrar ahí. -Tóca me y toda tu familia...
...acabará en el circo máximo.
Quítate ese vestido.
Quítatelo tú, o te corto los brazos para que caiga solo.
(JALEAN Y GRITAN)
- ¡Venga! Ataca con decisión. ¿Eso es todo lo que sabes hacer?
Hay que cuidar esa guardia. ¡Llevadlo a que le vean...
...esa herida! ¿A quíén le toca ahora?
- ¿Quieres explicarme qué es esto? -Claudia,
¿no ves que estoy entrenando? -Puedo tolerar que te acuestes...
...con cuanta ramera hay de aquí a Roma,
pero que les regales vestidos cuando yo no tengo que ponerme...
...es un insulto. -Claudia, este no es el lugar.
Era un regalo para ti. Selo probó la esclava...
...para que le hiciesen arreglos. - ¿Quieres hacer me creer...
...que no pensabas acostarte con ella?
-Esa esclava me da igual, era un simple capricho.
-Entonces no te importará que me la quede.
-Como si la quieres cortar entro citos. Me da igual.
-No descuides tu guardia.
-Estaba buscando un arma, por si acaso.
¿Tú no duermes?
- ¿Voy a tener que dormir contigo mirándome?
Por estas, de ver... -Lo siento si te he a sustado.
-Alejo, ¿qué haces aquí? -Te escuché discutir con tu padre.
Me preocupaba ser la causa. -Discutimos muy a menudo.
Él es muy protector y a mí no me gusta que me aten.
-Entonces no te debe resultar fácil estar comprometida...
...con un desconocido. - ¡Lo cierto es que no!
-La hija de un cabrero puede conseguir marido sin problemas,
pero no la hija de un noble. -Un noble tiene mucho que perder,
en cambio, un cabrero no tiene nada y eso le hace libre.
-Por eso las nobles han detener otro tipo de compensaciones.
Este braza le te ha per tenecido a mi familia durante generaciones.
Acéptalo. -No puedo aceptar algo tan valioso.
-Apenas vale nada comparado con tu belleza.
- ¡No! (CHISTA)
No. (CHISTA)
No, Alejo. No, por favor. -Calla, calla.
-No hasta que no estemos casados, Por favor.
-Tienes razón.
Y a tendremos tiempo de sobra para esto y mucho más.
-Sabina te dirá lo que tienes que hacer.
Pórtate bien y yo me portaré bien. La verdad es que me alegro...
...de haberte arrancado de las zarpas de mi marido.
-Selo agradezco, señora. - ¡Dómina! No somos amigas.
Eres mi esclava. Hablarás cuando yo te pregunte...
...y harás lo que yo te ordene. ¿Está claro?
-Sí. -Sí. Dómina.
-Sí, dómina. -Sabina te dirá tus obligaciones.
Ten mucho cuidado con mi marido. Si te encuentra a solas,
intentar á forzarte, así que, evítale.
Es una orden. No mea pete ce darle...
...esa satisfacción. Podéis retiraros.
-Señora, ¿me habéis hecho llamar? -Sí, Marco.
Quería agradecerte lo que has hecho por mí en el poblado.
-No tiene por qué, señora, solo cumplía con mi deber.
-Sin embargo me ha decepcionado que se lo contases a mi marido.
Pensaba que entre tú y yo había mucha más complicidad.
-Señora, debo lealtad al pretor, debo informarle de todo.
- ¿De todo?
-Sí.
- ¿Crees que no me percaté de cómo me mirabas cuando estaba desnuda?
¿También tendrías que informarle de esto a mi marido?
- ¿Qué quiere de mí, señora?
-Tu lealtad a cambio de lamía.
-La tiene.
-Ah, me alegro,
porque tú y yo podemos hacer grandes cosas juntos.
Puedes irte.
- ¿Señora?
-No. Si dijo la verdad, todo irá bien porque volveremos...
...y vivirá; y si no, morirá aquí solo.
¿Hay algo más que quieras decirnos?
-Si preguntan, sois de la centuria joven del cuerpo manípulo...
...de lenceros; son inmunes. - ¿Qué es eso?
-Se curan de hacer guardias y no se mezclan con los demás.
- ¿Algo más? -Volved vivos, por los dioses.
-Asus órdenes, mi centurión, listo para servir.
(Gritos) - ¿Qué ha pasado?
-Mierda.
Me he cortado al afilar la espada, no es nada.
-Así no puedes venir. Herido llamarías mucho la atención.
-No puedes dejarme fuera. -Cúratela herida.
Y ya que te quedas, vigilas al romano. Vamos.
-Qué inoportuno, ¿no? -Ha sido mala suerte.
Desearía poder ir con vosotros.
-Claro.
-Eh. Eh.
Suéltame, por favor.
-No, que me pedirás que compartamos la joyas.
-Estoy herido, no podré seguirte.
Si no me sueltas, cuando regrese diré lo que estás haciendo.
(RÍE)
-Se me ocurre una idea mejor.
-No están fácil matar a un hombre a sangre fría, ¿verdad?
-Cállate. Cállate, cállate. De todas formas no importa,
yo ya estaré muy lejos. Además, ese plan es un suicidio,
no volverán vivos del campamento. Tú morirás aquí de hambre y de sed.
(RÍE)
-Venus, luz al alba.
-Esa no es la contraseña.
Somos de la centuria del cuarto manípulo de lanceros,
ayer desapareció uno nuestro y hemos salido a buscarle.
Hemos pasado la noche fuera. Si tienes algún problema,
tendrás que hablarlo con el general Marco.
¿No recordáis la contraseña de ayer?
- Apolo, hijo de Júpiter. - Dios de la luz y del sol.
- Está bien. Pasad. Los lanceros sí que vivís bien.
- Hecho, mi señor.
- ¡Romanos! ¡Vienen los romanos!
¡Señora! - ¿Qué pasa?
- Acaba de llegar una patrulla de soldados romanos.
Aquí en encuentre un arma le dará muerte.
- Ya sabéis a qué hemos venido. - No tenemos armas.
- ¿No tenéis armas en una herrería? - Les entregamos como senos ordenó.
No somos tan locos como para que brantar lo prohibido.
- ¡Registradlo todo! ¡Vamos!
Cerveza. No sé cómo bebéis esto.
La altura de una civilización se mide por la calidad de su vino.
¿Yesa daga?
- Solo es un cuchillo.
- Con un cuchillo se puede matar. - O con una piedra o con un palo,
pero no os vais a llevar las rocas y los árboles.
- Dáselo. - ¿Cómo cortamos la carne?
- Óscar. - Con los dientes.
Gracias.
¿Ves como una daga también puede matar?
- Solo era un niño. - Si no quieres que matea otro,
no volverá a salir un arma de esta herrería, ¿entendido?
- Para salir del campamento debéis fingir que seguís atados,
así que, agarrad las cuerdas con la mano, así, fuerte.
Controla esos nervios, todo va a salir bien.
Agarra fuerte. - Nos matarán a todos.
Si nos quedamos, por lo menos, seguiremos vivos.
- Nadie va a quedarse, ¿estamos? Si entrara un romano,
el plan se vendría abajo. - ¡Nerea no está!
- ¿Seguro? - El pretor se la llevó a su tienda.
- ¡Como la haya tocado, lo mataré!
- Te prometí que la sacaríamos de aquí. Iré contigo.
Darío, tú y Sandro llevaos a los nuestros fuera de aquí.
Nos veremos en el primer recodo del camino. Suerte.
Entrar ahí será imposible. - Debe haber alguna forma.
- Tú decides. Si quieres hacerlo iré contigo,
pero no creo que salgamos con vida de esta.
- ¿Adónde van? - Los llevamos al bosque...
...a talar árboles. Hace falta madera para la empalizada.
- Nadie me ha informado de esto. - Te digo que tenemos órdenes.
- Y yo te digo que a mí nadie me ha comunicado nada.
Vea la tienda del general, a ver si sabe algo.
¿Y no es muy poca escolta para tantos prisioneros?
- El resto de mi centuria espera junto al bosque.
No deberíamos hacerles esperar. Déjanos pasar.
- ¡Cogedle, cogedle! ¿Es que nadie va a hacer nada?
- ¡Ah!
- ¿Has visto lo que ha pasado por tu culpa?
Ese esclavo será descontado de tu paga.
El pretor va a saber de esto.
O nos dejas pasar o volvemos y se lo explicas tú mismo.
¡En marcha!
- Esa es.
- Remueve el agua para que sea vive el olor. Voy a avisar a la señora.
- ¡Nerea! - ¡Paulo!
- Rápido, viene alguien. ¡Rápido!
- ¿Qué hacéis en la tienda de mi mujer?
- Señor, su esposa nos ordenó llevarnos a esta esclava...
...con el resto de los prisioneros. - Debe ser un error.
Así que mi mujer se ha cansado de ti, ¿eh?
No temas; yo, no.
- Señor, su esposa fue muy clara, insistió en que nos la lleváramos.
- ¿Cuál es tu nombre, legionario? ¡Tu nombre!
- ¡Lucio Gabinio, señor! - ¿Eres romano?
- Mi madre era una esclava liberta, pero yo mecrié en el Aventino.
- Hijo de un liberto y del Aventino.
Dejan entrar a cualquier en el ejército.
Así nos va con la disciplina. ¡Retiraos y no me provoquéis más!
Ahora voy a estar ocupado. - ¡Quieto!
Ya sabes que no me gusta que toquen mis cosas.
- ¿Y por qué has mandado a estos hombres para que se la lleven?
¿Qué pasa? ¿No les llamaste tú?
- Sí... Sí, yo di esa orden. Quería una más civilizada.
Es mía, puedo hacer con ella lo que quiera, ¿no?
- Es propiedad de la familia, no te la di para que la cambiases.
Si no la quieres, volverá a ser mía.
- Tienes razón, me la quedaré. Le encontraré alguna utilidad.
- Entonces ya no tenemos nada que hacer aquí.
- Soldado.
Soldado.
- Parece que no ha ido bien la cosa.
- ¡Cállate!
- Escucha, en mi cinturón tengo monedas.
Si me sueltas, te las daré. - Monedas...
¿Dónde están? - ¡Ah!
- Quería verme, dómina. - Sí, Nerea. Ven.
- ¿De qué conoces a los hombres que estaban aquí?
- No sé de qué me habla. - No te atrevas a mentirme.
Ese hombre era el líder de los rebeldes hispanos.
¿Me vas a decir que no lo sabías?
- Le juro que ya estaban aquí cuando yo entré.
No sé qué querían. - ¿Preguntaron por mí?
- No. - No te creo.
- Creo que...
...querían... asesinar al pretor.
(SUSPIRA) - Si no quieren adamás...
- Sí quiero algo más. Acompáñame, Nerea.
Vamos a mostrarle a mi marido lo que se sufre cuando se desea...
...algo que no se puede tener.
- Hiciste lo que debías, Sandro. - Solo quería herirle.
- ¡Vamos, en pie!
Hasta que no entremos en el bosque no estaremos a salvo.
Tranquilos, guardad la calma. Tranquilos.
(SUSURRA) Quieta, quieta.
(GRITA) ¡Al bosque, huid!
¡Vamos! ¡Vamos!
(Gritos) ¡Huid!
¡Por aquí!
- ¿Cuántos hombres eran?
¿Cuántos eran? ¿Eran 20, 100, 1.000?
- No estoy seguro, señor.
Creo que eran... eran cuatro, señor.
- Otra vez cuatro. Cuatro cabreros hispanos...
...entran en el campamento, liberan a los prisioneros...
...y acaban con tus hombres delante de tus narices.
- Nos cogieron por sorpresa cuando veníamos de Caura.
Fuimos a buscar armas, como ordenó. - ¿Y encontraste alguna?
- No, señor, pero encontré algo mejor. Señora, sus joyas.
- ¡Mis joyas! Por fin una buena noticia.
-Y algo habrá pasado para que no podamos interrogar...
...a quien las llevaba. - Las encontré en el suelo,
no vi a nadie. - Eran muchos éxitos seguidos.
Por Júpiter, Marco, como no cambies terminarás...
...tu carrera limpiando estiércol. - Lo siento, señor.
- El vino que pidió, dómina.
- Ya es suficiente, puedes irte.
- ¡Héctor, Héctor!
- Está muerto. - El romano ha huido.
- ¿Qué ha pasado?
- Se liberó de las cuerdas, no sé cómo.
Le sorprendí robando las joyas.
Traté de detenerle, pero me golpeó a traición y escapó.
- Con la herida que tiene, no podrá ir muy lejos.
- Déjamelo a mí, yo le cogeré. - No, vamos todos juntos.
Hay que impedir que llegue al campamento o traerá aquí...
...a todos los romanos.
- Lo has encontrado.
- Que los romanos encuentren a este hombre,
se merece un entierro romano. - Hay que recuperar las joyas.
- Qué raro.
- Cógelo. - Dijiste que se las había llevado.
- Las debe haber escondido en algún lugar del bosque.
Para que no se las quitaran sus mandos, es lo que haría yo.
- Sí, eso es lo que me preocupa.
- Ese hispano no es un salteador, es un rebelde.
Nos ha humillado, y si no hacemos algo rápido,
su gente pensará que puede alzarse contra nosotros.
- Puedo mandar más patrullas a los bosques,
que marlos si hace falta. - Ya he visto lo eficaz que eres.
He envidado un heraldo al pueblo, su gente le admira,
pero seguro que no todos.
En todo cesto siempre hay una manzana podrida.
- E igual que la mano de Roma es implacable con sus enemigos,
es generosa con sus amigos. Sedará una recompensa...
...de 300 denarios, una fortuna, por cualquier información...
...que nos llevea dar con el líder de los salteadores.
Recordad, 300 denarios por un solo hombre.
- ¡Vámonos!
- 300 denarios. - 500, han subido.
- Así que sabes quién es el rebelde. - Sé quién es y dónde está.
- No podemos estar seguros de que ese hombre no mienta.
- Mátalo.
- Marco, ¿a qué debo el placer? Mi marido te busca.
- Que espere.
- Maldito hijo de perra traidor.
¿Tú qué sabes de lo que es capaz mi mujer?
- Para que te crucifiquen como a un esclavo.
- Mañana acabaremos con el campamento.
- Acabaremos con esas ratas. ¡Ya!
- Un veneno muy poderoso.
- Si lo hacemos, muchos morirán.
- Bebe.
- ¿Me pides que matea mi prometida?
- Al final tendré que matarle. - ¡Está muerto!
- No soy un asesino.
- Solo es un hombre.
- Es el hombre que me asaltó.
- El pretor tiene sed de sangre.
- ¡No!
- Me complace informaros que el pretor Galba...
...a dado caza a esa alimaña que se hacía llamar rebelde.
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