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Es la tumba de Pedro, ¿no? Sí.
¿Ascensión no está enterrada con su marido?
¿Enterrada con su asesino?
No creo que fuera el tractorista. ¿Tú tienes alguna teoría?
Habría que encontrar al administrador.
¿Don Alberto?
¿Dónde está? Esa es la cuestión,
que nadie lo sabe.
Jiménez cree que no fue Pedro. ¿Has hablado con ese hijo de puta?
-¿Sabes lo que pasé yo con tu padre? ¿Y ahora contigo también?
Pues si es para esto, mejor que no hubieras venido.
Por el pueblo no consigo averiguar nada.
"Que la gente se cierra. Mi madre está cabreada conmigo".
He pensado ir a la redacción de "El diario andaluz".
No les digas que eres periodista.
Diles que estás escribiendo un libro.
¿Hay algún otro material?
¿Fotos que no se hayan publicado o algo así?
¿Tú qué tipo de libro estás escribiendo?
Pero ¿cómo quieres que me haga a la idea de perderte
y de quedarme sola al frente de todo?
Doña Concha quiere que le explique sobre las fincas.
-El matrimonio es para siempre, hija.
-Ya, padre, yo lo sé. Pero, la verdad,
la vida con él no es fácil y mi padre me insiste.
Conchita me ha hablado de unos tratamientos
que hay en Houston.
Y voy a intentarlo. Eso será carísimo.
¿Para qué está el dinero? Y si no, vendemos lo que sea.
No hace falta, tenemos dinero suficiente
en la caja de ahorros de Paradas.
El médico le ha dicho que no se mueva
y está neutralizado.
Es cuestión de días... Ha sido un milagro de la Virgen.
Hoy tenía pensado ir por la finca, pero no voy a poder.
Así que quiero que me hagas un favor.
"Pero no puede enterarse nadie".
Me ha pedido que te pida un extracto de su cuenta.
¿De cuál?
De todas.
Don Alejandro está sin un real. ¿Don Alejandro?
Le están robando, Rosita. ¿Quién?
Don Alberto.
¡Ay, don Alberto!
Sí, pero creo que no se atreve a hacerlo solo.
Esto es cosa del marqués.
Lo de la piscina ya está arreglado.
Mañana nos dan de alta la luz.
Y el agua estará enseguida.
(LEE) "Así que puedo anunciar y anuncio
que la construcción de Torre Bahía
ha pasado de ser un sueño
a una ru-ti-lan-te..." ¡Coño con la palabreja!
Es que lo ha escrito mi mujer.
"Una rutilante realidad". ¡Ea!
Y ahora, ¡al jamón!
¡Salud, señores! (TODOS) ¡Salud!
Tiene que hablar con él, marqués. Es ahora o nunca.
¡Socio!
Enhorabuena. Gracias.
Oye, ¿tienes un momento que te comente una cosa?
Sí, claro. Pasa.
¿Eh? ¿Qué te dije? Al final todo se ha arreglado.
¡Hombre de poca fe!
Por cierto,
ahora me voy a llevar a estos donde la Susi.
Vente, que me ha dicho que ha traído unas niñas nuevas
de esas que huelen a campo todavía. ¡De las que a ti te gustan!
No, qué va, no voy a tener tiempo.
Oye, Cidoncha,
necesito un favor. Lo que tú quieras.
Necesito un anticipo.
Un anticipo sobre mi parte de las ganancias. Me urge.
Es que me pillas con la caja vacía.
Venga, hostia, Cidoncha,
te lo devuelvo en cuanto empecemos a cobrar. Con intereses.
Si es por lo de la Susi, tranquilo que yo convido.
¿De cuánto estamos hablando?
De todo lo que puse.
Tú sabes que los negocios no se hacen así. Al menos yo no.
Me importa tres cojones cómo haces tú los negocios.
Necesito ese dinero.
Va a ser una semana, dos como mucho. Que me urge, hostia.
Pero ¿qué te crees, que yo soy Banús?
Yo hace tres años estaba pegando azulejos.
Ese dinero está donde tiene que estar.
¿Dónde está? ¿En Suiza?
¿Qué Suiza, coño? En la torre, marqués.
En esa maravilla que es nuestra mina de oro.
¡Necesito el dinero, hostia!
-Ya, marqués. ¡Suéltame, joder! Ni me toques.
Yo me largo. Divertíos.
¿Le acompaño? He quedado con mi hermano.
Esto que no se sepa, haz el favor. ¿Eh?
-Descuida.
(CHISTA) Tú te vienes, ¿no? -¿Eh?
-Vente.
(Sintonía)
Engracia me ha dicho que se va con su hija
a vivir a Dos Hermanas.
Que está muy mayor para cuidar a mamá y que no puede.
Que le paguemos lo que le debemos.
Y yo tampoco me puedo ocupar de mamá solo.
¿Y no puedes buscar a alguien más?
Sí, claro, pero eso cuesta dinero.
Esto no es como antes, que te traías una chica del pueblo
y por una cama y un plato de comida te limpiaban la casa.
Y encima se dejaban meter mano.
No, la gente ya no hace las cosas gratis.
¿Y qué cojones quieres que haga yo, Ramón?
Ya te dije que hasta dentro de unas semanas no tengo liquidez.
Pues llévatela a tu casa, ¿qué quieres que te diga?
¿A mi casa? Tú estás loco, hombre.
Además, ella no iba a querer.
Yo me tengo que ir a Málaga, el tito Emilio está en las últimas.
¿Qué le pasa?
¿Qué le va a pasar? Que está más viejo que Carracuca.
Tendremos que estar allí.
Mamá está cada vez peor.
De día en día, Rafael.
Es ley de vida.
Será ley de vida, pero es una faena.
Me da una pena cada vez que la veo sentada en el sofá.
Con la mirada perdida que no sabe...
Ya verás que todo se arregla en un par de semanas.
Oye, ¿ese negocio tuyo tiene que ver con el constructor ese, Cidoncha?
Joder, macho. ¿Quién te ha dicho eso?
¡Madre mía, Rafael!
Ese hombre montaba retretes hace cinco años.
Ya. Los tiempos cambian.
Qué fatiga me dan los nuevos ricos.
A ti te dan fatiga, pero nosotros les damos risa.
Cuando llegue el rey, a ver si las cosas vuelven a ser como eran antes.
Más vale que cuando llegue, nos pille con los bolsillos llenos.
Y para eso hay que arrimarse a quien haga falta.
Mira, mira, Virgen santísima. ¡Tanta carne y yo en cuaresma!
¿Has visto, niño? ¡Qué alegría!
Hola, mi amor. ¿Qué tal? Hola. Yo bien.
Pero ha llamado tu prima Ana desde Málaga.
Tu tío Emilio se ha puesto peor. Sí, ya me lo ha dicho mi hermano.
¿Has estado con él? Sí, quería hablar de mi madre.
¿Cuánto te ha sacado esta vez?
Por Dios, que es mi madre, Concha. Y la suya, Rafael.
¿Qué ha dicho mi prima del tito Emilio?
Se le están empezando a encharcar los pulmones.
Por lo visto es mala señal.
Vaya por Dios... Pobre tito Emilio.
La de veces que me llevó a los toros de pequeño.
Allí me fumé mi primer puro a los doce años.
Me pasé la tarde entera vomitando.
Ay, Señor, las cornadas que tiene la vida.
En fin, espero que mejore.
¿Me has oído, Rafael?
Tiene los pulmones encharcados. No va a mejorar. Le quedan horas.
Sí, Conchi, ya lo sé. Ya lo sé.
Mi hermano va para allá esta misma tarde.
Claro. Si hay botín a la vista, Ramón espabila rápido. En fin.
¿Tú vas a ir? A Málaga.
Imposible ahora, Concha. No.
¿Ni un día? Es tu tío, igual no vuelves a verlo.
Ya, es que no sabes la que tengo encima de trabajo.
Deberías ir a despedirte de él como Dios manda.
¡Que no puedo, coño! No puedo. Basta ya.
Es por ti, mi amor,
es por no dejarte sola con todo lo que tienes.
Creo que debes ir. Es familia, ¿qué van a decir?
Concha, por favor.
Y ha llamado Joaquín, de la caja de ahorros.
Siete veces ha llamado, que quiere verte.
Qué insistencia, por Dios. ¿Ha pasado algo?
Nada, que...
se ahoga en un vaso de agua.
Será algún papeleo que hay que firmar.
¿Cómo está tu padre?
Muy flojo. El médico y mi madre están con él.
Tengo que ir a la agencia de viajes para ir mirando fechas
para irnos a América.
Vamos a ver, mi amor,
¿no será mucho viaje para tu padre?
Estando tan flojo como está el hombre.
A ver si va a ser peor el remedio que la enfermedad.
Yo voy a ir mirando.
Y cuando se recupere un poco, nos vamos.
Claro, claro que sí, mi amor.
Hay que intentarlo todo.
Joaquinito, ¿qué pasa, figura?
¿Por qué?
¿Ahora?
Está bien. Nos vemos en el olivar de abajo.
Allí podemos hablar tranquilos. Venga, hasta ahora.
La madre que lo parió.
Nada, me tengo que ir.
¿Adónde?
A ver al inútil de Joaquín. ¿Tan urgente es?
Hay que firmar unos papeles y se acaba el plazo.
Mamá y yo vamos a Paradas esta tarde.
Si quieres, vamos juntos. ¿A qué vais?
A llevar unas cosas para la parroquia.
Espéranos y vamos los tres.
Lo siento, no puedo esperar. Concha, es urgente.
¿Y no comes? Que he hecho carrilleras, mi vida.
Lo siento, mi amor.
Está grave, pero estable.
Eso sí, Olga, es muy importante evitar incidentes:
una caída, un susto...
Cualquier tontería estando así
puede ser definitiva. -¿Hay algo que podamos hacer?
-Sí, evitar a toda costa que se levante de la cama.
Reposo absoluto.
Y cuando digo "absoluto", lo digo de verdad.
Por supuesto, yo me encargo. -Vale.
Tú también cuídate o no podrás cuidarlo a él.
Y tú con más razón. -Te acompaño.
-No hace falta. Quedaos con él.
Gracias.
(JADEA)
Picazo.
¿Dónde está Picazo? ¿No ha venido?
No que yo sepa.
¿Estás segura? Segurísima, me habría enterado.
Pero ¿ese hombre a qué espera? Le dije que viniera.
Pásame el teléfono, Concha.
-No, papá, nada de teléfono.
Le dije que me trajera unos libros de contabilidad.
Quiero estar al tanto de las cosas. -Olvídate de libros.
Ernesto ha dicho reposo absoluto.
Don Alberto y Rafael se encargan de todo.
Pásame el teléfono. -Que no, papá.
Que tengo que hablar con él. -¡Alejandro!
O te estás quieto o te ato a la cama.
¡Que no me voy a mover de la cama! ¡Pásame el teléfono!
-¡Papá! ¡Que no estoy muerto, cagüendiós!
¡Alejandro! ¡Ay, por Dios! -¡Papá!
Papá, papá. Ay...
¡Tienes que quedarte en la cama, papá!
Se nos va de las manos, Concha. Se nos va de las manos, hija.
Esto se nos va de las manos. (OLGA CHISTA)
-Todo está bien, papá. No está bien.
Tranquilo, quédate en la cama, por favor.
(Música)
# Padre, en la puerta hay un niño
# más hermoso que el sol bello.
# Parece que tiene frío
# porque viene medio en cueros.
# Pues dile que entre,
# se calentará.
# Porque en esta tierra ya no hay caridad.
# Pues dile que entre.
# Se calentará.
# Porque en esta tierra ya no hay caridad. #
-Señor Jesucristo, que dijiste a los apóstoles:
"La paz os dejo, mi paz os doy".
No mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia.
Y conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
(TODOS) Amén.
-La paz del Señor esté siempre con vosotros.
(TODOS) Y con tu espíritu.
-Hermanos, la Navidad es tiempo de fraternidad,
de amor y también de perdón.
Cristo vino al mundo para salvarnos a todos
a través del amor.
Dejemos atrás el odio
y demostremos que todos somos hermanos.
Por eso os pido en el amor de Cristo
que os deis fraternalmente la paz.
La paz sea contigo. -La paz sea contigo.
Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Dichosos los llamados a esta cena.
Buenas noches. -Feliz Navidad.
Hasta otro día, hija.
Felices fiestas. Adiós.
Madre, de verdad que no os entiendo.
Tanto presumir de buenos cristianos y ni en misa, vamos.
Pedro mató a tu tía Rosita y la familia no pidió perdón.
¿Y si no fue él?
¿Ya te está calentando la cabeza el loco ese de Jiménez?
Calentándome la cabeza. Aquí está.
-Buenas noches. Felices pascuas. -Hola, hija.
No pude recoger ayer el pantalón. ¿Puedo llegarme mañana?
Bueno, ¿pasado mañana en su casa? -Claro que sí, mujer, estaré allí.
¿Dónde voy a estar? -Onofre.
Vienes muy guapo de la capital. Estás cambiado.
Muchas gracias. Me voy a ir,
que estoy cogiendo frío. Con Dios. -Espera, nos vamos contigo.
Venga. Nosotros nos quedamos un ratillo.
¿Verdad? -Sí.
-Bueno. No llegues tarde.
-¿Para qué nos vamos a quedar con el frío que hace
y no hay nada abierto? Necesito que me hagas un favor.
No me dejan ni acercarme a Chelo. Ve a su casa
y dile que a las tres nos vemos en la azotea de tu madre.
A las tres va a estar almorzando.
No, a las tres ahora, en dos horas. Tú deja abierta la puerta.
¿Cómo va a salir a las tres de la mañana?
Tú díselo, ¿qué te cuesta?
Que se escape, como cuando éramos chicos.
Dile que la esperaré toda la noche si hace falta.
Qué pesadito estás, hijo. Gracias.
¡Eres el mejor! Ya lo sé.
Es a mí a quien se le va a caer el pelo, hostia.
Ahora, que si caigo yo, vosotros vais detrás,
que lo sepáis.
Si no hay dinero, no hay dinero, marqués.
No lo puedo juntar y ahora menos que nunca.
¿Por qué menos que nunca? ¿Por qué?
¿Qué es esto, por Dios? ¡No me pongas a leer ahora, hostia!
Ha habido un cambio en el consejo de la administración de la caja
y la central está pidiendo información.
Ya lo sé, Joaquín, me lo contaste la semana pasada.
Que estás peor que mi madre. Y baja la voz, coño.
Es que han anunciado que van a poner auditorías
en todas las oficinas.
No sé cuándo le tocará a la nuestra.
Pero si entrego las cuentas, verán el agujero.
Y como no hay recibo de haber retirado ese dinero,
nos puede caer un puro de narices.
-Madre mía. ¿Qué?
¿Madre mía qué?
Marqués.
Estamos hablando de algo muy serio.
Estamos hablando de cárcel.
¡Qué cojones estás diciendo, Alberto!
Hostia, no me jodas. ¿Qué cojones dices, coño?
Yo no puedo ir a la cárcel, hombre.
Nosotros no vamos a la cárcel.
-¿Nosotros quiénes? Vosotros no, nosotros.
Conozco personalmente a don Juan de Borbón,
el padre del futuro rey. ¡Qué cárcel ni qué cárcel!
¿Cuándo has visto tú un marqués en la cárcel?
¿Qué estamos, en Rusia?
(RESOPLA)
Vamos a ver, Joaquinito.
Tú puedes hacer algo.
Dime que puedes hacer algo.
Escucha.
Si quieres, renegociamos tu parte, pero haz algo, por tus muertos.
Si no es por mí, marqués.
Estos nuevos del Opus son muy duros de roer.
-Bueno. Sé que es algo desesperado,
pero podemos usar un plazo fijo.
Vamos a calmarnos.
Estamos hablando de una semana o dos como mucho.
En cuanto entre lo de Huelva, volverá a haber fondos.
Ya, pero si mi suegro se entera, ¿qué hacemos?
No sé cuánto tiempo va a estar ese en la cama,
pero cuando empiece a mover lo de Houston...
Bueno. Joaquín...
Tú puedes dar largas al consejo y aplazar la auditoría.
Aunque sea una semana. -Esta gente va muy rápido.
Quizá podría torearlos un par de días,
pero eso sí, hay que tener mucho cuidado.
Si esta gente ve algo raro, nos caemos con todo el equipo.
Y si me preguntan, ¿qué hago?
Porque serán nuevos en el consejo, pero yo me cruzo con ellos
todos los días en la hípica.
En la hípica, en el círculo mercantil.
Si no, en los toros. ¿Qué hago? No se preocupe, marqués,
que nadie le va a preguntar.
Coño, Joaquín, no me seas ingenuo. Que Sevilla es un pueblo, coño.
Que todos nos tomamos el vermú en el mismo sitio.
-Váyase a Málaga. A Málaga.
Sí, a Málaga.
A despedirse de su tío.
Es la excusa perfecta para quitarse de en medio
un par de días.
¿Qué gano yo con eso? Tiempo.
Tiempo, que es lo que necesitamos.
Si por lo que sea detectan algo, le van a llamar a usted.
Y si no lo encuentran, lo van a esperar.
Y más sabiendo que don Alejandro está en cama.
¿Sí o no?
Sí, señor.
Muy buena idea.
Esa cabecita tuya, Alberto.
Esa cabecita tuya vale oro.
Dios, qué hambre, ¿no? Sí.
Vamos, tira. Vamos.
(Puerta)
Creía que no venías.
Como se entere mi padre de que no estoy, me mata.
¿Qué quieres?
Mujer, verte.
Ea, ya me has visto.
El otro día fui a buscarte a tu casa
y me dijo tu padre que estabas en Sevilla.
Y da gracias que no te dio un guantazo.
Lo pillarías de buenas.
¿Cómo te va?
No quiero seguir en esa casa.
¿Te tratan mal?
Doña Olga es una buena mujer.
Pero no quiero seguir ahí.
¿Y por qué estás?
Porque algunos tenemos que ganarnos la vida.
Aquí ya sabes cómo están las cosas.
Sí, ya me han dicho.
Pero estoy intentando que las cosas cambien.
Ah, ¿sí?
¿Y cómo?
Si ni siquiera has sido capaz de darme la paz en la misa.
Chelo, estoy seguro de que tu tío no fue.
Eso díselo a los demás.
Empezando por tu madre. Es lo que pienso hacer.
Que se entere toda España.
Con que se enteren los de aquí, me sobra.
Tengo que irme. Espera.
¿Cuándo podré verte? Pues no sé.
Porque mañana por la tarde me tengo que volver a Sevilla.
Chelo, ¿por qué no viniste a despedirme?
¿Por qué no quisiste hablar conmigo?
No contestaste a mis cartas ni...
Pasaron cosas.
Ya sé que pasaron cosas en el cortijo,
pero digo antes de lo de Los Galindos
(Grito)
(EBRIO) ¡Baja, quillo! ¿Qué es eso?
¡Quillo, vamos a echar una copa! -¡Es mi tío Blas!
Menuda tajá lleva.
¡Quillo!
Madre mía, ¡pero va fatal!
(RÍEN)
¡Eh!
Tengo que irme.
Chelo, ahora me tengo que ir a Madrid
y después a Barcelona,
pero después te juro que voy a volver...
Hace dos años no pude despedirme de ti.
Si esta vez no vuelves, no va a ser por mi culpa.
Tengo que irme.
Cuídate. Y tú.
¡Concha! ¿Qué tal, cariño?
Bien. Al final no era nada importante.
¿Cómo sigue tu padre? Bien. Tiene que descansar.
¿Podrías quedarte acompañándolo esta tarde?
¿Yo? Sí, claro.
Aunque supongo que él preferiría a Solita.
Ya sabes que no soy santo de su devoción.
¿Por qué? Te lo dije.
Voy a la agencia de viajes para ir preguntando.
Y a acompañar a mamá para lo de la donación.
Y ya de paso, quiere encargar unas misas para papá
y encenderle unas velas a la Virgen.
Esos curas no hacen más que sacaros el dinero.
Por favor, haz que papá no se mueva ni que hable con nadie.
Sí, estate tranquila. Y tú sin comer.
Te caliento esas carrilleras y me voy.
Está bien. Ah, por cierto, una cosa,
mañana a primera hora salgo para Málaga.
¿Para Málaga? Sí.
¿No me has dicho antes que no podías?
Me viene fatal, mujer, tengo muchas cosas que hacer.
Pero mi pobre tío Emilio está agonizando.
¿Qué quieres que le haga?
Me has convencido.
Son muchos kilómetros, Rafael, dile a Alberto que te lleve.
Sí. Bueno, ya veré. Le digo a Solita
que te prepare la maleta y que te meta el traje negro.
¿Para qué?
Ah, sí, claro. Claro.
Pobre tío Emilio.
No somos nadie.
# Me lo quité...
# Cargado de chocolate.
# María, María,
# ven acá corriendo,
# que el chocolatillo se lo están comiendo.
# María, María,
# ven acá volando,
# que el chocolatillo se lo están tragando. #
Yo no digo que sepa quién lo hizo, pero sí sé quién no lo hizo.
Eso sí, lo que pasa es que voy a necesitar
algo de dinero porque con todo el trajín...
Con tanto trajín me estoy gastando todos los ahorros.
A ver, chaval, relájate que esto no es el Watergate.
Ponte cómodo, quítate eso que te va a dar un síncope.
A ver.
Cuéntame.
Pues eso.
Que Pedro el tractorista no fue ni fueron los legionarios
ni tiene nada que ver con el trigo ni con los chanchullos...
(Golpes)
-¡Bueno, dichosos los ojos!
Hola, Maruja. ¿Qué tal, pimpollo?
Bien. Justo le estaba contando al jefe que ya he descartado
algunas vías de investigación de Los Galindos.
"Vías de investigación", eso suena a serio.
Y mañana me voy a Barcelona. ¿Barcelona?
Un poco a trasmano, ¿no?
Bueno, quiero encontrar a don Alberto Carabias,
que era el administrador del marqués en aquellos días.
Parece ser que después de los crímenes desapareció
y no se le ha vuelto a ver el pelo. -Ya.
Pero seguro que tú sabes dónde está Garganta Profunda.
¿A que sí, Robert Redford?
-Dustin Hoffman le pega más.
Sí, tengo una dirección. -¿Sí?
-Se lo está currando.
Entonces...
¿Lo da las dietas? ¿Qué dietas?
Bueno, las dietas,
el dinero.
A ver.
(MURMURA)
¿Qué día es hoy? Eh... 26.
(MURMURA)
Bueno, llevas esto al despacho de Ginés firmado
y que él lo mire.
Quiero algo a cambio.
No estamos para muchas alegrías.
Lo tendrá, jefe.
¿Seguro? Sí.
Muchas gracias, de verdad.
Ay, Maruja, Maruja.
3000 pesetas, Maruja, mis primeras 3000 pesetas de dieta.
No te las gastes en porros. No, quita.
Ya se me fueron las ganas en Ceuta.
Oye, cuando acabes aquí, ¿qué vas a hacer?
Te lo digo porque he hablado con unos compañeros
de "Informaciones", creo que el mes que viene
se queda una vacante libre en Necrológicas.
¿Necrológicas? Yo empecé escribiendo horóscopos.
Ya, sí.
Anda, lo primero a cobrar. Y lo segundo, te vienes a casa,
dejas la mochila y celebramos tus primeras dietas.
Buenas tardes.
Ten cuidado en Barcelona, no te metas en líos.
Y ojo con el barrio chino, que es peligroso.
Más que nada por la gonorrea que te puedes pillar.
¡Qué dices de gonorrea! ¡Anda, anda!
¡Que es broma! ¡Qué gracioso cuando te pones colorado!
¿Qué tal por Paradas?
Muy mal rollo.
Familias que no se hablan, muchísima tensión.
Y encima mi madre cabreada conmigo.
Anda, ¿y eso por qué?
Uf, por ir enredando, como dice ella.
Te va a pasar mucho. ¿El qué?
Tener gente cabreada a tu alrededor.
¿Y con Chelo qué tal?
Bien.
Espero que esa chica sepa lo que tiene.
Qué elegante.
¡Te has echado colonia! Claro.
La que me regaló don Alejandro para mi cumpleaños.
Y como voy para Sevilla... Te metes donde no te llaman.
¿Cómo voy a decirle que no?
Está en cama de lo suyo y no puede venir.
Y me pidió que le llevara los libros.
Con este calor en el coche de línea te vas a asar.
No te preocupes porque le voy a pedir
a doña Olga y a doña Concha a ver si pueden acercarme,
que vienen para no sé qué del cura.
Pues mejor me lo pones.
Si vienen, que ellas le lleven los libros a don Alejandro.
¿Tú qué, que no te quieres enterar?
Que me lo pidió a mí.
Que confía en mí, ¿qué tiene eso de malo?
No tiene ni de malo ni de bueno. Pero no me da buena espina.
Qué jartible eres.
(Claxon)
Mira, ahí suena.
¡Buenas tardes, doña Concha! Hola.
-Buenas tardes. -Oye, qué fresquito hueles.
Gracias. Es la colonia que me regaló su padre.
-¡Se la compré yo!
-Ay, doña Concha, qué bien le sienta.
-Mira, iba a donarlos a la parroquia con la ropa,
pero he pensado que a Chelo quizá le pueden gustar.
Seguro. -Con lo novelera que es.
-A ella le gusta mucho leer. Muchas gracias, doña Concha.
¿Quieren tomar algo fresquito? -No, gracias.
-Gracias. Si nos vamos ya. -¿Cómo está don Alejandro?
-Ahí va, Rosita. -Flojo.
Pero cabezota como él solo.
Se pondrá bien. -Claro que sí.
Señora. -¿Sí?
Si no es mucho pedir, ¿me podrían acercar a Sevilla?
Es que en el coche de línea y con este calor...
Con este calor,
¿qué se te ha perdido a ti en Sevilla?
Un mandado para don Alejandro.
Me dijo que le llevara unos papeles. -Yo te los traigo.
-No es buen momento, Picazo. -Mi padre está muy mal.
El médico dice que debe guardar reposo absoluto.
Ya. Yo pensé que lo de los papeles era importante.
-¿No conoces a mi marido, Picazo?
Todo es siempre más importante que él.
La recaída ha sido grave y ahora toca recuperarse.
-Por eso me ha pedido que me ocupe yo de todo.
Lo que sí puedo hacer es llevarle yo esos papeles
si tanta prisa corren.
O si prefieres, que los mire mi marido.
No.
No, bueno...
Que igual tampoco corre tanta prisa.
Mejor cuando se ponga bueno. -Mejor.
Llámalo mañana, a ver cómo amanece. Eso haré, señora.
¿Puedo hacer algo más por ustedes?
No, solo hemos venido a traer las novelas.
-Dele saludos al señor marqués de mi parte.
-Claro. Se va mañana a Málaga a ver a un tío suyo
que está muy enfermo. Creo que lo llevará don Alberto.
-Vaya racha que llevamos, Dios mío. Espero que pase pronto.
-Pues sí. -¡Hasta luego!
-Está raro, ¿no? Como ido.
-Quién lo ha visto y quién lo ve, con lo que era este hombre.
-Te dejo en la iglesia
y voy a la caja de ahorros a hablar con Joaquín.
¿Por qué no le diste los papeles a doña Concha?
Te hubieras quitado de ir.
Don Alejandro me dijo que no se lo enseñara a nadie.
¿Ni a su hija?
Ahora decir "su hija" es decir "marqués".
No la compares que ella es un pan bendito.
Rosa,
dos que se acuestan en el mismo colchón
acaban de la misma condición.
No sé cómo le puede gustar esto a la Chelo.
"Servidumbre humana", So-mer-set.
Es que ella es muy lista.
Ojalá que se pueda ir a la capital en vez de quedarse aquí.
No, ninguna molestia.
-Se lo agradezco mucho, de verdad, sé que no son horas.
-No se preocupe, doña Concha.
Bueno.
¿Y cómo está su padre?
-Con esto de la caída...
Parece una fiera enjaulada, deseando levantarse.
-¡Genio y figura!
-Mire, venía porque mi padre quiere meterse en gastos.
-Ah... -Quería saber cómo están
los saldos de las cuentas. -Ajá.
Bueno, no se preocupe por nada porque las cuentas de su padre
están muy saneadas.
Y si hiciera falta,
ya saben que ustedes son clientes preferentes.
Ningún problema. -Muchas gracias.
-Nada.
-Aun así, ¿podría darme un extracto de los saldos?
-Es que... mire cómo me pilla,
con la oficina cerrada y todos los empleados fuera.
-Ya. Es que es un asunto urgente, ¿sabe?
-Sí, ya. No se preocupe porque yo mañana mismo se lo hago llegar.
Pero hoy me va usted a perdonar,
doña Concha, porque llego tarde y tengo familia en casa esperando.
-Ya. Perdone que le haya hecho venir.
-¡Nada, nada! No tiene que disculparse.
Y ya le digo, no se preocupe por nada en absoluto.
Yo mañana mismo pido todos los datos y se lo hago llegar.
Y si fuera necesario, yo mismo en persona se lo llevo.
-Gracias. -A usted, doña Concha.
Vaya con Dios.
(RESOPLA)
¡Joder!
¿Qué pasa?
Nada, que me he quedado dormido y voy a perder el autobús.
Tienes tiempo de sobra, la estación está aquí al lado.
Si quieres, te llevo. No, gracias.
Voy andando, no vaya a ser que haya tráfico.
Bueno, te preparo un café.
Gracias.
Dos posiciones de aguja y ojalador automático.
Qué bien. Claro, la de mi madre no hace ojales
y se deja la vista cosiendo a mano. Además, tiene doble altura
de prensatelas para género grueso. Qué moderna.
¿Y en cuánto sale? La tenemos en oferta.
2500 pesetas de entrada y diez letras de 1000.
¿Hacen envíos a provincias? Solo península.
¿Le tomo los datos?
Sí. (LA DEPENDIENTA RÍE)
Me voy ya. ¿Seguro que no quiere que lo lleve?
No, prefiero que esté aquí, en el quite.
Ya sabe. Si llaman de la caja preguntando por mí
o por mi suegro, les dices la verdad,
que él está enfermo en la cama y que yo estoy en Málaga
y que no sabes en qué número paro. ¿Y cómo lo localizo?
Estaré en el Solimar. Aquí tienes el número.
Vale.
Bueno, Alberto, que no hable con nadie. ¿Me entiende?
Con nadie, por tus muertos. Ya lo sé.
Contrólame el teléfono. Sí, sí, mire.
Lo tengo desviado para que suene solo en la planta baja.
Ya me lo dijo su mujer también. Perfecto.
Diez días, Alberto. Solo diez días y se acabó.
-¡Rafael!
¿Has cogido el laxante?
Acuérdate que cuando sales de viaje te pones fatal.
¡Qué laxante ni qué laxante, mujer! ¿De qué hablas?
Bueno, yo me voy ya.
¿Tú no vas con él? No, prefiero que se quede contigo
por si... por si te hace falta algo.
-Lo que haga falta. -Son muchos kilómetros, Rafael.
¿Estás seguro? Coño, Concha,
que me he hecho Sevilla-Madrid en cinco horas como un campeón.
Por eso te lo digo, mi vida.
Me subo con papá. Dale un beso a tus primos
de mi parte y discúlpame con ellos. Claro.
Alberto, ya sabes, por tus muertos, controla a mi suegro.
A ver si puedo. Está de un guerrero que no hay quien lo aguante.
Pues lo atas a la cama. Que puede arruinarnos la vida.
No se preocupe. ¡Hostia, sí me preocupo!
Y quiero que tú también te preocupes, coño.
Yo sé que mi suegro se huele algo.
Y enfermo es capaz de salir con 40 grados
a la calle a hacer preguntas. Alberto, diez días.
Aguantamos diez días y se acabó. Sigue. Buen viaje.
Gracias. Vaya con cuidado.
Alberto, por Dios, que pareces mi mujer.
Un poquito, papá. Que no tengo ganas.
Que no me apetece, hija. No has comido nada desde ayer.
Y esta noche has tosido mucho, papá.
Tienes que dejarte cuidar, por favor.
Te tienes que recuperar para irnos a Houston.
¿Para qué? Es demasiado tarde.
¡No digas eso! Claro que no, papá. Concha.
Esto se acaba, hija.
Te dejo sola.
Y quiero que seas tú la que lleve las riendas de esto.
Pero no te fíes de nadie.
Pero ¿por qué me dices eso ahora?
Que esto es una cosa pasajera, ya lo verás.
He ido a la agencia... Escúchame.
Yo sé cómo estoy y no pinta bien. Que no.
Que tú eres muy duro, ya verás.
Solo te digo que tienes que ir preparándote.
¿Y cómo quieres que lo haga?
Yo no sé cómo se llevan las fincas.
Es todo un lío de empresas y de negocios.
Nunca me habéis dejado hacer nada.
Si ni siquiera tengo el bachiller superior.
¡Y encima me dices que no me fíe de nadie!
No puedes hacerme esto, papá.
No puedes morirte, ni se te ocurra morirte.
Fuiste con tu madre a Paradas, ¿no?
Sí.
¿Viste a Picazo?
Sí, lo vi un momento.
Quería venir para hablarte de algo, pero le pedí que esperara
a que te encontraras mejor. ¿Por qué?
¡Le pedí que me trajera unos papeles!
Ya escuchaste a don Ernesto.
Si tiene algo que hablar de las cuentas,
que lo hable con Alberto,
que para eso cobra, ¿no? Si no, con Rafael.
Concha, por favor, acércame el teléfono, hija.
No.
Está desviado, además, para que nadie te moleste.
(Teléfono)
Está sonando el teléfono. Mira a ver quién es.
¡Mira a ver quién es! Voy, voy.
¿Sí? Diga.
Buenos días. ¿Podría hablar con don Alejandro?
No se puede poner ahora mismo. ¿De parte de quién?
"¿Oiga? De parte de quién, por favor".
Soy Picazo, le llamo del cortijo.
Ah, hola, Picazo. Si le quieres dejar un recado...
No. Solo que he llamado.
Gracias, Solita. De nada. Adiós.
¿Quién era, Solita?
-Era Picazo, pero ha colgado. -¿Picazo?
La próxima vez que llame, me pasas a mí la llamada.
Ya sabes que el médico ha sido tajante:
no se puede molestar a don Alejandro.
¿Entendido? -Sí, señor.
La señora lo ha dejado claro. -Que no se te olvide.
-No, señor.
¿Quién ha llamado, Alberto? -Nadie.
Se han equivocado.
¿Quién era?
No era nadie, se han equivocado.
Concha.
¿Has hablado ya con Rafael de la separación?
Cada cosa a su momento, papá.
Eres lista, hija.
Pero estás confundiendo la bondad con la falta de carácter.
¿Y qué quieres?
Estoy embarazada, papá. Y esto no es América,
donde la gente se divorcia y no pasa nada.
Esto es España, papá. ¡Esto es España!
(LLORA)
Tranquila, hija, tranquila.
Tienes razón.
Tienes razón.
Perdóname, papá.
Perdona que te haya hablado así. Tranquila, no te preocupes.
Descansa.
Concha,
te quiero mucho, hija.
Y yo a ti, papá.
Y yo a ti.
¿Todo bien?
¿Cómo está? -Mejor.
Solo tiene que descansar. -Tranquila, doña Concha.
Yo me encargo de eso.
-Gracias, Alberto.
Muchas gracias. -Lo que haga falta, de verdad.
(Risas)
Le digo: "No, chato, a mí para cenar llévame a un sitio bueno,
que para perrito caliente tengo en casa a Serafín".
Hola. Perdón. Estoy buscando a don Alberto Carabias Porres.
Me han dado esta dirección y no sé si trabaja aquí.
Ni idea, rey. -¿Es artista?
No creo.
Es un señor así bajito, con poco pelo, canoso
y bastante serio.
-Por esas señas...
-Como no sea Berto, el contable.
Sí, puede ser el contable, sí.
-Pues está ahí dentro. Ven, guapo, te acompaño.
Muchas gracias.
Perdón.
¡En cinco minutos abrimos puertas!
Cinco minutos.
Hola.
Hola.
Tinín, este chico busca a Alberto. ¿Está en su despacho?
-Sí, hija, ahí está. Aguantando a Manolita.
Anda, chato, espera ahí. Gracias.
-Chao, guapo. Chao.
Tengo muy mala racha, lo estoy pasando muy mal.
-¿Por qué te matas a trabajar con cuatro pases diarios
para luego qué, perder hasta las bragas en el bingo?
No merece la pena, mi vida. -Tengo mucho vicio, ya me conoces.
Pero, vamos, que me voy a quitar.
-Te lo voy a ir descontando semana a semana.
El último que te doy ya.
Toma. -¡Ay, no sé qué haría sin ti!
-¡Y yo sin ti! Y no pidas prestado, que te conozco.
A ver si van a romperte esas piernazas, mi vida.
-Berto, creo que tienes visita. Ha venido Al Pacino a verte.
-¿Al Pacino? -Pasa.
Buenas. -Pasa, Al Pacino.
Huy, Al Pacino no, pero un aire a Miguelito Bosé
sí que te das. ¿Qué quieres?
Si quieres trabajo, no llevo la contratación,
pero por aquí cualquiera te puede hacer un trabajito.
(RÍE) No, no, yo...
Vamos, cariño, que no muerdo. ¿Qué quieres?
¿Te conozco?
Soy Onofre.
Onofre...
De Paradas.
El sobrino de Rosita.
Cierra la puerta.
Tú eres el que se fue a estudiar Periodismo a Madrid.
Ya.
Te acompaño en el sentimiento.
Muchas gracias.
¿Cómo está usted?
Estoy normal.
No hace falta que me llames de usted.
¿Qué haces aquí?
Nada.
Me dijeron que trabajabas aquí y me apetecía pasar a saludarte.
¿Quién?
¿Quién qué? Que quién te lo dijo.
Pues no sé.
En el pueblo. En los pueblos ya se sabe.
No sé qué se sabe en los pueblos porque yo no se lo dije a nadie.
¿Por qué?
¿Tú qué crees?
Ya.
Ya me has saludado, ¿no?
Buenas tardes, muchas gracias, da recuerdos.
La verdad es que sí me gustaría saber algo más de usted... de ti.
¿Y por qué?
Porque, bueno,
te conocí siendo el administrador del marqués en Los Galindos.
Sí. Aquello...
Aquello fue terrible.
¿Te sorprende que me quisiera ir de allí?
No.
Discúlpame.
Tengo mucho trabajo. Es día de cobro
y esto va a ser una romería.
¿Podríamos vernos después? Es que salgo muy tarde.
Además, ¿tú qué quieres saber exactamente?
Me gustaría conocer la historia.
¿Qué historia?
La historia de cómo un administrador rural
acaba siendo un contable en un teatro como este.
La vida, que da muchas vueltas.
También estuve en Stalingrado, si quieres saber.
Ah, ¿sí? Sí.
Sí, me gustaría saber.
Y me gustaría saber más sobre tu relación con el marqués
y cómo funcionaba... Vamos a hacer una cosa.
Mira,
si quieres,
mañana a las once estate por aquí y nos vemos.
Estupendo. Muy bien.
Pues nada, muchas gracias. A ti.
Muchas gracias.
¿Y ese chico quién es? Es muy mono.
-¿Tú qué haces aquí? Las chicas tienen prohibido
recibir en el camerino. ¡Va! Perdón.
¡Chicas, que damos la entrada! ¡Damos la entrada!
¡Venga, vamos!
Coño. (RÍEN)
¡Va, chicas, que damos la entrada!
No te lo puedo explicar. -¿Cómo que no?
(DISCUTEN EN CATALÁN)
(Música de tensión)
¡Joder, joder, joder! ¡No!
¡Dios, Dios!
(LLORA)
¡Idiota, idiota!
¡Ah!
¡Ay!
(Motor)
¿Qué hace ese aquí a esta hora?
Le he pedido que venga a recoger a la Chelo.
Que me va a ayudar a encalar, que yo sola no puedo.
¿Tú por qué tienes que llamar a nadie ni nada?
Tito, muchas gracias, hasta luego. -Muchas veces. ¿Te recojo luego?
-Sí, haz el favor. Buenos días. Buenos días. ¿Qué?
-Buenos días. Y tanto que son buenos.
Y más si se está de fiesta.
He traído a mi sobrina para que ayude a Rosita.
¿Y de paso qué, un cigarrito?
¿Un cafelito, una copa? Solo es un momento.
Alguien tenía que traer a la niña.
Y ella no ha podido venir antes.
¿Y mientras qué? El tractor muerto risa.
No me busques las cosquillas, Francisco.
¿O qué? -Tío, no se peleen, por favor.
Picazo, que ha sido mi culpa, no pude salir antes.
-Entra, Chelo, que esto no va contigo.
Sí, cariño, te está esperando Rosita.
-(RESOPLA)
-¿Ese es el pajarito que se le rompió a Clemente?
Las cosas no se rompen porque sí.
Se rompen porque se usan mal.
Vete de aquí, que tú no haces nada, nada más que vaguear.
¿Esa mala leche te viene de cuando te quedaste cojo
o ya la traías de nacimiento?
Vete de aquí ahora mismo o te reviento la cabeza.
Algún día te vas a encontrar lo que andas buscando, Picazo.
¿Has sabido algo del Onofre?
-La verdad que no, poca cosa.
-Ay, Chelo, mi sobrino te quiere mucho, ¿eh?
Deberías hacerle caso.
-Él en Madrid y yo aquí, no sé, Rosita.
Además, mi padre no sé lo que va a pensar.
-¡Con lo buena pareja que hacéis!
Con lo guapo que es él y lo lista que tú eres.
¡Qué más da lo que piensen los demás!
Tienes que irte para Madrid cuanto antes.
-Que no puedo, Rosita, ¿es que no te enteras?
-¿Cómo que "no puedo"? Claro que puedes.
Él está allí, aprovecha.
Mira, a ti te gusta leer,
sabes cocinar, se te dan bien los niños.
¿A qué esperas?
-Eso me decía Onofre, que tire para Madrid
y que estudie puericultura para trabajar con los chiquillos.
Pero... Pero ya no.
-Tú estudia, estudia lo que quieras, pero estudia.
Esto no es para ti.
Tú no eres como las demás. Tú vales mucho, Chelo.
Y aquí las cosas no van a cambiar.
Van a tardar mucho, si es que cambian.
Hay cosas que no cambian nunca.
Pero ¿qué te voy a decir?
Ay, unos arriba y otros abajo.
No eres la primera a la que le ha pasado una cosa de estas.
Por eso no le contestas a las cartas, ¿verdad?
-Me daba vergüenza. -¿Vergüenza?
Vergüenza no tienen ellos.
Tienen la sangre podrida.
¡Todos ellos tienen la sangre podrida!
Menos don Alejandro y don Fito.
Dios lo tenga en su gloria.
Pero ese canalla...
Lo que tienes que hacer es salir de aquí, irte para Madrid.
Y vamos a encalar, que como se entere Francisco...
-Rosita.
-Dime.
-Que no se entere mi padre, por lo que más quieras.
Júramelo.
-No se va a enterar.
Anda, vamos.
¿Hola?
¡Hola! ¡Sí!
Buenas. Vaya, tú de nuevo.
Sí, es que he quedado con don Alberto.
¿Con quién? Berto, el contable.
Acaba de llamar hace una hora diciendo que no viene.
Ah, ¿y cuándo vuelve? No, hijo.
Se ha ido del todo, así a la francesa.
Le ha pasado algo a su hermano, qué sé yo,
y nos ha dejado colgados el "fill" de puta, que no vuelve.
"Bon dia". Buenos días.
¿Dónde va? Sí, perdone.
Voy a ver a don Alberto, al del primero.
Bertito. Sí, ese.
No lo va a poder ver porque se ha marchado.
Pero ¿se ha marchado...? Sí, con todo el equipaje.
Ha pagado y ha dejado la habitación esta misma mañana.
Debían de ser las siete porque es cuando saco al perro.
No puede ser.
¿Sabe a dónde ha ido?
No, pero iba con prisa.
Ha venido su amigo preguntando por él.
-¡Tú! ¿Qué le dijiste?
¿Qué? -¡Eh, eh! Si va a haber sangre,
se van a la calle.
¿De qué le conoces? De Paradas.
¿Y eso qué es? Eso es mi pueblo.
¿Erais pareja? No, él trabajaba allí.
¡Y una mierda! Él viene de Bilbao. ¿Paradas está en Bilbao?
Paradas está en Sevilla.
(LLORA) Se ha llevado todo el dinero.
¿Qué dinero?
Le tocó la lotería en Bilbao.
Ocho millones.
Ocho millones le tocaron.
Disculpe. ¿Sabe hacia dónde se ha ido don Alberto?
Llamó un taxi. ¿Y sabe hacia dónde lo pidió?
Joder.
Dijo que lo llevara al aeropuerto. -¡Lo sabía!
¡Se ha ido a Brasil sin mí!
"Valga-me Déu".
Sí, dígame.
¿Quién es?
¿Tú no estabas en Málaga, cojones?
¿Quién?
Don Alberto. Que doña Concha me dijo
que se había ido a Málaga con el marqués,
pero no, está en Sevilla.
¿Seguro que era él? A ver si te has equivocado.
Llama otra vez. Cómo me voy a equivocar.
(Teléfono)
Sí, dígame.
Buenos días. ¿Puedo hablar con don Alejandro?
Sí. ¿De parte de quién?
Soy Picazo, don Alberto. "Coño, Picazo".
No te había reconocido. Buenos días. "Buenos días".
Don Alejandro está indispuesto en este momento.
Es que tengo que hablar con él, es un asunto urgente.
Tendrás que esperar. Llámalo en un par de días,
a ver si te puede atender. Ya, pero es que...
Me dijo que le llamara. Debió de ser antes de la caída.
¿Sabes que se cayó y se dio en la cabeza?
¿En la cabeza? No lo sabía. ¿Y está bien?
"Sí, está bien. Si quieres, me das a mí el recado".
No.
Son unos papeles y me dijo que se los entregara en mano.
Pues lo dicho, vas a tener que esperar.
Una cosa, ¿don Alejandro está consciente
y se entera de las cosas? Sí, claro, se entera.
Solo que el médico le ha dicho que reposo absoluto.
Entonces lo mejor es que vaya a ver si me puede recibir.
¿No me oyes lo que te estoy diciendo, Picazo?
Lo que no entiendo es que si está consciente
y se entera de las cosas, ¿por qué no puede
hablar por teléfono conmigo? Picazo, escúchame bien.
Don Alejandro está indispuesto y no puede hablar con nadie.
Y el señor marqués está fuera.
Y desde luego que don Rafael se enterará de esta conversación.
Hombre ya.
¿Qué le ha pasado a don Alejandro? ¿Está bien?
Sí, está bien.
¿Qué te ha dicho?
(Teléfono)
Hotel Solimar, dígame. -Hola, llamo desde Sevilla.
Soy Alberto Carabias,
el administrador del marqués de Bahía.
¿Puedo hablar con el señor marqués?
-Un momento, aquí está.
Señor marqués, es para usted, el señor Alberto.
¿Ha pasado algo? ¿Cómo está mi suegro?
Bien, señor marqués. Todo en orden. Vaya.
¿Entonces? "Ha llamado Picazo".
¿Para qué? No sé, acabo de hablar con él
y estaba como loco por hablar con don Alejandro.
Insistía mucho. No me da buena espina.
Además, lleva unos días que se comporta de manera rara.
¿Tú crees que sabe algo? "No lo sé".
No lo sé, a lo mejor ha visto algo raro, no sé.
Si ese es medio analfabeto, hostia. Qué cojones va a entender él.
De todas formas, no debe hablar con mi suegro.
No, ya le he dicho que no puede venir.
Pero no sabe lo insistente que estaba.
"Hasta casi me falta el respeto".
Que insista todo lo que quiera, pero que no cruce esa puerta.
Por tus muertos te lo pido. No, esté tranquilo, señor marqués.
Solo llamaba para informarle.
"¿Cómo está su tío?". Mi tío la está espichando.
Joder con Picazo, me cago en sus muertos.
"Es que manda huevos, macho. Me crecen los enanos, coño".
Cada vez que me doy la vuelta, pasa algo, hostia.
No gano para sustos, de verdad.
Oye, tengo que dejarte que me espera la parentela.
"Llámame si hay cualquier cosa". Sí, claro, señor marqués.
Hasta luego. Hasta ahora.
Gracias. Hasta ahora. De nada.
(Teléfono)
¿Sí?
Hombre, Joaquín, ¿qué tal?
Pero ¿qué ha pasado?
¡Pero cómo es posible, joder!
-Me dijo que iba a renovar la cartilla.
¿Cómo me iba a imaginar que quería los saldos de don Alejandro?
-Y la idiota de Adelita va y se los da a Picazo.
Pero ¿qué tiene en la cabeza esa mujer?
Hombre, lo conoce de toda la vida.
-Claro, coño.
Eso es lo que quiere Picazo llevarle a don Alejandro,
los putos saldos.
Y como los vea, va a ver que las cuentas están vacías.
-No, vacías no, están arrasadas. -Por eso.
-Menos mal que a doña Concha la pude torear.
Pero en cuanto vea que no le llegan los saldos,
se va a mosquear.
-Esperaremos que venga el marqués y a ver qué dice.
Y no podemos dejar que Picazo vea a don Alejandro.
No imagino lo que puede pasar si don Alejandro o doña Concha
se enteran. -Es que tienes que llamarle.
Él se tiene que hacer cargo de esto.
-Sí. -¿Eh?
-Miedo me da, miedo me da.
Joder, qué calor.
Llámame con lo que sea. -Sí.
"No sé qué es lo que hay detrás de esas muertes
ni si llegaré a averiguarlo, pero no fue un crimen pasional".
"Hay un asunto de dinero de por medio, estoy seguro".
"Y lo que sí tengo claro es que es imposible
que tu tío Pedro hiciera lo que dicen que hizo".
"Te quiero, Chelo. Hasta mañana. Un abrazo enorme".
Las muertes de Los Galindos presentan unas características
muy especiales y terribles.
Y no debe usted dejarse engañar.
¿Engañar por quién?
No me puedes obligar. ¿Que no?
¿Ahora qué, que te has vuelto comunista?
En mi contrato pone que soy peón y que no soy chófer.
-Pedro, hazlo por mí.
Bahía 1 y Bahía 2, ¿te suenan?
Menuda la que hay formada.
Soborno, recalificaciones, concejales,
"secretarios del Ayuntamiento pringados hasta las trancas".
"Lo de siempre".
-Picazo ha estado en la caja pidiendo informes
de las cuentas de su suegro. ¿Cómo?
Por lo visto, su suegro se lo pidió.
Que tú puedes ser todo lo guapo que tú quieras,
pero a las mujeres lo que nos gusta es que nos hagan caso.
Que eso los hombres parece que no lo entendéis.
¡Tú te encargabas de controlar al viejo y la finca! ¿Sí o no?
Sí. Si Picazo se ha enterado,
ha sido por tu culpa. Te vienes conmigo a hablar con él.
Tú tampoco te vas a escapar.
El marqués va a ser el que manda.
¿No te das cuenta
que nos van a poner en la calle después de tantos años?
No quiero pasar el resto de mi vida sirviendo a un marqués como ese.
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