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Te mereces algo mejor.
¿Y los niños? ¿Qué harán?
Por favor. Por favor.
Una araña, en el techo.
Qué raro, ¿verdad? Tenemos los techos desnudos.
Lo vemos antes de dormirnos
y cuando nos despertamos, todos los días...
¿Te preocupa algo?
Siempre me preocupa algo.
Pues no te preocupes por nada.
¿Qué haces?
Esta pequeña cabrona no debería estar en nuestra casa.
Vale, dos puntos más. Eso hacen nueve.
No has marcado. Venga, Max. Otra vez.
¡Sí! ¡Toma ya!
-Muy bien. -Marissa ya ha llegado.
-Genial. -Vamos.
Muy buena, Max, otra vez.
Tomad. Que tengáis un buen día.
-Adiós. -La controla papá ¡y marca!
Muy bien. Va a ser un día estupendo.
-Hola. -Hola, Marissa.
-¿Estás listos? Bien. -Más que listos.
Las mochilas. Adiós, chicos, que tengáis buen día.
Tengo que irme a trabajar. Llego tarde.
No debes llegar tarde.
No.
-¿No te ha costado encontrarlo? -No tengo mucho tiempo.
-Debería estar trabajando. -Será rápido.
Por ahí.
¿Has podido dormir?
Me siento como si no, pero algo habré dormido.
Te ha llamado, ¿qué te ha dicho?
Que tiene que ser hoy.
¿Qué? No...
-No puede ser verdad. -Lo siento.
No tenemos otra salida.
¿Pueden dormir tus hijos en casa de un amigo hoy?
Mis hijos vivirán sabiendo que alguien mató a su padre.
No puedo hacerles eso. Debe haber otra manera.
O él o tú, Angela.
Así está la cosa.
Vale, duermen en casa de un amigo, ¿y luego?
Le das una de estas.
Son somníferos, Angela. ¿Podrás?
-Eso es lo más difícil. -No es verdad.
-Recuerda por qué estás aquí. -Eso hago, créeme.
Vale. Cuando empiece a hacer efecto
y se sienta cansado, lo llevas arriba a la cama.
Pero antes, deja la puerta de atrás abierta.
Cuando esté durmiendo, apaga la luz del pasillo. Será nuestra señal.
Te vas a casa del vecino,
llamas y dices que hay alguien en vuestra casa
y que debes llamar a la policía.
Ya está.
¿Cómo lo harás?
Mejor que no lo sepas.
No sufrirá.
¿Vale? Parecerá un robo.
Y tus hijos estarán a salvo para siempre.
¿Y tú qué sacas de esto?
Pues hacer las cosas bien para variar.
No quiero que te pase nada.
-No esperes nada de mí. -Lo sé.
¿Y ahora qué hago?
-Vuelve al trabajo. -Vale.
Sigo con mi vida. Como si nada hubiera pasado.
Como si nada hubiera pasado.
O él o tú, Angela.
Así está la cosa.
¿Quién prefieres que crie a tus hijos?
Los niños estarán a salvo.
¿Angela?
¿Angela?
Madre mía, fíjate.
Mierda.
Tranquila, cielo.
¿Qué haces?
He pensado
que nadie necesita verlo en el trabajo.
Karen no te dirá nada si ve lo que te has hecho.
No, no he dormido mucho y estoy despistada.
-Deberías irte a casa. -Estoy bien.
-Te traeré agua. -Estoy bien.
Estoy bien.
-De verdad. -Vale.
¿Y te lo dice ahora?
Me parece bien.
He dicho que me parece bien.
Gracias.
Adiós.
Hola. Sí que llegas tarde.
Lo sé, lo siento.
Cada vez que quería irme, llegaba alguien preguntando algo.
-No había manera... -Tranquilo. Te prepararé una copa.
Mi momento favorito del día.
Toma.
Gracias.
Estaba pensando en la araña del techo de hoy.
¿Por qué?
No lo sé.
Quizá porque fue lo primero que vi esta mañana.
O porque me he llevado un trozo de pintura por delante
al intentar matarla.
Pensaba en cómo sería
estar ahí y de repente: ¡pum!
Un tío con una raqueta de tenis llega y destroza tu vida.
No es más que una araña.
Ya, imagino.
Una araña.
Voy a por un vaso de agua.
-Pareces cansado. -Sí.
-Estoy... -¿Por qué no vamos a la cama?
Sí.
-Tranquilo. Yo apago las luces. -Vale.
Vamos a meterte en la cama.
Buenas noches, amor.
Buenas noches.
¿Olivier?
¿Estás despierto?
Olivier.
¿Está dormido?
Todo saldrá bien.
¿De verdad lo crees?
Vete.
Hola.
¿Puedo pasar?
Ábrame.
-Necesito usar su teléfono. -Ya va, ya va.
¿Hola?
Hola, soy Angela, la vecina de enfrente.
Llame a la policía.
Hay alguien en mi casa.
Pase, pase.
-Lo siento. Su teléfono. -Está allí.
El teléfono está allí.
Qué horror.
-¿Qué ha pasado? -Emergencias, ¿qué necesita?
-¿Una ambulancia? ¿La policía? -La policía.
Primero, dígame su nombre.
Sí. Soy... Angela Meyer.
Angela, ¿qué ha ocurrido?
Hay un hombre en mi casa, acabo de bajar
y no sé cómo ha entrado, pero mi marido...
Mi marido sigue allí. Está dormido. Sigue dentro.
Bien, dígame dónde está.
En la casa de la vecina. El número 7 de Beverley Drive.
Mandamos una patrulla ahora mismo.
Angela, quédese al teléfono hasta que lleguen.
-Puedo... -Que se den prisa. Por favor.
-Ya vienen. -Gracias a Dios.
-Lo siento mucho. -Tranquila, no se disculpe.
-No nos conocemos, pero... -Tranquila.
-La he visto, pero... -Siéntese.
Tranquila. Enseguida estarán aquí.
Tome. Tápese.
Gracias.
Por Dios bendito.
Lo siento, no sé ni su nombre.
Frances. Me llamo Frances.
Vivo enfrente y ni siquiera sé su nombre.
Tranquila.
Ay, pero si está temblando.
-No debería haberme ido. -Calle.
No tenía opción.
Sí que la tenía, podría haberme quedado.
No, eso no lo sabe.
No sabe qué quería esa persona que ha entrado.
Ha hecho lo que debía.
¿Quiere beber algo? ¿Un brandy quizás?
-Le templará los nervios. -Estoy bien, gracias.
Pues yo sí me tomaré uno.
¿Dónde están? Deberían haber llegado ya.
Estarán de camino.
Usted tranquila.
Ya los oigo.
Son ellos. Están aquí.
-Tengo que ir. -No.
Espere a que nos digan que es seguro.
No vuelva.
Señora, tranquila.
-Espere. ¿Qué pasa? -Es mi casa.
Es mi casa. Mi marido está dentro.
¿Estás bien?
Tengo su número, buenas noches.
Por Dios.
Qué nochecita.
Me vendría bien una copa.
¿Quieres algo?
Pensarás que soy idiota.
¿Qué quieres decir?
Yo estaba ahí, durmiendo.
Como un tronco, mientras tú temías por tu vida.
Todo pasó muy rápido. No fue culpa tuya. No...
¿Cómo no te he oído?
No lo sé.
Pensé que salí gritando, pero igual...
No sé. Igual no hice tanto ruido como pensaba.
O... Joder, estaba muerta de miedo.
Bajé a beber y vi a alguien dentro...
...ahí plantado.
Justo ahí.
¿Dónde exactamente?
¿Aquí?
No pudiste verlo bien.
Esta puerta estaba abierta, pero...
...no la han forzado.
No echaríamos el pestillo.
No sé...
Un hombre se cuela en casa.
Mi mujer sale gritando y yo me quedo ahí...
Como si estuviera muerto. No lo entiendo.
¿Qué narices querría?
Robar algo, seguramente.
Pero no falta nada.
Lo habré asustado tanto como me he asustado yo.
Igual te oyó arriba, cuando te despertaste.
Mira que hay noches para que entren a robar
y ha pasado cuando los niños no están.
Ya.
Hemos tenido suerte, supongo.
Quiero enseñarte algo.
Ven.
¿Qué hacemos aquí?
¿De dónde has sacado eso?
De mi abuelo.
¿Funciona?
Ya te digo que sí.
Y quiero que sepas usarla.
Toma.
Cógela.
Agárrala.
Bien.
Es una escopeta muy sencilla. Solo tienes que...
...tirar de aquí.
Luego pones el dedo en el gatillo.
Vamos, hazlo. Ponlo en el gatillo.
Bien.
No está cargada.
Tienes que mantener la munición aparte.
Ahora la cargas...
La abres aquí. Y tiras de aquí.
Pones la bala y vuelves a apretar.
Quiero que sepas defenderte.
No volverá a pasar, ¿verdad?
Eso no lo sabes.
Mírame.
Tienes que estar preparada.
Nunca sabes lo que te puede pasar.
Deberíamos irnos a dormir.
Soy Ed. Deja tu mensaje.
Soy yo. No... no sé qué hacer.
Envíame un mensaje, por favor.
Soy Ed. Deja tu mensaje.
Soy yo otra vez.
Quiero que me cuentes qué pasó anoche.
¿Hablabas conmigo?
No. Con Mia.
-Quieren que haga un turno. -¿Un sábado?
¿Y no te avisan antes?
Judy está enferma, así que...
¿Les has contado lo de anoche?
Tranquilo. Me necesitan. Si no te importa.
Los niños vuelven a las diez.
Diles que lo siento, que tenía que trabajar.
Nos vemos luego.
Juraría que te oí hablar anoche.
¿Qué?
Sí.
Después de irme a la cama.
Estabas frito.
Lo habrás soñado con todo el lío.
Ya.
Hasta luego.
Que tengas un buen día.
¿Dónde narices estabas? Te he llamado.
-¿Qué ha pasado? -No puedo contártelo por teléfono.
En tu casa entonces.
¿Y si ha mandado a otro seguirte?
-Entonces, ¿qué sugieres? -Escúchame.
Haz exactamente lo que te diga, ¿vale?
Vale.
Angela.
Joder. ¿De dónde has salido?
He venido antes.
-Acabemos rápido. ¿Lo sabe? -No.
-¿Segura? -Me lo habría dicho.
Estábamos solos en casa. Me lo habría dicho si lo supiera.
Ya, no quiero saber qué piensa tu marido.
-Qué ha pasado. -Las pastillas no harían efecto.
-Se despertó. -Joder.
Subí y fui al cuarto.
-¿Te vio? -No.
¿Te diste la vuelta y te fuiste?
Sí.
-¿Y si esto es una señal? -¿Una señal?
-Ha sido mala suerte. Nada más. -¿Qué? La cagaste.
-Probaremos otra vez. Lo pararé. -No.
No tenemos otra salida, por si no lo sabes,
tu marido quiere matarte.
Si se entera de que he sido yo, estoy jodido.
Si quieres seguir con tu vida y tus hijos...
He dicho que no.
¿Quieres ayudarme? Déjame en paz.
Angela.
Angela, no hagas esto.
Solo tenemos una oportunidad. Angela, por favor.
Buenas.
Hola, enanos.
¿Cómo fue la noche?
Muy bien. Comimos helado.
-Qué bien. -Sí, fue guay.
¿Y papá?
No lo sé.
¿Olivier?
¿Olivier?
¿Qué pasa?
Lo siento.
Hay un problema con un edificio de París.
Tengo que irme.
-¿Ahora? -Sí.
Es solo una noche. Volveré mañana.
¿Aviso para que se queden contigo?
-Con lo del robo... -Tranquilo.
¿Segura?
Somos como la luna y el sol, no coincidimos.
El deber te llama.
Te quiero.
Les habló de Nápoles y de los viajes al monte Vesubio.
Y les enseñó dibujos de los huertos.
Buenas noches.
-Debería tirar este móvil. -Lo sabe.
-¿Qué has dicho? -Lo sabe y viene a por mí.
Y a por ti. Va a ponerle fin.
Qué idiotez. Mis hijos están arriba.
¿Te crees que le importa? Debes marcharte.
Ya. Haz lo que tengas que hacer. Por favor.
Vete, Angela. Vete de una puta vez.
Sam. Sam, despierta, cielo.
Hay que levantarse. Ponte esto.
-Ponte esto. Vístete. -¿Qué pasa?
-Tu hermano. -¿Y papá?
Mamá, ¿qué pasa?
-Max, vamos. -¿Qué pasa?
Arriba. Sal de la cama.
-Debemos irnos. -¡Mamá!
-Ponte esto y vístete. -¿Mamá?
-¿Qué haces? ¿Y papá? -Mamá, ¿qué pasa?
Mamá, ¿qué pasa?
-Por favor. -¿Y papá?
-¿Por qué? -Quedaos aquí.
Quedaos aquí. No abráis a nadie.
Mamá, ¿qué haces?
¡Angela!
¡Angela, abre la puerta!
¡Angela!
-Mamá, ¿qué pasa? -No bajéis.
-¿Qué haces? -Que no bajéis.
-Angela, abre. -¿Papá?
No te acerques a la casa.
-Mamá, me estás asustando. -Angela, abre.
No bajéis.
¿Qué pasa?
¿Qué haces?
-¿Papá? -Quedaos ahí. No...
-¿Qué haces? -Papá...
¿Por qué ha venido la policía?
-Señora, baje el arma. -Mamá.
-Mamá. -Señora, baje el arma, por favor.
Ya.
-Papá, ¿qué pasa? -Mamá.
Queda detenida por posesión de arma con intención de usarla.
-Yo no... -Tiene derecho a guardar silencio.
-No sé. -Cualquier cosa que diga
podrá usarse en su contra en un tribunal.
-Mamá. -No pasa nada.
Por favor. Por favor.
Escuche, debe tranquilizarse.
-La verán enseguida. -Pero qué pasa.
-Nadie me dice nada. -Se lo hemos explicado,
debe evaluarla un médico antes de hablar con nadie.
Pensaba que iba a matarme. Me estaba protegiendo.
-Fue eso. -Ahora no.
No amenacé a nadie. Tenía miedo. Entiéndalo.
Mire, lo hablaremos,
después de que la vea el médico.
Quiero ver a mis hijos.
Imposible. Lo siento.
Intente dormir.
Sam. Tranquilo. Era una pesadilla.
Una pesadilla, ¿vale?
¿Dónde está mamá?
Está bien. Solo necesita descansar.
¿Estará bien?
No le pasará nada.
No hace falta. No hace falta que me evalúe.
Lo que necesito es que encierren a mi marido
para que no haga daño a nadie.
Hábleme de eso.
Asesinó a alguien. A una mujer.
Hace cinco años. Mató a Yuki Okubo y ahora quiere matarme a mí
porque soy una molestia, ¿entiende?
Como ella. Y lo sé, lo supe, porque me lo contó Ed.
¿Se refiere a Ed Harrison? ¿El sicario?
Si habla con él, se lo dirá.
No hemos hablado con Ed, Angela,
pero hemos revisado su declaración y hemos ido a la casa
donde dice que vive este hombre, Ed.
No hay nadie.
-No... -Lleva meses vacía.
Mire... Mire el móvil.
El móvil al que me llamaba Ed. Lo dejé en casa.
-Estará allí. -No han encontrado nada.
Lo tiraría él. Tenía las llamadas registradas que nos hacíamos.
La cámara de mi casa.
¿Han revisado las fechas que les dije?
Estuvo allí.
-¿Qué es esto? -Son de las fechas que nos dio.
Lo hemos revisado a fondo.
Allí no había nadie, Angela.
Olivier lo habrá manipulado.
La policía ha hablado con su marido,
sobre lo que dijo cuando la trajeron a la comisaría.
Se acordó de esto.
DETRÁS DE LAS PUERTAS CERRADAS
Nunca lo había visto.
Estaba en su casa.
El autor es Ed Harrison.
En la novela, el marido contrata un sicario para matar a su mujer.
El sicario se enamora de ella y decide matarlo a él.
Y descubrimos que el marido había matado antes.
A su examante.
Me llamo Ed Harrison...
¿Le suena de algo?
Yo no...
No me lo he imaginado. No me lo he inventado.
-No hay móvil. -¿Por qué no hiciste nada?
-Ni imágenes suyas. -Así está la cosa.
-Ed no existe, Angela. -O él o tú.
Con su historial y lo ocurrido en Edgewater...
Angela.
...pensamos que sufre una crisis nerviosa.
Por su seguridad, la ingresaremos en un hospital
cumpliendo con la sección dos de la ley de salud mental.
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