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-Venga ya. -No, dejarás mancha.
-¿Qué? -Usa un posavasos.
-Tienen posavasos. Úsalos. -Olivier no lo usa, ¿ves?
-A mí no me metas. -Es tu casa, tío.
-Te meto lo quieras o no. -Angela, tú estás conmigo, ¿no?
No sé. ¿Somos de usar posavasos?
-Espero que no. -Vale, usaré uno. ¡Jesús!
Perdona. Angela, ¿qué decías?
Es una tontería, pero me pareció curioso.
Estaba viendo un documental de animales.
Y decían que el hipopótamo es el más peligroso del mundo.
Causa más muertes que los cocodrilos y ataca sin razón.
-Ni por comida ni espacio, solo... -Porque les da la gana.
-Sí. -Y tienen el sudor rojo.
Es como un protector natural.
El otro día a ti te hubiese venido bien.
-¿Y eso? -El calentamiento global.
La semana pasada, comiendo.
Nos sentamos en la terraza y se quemó la cabeza.
Parecía una cerilla.
Yo le digo a Olivier que se tape en el golf.
¿El golf?
¿Conque el golf? No puede ser. Angela dijo que estabas trabajando.
-Y lo estaba. -Perdona, soy idiota.
Me he confundido con el domingo.
Tengo el resguardo del aparcamiento. Soy inocente.
-Hasta que se demuestre lo contrario. -No.
Anda, tío, pero si estás sudando y todo.
El sudor del hipopótamo.
-Ha quedado raro, lo sé. -Calla ya.
Debería darte vergüenza.
Los niños están durmiendo.
El salmón ha quedado rico. Era la primera vez que lo hacía.
¿Olivier?
Me has dejado en evidencia.
¿Por lo de la comida que no fuiste?
Ha sido un error. Lo he apañado.
Lo sabían.
-Qué va. No sabían nada. -Lo has hecho adrede.
¿Por qué?
Te dio rabia que fuera al golf. Aunque te avisé
con semanas de antelación.
-No pasa nada. -Sí que pasa.
Podrías haber dicho la verdad. Les daría igual.
-Son tus amigos. -Querías dejarme mal.
No seas tonto.
Dejémoslo, ¿vale?
Voy a acabar de recoger.
No. ¡Olivier, por favor!
Ni si te ocurra volver a marcharte.
-¡Calla! -Déjame.
No te vayas mientras te estoy hablando.
¿Te queda claro?
-Lánzamela. -Lánzamela.
-¿Sí? -¿Sí?
Mamá, Sam se está portando mal.
-Venga. -Dámelo. Deja de chincharme.
-Para ya, Sam. -Devuélveme mis juguetes.
-Vale. ¿Lo tenéis todo? -Sí.
Que tengáis buen día. Os veo luego. Cuidado al cruzar.
-Adiós, mamá. -Adiós, te quiero. Hasta luego.
-Adiós. -Te quiero.
Sí que habrá empujado con fuerza la puerta su hijo.
Sí.
No es consciente de la fuerza que tiene.
A su edad, son todos unos psicópatas, ¿no?
Conseguiremos el molde lo antes posible y lo arreglaremos.
-Perdona, llego tarde. He tenido... -Joder.
-¿Qué te ha pasado...? -Sam. Me dio con la puerta.
Por eso yo tengo niñas.
No te hacen daño físico, solo psicológico.
Por ahora.
Hola.
Jacky.
Muy bien. Vamos.
Muy bien.
Jacky. Jacky, ven aquí. Ven aquí, bonito. Vamos.
Muy bien. Mucho mejor, ¿no?
-Sí. -¿Qué haces?
Se agobiaba con el bozal y...
Ange, ya lo sabes.
-¿Qué te pasa? -No va a morderme.
Todos pueden morderte, aunque no quieran.
Perdona. Estoy cansada.
Lo siento mucho. Lo llevaré a su jaula.
Vamos.
-Hola, mamá. -Hola.
Hola, chicos.
Mamá, Marissa nos ha invitado a Max y a mí a pedir caramelos
y a quedarnos en su casa.
¿No estamos juntos en Halloween?
Mañana es finde, por favor, mamá.
Perdona, lo han hablado mientras jugaban...
-¿Tenéis algo especial pensado? -No, lo normal.
-Venga, mamá, porfa. -¿Estás bien?
-¿Qué te ha pasado? -Ah, nada...
-Mujer: 0. Puerta: 1. No duele tanto. -¿Podemos?
Sí, si a Marissa no le importa llevar más niños
-de casa en casa... -Tranquila. No me importa.
Vale. Bien.
-¡Toma ya! -Sí.
-¿Y los disfraces? -Los tenemos en la mochila.
Sí, perdona.
-Muy bien. -Sí.
-Me llevo las mochilas del cole. -Toma.
Divertíos.
-Gracias, los recojo mañana. -Tranquila. Perfecto.
-Vamos, chicos. -Adiós, te quiero.
-Adiós. -Os quiero.
Disculpa, ¿tienes fuego?
Gracias.
No pensaba pasar Halloween así.
¿Perdona?
Iba a salir a pedir caramelos con mi hijo...
Pero me he separado de mi mujer.
Mis hijos tampoco están.
Feliz Halloween.
¿Cuántos años tiene el tuyo?
Tres. Pero parece un señor mayor.
Disfrútalo.
Esa edad pasa enseguida.
Aún son inocentes.
Perdona, pero...
¿Qué te ha pasado en la cara?
Tiene que dolerte mucho.
Mi...
Mi hijo me dio con la puerta sin querer.
A su edad son unos psicópatas.
En realidad...
Me metí en una pelea.
Bueno, alguien se peleó conmigo.
Ostras. ¿Qué pasó?
Un idiota borracho.
¿Sabe la policía quién ha sido?
No lo denuncié.
¿Para qué?
A veces no reaccionas como querrías.
Piensas que te defenderás o gritarás o...
...harás algo.
Pero no. Te quedas parada y dejas que pase.
Me cuesta creer que alguien pueda hacer eso.
Hacer daño porque sí.
Estoy bien.
Hasta que vuelve a pasar.
¿Qué quieres decir?
Si no lo denuncias,
esa persona irá por ahí pensando que no ha pasado nada.
Bueno, no era más que un idiota borracho...
Siempre se puede hacer algo.
Sí. Eso es lo que dice la gente, ¿no?
Te invito a otra.
No. Debo irme.
Pues hasta el próximo Halloween.
Por favor. Lo siento. Por favor, no te vayas.
Siempre lo sientes.
Sé que no me crees.
Porque ya hemos tenido esta conversación
en este mismo pasillo.
No podía ni respirar...
-Fue sin querer. -...porque me rompiste las costillas.
Me dijiste que cambiarías.
Viniste al hotelucho aquel
donde tuve que quedarme con los niños.
Me miraste a la cara y me lo juraste.
Por tus hijos y mira qué ha pasado cuatro meses después.
Sabes que no soy así. Yo...
-Pierdo el control y... -Nadie lo sabe.
La gente me ve y me lo ven y...
Sonrío y finjo y pienso...
Menos mal. Nadie se ha enterado.
Nadie se ha enterado.
Puedo cambiar.
Quiero cambiar.
-No es suficiente. -Espera.
¿Y los niños?
Les diremos lo de siempre.
Que necesitamos separarnos.
Adoro a mis hijos. Como tú. Queremos lo mejor para ellos.
No te los lleves de casa otra vez.
-La última vez se asustaron. -No, no los uses de excusa.
Si vamos a hacerlo de verdad,
deberíamos hablar con ellos primero. ¿No te parece?
A veces nos miro y pienso...
...si alguien lo supiera...
...pensarían que soy idiota.
Pero no es tan fácil, ¿no?
Tengo muchas cosas por las que luchar. ¿No te parece?
No quiero ni mirarte.
La mejor época para plantar los preciosos árboles es en marzo.
Así en otoño los tendrás llenos de maravillosas hojas amarillas.
Aunque si tienes paciencia
mejor que aguantes un poco...
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Dulces para una dieta de carbohidratos.
No llevan azúcar y puedes comprarlos en el súper.
Pueden ser virutas de chocolate o edulcorantes.
También almendras, coco u otros frutos secos. En internet...
-Buenos días. -Hola, ¿cómo ha ido?
Bien, cuando les bajó el azúcar y se durmieron.
Sam, Max, ¡ha llegado vuestra madre!
¡Chicos!
Voy a por ellos.
¡Chicos!
-Hola, mamá. -Buenos días.
-¿Cómo lo habéis pasado? -Bien.
Dadle las gracias.
-Gracias. -De nada.
Gracias. Nos vemos en el cole.
-¿Os ha gustado? -Sí.
Cuidado, no lo dobles.
-Mola. -Lo estás doblando.
-Adentro. -No, tranquilo.
-Dámelo. -Chicos, al coche.
Los cinturones.
-¿Me dejas verlo? -No te lo doy
porque lo doblas.
Que no. Te he dicho que no.
-Chicos. -¡No!
-Que no, que lo doblarás. -Que no.
Te lo prometo.
Vale, toma.
Mamá, ¿por qué has parado?
Mamá, vas muy rápido.
Mamá, ¿podemos ir al parque?
Perdona, sí.
Sí, buena idea.
Solo quiero hablar. Perdona.
Debería habértelo dicho ayer, quería, pero...
¿Quién coño eres?
Me llamo Ed Harrison.
Yo...
Ayudo a la gente con problemas.
¿Qué significa eso?
Los ricos pasan de hacer ciertas cosas.
Entonces los ayudo.
Tu marido me contrató.
-¿Para hacer qué? -Para seguirte.
Quiere divorciarse.
-Vete a la mierda. -Sí
y no quiere la compartida.
Por eso me contrató para descubrir todo lo que pueda
usar en el juicio.
Demostrar que eres mala madre. Dejarte mal.
¿Y por qué me lo cuentas?
Por favor.
Sé lo que te hace.
-¿Sam? ¿Max? -Tú lo escondes. Vale.
Pero sé cómo has perdido el diente.
Tu marido es un cabrón.
Cuando le dije que no podía encontrar nada,
me dijo que buscaría otra manera.
-¿Y eso qué significa? -No lo sé.
Imagino que te tenderá una trampa.
Fabricará pruebas para dejarte mal y conseguir la custodia.
Lo veré en unos días.
Mira, no soy perfecto.
Y la he cagado más que nadie.
Pero tengo un límite.
Así que no voy a aceptar su encargo.
Pero otros sí que lo harán.
Lo conseguirá.
Le darán el divorcio y a tus hijos.
¿Y tengo que creerte?
Me has seguido con mis hijos.
Debes protegerte.
Búscate un abogado. Hazlo bien y enseguida.
Déjame en paz.
Solo intento ayudarte.
No está bien lo que te hace.
Especialmente después de Edgewater.
¿Qué sabes tú de Edgewater?
Lo sé todo, Angela.
No quiero tu ayuda. Quiero que me dejes en paz.
-Niños, nos vamos. -Un poco más.
Antes de llamarme, contrató un abogado.
De divorcios, Kieron Farwell.
Sam, Max, ¡nos vamos! ¡Ya!
Esto pasará. Me creas o no.
Ya está en marcha.
Vamos.
Sam, nos vamos.
Venga.
Andando.
-Pon tu firma. -Mi firma...
Sí, lo normal, ¿no?
Pensaba usar el nombre de Gerald.
-Es un nombre bonito. -Sí, ¿por qué no?
¿Está encima de un huevo?
Quizá sí.
Lo he lavado dos veces, aún huele a gasolina.
Sí, me tocó un surtidor roto en la gasolinera.
Tendré que tirarlo. Deberías tener más cuidado.
¿Sí?
-¿Qué haces? -¿Qué pasa?
Has pintado el cielo de rojo.
El cielo puede ser rojo.
Eso no tiene sentido.
A veces el mundo no lo tiene.
Lo peor que puedes hacer es intentar entenderlo.
Simplemente debes dejarte llevar.
-El cielo es azul. -Sí, es azul.
-Tienen razón. El cielo es azul. -¿Ves?
Vale.
El cielo es azul.
-Ya está. Azul. -Gracias.
-No es azul. -Ahora vuelvo.
Todo esto...
Es lo que somos.
Estos momentos.
¿De verdad quieres perderte estos momentos?
No lo sé.
¿Y tú?
¿Ya has hablado con ellos?
No, aún no.
No sé cómo hacerlo.
-Entonces, ¿no te vas? -No he dicho eso.
Lo que tenemos...
...es precioso.
Pero hasta lo más bonito tiene defectos.
Debemos intentarlo, ¿no?
¿Quién querría destruir algo bonito?
La gente lo hace a todas horas.
Mienten y se hacen daño.
Pero también se perdonan.
Nunca más.
De verdad.
Te quiero más que a nada.
Entonces, ¿por qué lo haces?
Porque a veces el mundo no tiene sentido.
A veces el cielo es rojo.
Papá, ¿me ayudas con los árboles?
Sí.
¿De qué color son?
-Verdes. Las hojas son verdes. -Bien. Me gusta.
Podemos pintarlas de otoño. Amarillas y marrones.
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Hola.
Venga, muy bien.
Ya lo sé. Ahora te lo quito.
Ya está. Mejor, ¿no?
Jacky, tranquilo. Sit .
Sit.
¡Angela!
Madre mía, ¿estás bien?
-Ang, ¿estás bien? -Sí.
Sí.
Me encanta esa sensación.
-¿Adónde vas? -Al juzgado.
¿Por qué no lo dejas estar?
Necesito otra copa.
¿Un día duro?
Podría decirse que sí.
Uno de esos.
Tu mente lo repite una y otra vez. Y no para.
-Ya que vas. -Claro. ¿Qué quieres?
¿Cómo se llamaba el Rioja de la semana pasada?
-El Contador. -Ese.
Buena elección.
Trae las copas bonitas que nos regaló Frank.
Me da miedo romperlas y nunca las uso.
Vale.
-Tendrás que enjuagarlas antes. -Claro.
-A fondo, sí. -Lo haré.
-Toma. -Gracias.
Creo que me lo tomaré arriba y leeré. Estoy cansada.
Imagino que no me dejarás dormir contigo hoy.
No estoy preparada.
¿Y cuándo lo estarás?
No lo sé.
-No vale mucho. -Coge para los dos.
Puedo cogértelo prestado y oiré tu voz.
Me has pedido que me grabe la voz.
Pues aquí lo tienes.
Quieres que te diga que te quiero.
Pues te diré la verdad.
Angela.
-¿Qué haces aquí? -No sabía dónde encontrarte.
Olivier ha llamado.
Quiere verme. Hoy. ¿Sabes por qué puede ser?
No.
¿Cómo iba a saberlo?
Ya le había dicho que no.
Que no aceptaba su encargo.
¿Entonces? Piensas...
...que se lo he contado.
-¿Lo has hecho? -No.
Vale.
Perdona por haberte molestado.
Espera.
Vi el nombre en sus contactos.
Kieron Farwell.
Ya te lo dije.
Sé lo que piensas de mí.
Que solo soy...
...una víctima engañada y no entiendes por qué no lo dejo.
Creo que eres valiente.
Si lo fuera, lo hubiera dejado cada vez que dije que iba a hacerlo.
¿Piensas que te lo permitiría?
No.
No lo sé.
Casi lo hago.
Hace unos meses.
Se presentó y me suplicó.
Es el padre de mis hijos.
No puedo imaginarme la vida sin él.
Qué putada, ¿eh?
¿Me harías un favor?
Quiero que lo sigas.
Si quiere dejarme de mala madre, quiero saberlo.
No puedo.
Quiere volverte a ver. No va a dejarlo, ¿verdad?
-¿No quieres ver cuánto hay? -Da igual.
¿No te dedicabas a esto?
-¿Ayudar a la gente con problemas? -Me he pasado.
-No debería haberte dicho nada. -¿Y por qué lo hiciste?
Porque me caes bien.
No, Ed. No me conoces.
Crees que sí porque llevas dos meses vigilándome,
pero no me conoces.
Lo siento.
Pero no puedo meterme más.
Sabes lo que me hace.
-¿Dejarás que se lleve a mis hijos? -Búscate a otro.
Hay algo que no me estás contando.
Suerte, Angela.
De verdad.
Adentro. Enseguida os preparo la merienda.
-Papá, estás en casa. -Hola.
-¿Qué tal el cole? -Qué pronto llegas, ¿no?
Un día tranquilo.
¿Podemos jugar a la consola?
-Quince minutos. Vale. -¡Toma!
-Ha dicho 15, no 50. -Vale.
¿Y esto?
Porque eres preciosa.
¿Necesito tener otra razón?
-No lo soy. -Sí lo eres.
Lo eres.
¿Dónde estabas?
¿A qué te refieres?
Bueno, el dinero de debajo de la almohada.
-¿Del Ratoncito Pérez? -Claro. Sí.
¿Te lo has gastado?
Me he comprado estos pendientes.
¿Son nuevos?
Y preciosos.
Mierda. Del trabajo.
-¿Tienes que volver? -No lo sé. Voy a ver.
¿Diga?
¿Ahora?
Más rápido.
Chicos, bajadlo un poco.
Ve por ahí.
Chicos, bajad el volumen.
Te la has jugado.
Tenemos que arreglarlo ya.
Si no, ¿para qué te pago?
Sí. ¿Para qué te pago si no?
¿Va todo bien?
No. Tengo que volver al trabajo. Cenad sin mí.
¿Qué pasa?
Cagadas ajenas.
Ya.
Volveré en cuanto pueda.
Vale. Suerte.
Te veo luego.
Sí.
Hasta luego.
Apaga la luz.
Cinco minutos más, porfa.
-Vale. Cinco minutos y la apagas. -Sí.
Que duermas bien.
Mamá.
Tengo miedo.
¿Temes tener pesadillas?
No las tendrás, cariño.
¿Y si las tengo?
Entonces te despertarás.
Y no habrá pasado nada.
Y estoy aquí al lado.
-¿Los mayores tenéis pesadillas? -A veces.
¿Y qué hacéis entonces?
Lo mismo.
Nos repetimos que no son de verdad.
Buenas noches.
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Perdona. Tenía que verte.
Mi marido está arriba. Márchate.
No está. Lo he visto irse.
Por favor, serán dos minutos.
Oye, lo siento.
Pero lo he visto hoy y...
...no quiere que manipule pruebas contra ti.
Quiere que te mate.
-Anda ya. -Te lo digo en serio.
Primero el abogado y ahora ¿quiere matarme?
Ya, pero escucha lo que te digo.
No. Llamaré a la policía.
Escucha, un hombre que te hace eso,
¿piensas que no es capaz de hacerte algo peor?
No conoces a tu marido. No tan bien como crees.
-¿Qué quieres decir? -Es mala persona.
-Sé que lo que hace... -No lo sabes.
No sabes nada.
-Los niños, tengo... -¿Recuerdas a Yuki Okubo?
Trabajaba con tu marido hace unos años.
-Sí. ¿Por? -Estuvieron liados.
-Porque tú lo digas. -Que sí.
Lo amenazó con contarlo.
Iba a decírtelo a ti y a todos
porque pensaba que lo quería.
Y, de repente, desapareció. Te acordarás, seguro.
¿Qué intentas decir?
¿Que Olivier la mató? ¿Es lo que me quieres decir?
¿Y cómo vas a saberlo?
-Porque me lo dijo él. -Ya.
Para demostrar que iba en serio.
-No te conozco. No eres más... -Soy el único amigo que tienes.
E intento hacer lo correcto. Por una vez.
-Vale. Suficiente. -Me iré.
Me iré. Pero comprueba su maletín y me llamas.
Solo tiene un contacto. El mío.
Si necesitas hablar, úsalo. El resto no son seguros.
¿Mamá?
No quieres creerme ni debes hacerlo.
Pero piénsalo.
¿Para qué iba a inventármelo?
Yo no gano nada con esto.
Por favor, cógelo.
No es un asesino. Me quiere.
Me pega. Es retorcido. Pero no quiere matarme.
Sigue engañándote así.
No pasa nada. Todo está bien.
Estoy aquí.
Estoy aquí.
Ya está. No ha pasado nada.
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