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Original subtitles

WWW.MY-SUBS.CO

"Todo lo que os voy a contar sucedió hace mucho tiempo.

En el año 156 a.C.,

Roma llegó hasta nuestras tierras prometiendo la paz,

pero mentían. Miles de hispanos murieron...

...a manos del ejército romano, en una masacre...

...de la que solo sobrevivieron algunos hombres.

Entre ellos, Viriato,

un pastor que terminaría convirtiéndose en nuestro rey.

Esta es su historia, esta es la historia...

...de los que luchamos a su lado,

esta es la historia de nuestro pueblo."

(Gritos)

(TOCA EL SILBATO)

- ¡Ah!

(GRITA)

(GRITA)

¡Paulo! ¡Paulo!

¡Paulo! - ¡Detente!

- Reunid una patrulla y llévalos al campamento.

¡El resto, preparaos para atacar el poblado!

- ¡Altea!

- ¡Papá!

- Toma. - ¿Y tú no tienes hambre?

- No, he comido unas moras en el bosque.

Termina, que luego bajaremos al pueblo.

¿Qué, has vuelgo a discutir con mi hermana?

- ¿A qué debemos el honor? - Teodoro, le han entrado...

...las prisas y quiere que le baje las pieles hoy mismo.

- Dile que esta tarde le llevo las armas.

Llevo tres noches sin dormir para entregarlas a tiempo.

- Hola, tío. - Hola, enana.

- Os dejo a quía Altea mientras le llevo las pieles.

Teodoro.

¡Teodoro! - ¿Quién llama?

- Vengo a ver a Teodoro.

- Me alegro de verte.

- Helena.

- Helena, entra en la casa. ¡Te he dicho que entres!

¿Estas son las pieles que me traes? Te pedí el doble.

- Los lobos atacaron el rebaño. Han matado a siete cabras.

- Si fue así, ¿dónde está la carne?

- Se la comieron casi toda. - ¿Y sus restos?

No veo que los hayas traído. - No. Lo poco que quedó...

...sirvió para alimentar a mi hija.

La semana que viene le bajará diez más que se están secando.

- No. Quiero que te vayas de mis tierras.

Mandaré a otro que se ocupe de las cabras a partir de ahora.

No quiero trabajando para mí a un ladrón.

- ¡Yo no soy un ladrón! ¡Los lobos atacaron el rebaño!

- ¡Esa carne era mía!

- Los romanos han atacado nuestro pueblo.

Han arrasado todo, sin piedad.

Han matado hombres, mujeres, niños...

¡Todos los que se cruzaron en su paso!

Los pocos que han conseguido salvarse, han sido capturados...

...como esclavos. - El pueblo de Caura...

...está a vuestra disposición. Nuestras casas están abiertas...

...para que durmáis en ellas, nuestras armas son vuestras,

y lucharemos a vuestro lado siempre que sea necesario.

(GRITAN)

Pero no esta vez.

Si luchamos contra Roma ahora, moriremos también nosotros.

Las tropas del pretor Galba son más fuertes,

tienen más hombres, más armas, más animales que todos...

...los pueblos de los alrededores juntos.

Ir a la guerra contra Roma sería un suicidio,

y tú lo sabes muy bien. - ¿Y qué vais a hacer?

¿Esperar a que los romanos vengan a llevar sea vuestras mujeres...

...e hijos para venderlos como esclavos?

Los romanos han invadido los pueblos de la redonda,

el vuestro es el próximo. - ¿Quién tedio permiso...

...para dirigirte al Consejo? - He perdido a mi familia...

...y mi prometida. No necesito permiso.

- ¡Silencio! - Me avergüenzo de vosotros.

No sois más que la cayos de Roma.

- Es una falta de respeto. - Ese joven tiene razón.

Podéis hacerlo callar, pero no cambiará la realidad.

- Deja a los adultos decidir qué es bueno para Caura.

- ¿Quién va a decidirlo? ¿Tú, Teodoro? Solo te preocupan...

...tus negocios y tus tierras. No te importa que los romanos...

...estén matando mujeres y niños. Solo temes por tu fortuna.

- No consentiré que me hablen así. ¡Ni siquiera tu hijo!

-No consientes la verdad. ¡Que tenemos a los romanos...

...a las puertas! Debemos decidir si morimos con honor...

...o vivimos arrodillados. - El Consejo se ha reunido...

...y ha tomado una decisión. No vamos air a la guerra.

(GRITA)

(GRITA)

- ¿No hay más? - No, señor. El resto están muertos.

- Creí dejar claro que queríamos esclavos.

Tened más cuidado la próxima vez.

Avisa a Cordelio, le interesará alguno.

A los heridos, matadlos y echadlos a los cerdos.

Pagarán menos por ellos de lo que vale alimentarlos.

- ¿Señor? - ¡Marco! El hijo predilecto...

...de Marte vuelve victorioso. - Son sus tropas las que ganaron,

no las mías. - La humildad es buena virtud...

...para un general, aunque no para un pretor.

Tú no tendrás que preocuparte de eso. Habremos abandonado...

...estas tierras bárbaras antes del otoño.

Si me nombran cónsul, también tendrás beneficios.

No veo que te alegres.

- Señor, la orden de Roma es mantener la paz.

- ¿Y qué hacemos si no eso? Solo les recordamos...

...a los hispanos quién manda para que no lo olviden.

Mantendremos aquí nuestro campamento base.

Desde aquí, anularemos los asentamientos hispanos...

...y controlaremos las rutas comerciales.

- Sí, señor. - ¿Cuántos hombres perdimos hoy?

- Ninguno, señor. Ni siquiera estaban armados.

No nos esperaban. - Así debe seguir siendo.

Hispanos muertos, romanos dichosos.

Felicita a las tropas por mí. - Señor.

- Ah, Marco. Que no lo celebren en exceso,

hay mucho trabajo que hacer. En dos días atacaremos Caura.

- Deberíamos romperle la cabeza a todos esos romanos.

- Dicen que solo en Roma hay tantos hombres como en cinco Hispanias.

¿No serán muchas cabezas? - No hay nada que no arregle...

...una buena falcata. - ¿Ellos no tienen buenas espadas?

- Nadie hace falcatas como las mías y menos los romanos.

- Hola, hermana. - ¿Y eso de no querer venir a comer?

¿Tan poco te gusta la comida de tu hermana? Estás más delgado.

- Serán tus ojos, que te engañan. - Más bien eres tú, que me mientes.

Espero que tengáis hambre. - Y yo que prepararas más comida.

- Si no te llega, sales a por un cabrito y te lo asas.

¡Tirso! Vamos.

- Eh. ¿De dónde sacaste esto? - Lo hizo Tirso. Será carpintero.

- No está mal. - ¿Tú también?

- ¿Ves? A ver si lo convences. - ¡En casa no habrá carpinteros...

...mientras yo viva y se acabó! - ¿Qué tal por la montaña?

- Bien. - Dejará las tierras de Teodoro.

- ¿Qué? ¿Qué vais a hacer ahora?

- Cazar, pescar, cualquier cosa menos trabajar para esa rata.

- Todo el comercio depende de él. - Ha vuelto su hija. La vi hoy.

Elena. Parece que volvió para casarse.

- ¿Para casarse? - Eso me han dicho,

con un joven comerciante que viene del sur, uno con posibles.

(Balidos)

¿Sí? - Busco a Sandro, el herrero.

- ¿Y quién le busca? - Paulo. Es por una espada.

- ¿Una falcata? - Cualquier a me sirve.

- Yo hago falcatas. - ¿Me vende una?

- Puedo, si me interesa lo que me ofrezcas.

- Puedo trabajar para ti. - Con esos brazos no serías capaz...

...de sujetar ni una daga. - No tengo otra cosa que mis manos.

Perdí mi casa y mi familia. Tengo fuerzas para sujetar un arma.

- Está bien. Ven entres lunas y tendré una falcata para ti.

- ¿No puedo llevármela ahora? - Claro. ¿Crees que se hacen solas?

Llevan tres láminas de hierro soldadas a la calda.

- ¿Y esas? - ¿Esas?

Llevan damasquinados de plata en la empuñadura.

Cuestan el triple que una normal y ya están vendidas. Son un encargo.

- ¿Y si te pago por una el doble? - Creí que solo tenías tus manos.

- Lo conseguiré. - ¿Cómo?

- No es tu problema. - ¿Por qué tienes tanta prisa?

- ¿Por qué haces tantas preguntas?

- Ven entres lunas y tendré una falcata para ti.

¡Eh! ¡Eh, tú! ¡Al ladrón!

¡Cogedlo! ¡Cogedlo!

(Relincho)

- Padre. - No sigas, Darío.

Ya hablaste suficiente, ¿no crees? - No pretendía contradecirle.

- ¿Cómo serás un buen jefe algún día si ni sabes lo que es el respeto?

- ¿No puedo expresar mi opinión? - Todos tienen opiniones.

Son las responsabilidades las que hacen a un jefe,

la responsabilidad de que tu pueblo siga vivo a pesar de tus opiniones,

incluso de tus creencias. - No vamos a luchar contra Roma.

- Es la voluntad del Consejo. - Y ya está.

- Sí, ya está. - Cuando yo sea jefe,

escucharé a mi pueblo. - ¡Pero no lo eres!

Yal paso que vas, dudo que llegues a serlo.

(LLORA)

- ¡No, por favor! ¡No! ¡Por favor!

- Sácame de aquí. - Callaos, que no os oigan.

- ¡Paulo!

¿Qué haces aquí? - No te librarás de casarte conmigo.

- Si te encuentran, te matarán. Tienes que irte.

- Nos iremos todos. ¿Quién tiene la llave?

- Uno de los soldados que acaba de salir.

- ¡Ah!

- ¡Coge la espada!

- ¡Que la cojas! ¡Cógela!

¡Corre, Paulo, vete! ¡Corre!

- ¡Ah!

(JALEA AL CABALLO)

- ¡Rápido! - ¡Rápido, a por él!

- ¡Ah!

- Romano puede permitirse otra guerra. Lleva una vida...

...luchando con Cartago. Aníbal, ese sí que se lo montó bien.

Llegó a las puertas de Roma, estuvo a punto de arrasarla.

¿Sabías eso? - Lo que sé es que hablas demasiado.

- Y ahora pretenden expandirse por Occidente. Si las tribus...

...de Hispania nos uniéramos, les pondríamos en un aprieto,

pero si nos rendimos, no nos respetarán nunca.

- ¿Seguirás mucho así? - ¿Adónde vas? Espera, espera.

Eh, que ya me callo, te lo juro.

¿Adónde ibas?

-Alina. - ¿No dijiste que estaba en Norba?

- ¡Corre! -Así no se puede.

Viriato. - ¿Por qué no lleva ropa?

-Pues no lo sé, hija. Además, no es asunto nuestro.

- ¿Todavía nada? -Todavía no.

- ¿Cuántos van? -38, señor.

-Sigue.

-Va amatarla. - ¿Alguien te pidió opinión?

-No, señor. -Sigue.

¿Has dicho algo? ¿No?

Sigue.

Échale agua.

(TOSE)

- ¡Ah!

-No vuelvas a intentar escaparte,

porque no dejaré de golpearte hasta que mueras.

Métela en la jaula.

- ¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

- ¡Ah!

- ¿Este es todo el botín que ha conseguido tu ejército?

Me prometiste que nos haríamos ricos en Hispania.

De momento, solo veo baratijas y pieles de cabra.

-Un botín depende del conquistado, y estos hispanos son pastores...

...y comerciantes, no patricios. - Deberías dárselas a tus esclavas.

- Tendrás lo que desees al llegar a Roma, situ padre y el Senado...

...están contentos, quizá nos regalen una villa.

- Mi padre es generoso, te conocí siendo solo un soldado.

Pero no seas tan ambicioso y de muestra que mereces...

...lo que tienes. Llévatelas. - Sí.

- Lávalas, no quiero ponerme joyas con sangre hispana.

Quiero irme de aquí. - Señor.

- ¿Quién te manda interrumpir? - ¿Qué sucede?

-Un hombre quiso soltar a los reos. Es la espada de un hispano.

- ¿Dónde vas? - Es importante.

- No hay nada más importante que yo. Soy tu esposa, quiero irme de aquí.

- Luego hablaremos de eso. Localiza al dueño de este escudo...

...y hazlo traer. - Señor.

- He grabado su escudo en plata, tal y como me pidió.

- ¿Y la que falta? Te encargué cinco espadas,

y aquí solo hay cuatro. - No la tengo.

- Herrero, me diste tu palabra de que tendría cinco espadas hoy.

- Y cumplí con ella. Llevo tres noches sin dormir.

Fabriqué la espada, pero un joven me la robó.

- No me importa lo que haya pasado, no quiero excusas.

Si tienes que hacerla, hazla. La quiero en mi casa en dos horas.

- Eso es imposible.

- Ese no es mi problema.

(Relincho)

- ¿Y las cabras?

- Vendrá otra persona a hacerse cargo de ellas.

No es la primera casa en la que vivimos, tendremos otra.

O haremos una, ¿dónde te gustaría? - A mí me gusta vivir aquí.

- Aquí no puede ser. - ¿Por qué? Mamá vivió aquí.

- Ni la casa ni las cabras son nuestras.

- ¿Y por qué no las compramos? - Ojalá pudiéramos.

Pero no puede ser, hija.

Tenemos que irnos de aquí, esta ya no es nuestra casa.

- Teodoro, mi buen amigo, me alegro de verte.

- Yo también, pretor.

- ¿Cómo van las cosas por el poblado?

- Bien.

Bueno, hay un poco de...

Hay nerviosismo después del último ataque...

...de sus tropas. - ¿A qué ataque te refieres?

- Al de esta mañana, en Ébora. - Ah, eso. No fue un ataque,

mis hombres fueron a buscar algo que era mío y no quisieron dárselo,

Así que lo cogieron. El pueblo de Roma detesta la guerra.

Aunque, si alguien nos amenaza, sabemos luchar.

¿Crees que tu pueblo nos quiere amenazar?

- No, claro que no.

- Me estás mintiendo, Teodoro. - ¿Por qué habría de hacerlo?

- No lo sé,

pero supongo que entonces podrás explicarme por qué...

...esta espada lleva tu escudo. - Esa espada no es mía.

- ¿Sabes?

Dicen que un hombre tarda hasta cinco días...

...en morir en la cruz. - ¡No había visto esa espada jamás!

Encargué cinco espadas al herrero y un chico le robó una de ellas.

- Está bien, te creo.

Pero uno de tus paisanos ha osado retarme al entrar...

...en mi campamento para robarme lo que es mío.

-Mi pueblo no quiere enemistarse con Roma, quiere paz.

- Y habrá paz por mi parte, siempre que esto desaparezca de mi vista.

Si queréis la paz, demostradlo. Entregad las armas yos daré paz.

Y harás extensiva la invitación a todas las poblaciones de la zona,

en especial en Norba y Aeminium.

- Transmitiré el mensaje,

pero no creo... (RÍE) -No es una sugerencia, amigo.

Si no aceptan mis términos,

terminarán igual que sus vecinos de Ébora.

- Hablaré con el Consejo. - Explícales las ventajas del trato.

A partir de ahora estaréis bajo mi protección,

seréis casi ciudadanos romanos, y eso tiene sus beneficios.

Todos los que entreguen sus armas recibirán tierras a cambio.

- ¿Tierras? ¿Y de dóndes aldrán? - Eso es cosa mía.

- ¡Viriato! ¡Viriato! ¡Ah!

¡Viriato!

- ¿Qué? - El pretor mandó un mensaje,

no atacarán Caurani otros pueblos. - ¡Quita!

¡Seremos territorio romano! - No, nos declararán amigos de Roma.

Habrá paz, eso queríamos. - ¿Qué quieren a cambio?

-Algo de la producción de las minas de plata y la entrega de armas.

- ¿El Consejo ha aceptado? - Sí. A cambio, darán tierras...

...a todos los que entreguen las armas. Podrás tener ganado.

Podremos tener tierras, podrás tener tus propias cabras.

- ¿Quién te ha dicho que he terminado?

(GRITANDO) - ¿Dónde está?

- ¿Qué gritos son esos? - ¡Sabina! ¿Dónde está?

¿Cuántas veces tengo que explicarte que esta esclava es mía?

- Sí, pero ya que tú no satisfaces mis necesidades...

- Vuelve a la tienda, prepara los baúles, volvemos a Roma.

- Sí. - Olvídalo, querida,

no te marcharás de aquí hasta que yo lo diga.

- Mo eres quién para darme órdenes. - Por desgracia para ambos, sí.

No nos acostamos juntos, pero soy tu marido, con muchos deberes...

...y algunos privilegios. - Te hundiré.

Cuando mi padre se entere de lo que estás haciendo aquí...

- ¿Qué estoy haciendo, querida? - No cumplir las órdenes del Senado.

- ¿A qué órdenes te refieres? - Mantener la paz con los hispanos.

- ¿Y no es eso lo que estoy haciendo?

Después de hoy, ningún hispano sea treverá a enfrentar sea Roma.

- Señor, las tropas están listas Para ir al campo de batalla.

- Gracias, Marco.

¿Por qué no te quedas...

y recordamos viejos tiempos?

- Pídeselo a uno de tus hombres,

por su pretor estarán dispuestos a eso ya mucho más.

- Hola.

Siento molestarte. ¿Tu padre está aquí?

- No, fue a ver unas tierras.

- Vinea traerle las últimas pieles antes de ir me de la casa.

- Si quieres, puedo hablar con él. - No, no.

Los romanos van a dar tierras a los que entreguen las armas.

Ahora más que nunca es un buen momento...

...para empezar de nuevo. - ¿Quieres algo de cerveza?

O vino, tengo vino.

- Creía que esa era la bebida que tomaban...

...los pretores y las patricias. - No.

Bueno, sí, pero en Gádir lo toma todo el mundo.

- ¿Y por eso has traído tanto? - No es para mí.

- Es para tu boda.

- Sí.

- Me alegro mucho por ti.

- Sé lo de tu mujer, lo siento. - Gracias.

- Sal de mi casa ahora mismo. - Traigo las últimas pieles.

- Ya lo has hecho. Fuera. - Padre.

- Prepara la comida.

Ese cabrero es un ladrón. ¡Y un busca vidas!

Te lo dije entonces y te lo repito ahora.

No quiero volver a verte con él.

- ¡Levantad la cabeza y mirad a vuestro alrededor!

¡Todo hasta donde alcanza vuestra vista será nuestro!

¡Será territorio romano!

¡El pueblo, el senado lo agradecerán! ¡Seréis héroes!

¡Y seréis recompensados! (TODOS) - ¡Por Roma!

- ¡Mostraremos a esos bárbaros el poder de Roma!

¡Vamos a diezmar a sus mejores hombres! ¡Haremos de este lugar...

...una tierra de huérfanos y viudas, de la que renacerá...

...una nueva y próspera provincia de Roma! ¡Vuestra hazaña...

...será recordada por siglos! ¡Es la hora! ¿Estáis listos?

(TODOS) - ¡Adelante!

- ¿Qué? - Nada, nada.

- ¡Papá, papá, papá! - Altea, ¿qué haces aquí?

¡Te dije que no te movieses de casa de tu tía!

- Quería venir contigo. - No. Al poblado. Voy a llevarla.

- No hay tiempo, Viriato. - No voy a dejar que se quede.

- Solo le darán tierras a los que entreguen sus armas.

- Bien. No te sueltes de mi mano.

¿Cuántos crees que hay? - Más de diez seguro.

- No pienses en una rendición ante Roma. Piensa en una victoria.

Vamos a salvar a nuestro pueblo.

- Es la hora.

- ¿Adónde van? - A hablar con el jefe...

...de los romanos. Afirmar la paz. - Hispanos, hermanos,

el general Marco, al mando de la cuarta legión y yo,

Servio Sulpicio Galba, os saludamos.

- Ecneo, jefe de Norba, Octatus, jefe de Aeminium...

...y Césaro, jefe de Caura. - Roma os saluda. ¿Quién hablará...

...en vuestro nombre? - Señor, todos me conocéis...

...y sabéis que soy hombre de palabra. Sé que hablo...

...en nombre de todos si digo que hoy es un gran día.

El día en que firmaremos la paz con Roma. Un día que permanecerá...

...por siempre en la memoria de nuestros descendientes.

- De eso estoy completamente seguro.

- ¡Vamos a entregar las armas!

¡Por la paz! (TODOS) - ¡Por la paz!

¡Por la paz! (TODOS) - ¡Por la paz!

-Cuando hayan entregado las armas, terminad con ellos.

- ¡Cuidado!

- ¡Salgamos de aquí! ¡Esto es una trampa!

(Gritos)

- ¡Camine!

(Gritos)

- ¡Atrás, atrás!

- ¡Ah!

- ¡Papá! - No te preocupes, hija.

No voy a dejar que te pase nada.

- ¡Papá!

(Gritos)

(Puerta) - Helena. ¡Helena!

- ¡Padre! ¿Qué ha pasado? - Estoy bien. Ven conmigo.

No salgas hasta que yo regrese. - ¿Adónde va?

- ¿Me has oído? No salgas de casa.

- ¡Ah! ¡No! ¡No!

¡No!

- ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha pasado, Sandro? Viriato.

Quita. ¡Viriato!

¡Viriato! ¡Vuelve!

¡Viriato, por favor! ¡Viriato! ¡Viriato!

¡Trae agua!

(Llanto)

(LLORA)

- Pretor. - Hombre, Teodoro.

Te estaba esperando. Podéis iros.

No creo que nuestro buen amigo venga armado. ¿Me equivoco?

- Dijiste que querías la paz. - No. Dije que no quería la guerra.

Y ahora podemos estar seguros de que no habrá guerra.

¿Verdad? ¿O crees que saldrán las viudas y heridos a luchar?

Yo tampoco lo creo.

Piénsalo bien. Tienes una hija que tengo entendido que se casa.

Estoy seguro de que vivirá muchos años.

Y te dará buenos nietos.

Marco.

Dile que es un regalo de bodas. Roma sabe recompensar a sus amigos.

Hasta ahora pensaba que eras uno de ellos.

¿O me equivoco?

Para que no hay a malentendidos:

Si coges esas monedas, no habrá vuelta atrás.

Yo te diré lo que debes decir, decir y pensar.

Y tú me informarás de cuanto suceda en Caura.

A cambio, tu vida y la de los tuyos estará garantizada.

- Helena.

¿Dónde estoy? - No hables.

- Estás en casa.

-No, no. No te levantes. (GIME)

-No te levantes. - ¿Qué es este lugar?

-Agua.

Cuidado.

- ¿Qué ha pasado? - Era una emboscada.

Nos atacaron en cuanto entregamos las armas.

Hay muchos muertos.

- Y Altea.

¿Dónde está mi hija?

- No pude hacer nada.

Eran demasiados y nosotros estábamos desarmados.

- No... - Déjame. No.

Mi hija, no.

- Viriato.

- ¡Mi hija, no!

- ¡Viriato!

¡No lo hagas! ¡No lo hagas!

- ¡Ah!

¡Allí no queda nada! ¡Allí no queda nada!

- ¡Ah!

¡Altea!

¡Altea!

¡Altea!

(LLORA)

- Padre. Estaba asustada. ¿Dónde ha ido?

- ¿Dónde has estado tú? - Hay demasiada gente herida.

No hay muchos que se pan curar. - Me has desobedecido.

- Solo quería ayudar.

- ¿Quieres que te pase lo mismo que a ellos?

Contesta.

Entonces no vuelvas a desafiarme nunca. ¿Me oyes?

¿Me oyes? - Sí, padre.

(DE FUERA) - Todo ciudadano que no esté en sus casas...

...tras el atardecer, o desobedez calos mandatos...

...de Servio Sulpicio Galba, pagará la desobediencia...

...con su vida en la cruz.

Cualquiera en posesión de un arma...

(GRITA)

(GRITA)

- ¿Qué es esto? Te he pedido carne.

- Lo siento, Dómina. - He sido yo. Te gustará.

Es salsa de garo. Creí que te recordaría a Roma.

No ha sido fácil de encontrar aquí. - Si estuviéramos en Roma,

sería mucho más fácil conseguirla. -Creí que estaría bien...

...que repusieses fuerzas para el viaje.

Es un trayecto largo.

Hispania está en paz.

Puedes irte a Roma hoy mismo, si quieres.

- Por un momento he tenido ganas de besarte.

- Sí que tenías ganas de irte. Marcharéis en carro hasta Sagunto.

Allí os espera una embarcación. Espero que te lleves...

...buen recuerdo de tu estancia. - Por supuesto. Quitando el olor,

el calor y la comida podrida, ha sido como el paraíso.

- No pretendo que mientas.

Solo que en Roma sepan que estamos manteniendo la paz,

como ordena el Senado. Hemos cumplido y cumpliremos...

...con las peticiones de tu padre. - Mi padre estará orgulloso.

Y si es cierto que la campaña es corta, te recompensará.

- ¿Marco? - Marco, ¿por qué no comes...

...con nosotros? Celebramos mi regreso a Roma.

- ¿Qué sucede? - En Caura, señor.

El mensajero que enviamos.

Un hispano lo ha asesinado.

- ¿Quién se ha atrevido a desafiarme?

¿Quién es ese bastardo? -No lo sabemos.

Nadie ha visto nada. - Están ciegos.

Hemos conquistado un territorio de salvajes ciegos.

Encuéntralo y tráemelo aquí.

¿Me oyes? Va a tener el honor de morir a manos de un pretor.

(LLORA) - ¿El tío Viriato lo mató?

- No vuelvas a decir eso. Nunca vuelvas a decir eso.

¿Me oyes? - Sí, madre.

- Ese hombre era un romano. Si encuentran a tu tío,

le matarán. - No van a encontrarle, hijo.

Conoce el monte mejor que nadie. - Está herido y desarmado.

Tú sabes dónde está? verdad?

Estaremos bien.

(Relincho)

- ¿Por qué me sigues? -Me llamo Paulo.

He venido a luchar contigo. Yo también soy enemigo de Roma.

- No, te has equivocado de hombre, muchacho.

- Solo no podrás acabar con Roma, yo puedo ayudarte.

- ¿Tú cuántos años tienes? Haz me caso, vete lejos de aquí,

construye una casa, búscate una mujer,

trabaja y olvídate de Roma, es lo mejor que puedes hacer.

¿Es que no me has oído? ¡Que te vayas!

- ¿Adónde? Han arrasado mi hogar, han capturado a mi prometida.

No voy a ir me sin ella.

- Pues, deberías. Porque probablemente...

...a estas alturas ya esté muerta. - No lo está, le he visto.

Entré en el campamento romano, pero necesito ayuda para sacarla.

- ¿Tú estás loco? - No más que tú.

Has matado a un mensajero en medio del pueblo con una lanza.

- Sí, ¿y qué crees que he conseguido?

Que quizás algún inocente pague por mi odio.

- ¿Es así como rendístributo a Roma, matando a su mensajero?

Salvajes malnacidos, escuchad me bien.

Yo, el general Marco V Cornelio tendré piedad de quien me diga...

...quién ha osado desafiar así el poder de Roma. ¿Nadie?

¿Quizás es que no hemos matado a suficientes hispanos?

Entendedlo bien, a partir de ahora, sois propiedad de Roma.

Vuestras casas son nuestras, vuestras mujeres son nuestras,

vuestras vidas pertenecen al pretor Servio Sulpicio Galba.

Si alguien sabe algo del asesinato cometido contra Roma y calla,

pagará su silencio con su vida.

(TOCA UN SILBATO)

- ¿Qué hacemos aquí?

¿Vives aquí? -De niño siempre me escondía...

...en esta cueva cuando tenía problemas, casi nadie la conoce.

- ¡Ah! - ¡Quieto!

Primero me robas y ahora quieres matarme, malnacido. ¡Ven aquí!

- Lo siento, creí que eras un romano.

- Suéltalo, Sandro. - Este es el ladrón.

- No soy un ladrón, no podía esperar,

¿tú no lo hubieras hecho por tu mujer? Está esclava,

se la llevaron en medio de la boda. - ¡Suéltalo, suéltalo!

¿Qué haces aquí? - Vinea traerte esto...

...ya convencerte de que abandones esta locura,

no puedes enfrentarte a los romanos.

- Sandro, primero perdí a mi esposa y luego he perdido a mi hija.

Tú, en cambio, tienes a tu mujer ya tu hijo;

así que, no te atrevas a decirme qué debo o qué no debo hacer.

- Lo siento. - Y yo.

¡No tenía que haber confiado nunca en ti! ¡Nunca!

¿Por qué confiamos en Roma? - Un hispano nunca traicionaría...

...su palabra. - ¿Y de qué sirve tener palabras,

si no tienes a nadie a quien prometerle nada, ¿de qué sirve?

- Para diferenciarnos de ellos.

- Pues aquí, hoy, sobre esta tierra bajo la que descansa mi sangre,

te juro que acabaré con ellos, que los voy a hacer sufrir,

que llorarán por sus familias y por sus amigos.

Te juro que cada noche habrá un romano menos en esta tierra;

te juro que después de acabar con ellos, los pocos que queden...

...con vida creerán que en vez de haber estado en Hispania...

...han estado en el infierno. - ¿Y cómo piensas hacerlo?

Si tú mismo dijiste que solo en Roma hay tantos hombres...

...dispuestos a luchar como en cinco Hispanias.

- Uno a uno, tengo todo el tiempo del mundo.

- Vete, si quieres. Pero solo conseguirás que te maten.

- ¿Y quién te ha dicho que me importe?

- Cuando éramos niños, eras mejor que yo en todo:

peleabas mejor, pescabas mejor, partías la leña mejor;

mi madre siempre te ponía de ejemplo. No te imaginas...

...cuánto te odiaba. Después te casaste con Irene,

la chica de la que yo estaba enamorado desde niño.

Yo, en cambio, me casé con tu hermana,

que tiene muchas cosas buenas, pero la mano más larga que ancha.

Y luego tu vistea Altea, la niña más bonita.

Y yo tu vea ese mendrugo que tengo por hijo...

...y que quiere ser carpintero. - Sí. Y después lo perdí todo.

- Sí. - Dame entonces una razón...

...por la que debería importarme morir.

- No sé si debe importarte morir o no,

lo que sé es que si después de todo eso no te maté yo,

no voy a dejar que lo haga un romano.

Y que si vas a luchar, me tendrás a tu lado.

- ¡Padre! ¿Qué ocurre, padre, qué hacen?

- Cargadlo en ese caballo. - Ese caballo es mío.

- Ya no, ahora es un caballo de Roma.

- ¡Suéltalo, suéltalo!

- ¡No! No. No lo hagáis, os lo suplico.

¡Porto dos los dioses! Es mi único hijo.

Llevaos el caballo, os daré todo lo que tenemos,

pero no le hagáis nada. - No, padre.

- Tendrás que hacerme una oferta mejor.

Ya me he llevado todo lo que tienes.

- Os lo suplico. - Está bien, hazlo.

Arrodílla te y suplica. - ¡No!

- Bésemelos pies y le perdonaré la vida.

- ¡No, padre, no!

¡Padre!

¡No!

- ¿Ahora te gustaría tener una espada para luchar?

- ¡No!

- Señor, el pretor pide que vuelva al campamento.

Su esposa ya está lista para partir hacia Roma.

- ¡Vámonos! - En marcha.

- ¿Dónde está su honor?

- He salvado la vida de mi hijo.

- Estaba dispuesto a morir. - ¿Por qué? ¿Por un caballo?

- Por mi pueblo. - No, por orgullo.

- Creí que me había educado para eso, para defender...

...a mi pueblo, no para arrodillarme ante los enemigos.

Yo no voy a volver a hacerlo.

(LLORA)

-Manda un mensaje cuando llegues. -Lo haré.

-Señor, la escolta está preparada.

- Esta réesperando vuestro regreso a Roma.

- Claro, querida. Pronto.

- Buen viaje, señora.

- Se no tará su falta. - Sí.

Todos viviremos más tranquilos.

- ¡En marcha!

- Dios de la guerra, yo te doy mi vida,

mi sangre, mi juventud,

renuncio a mis posesiones y privilegios para servirte,

pero ayúdame. Ayúdame a derrotar a los hombres impíos;

permíteme, al menos, una muerte honrosa.

- ¿De verdad crees que conseguiremos acabar con todos los romanos?

- Pues con todos no lo sé, pero espero que los suficientes...

...para que se marchen. - ¿Cuánto nos llevará?

- El que haga falta. - Mi prometida...

...no tiene tanto tiempo. - Si no la han matado aún,

no lo harán, esperarán para venderla.

- ¿Y si cambian de idea? - Dejemos una cosa clara,

si no estás a gusto, ya sabes qué hacer.

-No eres distinto de los miembros del Consejo.

- ¿Eso piensas? Pues vete.

- Mientras el perro ladra no puede morder.

- Pero antes y después sí. - Siempre que te queden dientes.

(CHISTA) - ¿Habéis escuchado esto?

- ¿El qué? - No he oído nada.

- Por eso mismo. En el bosque solo se hace el silencio...

...cuando entra un extraño.

- ¡Alto el regimiento! ¡Alto!

- ¿Por qué os detenéis?

- ¡Ja!

(GRITA)

(JADEA)

¿Por qué no deja el cuchillo donde pueda verlo?

- ¿Quién eres? - Las preguntas las hago yo.

¿Quién eres tú? - Soy la mujer del pretor romano...

...que gobierna estas tierras y que te matará cuando se entere.

- ¿Eres la mujer de Galba? - Sí, ¿qué quieres?

¿Dinero? ¿Joyas? Está todo ahí, cógelo.

Puedo darte lo que quieras.

¿Qué pasa?

¿No es suficiente?

- Eso servirá para que la gente a la que tu marido ha dejado...

...sin padreo sin hermano pueda vivir un día más.

Pero no, no es suficiente pago por asesinar a mi pueblo.

- ¡No me toques, sucio salvaje!

Este vestido vale más que todo tu pueblo junto.

Exijo una muerte rápida y honorable.

- Quítate la ropa.

- Yo no soy una de tus bárbaras. - Aquí lo único bárbaro...

...tiene sangre romana, ¡quítate la ropa!

Quítatela.

- ¿Te gusta? Disfruta, porque seré la última mujer...

...que veas en tu vida.

- ¡Cúbrete! Y sube al caballo.

Dile a Galba que mi pueblo no se rendirá.

Dile que acabaremos con él igual que él hizo con nosotros,

sin piedad.

Ah, y dile que lo mataré, solo es una cuestión de tiempo.

¡Ah!

- Que las patrullas se turnen en Caura, Norba y Aeminium.

No quiero que esos hispanos dejen de notar nuestra presencia.

Ante cualquier indicio de rebelión o alzamiento,

quiero una respuesta rápida y contundente.

Pero sin llamar la atención.

Pronto tomaremos Cartago y las tropas de la República...

...se dirigirán hacia aquí, no me gustaría tener problemas.

Y, si yo no quiero problemas, vosotros tampoco.

- Señor. - Marco.

- Un centinela solicita su presencia.

- ¿Para? - Creo...

Es mejor que lo vea usted mismo, señor.

- ¿Qué estáis mirando? ¡Bajadme de aquí!

Dijo que te mataría,

que se vengaría por todo lo que le has hecho a su pueblo.

Y que solo era cuestión de tiempo. -Ya, ya. ¿Cuántos hombres eran?

- ¿Es lo único que te importa, no? - Es curiosidad, querida.

Intento saber quién ha osado desnudar a mi esposa y por qué.

- No lo sé, tres o cuatro, no pude verlos a todos.

- Solo...tres o cuatro hombres. - Quizá alguno más, fue muy rápido.

- ¿Cómo se explica que un grupo tan reducido de hispanos acabe...

...con la escolta de mi esposa? - No lo sé, señor.

- ¿No lo sabes? - Envío nuestra mejor caballería...

...a patrullar los caminos. Yo mismo saldré con otra.

Ya hay patrullas custodiando el campamento.

- Después de la lección que les dimos,

está claro que no han comprendido el mensaje.

- ¿Túnicas de esclavos? ¿Es lo único que has encontrado?

- Lo siento, dómina.

- Enviaré a alguien al poblado para que te traiga ropas adecuadas.

- Déjalo, quiero volver a Roma cuanto antes.

- Prepararé una nueva escolta de inmediato. Al atardecer,

podrá emprender camino, señora. - No.

- ¿Cómo?

- Eres la única persona que puede reconocer a ese hispano.

Te quedarás aquí hasta quedemos con él.

- Ni lo sueñes.

Cada día en esta pocilga es como un siglo en el infierno.

- En esto estamos de acuerdo, querida.

Forma a los prisioneros, quiero hablar con ellos.

- Enseguida. - ¡Marco!

Y detén a los centinelas que vieron a mi esposa desnuda.

Arráncales los ojos.

- Sí, señor.

- No entiendo por qué no la has matado.

- No había razón para hacerlo. - Me gustaría ver la cara...

...del pretor cuando la vea regresar.

¿Qué crees que harán los romanos? - Supongo que mandar la legión...

...a por nosotros. -Primero tendrán que encontrarnos.

- Nos encontrarán.

Y cuando lo hagan, les estaremos esperando.

¿Qué hombre de Caura se atrevería a atacar a Roma?

¿Quién se atrevería a robarnos y amatar a nuestros hombres?

Esos romanos vinieron aquí y asesinaron a mi hija...

...ya cientos sin una razón.

¡Romanos! ¡Vienen los romanos!

Buscan armas, a quien tenga le darán muerte.

- ¿Mis armas en una herrería? - No se puede saltar la prohibición.

- Una daga también mata. - Si le matas a sangre fría,

¿qué te diferencia de ellos?

- Soy feliz de presentarte a Alejo, al que te daré en matrimonio.

- Tendremos tiempo de sobra.

- Podemos escaparnos. - Olvídalo, no puedes.

- En el ahorcado valdrás... - Galba es un buen amante.

- ¡No! - Por aquí.

- No le abandona.

- ¿Tendrías que informarle de esto a mi marido?

- Entraremos en el campamento. - Dime que no harás eso.

- Si quieres iré contigo, pero no saldremos con vida.

- ¿Cuál es tu nombre, legionario? ¡Tu nombre!

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