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(Música)
# "Y al compás del marro
# quiero repetirle al mundo entero:
# yo..., yo soy minero". #
(Señales horarias)
"Tercer diario hablado de Radio Nacional".
¡Parte!
"El Plan Energético Nacional ha sido el principal acuerdo adoptado
en el Consejo de Ministros,
que se ha celebrado en el Palacio del Pardo
con la presidencia del jefe del Estado".
"Paco, por favor, ¿nos amplias las referencias?".
"Sí, el plan culmina una serie de acciones
adoptadas durante el pasado año,
y define los objetivos y medios ara alcanzarlos hasta 1985".
¿Qué es eso?
-¿El qué?
-¡En el cortijo!
-¡Vamos!
¡Vamos, cojones!
¡Rubio, ven! ¡Dile a tu hermano que traiga otro cubo!
-¡Vamos, cojones! ¡Venga, agua!
-¡Rubio, ve por cubos!
¡Niño, coge la moto!
¡Llama a los bomberos! ¡Corre!
¡Venga, trae más agua, Rubio!
(Sirena)
¡Picazo!, ¿qué ha pasado?
¡Picazo!
¡Picazo!
¡Cabo!
Cabo, venga, por favor, tiene que ver esto.
-Son dos muertos. -Joder.
Madre de Dios.
¿Quién coño es esta gente?
¡Cabo! ¡Cabo, venga usted!
Tiene que ver esto.
Está llena de sangre.
-Cabo. -¿Qué pasa?
En el camino hay otro muerto.
(Sintonía)
"Tal y como les contábamos hace unos días,
el pasado 22 de julio cayó el horror
sobre el cortijo de Los Galindos, en Paradas".
"Un tranquilo pueblo sevillano, donde aparecieron
cuatro trabajadores salvajemente asesinados".
-"La desaparición de Francisco Picazo,
capataz de la finca, le había convertido en sospechoso,
hasta que hoy se ha encontrado su cuerpo
en avanzado estado de descomposición a unos metros de la vivienda".
"Ahora son muchas las preguntas por resolver".
"¿Por qué no se le encontró antes?".
"Y si él no fue, ¿quién o quiénes son los autores
de los cinco crímenes?".
Tengo aquí una carta que os va a gustar.
No solo vamos a ir todos al infierno,
sino que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos
serán malditos y relapsos por siete generaciones.
-¿Qué quiere decir "relapso"? No sé lo que significa.
Es cuando persistes en el pecado.
¿Y tú por qué sabes esas cosas?
Muchas horas con las monjas.
Pobrecitas si te vieran ahora, hecho un relapso de la hostia.
-¡Becario!
Tú, espabilado, el del pueblo.
Si es que es la hostia que no me lo hayas dicho.
O sea que eres del pueblo donde se ha cometido el crimen
más importante en España en los últimos...
50 años.
Y te lo callas.
A ver, no es que me lo calle, es que no surgió.
¿No surgió?
Vamos a ver, ¿tú qué tienes ahora?
De trabajo, digo. ¿No te habrá salido algo?
Pues la verdad es que no.
Yo, ahora, me bajo al pueblo por Navidad y...
¡Oh, perfecto!
¡Perfecto!
Vamos a hacer una cosa.
¿Por qué no aprovechas para tomar unas notas? Va.
Quedan ocho.
Haces una fotos...
y escribes un par de folios
sobre el estado de ánimo...
Siete.
Sobre el estado de ánimo del pueblo, pero desde dentro,
no como el típico periodista que va a meter las narices.
La cosa es que en el pueblo está muy reciente todavía,
y mi madre no...
Claro. No, perdona, perdona.
No, no, no. No sigas.
No, de verdad, lo siento.
No sé ni cómo se me ha...
Perdóname, ¿eh?
Lo siento.
Te dejo con la fiesta.
-Yo tengo aquí, las fiestas... Ya.
Puedo intentarlo.
¿Qué?
Ah, no, de verdad.
Puedo ir al...
Voy al pueblo... No, déjalo, en serio.
Que ahora me siento yo...
Que sí, de verdad, puedo ir, voy con cuidado...
Con cuidado no.
Claro, con cuidado no. Si vas, vas.
Y si traes algo interesante y no tenemos otra cosa,
igual lo publicamos.
Y si lo publicamos,
es un comienzo, Onofre.
(LLAMAN A LA PUERTA)
¿Sí?
-Jefe, es Ágata.
-¡Ágata, guapísima! -Solís.
Onofre, al pueblo.
¿Qué tal Jacinto Molina?
-Muy bien. -¿Bien?
-Onofre... Perdón.
¿Cómo se llama la película?
"La Navidad de los pueblos de España en el servicio general de RTVE".
(Villancico instrumental)
Quillo, que viene otro.
Buenas.
Buenos días.
-¡Anda, coño!
-¿Seguro que tienes carné? Sí, señor.
Pues ya puedes tener cuidado, porque como me lo rayes, te capo.
Gracias. Gracias.
-¿Cuánto te ha dado?
Ahora te lo digo. No, dímelo ya.
Indícame, anda.
Al fondo. ¿No ves que es el único hueco?
Buenos días. Gracias por venir.
Adelante, coged lo que queráis.
Jorge, cariño, ten cuidado, a ver si te vas a caer.
Déjalo que corra, es un niño.
Pero si es que se va a poner perdido.
Déjalo que disfrute.
Rosita, que hoy eres una invitada, eres de la familia.
Anda, vete con tu marido.
-¿Sí? -Estás muy guapa.
Anda, vete y descansa.
-Ay, muchas gracias. -Disfruta.
-¿Qué hay, Picazo? Cabo.
Día del señorito, ¿no?
-Doña Concha se ha empeñado en invitarnos.
-Claro, os lo merecéis, mujer. Aunque solo sea por una vez.
-Pues mire usted, que yo me veo rara.
-(RÍE)
(TOSE)
¿Estás bien, papá? Sí, estoy bien.
-Se ha empeñado en recorrer la finca.
El ojo del amo engorda al caballo.
-¿Quieres que te llevo dentro? Que no, estoy bien.
-Sí. Que estoy bien.
-Que sí. Que estoy bien, Olga.
¿Dónde está tu marido? -Ahora viene.
Ha dicho que tenía una sorpresa para Jorge.
¿Otra sorpresa?
Ay, bendito... ¡Papá!
¿No te parece bastante el cochazo con el que se ha presentado?
¿De dónde lo ha sacado?
Un amigo le ha hecho un precio. Ah.
-¿No sabes que Rafael tiene muchos contactos en muchos sitios?
Mira.
Ahí viene el de los contactos.
(Aplausos)
¡Ole!
So.
Hoy, mi hijo Jorge hace la primera comunión.
Eso quiere decir que ya es casi un hombre.
Como todos sabéis,
los hombres de mi familia hemos sido siempre grandes jinetes.
Y mi hijo Jorge no va a ser menos.
Ven aquí, hijo.
Venga.
¡Vamos, coño! ¡Que es un caballo, no un león!
Ya te enfrentarás a uno de esos cuando vayamos de safari.
Acércate, tócalo.
Que te conozca.
Si nota que le tienes miedo, nunca te va a respetar.
Tócalo. ¡No!
Tócalo.
-Ya está. -Ya se manchó el traje.
¿Estás bien, hijo?
Rosi, llévalo a la cocina y cepíllale el traje.
-Sí, señora.
Con permiso.
Anda, llévatelo.
No pasa nada.
Suegro. Hola, hijo.
¿Cómo estamos?
Doña Olga, qué guapa está usted.
-Gracias. A ti te quería ver yo.
Mamá.
Padre. -Señor marqués.
Ay... Yo no sé a quién ha salido este niño.
¿Seguro que es mío, Concha?
-Por Dios, este hombre, de verdad...
Esto de tener al servicio como si fueran invitados...
¿Nos estamos haciendo comunistas o qué?
Rosita y Picazo conocen a Jorge desde que nació.
¿Y traes al hijo del Ceferino a aparcar los coches?
¿Eso qué es?
¿Les regalamos la finca para que se monten una comuna jipi?
Rafael, por Dios, su madre es prima de Rosita,
y el muchacho no tiene culpa de lo que haya hecho su padre.
Está ahí fuera, no molesta.
Le vendrá bien lo que se saque en propinas.
Seguro que ha heredado las ideas del padre.
De tal palo, tal astilla.
-Marqués. ¿Qué pasa, Joaquín?
No sé cómo no os dais cuenta.
De verdad, no sé cómo no os dais cuenta.
¿Qué hay?
Al Caudillo no le queda mucho,
y están deseando comernos por las patas, te lo digo.
Los de las comisiones jornaleras esas.
Sí.
Están intentando montar una huelga. ¿Cómo te quedas? Muerto, ¿no?
Muerto. Así me quedé yo.
Como no tengamos cuidado...
Como no tengamos cuidado, vamos para otra guerra.
Pero esta vez, no dejamos ni uno.
-Déjalo ya, anda. No es momento de hablar de esas cosas.
Mira, estás asustando a mi madre.
Doña Olga, no se asusté usted, con lo que yo la quiero.
Anda, ve a cambiarte, que van a echar el arroz.
Espera, mujer. Deja que tome algo y salude a la gente.
¿A qué hemos venido?
¡Hombre, José Luis!
Buenas tardes, don Rafael. ¿Quiere beber algo?
Pues sí, pero mejor no te digo el qué.
Anda, ponme una copita de fino.
Muchas gracias. Con permiso.
Qué guapa que estás, Rosita.
-Tú sí que estás guapa.
Anda, llévales algo de beber a los muchachos que están fuera.
Mi Onofre se va a achicharrar con la calor.
Se te va a quedar en nada.
-Tu sobrino y yo no tenemos nada.
-Será porque tú no quieres.
No has visto uno así en tu vida.
¿Y tu en Madrid sí o qué?
Hombre, en Madrid...
-¡Chiquillo, ni se te ocurra romper eso!
No veas el susto que me has dado.
-Muchas gracias. Muchas gracias.
Tenía la boca ya que se podían prender cerillos, como un zapato.
Gloria bendita. Gracias.
-Menudo calor, ¿no? Y eso que todavía estamos en mayo.
-Sí, pero la cerveza está fresquita.
-¡Digo!
¿Y tú cuándo vuelves a Madrid?
En dos semanas, que tengo los exámenes.
¿Y no vas a volver en verano?
Supongo que sí.
Pues no sé yo, ¿eh? Porque ya casi nunca vuelves.
-Está de un descastado...
Nada más que quieres Madrid.
A saber qué te dan en Madrid.
¿Qué dices? ¡Anda!
¿Cuándo me he perdido yo las fiestas de la Virgen?
Claro, claro que voy a venir.
Mira, tu tío.
(BURLÓN) Claro, claro que voy a venir.
¿Estás tonto? Claro que voy a venir.
Te quiero... Gilipollas.
-Sobrina. -¿Qué pasa, tito?
No veas qué calor, ¿no?
¿Quieres una cerveza bien fresquita?
-Por favor.
-Te la traigo ahora mismo.
-Qué guapa estás, ¿no?
¡Pedro!
¿Qué ha pasado con la valla de abajo?
Alguien la habrá tumbado, no sé quién.
Eso no se puede quedar así.
Mañana iré a arreglarla, que tardo un momento.
Mañana no, ahora.
Ya me iba para casa.
Pues si te vas, no vuelvas mañana.
Pasadlo bien. -Adiós, tito.
Felices fiestas. Gracias.
¡Madre!
¿Madre?
¿Onofre?
Ay, mi niño...
¡Ay, qué alegría!
A ver que te vea.
¡Qué guapo estás, hijo!
¿Dónde está padre?
Tu padre está en una asamblea del sindicato,
por lo del muchacho que mató la Policía en Málaga.
Qué pena de muchacho.
Y todo por la política.
Todo es política, madre. Ya.
(LLAMAN A LA PUERTA)
¿Se puede? Sí.
Por si tienes frío.
Muchas gracias.
Bueno, tú ya te habrás acostumbrado a la calefacción, ¿no?
No te creas.
Si vieras el piso en el que vivo, hay un mogollón de cucarachas.
Míralo, si ya habla como los de Madrid.
Deja eso, madre. Ya lo hago yo.
Si no me cuesta, hijo.
Además, ¿para qué estoy yo?
¿Tú cómo estás, madre?
Bien.
¿Bien?
Sí.
Y padre, ¿ha conseguido algún trabajillo?
A tu padre no lo contratan mucho, Onofre.
Pero bueno...
¿Y cómo están los titos con lo de Rosita?
¿Cómo van a estar, hijo?
Ay, mi prima...
Pobre muchacha, con lo buena que era.
Y el Picazo, con lo bruto que era con ella.
(BAJANDO LA VOZ) Fíjate, que al principio
yo también pensé que había sido él.
Y mira, mira luego.
Luego resultó que a él también le habían matado.
(BAJANDO LA VOZ) Yo no sé lo que se le puso a ese Pedro en la cabeza
para hacer lo que hizo.
¿Tú crees que fue él?
Sí.
Primero los mató a todos y después se mató a él mismo.
Así fue como nos lo contó la Policía, Onofre.
¿Y la Chelo?
Bien.
Bueno, tú ya tendrás alguna novia por Madrid, ¿no, hijo?
Madre.
¿Pasa algo con la Chelo?
Escúchame una cosa, Onofre.
La familia de la Chelo y la nuestra no se hablan.
Para nosotros, los parientes de Pedro no existen.
Así que ni se te ocurra acercarte por su casa.
¿Me oyes?
Anda, mira, eso ya lo terminamos mañana, hijo.
Dame un beso.
Y no te quedes leyendo mucho rato, que es malo para la vista.
Que sí.
Buenas noches. Buenas noches.
Pero, Leandro, ¿cómo le echas un palo?
¡Échale una copa!
Pero ¿cómo le puede echar...?
(RÍE)
¡Vaya pintas que me traes, muchacho!
¿Qué tal? ¡Cuánto tiempo!
¡Ven aquí, a los brazos de tu Eutropio!
¿Cómo estás? Bien, ¿y tú?
Anda que te pusieron bien el nombre, que eres clavadito al santo.
¿Qué dices?
¡Si pareces un ermitaño con esas greñas!
Tú también lo tienes largo. Yo también he estado en la capital.
Claro, eres un moderno. ¡Hombre, no!
Moderno esto, mira.
¿Qué número llevas? El siete.
¿El siete? Oye, es bonito. ¡Qué alegría!
-Buenos días. Dice mi padre que si ya te lo han traído.
-Dile que lo siento, que todavía no lo han traído.
Hola.
Eutropio, te dejo esto aquí. Ahora vengo a por las botellas.
¿Ya estamos?
¡Chelo!
¡Chelo!
Chelo.
Aquí no.
No pueden verme contigo, Onofre.
Pero ¿por qué?
¿Qué tiene que ver eso con nosotros?
Tú no sabes lo que es esto.
Nos han echo la cruz en todo el pueblo.
Y mi tío Pedro no fue, Onofre. ¡No fue!
Da igual lo que diga la Policía.
Claro, tú también piensas que fue él, ¿no?
No, yo no tengo ni idea de quién fue, Chelo.
Fuera quien fuera, no tienes la culpa.
Ya. Pues eso cuéntaselo a tu familia,
porque no pararán hasta echarnos del pueblo.
¿Tú tienes alguna idea de...? No, pero mi tío Pedro no fue.
Tú no sabes lo que ha sido esto.
Bueno, lo que ha sido y lo que está siendo.
Ya, me imagino.
¿Tú qué te vas a imaginar?
¡Tú no tienes ni idea!
¿Cuándo fue la última vez que estuviste aquí?
(RÍEN)
Qué gracia.
Vamos a ver, Joaquinito.
Si tú tienes mando en plaza, coño. -Sí.
¿Quién te va a decir si haces o dejas de hacer?
No es tan fácil, marqués.
Porque yo tengo que rendir cuentas,
por muy director de la sucursal que sea.
No te me vayas a echar atrás ahora, Joaquinito. No me jodas.
No me echo para atrás, es que hay que ir con tiento.
No hay que llamar la atención,
y eso se hace con pequeños movimientos.
Tú, porque eres como una vieja, coño.
No tienes ni puta idea de cómo se hacen los negocios hoy en día.
A ver si después de meteros en este asunto, me dejáis colgado.
Que no, coño. ¿Seguro? ¿Puedo fiarme de ti?
Sí, claro que sí.
Madre mía, mira eso.
Hay que ver, Chelito,
lo guapa que te has puesto de la noche a la mañana.
Me han dicho que bailas estupendamente.
¿Por qué no bailas algo para estos amigos míos?
¡Venga, mujer! Aguanta.
Yo te toco las palmas, venga.
¡Vamos! ¡Ole! ¡Ole!
No, señor marqués. Yo bailo muy malamente.
-Vamos, Chelito.
¡Vamos! ¡Si lo lleváis en la sangre!
¡Báilanos un poquito, mujer!
¡Qué esaboría eres, niña!
Ojú... Madre mía, cómo ha florecido.
Esta niña está ya para que le echen el macho.
¿Sí o no?
Esta potrilla está pidiendo que la cubran.
"Aunque han pasado más de dos años desde el crimen,
el pueblo sigue dividido".
"Nadie quiere hablar del asunto
y casi todos dan por buena la versión de que fue Pedro
el culpable de matar a Picazo, a Rosita,
a su propia mujer, Ascensión,
y a Clemente, un tractorista".
"Luego, supuestamente, y siempre según la versión oficial,
le metió fuego al cadáver de su mujer en el pajar
y se mató a sí mismo".
"Los únicos que dudan son los familiares de Pedro".
(LLAMAN A LA PUERTA)
¡Un segundo!
¡Ya!
¡Onofre, mira quién ha venido a verte!
¡Luisito! -¿Cómo estás?
¿Qué pasa, tío?
¡Deja de tanto abrazar, maricón!
¡Tenía ganas de verte, coño!
-Venga, que os saco unos botellines. -Muy bien.
-¿Cómo está tu madre?
-Está mejorcita. A ver si vas a verla.
-Bueno... -Venga.
¿Un chirri?
¿Tienes? ¡Hombre que si tengo!
Vamos a salir para fuera.
# (AMBOS) Si tú me quieres, yo te quiero a ti.
# Para ti, para mí. Para ti, para mí.
# Si tú me quieres, yo te quiero a ti.
# Dame fuego. Dame fuego.
# -¿Para qué?
# Para quemar este sentimiento.
# (AMBOS) Dame fuego, dame fuego, que si no se lo lleva el viento. #
Madre mía, qué de tiempo.
Tela, tío.
¿Y tú, cómo estás?
Bien.
¿Qué tal la revista de las tías en pelotas?
A ver, mírame.
¿Tú estás presente cuando les hacen las fotos?
Mírame.
Tú tienes ojitos de haber visto tetas.
¡Que no he visto tetas!
Tienes ojitos de haber visto hasta felpudos.
¡Que no he visto nada! Has visto felpudos.
Que yo no estoy cuando hacen las fotos.
Ah, vale.
Pero bueno, ¿por aquí qué tal?
¿Cómo va la cosa?
Por aquí, como siempre.
Mucha lucha, deseando que las cosas cambien.
Deberías volverte para acá.
Gente como tú hace falta aquí.
Pero si yo soy periodista.
Eso es lo que hace falta, gente que escriba de lo que está pasando
y que se entere todo el mundo.
-Aquí tenéis.
Y unas aceitunitas aliñadas por mí.
Después te llevas unas pocas, que a tu padre le gustan.
-Y a mí también me gustan.
Gracias, madre.
Estás muy guapa, Paqui.
-Ya.
-Oh, están buenísimas.
Qué olfato ha sacado tu madre, ¿no?
¿Has visto que se ha quedado mirando?
Toma, coge una.
Espera, no tengo manos.
Están buenísimas, la verdad.
Sí.
Oye,
he visto que la gente sigue muy revuelta
con el tema de Los Galindos.
¿Cómo quieres que esté el pueblo?
Aquí, a todo el mundo le ha tocado algo.
Quillo, si Micaela, la de la mercería,
ya no le hace encargos a tu madre.
Después de tantos años.
En este pueblo, todo el mundo es o de un bando o de otro.
Menos yo, que soy un mil leches.
Y, Luisito,
¿tú crees que fue Pedro, el tío de la Chelo?
Yo qué sé, Onofre.
Yo qué sé.
Es que se han dicho tantas cosas...
Desde que era un asunto de drogas hasta ritos satánicos.
¿Sabes lo que yo pienso?
Que no interesa que se sepa la verdad.
No le interesa a los de siempre, a los terratenientes.
Porque mientras el pueblo siga desunido,
los terratenientes siguen viviendo de puta madre.
Al final, sigue siendo todo política.
Todo política.
-¿Qué cojones haces?
¡Dime quién coño te ha mandado!
¿Eso qué es?
Malaje, que eres un malaje.
¡Fascista! ¡Desgraciado!
¡De todo esto, el pueblo toma nota!
-Tranquilo, Ceferino. -¡Yo estoy muy tranquilo!
¡No tenéis derecho a borrar lo que el pueblo legítimamente reclama!
-Vete ya para casa. -¿Qué me voy a ir a mi casa?
-Ceferino, por Dios. -¡Ni Dios ni hostias!
# Arriba parias de la tierra.
# En pie, famélica legión. #
Venga, padre, vamos a casa.
Ay, hijo, canta conmigo.
-A ver si a ti te hace caso.
-Venga, vamos.
# Agrupémonos todos
# en la lucha de final. #
¡Vale ya, padre! ¡Se acabó!
Vamos para dentro, por favor.
Vergüenza es lo que he sentido.
¡Que te pongas del lado de esos fascistas en vez de conmigo!
Vale ya, padre.
Al lado de los que asesinaron a tu abuelo.
¿Qué? Él no ha matado a nadie.
Es un alguacil.
Me dejé un ojo en los calabozos por plantarles cara,
y ahora me veo con la represión en mi propia casa.
¿Y tú no dices nada?
¡A ella no la metas!
¡Que bastante hace dejándose la vista para que tú comas!
Yo no trabajo porque no me dejan.
Me niegan el primer derecho que tiene un hombre:
el de llevar el pan a su casa.
¿Por qué no te fuiste a la vendimia a Francia?
¡Porque no me daban el pasaporte!
¡Pues te vas a recoger peras en Lérida,
que no hace falta pasaporte!
-¡Mira! Que sea la última vez que le hablas así a tu padre.
¡La última!
-Me voy a la cama.
Lo siento.
Tu padre lo ha pasado muy mal, muy malamente.
Por sus ideas y por ser hijo de quien era,
no lo contrataban ni en el empleo comunitario.
Que se la tenían jurada.
¿Y tú qué?
Yo estoy bien.
Aquí nunca ha faltado nadie que nos ayudara.
Onofre, en los pueblos también pasan cosas buenas, que te enteres.
Pero vamos a ver, ¿cuál es el problema ahora?
¿Cómo?
No me lo puedo creer.
¿Y qué tenían de valor los otros ascensores?
¿Quién fue el imbécil que los compró si no estaban homologados?
Esto empieza a parecer un pozo sin fondo.
Ya.
Más vale que me enseñéis bien las cuentas
porque me estoy jugando mucho.
Te tengo que dejar.
¿Con quién hablabas?
Nada, los de la cooperativa. Ah.
Que siempre están dando la lata.
Si no es una cosa es otra. El campo es así.
No tiene horarios, no hay nada seguro.
Pero tampoco hay nada más seguro que el campo.
La gente tiene que comer.
Rafael,
llevo varios días dándole vueltas a una cosa y te tengo que preguntar.
Usted dirá.
¿De dónde has sacado el dinero
para comprar el caballo que le regalaste al niño?
Bueno, tampoco costó tanto.
Es que no es solo el caballo, Rafael.
El caballo, el Mercedes...
¿El Mercedes?
Me hicieron un buen precio.
¿La fulana a la que mantienes también te hace un buen precio?
Coño, suegro.
Eso sí que es disparar con balas.
Mire, yo le juro... No me tienes que jurar nada.
Quiero saber de dónde has sacado el dinero,
porque lo que yo os doy no da de sí para tanto.
Bueno, ya sabes que...
estuve en Estoril, visitando a don Juan.
Esa es otra.
¿Por qué tienes que señalarte yendo a visitar a don Juan?
Franco no lo traga.
A Franco le quedan dos telediarios, suegro.
La monarquía va a volver y las cosas van a cambiar.
Y Juan Carlos sabrá
quiénes apoyaron a la familia real y quiénes no.
¿No me dirás que don Juan te dio el dinero?
Está tieso como una mojama.
No.
Mientras estaba en Estoril, fui al casino...
y... tuve suerte.
Me llevé un buen pellizco a la ruleta.
Así que esa es la idea que vosotros tenéis
de cómo se mantiene un patrimonio:
jugándoselo a la ruleta.
No me extraña que estéis como estáis.
Algún día se llevará usted una sorpresa conmigo.
Ya me he llevado unas cuantas, y ninguna agradable.
(TOSE)
¿Se encuentra bien?
Sí.
Muy bien.
"¿Qué hace durante el día?".
-"Pues nada, sentadita en mi sillón, y vaya usted con Dios, ya está".
-Estoy preocupada por tu padre.
No lo veo bien.
-Ya verás cómo mejora, mamá.
El médico dijo que solo tiene que descansar.
Ahora que Rafael se hará cargo de todo, será más fácil.
-Eso espero.
(TOSE)
Oye, Concha.
¿Por qué no me has dicho que tu marido juega?
-No juega.
Ah, ¿no? Me ha dicho que el dinero del caballo y del coche
lo ganó en Estoril, jugando a la ruleta.
Puede que acompañara a alguien y se animara a jugar, papá.
Rafael tiene sus defectos, pero nunca ha sido jugador.
Que tú sepas.
Ya está bien, papá...
-Por Dios, Alejandro, es que no lo dejas respirar.
-"Toda la vida ha estado un anciano siendo alguien dentro de la familia,
y de la noche a la mañana, sin esperarlo,
se encuentra carente de toda autoridad,
y eso es lo que le enferma".
Otro cualquiera lo habría mandado a paseo hace mucho.
Está mayor, Rafael.
Y lo de Fito está todavía muy reciente.
Ya va siendo hora de que lo supere, que yo no soy tu hermano.
Yo sé cuidar perfectamente de los intereses de la familia.
A fin de cuentas, vas a heredar tú, no yo.
Y todo va a ser para nuestro hijo, su nieto.
Te recuerdo que llevará un título gracias a su padre.
Parece que se nos olvida lo que yo aporto a esta familia.
Que ya lo sé. Ya, ya lo sé...
Tienes que defenderme más, Concha.
Yo te defiendo tanto como puedo, mi vida.
Pero tú podías tener un poco más de mano izquierda con él.
¿Más mano izquierda?
No sé qué más quiere, de verdad.
Dice que no le rindes cuentas.
Ah, ¿que no se fía?
Que no es eso.
Es que le gusta saber lo que pasa en la finca.
¿Y tú tampoco te fías o qué?
Claro que sí, mi amor.
Algún día vais a ver lo mucho que hago por esta familia.
Tengo entre manos una cosa que...
le va a dejar con la boca abierta, a todos.
¿Qué cosa?
Nada.
Venga, cuéntamelo.
¿Para qué? Si ya veo que tú tampoco te fías de mí.
¿Por qué dices eso, mi amor?
Por cómo lo preguntas,
que lo preguntas con desconfianza, en serio.
¿Qué cosa? De verdad...
Rafael...
Es que se me quitan las ganas de todo.
Mi vida, no te pongas así.
Si es verdad.
Ven.
Ven, mi amor.
Ven.
Ven aquí.
No te enfades.
Ven.
Mira.
Mira.
Oye, están más grandes.
¿Tú crees?
Sí.
Están más grandes.
Estoy embarazada.
Coño...
No sabes...
lo cachondo que me ha puesto eso.
¡Eh!
¿Quiere algo?
No, no.
Nada, que...
Coño, ¿tú no...?
¿Tú no eres el hijo de Ceferino?
¿No estabas en Madrid estudiando?
Sí, he venido a pasar unos días.
Con la familia.
¿Y qué haces por aquí?
Nada, que venía por el camino y... curiosidad.
Aquí no hay nada que ver.
Lo que pasó pasó.
Ya.
Creía que era otro periodista.
Un poco más y saco la escopeta.
La madre que los parió...
No hicieron más que contar mentiras y embustes
y enredar a todo el pueblo.
¿Y usted qué piensa?
¿Yo?
Pues que fue una desgracia, hombre.
No sé cómo puede haber gente tan mala.
Matar a unas criaturas que no le habían hecho mal a nadie.
¿Usted vio algo?
Lo mismo que todo el mundo.
Estábamos por el campo, vimos el humo a lo lejos,
corriendo para el cortijo, el pajar ardiendo...
Y bueno, cuando se apagó,
lo que usted ya sabe.
Vamos a dejarlo aquí,
que todavía sueño con todo aquello.
Mira, ahí viene el marqués.
Buenos días, señor marqués.
Buenos días.
Tú eres el sobrino de Rosita, ¿no?
El estudiante.
¿Cómo está tu padre?
Supongo que encantado con la muerte de Franco, ¿no?
Oye, una pregunta.
¿Sabes para cuándo tiene prevista la revolución?
Es para ir haciendo las maletas con tiempo.
Un tío listo tu padre.
Vaya huevazos ha tenido siempre.
Tendríamos que aprender de él.
Dionisio,
a trabajar.
Y tú, largo de aquí, anda.
Se le ve más viejo.
Sigue siendo el mismo hijo de la gran puta de siempre.
¿Sigue llevando él la finca? Sí.
Desde que murió don Alejandro, hace y deshace a su antojo.
Y así nos va.
¿El administrador sigue siendo don Alberto?
No, ese ya no está.
Dicen que se peleó con el marqués.
Desde que aquello pasó...,
sigue todo muy revuelto.
Ya, normal.
Entonces, usted no cree que fuera Pedro.
No, no me cuadra a mí.
Eso lo dijo la Policía.
Pero...
También dijeron que habían sido unos legionarios.
¿Legionarios?
Sí, unos legionarios que andaban de maniobras.
También se corrió la voz de que eran unos jipis.
Los zagales esos que andan todo el día fumando,
cantando y rezándole al demonio.
Pero por hache o por be...
Bueno, vamos a dejarlo.
Que tengo faena, voy a seguir.
Me alegro de verte. Con Dios.
Igualmente. Con Dios.
Dale recuerdos a la familia, ¿eh?
Lo haré. Hasta ahora.
Buenos días.
Permítame. Picazo, que puedo yo solo.
Buenos días. ¿Cómo estás tú?
¿Cómo está esa rodilla?
Bien, tirando. Aquí, al pie del cañón.
Dile a Rosita que le traigo unas cosas de parte de mi hija.
¡Rosita! ¡Que ha venido don Alejandro!
¡Ay, don Alejandro! ¡Qué alegría!
¿Cómo está usted? Bien, hija.
Te traigo unas cosas de parte de mi hija, a ver si te sirven.
Y lo que no, regaladlo, que está todo casi nuevo.
Muchas gracias, don Alejandro.
Que Dios bendiga a su hija y a usted también.
Gracias. A ver si te gusta.
Qué bonito. Muchas gracias.
-Cuando quiera, vamos para dentro, don Alejandro.
El marqués está con la yegua, que está preñada.
Si quiere, lo mando avisar. No, mejor así.
Voy para dentro. Sí.
¿Le ayudo? No, estoy bien.
Rosita, cuando puedas, trae algo al despacho para beber.
-Ahora mismo.
-¿Todo bien? Sí.
-Con permiso.
-Muy bien. Está todo preparado, y tenemos toda la yeguada allí.
Como ve, todo está escrupulosamente apuntado, don Alejandro.
Estos son los albaranes de la cooperativa.
Alberto.
¿Por qué ha bajado la producción de trigo?
No enviamos a la cooperativa lo mismo que los años anteriores.
No, no ha bajado.
Es que parte del grano lo guardamos para hacer pienso para los cerdos.
Hemos aumentado mucho la cabaña este año.
Ya, ya. Mire.
Hombre...
-Permítame. Sí.
¿Cómo se encuentra usted?
Pues estoy mejorcito.
Lo que pasa es que en la comunión me cansé mucho.
Mucha gente, mucho jaleo. Ya no estoy para eso.
Es que lo que tiene usted que hacer es quedarse ya tranquilito,
y dejar que don Alberto se encargue de todo.
Eso quisiera, pero no puedo remediarlo.
Me gusta estar al tanto de todo.
Usted no va a cambiar nunca.
-Si quiere que le explique algo más, me lo dice.
A lo mejor son tonterías mías, pero...
¿por qué no me llegan copias de las cartas de la caja de ahorros?
Me gusta estar al tanto de todo.
¿Cómo que no le llegan? No.
Eso es cosa de Joaquín, el nuevo director,
que no se entera de nada.
Pero aquí las manda.
Yo quedé con el director anterior que me mandaran copias a Sevilla.
¿Qué trabajo les cuesta?
Soy cliente desde hace 50 años.
Tengo allí las cuentas de la finca, mis ahorros...
¿Qué trabajo les cuesta? Ninguno.
Por eso.
No se preocupe, yo se lo digo.
No, no. Voy a ir yo personalmente a hablar con ese tal Joaquín,
a ver la cara de idiota que se le queda.
Como usted quiera.
(TOSE)
¿Se encuentra bien?
Sí, estoy bien.
Si quiere saber algo más...
Quiero que estés al tanto de todo.
Lo estoy, don Alejandro.
Hay que ver...
Hay que ver...
Cómo a veces, el cielo, nos jode los planes.
Con lo tranquilo que iba yo a morirme
dejando esto en manos de mi Fito.
Pero bueno...
En fin, es la vida.
¿Qué le vamos a hacer?
Su yerno es un hombre muy capaz, don Alejandro.
Eso es lo que me preocupa,
de lo que es capaz.
Deje de preocuparse, que yo estoy pendiente de todo.
Que para eso estoy.
Es lo que me tranquiliza un poquito.
Le acompaño al coche. No hace falta.
No, de verdad... No hace falta, de verdad.
Y firme donde la cruz.
¡Don Alejandro!
¡Dichosos los ojos! ¿En qué podemos ayudarle?
-Don Alejandro, qué alegría verle por aquí.
Es un honor. -Con permiso.
No nos conocemos, pero no me gusta cómo trabaja.
Hace meses que no recibo correspondencia en mi casa
y quiero ver el estado de mis cuentas.
Claro que sí. Pase por aquí, por favor.
¿Quiere tomar algo? No, gracias.
Pase usted primero.
Creo que he conseguido parar el tiro de la caja de ahorros.
Pero imagínese que a su suegro se le ocurre ir sin avisar
y pilla al tonto ese de Joaquín cagando y sin papel.
Como decía mi tía Tere.
Hubiera sido una catástrofe.
Ya, tranquilízate, que vas a poner nervioso a Trajano.
Está empeñado en volver a controlarlo todo. No lo entiendo.
Bueno, ya se le pasará el arrebato.
Manuel, prepáramelo.
Qué caballo más bonito, ¿no?
Mis buenos cuartos me ha costado.
Yo puedo manejar a su suegro
en lo que se refiere al SENPA y a la cooperativa.
Pero en cuanto a lo otro, marqués...
Lo otro es más complicado.
Vamos a ver, Alberto.
Solo hay que mantener el tipo un par de meses más.
La torre está a punto de terminarse, van a entregar los apartamentos,
y ahí es donde va a entrar el dinero.
No lo vamos a joder ahora.
Solo digo que hay que tener un poco de prudencia.
Prudencia era una tía mía.
Ah, ¿sí? Sí.
Que de tanta prudencia, se murió virgen.
No me seas nenaza, Alberto,
que tú también te llevarás un buen pellizco, ¿sí o no?
Sí, claro que sí.
Y el sietemesino ese de Joaquín también.
Pues ya está.
Además, tú y yo no estamos haciendo nada malo.
Lo que estamos haciendo es poner a esta familia
en el mapa del futuro.
Que se dejen ya de criar cerdos, hostia.
Y que se dediquen a criar torres de apartamentos.
Discúlpeme, es que me pongo nervioso.
Vamos a ver, Alberto.
Se trata de que mi suegro no se dé cuenta
de que estamos desviando el dinero de la finca para esta torre.
Pues ya está, haz lo que tengas que hacer.
Pero aguanta estos dos meses.
No te me vengas abajo, hostia.
Muy bien. Venga.
No se preocupe.
¿Quién es ese?
¿Ese? Es Curro. Es pariente de la mujer de Joaquín.
Me ha pedido que le dé trabajo.
Y por no oírle, aquí está.
Vaya pinta de bruto tiene.
Es lo que tiene la endogamia de los campesinos.
Que follan primos con primos y salen cosas como esa.
Eso es verdad.
Manuel, ¿cómo vas?
Otra cosa, marqués.
Los de la Legión vuelven a pasar por aquí.
¿Qué hacemos con ellos?
Que los alojen en las cabañas de los segadores.
Muy bien.
Vamos.
¿A qué quieres sangre encebollada?
¿Tienes? ¿No voy a tener?
Sangre encebollada para el Onofre.
¿A que esto no lo tenéis en Madrid?
¿Eh? ¿A que no?
Yo, por lo menos, no lo he encontrado.
Ya te digo yo que no.
Madre mía. Prueba, prueba.
Mastica, mastica.
Qué bueno.
¿No va a estar bueno?
Me he estado acordando,
y por aquí venían a veces legionarios, ¿no?
Hombre, y tanto.
Venían siempre de maniobras.
Todos los veranos.
No vienen hace ya...
dos años.
Desde que murió el Caudillo.
¿Quién es?
El sargento Benito.
Venía siempre con todo su pelotón.
El Benito...
Lo que pasa es que dejó de venir porque ha pasado a la reserva.
Nos hicimos bastante amigos, porque él quería coger
el traspaso de un bar de allá. ¿De dónde?
De Ceuta, claro.
Y entonces, me pidió consejo.
Todavía, de vez en cuando, nos mandamos algunas postales.
Me ha invitado a ir allí un montón de veces.
Pero ya sabes, esto es muy sacrificado,
yo no tengo tiempo.
Ya. Es muy sacrificado.
¿Y llegó a abrir el bar?
Hombre, claro.
La Reina Mora se llama.
No hay un solo legionario en Ceuta que no pase por allí.
Buena gente el Benito.
Benito Benito.
Benito de nombre y Benito de apellido.
Una broma que le hicieron los padres.
Bueno, los tuyos, a ti, te la hicieron buena también
llamándote Eutropio.
Oye, que Eutropio es el patrón del pueblo.
Pues parece un elemento químico. ¡Tú sí que eres un elemento!
Ponme línea, haz el favor.
Voy.
Impresión, dígame.
Soy Onofre.
"Dichosas las orejas. ¿Cómo vas con lo tuyo?".
A ver, la cosa es que he oído que un grupo de legionarios
podría estar implicado en los crímenes.
"Al principio, me parecía una marcianada".
Pero me he enterado de que por aquí pasaban legionarios
para hacer maniobras. ¿Cómo te suena?
Bueno, a ver,
alguna vez ha habido jaleo con los legionarios,
"por tema de drogas". Ah, ¿sí?
Sí. Muchos legionarios aprovechan para hacer contrabando.
"A ellos no les registran el equipaje".
"Y aunque se lo registraran, harían la vista gorda".
Suelen traer güisqui, radios, tabaco, relojes...
"Ya sabes que Ceuta es puerto franco".
"Pero también suben grifa y hachís".
Fue una de las hipótesis que se contempló cuando Los Galindos,
pero no se estudió mucho.
"Primero, porque no era muy consistente".
¿Y segundo?
Porque es la Legión. A ver quién le pone el cascabel a esa cabra.
Joder...
¡Hola, Eutropio!
-Hola.
¿Qué pasa?
-Te dejo aquí el casco. -Venga.
-Adiós. -Hala, con Dios.
Te dejo, que se corta. Chao.
Eutropio, apúntamelo.
¿Otra vez?
¡Chelo!
Chelo, por favor, ¿te puedes parar un segundo?
¡Chelo!
¡Chelo, para dentro!
¡Chelo!
Y a ti, ni se te ocurra hablar con mi hija.
Pepe, que soy yo.
¡Que te vayas, coño!
Yo me voy, Pepe.
Pero pienso averiguar la verdad.
Y el bolso... -No te preocupes.
Luego se lo pagas a mi madre. -Muchas gracias, reina.
Adelgazar no sé si me adelgazará, pero me pone de un contento...
-Y a mí. (RÍEN)
Hasta luego. -Adiós, guapa.
¡Onofre! ¿Qué pasa?
Ay...
¿Qué tal? Muy bien.
Estás muy guapo. Tú también.
Gracias. A pasar unos días con la familia, ¿no?
Sí, las Navidades.
Haces muy bien, así respiras.
Que dicen que en Madrid no hay quien respire,
con tanto coche y tan gente.
Te acostumbras.
¿Ya has visto a Chelo?
Sí, sí, pero...
Ya, bueno...
Es que con lo que pasó
este pueblo ha perdido la alegría.
Ya.
¿Vienes a sacar? Sí, 3000 pesetas.
Vente por aquí.
A ver...
Pero ustedes ya habíais reñido desde antes, ¿no?
No.
Ah, ¿no?
Yo pensaba que sí, porque ella, desde antes,
no estaba muy bien del todo.
Pero ¿antes cuándo?
Desde que tú te fuiste.
Por eso yo pensaba que os habíais enfadado o algo.
No, no.
Ya.
Pues no sé, cosas mías.
Firma aquí, ¿vale?
Quillo,
¿tú crees que es buen momento de poneros de novios,
que tú estás en Madrid y ella está aquí?
Pues precisamente.
Si me voy, imagínate que llega uno y me la levanta.
¿Quién te la va a quitar a ti?
Pues tú, por ejemplo.
¿Qué dices, maricón? Yo estoy muy a gusto con mi gordita.
Sí, hasta que venga el novio de la mili.
Entonces, ya hablaremos.
Vais a salir en "El Caso".
Quillo, quillo.
-Hola.
¿Qué pasa? ¿Qué tal?
-Voy a mear.
-¿Qué le pasa a este?
Se mea.
Ya.
Que...
me voy mañana, en el coche de las 2:15.
Ya, ya me lo dijiste.
Te quería decir una cosa.
Pues rapidito, que me tengo que subir al cortijo.
Claro.
¿Tú quieres salir conmigo?
¿Tú y yo?
Bueno, tú piénsatelo.
Yo, mañana, voy a estar aquí a las 11:00.
Ven a las 11:00 o a la hora que tú quieras y...
Si es a las 11:00 mejor, porque pierdo el autobús y es un follón.
Bueno.
Que me tengo que ir al cortijo.
Sí, sí. ¿Vale? Adiós.
Adiós.
Adiós, Luisito. -Adiós, Chelo.
¿Lo has visto? Hombre que si lo he visto.
¿Lo he hecho muy mal?
Si te mueres, empatas.
(ROSA) ¡Si es que lo sabía!
Siempre me ha gustado el Onofre para ti.
Es el mejor del pueblo, ¿eh?
Su madre es muy buena.
¿Qué te voy a decir? Yo soy su prima.
-Pues no sé, Rosita. Él en Madrid y yo aquí...
-Chiquilla, que es Madrid, no el Congo Belga.
No te lo pienses mucho, que mi Onofre es muy buen muchacho.
Y más guapo no lo hay, ya lo sabes.
Gasta cuidado, que en Madrid se lo rifan.
-Cómo eres, Rosita...
Buenas tardes, Rosita.
-Buenas tardes, señor marqués.
Y compañía.
-Buenas tardes, señor marqués.
Chelito, ¿cómo tú por aquí?
Que he venido a echarle una mano a Rosita con las papas y esto.
Ah. Eso está muy bien. Claro que sí, Rosita.
Lo que tú tienes que hacer ya es cuidarte.
-Gracias, señor marqués.
Qué calor, ¿no? Madre mía...
Rosita, ¿podrías prepararme un agua de limón
de esa tan rica que haces?
-Ya se la hago yo.
No, que me la haga Rosita, que ella sabe cómo me gusta a mí,
con hierbabuena recién cogida.
-Ahora mismo, señor marqués. Vale.
Pues esto ya está. Con permiso.
Estoy enfadado contigo, Chelito.
¿Por qué?
¿Cómo que por qué, mujer?
Porque no quisiste bailar el otro día.
Y me dejaste muy mal delante de mis amigos.
Ya le dije que yo bailo muy malamente.
No.
No lo creo.
Seguro que tú sabes moverte muy bien, ¿sí o no?
¿Qué?
Es que...
(RIENDO) Tranquila, mujer.
Tranquila, que no voy a hacerte nada.
No, por favor. No voy a hacerte nada.
No. Tranquila, chiquilla.
No.
Solamente estamos jugando. Por favor, no.
Estamos jugando. Por favor se lo pido, no.
No, por favor.
Estamos jugando nada más. No.
¡No, no, no!
¡No!
No...
No...
No sé qué tenéis las del campo que las señoras no lo tienen.
Será que os laváis poco, ¿no?
Eh, chiquilla.
Vamos, mujer, pero si no ha pasado nada.
Eh... (SOLLOZA)
A lo mejor te lo he roto un poco,
pero... tampoco importa mucho.
Lo de ser virgen ya no se lleva.
Qué rica.
Muchas gracias, Rosita.
De nada.
¡No!
¡Hijo de puta!
¡Hijo de puta! ¡No!
¡Chelo!
¿Has hipotecado la casa sin decírmelo dos veces?
¿A tu hermano le vas a pegar?
¡Te faltan cojones!
-¿Qué pasa? ¿Qué estáis haciendo?
Es Paradas, un pueblo de Sevilla.
¿No es donde mataron a unos en un cortijo?
Los Galindos, sí.
¿La Legión tuvo algo que ver? Que no te escuchen decir eso aquí.
Eres mi heredera, y quiero que te hagas cargo de esto,
y no tu marido.
¿Por qué? Porque no me fío de él.
Tú no fíes del jipi. ¿Qué pasa?
¿Que te da miedo el peluquero o te gusta criar piojos?
Sería bueno para los dos darnos un tiempo, Rafael.
Que vamos a tener un hijo, por el amor de Dios.
Que vamos a tener un hijo, coño.
¿Qué pasa?
-¡Ven! ¡Que te enseñaremos a abusar de la confianza de la gente!
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