All language subtitles for Solomon and Sheba 1959 YIFY Spanish

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Original subtitles

Ésta es la frontera entre Egipto e Israel.

Tal como es hoy era 1.000 años antes del nacimiento de Jesús de Nazaret.

Incluso en aquella época, las fronteras ardían con el fuego del odio y la guerra.

Ambos bandos se vanagloriaban de la eficiencia de sus espías,

pero se mantenían siempre alerta.

Soldados de David al mando de Adonías, su hijo y heredero, príncipe de Israel.

- Un carro se acerca por el camino. - Detén a ese insensato, sea quien sea.

- Príncipe Salomón. - ¿Está aquí mi hermano?

El príncipe Adonías está en la cima de la colina. Seguidme.

¿Qué haces tú aquí?

Dicen que los egipcios están al acecho. Pensé que podrías necesitar ayuda.

Tú estás más dotado para el canto que para la batalla.

Nuestro padre, David, también cantaba y era a la vez un poderoso guerrero.

- ¿Dónde están los egipcios? - Quieren tenderme una trampa,

asaltar nuestro campamento y matarnos mientras dormimos, pero no dormimos.

- Estoy a tus órdenes. - Éste no es tu juego, hermano.

Nunca ha sido un juego. Pienso luchar a tu lado.

- Sea, por la espada de la victoria. - Y por el escudo de Dios.

Dispersaos y matadlos a todos.

Ataquemos ahora.

Toca retirada.

Una vez más, el faraón tendrá motivos para recordar el nombre de Adonías.

Que lo escriba con la sangre de sus muertos.

Esta tierra lleva mucho tiempo sumida en un baño de sangre.

Cuando ha acabado la batalla, ¿ya no te agrada la sangre?

Tras saborear la gloria de la victoria, se puede conocer la gloria de la paz.

La paz es para las mujeres y los niños.

Me quitaré de la boca el hedor de esos egipcios.

Por la nueva victoria del príncipe de Israel.

Por el príncipe guerrero, Adonías.

Por tu gloria y por que ésta aumente la gloria de Israel.

La gloria sería aún mayor si no me viese constreñido por el mando de mi padre.

Defendemos, pero nunca atacamos.

Cuando yo sea rey, mis enemigos no gozarán de santuario alguno.

Los perseguiré hasta sus ciudades.

- Los cazaremos como a perros. - Haremos que salgan corriendo.

Alteza, a éste lo hemos encontrado entre los muertos, pero no es egipcio.

Dejadlo en el suelo.

El faraón tiene mercenarios, pero nunca he visto uno como él.

- ¿De dónde vienes? - Tengo el honor de servir a su majestad,

- la reina de Saba. - ¿La reina de Saba?

Saba está muy lejos, a 800 leguas.

Dondequiera que vaya la reina de Saba, allí iremos los soldados de su guardia.

- ¿Por qué luchas contra Israel? - Lucho donde lo ordena mi reina,

y era el deseo de mi reina enviar a sus tropas contra los bárbaros.

Le enviaré tu pellejo a tu audaz reina como prueba de mi estima.

No. Mostrémosle el respeto que se deben los soldados.

Vendadle las heridas.

Está bien, le perdono la vida.

Respetaré el tierno corazón de mi querido hermano.

Esa reina se divierte enviando soldados

para matar israelitas como el que va al circo.

Dudo que aquí se divirtiese mucho.

Hezrai.

Vaya, el chambelán del rey. ¿Más órdenes de su majestad?

No, alteza. De ser así, mi misión sería mucho más agradable.

Vuestro padre, el rey David, está en su lecho de muerte.

Entró en coma hace dos días y no recupera la consciencia.

Según sus médicos, no hay ninguna esperanza.

Josías, partimos hacia Jerusalén.

- Salve, Adonías, rey de Israel. - Salve, Adonías. Larga vida al rey.

No tenéis derecho a proclamarlo. Esto es lo que dicen las escrituras:

"Habrá de ser ungido con las aguas del Gihón

y coronado en presencia del sumo sacerdote y el consejo de ancianos".

Tu ley es la palabra. La mía es la espada.

¿Por qué te quedas callado? ¿Acaso no soy el heredero de David?

- ¿No te preocupa nada nuestro padre? - La vida es para los vivos.

Cuando sepa que David no vive, seré el primero en llamarte rey.

Os seguiré, alteza.

Llegaremos a Jerusalén mañana al amanecer.

Que Salomón sufra por los muertos. Mis pensamientos son para los vivos.

Deseo hablar con esa reina de Saba.

Si galopamos, nos adelantaremos a ella.

¡A los caballos!

¡Adelante!

¡Alto!

¡Apartaos!

En Israel, las órdenes las doy yo.

Lamento no haberte conocido anoche, cuando visitaste mi campamento.

¿Quién eres?

- El rey de Israel. - Miente. Es un impostor.

El rey es un anciano debilitado por la edad.

¿Por esa razón se te ocurrió aliarte con los egipcios para invadir mi reino?

Concédeme permiso y los apartaré del camino.

¿Crees que podrás mejorar lo de anoche?

David ha muerto en Jerusalén. Yo, Adonías, soy su heredero.

- No queremos tratos con israelitas. - Deja que hable, Baltor.

- ¿Acaso deseas un presente? - Si hablásemos de presentes,

- traería las cabezas de tus muertos. - ¡Matadlo!

- Tu propia cabeza corre peligro. - Silencio, Haran.

No te he seguido para pedir nada, sino para hacerte yo un presente.

¿Qué presente podría hacerle un israelita a la reina de Saba?

Un reino dos veces mayor que el que ahora gobierna.

Renuncia a la alianza con el faraón. Que nuestros estandartes se alcen juntos.

Cuando derroque al faraón, te daré las tierras que limitan con las tuyas.

¿Y si rechazo tu generosidad?

Te arrojaré al mismo polvo en que se ahogará el faraón.

La elección es tuya. Gloria con Israel o desastre con Egipto.

Eres un perro.

Mis ancestros se sentaban en el trono de un gran país

cuando los tuyos aún se arrastraban por el suelo, alimentándose de insectos.

- ¿Es ésa tu respuesta? - Ésta es mi respuesta.

¡Salve, rey de Israel!

JERUSALÉN

- ¿Llego a tiempo, Abisag? - Todavía vive.

Tu madre y yo no nos hemos apartado de su lado.

- Debemos conservar la esperanza. - Mis plegarias han sido escuchadas.

Estás aquí para que tu padre pueda darte su bendición.

- Madre. - Hijo mío.

No desesperes.

- ¿Hay alguna esperanza? - Aún le late el corazón,

pero su respiración es tan leve que no deja marca en el metal.

Mi padre. Mi rey.

Que mis oraciones logren que vuelvas de las sombras.

La paz del Señor.

Tu rostro siempre está presente en mis sueños.

Ahora estoy aquí, padre.

- ¿Dónde está tu hermano? - Se ha quedado con sus tropas.

Por encima de todo, siempre soldado.

Hazle saber que ordeno que vuelva.

Lo haré.

Ahora, has de descansar hasta recuperar las fuerzas.

- Que venga Natán el profeta. - Aquí estoy, mi rey.

Convoca a los ancianos de las 12 tribus y al consejo.

He tenido una visión de Dios.

Habéis sido convocados aquí por orden del rey. Escuchadle.

¿No hay noticias de los mensajeros que enviamos para traer a Adonías?

No, no ha regresado ninguno.

Entonces, empezaré sin él.

He sido vuestro rey durante 40 años.

Yo he sido vuestro padre y vosotros mis queridos hijos.

Si exceptuamos mi recuerdo, que vivirá en vuestros corazones,

sólo os dejo un monumento: La unidad de Israel.

El símbolo de las 12 tribus que un día rivalizaron por dominar a las demás.

Pero ahora vosotros, los ancianos de las tribus, estáis ante mí juntos,

formando una unidad indestructible.

Tú fuiste el último en llevar a tu tribu a la unión, Ahab.

Como prueba de tu lealtad, me entregaste a tu única hija, Abisag.

La he amado y respetado como si fuese mi propia hija,

al igual que he amado y respetado Israel,

del que ahora ella es el símbolo vivo.

Ha hecho honor a mi nombre.

Y al nombre de David.

El fin de mis días está próximo.

Pero el día de Israel apenas ha amanecido.

Ahora, debo dejarle sitio a otro para que me suceda en el trono.

¡No, sigue siendo el rey!

No.

- Su alteza, el príncipe Adonías. - ¿Adonías?

He cabalgado como una furia para asistir a este consejo

desde que recibí tus órdenes.

Contemplad mis dos mitades.

El soldado.

Y el poeta.

Os he amado mucho a los dos.

Decidme.

- ¿Hay celos entre vosotros? - No.

¿Celos de qué? ¿Acaso siento deseos de convertirme en un gran erudito?

Adonías está destinado a reinar y yo seré su más leal servidor.

Es Dios quien rige los destinos de todas sus criaturas, hijo mío.

Estando en mi lecho de muerte,

una voz grave se dirigió a mí entre las tinieblas y me dijo:

"Yo soy el Señor, vuestro Dios, quien te ha sentado en el trono".

"Escucha mis palabras:

Israel prosperará y será grande en la paz, no en la guerra".

Y otra vez, nuestro Jehová habló con su siervo David:

"Has tenido un hijo, un hombre de paz,

al que has llamado Salomón".

"Yo estableceré su reino eterno".

- El reino es mío. - No es la voluntad de Dios.

Veo que has aprovechado el tiempo que has pasado con él.

Has usado su debilidad contra mí.

- Yo no sabía nada. - Mientes.

- Siempre fuiste hábil de palabra. - Tu acusación es falsa.

¿Le prefieres a él? La elección debería ser suya.

- Que elijan ellos. - Sí, escuchadnos.

- ¿Qué decís, ancianos? - Aceptamos la voluntad de Dios.

- La corona es mía y lucharé por ella. - Adonías es el heredero legítimo.

Si empleas la violencia, la ira de Dios caerá sobre ti.

- Créeme, nunca he obrado contra ti. - Palabras de un hipócrita.

¿Acaso no eres tú el hipócrita, al venir a ver a tu padre?

Osaste proclamarte rey sabiendo que todavía vivía.

¿Dice Hezrai la verdad?

No sabía que le enviases para espiarme.

¿No podías esperar a mi muerte?

- Estoy cansado de esperar. - Un rey debe respetar y acatar la ley.

Al autoproclamarte monarca, has incumplido todas las leyes.

¡Reclamaba una corona que es mía y jamás renunciaré a ese derecho!

¿Cuánto tiempo tardarán en ver su incompetencia?

¿Salomón, rey? Imposible.

Ahora nos ha sido revelado, por boca del propio Adonías,

por qué Dios le ha dado la espalda.

La sabiduría de Dios está más allá del entendimiento.

Está escrito y así será.

Traedme las aguas del Gihón

y aquí, tal como ordena Dios,

nombraré a Salomón rey de Israel.

Por la gracia de Dios.

Arrodíllate, Adonías, en el nombre de Dios.

Nunca. Me arrodillaría frente al faraón

antes que frente a un hermano que me ha robado mi primogenitura.

Alzad ante sus ojos la Tabla de la Unidad,

para que tenga siempre presente el propósito de su consagración.

Salve, Salomón,

rey de Israel por la gracia de Dios.

Salve, Salomón, rey de Israel por la gracia de Dios.

No te enemistes con tu hermano.

Tiene la sangre caliente, pero se enfriará.

Tienes mi palabra.

Jamás olvidaré que es mi hermano.

Y tú, hija mía, ¿te quedarás en la casa del rey

o volverás a Galaad con tu padre, Ahab?

Cuando me trajeron a la casa de David, mi pueblo entonó cánticos de alegría

y vine con el corazón henchido de gozo.

Con ese mismo gozo, permaneceré en la casa de Salomón.

Sólo me queda un peso en el corazón.

Cuando yo era joven, soñé que construiría un templo imponente

para albergar el Arca de la Alianza.

Mas cometí muchos pecados

y no fui digno de erigir los aposentos del Señor.

Cumple mi promesa, hijo mío.

Dime que construirás el templo con el que siempre he soñado,

para que Dios pueda tener la morada entre su pueblo.

Te prometo que lo construiré.

Sé fuerte y ten valor.

No temas nada,

ni te dejes desalentar.

Oh, Señor, Dios mío,

me has hecho servirte como rey, ocupando el lugar de David, mi padre,

y no soy más que un niño.

Concédele a tu siervo un corazón comprensivo

para juzgar a tu pueblo,

para diferenciar el bien del mal.

¿Quién es capaz de juzgar la grandeza de tu pueblo?

Como has venido aquí a rogarme

y no has pedido larga vida ni riquezas para ti mismo,

ni la vida de tus enemigos,

sino que has pedido comprensión para poder distinguir como juez...

He escuchado tus palabras.

Te he dado un corazón sabio y comprensivo,

y, si no te apartas de mi camino,

si cumples mi ley y mis mandamientos,

te colmaré de riquezas y honores,

para que no haya rey alguno en la Tierra

que pueda jamás compararse a ti.

- Con eso no basta. - ¿No?

Contigo, rara vez basta. Doblemos la apuesta.

Muy bien.

Debí haberlo matado cuando lo eligieron rey.

Paciencia, alteza. Espera.

- No soy un hombre paciente. - Eso ya lo sé.

Déjanos solos, Josías.

¿No has oído a su alteza? Obedece sus órdenes.

Para alguien que maravilla por su gran sabiduría,

muestras muy poca al venir aquí solo.

He venido a pedirte un favor.

¿Sabiendo que ardo en deseos de atravesarte con esta lanza?

Sé lo que albergas en tu corazón.

Te pido que ames a tu país tanto como me odias a mí.

Eso me convertiría en el patriota más grande que ha tenido Israel.

David me ha legado una pesada carga.

Gobernar el reino y construir el templo. Y he decidido acometer ambas empresas.

Pero tú has elegido quedarte en tu casa,

privando al pueblo de tu talento como soldado y como jefe militar.

No basta con construir.

Hay que defender lo construido frente a los enemigos de la nación.

Para esa tarea, tú estás más dotado que yo.

Regresa a Jerusalén.

No me ofrezcas a mí tus servicios, sino a tu país y a tu Dios.

¿Quieres otorgarme el mando del ejército?

Sí.

¿Aunque un día pueda volverlo contra ti?

Sí.

Intento decidir si en verdad eres el más sabio entre los sabios

o el más loco entre los locos.

Salomón no se apartó del camino de su Dios,

y en una larga era de paz, Israel creció y prosperó.

Al terminar la construcción del templo,

Salomón cumplió la sagrada promesa que había hecho a su padre.

Salomón, rey de Israel.

Señor, Dios de Israel, no hay otro como tú.

Si el cielo no es bastante grande para ti,

¿cómo vas a morar en esta casa que he hecho erigir en tu nombre?

Escucha las súplicas de tu siervo

y deja que se hagan ciertas las palabras que pronunciaste ante mi padre, David.

Cuando tu pueblo, el de Israel, venga a rezar a este lugar,

escúchalo desde los cielos y, cuando escuches, perdona,

pues ellos son tu pueblo, así como ésta es tu casa.

Que se sepa en todas partes que Dios es nuestro Señor

y que no hay ninguno más.

Amén.

EL REINO DE SABA

Ven. Ven.

Majestad.

Ven con nosotras, Baltor. Estoy domesticando a mi pájaro.

A Takyan no le agrada. Necesito un aliado.

De eso precisamente se queja el faraón.

¿Que el faraón se queja? Habrá que domesticarlo a él.

Ha llegado otro mensaje de Egipto.

- Que espere. - Se trata de un asunto serio.

El faraón ha reunido a todos los reyes.

Siéntate, Baltor. Pones nervioso a Tokki.

Un tono más oscuro.

Granate. Ése es el color que me gusta.

- ¿Qué problema hay esta vez? - El problema son los israelitas.

Van pregonando la paz pero refuerzan su ejército. ¿Por qué?

Tal vez le tengan miedo al faraón. ¿Qué debemos temer nosotros?

Pese al odio eterno que nos tenemos, las relaciones con Israel son buenas.

Cierto, mas no estamos del todo seguros.

La devoción por su rey roza el fanatismo.

Un soñador. Un hombre de paz.

Pero es hombre de ideas, y no hay nada más peligroso que un hombre de ideas.

- ¿La amenaza es real? - Muy real.

La amenaza de Salomón no es su ejército, sino su dios.

¿Su dios? Nosotros tenemos cientos.

Su dios enseña que todos los hombres son iguales y que ninguno es esclavo.

Una idea insensata.

Pero si esa idea llegase a calar en los corazones de la gente,

la reina de Saba no tardaría en ser derrocada de su trono.

Como el resto de los monarcas absolutistas.

Por esa razón, te aconsejo que asistas a esta reunión.

¿Lo ves? Para atrapar un ave, primero hay que poner un cebo.

Tal vez podamos ayudar al faraón a solucionar el problema de Salomón

y matar dos pájaros de una pedrada.

Desde que Salomón reina en Israel, su poder no ha hecho más que aumentar.

Ahora, ese poder amenaza mis fronteras.

Las riquezas y el comercio que antes venían a nosotros, ahora se los lleva él.

Llevamos demasiado tiempo retrasando su aniquilación.

- Alcémonos en armas contra él. - Reunamos nuestras huestes.

- Pisoteemos Israel. - Rey Eglon.

- Quiero 1.000 carros de Moab. - Te enviaré 2.000.

Kaldu, tendrás que enviar 5.000 arqueros de Chaldea.

- Y más, si son necesarios. - Seguiremos mis planes de ataque.

Un ataque simultáneo por sorpresa desde el norte, el sur y el este.

No sabrán cómo ni dónde acudir.

- Los echaremos al mar. - Saba.

¿Qué fuerzas enviarás contra Salomón?

Ninguna.

¿Por qué? ¿Acaso no eres mi aliada?

Debemos acabar con Israel y con la idea de un solo dios.

Hablas de guerra. ¿Cómo se puede destruir una idea, una fe, con lanzas?

- Sólo puede hacerse de una manera. - ¿Qué sugieres? ¿Tienes un plan?

Sí.

Pero todo plan tiene un precio.

¿Qué deseas esta vez?

El puerto de Melish en el mar Rojo a cambio de la caída de Salomón.

- Eso es imposible. - El puerto de Melish es mío.

Esta vez pides demasiado, Saba.

Dime, ¿cuál sería el coste de una guerra contra Israel?

Lo sabes muy bien.

El plan que yo te ofrezco apenas tiene coste alguno.

Veo que su majestad duda.

Quizá deberíamos volver a Saba, en lugar de ir a visitar Jerusalén.

Espera.

Te lo concedo.

- ¿Cómo destruirás a Salomón? - Dicen que es un hombre sabio.

Pero no importa lo sabio que sea.

Sigue siendo humano, con debilidades humanas.

Me sentaré a los pies de Salomón como los sabios que van a Jerusalén.

Tal vez él mismo me revele la manera de acabar con él.

El camino de una mujer supera el entendimiento.

El camino de una mujer es muy sencillo, mi señor.

Simplemente ha de seguir el camino de un hombre.

Estaré informado de tus progresos.

¡Madre! ¡Ven, mira!

Alto.

Saludos. Benaías, capitán de la guardia. He venido a escoltaros hasta Jerusalén.

Saludos. Su majestad, la reina de Saba.

Majestad, el rey te envía saludos.

Vuestro rey es un noble constructor.

Ni siquiera en Egipto hay tanto esplendor.

Todo esto por un dios al que ni siquiera ve.

¡Adelante!

¿Crees que será tan bella como dicen?

Nunca imaginé que un pagano sería bienvenido en Israel.

¿Cómo puede un pagano convertirse al verdadero Dios si no lo conoce?

No olvidemos que es una aliada de Egipto.

Precisamente por eso, le mostraremos toda nuestra unidad y nuestra fuerza.

Ofrezcámosle amistad con la esperanza de llegar a contar con un enemigo menos.

Es muy hermosa, ¿verdad?

Alteza.

Te presento a mi soberana, su alteza real, la reina de Saba.

Israel te da una cálida bienvenida.

Te agradezco que me permitas visitar tu hermoso país.

Después de una travesía tan larga, te sentirás dichosa de haber llegado.

Aunque hubiese ido diez veces más lejos, lo habría olvidado todo

ante las maravillas que he contemplado

y ante el esplendor de tu Jerusalén.

Si deseas descansar, prescindiremos de formalidades.

Eres muy considerado.

Pero antes, te ofreceré una prueba de mi aprecio

por la amabilidad que has mostrado con una extranjera en tu ciudad.

- Cuántos presentes. - Y traídos desde muy lejos.

Qué riquezas.

No tengo palabras para expresar mi gratitud y la de mi pueblo.

Te ofrezco también mi mano,

con la esperanza de que en este día dé comienzo una amistad más íntima

entre Israel y Saba.

Ése sería el mejor presente de todos.

¿Crees que el reino de Saba es así?

Yo diría que sí.

No debemos hacer esperar a la reina.

Bienvenidos.

Tenemos un mensaje para tu reina.

Su majestad la reina.

El rey Salomón te envía saludos

y me ha ordenado... nos ha ordenado

que te comunique, en respuesta a tu petición,

que será un placer recibirte en privado.

Es muy gentil por su parte.

Qué considerado ha sido el rey al enviar una emisaria tan bella.

Él no sabe que he venido.

- Ardía en deseos de conocerte. - Aún me complace más. Pasa.

Eres la primera de la corte que ha venido a visitarme.

Qué interesante es tu campamento.

¿Tu pueblo es siempre tan despreocupado y alegre?

Disfrutamos de la vida y el placer.

- ¿Tu pueblo no? - Sí, claro que sí.

Pero somos gente austera. Tendemos a ser más serios.

Vuestro rey, ¿también es serio?

El rey Salomón tiene una gran responsabilidad.

Ha de mantener la unidad de las 12 tribus de Israel.

¿Es muy importante esa unidad?

Sí. Sin ella, Israel no existiría.

Los dioses de Saba. Mal-Ra, el guardián del destino.

Kol, el dios del sol y las estrellas.

Rama, la que envía la lluvia.

Tenemos muchos dioses.

En Israel sólo tenemos uno.

Cuando os falla, ¿le echáis la culpa de todo?

Jamás nos falla.

Ha de ser gratificante para ti estar tan cerca de tu rey.

¿Eres su hermana, quizá?

A veces me llama así. Hemos estado muy unidos

desde que vine a vivir a la casa de su padre.

¿Te quedarás mucho en Israel?

Eso depende de tu rey.

Eres encantadora e inocente.

Y tú eres tal como yo esperaba.

Para ti.

Del reino de Saba.

Un presente de su reina.

Ese Salomón el todopoderoso...

¿Todopoderoso qué?

Tiene a 20 hombres rodeándolo y lo llama una audiencia privada.

- Te ha colmado de atenciones... - Todos esos banquetes de gala.

Yo en un extremo y él en el otro.

Y entre los dos, ancianos con caras agrias.

- No hemos estado ni una vez a solas. - Sólo llevamos aquí cinco días.

Ese Salomón es más difícil de conquistar que el faraón.

Un rey con tiempo para todo, excepto para ser un hombre.

Envíamelo, Rha-Gon, dios del amor.

Hazme la mujer más deseable de todas.

Que mis labios sean dulces como la miel,

que mi piel sea suave y fragante como los pétalos de una flor.

Dámelo.

Lo quiero a mis pies.

Un visitante de la casa real.

Su majestad y yo ya nos conocemos.

Mis disculpas. No me fue posible asistir a la recepción organizada para recibirte.

Con tu presencia, mi bienvenida habría sido completa.

Te muestras muy gentil. Muy distinta a tu anterior visita.

Si no recuerdo mal, entonces eras el rey.

Sí. Y como rey te propuse una alianza contra el faraón.

Mi respuesta no fue muy amable.

Lo recuerdo.

He venido a proponerte otra alianza.

¿Vienes como emisario del rey de Israel?

Vengo como Adonías, heredero legítimo al trono.

Una alianza entre nosotros nos reportaría muchos beneficios.

¿Deseas que te ayude a usurpar el trono de tu hermano?

El usurpador es él. Cuando yo ocupe el trono, nuestras tierras rodearán Egipto

y los reyes estarán a nuestra merced.

¿Por qué iba a querer tenerlos a mi merced?

Tengo buenas relaciones con los reyes

y el rey Salomón es mi amigo. ¿Cómo podría interesarme la oferta?

¿Acaso el águila es ahora una paloma?

El mundo sería muy aburrido si la gente no cambiase nunca.

Ahora soy más sabia, príncipe Adonías.

- Ya no deseo guerrear con la espada. - Por eso me inquieta tu presencia.

Me cuesta creer que hayas venido aquí blandiendo una simple rama de olivo.

¿Qué otra cosa si no podría traerle al rey Salomón, un hombre de paz?

Majestad, es obvio que perdemos el tiempo.

Con tu permiso.

Te entendía mejor cuando eras un águila.

Sigue siendo un perro.

Que se acerquen las mujeres.

Ningún extranjero se había sentado junto a nuestro monarca en un juicio.

Su mera presencia profana Israel.

¿Quién ha sido agraviado?

Mi señor, esta mujer llamada Lea y yo vivimos en la misma casa.

Un día di a luz a un niño.

Tres días más tarde, ella dio a luz a otro.

No había nadie más en la casa.

Esa misma noche, su hijo murió porque ella se le durmió encima.

Me arrebató a mi hijo mientras yo dormía

y puso a su niño muerto contra mi pecho.

- ¡Miente! - Silencio.

Al levantarme por la mañana para alimentarlo, estaba muerto.

- No es cierto, mi señor Salomón. - Es verdad, mi rey.

Cuando miré al niño que tenía en brazos, vi que no era el que yo había alumbrado.

- Era el hijo de esta mujer. - El niño vivo es el mío.

- El muerto es tuyo, el vivo mío. - Acércame al niño, Josías.

Colócalo frente a mí y muéstramelo.

Desenvaina tu espada.

Divide al niño en dos partes.

Dale una mitad a una mujer y la otra mitad a la otra.

No.

Si ha de ser así,

dale el niño a ella y no lo mates.

¡Divídelo! No será suyo ni mío.

Llévate a tu hijo, madre. No hay duda de que es tuyo.

Que nuestro Señor y Dios Jehová te bendiga y te colme de alabanzas.

Preferías quedarte sin él a consentir que sufriese.

Llevaos de aquí a esta mujer

y administradle un castigo acorde con el perjurio que ha cometido.

¡Miente, miente!

¡No es justo! ¡El niño es mío!

Por fin he visto un juicio de Salomón.

Y tu sabiduría me asombra.

Sea cual sea la sabiduría que pueda tener, se me ha dado por el bien de mi pueblo.

Te ruego que sigas enseñándome,

para que pueda comprender aún mejor las maravillas de tu entendimiento.

Eso me permitirá ser una gobernante más apropiada y sabia para mi pueblo.

La verdadera sabiduría es la capacidad para diferenciar la verdad de la mentira.

¿No es increíble que hace cuatro años todo esto fuese un desierto estéril?

Sentirás un enorme placer por haber logrado tanto.

Es un placer hacer florecer un desierto canalizando el agua de las montañas.

Has convertido esto en un paraíso.

Han sido el agua, el trabajo y el calor del sol, no yo.

Estos días te he mostrado muchas cosas de Israel,

pero tú no me has hablado de tu país.

En este momento, mi reino parece tan distante como las estrellas.

Cuando era joven soñaba con visitar todos los reinos lejanos de la Tierra.

Pues ahora acuden a ti los monarcas de otros países.

¿Gobiernas Saba tú sola?

Desde el principio de los tiempos, en Saba sólo han gobernado reinas.

Es nuestra ley.

Me agradaría contarte multitud de cosas sobre mi país,

si estuviese segura de que te interesan.

¿Por qué dices eso?

Porque, pese a las veces que te he visitado,

no me has devuelto el halago con una visita a mi campamento.

Y a mí.

Tal vez esperase una invitación.

¿Prometes aceptar?

Lo prometo.

Me complace que por fin hayas venido a visitarme.

Es un honor para mi gente.

El honor es para tu invitado.

¿Te aburren los pasatiempos primitivos?

No, me interesa saber qué es lo que te divierte.

Basta.

Si no lo evitase, mi gente se quedaría a contemplarte.

El legendario Salomón.

¿Igual que yo te contemplo a ti?

Es la hora de Rha-Gon.

Cada noche le hago una ofrenda.

Rha-Gon, dador de vida, dios del amor,

acepta esta prueba de mi gratitud y devoción.

La fiesta de Rha-Gon es el ritual más sagrado

que se celebra cada año en Saba.

Pero esta noche no hablemos de dioses.

Ni siquiera de sabiduría.

Tenemos vino de Saba para templar el corazón.

Mi ofrenda para ti.

Esta noche estamos solos y en un mundo diferente.

Mi mundo.

Sí, estamos en un mundo diferente.

¿Acaso no te agrada el vino, mi señor?

Por poco me hace olvidar que eres aliada del faraón.

Una enemiga de Israel.

Majestad, está todo listo para esta noche.

He elegido éste.

Aceite de rosas. Me encanta.

- Es el perfume favorito del rey. - ¿Cómo lo sabes?

Me lo han contado las mujeres de su harén.

No quiero recordarle a otras mujeres.

¿Qué más te han contado?

Se quejan de que no les hace caso.

Aún no tienen motivos para sentir celos de mí.

Pese al modo en que se fue, le habrá sido difícil olvidarte.

Esta noche le será aún más difícil.

Sécame.

Aún podría venir, majestad. Todavía no es medianoche.

¿Por qué has de recordarme qué hora es?

Llévatelo todo. Quítalo de mi vista.

¿Cómo se atreve a hacerme esto?

¿Quién se ha creído que soy? ¿Otro gato más en su jaula real?

¡No me importa si no viene nunca!

- ¿No ibas a cenar con su majestad? - Sí, en efecto.

- Entonces, ¿qué haces aquí solo? - Necesitaba estar solo.

¿Qué es lo que oprime tu corazón?

- ¿Puedes leer mis pensamientos? - ¿Acaso no los he compartido siempre?

Sí.

A veces, un hombre se ve atraído hacia los peligros que le amenazan

pese al riesgo de ser destruido.

Como la polilla se acerca a la llama.

¿Tiene algo diferente esta llama?

Podría apagarla en un segundo.

- ¿No sería lo más sencillo? - Es una llama muy débil.

Sin embargo, descontrolada podría destruir toda Jerusalén.

Sería lo más sencillo, sí,

pero quizá sin ella sólo habría oscuridad.

En la luz o en la oscuridad, sólo tienes que buscar mi mano.

Siempre estaré a tu lado.

- Buenas noches. - Buenas noches.

¡Es su majestad!

Majestad.

Su majestad te estuvo aguardando hasta medianoche y luego se retiró.

- Lo lamento. - Deja entrar a su majestad.

He perturbado tu descanso.

¿Cómo podía descansar pensando que tal vez no te había agradado?

Quiero que seas totalmente sincera.

¿Por qué has venido a Jerusalén?

¿Por qué me preguntas eso ahora?

Porque sé que tras esos ojos preciosos está el cerebro de una mujer inteligente

que jamás habría cruzado 800 leguas sin un motivo.

Me has descubierto.

Te lo confesaré todo.

El faraón me paga un salario fabuloso por venir aquí a espiarte.

Desea que le revele tus secretos.

Eso ya lo he considerado, pero Israel no tiene secretos para Egipto.

El faraón conoce nuestra fuerza al igual que nuestras debilidades.

¿Cómo pude pensar que te engañaría?

He intentado tenderte una trampa.

Con mis brazos.

Pretendía encadenarte a mí para dominarte a mi antojo.

Ahora, tal vez vayamos acercándonos a la verdad.

Toda mujer exige un precio al hombre.

Tú eres una reina, pero también lo exiges.

Sí. Tan alto que me pregunto si serás capaz de pagarlo.

Deseo que me ames con todo tu corazón

y que ese amor sea lo más preciado que haya existido en tu vida.

Espero que sea verdad.

Pero si no lo es, prefiero seguir ciego.

Cuando no estás conmigo, paso el tiempo tratando de recordar

cada momento que hemos pasado juntos.

Jamás olvidaré las palabras que me has dicho.

Después de lo que ha pasado, mi corazón canta con palabras nuevas.

- Dímelas. - Qué hermosa eres, amor mío.

Tus ojos son como palomas y tus labios como granadas.

Tu amor es más dulce que el vino.

Jamás he conocido tanta felicidad.

Yo tampoco. Y si pensaba que era feliz, no sabía lo equivocado que podía estar.

Parecéis dos pájaros en un nido de serpientes.

Podéis hablar con libertad. No tengo secretos para Joab.

Hemos venido a hablar con su alteza.

¿Sobre qué? Soy jefe del ejército, no un simple ministro de Estado.

Se trata del rey.

- ¿Por qué no habláis con él? - Porque se niega a escucharnos.

Está suscitando críticas entre su pueblo.

¿Quién osaría murmurar contra el gran Salomón?

Su relación con la reina de Saba es ahora un escándalo público.

Y lo que es peor, se ha llevado a esa pagana a vivir a palacio.

Hasta se ha atrevido a alojarla junto a sus propios aposentos.

Esto no es asunto mío, sino suyo.

Pensamos que quizá quieras hablar con él, hacerlo razonar,

recordarle que esto no sólo preocupa al sumo sacerdote,

sino también al profeta y al consejo.

¿Pretendéis que reprenda a su majestad?

Os olvidáis de que es el rey. El rey no puede equivocarse.

Alguien tiene que hacer algo.

Yo no. Tú eres su chambelán y tú el sumo sacerdote, Zadok.

Haced algo vosotros. Intentad razonar con él.

Esperábamos la ayuda de su alteza.

Y os la presto. Tenéis mi apoyo y mi bendición.

- Gracias por recibirnos. - No hay de qué.

Siempre a vuestro servicio.

Esa reina no habría sido más oportuna ni aunque la hubiésemos traído nosotros.

Tiene al clero en su contra. El consejo lo condena.

Incluso el pueblo habla de su vergüenza.

Estoy pensando lo mismo que su alteza.

Sería de locos dejar pasar una oportunidad como ésta.

Habrías de esperar toda la eternidad hasta que se te presentase otra igual.

Atenderé al problema de Hezrai y Zadok,

y al mismo tiempo atenderé al mío.

En verdad es un problema que tú mismo, con algo de ayuda, podrás solucionar.

Estoy a tus órdenes.

Majestad, ¿requerías mi presencia?

Has tardado mucho en llegar. Te he mandado llamar hace una hora.

Sólo hace diez minutos, majestad.

Pasa, no te quedes ahí contrariándome.

¿En qué puedo servir a su majestad?

Quiero que dispongas mi salida de Israel.

Deja de mirarme así. ¡Haz lo que te digo!

- ¿Cuándo, majestad? - Ahora. Hoy. En este momento.

Disculpa mi sorpresa, pero...

¿Acaso tengo que consultarte antes de tomar una decisión?

Majestad, ¿vas a marcharte sin cumplir tu propósito?

Permíteme que sea yo quien decida mis movimientos.

Espero que sepas perdonarme si oso entrometerme en tu vida privada.

Di lo que tengas que decir.

He notado un cambio en ti. Un cierto relajamiento.

Un deseo de evadirte de la realidad.

¿Me estás acusando de estar enamorada de él? ¿Es eso?

Por el bien de su majestad, espero que no sea así.

Y si fuese así,

¿me negarías el derecho a ser humana por primera vez en toda mi vida?

¿Puedo recordarte que no es lícito anteponer tus sentimientos

al compromiso con el faraón y al bien de tu país?

No me alecciones.

Una vez me dijiste que no podías permitirte el lujo de ser una mujer,

que siempre estabas obligada a recordar que eras una reina

y que tu único amor era para con tu deber.

Viniste a Jerusalén a buscar un medio para destruir a un enemigo que odiabas.

Sí.

He intentado escapar de la realidad.

He intentado olvidar la finalidad con la que llegué a este lugar,

como el que intenta olvidar una pesadilla.

Me he vuelto reacia a acabar con él.

La manera más piadosa de matar es una puñalada rápida y enérgica.

Parece que no hemos avanzado ni un ápice desde que llegamos.

Te equivocas. Desde hace días sé cómo destruir a Salomón.

¿Y si me diese permiso para celebrar los ritos de Rha-Gon en tierras de Israel,

levantar un dios pagano enfrente del gran Jehová,

el dios que ordena a los israelitas que no adoren a ningún otro dios?

Eso provocaría mucho más que rumores en su contra.

Los sacerdotes y el pueblo se alzarían contra Salomón.

Sí.

Su propio pueblo acabaría con él.

¿Estás satisfecho ahora de que aún sea la reina de Saba?

¿Cuántas veces he de decirte que te amo?

Una y otra vez, hasta que logres que te crea.

Lo haré.

Has conocido muchos amores.

Te tomaré de la mano, te llevaré

al templo, ante todo Israel, y te ofreceré el matrimonio.

¿Para encerrarme en tu harén? ¿Para compartir tu amor?

No, para compartir mi trono contigo.

Me honras, pero yo ya soy reina.

Uniremos nuestros reinos al igual que nuestras vidas.

Un sueño imposible. Demasiados impedimentos.

Pues no debe haber ninguno.

¿Ni siquiera nuestros dioses?

Sabía que llegaría este momento, ya que no creemos en lo mismo.

Esperaba que, con el tiempo, acabarías aceptando a Jehová.

Como rey de Israel, ¿renunciarías al dios de tu pueblo por los del mío?

Aun así, osé tener esperanzas.

Amor mío, he de marcharme de Israel.

¿Por qué? No puedo dejarte marchar.

Es el momento de celebrar la fiesta anual de Rha-Gon.

¿Me concederías permiso para celebrarla en Israel?

Eso sería un sacrilegio.

Entonces habré de partir para celebrarla en otra parte.

¿Lo ves? Nunca podrás derribar los obstáculos que hay entre los dos.

No, espera. Escúchame. Tiene que haber un modo...

¡No!

¡Socorro! ¡El rey!

¡Guardias!

¿Estás a salvo, mi señor?

- Lo devolveremos al que lo envió. - Vamos, camina.

Gracias a los dioses que no estás herida.

Por primera vez en mi vida, no he pensado en mí misma.

Sólo temía por él.

Vosotros, por ahí. El resto, seguidme.

¿Esperas que implore clemencia?

He disculpado tu odio por tu gran valor para Israel.

- Juré no volverme contra ti. - No te pedí que lo hicieras.

Esta noche has alzado la mano contra la vida misma de Israel.

Tú y tu ramera de Saba habéis profanado Israel.

Quería evitar que nuestro país se contaminara por tu culpa.

Sólo porque la sangre de David fluye por tus venas y las mías,

te perdono la vida, pero quedas desterrado para siempre de Israel.

Supongo que debo estar agradecido, pero tú deberías temer por tu vida,

si es que no la has perdido ya por culpa del veneno de Saba.

- Lleváoslo. - Apresad a los dos.

Límpiate de esta injusticia que has permitido crear.

Que esa mujer renuncie a su idolatría. Destruye la abominación que ha erigido.

Le he dado permiso para celebrar un rito sagrado de su propia religión.

Una festividad pagana. Una orgía.

No he de disculparme por lo que he hecho.

Se hará tal como he ordenado.

Has roto la alianza con Dios e incumplido sus mandamientos:

"No tendrás otros dioses aparte de mí".

"No te harás esculturas ni imagen alguna".

También dice "No matarás", y han intentado asesinarme.

Si la reina no hubiese escapado, los asesinos la habrían matado.

El permiso que le he concedido es poca compensación por tamaño crimen.

Tu lujuria por esa mujer te ha hecho perder la razón.

Elige tus palabras con cuidado. Lo que siento por ella es amor.

Por amor le he ofrecido compartir este trono.

Y por amor asistiré a su ritual.

- Escúchame, Salomón. - No quiero escucharte más, profeta.

Pues escucha la voz de Dios.

Se te arrancarán las vestiduras reales.

Gritarás de arrepentimiento,

mas los oídos y los corazones del pueblo estarán cerrados.

Estoy harto del cacareo de los sacerdotes y del murmullo de los ancianos.

Os enseñaré que soy yo el rey de Israel, no vosotros.

Pobre de ti, Salomón.

¡Rha-Gon! ¡Rha-Gon!

¡Escúchanos, oh, Rha-Gon, dios del amor, dador de vida!

Que tu espíritu entre en nuestros cuerpos.

Da a nuestros hombres fuerza y virilidad

y da a nuestras mujeres una fertilidad inagotable.

Mi puerta estaba cerrada.

¿Por qué no respetas mi intimidad?

¿Puedes aplacar tu conciencia sólo con cerrar una puerta?

Di lo que tengas que decir y déjame solo, te lo ruego.

He venido en busca del hombre al que conocía.

Un hombre noble, gentil y amable, que se guiaba por la palabra de Dios.

- Eso son simples palabras. - Te suplico que me escuches.

Cuando era niña, tú eras el mundo y yo te adoraba.

Pero el tiempo pasó y mi amor cambió conmigo.

Se convirtió en el que siente una mujer por un hombre.

Pero el hombre llegó a ser rey

y siguió viendo a la mujer como si aún fuese una niña.

Sé lo fuerte que es su llamada.

Escucha a tu pueblo. Su amor te llama, igual que el mío.

Escúchalos a ellos, si no es a mí.

Lo apruebe mi pueblo o no, debo ir.

No vayas. No te destruyas.

Te lo suplico.

Dios mío, escucha la plegaria de tu sierva.

No he tenido fuerzas para salvar a mi señor Salomón de sí mismo.

Pero tú tienes el poder. No descargues tu ira sobre él.

Mira en su corazón y apiádate de él.

Si es tu voluntad castigarle, castígame a mí en su lugar.

¿Por qué?

El pecado fue mío. ¿Por qué no me has castigado a mí?

Te lo dije, Salomón. La mano de Dios te amenaza.

Majestad, debes descansar.

No puedo descansar.

Pido permiso para disponer tu partida inmediata.

Sí.

Marchémonos. Rápido.

No hay razón para quedarnos, una vez cumplido mi propósito.

No deberías reprocharte nada. Sólo fue una tormenta repentina.

No es la primera vez que un rayo provoca una muerte, ni la última.

¿Y si fue algo más que una coincidencia?

¿No creerás a los israelitas,

que afirman que fue una señal de la ira y la venganza de su dios?

- Ya no sé qué es lo que creo. - Estás algo turbada.

Sí, la tensión de estos días nos ha afectado a todos.

Pero por fin ha llegado tu triunfo. El faraón se regocijará con esta victoria.

Saba puede enorgullecerse de su reina.

Estoy muy orgullosa de mí misma.

Me he ganado la recompensa de Egipto. Tendremos un puerto en el mar Rojo.

Tendremos más oro, más poder, más de todo.

Porque he traicionado a un gran hombre que confiaba en mí

y que me amaba por encima de todo.

¡Es la reina de Saba!

Ahí va la reina de Saba.

- La reina de Saba. - Apartémonos.

Majestad, supongo que comprenderás que no se te pide que asistas al consejo.

Te lo ordenan los ancianos de las tribus.

No siento deseos de eludir lo que tengan que decirme.

No deberías arriesgarte a venir aquí.

Si no hubiese venido ahora,

podría haber perdido el valor para hacerlo.

Una vez me pediste la verdad.

Te contesté con la verdad, pero hice que sonase a mentira para engañarte.

Vine como amiga del faraón, enemiga de Israel,

y lo hice llena de odio, con el fin de destruirte.

Aunque lo hubiese sabido cuando llegaste a Jerusalén,

nada habría cambiado.

Mi culpa es aún mayor,

pues supe desde el principio que te seguiría adonde fuese.

¿Por qué no te has marchado sin darme ninguna explicación?

Porque te amo.

Lo que he hecho, no puedo cambiarlo.

Haz lo que quieras conmigo, pero debes creer lo que te digo.

Mi amor no es una mentira.

No aplacarás la ira de Israel con palabras de arrepentimiento.

- Ni mitigarás la furia de Dios. - No diré nada en mi defensa.

¿Qué podrías decir de tus pecados?

Por tu culpa, el reino está dividido.

La unidad de la nación está rota.

Y el símbolo de la unidad ha quedado roto en pedazos.

Las tribus de Israel te rechazan como rey y te niegan su apoyo.

Que Dios nuestro Señor te destruya y que su pueblo alabe su nombre.

Así sea.

La necedad es mayor cuanto más alto se llega,

y lo que se ha hecho se seguirá haciendo.

¿Quién sabe lo que es bueno para la vida de un hombre,

una vida vana que pasa como una sombra?

Vanidad de vanidades, todo es vanidad.

Mas si os apartáis de mis preceptos y renunciáis a mis mandamientos,

os arrancaré de las tierras que os he entregado.

Y esta casa ahora tan imponente

asombrará a todo el que pasare, y tal será su asombro que dirán:

"¿Por qué ha obrado Dios así con esta tierra y esta casa?".

Se les responderá: "Porque abandonaron a nuestro Señor, el Dios de sus padres,

que los sacó de las tierras de Egipto,

y abrazaron dioses ajenos, los adoraron y les sirvieron".

"Por eso ha traído Él sobre ellos todos estos males".

Los ancianos han censurado a Salomón

y los capitanes de su ejército han regresado a sus provincias.

Éste es el momento de atacar.

Todo Israel está sumido en el caos y Salomón no tiene ningún apoyo.

Parece que tu información es más precisa que la mía.

¿Acaso no te ha dado la reina de Saba un informe completo de la situación?

No sabía nada. Esperaba que ella me lo contase.

¿No te ha contado nada de lo que te he relatado?

Nada.

Tal vez su nuevo amor le hace olvidar sus obligaciones contigo

y prefiere aliarse con Salomón.

Me has dicho todo lo que debería saber,

salvo cuál es el precio que pides por apoyarte contra tu hermano.

Quiero la corona de Israel. Siempre ha sido mía.

Más el mando del ejército que envíes contra Salomón.

Concedido.

Pero quiero una cosa de ti.

Serás quien castigue a la reina de Saba

por haberme traicionado.

Puedes estar seguro, majestad.

Salve al nuevo rey de Israel.

¿Podrá tu hermano igualar nuestras fuerzas?

Sólo podrá reunir a un puñado de seguidores.

Atacaremos con premura. La victoria ha de ser decisiva.

¿Cuántos son?

Miles.

- ¿Los habéis visto cruzar la frontera? - Una columna de horizonte a horizonte.

Tenía que ocurrir algún día.

Saldremos a combatir a los egipcios.

Da las órdenes necesarias.

Reúne cuantas fuerzas puedas.

Sí, mi señor.

¿Con esto esperamos contener a las hordas egipcias?

Mi padre David se enfrentó a Goliat con una piedra y una honda de pastor.

David tenía a Dios de su lado.

- Perdóname, mi señor. - No hay nada que perdonar.

Todo Israel sabe que Dios ha abandonado al hijo de David.

Majestad, has dejado que parta sin despedirte.

¿Qué podía haberle dicho?

¿Cómo iba a decirle que espero un hijo suyo?

¡Alto!

- Han avistado al enemigo. - ¿A qué distancia?

A una hora de marcha.

Entonces, han recorrido diez leguas desde el amanecer y nosotros una.

Estarán exhaustos, mientras que nosotros aún estamos frescos.

Quedan dos horas para la puesta de sol.

- Despliega a tus hombres. - Da la orden.

Que todo hombre, caballo y carro se esconda de la vista de Salomón.

Cuando caiga en nuestra trampa, le atacaremos por todas partes.

¡Formación de ataque!

¡Tomad posiciones!

- Están agotados. ¿Descansamos? - Lo haremos en las dunas de Saladar.

Nos atrincheraremos y esperaremos al enemigo.

Que la batalla se libre lo más lejos posible de Jerusalén.

Mi señor, hay hombres sobre la colina.

Detened la columna.

Son sunamitas.

Ondean bandera de paz.

Venimos a unirnos al rey.

¿Por qué me ofrecéis apoyo en esta hora tan aciaga?

¿Acaso vuestro odio por los egipcios es mayor que el que sentís por mí?

Venimos en recuerdo del amor que mi hija Abisag te dedicó.

- Entonces, honraremos ese recuerdo. - Dios lo quiera así.

Uníos a la columna.

¡Adelante, al trote!

Que comience el ataque.

¡Formad un círculo!

Mi señor, tu hermano se ha aliado con los egipcios para combatirte.

Romped el círculo. Más brío.

Di a los egipcios que rompan el círculo con su caballería.

- Romped el círculo. - ¡A la carga!

Toca retirada.

¡Busca a Salomón!

Intentémoslo por allí.

Alteza, hemos hallado el escudo de Salomón, pero a él todavía no.

Se habrá escabullido entre su chusma.

Mañana los sacaremos de sus madrigueras.

Tengo asuntos más importantes que dedicarme a cazar conejos.

Seguid buscando. Premiaré con oro al que traiga la cabeza de Salomón.

Estoy impaciente por entrar en Jerusalén y la lentitud de este ejército me retrasaría.

No tendrás problemas para acabar con Salomón.

Cuando lo hayas derrotado, ven conmigo a Jerusalén.

¿Cuántos hombres necesitas?

Sólo una reducida escolta. No encontraré resistencia.

Tus órdenes serán cumplidas.

El coronel Hassin y seis oficiales acompañarán a su majestad a Jerusalén.

Mañana seremos muy pocos contra Adonías y sus egipcios.

Los cobardes aprovechan la oscuridad para desertar.

¿Quién puede culparles, al ver volverse en mi contra a mi propio hermano?

Pensaba que sabía de su ambición,

pero jamás imaginé que traicionaría a su propio pueblo.

Sólo hemos encontrado algunas unidades dispersas,

temerosas de mostrarse incluso en la oscuridad.

Por la mañana, los egipcios marcharán sobre Jerusalén.

Seguiremos luchando, aunque seamos pocos.

Si no puedo ser un rey que viva con honor,

al menos seré un rey que muera con honor.

Estamos perdidos. Nuestro rey ha sido derrotado.

El revuelo se debe a las noticias que han traído unos desertores.

Salomón ha sido derrotado y sus hombres aplastados.

¿Se cuenta él entre los muertos?

Nadie lo sabe, pero la gente afirma que por la mañana

ningún israelita escapará con vida.

¿Por qué no te pones a salvo? Los israelitas te culparán a ti.

Te ruego que no te niegues. Debes salvarte.

- Majestad, ¿adónde vas? - No intentes detenerme.

No dejaré que te arriesgues a salir a la calle.

Apártate.

Os ordeno a los dos que no me sigáis.

Salomón ha sido derrotado. ¡Cómo caen los poderosos!

Esto es una desgracia. Los egipcios nos matarán.

El Señor ha castigado a Salomón por sus pecados.

¿Quién nos salvará ahora del faraón?

Nuestros pecados tienen la culpa.

Qué desgracia tan grande. Los egipcios han derrocado a nuestro noble Salomón.

El faraón nos matará a todos.

Salomón no siguió el camino de Dios.

Dios de Israel,

tú que todo lo sabes y eres misericordioso,

mira en mi corazón y escucha mi plegaria.

Perdona mi pecado contra ti y tu pueblo.

Perdónale la vida a Salomón y guárdale de sus enemigos.

Si lo haces, regresaré al reino de Saba y acabaré con todos los falsos dioses.

Construiré un tabernáculo dedicado a la gloria de tu nombre

y no habrá ningún otro dios ante ti.

- ¿Qué te alarma, mi señor? - No es alarma, sino esperanza,

como una luz entre las tinieblas.

Como si Dios hubiese venido para enseñarme el camino.

¿Sí?

- Nuestros hombres regresan. - Por allí también.

Y por allí.

Se acercan a nosotros a cientos.

Ponedlos a bruñir sus escudos. Quiero que brillen como espejos.

Recuerdo que una vez me sermoneaste sobre cómo se coronaba un rey de Israel.

¿Alguno de vosotros me niega el derecho a ocupar este trono?

No necesito ningún ritual inútil para ocuparme de mi coronación.

Ni unciones con las aguas del Gihón.

Tomo con mis propias manos algo que siempre ha sido mío.

Salve, Adonías. León de Israel.

Quiero que sepáis una cosa. Me he aliado con el faraón.

Gobernaré Israel bajo su protección

y no tendré piedad con mis opositores.

Han encontrado a la ramera de Saba.

Se ha refugiado en el templo.

¡Alto!

- ¡Los israelitas! - ¿De dónde han salido tantos hombres?

Anoche sólo encontramos muertos.

Dentro de unos minutos, estarán todos muertos.

La oscuridad ya no los protegerá.

Están mirando hacia el este. Quedarán cegados por el sol.

Preparados para un ataque frontal.

- Van a cargar sobre nosotros. - Esperad a mi señal.

¡Atacad! ¡Acabad con ellos!

¡A la carga!

- Ahora. - ¡Plantad los escudos!

Señor, Dios de Israel, tuya es la victoria.

Tú eres nuestra espada y nuestro escudo.

¡Señor, Dios de nuestras huestes!

Tú eres Dios nuestro Señor. Has obrado por amor a tu pueblo.

Si puedes ver mi corazón, concédeme el perdón.

Amén.

Escoged a 20 hombres. Que monten a caballo.

Reunid los estandartes egipcios.

Cabalgaremos con ellos a Jerusalén para que vean que la hemos salvado.

Salomón ha muerto por su culpa.

Le ha hecho justicia una espada egipcia.

Soy yo quien ha evitado que esas hordas caigan sobre vosotros y arrasen la ciudad.

Salve, Adonías, salvador de Israel.

En el templo está la causa de todos vuestros problemas.

Fue ella la que trajo el desastre a Israel.

- ¿Qué vamos a hacer con ella? - ¡Que la devoren los perros!

- ¡Arrastradla por las calles! - ¡Entregádnosla a nosotros!

El santuario del templo no debe ser violado.

En mi Israel no hay santuario para una ramera pagana.

Vosotros sois sus jueces. Os la entrego a vosotros.

Dejadme pasar.

Una vez te dije que era rey y me llamaste impostor.

Ahora te demostraré que soy el rey.

Te concedo el honor de mi primer juicio.

¡Lapidadla!

- He hablado. Obedecedme. - ¡Lapidadla!

¡Muerte a la ramera pagana!

¡Victoria! ¡Salomón!

¡Victoria! ¡Salomón regresa!

Una vez me robaste mi derecho, pero esta vez no lo conseguirás.

Envaina tu espada. No romperé mi juramento.

La envainaré en tu corazón.

Cuando ningún otro creyó en tu salvación ni en la de Israel,

ella acudió hasta el templo y rezó por tu perdón.

Tuyo es el poder y la gloria.

Para siempre.

Me llamaste en tu hora aciaga y por eso te he escuchado.

Regresa a tu reino

y cumple tu compromiso conmigo.

He de decirte que llevo dentro un niño, fruto de nuestro amor.

Serás la reina de Israel y nuestro hijo me sucederá.

No.

Prometí a Dios que regresaría a mi reino.

Por eso me concedió tu vida y su perdón.

¿Cómo puedo dejarte marchar?

Nuestro hijo será quien reine en Saba.

Y si Dios nos bendice con un varón,

Saba tendrá un rey por primera vez,

y vivirá según las enseñanzas de nuestro Señor, Jehová.

La separación es nuestra expiación.

Si ésa es tu voluntad, oh, Dios,

acataré tu decisión.

Vela por nosotros si estamos separados el uno del otro.

Siempre estaré a tu lado.

Dios sea loado en toda la tierra. Alabad la gloria de su nombre.

Canta las alabanzas del Señor, oh, Israel.

Ten misericordia de nosotros, Dios.

Y bendícenos.

Su ira sólo dura un momento.

Pero su amor es para siempre.

El llanto puede amargar una noche,

pero el gozo llega con la mañana.

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