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Voy a mi trabajo temporal en Nochebuena.
El dinero extra es estupendo cuando eres un poco pobre.
Sí.
No entiendo que correos deje que gente como mamá
-entre a ordenar las cartas. -¿Por qué no?
¿No ordena la ropa interior? Es una mujer prodigio.
Es la época de más trabajo en correos.
Necesitan tanta ayuda que contratan a cualquiera.
-Está claro. -¿Qué vas a hacer con ese muñeco
-de Santa con esa pinta? -Lo voy a ocultar allí
y quien lo encuentre se llevará un bastón de caramelo.
-Ya. ¿Por qué? -Porque es Nochebuena, Bob.
Todo el mundo quiere la alegría navideña del gran zurrón de Linda.
-Mejor no digas gran zurrón. -¡Gran zurrón!
¡Gran zurrón! Ahora que me atendéis...
Un recordatorio de que esta noche
es el primer intercambio anual de regalos entre los niños Belcher.
Qué generosos.
No tanto. El límite de precio es una paga.
Es bajo. Vuestra paga no es casi nada.
-Exacto. Es un desafío. -Estoy impaciente. En fin, adiós.
¿Lin? ¿Cuándo vuelves a casa?
Recuerda que tus padres y tu hermana van a venir.
Sí, vienen los tres. Son como los tres Reyes Magos.
Salvo que uno trae comentarios hirientes.
Otro trae un montón de flemas.
-Y el otro es Gayle. -Hola.
Tienes que estar aquí cuando lleguen, por favor.
Tranquilo, Bob. Volveré directa del trabajo.
¿Crees que no se lo que pasa cuando están juntos
y no hay nadie que mantenga la paz?
Volvería a darse la situación otomana.
-¿La situación otomana? -Ni la menciones.
-No saques el tema. -Y, además, tú estarás aquí, ¿no?
-¿Para no sacarlo? -Nosotros también.
Genial, pero vosotros les dais un abrazo y salís corriendo.
-Nos escabullimos. -La verdad, yo soy mucho.
Menos es más conmigo.
Listo. Listo. Listo...
Listo. Listo. Listo... Me rasco el culo. Qué gusto.
Cuánto correo. Aunque este es el mejor lugar
para estar en Nochebuena. Excepto en casa.
Y si te quedas encerrado en el centro comercial,
qué divertido. Comprar y comprar.
-Sí. -Piénsalo, hay regalitos
en cada una de esas cajas. Hacemos de Santa Claus.
Repartimos alegría. En todo el mundo,
la gente está enviando cosas, recibiendo cosas.
Las caras se iluminan.
Las viejas, las jóvenes, las famosas, Andie MacDowell, seguramente.
Y gracias a nosotros.
Yo, temporalmente. Qué suerte, estás a tiempo completo.
-¿Has dicho algo? -Bueno, te lo repito.
Piénsalo, hay regalitos en cada una de esas cajas.
¡Por Dios! ¿Qué es esto tan horroroso?
Donna, has encontrado a Santa.
Es tuyo el bastón de caramelo.
A todos les gustan los bastones. Este es de sabor chocolate.
Da un poco de asco.
Aguanta, es eventual. Que Dios me ayude.
Mike, ahí está.
Mike, fuiste tú quién avaló a Linda para su contratación, ¿no?
Sí.
Gracias, Mike. Qué hombre tan majo, ¿no?
Se está alejando sin decir nada. Adiós, Mike.
Tina, ¿qué estás haciendo?
¡Louise! ¿Has mirado dentro de la bolsa?
¿Qué dices? No.
¿Has visto lo que hay dentro de la bolsa?
-Que no. Tina, tranqui, chica.
Perdona. Es el primer intercambio anual de regalos
entre los niños Belcher. Y estoy nerviosa.
Claro.
He visto los regalos que Tina tiene para nosotros.
-¿Tan malos son? -No. Qué va.
¿Recuerdas que había una máquina expendedora
con figuritas Burobu y yo quería la Babos-Aconda,
pero estaba lejos del agujero?
Así son los agujeros expendedores.
Tina se acordó.
Y seguro que ha estado metiendo monedas toda la tarde.
-¿Qué ha sacado para mí? -No estoy segura.
-Era como un frasquito con confites. -¿De color rosa?
-Pues mira, sí. -¡"Rosifites"!
Son mis favoritos para el yogur y solo los venden al por mayor.
Tina... Esto es malo. Esto es muy malo.
Espera. ¿Por qué?
Porque mi regalo es mucho peor que el suyo para mí.
¿Qué va a pensar Santa?
-Qué desagradable. -¿Cuál es tu regalo para Tina?
¿Y el tuyo? Espera, lo decimos a la vez.
Una, dos, tres.
-Un pasador. -Un pasador.
-¿En serio? -Cielos.
Ahora un pasador va a parecer nada.
Y yo aún tengo que abrir su cajón y coger uno.
Y este va a la planta. Y este va a la planta.
Y este va a la planta...
¡Linda! ¿Tienes que decir eso con cada paquete?
Perdón, perdona, Donna.
Escuchadme, desde ahora, la oficina de correos está cerrada.
Cuanto antes nos vayamos, antes dejamos de estar aquí.
-Por favor. Es Navidad. -¿Qué?
Ya hemos cerrado.
Sí, pero es un regalo para mi sobrino. Tiene siete añitos.
Su sobrinito.
Tiene que llegarle el día de Navidad.
Entrega especial. Ustedes lo hacen, ¿no?
Sí, si hubiera llegado hace cinco minutos.
Escuche, quizá usted tenga un sobrino al que quiera mucho.
-Tengo hijos. -¿Hijos? Eso no es lo mismo.
Lo entiende, ¿no? Es importante. Llego tarde a un vuelo,
-si no lo llevaría yo. -Está bien, se lo cogeré.
-Dese prisa. -Gracias.
He visto un milagro navideño.
Como una de esas cabras que miran al Niño Jesús,
comiéndose una lata y mirando a Jesús.
¡Cargad el camión!
Sí, sí, sí.
¿Cuántas veces tengo que decirlo? Recoged las cestas.
Vuestra madre no trabaja aquí, salvo la de Ernie, yo soy su madre.
Mamá.
¿Dónde he escondido a Santa? Te pillé, granuja.
¿Quién ha dejado esto así?
-El regalo para el sobrinito. -Vamos, Linda. Voy a cerrar.
Donna, mira, esto no llegó al camión.
¿En serio? Mierda. Quien lo haya traído que ponga una queja.
Pero aquí dentro hay un regalo para un niño pequeño.
-¿Cómo lo sabes? -El hombre lo dijo.
Llegó cuando estábamos cerrando.
La gente en esas situaciones se sabe que mienten.
A saber lo que hay ahí.
-Quizá sea una caca. -¿Se envían cacas por correo?
-Sí. -¿Por qué?
Por muchas razones, todas malas.
Si ese paquete ya no está en la planta,
no se puede hacer nada.
Ponlo aparte, lo llevaremos el día 26. Vámonos.
Pero... el sobrino... Navidad.
¡Linda! ¡Vamos!
Tengo que hacer algo. Santa está ahí.
Boca cerrada, Santa, esto lo hago por ti.
He cogido un paquete. No sé lo que voy a hacer.
Lo llevaré a la planta. No tengo tiempo para llevarlo.
Tengo que volver a casa. Pero ¿cómo lo recibirá el sobrino?
Necesito un bastón. Chocolate...
Hacía tiempo que no venían los abuelos.
Qué gran noche. Van a decirme que he crecido.
Sí, sí. Linda, ven a casa. ¿Dónde están tus hermanos?
Envolviendo regalos para el intercambio.
Seguro que quieren que esté todo perfecto.
Ni el diario de Tina nos ayuda a encontrar un regalo para ella.
Mamá ha llegado. O ese gato callejero que sabe abrir puertas.
Los parientes van a llegar y a ver qué hacemos.
Santa nos está mirando ahora haciendo...
No tan deprisa. Si terminamos tan pronto no tendré excusas
para quedarme en la cocina cuando lleguen tus abuelos y Gayle.
Recibido. Corto.
-Más lento. -Corto...
Gracias a Dios. Ya has llegado.
¿Cuánto tiempo falta para que lleguen?
-Como media hora. ¿Por qué? -Media hora.
Creo que podemos hacerlo.
A "ho-ho-ho" por ello.
Necesito volver a salir. Un momentito. Es por trabajo.
¿Qué? No me vengas con esas, Linda.
Tú eres el amortiguador entre tus padres y yo
y mantienes la paz entre ellos y Gayle.
-Bob... -Sabes las mentiras
que les cuenta Gayle para que crean que vive mejor de lo que vive.
Yo no puedo seguirle.
Les dijo que iba a ser modelo de cejas en el extranjero.
Bob, cálmate.
Volveré antes de que se líe. Tú bebe.
-Vale. Y tú date prisa. -Nos vamos con mamá.
-¿Qué? -¿Sí? Vale, nos vamos.
-No, tengo que hacerlo rápido. -Pero ya hemos pasado
mucho día de Nochebuena sin nuestra mami.
No queremos pasar otro solitario segundo.
Me ha llamado "mami". Está bien, venga, en marcha.
Yo quiero más tiempo de hoy con mami.
-No, Tina, tú quédate aquí. -Guay, guay.
¿Qué hay en esto, mamacita?
Es un regalo muy especial para un sobrino muy especial.
¿De quién? ¿Del tío Kracker? ¿Para su sobrino?
No. Quizá. Lo vamos a llevar a la planta de correos.
Es una misión de alegría navideña. Es divertido. Como la Navidad.
Sí. Toma, Charlie Brown, llorica.
Pregunta. A la vuelta, ¿podemos parar en algún sitio barato
y con muchas cosas, ya sabes, artículos que le gusten a Tina?
¿Es por el intercambio de regalos? La habéis medio cagado, ¿no?
Creí que habíamos acordado que la medio cagaríamos.
Todo está cerrado, pero a ver qué podemos hacer.
Y tenemos que volver antes de que la abuela diga
esas cosas horribles que dice.
No, no.
Quizá sea mamá, que se ha vuelto muy formal.
Vaya, habéis llegado pronto.
Sí, íbamos a pasar por mi casa primero.
Mi casa grande de persona rica.
-¿Tu...? -La que compré cuando era
-una médica famosa en Internet. -Claro, claro.
Pero tengo obreros allí. Es que estoy quitando algunos baños.
¿Porque tienes demasiados baños?
Tranquilo, Bob, te dejaré el que siempre dejas apestando.
-Dios. -¿Estás bien?
¿Quieres beber algo, abuelo? Vaya.
Hace frío aquí. ¿Os han cortado la calefacción otra vez?
No, es que es invierno.
Te sentirás más cómoda en el salón, junto al árbol.
¿Dónde está Linda?
Llegará de un momento a otro, espero.
No me digas que ese es el árbol.
Hola. ¿Alguien puede abrirnos?
Soy del servicio de correos, eventual.
Otra Nochebuena gritando en una valla.
Vuestro padre. Hola, cariño, ¿cómo va todo?
Linda, ¿dónde estás? Tu familia está aquí.
-¿Tan pronto? -Sí.
Ya casi he terminado. Volveré pronto.
-¿Cómo de pronto, Linda? -Pronto, Bob. ¿Dónde están?
-¿Qué hacen? -En la sala de estar.
Tina les está contando la historia de cómo casi da lecciones de piano.
Es una buena historia, pero tú tienes que estar con ellos.
-¿Qué? -Necesitan supervisión.
-Un amortiguador. -No puedo. Estoy cocinando.
Llévalos a la cocina contigo.
-Lo siento. Te quiero muchísimo. -No es verdad.
Voy a llegar pronto y va a ser la mejor Navidad de todas.
-Te lo prometo. -Mamá, mira.
El camión viene, tengo que colgar.
Linda, espera.
Y si sacan lo de la otomana, cambia de tema.
-¿Qué era lo de la otomana? -Tengo que irme. Adiós.
¡No!
Es como el Polo Norte. Creo que huelo a reno.
-No, es Gene. -Gracias.
¿Dejamos el paquete y nos vamos?
No. Debemos saber que sale esta noche.
Hablaremos con quien esté al mando.
¿Dices el gerente de planta?
Ponga este paquete en el camión
o estropeará las Navidades de un sobrino que llorará
y ningún ángel recibirá las alas.
-Venga, mamá, véndelo más. -A ver cómo se lo digo...
-¿Quién narices es usted? -Lo siento. Linda Belcher,
empleada de correos. Durante las fiestas.
-Mi jefa es Donna... no sé qué. -¿Y estos son sus hijos?
-Pues sí, biológicamente. -¿Puede ayudarnos?
¿El paquete es para entregar en Navidad?
-Sí. -Es prioridad exprés.
El camión ha salido hace cinco minutos.
¿Era ese el camión?
-¿Es una empleada para clasificar? -Más o menos.
¿Y ha sacado ese paquete de su oficina sin autorización?
-Debo llamar a su superior. -Por Dios, no se lo diga.
-Estropearía nuestra relación. -Pero es Nochebuena.
Deje el paquete en el contenedor que hay fuera.
-Olvidaremos lo ocurrido. -Entonces, ¿le llegará mañana?
No. El 26 de diciembre, con suerte.
Es cuando celebran la Navidad en alguna parte.
-En Australia, en Rusia, no lo sé. -Está bien, gracias.
El contenedor de ahí fuera.
¿No es este el contenedor? ¿O es el conte-niendo la salida?
Esto no está tan lejos. En Nochebuena, llegaremos enseguida.
¿Tendremos tiempo para pasar por la tienda?
-Sí, claro, claro. -¿Y papá qué? Parecía...
¿Qué forma hay de decir "asustado de la abuela"?
Estará bien. Siempre se queja por tener que ver a mis padres,
-pero los quiere. -Muy en el fondo.
-Muy fondero. -En el fondo de su culo.
Sí. Bien. Otra salida rápida al otro lado de la ciudad.
¡Sí!
Esto hay que hacerlo rápido. No vendrán a por nosotros.
El hombre de la planta estaba muy ocupado.
No notará que falta un paquetito de nada.
-¿En serio? -¿Diga?
Donna, soy Fred, del distrito centro.
Creo que una de tus eventuales se ha vuelto loca y se ha ido,
llevándose un paquete de prioridad exprés.
¿Lo adivino? Linda Belcher. Yo me encargo.
-¿Hola? Soy Donna. -Hola, Donna, ¿qué pasa?
Linda Belcher se ha rebelado.
Ha cogido un paquete de prioridad exprés
y lo va a entregar ella misma.
Santo Dios. Prioridad exprés, no.
Tú la avalaste, dejo el tema en tus manos.
Descuida. ¿Te ha sonado guay?
Claro.
Navidad es lo peor.
Aleluya. Aleluya. Aleluya. Aleluya.
¿Bob? Creo que he tirado mi medicación.
¿Quieres buscarla en la basura por mí?
Sí.
¿Sabéis? No necesito comprar mi árbol de Navidad.
Mi amante me lo regala siempre.
Dirk. Dirk Mucho-Dinero. ¿Verdad, Bob? Tú le conoces.
-Sí. Claro. -¿Te acuerdas?
Le echaste un pulso. Me dijo que flirteaste con él.
-Sí, sí. -¿Tenéis bebida?
-Abuelo, ¿más leche? -Sí, por favor.
Dios mío.
Qué divertido, Bob. Sobre todo, comparado con el año pasado
y todo el asunto de la otomana.
Espera, ¿qué? Quizá deberíamos...
-¿Otra vez con la otomana? -No. A ver...
¿La otomana?
Llena los pasillos de ramas de acebo.
Sigue, Tina.
-¿Diga? -Linda, soy Mike.
Hola, Mike. ¿Qué tal tus castañas? ¿Asándose?
¿Aún tienes el paquete de prioridad exprés?
-Yo... -Tranquila, no pasa nada.
Hay confidencialidad entre el cartero y el que clasifica las cartas.
Vale, entendido.
Se lo llevo a un niño en Bog Harbor, en Murray Hill Drive.
No existe confidencialidad entre el cartero
-y el que clasifica las cartas. -¡Mierda!
Desvíate y tráeme el paquete enseguida.
¿Y tú lo entregarás?
No, lo llevaré a la planta. Eso dice la ley.
-No puedo hacerlo, Mike. -Mira, yo fui como tú.
Me encantaba ser el cartero en Navidad.
Me sentía como un elfo grande. O un Santa pequeño.
Me tomaba el correo como algo personal, pero ahora solo lo llevo.
-Mike, ¿por qué? -Tienes que seguir el protocolo.
No importa cuál sea el paquete, o para quién sea,
-ni lo que te digan que hay dentro. -¿Estás hablando de caca?
Estoy hablando de caca.
El hombre que dejó esto no era así. Era amable.
Bueno, un poco raro, sudoroso, pero amable.
Amable, sudoroso y raro. Si mi pene pudiera hablar...
Mike, lo siento, pero tengo que fingir que mi móvil no funciona.
-Linda, no lo hagas. -Te pierdo, Mike.
No lo hagas, Linda. Lo siento, cariño,
incluso en Nochebuena, no puedo fallar a correos.
-¿Te ha sonado malote o...? -Un poco.
Y una perdiz en la despensa.
Sí. Tina, has cantado muy bien. ¿Qué más podemos cantar?
¡Se acabó tanto canto!
Ahora quiero hablar del "incidente de la otomana".
-Mierda. -¡Otomana, otomana, otomana!
-¡Suéltalo de una vez! -Dejad que nieve.
-Una vez más, todos... -Bob, tú serás el juez.
Escucha mi versión de la historia, luego la versión de mis padres
y dime que tengo razón.
Nosotros tenemos razón.
¿Yo? ¿El juez?
Acabo de darme cuenta de que tengo que ir al baño
y voy a estar allí mucho tiempo. Adiós.
-¿Alguien cree que he crecido? -No.
Buen ojo. Buen ojo.
Hasta las grandes cadenas estén cerradas por las fiestas.
¿Desde cuándo tienen alma? Es inútil, mamá, dame el paquete.
Lleve lo que lleve, se lo daré a Tina.
No, Louise, no. Ya hemos llegado.
-Bien, aquí llega la Navidad. -Linda Belcher.
-¡Mike! -Sí.
¿Estás aquí? ¿Cómo has llegado tan rápido?
No olvides que soy cartero.
Nos sabemos todas las calles secundarias.
Entrégame el paquete.
Pero...
Rápido. Ponme un sello y dile que yo soy el paquete.
Quiero hacerlo por ti.
Linda, entrégame el paquete.
Déjame repartir alegría navideña, maldita sea.
Tú no eres un cartero de correos.
Pero intentamos quererla, aun así.
Ese paquete tiene que volver a la planta, esa es la ley.
Ha sonado guay dicho así.
-Por fin. -Tengo que hacerlo.
Aunque no haya un niño pequeño ahí dentro.
-¿Mamá? -Y aunque no haya nada
en este paquete más que un enorme montón de caca.
-Mamá, mira. -Hay un niño pequeño.
-Es real. -Y es espectacular.
¿Qué es esto? ¿Vienen a cantar villancicos o algo?
No cantamos. Somos niños. Parecidos a ti, chavalín.
-Somos de la oficina de correos. -¿De verdad?
-¿Ese paquete es para mí? -Yo no soy un cartero, pero tú sí.
-Vamos, Mike, entrega el paquete. -No sé.
Cógelo.
-¡Mike, no! -Mierda.
Qué insensible.
-Lo siento mucho, cariño. -Necesito una firma.
Mike, lo estás haciendo. Como Santa.
-¿Qué ocurre? -Una entrega especial.
-Necesito una firma. -¿Son ustedes de correos?
Sí. Tome un bastón de caramelo.
-¿Es marrón? -Es de chocolate.
-No está muy rico. -Bueno, gracias. Feliz Navidad.
Oye, ¿qué regalo hay ahí? ¿Tienes algo de sobra?
-¿Algún regalo de más? -Sí, de más.
Tienes tantos que es como: esto lo tengo "repe".
-No tengo "repes". -Niños, vámonos.
Los abrimos mañana, así que no lo sé.
¿Sí? ¿Me das uno? Si es muy guay, te lo devolveré.
-Si no, quizá te haga un favor. -¡Louise, vamos!
¿Papá? ¿Estás haciendo eso que dices que tienes que ir al baño,
pero, en realidad, estás escondiéndote?
-No, he venido de verdad. -Yo lo sabría si hicieras eso.
Te necesitan ahí. Mamá hace que no hablen de ciertas cosas.
-¿Tú podrías hacerlo al revés? -¿Ayudarles a resolverlas?
Suena difícil, pero, sí.
Vale. Si salgo, no vas a meterte y a cerrar la puerta, ¿verdad?
-No. -¿Lo prometes?
Sí.
-Lo has prometido. -Lo siento, lo siento.
Tengo que ser fuerte.
De acuerdo, háblame de la otomana.
¡Por fin! Fue en las últimas Navidades.
Yo estaba en Florida, de visita en su piso.
Dirk Mucho-Dinero estaba en nuestra otra casa en la Toscana.
Ellos estaban encantados de verme porque soy su favorita.
Y yo tenía una idea muy divertida para esa noche,
cuando nuestro primo Donnie iba a venir.
Me iba a esconder en la otomana plegable que papá usaba
para guardar las zapatillas y, cuando Donnie llegara,
iba a salir de repente y sorprenderle. Así que entré.
Pero me quedé dormida. La nueva medicación.
Cuando intenté salir, estaba atrapada
bajo los pesados regalos de Donnie, que ni siquiera eran para mí.
¡Luego se fueron a ver una película sin mí!
Estuve horas en la otomana,
atrapada con las zapatillas hediondas. Fue un infierno.
No sabíamos adónde habías ido.
No creíamos que habías dicho en serio lo de la otomana.
Claro que lo dije en serio. Era una idea increíble.
Además, grité para que me sacarais.
Somos duros de oído.
Al, estamos hablando de la otomana.
-Ahí guardo mis zapatillas. -Lo sé. Su olor me obsesiona.
Aún me despierto gritando: "Zapatillas".
Vale, calmaos todos. Creo que esto puede resolverse.
Es increíble. Todos se están riendo. ¿Qué has hecho?
Les he dicho que es más importante estar juntos
en Navidad que ganar una estúpida pelea.
-¿Y ha funcionado? -Más o menos. Bueno, no.
Pero entré en el dormitorio y llamé a Gayle fingiendo
que era del banco, le dije que pusiera el altavoz.
Le dije que tenía tanto dinero que estaba rebosando
y que había peligro de incendio. Tus padres se lo creyeron.
Eso les puso a todos de buen humor.
-Bien por Gayle. -Sí.
-Vaya, eso es un... -Cisne de origami.
De un albarán de un paquete de prioridad exprés.
Hemos aprendido a hacer origami.
Y no le preguntes a Mike el cartero si se le da bien,
porque no tiene nada que ver con esto.
Pero eso no es todo. Te traemos otra cosa.
-¿Preparado? -Sí.
Esto.
Lo siento, Tina. Queríamos regalarte algo mejor.
Este es el mejor regalo que podríais hacerme.
A no ser que me estéis engañando y no sea el verdadero.
-No es eso. -De acuerdo.
¿Me das palmaditas? En serio, no hay más regalos.
-Lo sé. -Ahora su mano está en mi bolsillo.
Aquí hay un pasador.
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