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YO, TÚ, ÉL, ELLA
Entonces me fui.
Una pequeña habitación blanca.
En la planta baja.
Tan estrecha como un pasillo.
Permanezco inmóvil.
Con mis sentidos alerta.
Estoy tumbada sobre el colchón.
El primer día pinté los muebles de azul.
El segundo, de verde.
El tercero los puse en el pasillo.
El cuarto día me acosté en el colchón.
La habitación parece más grande vacía.
El quinto día cambié de sitio el colchón.
Después lo levanté.
Lo coloqué de pie contra la ventana.
Después contra la pared.
Me acosté. Y el sexto día escribí una carta.
Dejé bien claro lo que quería decir.
Primero escribí tres páginas para contárselo.
Luego escribí seis páginas para decirle lo mismo.
El octavo o noveno día
retomé la segunda carta
mientras comía mucho azúcar.
Y tachaba...
y borraba.
Quedaron unas pocas líneas.
Dejé de comer y me quedé en silencio.
Tras unos días volví a empezar.
Días más tarde leí todo lo que había escrito.
Me acosté en el colchón.
Y me levanté para quitarme la ropa.
Desnuda, volví a acostarme.
Me tapé con mi ropa.
Y esperé.
Me oía respirar.
Jugaba con mi respiración.
Luego, me cansé de ese juego.
Y esperé.
A veces me tomaba una cucharada de azúcar moreno.
Sabía que llevaba allí al menos 28 días.
De repente, al mirar arriba...
vi a gente andando por la calle.
Dejé caer el azúcar sobre las cartas.
Y volví a acostarme.
Esperé.
Esperé
hasta que esto terminara o hasta que pasara algo.
Que creyera en Dios o que tú me enviaras unos guantes.
Sacaba cucharadas de azúcar a duras penas.
Después dejé de oír los pasos.
Durante el día había muchos y eran muy fuertes.
Después simplemente esperé.
Nevó.
Me convencí de que la vida se había bloqueado de todas formas.
Que ya no pasaría nada más.
Y que debía esperar a que no nevara y se derritiera la nieve.
Nevó durante mucho tiempo.
Durante cuatro días.
Un día paró de nevar.
Al poco tiempo, la nieve se derritió y me levanté.
La ropa que me cubría se mezcló con el azúcar del suelo.
Me quedé desnuda.
Oí cómo paraban los pasos.
Alguien estaba mirándome.
Así que me quedé quieta, desnuda...
para que los transeúntes me vieran.
Pasaba muy poca gente. Después, nadie.
Se hizo de noche.
Me vestí.
Solo más tarde, mucho más tarde,
me miré en la ventana.
Ya no quedaba azúcar.
Y me preguntaba qué me pasaba.
Sabía que tenía hambre.
Me levanté.
Me miré.
Me quité el jersey para verme mejor.
Después...
me desnudé y me miré.
Paré un camión.
Me subí a él.
El conductor estaba callado.
Después me dijo que podía echarme en su litera
porque debía estar cansada.
Tenía la nunca ancha y bonita.
Era pelirrojo y tenía mucho pelo.
Me di cuenta de que quería besarle.
Esto es importante.
Mueve la mano.
Lentamente.
No tan rápido.
Arriba y abajo.
Primero lentamente, luego un poco más rápido.
La noto.
Se está poniendo caliente.
Está poniéndose más dura.
Se está llenando.
El calor va y viene.
Dentro y fuera.
Suavemente.
Está creciendo tanto que va a estallar.
Obedeces, pero con miedo.
Piensas que está mal.
La acaricias más rápido.
Más rápido.
Sigue.
¿Notas lo grande que se pone?
Sigue.
Ahora más suave.
Arriba y abajo, sí.
Se corrió poco a poco.
Apoyo mi cabeza en el volante.
Conocí a mi mujer en el campo.
Yo caminaba por la carretera.
Estaba harto porque me había perdido.
Y ella me adelantó muy rápido.
La llamé.
Era invierno. Noviembre, creo.
La paré y le pregunté dónde me encontraba.
Tenía 18 años y ella era muy joven, como tú.
La miré.
Quería desnudarla, pero prefirió hacerlo ella misma.
Lo hicimos allí.
Estuvo bien.
Después lo hicimos unas cuantas veces más.
Y entonces se quedó preñada.
Yo tenía que encontrar otro trabajo para ganar algo de pasta.
Empecé a tener menos tiempo.
Centraba todas mis energías en el trabajo.
Llegaba agotado a casa.
Y me rondaba con su barrigón.
Solo salíamos los sábados y domingos.
Pero ya no era lo mismo.
Y después tuvimos al bebé.
Ya no la quería tanto, ni ella a mí.
Es extraño. Fue como si el bebé...
nos impidiera follar.
O quizás es que estaba demasiado cansado.
Y ella estaba cuidando al bebé.
Así que, de vez en cuando
cumplíamos con nuestras obligaciones maritales.
Pero es muy raro, me sentía...
igual que ganando dinero...
o jugando con el bebé.
No sé.
Tengo fotos, por cierto.
Mías, con el bebé en las rodillas.
Ahora tengo dos.
Una niña de 11 años
y un niño de año y medio.
Me hice camionero.
De vez en cuando subo a alguna chica.
Pero sé
que no tiene futuro, no es nada.
Es algo esporádico.
Les pregunto.
Y si están de acuerdo, lo hacemos atrás.
En mi litera.
No tiene nada que ver con crear una familia o mantenerla.
Se trata solo de follar.
Es solo un polvo.
Tengo un primo.
Es muy divertido.
Se casó con una mujer por su dinero.
Lo único que quiere es conseguir dinero.
Pero todos son felices.
Hace el tonto y, aún así, tiene pasta.
También tengo un hermano.
Trabaja en una fábrica.
Es curioso, él era un auténtico perdedor.
Nunca hacía nada bien,
ganaba poco, una miseria.
Siempre con cosas turbias.
Pero, por decirlo así, le dio la espalda a todo eso.
Quiero decir...
Se buscó una chica y resolvió ese tema.
Se concentró en el futuro.
Ahora es el jefe y manda sobre los demás.
Es gracioso verlo gritándoles.
Se le pone toda la cara roja como si fuera a escupir fuego.
A veces, cuando llego a casa
veo a mi mujer esperándome con el pequeño.
Le cambia el pañal, le da toquecitos.
Le limpia con cuidado el culo
y la pilila con algodón.
Y luego usa una crema que huele muy mal.
Se inclina sobre él.
Es curioso, porque ya se le empalma.
Llego a casa reventado y ella...
Así que nada.
Me estoy haciendo viejo.
Y luego mi hija,
por la noche,
se sienta a cenar en camisón.
Un día le di un azote y le dije: "Vete a vestirte".
"Muestra respeto por tu padre".
En realidad me pone.
Es una monada, no importa lo pequeña que sea.
Te cuento una cosa. Ves cómo conduzco ahora
durante horas y no hay nada.
Solo las señales de tráfico y el ruido del motor.
Es curioso, empiezo a soñar despierto.
Y cuando sueño se me pone dura.
A veces ni siquiera lo noto.
A veces la ayudo un poco pensando en algo en concreto.
Por ejemplo, en el coño húmedo de una mujer.
Con las piernas abiertas.
O en una mujer llorando.
Una mujer que llora en una esquina.
Mujeres llorando. Eso siempre funciona.
Hay veces que pienso en cosas sin sentido y me sirve.
Cuando empecé en este trabajo, ni se me ocurría pensar en eso.
Cuando conducía camiones más rápidos
y sentía esa excitación, cantaba en voz alta.
Notaba cómo subía desde el estómago
por el pecho hasta la boca y salía por ahí.
De vez en cuando organizaba carreras con mis colegas
y estupideces así.
Otras veces, en las rutas largas, viene un segundo conductor.
Siempre les busco la boca hasta que nos peleamos.
Soy yo.
No quiero que te quedes.
Tengo hambre.
Un poco más.
Esto.
Tengo sed.
Dijo: para mañana tienes que haberte ido.
Ya no iremos al bosque Han cortado los laureles
La bella muchacha los habrá recogido
Veníos a bailar Y miradnos bailar
Saltad, bailad Besad con libertad
Ya no iremos al bosque Han cortado los laureles
La bella muchacha los habrá recogido
La bella muchacha los habrá recogido
Veníos a bailar Y miradnos bailar
Saltad, bailad Besad con libertad
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