All language subtitles for Bobs.Burgers.S08E18.As.I.Walk.Through.the.Alley.of.the.Shadow.of.Ramps.1080p.DSNP.WEB-DL.DDP5.1.H.264-PHOENiX_track7_[spa]

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Original subtitles

Un partido de lanzar basura en bici. Es un deporte de reyes.

Es como el quidditch, si la vida de Harry Potter

hubiera dado un giro muy triste.

-Envoltura de taco contra la tapa. -¡Buena, Tina!

Gene, me encanta tu nueva cesta de bici.

¿Dices esta chulada en el manillar?

¿Por qué iban a ser solo para las chicas?

Este verano estarán de moda para los chicos.

Eres un pionero. Ahora observa cómo gano con estos panecillos mohosos

tres puntos.

-¡Jopé! -Soy Alice, vuestra nueva vecina.

-¿Os retiráis, por favor? -Encantada de conocerla, Alice.

Nos retiraremos. Pero tenemos que quitar esta basura.

Me llamo Gene.

¿Podéis daros una pizca de prisa?

Lo estamos haciendo a toda pizquita.

Hacedlo como si fuerais unos niños fuertes y sanos.

¿Qué estrépito es este? ¿Jugáis a lanzar basura en bici?

-Jugábamos. -¿Cómo va su notaría, señor Huggins?

Bueno, ya sabes lo que dicen de los notarios.

-¿Qué? -Nada.

Nadie dice nunca nada de ellos.

-¿Hola? ¿Os habéis olvidado de mí? -Yo sí, lo siento.

"Cuando Peludo conoció a Batido. Batidos y depilación".

¿Es que le depiláis el vello a los batidos?

Esa pregunta otra vez. No tengo tiempo para esto.

Señora, si tiene tanta prisa, ¿por qué no va por la calle,

-como una persona normal? -Porque tendría que girar

y chuparme todo el tráfico, y eso me pone de mal humor.

¿Y esto no es mal humor? ¡Y tanto!

Por aquí es más fácil y puedo perderme en mi CD

de pop celta New Age y empezar el día.

Pero no puedo hacerlo si hay niños bloqueando el callejón. Así que...

-Ya está, pase usted. -Sí.

Sentimos mucho haberla hecho esperar.

Gracias, niña del triciclo.

De nada, señora con negocio extravagante.

Empieza mi día, adiós.

-Fuentes ancestrales... -Que te llegue muy adentro Enya.

-Menuda pieza la tía. -No va a estropearnos la diversión.

Lata de judías al centro.

Tenía que entrar.

Bob's Burgers. Hola. Espera, espera, cariño.

Más despacio. Es que no entiendo nada, cielo.

-¿Es tu hermana, no? -Bob te saluda. De acuerdo.

-Aguanta un poco. Voy para allá. -¿Qué pasa?

Es el primer día de trabajo de Gayle en el museo de arte y va a dimitir.

Siempre lo hace. Consigue un trabajo

y amenaza con dejarlo al segundo día.

¿Sabes? Tienes razón. Quizá debería dejar que lo resuelva ella sola.

Pues estás cogiendo las llaves y veo que también el bolso.

Tengo que ir. Tengo que ir.

-Gayle, cariño, estoy aquí. -Oh, gracias a Dios.

Sujétame, llevo de pie mucho tiempo.

-Gayle. Gayle. -No puedo ser guardia de seguridad.

-Gayle, ponte derecha. -No siento las piernas.

Venga, ya estás derecha. Ya.

Tengo que dejarlo. No estoy hecha para esto. No soy una atleta.

-Gayle, mira a ese hombre. -Sí.

Debe de tener cien años. Si él puede hacerlo, tú también.

Nunca seré tan buena.

Escucha, te acostumbrarás. Yo estoy de pie todo el día.

Y tengo las mejores pantorrillas de la familia, aparte de Gene.

No es sólo tener que estar de pie.

Pensé que iba a ser una defensora del arte. Que lo protegería

de los ladrones de arte y de los que lamen las esculturas.

-¿Hay gente que lame esculturas? -Por supuesto que sí. Madura, Linda.

¿Qué puñetas le pasa a este mundo?

Mira alrededor. Esto es puro aburrimiento.

Gayle, dale un día más.

Y si todavía lo detestas tras ese día, le das otro.

Y sigues haciendo eso para siempre. Eso es trabajar.

-¡Linda, no! -Pero no todo es malo. Te pagan.

Y puedes irte a casa después y decir "vaya día" y beber.

-Eso suena bien. -Buena chica.

-Ahora ponte en tu lugar de trabajo. -De acuerdo.

Y entonces se marchó. ¿Qué problema tiene?

No es la dueña del callejón.

Sí, los niños juegan en los callejones.

Yo era una chica de callejón

hasta que conocí a vuestro padre y senté la cabeza.

Detesto que atajen por el callejón. Salvo ese tío en el deportivo.

Ese mola. Creo que seríamos amigos, si se diera la circunstancia.

Me llamó "niña del triciclo". ¿A qué vino eso? Envidia, seguro.

Seguramente. Oye, hablando de tus tres ruedas...

-Mi máquina verde. -Sí, tu máquina verde.

Tal vez sea hora de otro... ya sabes.

-¿Qué? -¿Otro intento con las dos ruedas?

-Podría volver a enseñarte. -No te ofendas, papá.

Pero la última vez lo hiciste fatal.

Louise, dime cuando quieras que te suelte.

Aún no. Vale, ahora. Suéltame ahora.

Pero tienes las manos sobre las mías.

-¡Ahora, papá! -Louise, quita las manos.

-¡Suéltame ya! -¡Me estás clavando las uñas!

Louise, cariño, deja que te enseñe yo.

Tu padre es amable, pero ya sabes, no es muy listo.

Eh, se me da bien. Enseñé a Tina.

-¿Qué? -Yo enseñé a Tina.

Bregué con ella una semana.

Tú te lanzaste y le diste el último empujón.

-¿Yo "me lancé"? -Como un pterodáctilo.

-Peludo-dáctilo. -Yo a las pruebas me remito.

-Recordad que yo enseñé a Gene. -Alias, “la muestra”.

En realidad le enseñé yo. Mamá no hacía más que correr al teléfono.

Esta mujer nunca dice que no a una llamada.

Era Ginger. Le estaba pasando algo.

No lo puedo decir, pero rima con operación chapucera de hemorroides.

Yo también enseñé a Gene, ¿te acuerdas?

-Me acuerdo. Me acuerdo del llanto. -¿El llanto?

Tu padre suele llorar cuando enseña a montar en bici.

Pues sí, porque está a punto de suceder un momento precioso.

-Oh, cielos. Su primer pedaleo. -Oh, cielos.

Ya empezamos.

Chicos, os agradezco lo que intentáis hacer.

Podría montar en bici, pero elijo no hacerlo.

Tres ruedas son mejor que dos, son mates.

Bueno, ¿qué hacemos para no fregar los platos?

-¿Parchís? -¿Fiesta de queso?

-Una fiesta de parchís con queso. -Vaya, eso suena genial.

Pero antes, nosotros vamos a hacer una cosa rapidita. ¿Os acordáis?

-Claro. -¿Sí?

Daos prisa. Vuestro padre ya está entusiasmado.

Yo voy por el parchís. Lin, tú trae la tabla de quesos.

Espera, al revés.

-¿A dónde vamos, Louise? -¿Voy bien para la ocasión?

¿Es como para llevar pañuelo?

Nuestra amiga Alice ha aparcado aquí,

y estoy pensando en escribirle algo en la ventanilla de atrás.

Y por “escribirle” me refiero a ti, porque yo no llego.

-¿Qué vamos a escribir? -Te contesto:

"Si puedes leer esto, estás detrás de un cagarro pestilente de camión".

-Sí, muy bueno, ¿no? -¿No es un poco grosero?

-¿Por qué no lo cambiamos un poco? -Vale.

"Si puedes leer esto, estás detrás de lo que podría ser

un cagarro pestilente de camión. Buen día.

Carita sonriente. Uno que te quiere."

-Es perfecto. -Buen trabajo en equipo.

Tengo que conocer a niños que sepan más palabrotas.

No vamos a tener una bronca cuando esta señora pase, ¿no?

No. Ya tiene el mensaje. Un mensaje raro lleno de palabras.

Me alegro de lo de "uno que te quiere".

Vosotras os la estabais buscando.

Mirad, aquí viene. Estoy muy nerviosa.

Tranquila, no sabe que hemos sido nosotros.

-Sé lo que habéis hecho, niños. -Oh, oh...

Señora, pase ya, no sabemos de qué está hablando.

-Sí lo sabes, niña del triciclo. -Vale, basta ya con el triciclo.

¿Por qué no quieres que te lo digan?

¿Porque eres demasiado mayor para montar en uno?

-Vale. -Vaya.

Ya está, ya me he peleado con un niño.

Y del cabreo que tengo no quiero este batido

que tanto me ha costado hacer.

-¿Qué puñetas ha pasado? -No quería hacerlo,

pero ha sido un feliz accidente. Este es un callejón activo.

No es para niños en bicicleta.

-Pajaritos en el tocón de un árbol. -¿Aún te parece bien

-el "uno que te quiere", Gene? -Sí, me lo parece.

¿Qué haces en la salida de incendios? ¿Huir de un incendio?

Hay que devolverle el golpe a Alice y darle fuerte.

¿Por lo que dijo de tu máquina verde?

¿Qué tiene que ver mi máquina verde?

Y tener 9 años no es ser mayor. Es solo un dígito.

Es un 6 del revés, ¿cómo va a ser eso ser mayor?

Claro, claro.

Se trata del acceso a nuestro callejón.

Y de que nos lance y nos salpique con batidos.

Batidos muy mediocres, el plátano y la remolacha no se llevan bien.

Pero somos tres niños contra una mujer cruel

-con una camioneta grande. -Sí, pero

-¿y si no fuéramos sólo tres niños? -¿Volvemos dentro de 20 años?

Me encanta ese plan.

Rudy, estamos planeando una fiesta de bicis en nuestro callejón.

¿Aún tienes esas rampas que te hizo tu padre?

Son algo pequeñas, pero no están mal.

Tenemos buenos recuerdos de ellas, ¿eh, colega?

Tú y yo, deslizándonos por ellas en la entrada de mi piso.

Siempre pasa algo divertido con papá, ¿eh? ¿Verdad, hijo?

-¿Verdad, hijo? -No hagas eso.

-No me hagas eso. -Lo siento. Sí, perdona.

¿A cuántos has invitado a esta fiesta de bicis, Louise?

A muchos. A todos. No importa. Si tienes rampas, los niños vendrán.

No según mi experiencia, pero bueno.

¿Qué está haciendo Louise en el callejón?

Preparándolo para una fiesta de bicis.

A mí no me ha invitado. Y soy la maestra enseñando a montar.

¿Y yo qué? Soy un buen profesor. Te enseñé la diferencia

entre Dermont McDermott y Dylan Mulroney. Mierda.

-Bob's Burgers. -Hola, Linda.

-Hola, Gayle, ¿qué tal el trabajo? -Horrible. Muy aburrido.

-Tengo que dejarlo. -Gayle, cualquier protector del arte

sabe que las amenazas no siempre son visibles.

-No lo sé. -Mira a tu alrededor. ¿Qué ves?

Una estatua. Espera, es una señora. Va vestida de blanco.

-Oh. -No, es una estatua.

-No, se ha movido. -Oh.

-¿Las estatuas se mueven? -Gayle, Gayle, ¿qué más? ¿Qué más?

Pues hay un hombre en la otra galería.

Viene todos los días y mira siempre el mismo cuadro.

¿Todos los días? Gayle, crees que ahí no pasa nada. Te equivocas.

Ese hombre está reconociendo el terreno.

-Quiere ese cuadro. -¿Qué?

-¿Qué aspecto tiene? Descríbelo. -Es guapo, pero no demasiado.

Como el del spot de esa crema.

Parece que no quiere llamar mucho la atención. Eso es bueno.

Debes vigilarlo. Podrías impedir el robo de arte de la historia.

-¿Eso crees? -Estoy segura.

Te llamaré al final de tu turno. Quiero un informe completo.

-Llámame cada diez minutos. -No, al final de tu...

Gayle, tengo que colgar. ¿Lo habéis oído?

Por eso soy la mejor hermana del mundo. Oh, se han ido todos.

-Vaya, Louise, qué concurrencia. -Estoy muy contenta.

Bueno, pues volveré a entrar.

Me estoy poniendo tierno con tanta bici alrededor.

Sí, ve dentro, papá. Ese no es el ambiente que queremos.

De acuerdo, tened cuidado con las rampas, aunque esas son

-rampas muy pequeñas. -Que no sepa Rudy que has dicho eso.

Bien. Vamos allá.

Deberían servir comida en ese vuelo.

¿Y a eso lo llamas una "cesta de chico"?

También conocida como "cestombre".

Y si estás pensando en comprarte una, hazlo.

Llevo mi hidratante de labios, calcetines de repuesto,

una revista de yoga que me encontré, corticoides...

-Yo podría pasear a mi tortuga. -¿Tienes tortuga?

A Terry, la has visto mil veces, Zeke.

Ah, Terry, claro que sí.

¿Ves, Tina? Es una mujer que está a punto de girar hacia el tráfico.

Sí. Ni siquiera intenta pasar por aquí.

Se llama derrota. Y la lleva como un batido sin espuma.

-Oh, oh... -Mierda.

-Eh, ¿va todo bien ahí, Louise? -Quédate ahí, Rudy.

Yo me ocupo de esto. Oh, cielos.

-¿Una fiesta de bicis? -Sí, Agente,

-una sana diversión veraniega. -Hemos recibimos una queja anónima.

Es de esa señora, de que estáis bloqueando el callejón.

-Sí, tenéis que dispersaros. -Nos vamos, ¿verdad, Louise?

-Nos lo está diciendo la policía. -Ah, sí, sí, sí, ahora mismo.

Va a ser difícil decírselo a ese pequeño. Significa tanto para él.

¿Qué pequeño? Todos sois pequeños.

Ese. Esto es bastante beneficioso para él.

Yo tengo un sobrino así. No es asmático, es justo como él.

Sí, ponemos unas rampas y pasamos la gorra. Ojalá pudiéramos hacer más.

-¿No podéis hacerlo en otro sitio? -Podríamos, es que...

a él le gusta el callejón. Es más privado aquí.

-La gente no se le queda mirando. -¿Qué pasa, Louise?

-Oh, Dios. -Rudy, colega. Tengo malas noticias.

Oye, déjalo. No importa. Nosotros bloquearemos el callejón.

-Sí, sí. -Suerte, chaval.

¿Por qué me desea suerte? ¿Por qué ha dicho "Oh, Dios"?

Estamos aquí para ayudarte. Todo el cuerpo de policía.

-¿Por qué? -Mira esa cara...

-Y los bracitos arrugaditos. -Sí.

¿Qué está pasando? ¿Podemos seguir montando en bici?

Claro que podéis, como los niños normales, como los niños normales.

Gracias por su ayuda, agentes. Hoy han hecho una buena obra.

-Soy un niño normal. ¿No lo soy? -Sí, sí. Eres un niño normal, Rudy.

-¿Verdad, agentes? -Claro que sí.

Dios, qué cabreo tengo. Cada vez mayor.

-Jaque mate. -Sí.

Está teniendo problemas con ese giro.

Si te metes con los Belcher, tendrás ligeros inconvenientes.

Estáis muy callados. Hasta puedo oír el programa que estamos viendo.

¿Se llama "Míster Robot" y es humano? No lo entiendo. Pásame las nueces.

Chicos, este es un silencio que cae sobre una tierra justa y pacífica.

-¿Quién es Justin Pacífico? -Creo que un cantante de folk.

Ah, será Rudy. Iban a venir a recoger las rampas.

-Gracias por guardarlas, Louise. -Qué raro.

Las he dejado aquí, junto a la puerta trasera. Oh, mierda.

-¿Qué? ¿Por qué "oh, mierda"? -Ha cogido las rampas.

-¿Qué? ¿Han robado las rampas? -Debimos asegurarlas.

¿Quién haría una cosa así? Quizá los patinadores. Son muy malotes.

Sé quién es. Alguien que acaba de dar un giro hacia un mundo de dolor.

Oh, no.

¿Así que querías mis rampas para vengarte de una señora

y ahora las tiene esa señora?

No debimos dejar las rampas en el callejón.

Sólo hay cinco cosas que buscan los ladrones:

dinero, joyas, espadas, terciopelo y rampas.

No se me ocurrió, ¿vale? Pero tranquilo, Rudy.

Vamos a ir a por ella y cogeremos lo que es tuyo.

Ella no tiene vuestras rampas.

-Se las llevaron los basureros. -¿Qué?

Intenté evitarlo. Les grité: "eh, no os llevéis las rampas.

No os las llevéis." Pero tenía el cepillo de dientes en la boca

y creo que sonaba así: "Mua, mua, mu, mu, mu, mua."

Pero dejé las rampas allí. No estaban cerca de la basura.

-Es que ella las movió. -¿Qué?

La señora con la que estáis peleando,

las puso cerca del contenedor.

-Ella sabía que se las llevarían. -No sabía por qué las movía.

Se estaba riendo como una loca y decía: "Así aprenderán".

-Eso debió de darme la clave. -No importa, señor Huggins,

sólo es su culpa en parte,

casi toda la culpa es de ella y de nadie más.

Pero tú te dejaste las rampas ahí fuera cuando...

Rudy, te organicé una función benéfica.

-Bob's Burgers. -Linda. El águila ha aterrizado.

-El halcón está en la canasta. -¿Qué? ¿De qué estás hablando?

-Tengo al cabrón. -¿Cómo, qué?

El ladrón de arte. Lo tengo bajo custodia.

-Gayle, Gayle, ¿dónde estás? -En la sala de interrogatorios.

¿Qué? ¿Tienen una en el museo de arte?

También es el baño para empleados.

Oh, Dios mío, Gayle. No hagas nada. Voy para allá. No hagas nada.

Bob, si no vuelvo pronto, es porque estoy huyendo con Gayle.

-Vale, me parece bien. -Tengo que irme.

Mira, aquí viene.

-Aparta, pequeñuela triquiñuela. -Si compensa a mi amigo

por sus rampas sorprendentemente seguras.

Hola, soy el amigo. Rampas muy peligrosas y aterradoras.

-He dicho que te apartes. -No pienso moverme.

Voy a comer en este callejón, a dormir en este callejón

y usted no volverá a pasar por aquí en toda su vida,

o, al menos, hasta que empiece el colegio.

-Aparta. Claxon. -No. Claxon.

-Hazlo. Claxon. -No lo hare. Claxon.

-En serio. Claxon. -No me importa. Claxon.

-Vaya par de claxistas. -Esto no me gusta. Es peligroso.

-No pasa nada. Claxon. -Louise.

-Claxon al infinito. -Es buena.

¿Y si cree que está parada, pero no lo está y suelta el freno?

-Lo siento. Lo siento. -Tina, venga ya.

Vosotros no me estropearéis la mañana.

Espere, espere, espere. Pero, ¿me está tomando el pelo?

Oh, vaya.

Tina, pisa el acele... Lo que haga correr a esta cosa. Vamos, vamos.

-Tenemos que alcanzarlo. -Yo vigilo tu máquina verde.

De momento está aguantando. Más o menos.

¡Vaya! Cuánto corren las bicis. ¿Cómo se mantiene derecha?

Deberíamos estar arrastrándonos por toda la calle.

Haces que me tambalee. No me crees inseguridad.

Está girando en la calle Jardín. Se dirige hacia el centro.

Donde están los jóvenes profesionales.

Les encantan los batidos y la depilación.

Atajemos por el callejón.

¿Y si hay niños jugando que no quieren que lo hagamos?

Vaya, es una ironía, ¿no?

Espera, esto se estrecha.

¡Chicos! Hay una rampa al lado de esa basura.

Creo que voy a cogerla.

Rudy, cuidado... Ah, no es peligroso.

-¿Habéis visto eso? -¿Ver qué?

-No importa. Dios lo ha visto. -¡Ahí está! ¡Deprisa, Tina!

-Gayle, soy Linda. Déjame entrar. -Le he pillado justo a tiempo.

-Estaba a punto de hacer su jugada. -Hola, ¿qué tal? ¿Está bien?

-¿Cómo se llama, cariño? -Neil.

¿Neil? Un placer conocerle, Neil, soy Linda.

-¿Es usted la poli buena, o algo? -Dios mío.

Gayle, cielito, es inocente. Lo sabes, ¿no?

-¿Ah, sí? -Claro que sí.

Siento haberte alterado. Intentaba ayudarte.

No sabía que ibas a raptar a un hombre.

Siempre deberías pensar que voy a raptar a un hombre.

Lo sé. Tienes razón.

Pero tienes que devolverle a donde le has encontrado.

Pero ahora sabe demasiado. Tenemos que deshacernos de él.

-No, Gayle, basta. -Está bien. Lo siento, señor.

Lo sentimos muchísimo. No está enfadado, ¿no?

Sólo estoy confuso. Me encanta este museo, me encanta ese cuadro.

Nunca lo estropearía ni lo robaría.

-No, claro que no. -¿Qué tiene de especial este cuadro?

Son un montón de rayas, colores y manchas.

Soy artista, domino la terminología.

Podría decir que me da un poco de consuelo desde que murió mi mujer.

-Mi mujer no. Perdón, mi gato. -Santo Dios, pobrecito.

Eh, creo que deberíais ir a tomar un café.

-¿En serio? -¿Ah, sí?

Sí, ¿un tío que dice "mujer" queriendo decir "gato"?

-Es un tío que tienes que conocer. -¿Qué tal ahora mismo?

Ah, estoy trabajando. Quiero dejarlo.

-Queda con él a las cinco, por Dios. -Está bien, Gayle,

-me quedaré por aquí hasta entonces. -Puedo apoyarme contra ti.

-Ah, te estás apoyando de verdad. -Sí, así bastará.

-Vamos a proteger el arte. -Eso es.

-¿Me habéis seguido? -Sí, así es.

Ha arrastrado mi máquina verde por toda la ciudad.

-¿Yo, qué? Oh, Dios mío. -No es algo fácil de mirar.

Parece lo que queda tras celebrar un festival de baile.

-No sabía que estaba ahí. -Es lógico.

Sólo es un gran pedazo de plástico

que ha arrastrado bajo su camión unos tres kilómetros.

-Podría haberte matado. -Sí, creo que eso es cierto.

Me gusta que esté tan afectada. Siga así.

-Se está pasando. -Lo siento. Qué locura.

He estado tan nerviosa desde que invertí mis ahorros en este camión.

Parece algo que no puede fallar, ¿no?

-Sí... -Claro, claro.

Pero el negocio va mal. El negocio va muy mal.

-¿Y ese es su problema? -Hace que me sienta fatal.

Intentar hacer algo nuevo que se me da fatal.

-¿Y si se me da fatal para siempre? -No lo sé. ¿Se rinde?

No. Tranquila, Alice. Nos pasa a todos.

-¿Verdad, Louise? -No conseguirá que ni yo

ni mi machacada máquina verde nos sintamos mal por usted.

Digo que todos sentimos miedo cuando hacemos algo nuevo.

Pensamos que nunca vamos a ser capaces de hacerlo, ¿no?

Me pasó al cambiar la teta por el biberón.

-Los peores cuatro años de mi vida. -Vale, ha hablado Gene,

y ¿quizá alguien más pueda sentirse identificado?

-Me aterran los murciélagos. -Eso se sale del tema.

Creí que hablábamos de cosas que asustan.

Louise, ¿qué te ha dado miedo últimamente?

¿Empezar a hacer algo ruedi-fícil? ¿De dos ruedi-ficiles?

-También digo los murciélagos. -Eso no es algo que haces.

-Creo que lo sé. -Cállese, Alice. Lo siento, perdón.

Está bien. Lo entiendo. Lo entiendo, Tina, jopé.

-Ay, Señor. -Y es posible que tengas razón.

Alice, entiendo que no estuviera en su mejor momento

-cuando pasó lo del callejón. -Gracias.

Y quiero deciros que a mí también me asustan los murciélagos.

-Es difícil admitirlo. Respeto. -¿Sabéis?

-Voy a seguir con este negocio. -Muy buena.

¿Es en serio? Digo, bien, buen plan.

Y quiero compensaros por las rampas y el triciclo.

-Genial. -¡En vales de la tienda!

¿Preferís depilación o batidos?

-¡Batidos! -¡Depilación!

-Siento mucho lo de tus rampas. -No importa.

Mi papá y yo construiremos más.

De las cenizas se alzarán las rampas. Más rampas.

¿Tienen algo diferente Jimmy Junior y Zeke?

Mira, Gene. Nuestros "cestombres".

¿Cómo he podido vivir sin uno de estos?

¡Sí! El verano de los cestos de chicos.

¿Y qué pasa con tu máquina verde?

Los batidos gratis le quitaban hierro a la cosa, pero...

Sí, bueno, he estado pensando...

-Atrás, todo el mundo atrás. -Estamos todo lo atrás que podemos.

-Más atrás. Mamá, nada de fotos. -Vale, vale, vale.

-Señor Huggins, ¿lo tiene? -Lo tengo.

¿Con quién estás hablando? ¿Qué acabas de decir?

Nada, con nadie. Tú céntrate en la bici y sonríe.

Vamos allá en cinco, cuatro... Papá, no llores.

-Lo siento. -Tranquila, Louise.

Si tu padre la fastidia, estoy lista para intervenir.

Que conste que yo he allanado el camino

para que pasara esto con mi discurso. Pero, sí, está bien.

Tres, dos, uno...

Pedalea. Pedalea. Te estás convirtiendo en una mujer, Louise.

Vale, papá, suelta. Aún no. Vale, ahora.

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