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El cumpleaños de la abuela se acerca.
¡Bum! Otra gran puntuación para ella.
Aún está viva y no debería conducir.
¿Y esos regalos hechos a mano que le hacéis todos los años?
-La mitad los hago con el culo. -Sí, y ella lo nota.
Yo no los hago con el culo. Le hice un collar muy bonito el año pasado.
Un macarrón con un cordel no es un collar.
Escuchad, la abuela podría morir este año.
-En fin, no lo sabemos. -Bob.
No digo que vaya a ocurrir.
-Es exactamente lo que has dicho. -¡Dios no lo permita!
Si se muriera, sería algo terrible, obviamente.
Y no querríais que lo último que viera
fuera vuestra porquería de regalos.
Este año, nada de hacerlos con el culo.
¿Le gustó lo que le hice el año pasado?
-¿Qué le hiciste? -Una concha.
-¿Una concha? -Sí, una concha, y...
Da igual. Lo mejoraré.
Y también se acerca el cumpleaños de mi padre.
Regalos hechos a mano para múltiples abuelos.
Habrá que cogerse un año sabático en un bazar
-para hacer todo eso. -Hacedlos vosotros.
-Es propio de ser un niño. -Es lo peor de ser un niño.
Aparte del miedo que da
que el desagüe de la bañera se te coma el pene.
Pobre salchichita de Gini.
Son trabajos forzados. Como cuando hacían pintar a los elefantes.
Ojalá yo pintara como los elefantes.
-Una bolita de patata quemada. -Vaya.
Me gusta frita, no incinerada. Venga ya.
-¿Incinerador? -Sí, tío.
¿Nunca has estado en "Píntalo Tú Mismo"?
-Ahí es donde te pinto a ti. -Espera, el incinerador, claro.
La Leyenda de la Sala Perdida de las Vasijas.
¿De la Sala Perdida de las Vasijas? Eso no me suena de nada.
-¿De verdad? -¿En serio?
-¿Cómo es que no sabes nada de eso? -Pero si todo el mundo lo sabe.
Bueno, yo no, ¿vale?
¿Es que tú no hablas con la gente en el patio?
-¿Me lo dices, por favor? -Vale.
Según la leyenda que en Wasgtaff se ha contado durante décadas...
-Entre todos los niños menos tú. -Sí, lo pillo.
Todo ocurrió hace una eternidad, como en los años 80.
Cuando Huey y Carl Lewis dirigían el mundo.
Wagstaff tenía una clase de cerámica.
Los niños elaboraban cosas con arcilla durante todo el día.
Pero entonces, en un finde,
hubo un incendio en el incinerador.
Los aspersores lo apagaron pero hizo una enorme humareda.
Como Winston Churchill.
El lunes, tendría que haber habido una inspección de la junta escolar.
Y en lugar de limpiar todo el colegio, ¿qué hace el director?
Entra en pánico. Y con el conserje y el hermano del conserje
levantan una pared donde estaba la puerta.
-Levantada. -De repente,
la sala de cerámicas que estaba ahí, deja de estar.
Las ollas modeladas a pellizco, los jarrones,
las esculturas chulas de Papá Pitufo... selladas dentro.
-¿Eso pasó de verdad? -¿Y si pasó?
¿Y si pudiéramos encontrarla? No tendríamos que hacer regalos.
Unos niños en los 80 ya los hicieron por nosotros.
-No lo sé. -Lo único que hay que hacer es
averiguar dónde está esa sala perdida,
hacer un agujero en la pared, entramos y salimos. Bim, bam bum.
Mucho trabajo para evitar hacer unos regalos.
Además, ¿cómo buscamos esa sala?
Vamos a tener que hablar con los adultos.
Más bien con los estultos.
¿Un programa de arte en Wagstaff? Eso es graciosísimo.
Me suena de algo.
-Eso no ha tenido nada que ver. -Es una leyenda falsa.
Yo era un alumno de Wagstaff sobre esa época y lo sabría.
Y era un alumno muy chulo
Os habrán hablado del delegado de clase de séptimo.
Pues yo fui elegido para ese cargo.
¿Sala oculta? Lo único oculto en este colegio es
mi papel higiénico personal. Oh, hablo demasiado.
Hola. ¿No os importa que haga un trabajillo mientras como, verdad?
-Claro que no. Está bien, sí. -Ah, puede que no.
Genial. Conéctame esto, ¿quieres?
El único enchufe está junto a la cafetera.
-Es más bien incómodo. -Perfecto. Enchúfala.
Yo lo hago. ¿Y qué trabajo es ese, Teddy?
Reemplazo pantallas de móviles rotas.
Llevo haciéndolo dos meses. Es divertido,
pero un trabajo solitario en mi casa, solo.
-Seguro. -Estás ocupando mucho espacio.
Sí, hay que hacerlo cuando trabajas con tantas piezas,
-necesitas espacio. -Estás ocupando tres asientos,
-más la luz. -Está bien, está bien.
¡Ahí va! Se me ha caído un tornillo detrás del mostrador.
¿Me lo coges, Bobby? ¿Te presto mi visor?
-No hace falta. -¿Lo ves?
-No, no veo más que suelo. -Deberías usar mi visor.
-No quiero, Teddy. -¿Es eso?
-No, es mugre. -¿Es eso?
-No, eso... Santo Dios, ¿qué es? -Oh, qué asco.
Vale, creo que lo tengo. Aquí tienes.
Gracias.
Se me ha vuelto a caer. ¿Te importa?
-Es un tornillo. Pequeño. -Ya. Lo he visto.
¿Si es verdad? No lo sé.
Si es una leyenda rara es probable que sea cierta. Buscadla.
¿Qué otra cosa estáis haciendo que lo impida?
-Pero ¿cómo? -Encontrad a alguien
-que entonces hiciera cerámica. -¿Cómo lo hacemos?
¿Y cómo puñetas quieres que lo sepa?
Un momento, ¿me deja ver su taza de café?
No es café, pero un sorbito no te matará.
-¿Quién es Rose Reynolds? -Ni idea.
Es de la sala de profesores. ¿Crees que me compro mis propias tazas?
Parece que una tal Rose Reynolds hizo esta taza en el 83.
-Quizá recuerde algo. -¿En 1983?
-Claro, Tina. -Pensé que era 1883,
pero es ridículo. Hace mucho de eso.
Sí, eso es lo que recuerdo.
Había una sala de cerámica el viernes y el lunes desapareció.
-La habían tapiado. -Rose, ¿en aquella época
ya se habían inventado los martes de tacos?
-Yo diría que sí. -Gracias. No hay más preguntas.
Vaya, ¿así que sellaron toda la cerámica y alfarería en la sala?
Sí. Seguro. Como que hice dos tazas Monchichi que no recuperé.
Así que, la leyenda es verdad.
¿Puede recordar dónde estaba la sala?
Creo que estaba en el segundo piso. No, el primero.
El tercero quizá.
Entonces primero, segundo o tercer piso. Vale.
Quizá tenga un anuario antiguo. Os ayudaría.
-Aquí hemos terminado. -Bueno.
-Ya nos íbamos de todos modos. -No, digo que hemos terminado aquí.
-Hola. -Gracias, cariño.
-Has estado muy quieto. -¿De ahí vienen los niños?
Ahí es donde acaban, si son mis niños.
Hacemos piñatas de nosotros mismos.
Es genial. ¿Vuestros padres no hacen esto?
-No... -¿Nos da ese anuario?
Hemos tenido suerte. No nos ha piñateado.
Mirad, Frond era el delegado de séptimo.
Más bien era sexy-gado.
Estos niños están saliendo de esa sala con alfarería.
-Vale. -Si averiguamos dónde estaba,
encontraremos la sala de las vasijas.
-Y quizá a nosotros mismos. -Chicos, Rose no nos ha dado sólo
un antiguo anuario con muchas fotos de corbatas estrechas.
Nos ha dado el mapa de un tesoro.
Quizá éste sea el pasillo.
No estoy seguro. Esa foto es en blanco y negro
-y nuestro colegio es en color. -Aunque la sala de vasijas
esté llena de vasijas, ¿no sería dar a nuestros abuelos
regalos hechos a mano que no hicimos?
Tina, Tina, Tina, ¿tú quieres a los abuelos o no?
-Sí. -Yo los quiero,
-pero no estoy enamorado de ellos. -No me cuadra.
Vamos al pasillo de arriba.
Hay una escalera ahí. No.
No coinciden. ¿Nos rendimos? Buena idea. De acuerdo.
Espera. Esto coincide.
Antes había una puerta donde están esas taquillas.
Habrán puesto taquillas en la pared en algún momento.
Lo encontramos.
Vale, no podemos atravesar esas taquillas,
pero podemos atravesar por aquí. Ahí escudriñaremos.
¿A escudriñar? ¿Qué vais a escudriñar?
Vamos a, escudriñar, el colegio. En general, señor Frond.
-A escudriñarlo todo. -Toda la vibra.
-Y usted es genial. -Soy su fan.
Muy bien. Será mejor que vuelva a sus orientaciones.
El mundo las necesita más que nunca.
-Eso es verdad. -Y tan verdad, señor Frond.
-Santo Dios. -Por poco nos pilla.
¿Es mi vista o casi no tenía pelos de gato en el chaleco hoy?
-Ah, están en la espalda. -Estamos muy cerca.
Durante el almuerzo, no habrá nadie.
Atravesaremos la pared y entraremos en esa sala.
La hora del almuerzo no me viene bien, es cuando almuerzo.
-Gene. -Vale, vale. Me las apañaré.
-Bobby. -Sí.
-Bob. -Estoy aquí. Te estoy viendo.
Cuántos clientes, ¿eh? Para ti y para mí, ¿no?
Sí. En fin, son dos clientes, pero así es el negocio.
-Voy a volver a la cocina. -Yo también voy a volver a mi tarea.
-Vale. -¿Verdad?
-Genial. -A trabajar los dos, ¿eh?
-Sí, en el mismo sitio. -Podríamos compartir
una tarjeta de visita. Se hace un pedido, de unas 300
-a la vez. Vale. -Tengo que seguir trabajando.
-Y tú. -Nos vemos.
La cafetería no está nada preparada para un pedido para llevar.
-Es muy engorroso. -Vale, éste es el sitio.
-Cincela la pared. -¿Una grapadora y un boli?
-No he tenido tiempo de más. -¿Y tengo que hacerlo yo?
Tienes más fuerza, la fuerza de la pubertad.
-Chicos, esto no va a funcionar. -¡Funciona!
Qué mierda de paredes. Vale, tenemos una mirilla.
-Mirilla, mirilla, sí. -De acuerdo, vamos a ver un tesoro.
No, no, no, no. ¿Un cuarto de escobas? Esperad.
-¿Qué tal te está yendo el día? -No está mal. Está más que mal.
Chicos, parecéis idiotas por hacer un agujero en esta pared.
-Hola, bienvenido a Bob's... -Bienvenido a iPantalla de Teddy!
Decidlo alto: ¿Reparaciones y pantalla de Teddy?
-¿Qué haces, Teddy? -No sabemos si viene por tu negocio
-o por el mío. -Quiero una hamburguesa rápida.
Vale. ¿Cómo tiene la pantalla de su móvil? ¿Agrietada? ¿La tiene...?
Siéntese donde quiera. Teddy, por favor.
SÍ, sí, perdón. Voy a seguir trabajando, Bobby.
-¿Qué es eso? -Música de fondo.
Me ayuda a concentrarme cuando estoy trabajando.
.¿Te parece bien? -No...
Claro que sí. Está bien. Es tipo jazz.
Sí, es jazz. Jazzy jazz. Música sin palabras.
-Está bien. -Gracias, Bob.
Ahora volveré a concentrarme.
Teddy.
Teddy.
-Teddy. Teddy. -¿Qué? ¿Qué?
-¿Qué? -Si estás cantando,
-es como si tuviera palabras. -¿Estaba cantando?
-Sí, cantabas. -Oh.
-Me gustaba. -Lo siento mucho.
No me había dado cuenta.
Oh. Lo siento. Otra vez.
Dios mío...
Supongo que la leyenda sólo es una estúpida leyenda, después de todo.
Vamos a tener que hacer regalos con nuestras propias manos
como un grupo de niños no perezosos.
Me gustan las fotos de este viejo anuario.
El pelo de la gente tiene mucho cuerpo.
Y el cuerpo de todos tenía mucho pelo.
Qué extraño. Si miras bien esta foto de la sala de las vasijas,
la señal de salida está al revés.
Me gusta que las señales de salida no sean demasiado obvias.
Déjame verlo. ¡La madre que me parió!
La señal de salida no está al revés, la foto está trucada.
El niño no salía de ahí con la cerámica. Salía de ahí.
Eso lo cambia todo.
Así que, o vamos por la sala de ciencias...
Que tiene reuniones en los almuerzos.
-o de mates. -Con tutorías en los almuerzos.
-Llenas de cariño. -O excavamos las taquillas.
¿Quieres excavar taquillas de acero?
Es propiedad escolar. No os atreváis a hacerlo.
¡Hacedlo! ¡Hacedlo!
Buenas tardes. Theodore. Señor B. Señora B.
¿Qué tal van los regalos para vuestros abuelos?
-Seguimos esforzándonos. -¿Estáis trabajando en ellos?
No recuerdo haberos visto trabajar en ellos.
-Oh, sí. -Mucho.
-Demasiado. -Hablando de ello, Teddy,
tenemos una preguntita para un manitas como tú.
-¿Podemos? -Dispara.
¿Cómo se podría cortar una taquilla de acero
y- el panel de yeso que hay detrás? -¿Para que tenéis que hacer eso?
-Se nos cayó un penique detrás. -Os prestaré unas herramientas.
Primero taladraría tres o cuatro orificios con un milímetro y medio
de separación con esto de aquí. Sujétamelo.
-Pesa mucho. -Eso perfora el metal.
Luego usaría un destornillador para abrir más los orificios.
Mejor sujeto yo esto, y le damos esto a Tina.
Gene, tú sujetas el cortador de hojalata.
-¡Cortador de hojalata! -Será como cortar papel,
pero mil veces más duro. Despegáis el metal,
luego con esta sierra de punta atravesáis el panel de yeso
y, ya está, recuperáis el penique. Buena suerte, niños.
Teddy, eres el tío peligroso que siempre hemos querido.
Gracias por el cambio de taquillas, Rudy Tamaño Bolsillo.
-De nada, chicos. -Es una taquilla de arriba,
así que podría ser difícil alcanzarla.
Lo harás genial, chaval.
A ver. Esto va a hacer mucho ruido.
-Dile a Gene que empiece. -Sí. Venga, Gene, dale.
Allá voy. ¡El espectáculo del gong!
De 15 a 45 minutos estaré tocando el gong.
Ojalá tuviera el mío para improvisar.
Es el único día que no lo traigo.
Segundo verso, igual que el primero.
Ya tenemos uno hecho.
Las herramientas eléctricas son lo mejor del mundo.
Ya podíamos haber hecho muchos regalos.
¡No te oigo!
-Oh... ¿Estás ahí, Lin? -No, soy yo, Teddy.
¿Teddy? Este es el baño de los empleados.
-Sí, lo sé. -Tú no eres un empleado.
Iba a usar el de los clientes,
pero preferí mantenerlo abierto para nuestros clientes.
-Ajá. Pero ahora no puedo usarlo yo. -Sí, claro.
-Bueno, aquí estamos. -Sí.
-Seré rápido. No te preocupes. -Estupendo.
Oh, Dios mío.
-¿Oye, Bobby? -¿Sí?
-¿Hay un desatascador por aquí? -No me gusta esa pregunta.
-¿Qué estás haciendo ahí? -Ya termino. Ya termino.
-Vale, sal ya, ahora. -¡Hay agua por todas partes! Dios.
-Abre la puerta, Teddy. -Está cerrada.
¿Cómo se abre esta puerta? La voy a romper.
-No, no rompas la puerta, Teddy. -Tengo los zapatos llenos de agua.
-Quita el cerrojo y yo la abriré. -Tengo agua hasta...
-¿Cómo llevas eso, Tina? -Este metal sabe que...
no deberíamos buscar el tesoro.
-Tengo calambres. Cambio. -Vale, haré un turno.
No está tan duro. Sí, lo está. ¡Qué calambres!
-Cambio. -Dame eso.
He dado un tajo. De los muchos que hay que dar.
Admítelo, hacer un soporte para maceta suena fabuloso.
No. Esto es mejor. Esto es totalmente fácil.
Vamos, musculitos. Vale, cambio.
-Oh, cielos. -¿Qué pasa, Teddy?
Un tornillo ha salido como una bala. Dónde estará.
Oh, Dios. No se lo trague. Escúpalo.
-¿Eh? -Tiene en su boca un tornillo.
Puede que no esté en su boca, pero sí, hágalo, escúpalo.
Este imán nos dice que no hay nada en este bocado.
Voy a pasarlo por su plato. Muy deprisa. Disfrute de su comida.
No toco su comida. No toco su comida.
Bueno, la he tocado un poquito, pero no volverá a pasar, créame.
-A ver las patatas. -Revisa las patatas fritas.
-¿Qué pasa ahora? -Está bajo control.
Estoy buscando un tornillo perdido.
Levante un segundo las piernas.
Siga disfrutando de su comida mientras tanto.
-Lamento lo que está ocurriendo. -Preciosos zapatos.
¿Los hay del 47 para el izquierdo y del 45 para el derecho?
Yo voy a volverme a la cocina.
Vale, ya hemos superado la fase de la plancha de metal.
¿Ahora estamos en un sindicato?
Chicos, sólo un panel se interpone entre nosotros
y todas las vasijas que podríamos querer decir que hemos hecho.
Aunque nuestros abuelos no sepan que no hicimos sus regalos,
nosotros sí. Una mentira no es un regalo.
Tu conciencia necesita darse un respiro.
Tu aliento también necesita tomar conciencia.
Voy a aserrar el panel de yeso.
Vosotros buscad la forma de tirar el polvo sin que nadie sospeche.
Tío, toda esta caspa es muy embarazosa.
¿Qué hace toda esta cocaína en el colegio? Tírala.
¿Alguien tiene agua para esta leche de bebé? ¡No? Vale, la tiraré.
¿Qué estás haciendo, Tina?
Preocúpate de tus cosas, Jimmy Junior.
¿Cómo lo llevas ahí?
Sí. Tina, la linterna.
La leyenda. Es real.
Yo no diría que ha valido la pena la cantidad de esfuerzo, pero sÍ.
Vale, a aserrar. Ya estamos cerca.
Estamos tan...
Pillados.
¿Son herramientas eléctricas? Oh, santo cielo,
estáis doblemente pillados.
Pero no triple pillados.
Esto no es propio de vosotros. Bromas, deberes displicentes, claro.
Pero ¿demoler propiedad escolar a propósito?
¿Con herramientas eléctricas? ¿Herramientas eléctricas?
Necesitamos que nos las devuelva.
Digo, no sabemos de qué está hablando.
La pobre taquilla. Bien, voy a hablar con vuestros padres.
Mientras tanto, os quedáis sentados pensando en lo que habéis hecho.
-Nos van a expulsar. -¿Cómo hacen eso?
-¿Nos disparan de un cañón? -Se ha llevado nuestra linterna.
Ese me parece un castigo extraño, aunque justo.
Ha cogido la sierra. Pero no el taladro.
Y no ha llamado a mamá y a papá delante de nosotros
y sabemos que le encanta. Oh, Dios mío. Vamos.
Mirad, ha estado serrando más.
¿Señor Frond?
Debíais quedaros en mi despacho. Marchaos, niños.
¿Dónde está? ¿Dónde está? Aquí está.
-¿Qué está haciendo? -No quiero hablar de ello.
Es personal.
-¡No toques eso! -"Delegado de Séptimo Curso"
Dave Titus, marcado. Phillip Frond, no marcado.
Hay otro, y otro. Todos iguales.
-¿Qué narices pasó con eso? -Sí, Frond, hable.
Vale. Cuando estaba en séptimo aquí en Wagstaff,
me presenté a delegado de curso contra Dave Titus.
Y por ser yo poco popular, se esperaba que perdiera.
Estaban contando los votos en la sala de cerámicas.
La profesora se fue al baño justo cuando yo iba por el pasillo.
No sé qué se apoderó de mí,
pero cogí un puñado de votos para Dave y los metí en una vasija.
¿Hizo trampas?
Iba a ocultar la vasija o a confesar, quizá.
Pero ese fin de semana fue el incendio.
Y tapiaron la sala. Con lo que mi mayor error
y mi secreto más oscuro, quedaron sellados.
Bienvenidos a mi pesadilla.
Os lo ruego, no le contéis a nadie la cosa tan impensable que hice.
¿Qué tal si no tenemos ningún problema en absoluto y a cambio,
le prometemos no decírselo a nadie? ¿Hecho?
-Vale. Hecho. -Y cada uno cogemos
-un par de cosas de esta sala. -Como queráis.
Sería mi ruina que esto se supiera.
¿Quién escucharía a un orientador escolar después de esto?
-Nadie, eso es. -Señor Frond,
creo que ha guardado ese secreto innecesariamente.
Le parecerá una locura, pero los niños le harían más caso
si supieran que cometió un gran error a esa edad.
¿Sabes una cosa? Tienes razón. Me parece una locura.
Nadie quiere un orientador escolar así. Los niños me creen perfecto.
Por eso me hacen caso. Esperad.
-¿Por qué estáis aquí? -Por las vasijas.
Para no tener que hacer regalos a nuestros abuelos.
-¿De verdad? -De verdad.
Entonces cojamos nuestros horribles secretos,
guardémoslos muy dentro y separemos nuestros caminos, ¿queréis?
Me parece genial.
Ese tiene un cierto "Gene ne sais quoi".
No.
-Mierda, Tina tiene razón. -No, ya lo discutimos.
Tina se equivoca.
No quiero ese tipo de remordimiento. No quiero volverme como él.
-No, no quieres. -¿No lo veis? Miradle.
Sí.
No quiero hacer pasar esto como propio.
No ante mis abuelos que quizá lo semi-atesoren.
Una mentira es un regalo de mierda.
Genial. ¿Lo ve, señor Frond?
Louise ha aprendido de su error, para no tener que cometerlo ella.
¿De qué estás hablando? ¿De dónde habéis sacado eso?
¿Y qué vamos a hacer ahora? ¿Aprender a hacer origami deprisa?
Quizá tenga una idea.
Huele a moho lleno de humo, pero va a funcionar.
Me está dando mucha hambre de queso.
-¿Qué os parece mi vasija modelada? -Está... La has hecho tú.
Me encanta mi taza. Me encanta mi florero bajo.
Teddy, oye, no quiero que te lo tomes a mal, pero...
-Bob, tenemos que hablar. -De acuerdo.
Esto no está funcionando. Eres tú.
-Porque eres un buen tío, ¿sabes? -Ajá.
Pero es difícil compartir contigo un espacio de trabajo.
-Lo entiendo. No, no, yo... -Los dos somos perfeccionistas.
-Sí. -Yo más que tú, pero sí.
-Lo que dices tiene sentido. -Y siempre estás hablando.
-Yo trato de trabajar y tú... -Claro.
-Bla, bla, bla, bla... -Sí, sí, en todo, llevas razón.
Así que voy a hacer esto en casa.
¿Si quieres irte tú a otro restaurante?
-No, yo, creo que seguiré en éste. -Sí, tus cosas ya están aquí, ¿no?
Claro, claro. Parece más razonable.
Vale, mamá, tengo que colgar. Mua, mua, mua.
Suerte con el chequeo del glaucoma. No hagas trampas.
Oh, ha colgado.
A los abuelos les encantan vuestros regalos hechos a mano.
Buen trabajo, niños.
Mamá, ¿por qué no llevas el colgante que te hicimos?
-¿No lo llevo puesto? -No.
-No noto si lo llevo. -Póntelo, mujer.
De acuerdo, está bien.
-¿Pesa? -Quizá un poco. Es un poco...
Papá, ¿y el regalo que te hicimos?
¿Dices este pegote húmedo de arcilla?
No sabíamos qué querías. Es difícil regalar a los padres.
Míralo como la tarjeta regalo de los regalos hechos a mano.
-Gracias. -No se merecen.
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