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ES TU FUNERAL
GRAN INAUGURACIÓN
ABRIMOS DE NUEVO
NO ES PAÍS PARA RATONES
ABRIMOS UNA VEZ MÁS
VAMOS POR LA CUARTA INAUGURACIÓN
COLEGIO WAGSTAFF
Os presento mi trabajo sobre la antigua Grecia.
DÍA DE LA HISTORIA
Tenía grandes planes.
Un elemento musical, iba a hacer una novela gráfica,
pero ¿qué puedo decir?
Hay proyectos que no logran despegar.
Y sin más esperas,
os presento la Acrópolis hecha de palos de helado.
¡La Apalópolis!
¡Alucinante!
La señora Twitchell me acusó
de rendirme ante las dificultades.
Ella es la divorciada, no yo. Aún.
Bueno, es verdad que siempre te rindes.
Empiezas cosas y no las acabas.
El mundo necesita eso.
Sin gente que empieza, ¿cómo...?
- ¿Acabaríamos nada? - Eso.
Necesito un premio de chocolate.
Por suerte, llevo bombones en la mochila.
¿Qué? Imposible.
No, seguramente lleve.
Vaya, es el último.
Cohete Crujiente, sé que es mucha presión,
pero haz lo que siempre haces.
No te pongas nervioso, lo harás genial.
¿Listo para despegar?
Claro.
¡Despegue!
¿Me acompañáis a la tienda? Voy a comprar
otra caja de este clásico eterno.
Cuando comes chocolate, eres un encanto.
¿Qué narices...?
¿Nueva imagen, nuevo sabor?
¡Le han puesto gafas de sol!
¡Y le han teñido las puntas!
¿Y lo de "nuevo sabor"?
Me da miedo. Allá va.
No, ¿qué es esto? No...
¿Por qué, Señor, por qué?
¿No están buenos? ¿Cuál es el veredicto?
Oye, chaval, tienes que pagarlos.
¿Por qué me hacen esto?
¿Por qué los cambian?
¿Y dónde está Ronnie?
¡Quiero a mi tendero de siempre!
- Se unió al Cuerpo de Paz. - ¡No!
¿Qué tal? ¿Me prestáis el lavavajillas?
El mío no va.
No. Esto es un restaurante.
Genial.
Son pelotas de golf.
No se te escapa una.
- ¿Por qué las lavas? - Están sucias.
Las saqué del lago del campo municipal de golf.
Las limpio y las revendo a los golfistas.
A 25 centavos.
O sea que ahí hay 75 pavos.
Vaya, impresionante.
Pero ni pío. No me llevo bien
con los gestores del campo.
Vale. ¿Por qué?
Los de la tienda querían una parte. Pero yo soy quien se juega la vida.
Me meto de noche en el lago
respirando con una manguera. He hablado de más.
Eres de fiar. No tengo que preocuparme, ¿no?
- No se lo dirás a nadie, ¿no? - Tranquilo.
- Ni mu. - No diré nada.
- Que te conozco. - Son pelotas de golf.
Te quedas sin tema de conversación y empiezas a cantar...
No me insultes encima de usar mi lavavajillas.
¿Sabes qué?
Toma, tú calladito.
Una propina. Cómprate algo bonito.
¡Han cambiado los Cohetes Crujientes!
¿Qué, qué ha pasado?
- Cambiaron los Cohetes Crujientes. - ¿Qué son?
El mejor invento desde los calcetines tobilleros.
Cambiaron sus bombones y está hecho polvo.
Vaya, odio cuando cambian las chucherías.
¡Lo odio!
Voy a hacer que Chuches Spratt vuelvan a los originales.
Chuches Spratt punto com y clic.
¿Quieres chatear? Sí.
"¿En qué podemos ayudarte?".
Dejad los Cohetes Crujientes como antes, idiotas.
Perdón por lo de "idiotas".
A ver qué dice Margaret.
"Ahora mismo no tenemos pensado
cambiar la fórmula de los Cohetes Crujientes,
pero anotamos sus comentarios.
Que tenga un día delicioso".
No sé por qué no ha funcionado.
Lo he intentado.
- Me rindo. - Menudo espíritu.
No. No pienso rendirme.
¡Visita la fábrica!
¿Hacen visitas?
Hacen visitas gratis
menos en Navidad. Me vale,
en Navidad estoy ocupado.
¡Visitaremos la fábrica de Spratt
y podré defender mi caso!
- Estás como loco, Gene. - ¡Para nada!
Yo te llevo a la fábrica.
- Espera, ¿qué? - Sí.
Estoy orgullosa de Gene.
Eres mi Erin Choco-vich.
No le harán caso a un niño, Lin.
Ya lo sé,
- pero hay que apoyar su causa. - ¿Es una causa?
Lo es. Apóyala.
Tú quieres visitar la fábrica.
¿Qué? No me gustan las chuches.
Caries. Picamuelas.
Como veis, elaboramos nuestras chucherías
como lo hacía nuestro fundador,
Ferdinand Spratt, hace 80 años, solo que con robots.
Perdona, Michelle. ¿Podremos preguntar
a algún jefe o jefa de la empresa
al final de la visita?
Mi hermano necesita respuestas.
Chuches Spratt tiene una junta directiva.
Si no eres accionista,
no podrán responder a tus preguntas.
Mi hermano quiere hablar
con un directivo.
A ver, ¿quién quiere saber cómo ordenamos los envoltorios?
- Más o menos. - Lo siento.
Te compraremos algo en la tienda.
Y si estás muy triste, pues me compro yo algo.
Al final del pasillo,
veremos una ventana que da
al despacho de contabilidad.
¿El mismísimo Ferdinand Spratt?
¿Eres Ferdinand Spratt, de Chuches Spratt?
Hablas con el último Spratt. ¿Quién eres?
Me llamo Gene, y me chifla Chuches Spratt.
¿Te has escapado de la visita?
- ¿Lo sabes por el gorro? - Sí. Qué horror de visita.
- Ya. - ¿Quién es la guía?
- ¿Michelle? - Sí.
Es la única.
Vine para hablar con un mandamás.
Y he conocido al más mandamás
de toda la empresa.
Técnicamente, sí.
¿En qué puedo ayudarte?
Tu empresa cambió los Cohetes Crujientes y necesito como sea que los dejes
como estaban.
El lunes, a más tardar.
- ¿Y ya? - Y ya.
- Hecho. - ¿En serio?
- Sí. - Genial. ¿Y ya está?
No está. Tendré que arreglarlo con los ejecutivos,
pero de un megafan de Spratt a otro, prometo ayudar.
¡Gracias, Ferdie!
Pero antes, te necesito.
Quiero atar regalices al ventilador
para hacer un tornado,
pero me da miedo subir a la escalera sin que me la sujeten.
¿Un tornado de regaliz? Sí.
A nosotros nos contaron
cómo la humedad afecta al turrón,
y Gene intimando con el nieto del fundador.
Y al turrón no le va nada bien
la humedad, por cierto.
¿Seguro que ese tipo es quien dice ser?
Es un desconocido que le ha dado chucherías a Gene.
El mejor desconocido.
Y devolverá los Cohetes Crujientes a su origen.
O sea... ¿al espacio?
- Lo pillo. - Ferdie dijo que no depende de él.
Tiene que convencer a la "junta directiva".
¿Y cómo piensa hacerlo?
Eso es lo que vamos a debatir mañana.
- ¿Mañana? - Iré después del cole
para trazar el plan.
¿Sí? Lin, ¿vas a volver a llevarlo?
Está luchando por algo.
Así pondrá en su currículum:
"Se enfrentó al sistema, salvó bombones y mono como él solo".
No es un currículum genial.
¿Quieres llevarlo por otros motivos?
¿No querrás comprar más chucherías en la tienda, Lin?
¿Qué, hay tienda?
Vale, a ver.
¿Cómo haremos que nos escuchen los ejecutivos?
Buena pregunta. Oye,
no has hecho la visita guay.
¿La hacemos antes de empezar?
Los conduzco siempre que quiero.
Subes, bajas. Te mueves como quieres.
Mola mucho.
¿Proponemos algunas ideas?
Al final nos hemos desviado un poco.
Sí. Vamos a proponer ideas.
¡Oye!
Me dejan venir y lanzarlos contra el cristal.
Les encanta. Quería enseñártelo.
Qué visita, gracias.
Pero hay que pensar
cómo negociar con tus ejecutivos.
Hoy en día, los negocios no se hacen en despachos.
Se hacen andando rápido
en pasillos y urinarios.
¿No has visto Entourage?
¿Una serie sobre mear y hacer cosas?
- Más o menos. - Pues haz lo del urinario.
¿Y qué pasa con las ejecutivas?
Las convenceremos para usar urinarios.
Eso déjamelo a mí.
¿Qué tal si introduzco así el tema?
"Mirad lo que sale del final de ese negocio.
Hablando de negocios...".
- Y hablas de negocios. - Me gusta. Muy bien.
¿Lo dejamos ya?
Vale, pero solo tenemos
mi genial frase inicial.
Ya lo sé, pero normalmente intento
echarme la siesta a esta hora,
y ahora mismo me parece
el momento ideal para dormir.
Vaya, te has quedado dormido.
Pues yo ya me voy
después de robarte un Tío Nueces de la mesa.
¿Ya tienes tu plan?
Más o menos. Ferdie no tiene ganas de trabajar.
Para nada.
Se me hace raro oírme decir esas palabras.
Dice que lo matizaremos mañana.
Claro, mañana volvemos.
Esta semana nos pondremos como el Quico.
HAMBURGUESERÍA BOB
¿Vendiste las pelotas?
- Todas. - No pareces contento.
Pienso en el tesoro hundido
que dejé en las profundidades.
¿Qué?
Así llamo a la parte profunda del lago.
Casi tres metros.
Sin luz. Sin vida. Sin sonido.
Tú solo con tus pensamientos, Bobby.
Y renacuajos, que está lleno.
- ¿Qué tesoro hundido? - Miles de pelotas
que no puedo coger.
He buceado más hondo que nunca.
Necesito que alguien me pase la manguera.
Pero ¿quién podría hacerlo? ¿Qué hago?
No vuelvas y déjalo estar.
- ¡Vamos juntos! - No.
- ¡Tú y yo! - No, ni loco.
Sí, venga, Bob, un último golpe y se acabó,
- nos retiramos. - Teddy...
- Sin mirar atrás. - Que no.
¿Qué quieres? ¿Pasarte la vida dándole la vuelta
- a las hamburguesas? - Teddy...
No has dejado huella en el mundo.
- ¿Qué? - No. Es genial,
- tienes tu restaurante, pero venga. - Lo haré.
- ¿En serio? - Pero yo no me meto, ¿eh?
- Te sujeto la manguera. - ¿Qué?
Si es lo que quieres.
Si quieres vivir así de poco,
puedes sujetarme la manguera.
- ¿No quieres bucear? - No pienso bucear.
Pensé que querías bucear, que ibas a hacerlo.
- No quiero... - Que nadie quería la manguera.
- No quiero bucear. - ¿No?
¿No eres nada Jacques Cousteau?
TÍO NUECES CONFETI DE CARAMELO
Te he comido, a ti también, y a ti...
Tú eres nuevo. ¿De qué vas?
Beatrice, bonito peinado.
Llevo el mismo peinado de siempre.
- Será que no te has lavado el pelo. - ¿Ferdie? Es Gene.
- Otra vez. - Hola.
Hola. ¿Listo para perfeccionar nuestro discurso?
Oye, he estado pensando.
No sé si el plan del urinario funcionará.
- ¿Por? - Porque casi lo pruebo
y fue muy raro.
No sé si el tío era de la junta.
Llevaba traje,
tenía pene, me sonaba.
Pues pensamos otro plan.
No sé. Ya hemos trabajado mucho en esto.
Y nos costará que la junta eche marcha atrás
con los Cohetes Crujientes.
¿Te rindes?
No exactamente.
Espera, sí.
¡Primero me traiciona tu empresa y ahora tú!
¿Qué es esto?
A tu nueva chuche, llámala Dulce Traición
o algo con la palabra "traición",
¡porque sois expertos en traicionar!
¡Tú eres el traidor!
- ¿Qué? - Beatrice, ¿quién traiciona a quién?
¿Qué pasa?
Eso. Ella está de mi parte.
Gene tiene que irse.
Y que no vuelva a entrar en mi despacho.
¿Aviso a seguridad?
No será necesario, porque me voy.
Beatrice, avisa a mi madre en la tienda,
dile que estoy en el coche y que no estoy llorando.
HAMBURGUESERÍA BOB
Siento que Ferdinand resultara ser un mamón.
Pero estamos orgullosos. Lo intentaste.
No pensamos que llegarías tan lejos.
Venga, te dejamos solo
que te tires pedos en el sofá.
El plan de los urinarios iba a funcionar.
Igual tiene que dar el paso otra persona.
¡Tú empezaste esta dulce aventura
y vas a terminarla, desgraciado!
Me encantan los discursos motivacionales.
Ahora sé lo que es jugar al baloncesto.
Tienes que ir a la sala de juntas
y convencerlos tú mismo.
No me dejan entrar.
No puedo ver a los ejecutivos.
Pero sí puedes visitar la fábrica.
¿Para qué? Es un rollo.
La sala de correo mola.
No, la visita es la tapadera.
Nos separamos del grupo y colamos a Gene en la junta.
¿Sí, harías eso por mí?
Con tal de verte entrar en una junta directiva
arrebatado, claro que sí.
Vale. No hay moros en la costa.
Entramos por el hoyo 16 y atajamos.
- ¿Tienes pasamontañas? - No.
- Pero guantes, sí, ¿no? - No.
- ¿No? - ¡No!
¡Te dije que trajeras pasamontañas
- y guantes! - No me dijiste nada.
- ¿No te lo dije? - Mi madre.
Estás frustrado y asustado, pero no pasa nada. Escucha.
Que los perros no huelan tu miedo.
- ¿Vale? - ¿Qué perros?
¿Llevas los brazos acolchados?
- Sí... - ¿Para los perros?
No, para otra cosa.
Para patinar. Pero ahora que lo dices,
ayudará con los perros. Cierto.
¿Te han mordido los perros?
No. Bueno, sí, pero por eso voy acolchado.
Pero yo no. No me dijiste nada.
Tampoco te dije que me mordió un perro.
Señor, ¿qué hago yo aquí?
Vale, alúmbrame.
Ya está.
¿Estás bien?
- Todo bien. - Acabas de...
- Me pasa la primera vez. - Ya, pero buceaste
solo dos segundos.
- Ni te hundiste. - Me asusté.
Vale.
¿Estás bien, te ahogas?
- Usa la manguera. - Eso estoy haciendo.
- Intento... - Estás vomitando.
Me dan arcadas...
- Ya lo habías hecho. - Me dan arcadas.
- Voy a probar sin manguera. - No puedes bucear...
Para eso estoy aquí. Bucea.
- Me aho... - Mi madre.
- Que me dan arcadas. - Métete, Teddy.
- Vale. - ¿Tienes alguna?
Tres y un par en el bolsillo.
Métete otra vez.
No me digas qué hacer.
¡No me iré con tres pelotas!
No consigo bajar más, por eso se llaman profundidades.
Teddy, métete y coge más pelotas.
Vale, ahora voy. Dame un segundo.
Dijiste que había mil pelotas.
Voy a bajar otra vez.
Genial. Venga.
¿En qué te lo vas a gastar?
- Calla. - ¿En compras?
¿Qué? Ya podemos hacer ruido.
¡Eh! ¿Quién hay ahí?
- ¡Corre! - ¡Corre!
Dios. ¿Oyes eso?
- ¡Los perros! - ¡Madre de Dios!
El carrito.
¡Escaleras!
- ¡Escaleras! - Voy a bajar.
- ¡No! - ¡Tengo que bajar, Bobby!
Si no sobrevivimos, te quiero. Te quiero un huevo.
- Y yo a ti. - ¡Sí!
¡Allá vamos!
¡Perdemos las pelotas!
¡Agárralas bien!
¡Qué pasada!
¡Lo conseguimos!
Suerte colándoos en la sala de juntas.
Yo me colaré en una bolsa de caramelos defectuosos
por un dólar.
A vosotros os conozco.
¿No vinisteis el finde?
Somos niños y nos gustan las chuches.
Vamos a ver
cómo limpian y secan las máquinas que elaboran los dulces.
¿Dónde está el chisme
que hará de caballo de Troya?
Hay una sala llena de publicidad
de Cohetes Crujientes.
Llevadme al ascensor
y a la sala de juntas. Va a empezar la reunión.
Oye, no podéis estar aquí.
- Pillados. - Ah, vaya.
Nos perdimos en mitad de la visita.
Suele pasar. Os acompaño para que no os perdáis.
No. No se moleste.
Sí, tendrá que vigilar.
No. No es molestia.
- Suena a molestia. - Sí lo es.
- Qué va. - No se preocupe.
¿Habéis visto cómo imprimen las cajas?
Pues no.
- Sí, y... - Sí.
Os acordaríais, eso seguro.
¿Y dónde están vuestros gorros?
Tengo aquí un par. Tomad. Y os los podéis quedar.
- ¿Qué? No. - Venga, vamos.
- No, por favor. - Andando.
Vale, ya vamos.
¿Qué pasa?
Vete a la sala de juntas.
Nos vemos allí.
Claro, qué fácil.
Pues nada...
Ahora traen cosas de publicidad, ¿eh?
Siempre se les ocurren ideas novedosas.
Y la plaga del cacahuete en Puerto Rico
supuso también una masacre en nuestro trimestre fiscal...
¿Qué? No lo pillo.
¿Qué hace aquí ese cohete?
¿Qué pasa, es el cumpleaños de alguien?
- ¿Gene? - Un segundo.
¿Qué haces aquí?
Vengo a decir lo que hay que decir
que tú no te atreviste a decir y diré yo.
Sé que es un niño, pero llamaré a la policía.
- No. Lo vais a escuchar. - ¡Pero bueno!
Gene es mi amigo, y lo traicioné.
Va a hablar y lo vamos a escuchar.
Si desconecto es porque ya sé lo que va a decir.
Vale, venga, tienes dos minutos.
Gracias, Ferdie. Me importan mucho los Cohetes Crujientes.
Los habéis cambiado, ahora están asquerosos
y el astronauta da yuyu.
Seguro que tenéis razones absurdas,
pero los Cohetes originales estaban riquísimos
y significaban mucho para mí.
Y siento que con ellos perdí una parte de mí.
¿Perdiste una parte de tu infancia?
- No sé... A ver, que estaba lanzado. - Vale, perdón. Continúa.
Hacéis felices a millones de niños,
pero nos habéis dejado tirados.
Y yo sé bien lo que es rendirse.
Hasta hace unos días, era el típico rendido crónico.
- ¿No se dice "derrotista"? - ¡Por favor!
¿Ya no recordáis cuánto os gustaban vuestras chuches favoritas?
¿O es que vais trajeados
y bebéis agua empresarial desde hace tanto
- que ya ni os acordáis? - Es agua normal...
No sé qué es "agua empresarial".
- Tú, el de las gafas. - ¿Eh? Hola.
¿Cuánto hace que no comes una chuche de las que fabricas?
No sé, ¿un año? ¿Dos?
¿Un año? ¡Qué locura!
¿Y tú, la del pin de tortuga?
- ¿Un par de meses? - ¿Cuál es tu chuche favorita?
No sé. Ni lo había pensado.
Piensa en cuando eras una niña,
- cuando aún tenías alma... - Cuidadito.
Sabes la respuesta.
- ¡Chocolatina Maldición! - ¡Bien!
¿Y la tuya?
Confeti de Caramelo.
¡Todos a comer!
No se parece al despacho de contabilidad.
¡Volved a ser niños!
Perdón, te he dado.
Estoy bien, no pasa nada.
- Te sangra el ojo. - ¿Quién me apoya?
¡Que vuelvan los Cohetes Crujientes!
- Lo segundo. - Lo tercero.
- ¡Hurra! - He cambiado de idea.
Vale. Parece que vamos a retomar los Cohetes Crujientes
originales.
Por unanimidad.
- Sí. - ¡Toma ya, no me lo creo!
- ¡Buena, Gene! - Hurra.
- ¿Gene lo ha conseguido? - Eso parece.
Calcula estimación y plazos
para retomar la antigua fórmula y los envoltorios.
Claro. Dame un minuto.
Nos costará entre 15 y 20 millones de dólares.
- Entonces olvídalo. Ni hablar. - Muy bien.
Lo hiciste genial. Deberías estar orgulloso.
- Luchaste hasta el final. - Pero fracasamos.
- No, fracasaste tú. - No.
Lo hiciste genial.
Les recordaste lo que importa
en una empresa de chucherías: los niños.
- Y la pasta. - Y la pasta.
Oye, tenemos 20 000 o 30 000 Cohetes Crujientes
antiguos en el almacén. ¿Los quieres?
Pues sí.
Qué bien me siento. ¿Vosotros? El corazón me va a mil.
Estoy bien. Vamos, conduzco yo.
Alucina. Te durará hasta los 20 años.
- Le doy un mes. - Una semana.
Que me voy a pasar en esta caja.
Envíen mi correo a esta dirección.
- Dame una. Dame. - ¡No!
- ¡Dame! - No.
¿Listo para despegar?
Traducción: Beatriz Egocheaga
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