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UNA SEMANA ANTES DE NAVIDAD
Ay, Dios.
Ay, Dios.
¿Repasando la lista de regalos de los niños?
Archivadores.
Este año han usado archivadores.
Hay que explicarles lo que significa "pobre".
No quiero que nos sintamos presionados.
Somos pobres, Lin, y es Navidad.
Otra vez. Siempre vuelve, nunca para.
Venga, tranquilo.
Es que la Navidad me hace sentirme un fracasado.
¿Y besas a Papá Noel con esa boca? Calla.
Haremos lo que podamos, no pasa nada.
Además, ¿sabes cuál es el mejor regalo de todos?
La familia.
Eso díselo a los niños sin reírte.
Ya. Estaba probando.
¿Y "la Navidad es para triunfadores"?
Eso hay que mejorarlo.
Nos apañaremos. Tú no te preocupes.
Saben que los regalos no son lo más importante.
Cuenta atrás de regalos de Navidad en: seis días, diez horas y 35 minutos.
Ay, Señor.
¡No lo conseguiré!
Gene, sé fuerte, mi niño.
Niños, mirad qué estaba de oferta.
¡Collares luminosos de Navidad! Cinco por solo 1,99.
¿Os podéis creer el descuentazo?
Quisiera creerlo.
Es una señal de que este es el año.
¡El año de los villancicos Belcher!
- No, por Dios. - ¿Villancicos?
Ya lo hablamos. Nosotros no somos así.
Esa gente lleva su ropa a la tintorería, usa hilo dental...
Pijos, ya sabes.
¡Pues este pijo se apunta!
Así me gusta.
Venga, chicos.
Iremos a las afueras, veremos calles bien iluminadas,
nos invitarán a chocolate y sidra con canela de verdad.
Espera. ¿Chocolate?
¿La Vida Moka?
Yo lo llamo barro maligno.
Yo, chocolate. No sabía que tuviera otros nombres.
La gente querrá unirse, formaremos un grupo mayor,
una cadena humana, cantaremos y salvaremos a la humanidad.
¡Amity, el osito polar albino!
- Sale en las noticias. - ¡Súbelo!
Amity, el osito polar albino
nacido en el zoo de Bog Harbor hace unos días,
ha sido bautizado como milagr-oso.
Al lado de Amity, los osos no albinos son un chiste.
Es tan mono que da asco.
Acabo de pillar lo de milagr-oso. Vale.
Bob, nos vamos a cantar.
Teddy, qué guapo.
La pena es que solo me pongo este jersey cuatro meses al año.
Hamburguesería Bob.
Soy tu casero favorito, Calvin Fischoeder.
Hola, señor Fischoeder.
Necesito que me traigas comida.
Voy a dar una fiesta, nada raro. Tráete lo que sea.
Justo me iba a cantar villancicos con mi familia...
¿A santo de qué? Olvídalo.
No quiero presionarte como casero, pero es lo que hay.
Vale. ¿Cuánta comida necesita?
No sé, trae... cinco o seis comidas. Corto y cierro.
Fischoeder quiere que le lleve comida a su casa.
Va a dar una fiesta. Nada raro, lo cual... es inquietante.
Un sacrificio humano, seguro.
O una fiesta sensual.
Necesitas máscara veneciana y tanga.
- Calla. - ¿Y qué pasa con los villancicos?
Llevamos las hamburguesas y vamos después.
Te van a sacrificar.
Bob sería muy buen sacrificio, tiene el cuerpo ideal.
Ahora vuelvo.
Y nunca volvieron a verlo.
¿Contraseña?
Soy Bob. Vengo a traer la comida.
- No es esa. - Felix, ábreme.
Vale, pero si preguntan,
la contraseña es "pis, caca, un, dos, tres, cuatro".
Están en el calabozo. Así llamamos al sótano.
Ay, mamá.
Dios. Que no sea algo horrible, por favor.
Me cubrirán de dulces y me comerán.
¡Bob!
Bienvenido al Concurso Anual Masculino de Casitas de Galleta.
Os presento al invitado de este año, Bob.
- Hola. - No entiendo nada.
Yo venía a traerles la comida.
Ay, Bob.
Siempre te haces pasar por repartidor confuso de comida.
Y lo entiendo. ¡Es tronchante!
Ven, que te doy tu esmoquin.
Andando, va.
¿Qué pasa aquí?
- ¡Eh! - Escucha.
¿Cómo se te da construir casitas de galleta?
Pues bastante bien.
Mi madre y yo siempre las construíamos juntos.
Nos gustaba mucho...
Sí, ya, vale.
Olvida eso, porque quiero que participes y pierdas.
¿Qué, por qué?
Porque todos los puñeteros años, pierdo yo.
Los miras y no parece, pero esos tipos de ahí...
Bueno, son unos cabrones muy creativos.
Vale. Pero yo me tengo que ir.
Pero... Ah, pues vale.
¿Dónde está? Vamos a calentar mientras esperamos.
Repetid conmigo.
Señor Fischoeder, ¿no puede perder Felix?
¿Qué? No. Ya le gustaría.
Solo puede participar el hijo mayor de cada familia fundadora.
¿Y por qué puedo participar yo?
Este año soy el anfitrión,
que puede elegir a un concursante invitado.
Por lo general, alguien más rico y limpio que tú,
pero se me ocurrió la idea hace dos horas y aquí estamos.
Para ellos, eres mi amigo rico y peludo.
Tengo que irme a cantar villancicos con mi familia.
Y dale con eso. Qué cosa más rara.
¿Y si no te cobro alquiler el próximo mes?
Nos vendría bien el dinero para los regalos de los niños.
Yo no haría eso, pero vale.
Vale, lo haré.
Estupendo. ¿Y te parece bien que te matemos si pierdes?
- ¿Qué? - Es broma.
¿O no?
Es broma.
¿Quiere que pierdas un concurso de casas de galleta?
Necesitamos tu preciosa voz de soprano.
La necesitamos para "Sin nosotros no hay Navidad".
Es un clásico.
Yo no soy soprano,
pero si lo hago, el mes que viene no pagamos alquiler.
Tendremos dinero para comprar ya sabes qué para ya sabes quiénes.
¿A quiénes te refieres?
Sí, ¿quiénes son?
Dejad de susurrar, yo voy con papá.
Quiero ver el concurso de casas de galleta.
- Y yo. - Y así te animamos.
"Papá es el mejor, si no gana, tampoco se acaba el mundo".
No, vosotros id con mamá.
Lo pasaréis bien con los villancicos.
- Vale, me has convencido. - Yo he tragado.
Niños, sabed
que no sustituiré a papá en los villancicos.
Pero si queréis, llamadme Papá Villancico.
Gracias, Teddy.
Cantaremos por este barrio y luego te venimos a buscar.
- Vale. - Suerte perdiendo,
estás en tu salsa.
¿Qué tal estoy?
Bien. Aunque el pelo y la cara no tienen arreglo.
- ¿Cómo quiere que pierda? - Fácil.
Si la casa se cae, te eliminan.
Construye una alta y muy inestable,
como mis edificios.
- ¿Qué? - El tuyo, no.
El tuyo está bien.
Al final, se caerá tu casa, el juez
declarará ganador y perdedor, que no seré yo,
y ¡magia! Se acabó.
- ¿El juez, qué juez? - Godfrey.
Todos los años es el mismo juez.
Anda, qué mayor es.
¿Está vivo?
Buena pregunta. A ver. ¡Godfrey!
Ahí está.
Ven, te presento.
Él es August Scharffenheimer. Lo llamamos Auggie.
No me gusta.
Y él es Downtown Randolph Brackenbrown.
Vaya, qué manera de arquear la ceja.
Sí, estoy en modo competición feroz.
Y es una cuestión médica. No siempre puedo bajarla cuando quiero.
Y por último, Samuel Summerbottom.
Me gustan las casas como las mujeres:
- robustas y vigorosas. - Vale.
Yo soy Felix, y no te tengo envidia para nada.
Soy majo, ¿eh?
Deja tus armas en la mesa y empezamos.
Ah, no he traído armas.
¿No? Vale, qué interesante.
- Empecemos. - ¿No te olvidas de algo?
El perdedor del año pasado debe ponerse
el sombrero de perdedor.
Calvin se lo pone todos los años.
Es un orinal antiguo. Vergonzoso.
Qué asco.
El barrio del señor Fischoeder es precioso.
Sí.
Menos esa pobre casa.
Ah, ya, ¿qué le pasará?
Ah, yo conozco esa casa.
He oído historias del tipo que vive ahí.
Historias no aptas para niños.
- ¿Cuáles? - Os las cuento.
¿Veis las sábanas en las ventanas?
Las usa para ocultar sus maldades.
- ¿En el baño? - ¡Muerte!
Sus padres vivían con él.
- ¿Dónde están? - ¿En Florida?
¡Muertos! Un repartidor entró y nunca salió.
¿Qué le pasó?
- ¿Se casaron? - ¡Muerto!
Dicen que lo enterró en el jardín y siguió matando gente.
¡Muerte! "Hola, señor". ¡Muerte!
Me has convencido. Quiero entrar.
¡No, muerte! Es un asesino.
Déjalo ya, que creas mal ambiente.
Vamos a hartarnos a cantar villancicos.
¡Sí! Yo vine a por chocolate y quiero chocolate.
La verdad
es que este año pinta bien.
Seguro, cabeza de orinal.
Un chascarrillo clásico.
Felix, quiero más glaseado.
¡Voy! Aquí tienes.
Más glaseado para acabar derrotado, Calvin.
Otro increíble chascarrillo.
Mirad a Bob... en general.
Qué mal, ¿no? Todo él.
Vale. ¿Y qué planes tienen para Navidad?
Comprarnos una isla y volcarla. Literalmente.
Yo, lavar y encerar mi dinero. Ya le hace falta.
Yo me voy a regalar un pene nuevecito.
Vale. ¿Y nadie la va a pasar con la familia?
- Qué va. - No.
¿Y su hermano Felix?
Ah, es verdad, él.
Tengo una bandeja de más, mira por dónde.
- Igual puedo participar. - ¡Felix, no!
Vale, pues ya me voy.
- Qué ganas de hacerme con el premio. - ¿Hay premio?
¿No lo sabes? Realizamos una donación obscena
al zoo de Bog Harbor para organizar una sesión privada de mimos
con Amity, el osito polar albino.
Es el oso de moda ahora mismo.
Es supermullido.
A mis hijos les encantaría.
- ¿Por? - A los niños les encantan los animales.
- No estoy de acuerdo. - Es así.
¿Y por qué quieren acariciar al osito?
Las caricias a un osito polar albino son caricias muy prestigiosas.
He acariciado a crías de rinoceronte, tigre,
y ahora voy a poder acariciar a un oso polar albino.
- Y el orden es perfecto. - Gracias.
No le hagáis caso a Bob. No es listo. Chascarrillo.
Y tiene forma de pera. Chascarrillo.
Si las peras fueran bobas y torpes.
- ¿Verdad? Una pera boba. - Las peras son lo peor.
Vale, gracias.
Puede invitarnos a un chocolate. Gracias.
- Lo siento, no tengo. - ¿Qué?
- ¿Una sidra? - No.
- ¿Canela? - Tampoco.
- ¿Y chocolate caliente? - Que no.
Mierda. Pues para usted no hay villancico.
Ya lo habéis cantado.
¿Ah, sí?
Ah, pues sí.
Vale, buenas noches.
No. Canten con nosotros.
Escuchad a los ángeles mensajeros.
Cojan el abrigo, venga.
Ya estoy cerrando.
Ya cantan sobre Navidad.
- Hasta otra. - ¡Todos!
Paz en la Tierra, salsa apacible.
- Genial. - Acompáñenos.
Únase a nuestra cruzada.
Quiero cerrar la puerta.
¡Caramba!
¿Y los minicaramelos?
Auggie, ¿los has acaparado todos?
Auggie el acaparador.
Lo dice el que coge todas las frutas deshidratadas.
Samuel, ¿qué construyes con las mininubes?
Un minimuñeco de nieve.
Coño, qué gran idea.
¿Caramelos de menta por todas partes?
Sí. Es una filigrana ornamental.
Bob, tienes un manejo exquisito de la galleta.
Ah, gracias. Hay que ser firme pero cuidadoso.
- Enséñanos. - Vale.
- No es necesario. - Calla, orinal.
Muy firme pero muy cuidadoso.
¿Y no te molesta la barriga, Bob?
Pues no.
¿Y tu olor corporal? ¿No te distrae?
Tus sobacos huelen a vómito.
- Vaya tela. - No se pase.
Hueles a pantalón de estibador.
Hueles a fracaso. A pedo de fracaso apestoso.
Ya está bien.
- ¿Podemos hablar a solas? - Claro.
Le estoy haciendo un favor. No me puede tratar así.
¿Qué pasa, no aguantas mi boca sucia?
¿Lengua viperina?
Lengua viperina, boca sucia, chascarrillo, ¡es lo mismo!
Forma parte del concurso, acostúmbrate.
No, ya está bien.
Lo voy a hundir. Voy a intentar ganar.
Mis hijos acariciarán al oso polar.
Sería un regalo alucinante.
¿Qué? No. Hicimos un trato.
Ya no hay trato.
¿Y sabe quién va a perder?
¡Usted, cabeza de orinal!
¿Le gusta mi boca sucia?
Pues bastante. Espera, vuelve.
Auggie, páseme las gominolas.
Vale, pero no grites.
Alguien está reformando su casa de galleta.
Y con muy poco tiempo. Qué valiente, Bob.
He tenido una inspiración repentina y voy a intentarlo,
ya que estoy aquí para ganar.
Qué expresión tan chula.
Piensa en lo que haces, Bob.
Ya lo he pensado.
¿Y has pensado en esto?
¡No me pellizque!
No metas tu muslo entre mis dedos.
Ah, la emoción del concurso de casas de galleta.
¿Qué le pasa a esta gente? Vaya panda de desalmados.
Mejor lo dejamos ya.
En casa tenemos chocolate que es vino.
Ya que no nos dan chocolate, lo único que valdrá la pena
es entrar en la casa del terror.
No. Tengo razones para vivir.
Tengo unos pantalones encargados.
¿Nadie quiere ver al asesino loco?
O sea, para llenarlo de espíritu navideño.
Tienes razón, vamos.
Si nos matan, no se lo digáis a papá.
Vale. Yo iré detrás.
Os protegeré desde atrás, a salvo.
Vale, voy a llamar al timbre.
- Pues no está en casa. - Hola.
Venga, Bob, tú puedes.
Será la mejor Navidad para los niños,
sin presión.
Ignora al señor Fischoeder.
¿No te ayuda?
¿Y los bastones de caramelo? Auggie.
Los he usado para mis árboles de caramelo.
¿Y cómo caminan mis tullidos de caramelo?
Quedaba un Papá Noel de chocolate.
¡Necesito al Papá Noel!
Ah, puede que me lo haya comido.
¡Hijo de perra!
Tiempo. Se acabó el concurso.
Porras.
¿Por qué no seguimos corriendo?
No sé. Me entró pánico.
Dios, vamos a morir así.
Sabía que sería así. Lo siento.
Gestionas muy bien las crisis.
Estáis aquí.
No os vayáis, por favor.
Ignorad el cuchillo.
Estaba picando avellanas para la ensalada.
Me encanta la gente que canta villancicos.
- ¿Para matarlos o...? - ¿Qué?
- Nada. - Encantado, adiós.
No. Sí que cantamos villancicos y podemos cantarte, ¿a que sí?
Ah, qué bien.
Acercaos un poco para que os oiga mejor.
Claro...
Un poco más.
Pues sí que dais pasos de tortuga.
Gracias.
Juzgando, valorando...
Auggie, si no gano, será culpa tuya.
¿Ah, sí, Randolph narizotas llorón?
¿Y tú, ladrón de Papás Noeles?
Estaba delicioso.
Dad gracias de que dejé las armas en la mesa
y no llevo ninguna escondida.
Lo mismo digo, amigo.
- Ya estamos. - ¿Qué pasa?
Estamos apuntando a las casas de los demás.
Bob, hazlo.
¿Dónde tenían las armas?
Mi raja del culo es profunda.
Ya que os ponéis así...
Felix, deja esa pistola. Este es un momento especial.
¡Calvin, te crees genial
solo porque saliste antes que yo de mamá!
Tranquilos, por favor.
Es una tontería de concurso de casas de galleta.
- ¿Qué? - No me apunten a mí.
¡Apunten a las casas!
En un trineo de un solo caballo.
- Hasta mañana. - Adiós.
Esperad, ¿os sabéis este?
Bob tiene razón. Es una tontería.
- Mejor guardamos las armas. - Sí.
O, contrapunto.
Qué vozarrón.
Gracias. Soy Oscar. ¿Queréis un chocolate?
Sí, por favor.
- Buena idea. - ¡Toma ya!
Bueno, por fin ha pasado.
Hemos acribillado las casas de galleta.
Me sorprende que tardáramos tanto.
Bueno, pues nada,
gracias por invitarme al concurso,
donde casi la palmo en una masacre de galletas de jengibre.
- Calma. - Sí, tranquilízate.
¿Saben por qué estoy aquí?
Soy inquilino de Fischoeder
y me perdonó el alquiler del mes próximo si me dejaba perder.
Mentira.
Pues es buena idea.
Una idea innovadora.
¿Sí? Entonces es verdad.
¿Harto de perder siempre, Calvin?
Pues sí.
Cada año lo intento
y cada año, me toca el orinal. Es mucha presión.
Mire, lo entiendo. Esta época del año es difícil.
Yo también tengo la presión
de darles a mis hijos una buena Navidad.
Otra vez, no. Yo hablo de presión de verdad.
Ay, señor.
La casa de Bob es la menos destruida.
Así que ha ganado Bob.
Madre de Dios.
Si lo pienso ahora,
cubrir las ventanas con sábanas no fue la mejor idea.
Me pareció frugal y creativo.
Pero estas cosas despiertan rumores.
Rumores.
A la gente le encanta hablar, muchas veces sin saber la realidad.
- ¿Eh, Tina? Mírate. - ¿Qué?
Con una voz así, no se puede ser un asesino.
Y aunque lo fueras, me parecería bien.
¿Lo eres? Dínoslo, no pasa nada.
No, no lo soy.
- Mierda. - Bordó los agudos.
Oscar, ven a cantar con nosotros.
Así podremos cantar "Sin nosotros no hay Navidad".
Serás nuestro soprano.
Yo encantado.
Genial, pero no nos mates.
Tiene una motosierra. No, es la taza.
- He ganado. - No te regodees.
¿Los demás hemos perdido?
Sí, empatados en el último puesto.
Qué buena noticia. Todos somos perdedores.
Es culpa de Bob.
Dijo que el concurso era una tontería y me cegó la ira.
A mí también.
- Tus palabras me dolieron. - Sí, tenemos sentimientos.
En realidad, no me parece una tontería.
De hecho, me parece bastante tierno.
Se juntan todos los años para hacer casas de galleta.
Donaron dinero al zoo. Está bien.
Van de ricos solitarios, pero son unos blandos
que se preocupan por los demás.
Son una especie de extraña familia.
¿Yo también?
Sí, usted también, Godfrey.
Soy el gracioso.
Y aunque suene cursi,
el mejor regalo que existe es la familia.
- Vomito. - Qué cursilada.
Yo soy familia de Calvin. Solo quería dejar constancia.
El año que viene no elegiremos un perdedor.
- Pero si es lo mejor. - Eso se queda.
Pues hasta el año que viene.
¿Qué es ese estruendo?
Porque lo mejor de la Navidad es
estar juntos.
¿Les disparamos?
ZOO DE BOG HARBOR
Normal que los polos se derritan con esta monada.
Ahora sí quiero tener hijos. Tendré uno
para dárselo al osito de comer, porque me chifla.
Es mono, pero tiene que costar limpiarlo.
La mejor Navidad, Bob.
- ¡Quiero acariciarlo! - Sí, ¿nos toca ya?
Gracias por dejarnos venir.
Ya llega el rey de los mimos.
Bob, tu familia tiene suerte de tenerte.
Gracias, señor Fischoeder.
Vale, ahora dime tú algo bonito.
Tiene un ojo... bonito.
Suena preparado, pero feliz Navidad.
Feliz Navidad, señor Fischoeder.
Gracias.
Traducción: Beatriz Egocheaga
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