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ES TU FUNERAL
CAMARERO, UNA DE MERO
GRAN INAUGURACIÓN
ABRIMOS DE NUEVO
TU EXTERMINIO DE CONFIANZA
ABRIMOS UNA VEZ MÁS
VAMOS POR LA CUARTA INAUGURACIÓN
HAMBURGUESERÍA BOB
Nos vamos al contable,
declaramos impuestos en el último minuto.
Somos adultos, adultos responsables, ¡sí!
Bonita canción. ¿De dónde es?
No, Teddy, es que vamos al contable.
No tendríamos que haber esperado al último momento del último día,
pero es nuestra tradición.
Es verdad. Es superespecial.
No sé por qué necesitáis un contable. Hacer la declaración mola.
No. Deja.
Nuestro contable no es caro y es muy bueno.
Bastante bueno. Es bueno.
Vamos una hora, nos reímos sin ganas de sus chistes.
Qué chistes.
Y hasta el año que viene.
¿Y por qué reís sin ganas?
Gestiona nuestro dinero. Tenemos que ser majos.
Se queda una parte cada vez que no nos reímos.
Pues suerte. Yo me voy al puerto.
- A ayudar en el Festilangosta. - Festilangosta.
- ¿Por qué no te gusta? - Demasiada langosta.
Sí, es el lema de este año, ¡demasiada langosta!
- Pásalo bien. - Y vosotros, con el contable.
Festicontable. ¡Demasiados impuestos!
Ya.
Adiós, Teddy.
COLEGIO WAGSTAFF
Alucina. Contacto visual.
¿He tenido contacto visual con Joe Harrison? Me da que sí.
Qué raro, casi no lo conozco.
Mírame otra vez.
Mírame.
¿Dónde crees que vas?
Estás castigado, jovencito.
Vale.
Castigado, ¿eh?
¡Leer es un rollo!
- ¿Qué pasa? - Tu madre.
- ¿Qué? - Es tonta.
Y leer es un rollo.
- Estás castigada. - Vale. Y lo siento.
Y yo. Si no quieres...
- ¡A callar! - Vale, estás castigada.
Sigue tu objetivo:
los ojos de Joe.
Tina está castigada
y tenía que cuidaros.
Mamá, Gene y yo podemos quedarnos solos.
Cuidamos a la tía Gayle cuando viajáis
y da mucha lata.
No sé. Bob, ¿tú qué dices?
Bueno. Solo es una hora y vamos a estar cerca.
Vale, pero voy a poneros muchas normas.
No abráis la puerta a nadie.
¿Y si es un tío armado que quiere mear?
Nada de cocina, cuchillos, bañera ni cerillas.
Yo quería bañarme con cuchillos.
Si alguien llama, decís que estamos en casa, pero... cagando.
Yo en la ducha y no aparento mi edad.
Vale. Tranquilos. Me quedo al mando. No tenéis de qué preocuparos.
Técnicamente, Gene está al mando.
- ¿Él? - ¿Yo?
Sí. Es tu hermano mayor, Louise.
¿Hermano mayor? Yo lo considero más bien mi hermano grande.
- Sin ofender. - ¡Me ofendo!
Es que no haces cosas típicas de hermano mayor.
No me llamas renacuaja, no juegas al béisbol
y cuando te cansas, soy yo la que te lleva a burro.
Porque papá no puede conmigo.
Louise, Gene es mayor que tú, tu madre tiene razón.
¡Toma! Soy grande y me quedo al mando, literalmente.
Vale. Tranquilos, no lo perderé de vista.
Y ahora, fuera, niños locos.
Volvemos en una hora.
Portaos bien.
Vale, hasta luego.
¿Comemos a deshora?
¡Como rey, lo declaro permitido!
Me gusta cómo piensas.
SALA DE CASTIGADOS
El momento de la verdad.
Estoy sola con Joe.
Y con algunos más.
Toca comprobar si se repite el milagro.
En nuestros ojos.
Tengo el ángulo perfecto.
No te sientes ahí. No. ¡Mierda!
Vale, igual puedo seguir viendo a Joe.
Me reclino como si nada.
No es nada.
No falta nada.
Casi...
Estoy bien.
¡Ba-Ba-Ba-Belcher!
Hola. ¿Con ganas de hacer la declaración?
Sí. Nos encantan los impuestos.
Genial. Porque estamos en temporada.
Fa-la-la-la-la, toca declarar.
¿Queréis agua o algo antes de empezar?
Se la pido a mi secretaria.
Es coña. No tengo secretaria.
Muy gracioso.
¿Os apetecen unas galletas?
Son de un cliente. Mirad qué pinta tienen.
¡Madre mía, qué ricas!
- ¿Bob? - Vale, cojo una.
Yo voy a coger otra. Qué rica.
Voy a sacar mi saxo de contable.
Afino instrumento.
Vale. ¿Podemos empezar ya?
Vamos a ponernos de acuerdo.
- Queremos hacer una salsa de 17 pisos. - Correcto.
Pero sin piso número 13 porque da mala suerte.
Buscaré en el cajón de verduras
los tacos de beicon que mamá cree que no sabemos que guarda.
Xanadú.
Gene. Ven a ver esto.
¿Qué es eso?
Más blando que las piernas de papá.
Ah, ya sé lo que es. Es un melón.
Mamá se lo metió en la camiseta en el súper
como si tuviera tres tetas y la obligaron a comprarlo.
¡Eso fue hace tres años!
- Hay que tirarlo. - ¿Qué?
Lo tiraremos al callejón.
¡Sí! Espera, o no.
Me suena a una posible mala idea que podría buscarnos un lío.
Y como estoy al mando, pues...
Gene, no lo pienses demasiado. Es una oportunidad única.
Nunca nos dejan solos en casa
y nunca habíamos encontrado un melón podrido.
¿Es la prueba de que existe Dios?
No digo que no.
Si la vida te da melones podridos,
haces "melonada" podrida.
Vale, pues lo hacemos. ¡A lanzar el melón!
Así me gusta. Ese es mi hermano grande.
Joe.
Joe.
Nunca había pensado en Joe de esta manera,
pero igual él piensa en mí así desde siempre.
Y hoy se miró al espejo
y dijo: "Hoy le dirás a Tina lo que sientes".
Estará hecho un lío.
Tengo que mirarlo a los ojos.
¡Pero desde aquí no lo veo!
Vale, voy a girar la mesa.
Dos horas de castigo.
Si la giro tres centímetros cada cinco minutos,
veré los ojos de Joe en 90 minutos.
Allá voy.
Tina. No muevas la mesa.
¡Mierda!
Buscaré otra manera. Espérame, Joe.
Voy a comprobar vuestra aportación al fondo de pensiones este año... cero.
Exactamente.
Tengo que cogerlo. Hoy mandé a Pamela pronto a casa.
¿Os acordáis? No hay nadie.
Me acuerdo.
¿Sí? Soy Gerald.
Ah, hola, Tim. Sí, tengo aquí las galletas.
Vale.
¿Que no deberíamos comérnoslas bajo ninguna circunstancia?
- Ay, Dios. - Dios... ¿Qué?
De acuerdo...
...pero igual nos hemos comido alguna.
Yo me comí dos.
Yo, solo una.
Yo, tres. ¿Hola?
Vale, bueno, gracias por informarnos. Adiós.
Gerald, ¿qué ha pasado?
Que las galletas que os he dado llevan marihuana. Y mucha.
- No fastidies. - Tim hizo dos tandas de galletas.
Eran para su madre.
Se comió las suyas y no se colocó, así que...
No. No fastidies.
No podemos colocarnos en pleno día.
Somos puretas, tenemos hijos.
Vaya, qué mal.
¡Malditas galletas! Estaban ricas.
- Me comeré otra. - Lin, no.
Gene, estamos a punto de hacer historia.
Y allá...
...¡va!
¡No!
¿Qué...?
Vaya tela.
Dios. ¿Ese es Logan?
Vaya, vaya con Louise Belcher.
Escóndete. Corre.
Acabáis de alegrarme el día.
Quería resolver la hostilidad que siempre llevo dentro
y que el doctor Swanson considera normal.
Pero pensé: "¿Y cómo lo voy a hacer?".
Ahora ya lo sé.
Despejaré mi agenda
¡para que vuestras vidas sean un infierno!
Acuérdate que hoy tienes algo pendiente.
¿A que sí? ¡No puedes faltar!
¡Estás muerta, Louise Belcher!
A ver, ha sido un accidente.
Un accidente tronchante que ojalá hubiera grabado.
No hace falta que se te vaya la pinza, ¿vale?
Venga, vámonos al parque.
Id vosotros. Yo voy a destrozarle la vida a Louise.
Vale. Creemos en ti.
Nos vamos dentro a ver la tele.
Vale. Yo me plantaré en la puerta,
llamaré al timbre y me chivaré a tus padres.
Pues mala suerte, porque no están.
¿Vuestros padres no están? Qué interesante.
Eso me da más opciones.
Pues nuestro novio está a punto de llegar
y está muy cachas.
Yo no estoy colocado.
Yo tampoco.
Yo me estoy meando.
¿Estoy meando? ¿Lo compruebas, Bob?
Entonces, ¿ya tenemos hecha la declaración?
Vaya, mirad cuántos números.
Vaya tela.
¿Qué serán? ¿Cómo se asigna valor a los símbolos?
Que estoy meando. Bob, ¿me lo miras?
- ¿Quieres parar? - ¿De mear?
- No, de decir que te meas. - ¿Soy guapa?
Vale, hora de ser valiente.
- ¿Puedo ir al baño? - Vale. Pero no te entretengas.
Y ahora, ligero giro de cabeza.
No lo fuerces, y...
Una mirada de soslayo da pie a amores y desmayos.
Al cruzarse nuestros ojos despertó nuestro amor a lo loco.
Cuando nos miramos, pensé: "Pues parece
que Joe podría ser mi amor...".
- ¡Tina! - ¿Qué?
¿Qué haces? No te quedes ahí.
- ¿Vas o no vas al baño? - Un segundo.
¿Eres tú mi amor?
Vale, ya voy.
¿Sigue ahí el ranger asesino de Texas? Ha pasado casi una hora.
Sí. No sé si deberíamos, no sé, pedirle perdón
para que no se enfade y nos mate.
Gene, tranquilo.
Está abajo, y nosotros aquí arriba con la puerta cerrada.
No me digas que te da miedo.
No, me da miedo otra cosa.
¡Es casualidad que esté viendo a un matón de instituto
haciendo karate con un coche aparcado!
Vale, hablaré con él. Con permiso.
Menos mal.
Logan, vete a casa y dúchate, que hueles a melón.
Mi madre.
No pienso irme a casa y no pienso ducharme
hasta que pueda vengarme.
Cómo te vas a arrepentir, Louise.
- Ya me arrepiento de hablar contigo. - Louise, no seas...
Pensaba darte un capón o meterte la cabeza en el váter,
pero he cambiado de idea.
¡Ahora te voy a hacer el sobaco apestoso noruego!
Madre mía, ¿ha dicho sobaco apestoso noruego?
No quieres un sobaco apestoso noruego.
¿Qué? Pero ¿existe?
Es el movimiento clásico del luchador Steven el Noruego.
- ¿Desde cuándo ves lucha? - ¡Tengo vida, Louise!
¿Y qué es eso del sobaco apestoso? No suena aterrador.
Pues lo es.
Cuando Steven el Noruego pone a su rival contra las cuerdas,
le sujeta la cabeza con una llave así
y luego lo pellizca así
para obligarlo a aspirar su olor corporal.
No me preocupa. No va a poder subir.
Voy a saltar hasta que os pille.
- Dame la mano. - No, gracias.
Antes o después, se cansará.
No me gusta.
¿El qué?
- ¿Qué? ¿Qué haces? - Linda.
Os estoy oyendo.
Gerald, mírame.
Gerald, soy tu amiga.
Estaremos juntos en los momentos malos y en los buenos.
Es muy gritona.
Linda, no le cantes ahora a Gerald.
¿Por qué? Si le gusta.
Hay que avisar a los niños de que llegaremos tarde.
Mucha calma mientras llamo.
Oye, Gerald, sé hacerme trenzas en el pelo.
- ¿Te lo enseño? - No.
- Sí, mira. ¡Hola! - No, por favor.
- Pero si son tus amigas. - No, me das miedo.
Mira. Míranos. Vamos a hacernos una trenza.
¿Quién será?
Si son mamá o papá, tranquilo.
Sí, ese soy yo. Megatranquilo.
Residencia Belcher. Papá está cagando,
mamá en la ducha y está genial.
Hola, hijo. Gene, hijo. Colega.
Hola, papá.
Hola, Gene. Soy papá. Es papá.
Gene. No digas nada del melón.
Todo bien por aquí. Nada que decir.
No tiramos nigún melón.
No le digas que vamos fumados.
Mira, igual vamos algo fumados... Que vamos a llegar tarde.
Se alarga la declaración.
Muy bien.
Por aquí, todo genial. Gracias por dejarme al mando. Chao.
Sabe que estoy fumado.
Sabe que lanzamos un melón.
Oye, Logan ya no está.
¿Ves? Te dije que se rendiría. Todo bien.
Será papá otra vez. Ya lo cojo yo.
- ¿Diga? - Hola, Louise.
¿Qué quieres, Logan?
Solo quería decirte que estoy en tu casa.
¿Sí? No te veo. ¿Y por qué me llamas para decírmelo?
Para que suene amenazante, como en las pelis, con música de miedo.
No es nada amenazante. Me parece relajante, de hecho.
Vale, pero si no estoy en tu casa, ¿quién está en tu cocina?
¡Mierda! Logan se ha colado en casa.
- ¿Qué? - ¡Logan está en casa! ¡Corre!
Estabas...
Te oí.
Os dejasteis una ventana abierta,
se me da genial lanzar zapatos por las ventanas
y otra cosa, quiero recuperar mi zapato.
Y ahora, vais directos a Villa Sobaco.
- ¿Lo pilláis? - Yo sí. De sobra.
- Gracias. - ¡Corre!
¡Corre, Gene!
Entrega de ataúd.
¡Eh!
Lo despistaremos en el Festilangosta.
El festival empieza a las cinco si eres vip,
a las seis con entrada normal
y a las siete si vas a ver a B-52s.
¡Bonitas manoplas!
¡Aquí, Gene, rápido!
Nada como unas vieiras
bajo las estrellas.
El marisco es la cura
que te llevará tarde a la sepultura.
Genial. Lo ensayamos una vez más y hacemos el número de las gambas.
Vale, Gene, tengo un plan.
Genial. Yo tengo diarrea.
Anda, qué raro.
¿Estoy loca o ya no se enciende la chispa?
¿Hemos perdido nuestra chispa?
Con lo segura que estaba, ahora no me creo nada.
¿Tina? ¡Tina!
Estás murmurando. Y ya no te queda lápiz.
Déjalo ya.
No sé si lo dejo, pero tengo mucho en qué pensar.
¿Qué?
¿No te gusta?
Dedos de celo.
Para, por favor.
- Gerald, ¿puedo hacértelo a ti? - Sí.
Me gusta.
Qué bien. Mira qué bien.
Linda, me equivoqué contigo.
Sí me caes bien.
Y tú a mí, Gerald.
Aunque hagas chistes malos.
¿No te gustan?
¿Qué? ¡No!
O sea, sí.
O sea, más o menos.
- No, vaya. - Linda.
Pero siempre te ríes. Todo el mundo se ríe con ellos.
Porque nos caes bien. Y a todo el mundo.
Y no porque seas contable
y temamos una auditoría. Para nada.
A mí sí me gustan.
Me encantan.
No es verdad, Bob. No mientas.
Ay, Dios mío, qué mal.
Si dejo la contabilidad, pensaba hacer monólogos.
Podrías hacer monólogos malos.
Está muy de moda.
Hoy es el peor día de mi vida.
No me apetece declarar impuestos.
No, pues deberías. Te sentirás mejor.
- ¡Dios! - ¿Y eso? ¿Lo habéis oído?
- Es el timbre. - ¿Quién es?
- Voy a ver. - ¡No!
Mierda. Es mi siguiente cliente.
Y querrá que le haga la declaración.
Hay que esconderse.
Sí. Está claro.
Muy buen plan.
Hay que construir un fuerte con los cojines.
Así, aunque entre, no nos verá.
Vale, pero sigo triste, así que quiero habitación propia
para reflexionar y pensar qué hacer ahora.
Te la mereces, di que sí.
Oye, ¿dónde vais? Tenemos ensayo.
Hay una emergencia en el mar.
Un momento. ¿No sois un poco camarones para ser gambas?
¡De camarones, nada!
Quitaos esos disfraces ahora mismo, venga.
- ¡Louise! - ¡Corre, Gene!
¡No! ¡No manchéis las colas!
¿Lo hemos perdido? Creo que sí.
Un escondite muy bien elegido, chavales.
No hay salida.
¡Dios! Acabo de mariscarme los pantalones.
Vaya, vaya.
Vuestras narices acaban de responder a mi sobaco.
No. Ni hablar, Logan.
Deja que nos vayamos.
Ah, lo haré.
En cuanto os deje sin olfato.
No, por favor...
No intentes escapar, Louise.
Te espera un sobaco apestoso noruego.
Solo dura un minuto,
¡pero lo recordarás el resto de tu vida!
No. Por favor.
¿Estás llorando?
No.
¡Espera! Si vas a hacer un sobaco apestoso noruego,
házmelo a mí.
¿Qué dices, enano?
¡Dios! Creo que he dicho:
"Si vas a hacer un sobaco apestoso noruego,
házmelo a mí".
Apártate.
¡No! Tengo muchísimo miedo,
pero no me aparto.
Déjalo, Gene.
Vale, tú lo has querido.
¡Huele bien, enano! ¡Huele a fondo!
Eso es.
- Oye, Linda. - ¿Qué?
Yo ya puedo volver a casa.
Porque en algún momento tendremos que volver.
No podemos dejar así a Gerald.
- Habla con él. - Vale.
- Oye, amigo. - Dime, Bob.
Mira, yo cocino hamburguesas.
Pero dibujo la hamburguesa del día en una pizarra.
Y a mí me parece tronchante, pero seguramente no lo sea.
- No está mal. - Es malo.
Pero da igual porque a mí me hace gracia. Lo hago para mí.
Tú eres muy buen contable, ¿no? Espero.
Bastante bueno.
Pues sigue haciendo eso.
Sigue con las cuentas.
Y sigue haciendo chistes porque a ti te gustan, ¿vale?
- Pero trabájatelos más. - Vale.
Esperad. No os vayáis. ¿Qué será de mí?
Tú tranquilo, Gerald. Tienes el fuerte.
Y muy importante.
Más tarde, cuando ya no estés fumado,
tienes que enviar nuestra declaración.
- ¿Me la podrías describir, Bob? - Ay, mi madre.
Era broma.
- Mira, se ha reído. - ¡Sí!
¿Tocas el saxo de contable?
Qué raro es saber que está ahí detrás,
esperando que lo mire como siempre lo he mirado.
No es justo para ninguno.
Tengo que echarle mi mirada de ruptura. Así.
Para el carro, Tina.
Ahí te has pasado. No seas borde.
Necesito mi mirada de ruptura con amor. Así.
Sí, ahora sí.
Vale, allá va.
Se lo ha tomado bien.
Está dolido, pero no lo demuestra.
Así es Joe.
Nunca lo olvidaré.
¿Qué tal, Gene? ¿Lo pasaste mal?
- Dolió. - ¿Sí?
- Y olió fatal. - Ya.
Pero he sufrido cosas más dolorosas y apestosas.
Aunque no desde que nací.
¿Qué pasa?
Gracias. Eres un hermano grande genial.
De nada, gamba.
Sí, eran los niños.
¿Por qué van de gambas?
¿Y por qué se abrazan?
¿Lo hacen? No sabía que lo hicieran.
Anda, mira eso.
¿A que sí?
Traducción: Beatriz Egocheaga
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