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Original subtitles

FUNERARIA Y CREMATORIO

EL ABOGADO DE PATENTES

GRAN INAUGURACIÓN

GRAN RE-INAUGURACIÓN

EXTERMINIO LO DIFÍCIL ES CAZARLOS

GRAN RE-RE-INAUGURACIÓN

GRAN RE-RE-RE-INAUGURACIÓN

-Aquí tienes, Teddy. -Gracias por el pedido urgente.

Me espera un día de locos.

¿Para qué pides una bolsa para llevar

-si te lo vas a comer aquí? -Ya me voy.

-Ah, ¿sí? -Chicos.

Está bien que tengas mucho trabajo.

Sí, tengo que enyesar una casa.

Y tengo una obra de una casa en Craggy Neck.

Va a llover y debo guardar los muebles del jardín bajo el porche.

Para qué preguntamos.

¿Diga? Ah, hola, Sr. Handley.

¿El calentador de agua? Sí, puedo pasarme hoy.

Ahora me paso. Y acabo de coger otro trabajo.

-¿Para qué lo acepto? -A ver, tranquilo, Teddy.

Mira, voy yo a Craggy Neck en tu lugar.

-¿Qué? -¿En serio?

Me apetece ir a un lugar bonito y arrastrar muebles.

-¡Llévanos! -Yo podría arrastrar muebles.

Sería de gran ayuda.

-¡Vale! -Esperad, si os vais todos

a una casa de la playa, yo también debería.

Podríamos cerrar un rato.

Pero, papá, ¿y si viene gente al restaurante?

Ah, ya, cierto, pues...

Papá, era una broma.

-Ya hemos llegado. -¡Bien!

¡Bien!

Estamos en la playa.

Menudas vistas.

Es el mismo océano que el de casa.

-Pero este es mejor. -Claro, aquí hay playa.

Seguro que les traen el periódico cangrejos.

Esto es vida.

Y qué vistas tan preciosas tiene.

¡Mirad qué rocas!

-Gene, bájate de las rocas. -Les encanta.

Ya puedo, yo solo.

-Soy un fuerte. -Muy bien, papá.

Qué bonita es por dentro.

La puerta está abierta. ¿Entramos?

-Solo para cerrar la puerta. -Claro.

¿Cómo vamos a cerrarla si no?

Vaya, estamos dentro de la casa.

-¿Cómo puede ser? -¿Qué hacéis?

Esto es allanamiento. Es la casa de otra persona.

Bueno, técnicamente, es su casa de veraneo.

-La cosa cambia, ¿no? -Sí, es legal.

-Solo íbamos a cerrar la puerta. -¿Estamos entrando por la fuerza?

Como familia, no pasa nada.

Ven conmigo un momento para sentirnos de vacaciones.

Linda, tenemos que irnos.

Vaya, qué bonito.

Me siento muy pobre ahora mismo.

Sí.

Supongo que no pasa nada si nos quedamos otro momento.

Sí, y luego nos vamos.

Vale, pero no toquemos nada.

Claro que no.

Ahora me gustan los barcos.

Estos deben de ser los dueños.

Una pareja muy mona. Con diferencia de edad, pero no importa.

Vaya, también viajan.

Debe de estar bien.

Empujando la torre de Pisa. Qué graciosos.

¿Y si nos compramos un barco?

¿Y nos suscribimos a una revista de barcos?

Pero ¡menudo anillo!

Cómo brilla.

Parece una bola de discoteca.

Me voy a comprar uno.

Me voy a comprar un barco, uno grande.

¿Qué estamos haciendo? Hay que irse.

¡Chicos, nos vamos!

Chicos, hay que... Santo cielo, una sala de juegos.

Hola, papá, bienvenido a Divertilandia.

Se me pasó comprarme una casa grande para tener una mesa de billar.

Tenemos que irnos ya, pero antes debería enseñaros a jugar al billar.

Sabemos jugar.

Las deslizas y se chocan. Voy ganando.

-Así. -A ver, chicos,

hay algunas cosas que se me dan bien.

Y el billar es una de ellas.

¿Y las otras? No digas hamburguesas.

Preparaos para mi saque de infarto.

Tina, échate a un lado.

O te llegará la onda expansiva.

-Qué mal. -Sí, eso he pensado.

-Pero no estaba segura y dije " oh". -Debe de ser por el taco.

Pues sí. Este está... torcidísimo.

Pues parece recto.

No se puede usar un taco así.

A ver, este no parece torcido.

Agujero de la esquina, abre la boca, espero que tengas hambre.

-¡Mierda! -¿Eso ha estado bien?

Anda, si esquían. Qué deportistas están hechos.

Son como Hart y Hart.

¿Sabes quién me ha dado agua?

-¡La nevera! -¿Qué?

¡Sale de la puerta!

Madre mía.

¿Qué haces tú?

Me interero por saber quiénes son.

Ya sabes, qué libros leen y qué música les gusta.

-Vamos, estás cotilleando. -¿Qué? No cotilleo, solo observo.

-Claro. -Escalaron una montaña.

Bien por ellos.

¿Vamos a observar a esa sala?

Es el despacho.

Mira, tienen correo, qué gracia.

¡Sabemos su nombre! Larry Goodwin.

¿Por qué tendrán tantos relojes?

¿Cuánto tiempo necesitan?

Da grima. Todos marcan las 15:13.

-Ah, no, se han movido. -Creo que ya lo tengo.

Mira, en todos pone "Goodwin".

Larry Goodwin.

¡Larry se dedica a los relojes!

Así se compró una casa en la playa.

Nosotros no jugamos bien las cartas.

¿Has visto cómo se ha abierto el cajón solo?

-Se ha abierto sin más. -¿A que sí?

Sí, fíjate, se ha abierto sin más.

Qué raro.

Su foto de boda.

Espera, esta mujer no se parece a la del resto de fotos.

Pues sí.

La frente es totalmente distinta. Se la habrá operado.

Mamá, es otra esposa.

Esta debe de ser su primera mujer.

Y Larry la cambió por una modelo nueva y más guapa.

-¡Capullo! -Te crees que lo conoces y luego...

¡Larry!

-Mierda. -Mierda, viene alguien.

¿Lo dices porque te estoy ganando?

Escóndete.

¿Bob? ¿Linda? ¿Estáis aquí?

-Sí. -¿Por qué?

Eso. ¿Por qué?

Sí, ¿por qué estáis dentro?

Eso, Teddy.

-Buena pregunta. -Sí, Bob.

¿Qué hacéis dentro?

Linda, sal cuando te apetezca.

Un momento, esto no es debajo del porche.

Bobby, ¿para qué nos haces entrar, bobo?

Muchas gracias, Linda.

Perdón, Teddy. No deberíamos haber entrado.

Husmeando, ¿no? ¿Probando qué tal se está en el salón?

¿Os habéis dado un baño?

¿Qué? No.

-Eso que os perdéis. -¿A qué vienes?

Hemos venido nosotros para ahorrártelo a ti.

La tormenta está empeorando.

Quería asegurarme de cerrar bien la casa.

Sí, seguro que Larry Goodwin lo apreciaría.

Más de lo que apreció a su primera mujer, a la que se le ocurrió envejecer.

Sigue así, papá. Muy buena, mamá.

No sé nada de Larry. No lo llegué a conocer.

Murió antes de venir yo aquí.

-¿Larry murió? -¡Larry está muerto!

Sí, fue horrible. Se resbaló en el balcón del tejado

y cayó sobre las rocas decorativas.

Ya me pareció a mí que esas rocas estaban traumatizadas.

Helen, la mujer, es un encanto. Simpatiquísima.

Presenció la caída desde la rosaleda.

Santo cielo.

¿Y si doña segunda esposa no presenció la muerte?

¿Y si la causó ella?

-¡Claro! -¿Qué?

Mató a su marido por su fortuna de los relojes.

¡Es una viuda negra!

Estamos en la casa elegantemente decorada de una asesina.

-Sí que está decorada con estilo. -No está mal.

Anda ya, Helen no es ninguna asesina.

Linda, esa es una acusación muy seria.

Bueno, es que asesinar es un delito muy serio.

-Bueno, hay que irse ya. -Espera, papá.

De aquí no nos vamos hasta encontrar pruebas para la policía.

Es un caso sin resolver muy guay.

Sí, se lo debemos a Larry y a su familia relojera.

¿No hablaréis en serio?

Mirad qué ojos de víbora falsa.

Si le tapas la dulce sonrisa,

tiene la fría mirada de una asesina a sangre fría.

Y si le tapas la nariz, está superrara.

Sí, y si le tapas la mitad de la cara, tiene... media cara.

Vamos, chicos, estáis hablando de Helen.

Estaba en la rosaleda cuando Larry se cayó.

¿Te refieres a Larry, el escalador,

que escala los picos más altos, pero se resbala de su tejado?

¡Porque no se resbaló! ¡Helen lo empujó desde el balcón!

¡Lo empujó!

-No, no, no. -Os estáis pasando.

Teddy, ¿qué más sabes del "accidente" de Larry?

Fue extraño.

Se apoyó sobre la barandilla y esta se venció.

-La policía dijo que estaba floja. -Seguro que la aflojó ella.

¿Cómo? ¿Por arte de magia?

¿Cómo quitar un clavo de la madera?

Pues con la parte de atrás de un martillo.

¿Dónde guarda las herramientas?

No tiene herramientas. No es muy mañosa.

-Además... Bueno, nada. -¿Qué, Teddy? Di.

Creo que me contrató porque se siente sola.

No es ninguna asesina.

Es una cosita supermona.

No cosita en plan pequeña, es alta.

Me agota hablar de ella.

Teddy, ¿estás enamorado de Helen?

¿Qué? No.

¿Y ella de ti?

¿Tira cosas a tu lado para que ambos os agachéis a cogerlas?

A veces tomamos té en el porche y el tiempo pasa volando.

Linda, ¿podemos hablar a solas?

-No. -Sí.

¿Qué pasa, Bob? Estoy investigando.

-No. -Sí.

Lo único que haces es fastidiar a Teddy una posible relación.

Parece que la tal Helen es maja y se siente sola.

Y Teddy es la persona adecuada para alguien majo y solo.

O para cualquiera.

Para cualquiera que se sienta atraído por él.

Excepto si ese alguien quiere matarlo.

Puede que incluso eso diera igual.

Se me acaba de ocurrir algo.

Teddy, ¿así que Larry cayó sobre las rocas decorativas del jardín?

-Exacto. -Mirad esta foto. ¿Qué notáis?

¿Que incluso a su edad le quedaban bien las bermudas?

¡No hay rocas!

¡Exacto! Porque Helen las puso al ir a la escena del crimen.

Y luego tiró a Larry sobre ellas para que muriese.

Estáis sacando conclusiones precipitadas.

Querrás decir que las conclusiones se precipitaron.

Teddy, ¿por dónde se sube al balcón?

Vamos a reconstruir el asesinato.

La tormenta está azotando bien allá arriba.

¡No te oigo! ¡La tormenta está azotando bien!

Linda, no salgas ahí fuera. Es muy peligroso.

No pasa nada, no pasa nada.

Da igual, da igual. Lo haremos dentro.

Mamá lleva el pelo fatal.

Lo sé, no puedo ni mirarla.

Pero no puedes apartarle la mirada.

La miro un poco de reojo.

Vale, esto es lo que creo que pasó.

-Bob, tú eres Larry. -No.

-El dulce y difunto Larry. -Por Dios.

Y yo soy Helen.

Son una mala persona y quiero tu dinero, ¡así que a las rocas que vas!

Ay, mi espalda. ¿Era necesario empujarme?

Creo que ocurrió justo así, mamá.

No. Helen no es una asesina ni mucho menos.

En serio, creo que mi espalda está fatal.

Vale, cariño. Vamos a llevarte al sofá.

Papá lleva el pelo fatal.

Siempre lo lleva fatal.

Así.

No deberíamos haber entrado a la casa.

Tranquilos.

Habrá sido un apagón.

No estoy demasiado asustado.

¡Helen! Hola, has venido.

-Es ella. -Lleva el pelo fenomenal.

Pregúntale a qué peluquería va.

Vaya, Helen, creía que estabas en Nueva York.

Me apeteció irme unos días a mi casa de vacaciones.

¿Y quién es esta gente que está en mi casa?

Cierto, son amigos míos. Son familia.

Los Belcher. Perdona, es que les pedí...

¡Coged a vuestros niños asquerosos y largo!

-Santo Dios. -Lo siento. Yo...

Estoy de broma.

Qué chiste más espantoso.

-¿A que es graciosa? -Qué bien que estéis aquí.

Llevo horas bajo la tormenta. Es raro que no cortaran la carretera.

¡Bienvenidos! Soy Helen.

Hola, yo soy Bob. Y estos, mis hijos: Tina, Gene y Louise.

Y ella, mi mujer, Linda.

Un placer, Helen.

Veo que te gusta mirar fijamente a los ojos.

Qué apretón de manos tan brutal.

Gracias, estoy apretando bien.

Vamos, debemos volver a casa antes de que la carretera empeore.

Mamá, creía que querías resolver el asesinato.

La seguridad es lo primero. Debo proteger a mis hijos.

Helen, ¿traes snacks para el viaje?

Ay, mejor no me levanto.

-¿Estás bien? -Está bien, está fingiendo.

No finjo. Me ha empujado mi mujer.

Sí, lo empujó una mujer.

-Tú ya sabes de eso, Helen. -Louise.

Tengo analgésicos

de cuando tomaba muchos analgésicos. ¿Quieres?

-No quiere. -Sí, por favor.

-No, no, no. -Sí, por favor, gracias.

Bien, ahora vuelvo.

¿Veis? Es maja. ¿Creéis que le gusto?

Yo no soy muy imparcial, pues no colaboró con los snacks .

Bob, tenemos que irnos. Es una asesina.

Linda, no me puedo mover porque alguien me empujó.

Quedémonos y vemos cómo acaba todo. Este caso podría impulsar nuestra carrera.

Hay 90% de probabilidades de que nos mate.

Es una simpática mujer cuyo marido se cayó del tejado.

Parad ya.

¿Tenéis colonia alguno? ¿Gene?

No se me permite volver a llevar colonia

hasta demostrar que sé hacer un uso responsable.

-Tengo una pastilla para la tos. -Dame.

Yo solo sé que esa mujer es una asesi... sirenas.

Esa es la historia de las sirenas.

Gracias, mamá.

Son unas criaturas fascinantes. Hola, Helen.

Toma, aquí tienes.

Uy, vaya.

¿Qué pasó? Qué brazos más sueltos.

Por suerte, tengo más. Toma.

-¡Bobby! -Qué pareja más divertida.

Hace años que no había una tormenta así.

He cerrado todas las ventanas. No entrará agua.

Bueno, por esa de ahí sí.

Bob, puede que intente envenenarte.

Papá, ¿cuál es tu deseo antes de morir?

La gente no mete veneno en pastillas,

sino en la comida o bebidas.

¿Sabéis qué me apetece? Un chocolate caliente.

Con nubecitas por encima sería genial, pero no tengo.

Pero tienes coche.

Yo no quiero, gracias.

Lo siento, a ninguno nos gusta el chocolate.

Madre, habla por ti.

No sabía que no me gustara.

-Sí, no te gusta. -Yo me los tomo.

Me lo podría beber a litros.

Me abrasa la lengua, pero me encanta.

Teddy es hombre muerto.

Los analgésicos empiezan a hacer efecto.

Tengo la espalda mucho mejor.

Qué bien. Yo me he tomado un par y estoy como tú.

-Sí, son estupendas. -Lo sé.

-Me tomaría más. -Yo siempre.

Helen, lamento lo de tu difunto esposo.

Sí, era un buen hombre.

Muy, muy, muy bueno.

Y con buen gusto, ¿no?

Bueno, me eligió a mí.

No, me refería a esas rocas decorativas tan bonitas del jardín.

Tan robustas y puntiagudas.

¿Las escogió Larry?

No, fui yo.

Larry tenía un gusto muy cutre para las rocas.

Conque las elegiste tú.

Qué interesante.

Muy interesante.

Pero mucho.

-Supongo. -Pues a mí no me lo parece.

Larry era el escalador de la pareja, ¿no?

¿A Larry? No. La escaladora soy yo.

Lo llevaba yo a la montaña.

Solía llamarme "Monte Helen", pero no lo pillo.

¿No se le daba bien escalar, entonces?

No, nada bien.

-Era muy torpe. -Típico de Larry.

Tienes una casa preciosa, Helen.

Parece que Larry te dejó muchas comodidades.

Qué va, donó casi todo lo que tenía.

Lo donó.

Bueno, todo excepto esta casa.

Y la de Nueva York, y la de Aspen.

-Me las arreglaré. -¿Sabéis qué?

Tengo ganas de cagar. ¿Me acompaña alguien?

-Reunión familiar. -Sí, madre, yo también cagaré.

¡Vamos, todos!

Bobby, no tienes por qué ir, pero podrías intentarlo.

No puedo moverme. Me quedaré con Henry.

-Helen. -Y yo soy Bob.

Así que ella puso las rocas. Es culpable.

-Superculpable. -Con más razón debo sacaros de aquí.

Pero Larry era muy torpe.

Quizás sí que resbaló del tejado.

¿Y no donó todo su dinero?

Sí, cierto.

Pero ¿cómo sabemos que Helen dice la verdad?

Bueno, trame lo que trame, vámonos de este corredor de la muerte.

Hogar de nuestra terrible vida.

Vale, pero si alguien pregunta, resolvimos el caso de manera brillante.

Está cayendo una buena.

La lluvia, quiero decir.

-Ya me entiendes. -Totalmente.

Tienes una familia estupenda. Y a Teddy.

Tú sí que tienes una familia estupenda y a Teddy.

No puedo creer que Linda piense que mataste a tu marido.

¿Qué? ¿Eso piensa?

Sí.

Cree que aflojaste la barandilla y lo empujaste a las rocas.

Pero está como una cabra. Tú eres maja.

Está cayendo una buena.

Me gusta.

Me encanta esa expresión.

Ya hemos cagado todos.

Bueno, Bob, vámonos ya.

Linda, sospecho que no todos fuisteis a cagar.

¿Qué? Pues claro que sí.

Algo me huele mal, Linda, y no es el baño.

La carretera está inundada. No se puede salir.

-¿Qué? -Parece que tendréis

que pasar aquí la noche.

No, tranquila, podemos ir nadando a casa.

Insisto, y yo siempre me salgo con la mía.

Soy muy... ambiciosa.

Me pido el sofá.

¿Sigues pensando que Helen es una asesina?

Sí, pero si nos va a matar a todos,

ya da igual jugar a videojuegos.

Yo creo que es inocente.

No, es una devorahombres, como el Pac-Man.

Pac-Man come fantasmas y frutas.

¡No lo metas en esto!

Vaya, Helen, ¿quieres que duerma en tu habitación?

En el suelo, ¿no?

Ah, ¿no? ¿En la cama contigo? Vale.

¿Hacer la cucharita? Claro.

¿Quieres ponerte detrás?

Ah, quieres que me ponga yo.

No se me había ocurrido.

Yo haré el primer turno.

En dos horas relevamos.

Vale, Gene.

-No soy Gene. Soy tu mujer, Linda. -Ráscame la cara.

-Linda. -No te había visto.

Me acerqué con sigilo.

Ven, vamos a dar un paseo.

-No, no. Estoy muy cansada. -Vamos.

Te estoy agarrando. Te vienes conmigo, vamos.

¿Por qué querías subir aquí?

Quiero hablar contigo.

Conque hablar.

-En el balcón. -Sí.

Tu marido dice que piensas que maté al mío.

No, no le hagas caso.

Va demasiado drogado.

Piensas que fui yo, lo noto en tu cara.

Y porque te apartas de mí... cuando me acerco a ti.

-En el balcón. -Helen.

-Donde murió mi marido. -Larry murió.

¡Mirad quién ha venido!

El del billar.

Coloca las bolas, Gene.

Toca billar.

¡Bien, es el pirado de papá!

¿Hablo raro?

Bueno, a jugar.

Espera, ¿y mamá?

-Se ha ido con Helen. -¿Por qué?

Porque Helen quería hablar con ella en plan

"¿Por qué crees que maté a mi marido?"

¿Por qué le diría eso?

Porque le dije que Linda piensa que mató a su marido.

¿Y por qué ibas a decirle eso?

¡Porque somos amigos, Gene!

¡Santo Dios, tengo que encontrarla!

Helen, para de moverte y yo también pararé.

Linda, ten cuidado.

Te estás acercando al lugar donde se cayó Larry.

Es muy resbaladizo.

¡Quieta ahí! Un momento.

Estabas en la rosaleda cuando Larry se cayó, ¿no?

Sí, sin duda estaba en la rosaleda.

¿Y cómo es que desde aquí no se ve la rosaleda?

-Sí se ve, está justo ahí. -Ah, vale.

-Preciosa. -Linda, yo no lo maté.

Amaba a Larry.

Bueno, no lo amaba, pero me caía bien.

Me gustaba ser tu esposa.

Bueno, no me gustaba, pero me gustó casarme.

-Vale. -Bueno, no me gustó la boda.

Fue un día duro, pero no soy una asesina.

-No lo maté. -Vale, vale.

Sí que pensé en matarlo, quién no.

-Pero no lo hice, no podía. -Vale.

Bueno, sí podía, pero no lo hice.

-Porque se murió. -¡Madre!

-Me has salvado. -Pues claro.

Si no, habrían pensado que te maté yo.

-No volveré a pasar por eso. -Pues gracias.

Siento haberte acusado de asesinato.

-Entonces, ¿no lo hiciste? -No lo hice.

¿No lo empujaste y se mató?

No empujé a nadie.

Vale, dame un abrazo, anda.

-¡Que te empujo! -¡Mi cara!

Estaba bromeando.

-¡Suelta a mi madre! -¡Louise, no! ¡No fue ella!

¡Mi cuello!

¡Qué astuta!

-Parad, parad. -Ay, madre.

-¡Quitádmela! -Perdón.

No se corta las uñas.

Lo siento. Helen. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo? ¡No es una asesina!

Lo sé, lo sé, me ha prometido que no lo mató.

Y ahora somos amigas.

Pues claro que no mató a Larry. Es una mujer genial.

Y tiene una bonita clavícula y una frente perfecta y...

No quería decir eso.

-¡Cuidado! -¡Teddy!

Esa es la habitación de invitados. Y otra habitación.

Arreglaré esa teja.

Tierra, dulce tierra.

¡Estoy vivo!

-¡Teddy! -¡Qué lejos caíste!

-¡Y cuánto tardaste! -¿Cómo puedes estar vivo?

Yo me caí al suelo y casi no puedo andar.

Parece que sí se puede tropezar del tejado.

Yo lo hago constantemente.

Helen, tu historia se confirma.

Me alegro de que estés bien. ¿De verdad piensas todo lo que has dicho?

Sí.

Eres genial y tienes una bonita clavícula.

Y si te quitas el gorro,

seguro que tienes una frente que ocupa toda la cabeza.

Qué bonito.

-Vamos dentro. -Vale.

Una caja llena de barro.

Oye, Henry, he encontrado algo.

-Ya veo. -Una caja cutre de herramientas.

Ya sé por qué la enterraste.

-Ah, ¿sí? -Porque no querías que Teddy

supiera que tienes herramientas,

para que así arregle él las cosas.

Eso es.

Porque te gusta.

-Me gusta. -Tranquila.

No contaré a nadie lo de tus herramientas secretas.

Bueno, creo que no recordarás nada, de todas formas.

-Ya. -Vamos dentro.

¿No estamos dentro?

Oye, cielo,

cuando vuelvas por aquí, venid tú y Teddy

-a cenar al restaurante. Invita la casa. -¿Qué?

Me encantaría. ¿Qué tipo de restaurante es?

-Baratucho. -Un antro.

-Está bien. -Me apunto.

¡Genial! Yo voy yendo y espero.

Qué vacaventura más estupenda.

Ay, qué dolor.

¡Que te vaya genial, chunga!

De muerte.

¡Hasta pronto!

-Dame otra pastilla. -Id con cuidado.

-Dame otra. -Toma. ¡Adiós!

-Gracias. -¡No mates a nadie!

Descuidad.

Qué encanto.

Entremos en la casa de alguna otra persona.

Traducido por: Alexandra Reguero

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