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##### En los remotos confines de Mundomadre,
en la órbita del gigante gaseoso Mara, se hallaba la luna de Veldt.
Allí una aldea de humildes campesinos vivía con sencillez de la tierra
hasta que la sombra de una nave de guerra cubrió sus campos.
Su comandante, el almirante Noble,
les exigió más de lo que podían dar.
Y así, una mujer llamada Kora y un hombre llamado Gunnar
partieron de la aldea
en busca de guerreros para plantarle cara al acorazado.
En Neu-Wodi se les unió el poderoso Tarak.
En las minas de Daggus, la feroz Némesis.
En el coliseo de Pólux, el rebelde general Titus.
Y en el planeta Sharaan,
Darrian Bloodaxe y su mano derecha, Milius.
En una emboscada en los muelles de Gondival,
Kora derrotó al almirante Noble
y dejó su cuerpo destrozado en la rocosa costa.
Los victoriosos guerreros volvieron a Veldt para cobrar,
pues la amenaza del acorazado se había esfumado...
O eso pensaron ellos.
Comandante Cassius.
- ¿Está vivo? - Sí.
Apenas.
Está lejos de recuperarse.
Ha estado mucho sin funciones cerebrales.
No sabemos qué daños sufrió.
Sabremos qué queda de él al sacarlo de la crisálida.
Vías respiratorias despejadas. Respira por sí solo.
Almirante.
Almirante, soy yo.
¿Cassius?
Sí.
¿Dónde estoy?
En su nave, almirante.
En La Mirada del Rey.
Hemos aguardado en la órbita de Gondival
con la esperanza de que se recupere.
Y los antiguos dioses han atendido nuestras plegarias.
Cassius, escúchame bien.
Ella está en Veldt.
¿Quién?
¿De quién habla?
La que deja marcas.
Está en Veldt.
Pon rumbo a Veldt.
A la orden.
Como usted diga.
PARTE DOS LA GUERRERA QUE DEJA MARCAS
Yo soy Hagen.
Este es Den.
Bienvenidos a nuestra humilde aldea.
Estaréis fatigados y hambrientos.
Y sedientos.
Os hemos preparado comida y bebida en la casa comunal.
Venid. Vais a ver qué buenos anfitriones somos.
Llevemos los urakis al establo.
Han vuelto.
¿Y qué pinta tienen?
De ser fuertes. De guerreros, supongo.
- ¿Cuántos son? - Seis.
- Contando a Kora y Gunnar. - Seis.
Poco importará lo fuertes que sean, ¿no crees?
Comandante Cassius.
Soldado, imagino que todo va como es debido.
Sí. Todo va según lo previsto.
¿No ha pasado nada anormal?
- No. - Muy bien.
Asegúrese de que la cosecha esté recogida
y lista cuando lleguemos dentro de cinco días.
¿Cinco días?
Adelante.
Sentaos a comer, que estaréis hambrientos.
Bien.
Los aldeanos os han preparado un banquete
como muestra de lealtad y gratitud por haber venido.
Pero ¿dónde están todos?
¿Cómo os sentiríais
si no fuerais capaces de plantaros para defender vuestro hogar?
Si tuvierais que pedir a otros que dieran la vida por vosotros.
Nuestra presencia no debería darles vergüenza.
Tragarse el orgullo para pedir ayuda ya es de ser valientes.
- Gracias. - Sí.
Y resulta que nadie debe dar la vida.
No hace falta defender nada.
- Noble ha muerto. - ¿Qué?
- ¿Ha muerto? - ¿En serio?
Repíteselo, que no se lo cree.
Ha muerto.
¿Y no crees que vayan a volver?
No.
Si un almirante muere, el protocolo imperial dicta
volver de inmediato a Mundomadre.
Entonces, estamos más aún en deuda con...
Te equivocas.
Han llamado.
Llegan dentro de cinco días.
¿Es cierto?
- ¿Cinco días? - Sí.
¿No dices que has matado al almirante Noble?
Sí. Su cuerpo cayó contra las rocas. Está muerto.
La nave no puede ir sin almirante al mando, ¿no?
Así es, pero la muerte no siempre disuade a Mundomadre y sus designios.
El grano les hará más falta de lo que imaginábamos.
- Hagen. - ¿Sí?
Llama a los aldeanos. Debo hablarles.
Bien.
Se avecinan días aciagos.
Llegado el momento,
quizá debamos plantar cara juntos,
en combate, como hermanos.
Para triunfar,
debemos confiar unos en otros.
Con el tiempo, os enseñaremos a luchar.
Pero antes debéis mostrarnos vuestra fuerza,
vuestras costumbres.
Si no actuamos rápidamente,
la destrucción de la aldea
está más que asegurada.
¿Cuánto se tarda en recoger la cosecha?
Medio ciclo alrededor de Mara.
No, debe recogerse en tres días.
- ¿Qué? - No puede ser.
Necesitamos a todo el que esté sano.
El grano
es nuestra mejor arma.
Sin él,
es muy posible que nos aniquilen desde la órbita.
Si lo recogemos deprisa,
nos servirá tanto de moneda de cambio como de escudo.
Descansad bien.
Comenzamos al amanecer.
Ya lo habéis oído.
Al amanecer.
¿Sabrán confiar unos en otros?
Tienen miedo...
a los forasteros, a la batalla que nos espera, a morir.
No sé si sabrán.
Solo espero que tengan valor para luchar, llegado el caso.
Yo no imaginaba lo que era luchar.
El miedo que iba a pasar.
Tienes miedo a morir.
Es normal. Nos pasa a todos.
En el momento no pensé en la muerte.
Si me hubieras preguntado antes, habría dicho que pasaría mucho miedo.
Y pasé miedo.
En la vida había pasado tanto.
¿Qué te dio tanto miedo
si no era la muerte?
Tú.
La idea de perderte.
Lo que dijo Noble...
Que eres la fugitiva más buscada del universo conocido.
Nadie lo es por el mero hecho de huir.
¿Recuerdas que te conté que me crio Balisarius?
El regente del Imperium.
Que fui la guardaespaldas de la princesa Issa.
Sí.
Y que eras una guerrera condecorada.
Amiga de la familia real.
¿Qué fue de ellos?
Bajo la influencia sanadora de su hija,
el rey empezó a ver muchas cosas con otros ojos.
Fue en el bautismo del que iba a ser el último acorazado.
El fin simbólico de una era de expansión.
Según la tradición, el rey bautizaba todas las naves,
pero aquella vez no.
Iba a ser la primera tarea de la princesa,
su primer acto oficial.
La nave iba a llamarse La Pacificadora y a lucir su escudo.
No te equivoques.
Yo era leal a mi padre adoptivo.
Era incapaz de traicionarlo o desafiarlo.
Me había dicho que la princesa debía morir.
E iba a morir.
Mi padre dijo que no iba a quedarse de brazos cruzados
mientras la niña desmontaba la maquinaria de guerra
por la que tanto habíamos sacrificado.
Yo confiaba en que Balisarius nos protegiera a mí
y al imperio que tanto amaba.
¡Firmes!
Qué raro.
Aquí pasa algo.
Balisarius.
¿Y los kali? ¿Por qué están apagadas las calderas?
Balisarius, te estoy hablando.
¡Contéstame!
Issa, ¡corre!
¡Issa!
Malnacido.
¡No!
Hazlo.
¿A qué esperas?
¿A qué esperas, hija? ¡Hazlo!
- Hazlo. - No.
- No. - Hazlo. Mátala.
¡Mátala!
¡No!
Te perdono.
No.
¿Qué has hecho?
¿Qué has hecho?
¡Prendedla!
Ahí está, señores.
La asesina de la familia real.
Alguien de otro mundo.
Un cáncer de impurezas étnicas.
¡Asesina!
¡Asesina!
- ¡Traidora! - ¡Víbora!
Escoria...
Llegué hasta la lanzadera a tiros.
Y llevo vida de fugitiva desde entonces.
Me planteé dejarme matar o no luchar.
Pero las últimas palabras de la niña...
Que me perdonara.
Vi que la única forma de hacerle justicia era huir.
E intentar ser, no sé...
algo más que un arma.
Algo más que un arma.
Es lo que intentamos todos.
Es lo que eres.
¡Buenos días!
¡Toque de diana! ¡A despertarse!
Venga, arriba.
Es hora de trabajar.
¡Venga, holgazanes! ¡Espabilad!
¡El tiempo apremia!
Comandante, el técnico médico jefe.
Pase la llamada.
- ¡Soltadme! - Comandante, será mejor que venga.
Esto es traición. Yo estoy al mando.
¡Por los dioses que os mandaré a todos a un consejo de guerra!
¡Lo juro! ¡Moriréis todos! ¡No os necesito!
- Venga ahora mismo. - Voy para allá.
¡Es más, os mataré yo mismo!
Almirante, aún no está a punto.
¡Aún soy el comandante de la nave!
¿Qué hacéis ahí plantados mirándome?
¡Cobardes!
¡Esto es traición!
Bienvenido, almirante. ¿Está listo para recuperar el mando?
Por supuesto. Di a estos idiotas que me suelten.
Almirante, como ya le he dicho,
primero hay que cumplir ciertos protocolos.
Debemos hacerle pruebas para evaluar su estado mental y...
Permíteme ayudarte con la evaluación.
¡Soltadlo!
¿A cuánto estamos de Veldt?
A varios días.
Almirante, mil perdones por la cicatriz que le ha dejado
la incompetencia de este equipo médico.
Sin duda, podrán quitársela.
No.
No, déjala.
Me la ha hecho ella.
Cuando se la lleve a Balisarius
y exhibamos sus restos en la rotonda del Senado,
me descubriré el pecho
y quedará como símbolo
de que fui yo quien ajustició a la que dejaba marcas
y de que soy el salvador del pueblo.
¿Cómo va la cosecha?
¿Se quejan los aldeanos?
No, comandante.
Todo va según lo previsto.
No he visto a Faunus ni a Marcus en sus informes.
Están ocupados con los aldeanos.
Para exprimirlos todo lo posible.
Muy bien.
Trabajan sin cesar.
Todo el grano estará molido para cuando lleguen.
Estupendo, soldado.
Si los aldeanos cumplen,
habrá que mostrarse clementes.
Esos perros no merecen más que palos.
No me diga.
Ya se verá...
cuando acaben la tarea.
Por el rey caído.
Por el rey caído.
Es evidente que Faunus, Marcus y los demás están muertos.
La que deja marcas está allí.
Nuestro joven soldado ha escogido bando.
Atención, por favor.
Quiero dar la bienvenida a nuestros nuevos amigos.
Y daros unos pequeños obsequios que he hecho.
Como sé que venís de lugares mucho más ricos y sofisticados que este,
espero que la sencillez de los obsequios no os ofenda.
Pero los he hecho con gratitud.
Cuando os vi llegar a la aldea,
el general Titus me pareció como las montañas:
fuerte e inamovible.
Gracias.
Tarak.
Eres indomable de espíritu,
pero tu nobleza es innegable.
Como el alce de las nieves.
Gracias.
Joven Milius,
tú brillas como el sol que nos ilumina.
Nos das calor y nos reconfortas
con tu firmeza y autenticidad.
Gracias.
Némesis.
Feroz como la tormenta con sus relámpagos
y la lluvia que da la vida.
Es la fuente de la vida.
La tormenta es la madre de todos.
Gracias.
Gunnar.
Tú eres nuestro corazón.
Nos das esperanza.
Qué maravilla.
Gracias.
Fíjate.
Y Kora.
Tú eres nuestra loba guardiana de afilados colmillos.
Eres lo que nos separa de la destrucción.
La fuerza de nuestra unidad.
¡A comer!
¿Estás bien?
- ¿Todo bien? - Sí.
Salud.
- Den, ¡hazlo otra vez! - ¿Listas?
¡Muy bien!
Bien.
Hoy comenzamos a montar la defensa.
Lo primero, llevar el grano a la aldea
para que no puedan dispararnos desde la órbita sin destruirlo.
Las armas que se dejó el Imperium
nos servirán para resistir.
Detonadores perforantes y rompedores.
- Hay radios. - Perfecto.
Costará quitar la sangre, pero se puede intentar.
No, está perfecto. Déjalo.
¿Hay más?
Sí.
Reunid y contad todos los fusiles de caza.
Todos los cuchillos.
Hasta el último cartucho de la aldea.
Habrá que cavar posiciones defensivas que nos den el elemento sorpresa.
Muy bien.
Astrid, a ver cómo lo haces.
Espera.
Pega el codo.
Los dos ojos abiertos.
Hoy vamos a aprender los fundamentos de ataque y defensa.
Hemos transformado las herramientas en armas.
Lo que vamos a intentar es...
eso.
Sí.
Como los profesionales.
Fantástico.
Muy bien.
Menudo fenómeno.
Ya está.
¡Dale!
Que baja.
Es la nave de Kora.
Estaba fatal cuando la saqué.
- ¿Cuánto lleva ahí? - Dos estaciones.
Vamos.
La nave en la que hallaron a Kora sigue en las montañas del este.
Con sudor y esfuerzo colectivo podríamos sacarla.
Puede ser un recurso muy potente.
Caray, aún funciona.
Agárrate.
- ¿Cuántos? - Tenéis 15 fusiles.
- Es que da igual cuántos tengamos. - Cuánta gente sepa manejarlos...
- Ivar no debería llevar armas. - Estoy de acuerdo.
Lo afilaremos todo.
- Hay que mirar qué... - Escuchadme.
Las confesiones nunca han sido lo mío.
Todos sabemos qué debemos hacer.
Os he convocado porque quiero deciros a quién os enfrentáis.
Todos debemos contar la verdad.
Yo el primero.
Sarawu.
Balisarius me había enviado con mi nave como demostración de fuerza.
Debíamos situarnos sobre el parlamento de Sarawu
para que la intención del voto de independizarse del Reino
quedara clara.
Pero aquel valiente pueblo, en claro desafío, votó por la libertad,
y se me ordenó responder abriendo fuego sobre el capitolio.
Me negué, y derribaron mi nave.
Salimos de los restos
y luchamos contra las fuerzas de Mundomadre hasta la última bala.
Sabía que mis hombres lucharían conmigo hasta la muerte,
así que pacté:
la vida de mis hombres a cambio de la mía.
Supliqué al regente que les perdonara la vida.
Pero Balisarius no sabe qué es la clemencia.
Para castigarme, ejecutaron a mis hombres delante de mí.
La decisión de desafiar a Balisarius fue mía.
No hay día en que no piense en los que murieron por mí.
En que mi rendición traicionó su valor y los condenó a muerte.
Y nunca más.
Nunca más volveré a rendirme.
Que os quede claro hoy antes de decidir seguirme mañana.
Nunca he luchado en una batalla como la que se avecina.
Pero me crie en un lugar muy parecido a este.
Cuando las naves aparecieron en mi mundo,
esperé la reacción de los ancianos de la tribu.
Se acobardaron.
Se rindieron y se lo dieron todo por miedo a luchar.
Dijeron: "¿Qué podemos contra la fuerza de Mundomadre?".
A los que eran débiles o viejos para trabajar los mataron.
A los demás nos llevaron a campos de trabajo por todo el universo.
Separaron familias.
Como si mi pueblo no hubiera existido.
Mi campo fue liberado por la resistencia.
Y hallé otra familia que me enseñó un camino distinto.
Por eso, llegado el momento,
daré la vida en defensa de la aldea si es preciso.
Moriré por algo que considerar mi hogar.
Final más honroso no puede haber.
Yo llevaba una vida normal.
Hace muchísimo.
Al menos para mí.
Éramos una aldea de pescadores.
Las tropas imperiales no dejaron nada con vida.
Éramos un pueblo pacífico.
Pero no desde siempre.
Mucho tiempo atrás...
fuimos un pueblo guerrero.
Yo nunca había matado
ni derramado sangre
hasta que derramé la mía.
Mi dolor se tornó rabia.
Y mi rabia se tornó venganza.
La sed de sangre de mis antepasados aún vivía en aquellos antiguos guantes.
Mi sangre los despertó.
Me enseñaron a luchar.
Y volví a nacer.
Sin embargo, desde entonces,
la venganza me posee.
Y sí...
Sí, los mataré.
Nadie elige a sus padres.
Y resulta que los míos eran reyes.
Mi padre, el rey,
insistió en comunicar nuestras condiciones a las huestes de Mundomadre en persona.
En respuesta, nos devolvieron sus restos con la promesa de invadirnos.
Mi madre me dijo:
"Un niño no se hace hombre
hasta que muere su padre.
Entonces el príncipe pasa a ser rey".
Fue la última vez que lloré.
Poco después, sus naves cubrieron nuestro cielo.
Mi madre no quiso huir por honor.
Quise quedarme a defenderla,
pero la reina supo preservar el linaje y el trono.
Aquel día me quedé...
sin madre y sin mundo.
Me sacaron del planeta
oculto en un transporte de refugiados con rumbo a una estrella cercana.
Hui por el deber,
a fin de preservar un reino y un linaje que ya no existen.
Me arrebataron la oportunidad de defenderlos.
Pero se acabó.
Cuando terminemos aquí,
regresaré.
A casa.
A expiar...
ese sentido del honor tan equivocado.
Kora.
No has dicho nada. ¿Cuál es tu historia?
Soy huérfana de guerra.
La disciplina militar me vino bien.
Serví en una nave muy similar a La Mirada del Rey.
Como no tuve familia, aquello era lo más parecido.
Hasta que llegué a Veldt.
Aquí aprendí lo que pueden ser un hogar y una familia de verdad.
¿Algo más que añadir?
No.
¿Seguro?
¿Qué tal el agua mineral?
¿Qué?
Titus lleva días haciendo como que bebe alcohol
porque no quiere que sepamos lo en serio que se toma la batalla.
Sí, es agua.
Hay cosas que cuesta contarlas.
Pues sí.
Amigos...
por mi parte, solo puedo...
daros las gracias por venir
y darnos esperanzas.
Gracias.
No sé qué será de nosotros mañana.
Pero rezo para que vuestro pasado no os pese tanto.
Bien dicho. Brindemos por ello.
La aldea está preparada.
Bien. La tropa que envíen para llevarse el grano
nos la cargamos.
Con todo lo que tenemos, sin piedad.
Que no quede ni uno con vida.
¿Y luego qué?
¿Negociar?
¿Crees que nos escucharán?
Sí.
Pero, si todo se tuerce, que es muy posible,
tú procura que tu nave esté a punto
y bien oculta por la mañana.
Descuida.
Agua.
¿En serio, Titus?
General Titus.
- Claro. - Para ti.
Hola, James.
El último que me llamó así
fue el antiguo comandante de Mechanicas Militarium
al morir en mis brazos.
Cuánto lo siento.
No pasa nada. Me gusta cómo suena.
Así siento algo que no sea desesperanza.
Verás...
A mí me dieron recuerdos de un mundo que no veré,
lealtad a un rey al que no puedo servir
y amor por una niña a la que no pude salvar.
Pero ese nombre, tal como tú lo pronuncias,
me hace ver, aunque sea poco,
la razón de mi existencia.
¿Por eso salvaste a Sam?
No estoy seguro.
Solo sé que la idea de que le hicieran daño o la aniquilaran
abrió algo en mí
que estaba cerrado.
Has escogido bando, James.
Tú y yo somos iguales. Nos hicieron para matar por ellos.
Que sepas que su pesadilla es que luchemos juntos.
No porque nos lo ordenen,
sino para defender algo que amamos.
Que sepáis que no podéis ganar.
Todo a punto.
Un acorazado.
¡Id terminando! ¡Venga!
¡Deprisa!
¡Acabad ya!
¡A vuestros puestos!
¡Tapadlo!
Son las nuevas formaciones.
Es el grano.
Apilado junto a una casa para que no los aniquilemos.
Y ahí y allá
sirve de parapeto para disparar.
Muy ingenioso.
No parece cosa de campesinos.
Pese a tanto alcohol, el general Titus aún carbura.
Mire.
Según las imágenes térmicas, hay gente en la casa comunal, en lo alto.
Sin duda, mujeres y niños.
Bien. Evitaremos en lo posible combates enconados en la aldea.
Mientras yo negocio, los krypteia capturarán a las mujeres y niños.
Desplegaremos algunos blindados.
Pero no harán falta cuando los vean con un cuchillo al cuello.
Veremos cuántas ganas tienen de luchar.
¡Venga, todos adentro!
- Venga, deprisa. - ¡Vamos!
¡Adentro! ¡Corred!
¿No hay bienvenida?
¿Y mi cálido abrazo?
No llegaron a servirme la cerveza.
Arthelais.
Dime qué pretendes conseguir.
Lo mismo que la última vez:
matarte.
Sí.
Fue todo un honor.
Una marca...
de la que deja marcas.
No hace falta derramar sangre.
Te ofrezco la oportunidad de evitar la matanza.
¿Sabes qué me dará el regente cuando te obligue a postrarte ante él?
Imagino que buscas un escaño en el Senado.
Es lo que merezco.
Pues coge grano para alimentar a tus tropas en el viaje de vuelta.
Ni más ni menos.
No hagas nada a los aldeanos.
Dile a Balisarius que los guerreros han escapado.
Y me voy sin nada, ¿no?
Nada de nada.
Os vais con vida.
Tú decides.
Deshonra y degradación
o acabar con la cabeza cortada.
Con tu nave por tumba.
Las familias y todo Mundomadre sabrán
que os masacraron los campesinos de Veldt.
Se me ha encomendado conquistar honores para Mundomadre.
Y tengo intención de cumplirlo.
Lo que más gracia me hace
es que crees que tienes fuerza para negociar, y no es así.
Sé que ocultáis a las mujeres y los niños.
Tu plan se desmorona en este mismo momento.
A menos que lleguemos a otro acuerdo.
Llevarme el grano que ofreces.
Y perdonarles la vida a los aldeanos, como pides.
No obstante, tal concesión tiene un precio.
Y el precio eres tú.
El Imperium valoraría mucho a todos los de tu banda,
pero es evidente que a la que más busca el honorable regente eres tú.
Arthelais en persona.
Así pues, tú decides.
Arthelais, entrégate a mí...
y les perdonaré la vida a los aldeanos.
Ahora bien, si te niegas,
los más queridos de la aldea,
los ancianos y los niños
que se esconden en la casa comunal,
morirán en breve a manos de mis hombres.
¿No se ha derramado mucha sangre ya en esa casa?
¿Estás dispuesta a que siga pasando por ti?
Ya es hora, Arthelais.
¿Qué?
Kora.
Kora, ¿qué haces?
Ya decía yo.
¿Y si te despides de tu amigo?
Tu padre te espera.
Kora, mírame.
¿Qué pasa?
Lo siento.
Me niego a que la aldea muera por mí.
Sé lo que hago.
Te miente.
- Déjame. - ¡No!
¡Suelta!
No.
¡No!
- ¡No! - Vamos.
¡Corre!
¡Vamos, Kora!
Hay que llegar a tu nave.
Venga. Eres nuestra única oportunidad.
Vamos.
Sube. ¡Arre!
- ¡Arriba, soldado! - No puedo.
¡Vamos!
¡Vista al frente!
AA-77, sal de ahí enseguida.
¡Hay que despegar ya!
Prepara el cañón principal.
Mierda.
- Venga. - ¡Vamos!
¡No disparéis!
¡A la derecha!
Listo. ¡Dale!
¡En marcha!
Agárrate.
Por ahí.
En formación con ellos.
Cuando te lo diga, dispara el humo.
Joder.
Kora, ¿estás segura?
Ahora. El humo, ya.
Aterrizaje.
Esa nave ha sufrido daños.
Tengo heridos.
Los instrumentos no responden.
Os cedo el control.
Descuida, soldado. Voy a posarte en el hangar principal
para reparaciones y primeros auxilios.
Es el momento
de todo lo que amáis.
De vuestro hogar.
Protegeos unos a otros y no deis cuartel.
¡Por Sindri!
Que Titus y los demás no lo hagan todo.
¿Listos?
¡A luchar y morir!
¡Morir, que muera el enemigo!
Almirante, los krypteia ya habrán capturado a las mujeres y niños.
Seguimos a la espera de noticias.
¡Hay uno en la bodega!
- ¿Me oyes? - ¿Estás bien?
Voy a intentar moverte.
Ya está. Todo va a ir bien.
Venga.
Tranquilo.
Dos heridos. Inconscientes.
¡Las camillas!
Ponedlos ahí. Venga, lleváoslo.
Los hombros. Yo me ocupo de las piernas.
Levántale el brazo. Así.
En marcha. Voy a dar el aviso.
Heridas de metralla. Soldado con posible orificio de bala.
Dos minutos. Examen visual en el ascensor.
En marcha.
No.
Tranquilo.
Has estado muy bien.
¿Sí?
Ayúdame con el casco. Sujétale el cuello.
Qué raro. No veo heridas.
¿Y el otro? ¿Está estable?
Pulso acelerado. Tampoco le veo heridas, pero sí sangre.
- ¿Bajo la coraza? - Quítale el pasamontañas. Hay una herida.
Le miro el pulso.
Este lo tiene muy bajo.
Espera. No...
Dame las cargas.
- Las cargas. - Espera.
Vuelve a la nave y tenla en marcha.
Habrá que salir pitando antes de que explote.
Bien.
Te espero.
- Al final hay un ascensor. - Tranquila. Date prisa.
Todo el personal alerta...
Recibido. Apuntamos...
Alarma de intrusos. Repito: intrusos.
Envío refuerzos. ¿Quiénes y cuántos son los intrusos?
Ha habido disparos. Hay heridos.
Es una mujer. Te digo...
¿Una qué?
¿Qué sucede?
Un problema en la sala de máquinas.
Una mujer se ha infiltrado en la nave.
Arthelais.
Arthelais está a bordo.
Es imposible.
No, es ella.
Ha venido a nosotros.
Es perfecto.
Avisa a todos los sectores. Que la capturen ya.
Otra cosa, Cassius.
Abrid fuego contra la aldea.
Almirante, el grano.
Ya no nos hace falta.
Ha venido a nosotros.
Aún tenemos tropas en tierra.
Sí.
Menos bocas que alimentar.
Cuando la capturemos, volveremos directamente a Mundomadre
y ya no nos hará falta el grano.
Arrasadla.
Ya habéis oído al almirante: cargad los cañones.
Cañón principal.
- Sí. - Apunten a la aldea.
Carguen los cañones.
A la orden.
Hay orden de apuntar a la superficie.
La sala de máquinas no responde.
- ¿Dónde está? - La buscamos.
Va del subnivel tres al cuatro.
¡Dime qué narices pasa!
Que seguridad acuda a la sala de máquinas.
¡Quiero un parte ya!
Señor.
- Teniente. - Señor.
Comandantes, den parte de los recuentos al puente.
- ¡Avanzad! - ¡Vamos!
¡No!
- ¡Voy para allá! - ¡Corre!
¿Te han dado? ¿Estás bien? Vamos.
Creía que lo que más deseaba era morir en combate.
Luchando por algo.
Estaba equivocado.
No creo que quiera morir.
Pero, si es preciso...
Juntos.
Vamos.
Kora.
Kora, ¿dónde estás?
Motor en marcha. Te espero.
Se nos acaba el tiempo.
Ya casi estoy.
Bien.
Alerta a todo el personal: hay una fugitiva a bordo.
Arthelais.
Debería darte las gracias por rechazar mi oferta de rendición.
La elegía quedará mejor al matarte en combate.
Lo habéis hecho muy bien.
Mucho mejor de lo que esperaba.
Mucho mejor de lo que cabía esperar de unos campesinos de mierda.
Ya.
Blanco fijado.
Aldea en la mira.
Confirmado.
¡Señor!
¿Qué?
Cañón cargado y listo para disparar.
Oh, no.
Fuego a discreción.
Es Kora.
Cogedla.
¡No!
¡Kora!
Ven aquí.
Abre los ojos.
¡Que los abras!
¡Mírame!
¡Vamos!
Venga.
Vale.
Ven aquí.
Ven.
Espera. A ver.
No te me vayas.
No te me vayas.
¿Ni esto puedo tener?
- No te me vayas, por favor. - Tranquila. Mira lo que has hecho.
Nos has salvado.
A todos.
Te quiero.
Por favor.
Por favor.
Sé lo que eres.
Y te quiero.
Por favor.
Mira.
¡En formación conmigo!
A la orden, comandante.
¡Apuntad a los transportes!
A la orden, comandante.
Escuadrilla Monte Negro, id a por los cazas.
¡Titus!
¡Sí!
¡Sí!
Mira, es Devra Bloodaxe con toda la flota rebelde.
Se acabó. Se...
No.
No.
Te quiero.
Te quiero.
Vinieron de otros mundos a luchar por nosotros.
A morir por nosotros.
Que descansen en paz.
Les rendimos homenaje
del único modo que sabemos,
recordando sus nombres
al recoger la próxima cosecha.
En la próxima estación
y en las cien siguientes.
Y siguiendo adelante.
Siguiendo adelante.
Rendís honores a los caídos.
A mi hermano y su valentía.
No me menciones a mí al hablar de honor y valentía.
Os he mentido.
A todos.
Titus.
Lo sé, niña.
Lo sé.
¿Sabes que soy Arthelais?
Hija adoptiva del regente Balisarius.
Y asesina de la princesa Issa.
Conozco tu nombre, sí.
Pero no fuiste su asesina,
pues la princesa sigue con vida.
¿Creías que matarla era tan fácil?
No, ella puede más que la muerte.
¿Y qué hago yo ahora?
Ahora tienes una razón, ¿no?
Para encontrarla y luchar.
Si optas por luchar,
me tendrás a tu lado.
A todos.
Y a mí.
Si yo pudiera ayudar,
tengo esto.
¿Quieres luchar con nosotros, robot? ¿Buscar a la princesa perdida?
Si lo que dices es cierto
y la princesa está viva,
no tengo elección.
Yo sirvo al linaje del rey caído. Luchar para mí es un honor.
Encontrarla y luchar.
Encontrarla
y luchar.
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