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Los ángeles son, a menudo, maridos muertos, pero los maridos rara vez son ángeles vivos. Las esposas lo saben pero parecen no acostumbrarse a ello.
Así nos encontramos, una mañana, a cierto marido sin más defectos que la mayoría de los hombres y con la habitual resignación conyugal en manos del destino.
Beth, su esposa, cuyas virtudes son sus únicos vicios y que voluntariamente renunció a la libertad de su marido cuando se casó con él.
El matrimonio, al igual que la genialidad, es fuente infinita de sufrimiento.
El plomo fundido vertido sobre la piel es reconfortante en comparación con la constante desaprobación de una esposa. Pero cuando ya condena la bodeguita. Oh, dios, ¿para qué sirve?
"Robert, ¿cómo puedes gastar el dinero en algo como esto, cuando sabes que millones de europeos están muriéndose de hambre?”
"Querida, constantemente estamos ayudando a los que pasan hambre. ¿Por qué comparas con un robo todo lo que hago por nuestra felicidad?"
"¡Robert, ya te he dicho muchas veces que el perro no debe entrar en casa!"
Entremos ahora en el camerino de Sally Clark, una chica que trabaja como modelo en el 'Maison Chic'. Legalmente viuda, y visualmente un bombón.
Al reflexionar sobre el eterno problema de un marido (la curiosa diferencia entre su esposa y la chica con la que se casó) Robert piensa que un regalo podría devolverle a Beth la sonrisa que perdió hace mucho tiempo.
Pero tiene la típica mala suerte del hombre casado al elegir justo la tienda donde Sally exhibe vestidos.
"Quiero un regalo para una señora. Ya sabe, algo que la haga feliz."
"Fíjate en ese guaperas de pelo rizado que está comprando ropa interior."
"Pero si es paisano mío. Yo estaba loca por él cuando mi madre aporreaba una máquina de escribir en la oficina de abogados de su padre."
"¿El corazón va con el vestido?"
"¿No adoras el pelo rizado?"
Todo marido detesta los consejos sobre su salud justo después de cenar. En particular cuando él solo piensa en lo atractiva que lucirá su esposa con su nuevo negligé.
"Robert, prometiste no fumar tanto. Recuerda, es por tu propio bien."
Hindustan (Fox Trot)
"Robert, ¿por qué pones esa música tan horrible? ¡Intenta cultivar tus gustos, cariño!"
El poeta moribundo
"Querida, ponte lo que hay dentro de la caja y luego vuelve aquí conmigo."
Es la conciencia de la esposa la que nos vuelve a todos cobardes.
"¿Sabes?, de algún modo, en la tienda parecía más fino."
"Cariño, desde siempre los vestidos han cumplido su papel en el amor, y la mujer los usa para deleitar a su pareja."
"¡Robert, has estado bebiendo!"
"¿Esperas que comparta tus ideas orientales? ¿Quieres que tu esposa te engatuse como a una...? ¿Por qué no te casaste con una turca?"
La idea de relajación de una esposa para su marido es dejarle compartir las diversiones que ella disfruta.
"Tengo asientos para las 'Follies', querida. Vayamos a cenar al centro y hagamos una pequeña fiesta solo nosotros dos."
"Evelyn acaba de enviarme una nota diciendo que ha invitado a Radinoff a tocar el 'Adagio en mi menor' para nosotros justo después de la cena."
"Luego cenaré en el club. Estoy cansado de escuchar como ese extranjero tortura el violín."
"Caballero, esto forma parte de la negligé que usted compró. Se quedó fuera por error."
"Lo siento, pero no tengo a nadie que me acompañe."
"Odiaría sentarme al lado de un asiento vacío."
Cuando a un marido le han explicado detalladamente sus defectos en casa, escucha con mayor facilidad a una vieja amiga que le dice lo maravilloso que es. Al salir del teatro, a Robert le resulta muy difícil dejar a Sally frente a su puerta.
"Solo un sándwich pequeñito, no llevará ni un minuto."
Para muchas mujeres, la música es una peculiar combinación de romance y religión.
El músico parece hacerle el amor a sus almas de manera celestial. Ellas sienten una acogida espiritual que no perjudica a nadie.
De ahí el gran éxito social de Radinoff.
FRUTA PROHIBIDA
"Brindemos por aquellos que nos aman y les somos queridos. Brindemos por aquellos a quienes amaríamos si nos atreviéramos."
Regálame una sonrisa y un beso
Así como un huracán arrasa con todo lo que pilla a su paso, también la locura del momento a veces acaba incluso con el amor.
Así como la sombra es más oscura cuando la luz del sol es más brillante, así el remordimiento es más profundo en el alma de un hombre fuerte.
CÓMO CULTIVAR LA MENTE
"¿Dónde has estado?"
"Un amigo fue conmigo."
"Lamento haberme enfadado y no haber regresado a casa, querida. Perdóname y no nos peleemos nunca más."
"Yo no uso un perfume vulgar y no llevo ropa indecente. Ya que obviamente encontraste a alguien que sí lo hace, yo no voy a interponerme entre tú y tu mujer ideal."
"No necesitas marcharte de casa para deshacerte de mí. Si no quieres vivir conmigo más, mañana por la mañana me voy de casa.
Cuando por fin llega la mañana, la virtud de la inclemencia resulta más fuerte que el amor y termina destrozando un hogar.
"Ni se te ocurra venir a mí con besos de otra mujer en tus labios. ¡Hemos terminado!"
"Está bien, asumo mi parte de culpa, pero ¿qué hay de la tuya? Todo lo que haces para hacerme feliz es cultivar mi mente."
"Sólo hablas de las virtudes que no tengo y de los defectos que sí tengo. ¡Me casé con una mujer, no con una institutriz!"
"¡Quiero vivir en una casa, no en un convento! ¡Quiero una mujer que me ame, no que me juzgue!"
El día del divorcio, Kate, la tía de Beth, le receta un vestido nuevo como el remedio que mejor consuela a un corazón roto.
"Cuando una chica puede llevar un traje de baño como éste, su deber es llevarlo."
"Es mejor que no lleves tu anillo de boda. Guárdalo y olvídalo."
"Voy a dar toda mi fortuna a la caridad, tía Kate. Odio la ropa tanto como a los hombres."
"¡Oh, mira! La Sra. Robert Gordon ha obtenido su divorcio."
"No me extraña que haya perdido a su marido. No debería haber sido así con él. Se vestía como si fuera su tía y no como su esposa. Aun así, me da mucha pena la pobrecilla."
"Me compadecen, ¿verdad? Me compadecen porque he sido estúpida por pensar que un hombre quiere que su esposa sea recatada y decente."
"Muy bien, yo todavía soy joven y voy a jugar al mismo juego que ellas. ¿Me he estado vistiendo como una vieja, eh? Pues ya verán a partir de ahora."
Me llevo este y seis más. Confecciónelos sin mangas, sin espalda, transparentes... ¡Que sean lo más indecentes posible!"
"Por favor, no te sientas solo, hay alguien que se preocupa por ti."
El matrimonio, como un baño en el mar, primero vigoriza y luego refresca. Pero tan pronto como se sale del mar, la llamada del océano tienta al bañista a darse otro chapuzón.
Tribunal Supremo de Nueva York. Elizabeth Gordon contra Robert Gordon. Juicio final de divorcio.
Este documento certifica que Elizabeth Gordon y Robert Gordon han sido unidos bajo los santos lazos del matrimonio.
Y por segunda vez Robert aprende que las esposas siempre son y serán esposas.
"Cariñín, besa mi pobre dedito."
"He trabajado duro muchos años y no he tenido nada de diversión. Adoro los grandes hoteles y creo que tú podrías llevarme a uno."
"¿Es que no amas a tu mujercita?"
"Te quiero, querida, pero me estoy afeitando."
Dos que ya lamentan el matrimonio de Robert.
"¡Ese horrible perro tuyo está intentando de nuevo matar a mi pobre Toodles! ¡Esta vez casi lo consigue!"
Hay una fuerza misteriosa que une a aquellos que constantemente piensan el uno en el otro.
Los tontos lo llaman coincidencia, pero, sea lo que sea, Sally lleva a su marido directamente al hotel donde se hospeda Beth.
El nuevo bañador de Beth está diseñado para demostrar que ella no viste como la tía de nadie.
"Estoy aquí con... con la Sra. Gordon y su perro."
"¿No es una monada? ¿Sabes una cosa?, cuanto más conozco a los hombres, más me gustan los perros."
"Si lo quieres, por mí encantado de que te lo quedes. Los perros ponen un poco nerviosa a la Sra. Gordon."
"Radinoff quería hacer un descansito antes de comenzar su temporada. Así que nos pidió a tía Kate y a mí que pasáramos unos días aquí."
Cuando una mujer se encuentra con su ex marido se da cuenta de todo lo que ella ha perdido, pero cuando conoce a la esposa de él se da cuenta de todo lo que él ha perdido.
"Sra. Gordon, le presento a la Sra. Gordon."
"¿Qué está haciendo esa mujer con nuestro perro?"
Las noches de verano... con sus luces tenues, el latido de la música y el aroma de las flores invitan a los jóvenes al romance.
"Me he dejado el abanico arriba, ¿me lo traes, querido?"
"Estoy en un terrible aprieto. No consigo encontrar a una criada para que me abroche el vestido."
"Me pregunto qué retiene a Beth ahí arriba."
"Te solía gustar el perfume, pero yo nunca le di suficiente importancia para usarlo."
"Querida, tú me enseñaste a ser fiel a solo una mujer."
"No voy a bajar otra vez. Me duele mucho la cabeza y la música no ayudará."
"Baila conmigo, Radinoff, hazme olvidar."
"Si yo te importase un poco, te quedarías aquí conmigo."
Cuando dos personas han pasado una noche en vela luchando contra vanos arrepentimientos, no es de extrañar que cada uno de ellos decida que, aunque haya crecido su afecto, la ausencia es realmente mucho más segura.
"Huyes porque todavía amas a Robert."
"Me acaban de llamar de la oficina, debo volver enseguida a la ciudad."
Pero qué inútil es huir del destino...
Si esto fuera una novela, el tren descarrilaría o tendrían un accidente de coche a la salida de la estación, pero en la vida real, si no es una mujer, es un ladrillo o una piel de plátano lo que cambia el destino de un hombre.
"Le llevaré a casa conmigo. Es mi marido."
El peligro, el gran revelador de los sentimientos humanos, hace que una mujer reclame ferozmente al hombre que ama sin importarle las consecuencias.
"Tu marido ha sufrido un accidente."
"Soy la Sra. Gordon. He traído a su marido a mi casa. Será mejor que venga inmediatamente."
"Este golpe en la cabeza ha provocado en su corazón un peligroso shock. Podrá reponerse si se mantiene tranquilo y sin moverse durante veinticuatro horas."
Pero hay muchas buenas razones por las que Sally no quiere dejar a su marido en casa de Beth para que ella le cuide.
"Querida, he tenido un sueño terrible. Pensé que estaba casado con otra mujer."
"No fuiste lo bastante mujer para mantenerlo junto a ti cuando le tenías. Ahora tampoco tendrás esa oportunidad. Él pertenece a mi hogar y es ahí a dónde va a ir."
"Si le mueves le matarás. El médico ha dicho que debe quedarse aquí hasta que pase la crisis."
"Le habrás dicho a los camilleros que se vayan de mi casa, pero yo creo que la policía debe saber quién es la que tiene derecho a tenerlo."
"O me das la llave o te la quito a la fuerza."
"Siete años de mala suerte."
"Aléjate de la puerta o estropearé tu belleza con esto tanto que ningún hombre volverá a mirarte nunca más."
"La Sra. Gordon ha decidido pasar la noche aquí, ¿verdad que sí?"
A lo largo de la interminable noche, una mujer duerme y olvida, y la otra vigila y recuerda.
"La crisis ha pasado, Sra. Gordon. Se recuperará. Ya pueden llevárselo a casa."
"Llévatelo a casa si deseas, pero dentro de unos días volverá a mí porque él es mío."
"No quieres ir a casa, ¿eh? Me dijiste que habías venido a la ciudad por negocios. ¡Menudos negocios! Pero tengo algo aquí que la arreglará para que nunca quieras volver a mirarla."
"No pasa nada, querido, era solo es mi colirio."
"Ya no vas a necesitar esta llave porque se acabó entrar en mi casa. Al menos el matrimonio tiene una cosa buena: la pensión alimenticia."
En la noche de su segunda boda, dos personas han aprendido que el romance puede continuar, gracias al matrimonio, durante muchos, muchos años.
"Tengo algo ahí arriba, querido, que he estado guardando para ti."
"Oh, adoro el pelo rizado."
El poeta moribundo
Hindustan (Fox Trot)
Y ahora ya saben lo que toda mujer sabe: que un hombre preferiría tener a su esposa como querida que a cualquier otra mujer.
Pero señoras, si quieren ser la querida de su marido, simplemente deben aprender cuándo deben saber olvidar que son sus esposas.
FIN
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