All language subtitles for The Lord of the Rings- The Rings of Power 1x04 - The Great Wave

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Original subtitles

-¿Una torre? -La necesito para la primavera.

¿Ha considerado buscar socios fuera de los confines de nuestra raza?

Cuéntame sobre tu propuesta

para poder presentársela a mi padre.

Si ocultara algo, lo intuiría.

Quizá él intuyó que tú le ocultabas algo.

¿Qué es este lugar?

El Reino de la Isla de Númenor.

Estaba pensando aplazarlo.

Cuando comience la prueba y ese barco zarpe, estarás a bordo.

No quiero problemas.

Es un mapa de las Tierras del Sur.

Habla no solo de un lugar, sino de un plan

para crear un reino propio.

Las Tierras del Sur están en peligro.

Si Sauron realmente ha regresado, las Tierras del Sur son solo el comienzo.

Si alguno de ustedes quiere vivir...

iremos a la torre de los elfos al amanecer.

Llévenselo a Adar.

Sauron tenía muchos nombres antiguamente.

Quizá este sea uno de ellos.

Tu pueblo no tiene rey porque eres tú.

Ven conmigo a Tierra Media.

Aún te falta un ejército.

Todo eso está a punto de cambiar.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: LOS ANILLOS DE PODER

En esta corte, nos reunimos todos los días para forjar el futuro de nuestra isla.

Pero en la bendición de los hijos,

nos reunimos para darles la bienvenida a quienes vivirán ese futuro.

Uno tan ilimitado como un amanecer sobre el mar ondulante.

¿Qué nombre han elegido para ella?

Alinel.

Alinel.

Que la fuerza de Númenor surja en ti.

Que su sabiduría guíe tus pasos...

A veces, nuestra isla solo necesita estirarse.

Igual que tú.

Es un día perfecto, reina regente.

¿Con qué asunto querría empezar?

Convocó a la elfa a la corte.

Justo esta mañana.

Su amigo ataca a cuatro del gremio, ¿y Míriel la invita a tomar el té?

Seguro la llamó para castigarla.

O para pedirle órdenes.

Y mientras la elfa envenena el oído de nuestra reina,

¿quién habla por nosotros?

¡Canciller!

Envíale mis saludos, ¿quieres? Baja la voz.

¿Quiere uno, señor? Vamos, señor.

No sabía que estabas haciendo algo importante.

¡Canciller!

Gobernar es el arte de ocuparse de los asuntos pequeños

tanto como de los grandes.

Quisiera creer que ya lo aprendiste.

Solo intentaba hacerme el listo.

Ser listo es para hombres de poca ambición.

Preferiría que fueras sabio, hijo mío.

Ahora, ¿cuál es el problema?

Puede que se avecine una pequeña tormenta.

¿Barcos de elfos en nuestra costa?

¿Trabajadores elfos apoderándose de sus oficios?

Trabajadores que no duermen,

no se cansan, no envejecen.

¡No!

Yo digo que la reina está ciega

o es una amante de los elfos.

Igual que su padre.

-¡Amante de los elfos! -¡Amante de los elfos!

¡Amante de los elfos!

¡Amante de los elfos!

Y si la elfa estuviera aquí ahora, ¿qué vería?

¿Hombres de Númenor,

o un montón de niños llorones?

Somos hijos e hijas de los edain.

De Elros Tar-Minyatur, cuya hueste venció al propio Morgoth.

Pero ahora, ¿una elfa, una náufraga, podría amenazarnos?

Miren, todos, los escudos de los gremios que llevan.

La herencia de manos poderosas.

De los hombres que hicieron la muralla marítima.

Que levantaron Armenelos, triunfo de nuestra civilización.

Pero ahora, ¿una sola elfa podría amenazarnos?

Amigos míos...

Confíen en mí.

Por los callos de mis manos,

juro que el timón de Númenor nunca caerá en manos élficas.

Seguirá siendo, como siempre, un reino de los hombres.

¡Tragos para todos!

No hay nombre en esta ciudad que no conozca,

multitud que no convenza, favor que no le deban...

Es impresionante.

Yo iba a decir "exasperante".

De viñedos cerca de la Meneltarma.

Te hace olvidar tus problemas. O eso dicen.

Me gané mis problemas con esfuerzo.

Debes ser la nueva aprendiz.

Soy Kemen. Y tu nombre es...

Eärien. Planos, ahora.

Me haces enojar, elfa.

Te recibo como invitada,

y galopas a nuestro campo para robar pergaminos antiguos

mientras tu compañero sureño ataca a nuestros ciudadanos.

Es comprensible que esté irritable. Su gente está muriendo.

¿"Su gente"?

Creo que el hombre que tiene preso no es un alborotador común,

sino el exiliado heredero perdido del trono de las Tierras del Sur.

Y supongo que Elendil es un emperador rhunico.

Solo un señor insignificante.

Su pueblo está disperso. Sin líder.

Pero con su apoyo podrían unirse bajo su estandarte. Y luchar.

¿A qué te refieres con "apoyo"?

Sauron fue una vez enemigo de su pueblo, tanto como del mío.

Le pido que termine la tarea pendiente.

Que reforje la alianza entre Númenor y los elfos...

Y luche conmigo, para salvar a la gente de las Tierras del Sur

antes de que Sauron reclame sus dominios.

En esta corte oímos muchas propuestas.

La tuya es la más sorprendente y ambiciosa.

Sin embargo, Númenor ha elegido otro camino.

No todo Númenor.

Ya sea rey o carpintero, el sureño será sometido a juicio.

Esta audiencia se acabó.

Entonces, no tengo más remedio que pedir otra.

Con el verdadero gobernante de Númenor.

Su padre, el rey.

No deberías hablar de cosas que no entiendes,

Galadriel, hija de Finarfin.

Y usted debe apartarse

para que hable con alguien con autoridad para responder.

Lady Galadriel, basta...

¿Y con qué autoridad hablas, elfa?

¿La de tu gente?

¿O eres una náufraga que busca de dónde agarrarse en la tempestad?

Hay una tempestad en mí.

Me arrastró a esta isla por una razón.

Y no será aplacada por usted, regente.

No me digas.

¿Pelea de taberna?

Sedición.

¡Ya casi lo logran!

En unos días más,

tendré el placer de llamarlos a todos compañeros de tripulación.

¡Tiren ahora, cadetes! ¡Tiren!

Isildur...

¡Ahora, tiren, cadetes!

¡Tiren!

¡Cuerda!

Explíquense.

Señor, debe haber un error.

Fue culpa mía, capitán.

Se me resbaló.

Te he visto soltar bien esa driza cien veces.

Eso fue a propósito.

¡Fuera de la Guardia Marina!

¡Los tres!

¿"El oeste"? ¿"El verdadero Númenor"?

¡Otra vez esa basura que decía tu hermano!

Creí que el capitán solo me echaría a mí.

Lo lamento.

¿Lo lamentas?

¿Lo lamentas? ¡Acabas de arruinar nuestras vidas!

¿Dónde está ese orinal? Voy a vomitar.

Hablaré con mi padre.

-Haré que los reincorporen. -No.

Típico de ti que te echen de algo

que nunca te ganaste.

-Valandil... -No.

Desde que pude sostener un remo quise estar en ese barco.

Hice todo lo que debía hacer para ganármelo. ¿Y tú?

¿Qué hiciste más que cavilar y hablar sobre tu madre muerta?

¡Basta! ¡Suficiente!

Sí, el Isil de siempre alejándose.

¡Isil! ¿A dónde vas?

Se quede o se vaya, ¿qué importa?

El verdadero problema es él. Y eso no irá a ninguna parte.

¡Magrot!

Adar...

Adar...

Nampak uglursha.

Nampak uglursha.

¿Dónde naciste...

soldado?

En Beleriand.

¿Por la desembocadura del río?

¿Quién eres?

Bajé por ese río una vez...

Cuando era joven.

Recuerdo...

la orilla cubierta de flores de salvia.

Kilómetros de flores.

¿Por qué los orcos te llaman padre?

Te han dicho muchas mentiras.

Algunas están tan arraigadas

que hasta las rocas y las raíces las creen ahora.

Desenredarlo todo

casi requeriría la creación de un nuevo mundo.

Pero es algo que solo los dioses pueden hacer.

Y yo no soy un dios. Al menos...

Aún no.

¿Qué eres?

Ve con los hombres que se han refugiado en la vieja atalaya.

Entrégales un mensaje.

¿Qué mensaje?

Los barracones ya están llenos. Acampen donde puedan.

-¿De dónde es este grupo? -Iorbad.

Son todos los pueblos de aquí a Orodruin.

¿Y el resto?

Ese es el resto.

Hay que reducir las raciones.

No vas a reducir las mías.

¿Quién te dio el derecho a decidir?

Los que vinieron a esta torre, Waldreg. Incluido tú.

¿Qué comeremos?

-Hallaremos la forma. -¿Cómo?

-No sé. -Eso es evidente.

¿Y la despensa de Waldreg?

Enviemos un grupito al pueblo.

De día, cuando hay menos orcos. Tomemos lo que podamos, rápido y discreto.

Ni sabrán que estuvimos ahí.

¿A qué desgraciado convencerás?

Yo lo haré, si nadie más lo hace.

No vas a ir allá.

Primero iremos a las colinas de nuevo. Reúne a los cazadores.

¿Y qué cazarán? ¿Unos pocos conejos?

Nos durarán un día.

Es un día más. Y agradezcamos por ello.

Estoy harto

de ver todo desmoronarse y no hacer nada al respecto...

-Hacemos lo que podemos. -¡Yo no!

Theo. ¡Theo!

Puedes ayudarme o hacerlo más difícil.

No debí dejarte convencerme de esto.

Voy a volver.

No seas tan blandengue.

Vamos.

Rowan, la taberna.

No voy a entrar ahí.

Podría haber más comida.

Vamos, este lugar está desierto.

Está bien. Iré yo.

¿Rowan?

Sangre joven.

¿Dónde conseguiste eso?

Dámelo.

¡Oigan! ¡Lo encontré!

¡Lo encontré! ¡Es un niño! ¡Tiene la empuñadura!

¿Un niño? ¿Dónde está?

Escondido aquí en algún lado.

¡Tú! Avísale al padre nuestro.

El resto, dispérsense.

Nadie duerme hasta que lo encontremos.

¡Te encontré!

Elfos y enanos trabajando juntos. Notable.

Es todo lo que dijo que sería.

¿Qué?

Nada. Solo...

Por un momento, ahí de pie, eras la viva imagen de tu padre.

-No sabía que lo conocía. -Claro, lo vi muchas veces.

Tenía esa forma de ver a lo lejos.

Sabes, recuerdo que una vez me dijo

que un día, mi futuro estaría en manos de su hijo.

Lo dijo de forma muy casual, como si hablara de la lluvia de mañana.

Y yo...

Lo había olvidado hasta... Hasta este momento.

¿No es extraño?

Parece inquieto hoy, mi señor.

¿Qué le preocupa?

No, me prometí a mí mismo que no lo mencionaría. Es tu amigo.

Durin.

O me está evitando o está escondiendo algo.

¿Les preguntaste a sus equipos?

A los diecinueve. No dejan de esquivarme.

Se podría pensar que es sospechoso.

¿Sugieres que Durin tiene una noviecita?

-No hay nadie más que usted, señora. -Lo sé.

¿Quién lo querría?

Vieja rica, besa la piedra Pule tus gemas y tu oro

¡Ay! ¡Basta!

Gerda, ¡no le pegues a tu hermano!

-Estamos jugando al juego de golpear. -Pero no golpees.

¿Probaste con la Escalera Dorada?

¿O el guardia de las tres puertas?

Lo había olvidado.

Estos pequeños me están haciendo papilla la cabeza.

Se fue a minar el abismo de cuarzo hoy.

Sabes, Disa, no hay secreto que valga la pena ocultar con engaños.

¿Llamas deshonesta a una enana en su propio hogar?

Es una receta para el desastre.

Si Durin está extrayendo cuarzo,

¿por qué se iría sin su hacha de cincelado?

¿Y por qué harías su comida favorita

si se fue a un abismo al que se tarda dos días en bajar?

Vieja rica, besa la piedra Pule tus gemas...

Gerda, ¡te lo advierto!

Durin no llevó su hacha

porque el cuarzo que está extrayendo no se cincela. Se arranca.

Hago estofado de cola de topo

porque debe reposar un rato antes de que vuelva.

Y aunque puede llevarle varios días a un forastero, como tú,

escaladores enanos como mi esposo

pueden bajar al abismo de cuarzo en unas pocas horas.

¿Querías saber algo más, querido?

No.

Gracias.

Abismo de cuarzo. Nada mal.

Solo espero que me creyera. No es fácil engañar a ese elfo.

Sin duda que no.

Pero convencerías a una rata de agua de usar un abrigo de visón, futura reina.

Otra razón para agradecer haberme casado contigo y no con Margid Rustborin.

¿Y cuáles son las otras razones?

Te diré después.

Calla. Más vale que bajemos la voz.

Estamos avanzando mucho en la vieja mina.

Me aseguré de que lo escoltaran afuera...

La antigua mina bajo el Lago Espejo.

¿Te perdiste, elfo?

No. Sé exactamente a dónde voy.

Buen día.

Vieja rica, besa la piedra. Pule tus gemas y tu oro.

¡Lo sabía!

¿Durin?

¿Viniste a espiarme, elfo?

Lejos de eso. ¿Qué es este lugar?

¿De verdad esperas que crea que no lo sabes?

¿Que esta no es la verdadera razón por la que te envió aquí?

Lo quieren para ustedes.

Durin, ¿querer qué?

No me importa en absoluto lo que haya en esa cámara.

Me importas tú, esta amistad.

Y los secretos le hacen daño.

¿Qué significa todo esto?

Necesito tu juramento.

Jura por la montaña

que jamás le susurrarás siquiera

a otra alma viviente lo que voy a decirte.

La ira enana dura más que la memoria élfica.

Si rompes tu promesa,

el poder de esta piedra los condenará a ti y a los tuyos al dolor,

hasta su último día en esta Tierra Media.

¿Lo juras, Elrond?

Lo juro por la memoria de mi padre, Eärendil el Marinero.

Lo que me digas aquí será solo para mis oídos.

Disa lo descubrió durante una detección de oro de rutina.

Un nuevo mineral.

Más ligero que la seda, más duro que el hierro,

como arma, sería mejor que nuestras mejores espadas.

Como especie, podría ser más caro que el oro.

Es extraño cómo refleja la luz.

Casi parece tener luz propia.

Te lo digo, podría ser el comienzo de una nueva era para nuestro pueblo.

Fuerza, prosperidad...

Entonces, ¿por qué tanto secreto?

¿Por qué no lo celebran?

Es peligroso extraerlo.

Mi padre ha restringido todos nuestros esfuerzos

por precaución.

¿Puedo?

¿Cómo llaman a este mineral milagroso?

En nuestra lengua, "brillo gris".

En la tuya, algo así como mith-raud.

No. Sería mithril.

Entonces, ¿realmente viniste hasta aquí solo por Eregion?

Vine porque 20 años lejos es demasiado tiempo.

Incluso para un elfo.

Quédatelo.

Como muestra de nuestra amistad.

Muy bien.

¡Durin! Durin, ¡no!

¡Hay cuatro enanos ahí abajo!

¡Durin!

Eärien, pisos y copas.

Lo siento mucho.

Está bien. No hay problema, en serio.

Y yo que creí que solo eras buena dibujando.

Fregar es bueno para la destreza.

O eso dice el maestro del gremio.

¿Qué tal esto? Yo limpio los pisos y tú las copas.

Quien termine último paga la cena.

No salgo con desconocidos.

Muy prudente. Si veo alguno, te avisaré.

Aunque admiro tu hábito de atacar cada obstáculo en tu camino,

como un potro a todo galope...

¿Pensaste alguna vez que no estás luchando contra trolls u orcos,

sino hombres?

¿En serio vas a aconsejarme en el arte de la guerra?

No. No, yo...

No me atrevería. Pero...

La corte de la reina no es exactamente tu campo de batalla habitual, ¿verdad?

Continúa.

En un caso como este, me parece

que harías bien en identificar qué es lo que más teme tu oponente.

-¿Para aprovecharlo? -No.

Para darle un medio para dominarlo.

Y así poder dominarlos a ellos.

¿Según tu criterio estoy en esta celda

porque aún no sé a qué le teme la reina?

Según mi pobre criterio. Sí.

¿Y tú sí, habiéndola visto apenas un momento?

Durante el cual exigiste un barco, insultaste a su gente, la desafiaste.

Nada de lo cual la alteró.

Ahora, de repente, te mete en una celda.

¿Por qué?

Le pedí que luchara por tu gente.

Pero eso no fue lo que provocó su ira, ¿o sí?

Exigí hablar con su padre.

El rey en la torre, a quien nadie ha visto en años.

¿Ves lo que pasa cuando dejas de galopar y te tomas un momento para pensar?

Deja de compararme con un caballo.

Deja de intentar convencerme de irme, y trato hecho.

Saludos, elfa.

La reina regente tomó su decisión.

Será enviada de regreso con los elfos con una escolta armada. Esta noche.

Acérquese.

-Yo no aconsejaría eso. -No puedo dejarla ir.

Podría. Si supiera exactamente a dónde va.

¿Qué haces aquí arriba?

Tuve una cena.

¿Quién es él?

¿Y tu uniforme?

Renunciaste a los cadetes, ¿verdad?

No, peor.

¿Te despidieron?

A todos, por mi culpa.

Isil...

Bueno, ganaste. Ahora puedes irte al oeste.

Arruiné las vidas de mis amigos,

deshonré nuestro apellido.

No merezco ir al oeste.

Y nuestro padre no me dejará llevarme a Berek.

¡La elfa! Escapó.

Busquen en cada callejón.

Perdón, su majestad, por la intrusión. Pero...

Ya no responde a ese título.

¿Cómo supo que vendría aquí?

Afuera te esperan tropas para escoltarte a tu barco.

Sería prudente ir de buena gana.

Míriel.

Míriel.

Yo...

Está bien, padre. Estoy aquí.

Perdóneme.

No lo sabía.

Pocos saben la magnitud de su declive.

Me gustaría mantenerlo así.

Entonces, es hora de la verdad entre nosotras.

Su padre era leal a las costumbres élficas.

¿Por qué usted no?

Dígame.

Por favor.

Mi padre siempre fue moderado con sus creencias.

Pero luego de su coronación, algo cambió.

Se volvió estridente,

proclamando que habíamos provocado la ira de los Valar,

y que debíamos arrepentirnos y volver a las viejas costumbres.

Hubo inquietud.

Y cuando anunció planes de renovar las relaciones con los elfos...

El pueblo se rebeló.

Se perdió mucho.

Me eligieron para gobernar en su lugar,

con la promesa de calmar la tormenta.

Pero esa primera noche, mientras todo Númenor dormía,

él me trajo aquí.

Palantír.

Solía haber Siete Piedras Videntes.

Las otras seis están perdidas o escondidas.

Esta la heredó mi padre.

Y con ella, un secreto.

Pon la mano sobre ella.

-Debo advertirte... -He tocado palantíri antes.

Pero no has tocado esta.

Viste el futuro de Númenor.

Las palantíri muestran muchas visiones.

Algunas que nunca sucederán.

Ya ha sucedido.

La visión comienza con tu llegada.

¿Cree que provocaré la caída de Númenor?

Solo Númenor puede provocar su caída.

Los Valar nos dieron esta isla en tiempos de virtud.

Pueden quitárnosla si tomamos el camino de la oscuridad.

La virtud de la que habla fue la lealtad de sus ancestros a los elfos.

Mi padre creía eso.

Su trayecto casi nos destruyó.

Por eso, mañana, anunciaré que te has ido.

Y que esta crisis terminó.

Si no se controla el mal cayendo sobre Tierra Media,

se extenderá, y nos llevará a todos consigo.

Evitar esta guerra podría ser lo que lleve a su ruina.

No dudaré de los dioses. Es mi decisión final.

Una decisión basada en miedo.

Sé lo que es ser la única,

la única que ve,

la única que sabe.

Quizá ninguna de nosotras deba seguir soportando esa carga sola.

Te lo ruego, Míriel, no elijas el camino del miedo,

sino el de la fe.

Apóyame.

Deja que Númenor luche junto a los elfos una vez más.

La fe puede unir un corazón, Galadriel.

Pero es un hilo muy fino para que penda de él un reino.

Lo siento.

Los bosques están vacíos. Todos los animales han huido.

Parece que tu niño tenía razón al final.

¡Hay alguien en las puertas!

Atrás.

-Apártense. ¡Atrás! -¡Déjenlo pasar!

Hay suficiente. ¡Despacio!

¡Rowan! ¿Dónde está Theo?

Dijo que venía detrás de mí.

-¡Qué hambre! -¡No empujen!

¡Ella me empujó!

Buscamos en cada rincón. No está aquí.

Vamos.

¿Dónde está?

¡No está aquí!

Vamos.

Muevan cielo y tierra.

El jefe nos desollará si no lo encontramos.

El jefe es el que lo perdió en primer lugar.

Izmûmbogh...

¡Vamos!

Kishdibatoth.

Kishdibatoth.

¡Encuéntrenlo!

No hay nada aquí.

¡Por allá! ¡Miren!

¿Vas a alguna parte, jovencito?

¿Dónde está?

¡No!

¿Dónde lo tienes?

Quizá perder el brazo te afloje los labios.

Rápido, muchacho.

Ya vienen.

Sigue adelante.

¡Corre!

¿Madre?

Bronwyn.

¡Corran! ¡Vayan al claro!

¿Qué fue eso?

Fue una súplica a las rocas

para que liberen los cuerpos de los mineros aún con aliento.

No dejo de pensar que si no hubieras bajado ahí,

Durin podría haber estado en ese pozo cuando...

Lo siento.

Lamento haberte mentido.

Fuiste fiel a mi amigo. Es todo lo que necesitamos recordar.

Acaban de sacar al último.

Vivo. Están todos vivos.

Tu padre debe estar muy aliviado.

Lo cerró.

Se sellará todo el yacimiento.

-¿Todo el yacimiento? -Todo.

Dale tiempo.

Hasta las brasas más calientes se enfrían.

Sí, pero a veces desearía que no.

A veces desearía poder decirle exactamente lo que pienso de él,

¡y nunca volver a mediar palabra con ese vejestorio!

Mi padre navegó solo a Valinor,

y convenció a los Valar de unirse a la guerra y vencer a Morgoth.

Tan grandes fueron sus hazañas

que los Valar lo elevaron más allá de los límites de este mundo...

Para llevar la Estrella Vespertina eternamente.

Durante muchos años, al final del día, la miraba...

Preguntándome qué pensaría si él me estuviera mirando.

¿Estaría orgulloso de lo que he logrado con su legado?

¿O decepcionado por el sinfín de formas en que no logré estar a la altura?

Pero, entonces, una noche, me di cuenta

de que estaría feliz de escuchar cualquier juicio,

siempre que me diera la oportunidad

de tener una conversación más con mi padre.

No desperdicies el tiempo que te queda con el tuyo.

Elrond, tenía la esperanza de que pudieras zanjar algo.

¿Cómo se conocieron tú y mi esposo?

Te dije, lo salvé de un troll de las colinas.

-Dos. -Dos. Sí, lo sé.

Le preguntaba a Elrond.

Entonces, me temo que debo corregir la historia de tu esposo.

Había tres trolls. Y fui yo quien lo salvó.

No recordarías ni tu rostro mirándote al espejo.

Cuando lo encontré en el bosque,

estaba esquivando golpes de los mazos.

Gemía y gritaba.

Era un grito de batalla.

Eran gritos tan agudos que creí que era un niño. Tomé mi arco...

-Era una espada. -Era un arco.

-No. ¡Era una espada! -Como sea...

Perdóname, padre.

Fui orgulloso y terco, y me equivoqué.

¿No puedes siquiera mirarme?

Nuestra gente cree

que cuando se corona a un nuevo rey enano,

las voces de todos sus antepasados fluyen hacia él,

compartiendo con él su consejo

y sabiduría.

Incluso sus errores.

Pero tú...

No necesitas esperar a ese día para escuchar mi voz.

Porque siempre estoy contigo, hijo mío.

Incluso con ira.

A veces, sobre todo con ira.

No hay nada que perdonar.

Elrond me invitó a ir con él a Lindon mañana.

¿Acepto?

Elrond ha sido muy convincente con sus garantías

de que Gil-Galad no tenía mala intención al enviarlo aquí.

Sí. Así es.

Pero la intuición es un tónico poderoso.

¿Qué te dice la tuya?

Hay algo más en juego.

Bien, hijo mío.

Bien.

Ve a Lindon.

Averigua qué.

Gracias.

¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?

Tengo un mensaje. Del que comanda a nuestro enemigo.

Tu pueblo puede vivir si abandona todo derecho sobre estas tierras...

Y le jura lealtad.

¿Y si nos negamos?

Vendrá por Ostirith.

Vamos.

Si me preguntas, te mereces un trago luego de lo que hiciste.

Vamos, tómalo.

Así como tomaste esa empuñadura de mi granero.

No sé de qué...

Basta, muchacho.

Sabes de qué hablo.

¿Sabes lo que es? No es una espada.

Es un poder.

Creado para nuestros ancestros por la propia mano de su maestro.

Un hermoso sirviente.

El que se perdió, pero volverá.

¿Has oído de él, muchacho?

¿Has oído de Sauron?

Debes haberlo visto en el cielo.

Hace unas semanas.

El cometa.

Significa que se acerca su hora.

Y depende de ti y de mí, muchacho, estar preparados.

¿Preparados para qué?

Silencio, muchacho.

Guarda tus fuerzas.

Las necesitarás.

Para lo que se avecina.

Padre nuestro...

Lo encontramos.

Está en la torre.

Vaya en paz.

Su gente estará aliviada.

Pronto se reunirán en la corte

y en la plaza para oír su anuncio.

Entonces, no los hagamos esperar.

Los Fieles creen que cuando caen los pétalos del Árbol Blanco,

no es en vano,

sino que son las lágrimas de los mismos Valar,

un recordatorio vivo de que sus ojos y su opinión están siempre sobre nosotros.

Hay una hora fatídica en los destinos de los hombres.

Una hora del juicio

en la que cada uno de nosotros, todos nosotros,

debemos decidir quiénes seremos.

¿Se han vuelto nuestros corazones como las estatuas que rodean nuestra isla?

¿O aún laten con la sangre de los héroes que las esculpieron?

¿Está confinado nuestro valor a las tumbas de nuestros padres?

¿O está aquí,

entre nosotros, incluso ahora...

esperando emerger como el sol naciente?

No los enviaría ni invitaría a ningún peligro que no enfrentaría yo.

Así que he decidido escoltar personalmente a la elfa de regreso a Tierra Media.

Para ayudar a nuestros hermanos mortales que están sitiados en las Tierras del Sur.

Su reina ha revelado su intención.

Nuestros barcos partirán en diez días.

La fuerza expedicionaria estará compuesta por valientes hijos e hijas

de alrededor de Númenor.

¿Quién está dispuesto a comprometerse a proteger a nuestra reina regente?

Den un paso adelante y dense a conocer.

Yo le serviré.

Yo le serviré.

Yo le serviré.

¡Yo le serviré!

¡Yo le serviré!

Subtítulos: Martina Solari

Supervisión creativa Rebeca Rambal

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