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La guerra de los botones
Con un grupo de niños (y sus padres…)
¡Señor! ¿Quiere comprar unas estampillas para ayudar a gente con tuberculosis?
Ayude a luchar contra la tuberculosis.
Es para el cáncer.
Ustedes, niños de Longeverne no son muy rápidos.
Los niños de Velrans ya me ensartaron con dos libros de estampillas.
Y eso fue al menos una hora atrás.
¿Dos? ¿Por qué le compró a ellos si usted es de Longevernes?
Es porque los enfermos no pueden esperar.
No se juega con las enfermedades, ¿sabían?
¡Cuidado!
Todo está bien si estás sano.
Pero, cuando te enfermas…
… no se juega con las enfermedades.
Todo está bien si estás sano.
Pero, cuando se te acaba la salud, no se puede jugar con las enfermedades.
¿A cuál atacamos?
¡Al padre! Él no se puede negar. ¡Padre!
-¿Quiere estampillas? -¡Es para una buena causa!
¡Pucha! ¡Él ya compró también!
Además, nos hizo perder a Nestor.
¡Corramos tras él!
Tiene que subir el cerro caminando con su bicicleta.
Apártense…
¿Cómo se les ocurre tratar de venderme estampillas a mí?
¡Les voy a mostrar lo que me parece!
¡Oigan, tontos de Velrans! ¡Él es nuestro cartero, no el suyo!
Nos podemos olvidar del padre, pero Nestor nos pertenece.
No le pueden vender estampillas a él.
¿Nestor? ¿De Longeverne? Él pertenece a toda Francia.
-¡Eso es cierto! Nadie es dueño de él. -Anda, dinos tontos de nuevo.
-¡Tontos! ¡Tontos! -¡Ladrones! ¡Ladrones de carteros!
¡Ustedes, gente de Longeverne son mariquitas!
¿Qué significa eso?
¡Todos los de Longeverne son mariquitas!
¡Pégale!
¡Váyanse, perdedores!
Te voy a acusar…
Te voy a acusar con Lebrac.
¡Oigan, la primera campana está sonando!
Yo pensé que dijo "bolas de nieve".
-Hola Gibus. -Hola.
Sabía que no debía haber ido.
¿Qué pasó?
Unos tontos de Velrans nos tendieron una emboscada.
Nos apedrearon.
Después nos dijeron que éramos bolas de nieve.
-No nos dijeron eso. -Entonces, ¿qué nos dijeron?
-¿Qué cosa? -¿Qué cosa dijo?
En realidad, no entendimos.
-Vamos a preguntarle a Lebrac. -Oh sí.
¿Qué cosa? ¿Qué cosa? ¡Dime!
Venta de estampillas para juntar fondos para la lucha contra la tuberculosis.
Ahí vienen los hermanos Gibus.
¿Qué pasó?
¿Qué quieres?
Entonces… ¿qué quieres?
Señor, ¿hay alguna mala palabra con "blando"?
¿A mí me preguntas esto?
Yo no sé ninguna mala palabra.
¡Mi ojo!
A ver, ¿cuál es la peor palabra con "blando"?
"Bolas", sabemos, todo el mundo tiene. Pero, ¿por qué "blandas"?
No nos importa, pero tenemos que descubrir si eso es malo.
¡Oigan!
Hasta el profesor dice que no sabe qué es.
-¡Estúpido! ¿Le dijiste? -Sí, pero no en su cara.
Oye, eres inteligente, Pequeño Gibus.
Salgan de mi camino.
Oye Gastón, ven.
-¿Donde está tu papá? -Allá.
Anda a decirle a tu papá "marica".
-Él te va a dar un dulce. -¿Te lo tengo que dar a ti?
Está bien, te lo puedes dejar para ti. Anda, ¡y no te olvides!
Maricas, maricas, maricas…
¡Papá, papá, papá!
Bien, silencio.
-¿Terminaste de contar, La Crique? -Sí señor, no era muy complicado.
Oye Camus, ¿ya salió? -No.
-Auculat, cero vendido. -Tintin, cero vendido.
- Camus, uno vendido.
-Bien, eso hace que la cuenta sea impar. -Boulon…
¡Ahí viene!
Todos a sus asientos. ¡Camus, siéntate!
¡Lebrac!
Esta noche le mostraremos a los de Velrans…
… si tenemos las bolas blandas.
-Ya niños. -Hemos andado corriendo muy rápido.
-¿Trajeron la tiza? -En mis bolsillos.
¡Oigan, oigan! ¡Espérenme!
Perdón, mis papás no me dejan salir sin él.
Te ves estúpido. Vámos.
-Vamos. -¿Por qué no nos vamos por el camino?
El camino de los conejos es más rápido.
De ninguna manera, nos vamos a romper los pantalones.
Haz lo que todos hacen. Yo soy el jefe.
No dije que no voy a venir.
Pero, para tener jefes hay que votar.
Parece que estás bromeando.
-¿Quién sabe de rangos? -Yo, capitán. Ése es uno grande.
Conozco un gallo que es sargento. Es inteligente. Terminó séptimo grado.
Sí, pero lo mejor es ser el soldado de primera.
Así que eso significa que hay soldados de segunda clase.
-Y también soldados de "clase de carga". -¿Votamos o escogemos el rango?
Escojamos. Yo seré un coronel de segunda clase.
No, el coronel de locomotora, no, el coronel de vagón de equipaje.
Realmente, estás empezando a molestarnos.
Pero, necesitamos tener jefes.
Ustedes saben que en la vida real el jefe es…
… quien tiene el pirulo más grande, esto es todo.
Mira los perros… los chivos… los corderos… y los zorros.
Es lo mismo en todas partes.
-Anda, sácate los zapatos. -¿Qué vamos a hacer?
Van a ver.
Tú primero.
¿Quién? ¿Yo?
Él no prestará atención a un niño llevando un tarro de leche.
Él se entrará.
-¿Qué le diré? -Nada, solo pasa por su lado.
¿Eres un coronel o qué? Así, solo sigue las instrucciones.
Sabía que no debía haber venido.
¿Eres tú él que hace ladrar a los perros?
¡Mi hermano! ¿Qué vamos a hacer?
Ven, mi niño.
Siéntate aquí.
-¿El gato te robó la lengua? -Debe estar asustado.
Le diste un susto. Todo el tiempo estás gritando.
-No grité, hablé. -Deberías haberte quedado callado.
Hola niño. Si me callo, él no hablará.
Tú lo asustaste.
Démosle un pequeño mordisco. No podemos dejarle así.
Mariquitas.
Un sorbo de calvados nunca le hizo daño a nadie.
Eso te va a hacer correr como conejo, vas a ver.
-Ya. -Ahí está.
Bolas blandas. Mariquitas.
-Está donde los L’Aztecs. -Tenemos que ir.
Anda a vigilar la esquina.
Dame la tiza.
Quédate conmigo, La Crique, en caso que escriba algo con faltas de ortografía.
¿Te sientes mejor?
¿Qué está diciendo?
-¿Qué estás diciendo? -Yo… yo derramé mi leche.
Está preocupado por su leche.
Es solo medio galón de leche. Te daremos un poco.
Te daremos un poco.
-Henri… anda a llenar ese tarro. -¿Por qué?
Estoy haciendo mis tareas.
Te dije que fueras a buscar leche para él.
No estoy a su servicio.
Bueno, veremos. Anda al tiro.
Bueno, OK.
Anda, haz más ruido.
-Estuvo bueno. -Te gusta, ¿no?
Pon una "S" ahí.
-Cuidado, ahí viene un auto. -Hecho.
Todos los de Velrans son imbéciles
-Mañana estarán lleno de rabía. -Si, y hasta que lo borran, mi viejo.
¡Mi hermanito! Le perdí.
Buenas noches, mi buena gente.
Mis pantalones se están reventando en las costuras.
Aprende rápido, ¿eh?
Está borracho como un zorrillo.
Debe haber vaciado su bodega.
Mis pantalones se están reventando en las costuras…
… si sigue así ustedes me van a ver mí…
Silencio. Estamos terminando.
Tu paraguas, Pequeño Gibus.
Rápido.
Dame las lombrices.
-¿Es suficiente? -Sí.
Mira, me puedo ver.
Haz que el pez vea mi yo real…
… ¿o me ven así? -¿Por qué te importa?
Porque si me ven así se van a morir de susto.
-¡Los Velrans! -¡Muéstrense!
Tontos, fracasados, cerdos.
Aquí estoy yo. No tienes que gritar, cara de peo.
-Cara de peo tú. -Anda, ponte aquí.
No necesitamos acercarnos, desde aquí hueles a podrido.
-Tu hermana es… -Mi hermana se mea en tu cabeza.
¿Algún problema con eso?
Y tú, ¡tus papás no pueden pagar la hipoteca!
¡Hipoteca tú!
¿Vas a pelear con nosotros o qué?
¿Tu crees que nos vas a ganar?
Espera a que te agarremos mañana, tontos de Velrans.
Te van a pegar en el poto los mariquitas de Longeverne.
¡Métanse todos debajo del paraguas!
-Los bastardos. -No es justo.
¡Vámonos! ¡Es el señor Schaefer! ¡Es ciego como un murciélago!
-Camus, toma los remos. -Escóndete, Pequeño Gibus.
Y tú, Boulon, ¡mueve eso!
¡Hecho!
Bien, ¿encontraste el precio de dos kilos de manzanas?
Sí, cuestan 150 000 francos…
… 33, 33 y un poco de cambio.
¿Estamos en guerra?
-¿Por qué usa él nuestro baño? -¿Por qué no usa el suyo?
"Movilización general, ¡al diablo con los Velrans!"
¡Al diablo con los de Velrans!
¿Estás loco o qué?
-¡Al diablo con los Velrans! -¿Alguien vio mis anteojos?
Esperen. Escondámonos aquí y tomemos algunos prisioneros.
¡Degalle! ¡Migue la Luna! ¡Pesquen a Lebrac!
¿Listos? Ya agarré uno.
¡Hurra, tomamos a Migue La Luna!
-Estás muerto. -Estás atrapado como una rata.
¡Linchémosle!
¿Es verdad que ustedes torturan a sus prisioneros?
No has visto nada aún. Dame tu cuchillo, Camus.
¿Qué me van a hacer?
Váyanse para atrás, así todos pueden ver.
-¿Qué le debemos cortar? -¡Sus orejas! ¡La lengua!
-¡Su pico! -Cortémosle su pirulo.
Si me tocan, le voy a decir al cura y al alcalde.
¿Cómo lo vas a hacer? No vas a tener legua.
Ni pirulo tampoco.
-¿Empezamos por arriba? -Sí.
Las orejas primero. Agárrenle firme.
¡Por favor, Lebrac! ¡Por favor, no!
Gallina. Es solo la parte de atrás del cuchillo.
-¿Son todos como tú en Velrans? -Ni siquiera estás sangrando.
Debiéramos ponerlo en una cueva y tirarnos pedos uno tras otro.
Sería como una cámara de gas.
-Y ahora, pasamos a la cosa… -¡No, no!
… cosa seria.
No me importan tus orejas, tu pico, ni tu pirulo.
Solo una cosa le importa a un hombre.
Su honor.
Y en cinco minutos no vas a estar orgulloso de ti mismo.
¡No, no, Lebrac! ¡Por favor, no!
¿De dónde saca todas esas ideas?
Ahora, anda a ver a tu alcalde y a tu cura.
♫ Cantando la victoria…
♫ … nos abre la barrera…
♫ … la libertad guía nuestros pasos, …
♫ … y desde el norte hasta el sur…
♫ … la trompeta del guerrero…
♫ … sueña a la hora del combate.
Cuarto requerimiento:
… tienes que registrarte para votar…
… de su comuna.
-Oye, Lebrac. -¿Qué?
-Ellos dijeron que volverán esta noche. -Entonces, les volveremos a masacrar.
Dile a los otros y escóndete en tu árbol de nuevo.
Lebrac.
¿Cuales son los requisitos para poder votar?
-Encontrémonos en la cantera. -Te lo advertí, Lebrac.
-Cuídate del arresto. -Por favor no esta noche, señor.
Estoy esperando. ¿Qué se requiere para poder votar?
Hay que conocer su geografía.
Cállate, Bacaillé. No hace mal conocer su geografía.
Pero, no es suficiente para ser un votante.
-¿Hay que ser de este país? -¿Qué país?
Francia, de la Francia.
Sí, yo también, si quieres.
¿Qué más?
Éste no es el día para ser arrestado.
Por fin, ¿tú podrías ser un votante?
-No, señor. -¿Por qué?
Porque aún no tienes pelo en el culo…
- Qué dijiste, La Crique - Dije que… que…
-¿Qué? -Es porque es muy joven, señor.
Excelente respuesta.
¡Gran Gibus! Te vas a quedar después de clases.
-Señor, por favor… -¡Tú también, Lebrac!
Yo era él que le soplaba las respuestas.
Entonces, te vas a quedar con él.
Esos tontos, ahora nos van a faltar tres personas. Tendré que liderar.
Cuarto requisito: Registrarse para votar en su comuna.
Quinto requisito:
Apúrate. Estamos atrasados.
¿Qué está pasando? ¿Qué están haciendo allá?
¡No veo, no veo!
- Dame mi vendaje - ¿Qué están haciendo aquí?
¡Sabía que no debía venir!
¿Qué has hecho? Ellos tenían al menos 10 hombres más.
-¿Dónde están los otros? -No sé. Están por todas partes.
Qué paliza.
-Ustedes se ven horrible. -Éramos menos.
No es excusa. Un Longeverne vale por 10 Velrans, tontos.
Agárrame.
Ahora puedes jugar duro, pero caerás tarde o temprano.
Tarde o temprano tengo que hacer pipí, y adivina a quién voy a regar.
Alerta, alerta, ahí viene Lebrac.
Ustedes dos bloqueen su retirada. Todos los demás conmigo.
Cuidado Lebrac, están siguiéndote…
Lebrac.
Vámonos.
-Oí que torturabas prisioneros. -Me querían cortar el pirulo.
Pero, no tengo que buscar ni el cura ni el alcalde, me defiendo solo.
¡Agárrenle!
-En cinco minutos ya no tendrás orgullo. -Nada inteligente, lo copiaron de nosotros.
¡Cállate!
¿Me ves llorar o chillar como un chanchito?
-¿Debiéramos hacerte los honores? -Déjale.
Tú, dime… ¿Longenerne está por este camino?
¿A qué hora llega tu hermano a la casa?
Finalmente. ¿Sabes qué hora es?
Respóndele a tu madre.
Sí, sí, sé que hora es.
¿De dónde vienes?
¿Me escuchaste? ¿De dónde vienes?
Abróchate tu camisa y tu chaqueta.
-¿Llamas a eso abrochado? -Dios, siempre rompes las cosas.
-Se quedó en mi mano. -Igual que el plato esta mañana.
Te dije que no fue mi intención hacerlo. No controlo mis fuerzas.
-Gasté mi vida arreglando todo. -Ándate.
Paren de discutir. Ya estaba roto antes.
Y todos mis ojales están destruidos.
¿Tus ojales?
En todo caso ellos eran inútiles porque ya no tengo botones.
¿Qué diablos es esto?
-¿Cómo te metiste en ese lío? -No diré nada.
Tú me vas a contar, tú maldadoso.
Reconozco que merezco una paliza así es que comienza no más.
Además, lo está pidiendo.
-No puedo creerlo. -¡Mi taburete!
Ahora es el taburete.
Tu camisa, tus ojales y botones y ahora el taburete.
¿Crees que somos Rockefeller? ¿Que tenemos para gastar en esto?
Te voy a demostrar, tú, bueno para nada.
-¡No! -Te voy a enseñar a respetar.
-¡Mamá! -¡Canalla!
Contrólate, Eugene.
Solo dime que él va a ir desnudo mañana al colegio como castigo.
Contrólate, es solo un niño.
Solo dime que irá desnudo.
Explícame qué es un metro.
Un metro es como así, o un poco más largo.
Las cosas no han mejorado, Lebrac. Se me va a agotar la paciencia.
Perdón, señor, solo estoy pensando en algo chistoso.
Vamos a hablar de esto más tarde. Todos afuera. Recreo.
-¿Yo también, señor? -Tú también.
-¿No estoy castigado? -No.
-¿Le va a decir a mi papá? -Ya lo verás.
Por favor no, señor.
¿Te dieron otra paliza ayer? ¿Así era?
Puedo aguantar la paliza, pero tengo miedo de ir al internado.
-¿Él quiere mandarte allá? -Sí, como le conozco…
Veo que estás heciéndote el idiota y no haces nada.
Sí no me pregunta más, señor, me quedaré tranquilo en mi rincón.
No estamos en la arenera, Lebrac.
El general aquí soy yo.
-¿Estuvo en el internado? -Sí.
-Y no me mató. -Pero, es diferente para ti.
No puedo aprender, pero sé un montón de trucos útiles.
¿Crees que es suficiente?
Es importante tener cualquier cosa para comer, sé pescar y cazar.
Empieza por aprenderte tus lecciones.
Vamos a ver lo del internado con tu papá.
Anda a fuera.
¡Eh, díme!
-¿Qué fue eso tan divertido antes? -Nada, señor.
Era mi mamá, quería que iría a la escuela desnudo…
… para que yo no arruinara mi ropa.
-Eso es divertido. -No realmente, pero qué es divertido…
Es la idea que ella me dio.
¿Qué ves?
Solo a Camus en el árbol. Ellos se acobardaron.
Lo que estaba deseando. Vamos.
¡Todos contra él! ¡Ríndete, Camus!
Subamos el árbol.
Ahí vienen los Velrans.
¡Vamos!
Yo también quiero ir.
¡Oigan, Lebrac!
Lebrac, ¿dónde estás?
Sabía que no debía haber venido.
-Sabía que no debía haber venido. -No debiste.
Ya no me quedan estos pantalones.
Dios, ustedes suenan como si hubiéramos perdido.
No debiéramos haberlos correteado tan lejos. Estaba frío allá.
Camus tiene razón. Paren de lloriquear. ¿Les pegamos en el poto o no?
Sí, pero ahora ellos están calentitos.
Hay una babosa en mis colzoncillos.
Eso es una extra.
¿Vamos a cantar o no?
♫ Cantando la victoria…
♫ … nos abre la barrera…
♫ … la libertad guía nuestros pasos…
♫ … y desde el norte hasta el sur…
Qué tontería, luchar desnudo en este clima.
-Ya no voy más. -Yo tampoco.
Sabía que no debía haber venido.
"Yo pasé", el pretérito indefinido del verbo "pasar".
"El pueblo continua…"
… Infinitivo, "mi camino".
-Gambette, dame ese papel. -¿Qué papel, señor?
¿Quieres decir que no sabes que tienes un papel en tu mano izquierda?
Ves, me puedes mostrármelo, tráemelo.
Lebrac, ¿tú escribiste esto?
No fue mi intención, señor.
Ven al pizarrón, es mi intención que corriges tus errores.
-Escribe… -¿Esto, en el pizarrón?
Sí, pero primero lee el texto en voz alta.
-¿Leer esto, señor? -¿Eres sordo?
- "Lo encontré…" -Pretérito indefinido…
-"Para remendar tu ropa, hay que encontrar… -Infinitivo…
… encontrar algo de dinero para comprar… -Infinitivo.
… botones, cordones de zapatos, suspensores, cinturones…
… agujas, hilo, todo el equipo…
… todos están obligados… -Participio…
… pagar 20 bolas por semana". -¡Oh, no!
¡Sabía que no debía venir!
-¿Qué te pasa? -Tengo cólico.
Anda entonces.
-Anda, Pequeño Gibus. -Apúrate.
-No voy a salir. -¿Qué te pasa?
Lebrac es un cabrón.
Si él viene a hacer pipí, yo se lo diré.
-¿No te parece una buena idea? -Sí, siempre tendremos botones.
Podríamos incluso comenzar un fondo de guerra.
-¿Donde pondremos esto? -En el bosque, en una caja.
Tendremos un escondite.
Depende qué tan grande sea nuestro fondo de guerra.
Y tendremos que cuidarlo.
Necesitamos una cueva.
O una cabaña. ¡Eso! Podemos construir una con ramas.
-Y con tablones y clavos. -Un fuerte justo para todos.
¡Oye, Lebrac!
Ven para acá si te atreves.
¿Qué te pasa?
¿Cómo encuentro 20 bolas a la semana?
Igual que todos los demás.
Decidimos ser una república, así es que todos somos iguales.
Solo sé una cosa, igualdad, fraternidad.
No tienes idea de nada.
Algunos de nosotros tienen dinero y otros no.
-Es cierto, yo no puedo pagar. -Yo tampoco.
Entonces, no podemos tener igualdad, fraternidad.
Si algunos pagan y otros no, volvemos a la Realeza.
Y yo guillotino reyes.
Así lo hacemos, pero es fácil hablar de igualdad, pero…
-Igualdad es cuando nadie paga. -No, cuando todos pagamos lo mismo.
¿Y los pobres? Te burlas de los pobres, Lebrac.
Esto no es republicano.
Entonces, La Crique, ¿qué es igualdad?
Igualdad significa que todos tienen lo mismo.
Ah, ¿ves?
Entonces, ¿lo nuestro no es igualdad?
Bueno, como algunos de nosotros no tienen dinero…
Los que pueden pagar se quedan, los que no se quedan con el Pequeño Gibus.
No quiero a los pobres en el escusado porque no es una vergüenza.
Los pobres aquí y los ricos allá.
Bien, esto es lo que sugiero.
Saquemos nuestro dinero de la discusión.
El dinero no es para nuestro ejército.
Es para nuestro uso personal.
El dinero lo vamos a esconder en nuestra cabaña.
-¿Qué cabaña? -Después te lo explicaré.
Debemos ganarnos nuestro propio dinero y debe pertenecer a todos.
Así, ¿esto es igualdad, La Crique?
Sí, así es igualdad.
¡Ah bien, lo sabía cómo es la igualdad!
¿Cómo vamos a ganar dinero?
-Recojamos hongos. -Así es, recojamos hongos.
-Y berros. -Y cazamos sapos.
-Y víboras. -El alcalde paga 10 francos para esto.
-Zorros también. Pero, necesitamos suerte. -¿Cuanto valen?
La Crique, tú estás a cargo de averiguar los precios…
… de los hongos, de los berros, de todo.
¡Habrá algo para todos, cada su trabajo, así es la igualdad!
¡Viva la igualdad!
Inspección.
-¿Cuántos has cazado? -14.
14 por dos igual 28 patas de rana a 60 la docena.
Eso hace 100 bolas y…
-Trate de redondear, he. -Sigue el camino.
Cuidado, los Velrans.
Él está en el árbol. ¡Defiéndete!
¿Qué andan haciendo ustedes dos aquí? Les dije que vigilen.
-Encontramos un nido de víboras. -No es su trabajo.
-Vuelvan a su puesto. -¿Qué hacemos con estas?
Tres víboras vivas, 30 bolas.
-Le vaciaron su veneno, ¿no? -Sí.
Dénmelas y vuelvan a su puesto.
-¿Cuántos kilos? -No encontramos nada.
-¿Cómo nada? Huele de hongos aquí. -No son los buenos.
Hagan lo que quieren, pero necesito dos kilos esta noche.
-¿Y los Velrans? -Voy a ver qué pasa.
La Crique, ¿ves el zorro?
-¿Es un macho o una hembra? -No puedo ver.
Porque pagan el doble por hembras.
¡Lo veo, lo veo!
¡Allá, allá, allá!
-¡Apúrate, Lebrac! Está allá. -¡Asegúrate que no se escapa!
Busca ramas secas, Camus. Lo vamos a ahumar.
¡Síganme! ¡Busquemos piedras!
-Pequeño Gibus, haz el perro. -¿Qué?
-Haz el perro, ladra en la madriguera. -Bien, wow, wow.
La Crique, encuéntrame un poco de cable.
-Un poco de cable. -Un poco de cable.
Ahí tienes.
Le vamos a dar un pichazo con esto.
Hazte a un lado, amigos, ¡se está quemando!
¡Salgan!
Entre esto y el humo, está obligado a salir.
¡Y bam! Pégale en el coxis.
No en el coxis, en el occipucio.
Puedo sentir que se mueve.
La recompensa, más el bono si es una hembra…
… más el precio de la piel… -Ya viene.
Maldito sea, un macho.
¿Un macho? Yo te muestro si es un macho.
-¿Qué le vas a hacer? -Lo que no le hicimos a Migue la Luna.
¡Mira! Una hembra.
Mira, La Crique, tenemos al menos dos kilos.
-No todas son puras. -Bueno, tenemos un poco de todo.
-¿A quién le vas a vender eso? -Conozco gente que no sabe nada.
Ponemos las buenas arriba.
Todas son buenas.
- ¿Tiene todo? Eres un gran amigo. La bolsa está llena.
Por suerte nuestra cabaña será grande.
-¿No lo encontraron raro? -Lo he hecho varias veces.
Fui a Terrin, después a Montabot.
Podría decir que fue para la señora Champopourt.
Está lleno. ¿Quieres que te ayude a cerrarlo?
No es necesario.
Ya nos has ayudado suficiente. Nos veremos, gracias.
Los cuatro postes de las esquinas ya están parados y comenzamos esta pared.
-¿Habrá espacio para una mesa? -No hay problema.
La chimenea va a estar aquí y la puerta allá.
Vamos a tener que decorar para que nos sintamos en casa.
Tenemos un reloj viejo que está malo en el ático.
Tráelo.
Voy a traer la foto de matrimonio de mis padres.
Yo voy a traer la foto de mi papá de soldado posando con un pollo.
-Es la mamá, tonto. -Sí, mi ojo, es mamá.
-Te dije, ¿qué? -Sí, mi ojo…
-Les juro que era mi mamá. -No nos importa.
Tendremos que encontrar un lugar para nuestro baúl de guerra.
¡Aquí está nuestro baúl de guerra!
Abran paso. No lo toquen.
-No está permitido ver. -¿Por qué? - No trajiste las víboras.
-¡No es mi culpa! ¡Estaba asustado! -Nos hiciste perder 30 bolas.
-Sáquenlo de aquí. -¡Queremos ver!
-Les voy a mostrar todo más rato. -¡Eso no es justo, no es justo!
No es así la igualdad, al diablo con la república. ¡Qué viva el rey!
¡Qué viva el rey, qué viva el rey!
50 botones de camisa…
24 botones para pantalones…
18 botones para chalecos…
11 cierres…
Tres pares de suspensores…
Dos bobinas de hilo blanco…
Metámonos todo en nuestros bolsillos, después contamos.
Voy a repetir "botones" todo el día. Si él me pregunta por qué, yo hablo.
-Cállate. -Botones.
-Bien, ¡silencio! -Botones, botones.
-¿Qué está pasando, Bacaillé? -Nada, solo diciendo "botones".
-¿Qué estás diciendo? - "Botones, botones, botones".
Bien, debería importarte, mi pegueño papá.
Vamos.
Tómate otros cinco minutos, el aire fresco te va a hacer bien.
Qué viva el rey, mierda pues.
Ándate directamente a la cabaña con los botones y espéranos allá.
-Los Velrans van a aparecer hoy. -Incluso cortarnos nuestros botones.
Incluso hacernos hoyos en nuestros pantalones.
No nos importan tus pantalones.
Marie los arreglará.
Ella los remendará.
-Ella les va a sacudir la tierra. -Ella los va a lavar.
Mira lo que le voy a hacer a mis pantalones.
Yo también.
¡Mírame!
¡Al diablo con los Velrans!
No puedo caminar más. Mi pierna me está doliendo.
Me voy a la enfermería.
No me importa su guerra estúpida ya que soy un monárquico.
Para. Bandera blanca.
Pido un cese al fuego. Tenemos un herido.
-Es una trampa. -Vean ustedes mismos si es una trampa.
-No vayan. -Estoy hablando con Lebrac.
-Hagan que sus hombres retrocedan. -Te juro que no se van a mover.
Quédense.
¿Es una trampa?
Son tus hondas estúpidas.
Ustedes pelean contra nosotros con hondas también.
-Él tiene una pierna rota. -Mira.
¡Oigan, no lo hicimos a propósito!
-Él es joven, se debe recuperar. -Seguro.
Él necesita entablillarse. Amárrale un pedazo de madera a su pierna.
-¿Servirá mi cordón de zapato? -No, con el mío, el tuyo es de cuero.
-Córtenme una rama. -¿De un abedul?
-No, saca una del roble de allá. -Bien.
¿Qué estás haciendo?
Estoy preparando el lugar donde pondremos flores.
-¿Cómo que no estás en guerra? -Estoy herido. Necesito tu ayuda.
-¿Qué te pasa? -Mi pierna, necesito un masaje.
-Oh no, más arriba, en mi muslo. -No, eso es asqueroso.
Un poquito, ya me sentiría mejor.
No mires así, te dije que es asqueroso.
- "Asqueroso", si fuera Lebrac, no le dirías esto.
¿Y cómo le diría a Lebrac?
-Tú dijiste otra cosa. -Déjenme solo o lo diré a Lebrac.
-¿Qué dirás a Lebrac? -Yo le diré lo que tú me dijiste.
No hice nada, también lo diré a Lebrac.
Eso es lo que dijiste.
Vas a ver que le diga a él, soy yo quien le dré.
Ándate a la casa, hijo, o te regañarán los viejos.
Entonces, ¿qué hacemos ahora?
-Depende. ¿Alguien tiene hora? -10 para las siete.
-Es tarde. -¿Empecemos de nuevo mañana?
Retrocedan. No les muestren sus espaldas.
¿Por qué no podrían? Nosotros no apuñalamos por detrás.
Sabemos como son los Velrans.
Los Longevernes son escoria.
-Nosotros no pedimos el armisticio. -Fue un cese al fuego.
Fue un buen truco para evitar la paliza.
Vamos a ver quién a quién le va a dar una paliza.
Ustedes se acobardaron.
Hable por ustedes mismos.
-Imbéciles. -Cabrones.
-Nosotros les habríamos dado una paliza. -Eso lo veremos mañana.
¡Maricas!
¡Imbéciles!
¿Tú le dijiste al señor Trachet que devolverías el caballo? ¿Sospechó algo?
No, los adultos solo suponen que estamos a su servicio.
Ni siquiera me dio las gracias. ¿Lo ves?
-No, se fue por los potreros. -Salta.
Tú, ayúdame.
-¿Qué hago con mi canasto? -Recoge lo que se cae detrás de mí.
No debemos dejar huella. Quiero verlo lleno después.
¡Y eso es lo que tú llamas república!
Les voy a mostrar a los Velrans. Voy a cabalgar a la batalla.
-¿Fue eso lo que encontraron? -Es el burro del señor Chafouin, le conozco.
-¿Puede andar rápido? -¡Y cómo!
Increíble. Ahora soy un general de caballería.
¡Alerta!
¡Te voy a mostrar! ¡Anda! ¡No te lo voy a repetir!
¡Traidor! ¡Tonto!
Le agarramos.
Andan, amárrenle.
-¡Marie! -¡Marie está allá! La Marie quién, por Dios…
Ven, está allá.
-¿Quieres que cose algo? -Solo ayúdame con el burro.
Ve… uno, dos, tres…
Ellos ganaron. ¡Hurra por la caballería!
Caballería con caballos está bien. Pero, no con ése.
Ellos están yendo a la cabaña, ¡ven!
-¿Qué hacemos con el burro? -No irá a ninguna parte.
¿Qué va a decir el señor Chaufouin?
Para. Bajemos nuestro botín de guerra.
Ven Marie.
Bájen los pantalones de L’Aztec.
Los botones, suspensores y cordones de los Velrans…
… hay que depositar el el interior.
Denme tiempo para contarlos.
Nueve botones de Truyat, un cinturón de Migue la Luna…
… un cierre eclair de Dufagot, seis botones de chaleco de Fetuchin…
… un clip de suspensor de Greluchet, un cordón de zapato de Valorin.
El burro está todavía en la cantera.
Está bien, te ayudaré, Tintin encontrará tu caballo.
Yo tengo algo más que decir.
Querida cabaña, hasta hoy, no teníamos nada.
Pero, ahora que te tenemos, somos propietarios.
Ahora a contar, podemos decir a los viejos… uno, dos, tres, ¡todos en coro!
-¡Mueran! -¡Mueran!
-Mierda. -¡Pequeño Gibus!
No quiero oír malas palabras en un día como este.
-¿Que le dijimos al mundo? -¡Mueran! ¡Mueran! ¡Mueran!
-¿Qué hago con lo que se cae? -Cómetelo.
-Vamos, vamos. -¡Miren! Se movió.
-Tú quisieras. -Sí lo hizo. Fue de aquí a aquí.
-¿Cómo sabes? -Voy a hacer una marca.
Yo les muestro que se está moviendo.
-¡Se movió al menos 10 centímetros! -A este paso…
Nos van a dar una paliza cuando lleguemos a casa.
Está oscuro. Seremos discretos.
¡Ya lo agarré! Vamos.
¿Qué diablos está pasando?
¿Rompiste algo otra vez?
Aquí estás.
Entonces, sé todos mis lecciones de memoria.
Si alguien quiere enviarme al internado, sería injusticia.
-¡Miren quién está aquí! ¡L’Aztec! -¡Bacaillé!
-¿Van a ir a la feria? -Sí, estoy buscando mi tractor.
-Ven L’Aztec, ¿vas a la feria? -Quédate un rato.
-¿Quieres mi asiento en la ventana? -¡Ay! ¡Ay!
-Piérdete, cara de pedo. -Déjame, somos amigos.
Déjame sentarme cerca tuyo.
¿Qué pasa si digo "Lebrac es un estúpido", cuando yo vuelva?
¿Qué pasa si te digo lo que Lebrac y los otros están haciendo?
Déjame sentarme a tu lado y te lo digo…
… lo que van a hacer el jueves en la cabaña que están construyendo.
Ellos construyeron una cabaña cerca de la cantera vieja.
Tienen un tesoro. Es una bolsa de botones.
El próximo jueves, van a estar todos ahí.
Ellos dicen que somos una república…
-¿Están todos aquí? -Sí…
-¿Alguien tiene pan? -Sí…
-12 barras de chocolate. -Sí.
Dos kilos de azúcar en cubos.
-¿Ya están listos? -Espera, estoy haciendo inventario.
L’Aztec, 16 de octubre.
Migue la Luna, 20 de septiembre.
-Cuatro litros de vino tinto. -Bien.
Cinco paquetes de cigarrillos Gauloises.
-Casi listo. -Oigan, ya estamos casi listos.
También vienes, Bacaillé. Nadie va a quedar afuera.
-Es la celebración de todos. -Vamos.
-¿Quién quiere hacer un discurso? -¡Lebrac!
No, yo no. ¡No de nuevo!
-¿Por que no hago un discurso yo? -Cállate. Estamos aquí para pasarlo bien.
-¿Qué pasa si hago un discurso divertido? -Comamos aperitivo primero.
Echa, Camus.
Es buen brandy. Te va a botar.
¡Comenzaremos con un mordisco, pero después seguimos con vino!
¿Quién tiene una historia cochina para contar?
¡Yo, yo, yo, yo!
Oigan, miren lo que desenterré.
Yo también.
"La Revista de Medicina de la hinchazón del Seno"
-Presiona. -¿Qué es una hin-cha-zón?
¿No te das cuenta por la foto?
-Pregúntale a Marie. -Marie. Explícale.
Oh no pues, ¿o cómo se dice…?
Hemos visto algunos antes. Vamos, muéstranos.
Oh no, ¡no puede mostrar mis hinchazones delante del Pequeño Gibus!
Oye, ¿por qué no?
-Porque no tienes. -No han crecido aún.
-¿Cómo sabes? -Tú no lees esa revista.
Déjala, ella no quiere.
¡En todo caso, estamos aquí para tener una fiesta!
¡Al diablo con los Velrans!
Ellos tienen caballería. Bueno, nosotros tenemos tanques ahora.
Los jóvenes de ahora son algo especial. Él también es un gran mecánico.
-Oigan, ¿a dónde van? -¡Se para en tercera!
Voy a tratar de conducirlo cerro arriba. En un cuarto de hora estaré de regreso.
Ven, él sabe lo que hace.
Les digo…
¡Atención, ciudadanos! Hoy podemos gritar, "¡que viva nuestra cabaña!"…
Porque hemos construido un paralelepípedo rectangular de base seis por tres metros…
Lo que hace: Seis por tres igual 18 metros cuadrados.
Ciudadanos, dado que la superficie del rectángulo es igual a…
… el lado corto multiplicado por el lado largo.
El volumen… es 18 veces su altura de dos metros…
… eso es 36 metros cúbicos…
… porque el volumen de un paralelepípedo rectangular es igual a…
… la base multiplicada por su altura, ciudadanos.
No así como el volumen de la pirámide…
… que se obtiene dividiendo la altura por dos.
Entonces, ciudadanos…
… si teorizamos…
… que nuestra cabaña es una pirámide…
… tendríamos que multiplicar 36 por uno…
… o 18 por dos.
-Ciudadanos… -¡Bravo!
¡No, no, no! La superficie de un trapecio…
Mi turno para hacer un discurso, ahora.
-¡Sal de mi camino! -¿Qué le pasa?
Si esto sigue, horé como él.
-Yo también. -Yo también.
Vamos, Bacaillé. Muéstranos que hombre eres para cantarnos una canción.
♫ El pequeño Jesús… iba al colegio…
♫ … cargando la cruz sobre sus hombros.
♫ Cuando él se aprenda sus lecciones, va a recibir un bombón.
♫ Una manzana para ponerle en su boca.
♫ Un bouquet para ponerle en su corazón.
¡Los Velrans, los Velrans!
¡Yo no, no no!, rogó L’Aztec.
Dejen a Bacaillé tranquilo.
¡La Crique, Gran Gibus, sigan a Bacaillé!
¡L’Aztec, no, no, L’Aztec!
¡No la cabaña, no la cabaña!
-El baúl, Dios mío, Camus, el baúl. -Ya voy.
Bien, Marie, vas a tener trabajo.
¡Sabía que no debía venir!
-¡Déjame, quiero irme a casa! -Ahí está él.
-¡Déjenme ir a casa! -¡Tómenle!
-¿Qué les hice yo? -Vayamos al fondo del asunto.
-No, la justicia no es así. -¿Qué justicia?
Lo verás más tarde. Yo… digo que hay un traidor aquí.
-¿Dónde? -¡Mírate al espejo!
-Espera, Camus no ha confesado aún. -Tú vas a esperar un largo tiempo.
-¿Por qué L’Aztec te dejó solo? -No sé nada, yo.
-Tú estabas en la feria con él. -El señor Chafouin te vio.
-¿Por qué te dejaron ir los Velrans? -No sé nada, yo.
-Yo te vi. -¡No se muevan! ¡No puedo coser!
Yo hehecho nada. Pero, ¿qué es lo que quieren?
Bien, ya vamos a ver. Amárrenle sus brazos y piernas.
No, no soy yo. No es verdad.
Esperen. La Crique, ven.
¿Cómo lo hicieron en la Edad Media con traidores?
-Les quemaban los dedos de los pies. -Sáquenle los zapatos.
¿Qué les hice? ¡Déjenme!
-¿Así Lebrac? -¡Sujétenle los pies!
¡Sí, es verdad! ¡Fui yo, fui yo!
-Desátenle. Le vamos a juzgar. -¡Yo confesé! No me pueden tocar.
La cabaña… necesitábamos dos semanas para hacerla.
La construimos con nuestro coraje, nuestro trabajo, e incluso nuestra educación.
Pregúntale a La Crique, las superficies, los volúmenes, todo.
No aprendimos todo eso para nada sino por nuestra cabaña.
Todo se ha destruido por tu culpa.
Perdimos la mitad de nuestro baúl de guerra.
Tú nos robaste.
Eres un ladrón, Bacaillé.
No hay excusa.
Nos hiciste perder una batalla. Me siento avergonzado esta noche.
Todos arrancamos porque fuimos traicionado.
Y cuando hay un traidor, …
… cuando hay un traidor, …
… todas las batallas están perdidas.
-Entonces, ¿le vamos a matar? -Debiéramos.
¿Le vamos a pinchar los ojos con agujas y le vamos a coser los párpados?
¡No! Bájenle los pantalones.
Como nos ha herido a todos, le vamos a darle látigo.
Cada uno su golpe, después veremos.
Había dicho que me iba solamente por un cuarto de hora.
¡Mamá! ¡Mamá!
¡Ése es mi niño!
¡Mamá! ¡Mamá!
-¿Quién te hizo esto? -Lebrac y sus amigos.
-¡Dios mío! -¡Mamá!
Mi pequeño Jesús, ¿qué pasó, qué pasó?
Es todavía Lebrac, ese bruto Lebrac.
¿Qué pasó mi pequeño Jesús?
Es que casi le martirizaron.
Con todo eso son siempre los padres que pagan.
Les voy a decir lo que pienso, y se lo repito: Sus niños son todos unos brutos.
Son rufianes y salvajes, y le voy a decir cómo son.
Voy a demandar a las familias por daños y perjuicios.
En la cabaña… sí mamá… sí papá…
Me desnudaron, me pegaron.
¡Cállense!
¿Qué vamos a decir a los viejos?
Deja de lloriquear. La última vez nosotros les dimos una paliza a los Velrans.
¿No te acuerdas a Migue la Luna con sus shorts en su cabeza?
Así se veía. Mira. Soy Migue la Luna.
Qué divertido. No veo el suelo.
No puedo caminar así. No estoy asustado.
¡Tú, pequeño bruto!
-Bacaillé nos ha delatado. -¿Qué vamos a hacer?
Les van a dar una buena paliza. Van a pagar por esto.
¡Les va a llegar una buena! ¡Volvieron!
¡Se van a acordar!
-Ahí viene tu padre, Boulon. -Anda, vamos a ver qué dice.
-No podemos dejarle ir solo. -Vamos todos, de acuerdo, Lebrac.
Iría si supiera que no me van a mandar a un internado.
-Tú también tienes que irte a tu casa. -Se pueden calmar durante la noche.
De acuerdo, pero para nosotros mientras antes, mejor.
-Diles, Lebrac. -Sí, vayan, él tiene razón.
-Yo le di la orden a Camus. -Fórmense por rango y síganme.
Avanzamos.
Adiós.
Adiós, Lebrac.
¡Maldito tractor!
¿Por qué botones, para qué son los botones?
¿Y con qué los pagaste? ¿Vas a decírmelo?
No soy yo. Yo no hice nada.
¿Quién va a pagar? ¡Eres tú quien pagará los daños!
Ustedes van a crecer para ser criminales.
¿Quién hizo esto?
¡Soy, Lebrac! ¡No me vas a agarrar tan fácilmente!
¡Prefiero morir que vivir en sus pocilgas o sus internados!
¡Nunca me van a encontrar, nunca! ¡Mueran, cerdos!
Mira, eres tú.
Ya no necesitas esto.
Ya veremos si no le encontramos.
-Aún si toma todo el día. -Y también la noche.
En cualquier caso, no moriremos de sed. ¡Más le vale cuidarse!
¿Debemos decirlo a la Policía?
Los policías, que se ocupen de sus propios asuntos, los policías.
Comamos algo.
-No podemos ir con los estómagos vacíos. -De acuerdo.
-¿Con cuál comenzamos, con el rojo o el blanco? -¿Qué tal uno de cada color?
Para que sepas, en mi tiempo hicimos la misma cosa.
-¿De qué estás hablando? -Mi hijo y el tuyo.
Suponte hubieras robado, yo te habría roto la boca.
Si le estás defendiendo, ¿qué haces aquí?
No estoy defendiéndole.
Nosotros no queremos a los soplones.
Te voy a decir algo Lebrac.
Díselo.
Quieres que te digo…
Con tu tremenda boca y la forma en que defiendes a tu hijo…
Cuando le encuentras, le vas a abrazar.
Y peor, bendicirás todo eso.
Yo, ¿perdonarle? Yo, ¿perdonarle?
¡Verás cómo le voy a perdonar! ¡Es él quien va a correr un poco!
No sabes lo que tengo en mis bolsillos.
Mira esto.
Le voy a freír su poto si trata de escapar.
Una vieja granada del abuelo Lebrac es esto.
Una granada de la guerra, la verdadera.
De Verdun, 1916. No de su guerra estúpida con bomba atómica.
¡Oh Dios! ¡Mira esto!
¡Eh, Lebrac!
¡Diablos! Déjame tirarla lejos antes que explote.
-¡Oh Dios! -¡Estoy muerto!
¡Idiotas! ¿No se dan cuenta que está desactivada?
Quiero asustarle, no matarle.
¿Quién es el imbécil que botó eso?
¡Imbécil tú! De todas maneras, está desactivada.
Debes ser de Longeverne para hacer esa estupidez.
No dijiste eso cuando nos emborrachamos en tu casa el otro día.
-No, pero lo decía 40 años atrás. -¿Y tu hermana?
Mi hermana está tapado con esquisto para que tú, sapito, no subes.
Ándate, Velrans. Estás en territorio de Longeverne, aquí.
¡Esto aún tenemos que ver!
¡Veinte dioses!
Primer aviso.
Segundo aviso. ¡Fuego!
¡Al diablo con los Velrans!
¡Al diablo con los Longeverne!
¡Estúpidos! ¡Tontos! ¡Maricas!
¿Qué pasa? ¿Hay algún herido?
No comprendo nada. Estuvo una verdadera.
¿Es qué soy loco?, qué violación.
Creo que sé por qué. Se quedó de la pesca.
¡Dios mío!
-Tomémonos un trago para recuperarnos. -Hay suficiente para todos.
Aún, 1916, no nos podemos quejarnos de la calidad.
♫ Si sigue así, van a ver mi pantalón…
♫ … se está reventando…
♫ … si sigue así, van a ver mí pantalón…
♫ … se está reventando…
♫ Si sigue así, van a ver mi pantalón…
♫ … se está reventando…
-No le encontraron. -Sabía que no lo podían hacer.
Bien, encontraste algunos amigos, tú.
Y ahora, tendremos una merienda.
Nos nos van a venir a molestar.
No se muevan, vuelvo.
Encuéntrenle.
Estamos rodeados. Tienes que desaparecer.
Si te encuentran aquí, ellos saben dónde buscar.
No te enojes conmigo. Corre rápido. Los tres lo lograremos.
Si está realmente ahogado, necesitaremos buzos.
Mi niño no es del tipo de suicidarse.
Perdón, amigo, no tengo otra opción.
Cállate. Déjame dormir.
¡Lebrac!
¡Lebrac!
¡Lebrac!
¡Lebrac! ¡El profesor dijo que no te hagas el estúpido!
¡Oh, señor! ¿Podemos ir a ver a los leñadores?
Sí, pero sean prudentes.
Dame tu mano.
Camus, ¿qué tipo de árbol están cortando?
-Un roble, señor. -Sí.
-¿Qué van a hacer con él? -Se lo van a dar a los cerdos.
¿A los cerdos? Les dan las bellotas a los cerdos, ¿pero que van a hacer con la madera?
-Van a hacer muebles, señor. -Muy bien.
-¡Que viva la Libertad! -¡Lebrac!
Ves, vas a poder poner tus cosas aquí.
Vamos, no es una prisión.
Se acostumbrará…
Volveré el próximo jueves.
Si te portas bien, ellos no de dejarán aquí mucho tiempo. Yo me encargaré.
¿Y qué le debo decir a tu padre?
Que me habría podido traer él mismo.
Hasta luego, mi viejo. Compórtate.
Discúlpeme, señor.
Pero, le conozco a ése. ¿Está él en el mismo dormitorio?
Él también es un nuevo.
No los dejen juntos o van a tener problemas.
Puede creerme, les conozco. Me pagan por esto…
… bastante mal, además.
¿Eres nuevo, también?
L’Aztec.
Lebrac.
-¿Qué andas haciendo por aquí? -Es por mi papá, ¿y tú?
Yo también.
-¡No puedo creerlo! ¡L’Aztec! -¡Lebrac!
-¡Viejo L’Aztec! -¡Viejo Lebrac!
Los estúpidos.
Pensar que cuando seamos grandes vamos a ser tan tontos como ellos.
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